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Puntos sobresalientes de Hechos de Apóstoles

Puntos Sobresalientes de la Lectura de la Biblia: Hechos de Apóstoles


Puntos Sobresalientes de la Lectura de la Biblia: Hechos de Apóstoles


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PUNTOS SOBRESALIENTES DEL LIBRO DE Hechos de Apóstoles


Hechos de Apóstoles

*** it-1 págs. 1114-1115 Hechos de Apóstoles ***

Título que recibió uno de los libros de la Biblia a partir del siglo II E.C. Abarca sobre todo la actividad de Pedro y Pablo, más bien que la de todos los apóstoles, y ofrece una historia fidedigna y extensa del impresionante comienzo y rápido crecimiento de la organización cristiana, primero entre los judíos y luego entre las naciones gentiles.
En este libro sobresale el tema preponderante de toda la Biblia, a saber, el Reino de Jehová (Hch 1:3; 8:12; 14:22; 19:8; 20:25; 28:31); nos recuerda constantemente que los apóstoles dieron “testimonio cabal” tanto de Cristo como del Reino y que efectuaron su ministerio a cabalidad. (Hch 2:40; 5:42; 8:25; 10:42; 20:21, 24; 23:11; 26:22; 28:23.) Además, proporciona un marco histórico incomparable para el estudio de las cartas inspiradas de las Escrituras Griegas Cristianas.
Escritor. La introducción del libro se refiere al evangelio de Lucas como “el primer relato”. Como ambos escritos están dirigidos a la misma persona, Teófilo, se sabe que Lucas fue el escritor de Hechos, aunque no firma la obra. (Lu 1:3; Hch 1:1.) Ambos relatos tienen estilo y fraseología similares. El Fragmento de Muratori, de finales del siglo II E.C., también lo atribuye a Lucas. Escritores eclesiásticos del siglo II E.C., como Ireneo de Lyón, Clemente de Alejandría y Tertuliano de Cartago, atribuyen a Lucas la autoría de Hechos cuando citan de este libro.
Cuándo y dónde se escribió. El libro abarca un período de aproximadamente veintiocho años, desde la ascensión de Jesús, en 33 E.C., hasta el fin del segundo año del encarcelamiento de Pablo en Roma, alrededor de 61 E.C. Durante este período gobernaron sucesivamente cuatro emperadores romanos: Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Puesto que narra sucesos que ocurrieron durante el segundo año del encarcelamiento de Pablo en Roma, no pudo haberse completado antes de esa fecha. Si el relato se hubiera escrito después, parece lógico que Lucas hubiese dado más información sobre Pablo. De haberse escrito después del año 64 E.C., seguramente habría mencionado la persecución violenta que Nerón desató ese año. Y si hubiera sido escrito después de 70 E.C., como algunos afirman, sería de esperar que se hubiese registrado la destrucción de Jerusalén.
El escritor, Lucas, debió acompañar a Pablo en muchos de sus viajes y también en la accidentada travesía que realizó a Roma, pues utiliza en su narración los pronombres en la primera persona del plural: “nosotros”, “nos”, “nuestras”, “nuestro”. (Hch 16:10-17; 20:5-15; 21:1-18; 27:1-37; 28:1-16.) Además, Pablo envía los saludos de Lucas en las cartas escritas desde Roma (Col 4:14; Flm 24), lo que hace pensar que el libro se terminó de escribir en esa ciudad.
Por consiguiente, Lucas fue testigo ocular de gran parte de los acontecimientos que narra, y en sus viajes tuvo relación con compañeros cristianos que intervinieron en algunos de los sucesos narrados o que al menos los habían presenciado. Por ejemplo, Juan Marcos pudo haberle contado cómo se liberó a Pedro de la prisión mediante un milagro (Hch 12:12), mientras que pudo haber sabido de los sucesos narrados en los capítulos 6 y 8 por medio de Felipe, el misionero. Y, como es natural, Pablo le daría muchos detalles de los sucesos que Lucas no vivió personalmente.
Autenticidad. La exactitud del libro de Hechos ha quedado confirmada a través de los años por varios descubrimientos arqueológicos. Por ejemplo, Hechos 13:7 dice que Sergio Paulo era el procónsul de Chipre. Se sabe que poco antes de que Pablo visitara Chipre, un propretor o legado gobernaba la isla, pero el descubrimiento de una inscripción en Chipre prueba que llegó a estar bajo la jurisdicción del senado romano en la persona de un gobernador provincial llamado procónsul. La situación de Grecia durante la gobernación de César Augusto fue parecida. Acaya era una provincia gobernada directamente por el senado romano, pero cuando Tiberio llegó a ser emperador, él mismo se encargó de su gobierno, si bien, según Tácito, en tiempos del emperador Claudio volvió a ser una provincia senatorial. Se ha descubierto un fragmento de un rescripto de Claudio a los habitantes de Delfos (Grecia) en el que se hace referencia al proconsulado de Galión. Por consiguiente, Hechos 18:12 es exacto cuando se refiere a Galión como el “procónsul” durante la estancia de Pablo en Corinto, la capital de Acaya. (Véase GALIÓN.) Además, una inscripción hallada en un arco de Tesalónica (cuyos fragmentos se conservan en el Museo Británico) muestra el acierto de Hechos 17:8 al hablar de los “gobernantes de la ciudad” (“politarcas”, gobernadores de los ciudadanos), a pesar de que este título no se encuentra en la literatura clásica.
En Atenas, el Areópago, o Colina de Marte, donde Pablo predicó se yergue hasta este día como testigo mudo de la veracidad de Hechos. (Hch 17:19.) Los términos y las expresiones médicas que se encuentran en este libro concuerdan con los de los escritos médicos griegos de la época. Los medios de transporte comunes en el Oriente Medio del primer siglo corresponden básicamente a los mencionados en Hechos; por tierra: a pie, a caballo o en carros tirados por caballos (23:24, 31, 32; 8:27-38); por mar: en barcos de carga (21:1-3; 27:1-5). Aquellos barcos antiguos no tenían un solo timón, sino que se controlaban con dos grandes remos timoneros, de ahí que se haga referencia a ellos en plural (27:40). En relación con la narración del viaje en barco de Pablo a Roma (27:1-44), marineros contemporáneos que frecuentan esa ruta dan fe de su credibilidad y autenticidad respecto al tiempo invertido, la distancia recorrida y los lugares visitados.
Entre los siglos II al IV E.C., los catalogadores de las Escrituras aceptaron sin discusión el libro de Hechos de Apóstoles como inspirado y canónico. Se encuentran porciones de este libro y fragmentos de los cuatro evangelios en algunos de los papiros de las Escrituras Griegas, como Chester Beatty núm. 1 (P45), del siglo III E.C.; Michigán núm. 1571 (P38), del siglo III o IV, que contiene porciones de los capítulos 18 y 19, y un manuscrito del siglo IV, Aegyptus núm. 8683 (P8), que contiene partes de los capítulos 4 al 6. Citaron del libro de Hechos Policarpo de Esmirna, alrededor de 115 E.C.; Ignacio de Antioquía, alrededor de 110 E.C., y Clemente de Roma, posiblemente en 95 E.C. Tanto Atanasio como Jerónimo y Agustín, del siglo IV, confirman las listas primitivas que incluyen el libro de Hechos.

[Recuadro en la página 1114]

PUNTOS SOBRESALIENTES DE HECHOS

Comienzo de la congregación cristiana y crónica de su celosa testificación pública ante tenaz oposición
Tiempo que abarca: 33 a c. 61 E.C.
Antes de ascender al cielo, Jesús comisiona a sus seguidores para que testifiquen que es el Mesías de Jehová (1:1-26)
Después de recibir el espíritu santo, los discípulos testifican con denuedo en muchos idiomas (2:1–5:42)
Se da testimonio en su propio idioma a judíos procedentes de muchos países que se hallan en Jerusalén; unos 3.000 se bautizan
Detienen a Pedro y a Juan y los llevan ante el Sanedrín; declaran sin temor que no dejarán de dar testimonio
Todos los discípulos hablan la palabra de Dios con ardor, llenos de espíritu santo; multitudes se hacen creyentes
Se encarcela a los apóstoles; un ángel los libera; declaran ante el Sanedrín: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”
La persecución resulta en la expansión del testimonio (6:1–9:43)
Se detiene a Esteban, da un audaz testimonio, muere como mártir
La persecución dispersa a todos excepto a los apóstoles; se testifica en Samaria; bautismo de un eunuco etíope
Jesús se aparece al perseguidor Saulo, quien se convierte, se bautiza y se ocupa celosamente en el ministerio
Por dirección divina el testimonio llega a los gentiles incircuncisos (10:1–12:25)
Pedro predica a Cornelio, a su familia y a sus amigos; creen, reciben espíritu santo y se bautizan
El informe del apóstol sobre este suceso promueve la expansión entre las naciones
Giras misionales de Pablo (13:1–21:26)
Primera gira: A Chipre (Asia Menor). Pablo y Bernabé testifican con entusiasmo públicamente y en las sinagogas; expulsados de Antioquía; atacados en Iconio; en Listra, primero se les trata como dioses, luego Pablo es apedreado
El cuerpo gobernante de Jerusalén decide sobre la cuestión de la circuncisión; designa a Pablo y Bernabé para que informen a los hermanos que ya no se requiere la circuncisión, pero que los creyentes tienen que abstenerse de las cosas sacrificadas a ídolos, de la sangre y de la fornicación
Segunda gira: Vuelve a Asia Menor, pasa a Macedonia y Grecia. Es encarcelado en Filipos, pero el carcelero y su familia se bautizan; los judíos provocan tumultos en Tesalónica y Berea; en Atenas predica en la sinagoga, en la plaza del mercado, luego en el Areópago; dieciocho meses de ministerio en Corinto
Tercera gira: Asia Menor, Grecia. Ministerio fructífero en Éfeso, los plateros provocan un motín; el apóstol aconseja a los ancianos
Pablo es detenido, testifica a los oficiales, le conducen a Roma (21:27–28:31)
Le atacan en Jerusalén; ante la presencia del Sanedrín
Durante su detención, da un audaz testimonio ante Félix, Festo y el rey Herodes Agripa II, y también en el barco que le lleva a Roma
Encarcelado en Roma, Pablo aún halla maneras de predicar a Cristo y el Reino

¡Testigos celosos de Jehová en marcha!

*** w90 15/5 págs. 24-26 ¡Testigos celosos de Jehová en marcha! ***

LOS testigos de Jehová del primer siglo actuaban con denuedo y celo. Cumplían con empeño la comisión que Jesús les dio: “Vayan [...] hagan discípulos de gente de todas las naciones”. (Mateo 28:19, 20.)
Pero ¿cómo sabemos que los primeros seguidores de Cristo tomaron en serio aquella comisión? Pues bien, el libro bíblico de Hechos de Apóstoles prueba que eran testigos celosos de Jehová, ¡gente verdaderamente en marcha!

BENEFICIOS Y OTROS RASGOS

La similitud de lenguaje y estilo del tercer Evangelio y el libro de Hechos indica que fueron escritos por la misma persona: Lucas, “el médico amado”. (Colosenses 4:14.) Las conversaciones y oraciones que se registran en Hechos están entre los rasgos singulares de este libro. Más o menos el 20% del libro consiste en discursos, como los que pronunciaron Pedro y Pablo en apoyo de la fe verdadera.
El libro de Hechos se escribió en Roma alrededor de 61 E.C. Eso explicaría por qué no se menciona la comparecencia de Pablo ante César ni la persecución que Nerón lanzó contra los cristianos cerca de 64 E.C. (2 Timoteo 4:11.)
Al igual que el Evangelio de Lucas, Hechos fue dirigido a Teófilo. Se escribió para fortalecer la fe e informar sobre el aumento del cristianismo. (Lucas 1:1-4; Hechos 1:1, 2.) El libro demuestra que la mano de Jehová estaba con sus siervos leales. Nos hace conscientes del poder de Su espíritu y fortalece nuestra confianza en la profecía inspirada de Dios. Hechos también nos ayuda a aguantar persecución, nos impulsa a ser testigos abnegados de Jehová y hace más firme nuestra fe en la esperanza del Reino.

EXACTITUD HISTÓRICA

Lucas, quien fue compañero de Pablo, llevó el registro de los viajes que ellos hicieron. También habló con testigos oculares. Estos factores y la investigación cuidadosa que efectuó hacen de sus escritos una obra maestra de exactitud histórica.
Por eso el erudito William Ramsay pudo decir: “Lucas es un historiador de primera calidad: no es simplemente que su exposición de los hechos sea fidedigna, sino que él posee el verdadero sentido histórico [...] Debería incluirse a este autor entre los más grandes historiadores”.

PEDRO: TESTIGO FIEL

Solo por el poder del espíritu santo de Jehová pueden sus siervos llevar a cabo la obra que él les da de declarar las buenas nuevas. Por eso, cuando los seguidores de Jesús reciban espíritu santo serán sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y “hasta la parte más distante de la tierra”. Se llenan de espíritu santo en el Pentecostés de 33 E.C. Puesto que apenas son las nueve de la mañana, de seguro no están embriagados como creen algunos. Pedro da un testimonio emocionante, y 3.000 personas se bautizan. Los opositores religiosos tratan de acallar a los proclamadores del Reino, pero en respuesta a sus oraciones Dios fortalece a sus testigos para que hablen Su palabra con denuedo. Cuando se les amenaza de nuevo, responden: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. La obra sigue efectuándose a medida que ellos predican de casa en casa (1:1–5:42).
Por confianza en el espíritu de Jehová sus testigos aguantan la persecución. Así, después que se da muerte a pedradas al fiel testigo Esteban, los seguidores de Jesús se ven obligados a esparcirse, pero esto solo difunde la palabra. Felipe el evangelizador inicia el ministerio en Samaria. Para sorpresa de muchos, el violento perseguidor Saulo de Tarso se convierte. Sirviendo ahora como el apóstol Pablo, sufre persecución en Damasco, pero escapa de los designios asesinos de los judíos. Pablo se asocia brevemente con los apóstoles en Jerusalén y luego sigue adelante en su ministerio (6:1–9:31).
Hechos pasa a mostrar que la mano de Jehová está con sus testigos. Pedro resucita a Dorcas (Tabita). Luego responde al llamamiento de ir a Cesarea, donde declara las buenas nuevas a Cornelio y a la familia y los amigos de este. Son los primeros gentiles que se bautizan como discípulos de Jesús. Así, en 36 E.C. terminan las “setenta semanas”. (Daniel 9:24.) Poco después, Herodes Agripa I ejecuta al apóstol Santiago y manda arrestar a Pedro. Pero el apóstol es libertado de la prisión por intervención angelical, y ‘la palabra de Jehová sigue creciendo y difundiéndose’ (9:32–12:25).

LOS TRES VIAJES MISIONALES DE PABLO

Los que se gastan en el servicio de Dios como lo hizo Pablo reciben muchas bendiciones. Su primer viaje misional empieza en Antioquía, Siria. En la isla de Chipre el procónsul Sergio Paulo y muchas otras personas se hacen creyentes. Desde Perga de Panfilia, Juan Marcos parte hacia Jerusalén, pero Pablo y Bernabé siguen adelante a Antioquía de Pisidia. En Listra los judíos fomentan persecución. Aunque una chusma apedrea a Pablo y lo da por muerto, él se recupera y sigue cumpliendo su ministerio. Por fin él y Bernabé regresan a Antioquía de Siria y así termina el primer viaje (13:1–14:28).
Como el cuerpo gobernante del primer siglo, el Cuerpo Gobernante de hoy resuelve cuestiones bajo la guía del espíritu santo. La circuncisión no estuvo entre las “cosas necesarias”: ‘abstenerse de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas, y de fornicación’ (15:28, 29). Cuando Pablo empieza un segundo viaje misional, Silas lo acompaña, y más tarde se une a ellos Timoteo. Al recibir el llamamiento de pasar a Macedonia, se dirigen allá sin dilación. En Filipos la testificación da como resultado un alboroto y el encarcelamiento de Pablo y Silas. Pero estos recobran la libertad como resultado de un terremoto, y predican al carcelero y a su familia; estos se hacen creyentes y se bautizan (15:1–16:40).
Los siervos de Jehová deben ser estudiantes diligentes de Su Palabra como lo fue Pablo y lo fueron los bereanos, quienes examinaban con cuidado las Escrituras. En el Areópago de Atenas Pablo testifica acerca de Jehová como Creador y algunos se hacen creyentes. Los habitantes de Corinto muestran tanto interés en la verdad que él permanece allí 18 meses. Mientras reside en aquel lugar, Pablo escribe la Primera y la Segunda a los Tesalonicenses. Después se separa de Silas y Timoteo y se embarca para Éfeso, y de allí sale hacia Cesarea y luego viaja a Jerusalén. Su regreso a Antioquía de Siria marca el fin de su segundo viaje misional (17:1–18:22).
Como mostró Pablo, la testificación de casa en casa es un rasgo vital del ministerio cristiano. En su tercer viaje (52-56 E.C.) el apóstol principalmente recorre el trayecto de su segundo viaje. Su ministerio suscita oposición en Éfeso, donde escribe la Primera a los Corintios. Escribe la Segunda a los Corintios en Macedonia, y mientras está en Corinto escribe a los romanos. En Mileto, Pablo se reúne con los ancianos de Éfeso y les recuerda que les enseñó públicamente y de casa en casa. Su tercer viaje termina cuando llega a Jerusalén (18:23–21:14).

PERSECUCIÓN INEFICAZ

La persecución no sella los labios de los testigos fieles de Jehová. Por eso, cuando en el templo de Jerusalén se forma una chusma violenta contra Pablo, él testifica con denuedo a los enfurecidos amotinadores. Una conspiración para asesinarlo fracasa cuando lo envían al gobernador Félix de Cesarea bajo guardia militar. Pablo permanece encadenado por dos años porque Félix espera recibir un soborno que nunca se le ofrece. Su sucesor, Festo, oye a Pablo apelar a César. Pero el apóstol presenta una defensa conmovedora ante el rey Agripa antes de partir para Roma (21:15–26:32).
Los siervos de Jehová siguen predicando intrépidamente a pesar de las pruebas que afrontan. Esto ciertamente es así en el caso de Pablo. Por haber apelado a César, el apóstol se dirige a Roma con Lucas cerca de 58 E.C. En Mira de Licia pasan a otra nave. Aunque sufren un naufragio que los pone en la isla de Malta, más tarde otra nave los lleva a Italia. Aun mientras está bajo guardia militar en Roma, Pablo llama a algunos y les declara las buenas nuevas. Mientras está encarcelado allí escribe a los efesios, a los filipenses, a los colosenses, a Filemón y a los hebreos (27:1–28:31).

SIEMPRE EN MARCHA

El libro de Hechos demuestra que los testigos de Jehová del primer siglo siguieron dando adelanto fielmente a la obra que inició el Hijo de Dios. Sí, testificaron con celo bajo el poder del espíritu santo de Dios.
La mano de Dios estuvo con aquellos primeros seguidores de Jesús porque ellos oraban a Dios con confianza. El resultado fue que miles de personas se hicieron creyentes, y las ‘buenas nuevas se predicaron en toda la creación que estaba bajo el cielo’. (Colosenses 1:23.) ¡Ciertamente tanto en el primer siglo como en nuestros días los verdaderos cristianos han manifestado ser testigos celosos de Jehová en marcha!
[Ilustración/Recuadro en la página 25]
CORNELIO EL CENTURIÓN: Cornelio era un oficial del ejército, o centurión (10:1). El salario anual de un centurión era unas cinco veces el de un soldado ordinario, o sea, unos 1.200 denarios, pero podía ser mucho más. Al jubilarse, el centurión recibía una concesión en dinero o terreno. Su traje militar era llamativo, desde el yelmo de plata que llevaba hasta una prenda parecida a la falda escocesa, un elegante capote de lana y grebas decoradas. En teoría el centurión mandaba una compañía de 100 hombres, pero a veces había solo unos 80. Al parecer “la banda italiana” conseguía reclutas de entre ciudadanos romanos y libertos en Italia.
[Ilustración/Recuadro en la página 25]
ORACIÓN EN LA AZOTEA: Pedro no estaba ostentándose cuando oró a solas en la azotea (10:9). Es muy probable que un pretil alrededor del techo llano lo ocultara de la vista de otras personas. (Deuteronomio 22:8.) El techo también era un sitio donde se descansaba y se escapaba del ruido de la calle por la noche.
[Ilustración/Recuadro en la página 25]
EL CARCELERO SE HACE CREYENTE: Cuando un terremoto abrió las puertas de la prisión y soltó las cadenas de los presos, el carcelero filipense iba a suicidarse (16:25-27). ¿Por qué? Porque la ley romana decretaba que el carcelero tenía que sufrir la pena del que escapara. Obviamente el carcelero prefería suicidarse a ser torturado hasta la muerte, lo cual era, probablemente, la pena de algunos de los presos. Sin embargo, aceptó las buenas nuevas, y ‘él y los suyos fueron bautizados sin demora’ (16:28-34).
[Ilustración/Recuadro en la página 26]
APELACIÓN A CÉSAR: Como ciudadano romano de nacimiento, Pablo tenía derecho a apelar a César y ser juzgado en Roma (25:10-12). Al ciudadano romano no se le debía encarcelar, azotar ni castigar sin que hubiera sido sometido a juicio (16:35-40; 22:22-29; 26:32).
[Reconocimiento]
Musei Capitolini, Roma
[Ilustración/Recuadro en la página 26]
GUARDIANA DEL TEMPLO DE ÁRTEMIS: Cierto platero llamado Demetrio suscitó un motín porque no le gustó lo que predicó Pablo. Pero el registrador de la ciudad dispersó a la muchedumbre (19:23-41). Los plateros hacían pequeños templetes de plata de la parte más sagrada del templo, donde estaba la estatua de Ártemis, la diosa de la fertilidad que tenía muchos pechos. Algunas ciudades competían unas con otras por el honor de ser su ne•o•kó•ros, o “guardiana del templo”.
[Ilustración/Recuadro en la página 26]
PROBLEMAS EN EL MAR: Cuando el barco que llevaba a Pablo fue azotado por el viento tempestuoso llamado euroaquilón, ‘apenas pudieron tomar posesión del esquife que estaba en la popa’ (27:15, 16). El esquife era una barca pequeña que las naves solían llevar a remolque. Los barcos llevaban cables que podían colocarse alrededor del casco para ceñir el barco por debajo y disminuir así la presión causada por el manejo del mástil durante las tempestades (27:17). Los marineros echaron cuatro anclas y aflojaron las amarraduras de los remos timoneros que se usaban para dirigir la nave (27:29, 40). El barco de Alejandría llevaba el mascarón de proa “Hijos de Zeus”... Cástor y Pólux, considerados patrones de los marineros (28:11).
[Recuadro en la página 25]
LLAMADOS DIOSES EN FORMA HUMANA: Cuando Pablo sanó a un varón cojo, los residentes de Listra creyeron que unos dioses se habían materializado en forma de hombres (14:8-18). Zeus, el dios principal de los griegos, tenía un templo en aquella ciudad, y su hijo, Hermes, el mensajero de los dioses, era notable por su elocuencia. Puesto que la gente creyó que Pablo era Hermes, porque tomaba la delantera al hablar, pensaron que Bernabé era Zeus. Se acostumbraba coronar las imágenes de los dioses falsos con guirnaldas de flores o de hojas de ciprés o pino, pero Pablo y Bernabé rechazaron aquel homenaje idolátrico.

¡Jehová es nuestro Gobernante!

*** w90 1/6 págs. 10-15 ¡Jehová es nuestro Gobernante! ***

“Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres.” (HECHOS 5:29.)
JEHOVÁ DIOS había permitido que 12 hombres fueran llevados ante un tribunal supremo. Corría el año 33 E.C., y el tribunal era el Sanedrín judío. Se sometía a juicio a los apóstoles de Jesucristo. ¡Escuche! ‘Les ordenamos que no enseñaran sobre la base de este nombre —dice el sumo sacerdote—, pero ustedes han llenado a Jerusalén con su enseñanza.’ Ante eso, Pedro y los demás apóstoles declararon: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. (Hechos 5:27-29.) Dijeron, en efecto: “¡Jehová es nuestro Gobernante!”.
2 Sí; Jehová es el Gobernante de los verdaderos seguidores de Jesús. Esto lo deja bien sentado el libro bíblico de Hechos de Apóstoles, escrito en Roma alrededor del año 61 E.C. por “Lucas el médico amado”. (Colosenses 4:14.) Al igual que los apóstoles, hoy día el pueblo de Jehová obedece a su Gobernante celestial cuando lo que exigen humanos está en pugna con la voluntad divina. Pero ¿qué más podemos aprender del libro de Hechos? (Le sugerimos que durante su estudio personal lea las porciones de ese libro especificadas en letras negritas.)

Jesús comisiona a testigos

3 Los apóstoles podían adoptar una postura firme a favor de Dios porque se les había fortalecido espiritualmente. Cristo había muerto en un madero de tormento, pero ellos sabían que había sido resucitado (1:1-5). En cuerpos materializados Jesús “se les mostró vivo” y les enseñó verdades del Reino durante 40 días. También dijo a sus discípulos que esperaran en Jerusalén por el bautismo “en espíritu santo”. Entonces la predicación sería lo primordial para ellos, como lo es para los testigos de Jehová en la actualidad. (Lucas 24:27, 49; Juan 20:19–21:24.)
4 Los apóstoles, todavía no bautizados en espíritu santo, tenían la idea equivocada de una gobernación terrestre que pondría fin a la dominación romana cuando preguntaron: “Señor, ¿estás restaurando el reino a Israel en este tiempo?” (1:6-8). En realidad Jesús dijo que no, pues ‘no les pertenecía a ellos conocer los tiempos y sazones’. ‘Cuando el espíritu santo llegara sobre ellos’, los facultaría para testificar acerca del Reino celestial de Dios, no de uno en esta Tierra. Predicarían en Jerusalén, Judea y Samaria, “y hasta la parte más distante de la tierra”. Con la ayuda del espíritu, en estos últimos días los testigos de Jehová efectúan por todo el mundo una obra como aquella.
5 Jesús acababa de dar aquella comisión de predicar por todo el mundo cuando empezó a ascender al cielo. Aquella ascensión empezó con un movimiento hacia arriba que lo alejó de sus discípulos, y algún tiempo después Jesús entró ante la presencia de su Gobernante celestial y pasó a estar activo en la región de los espíritus (1:9-11). Después que una nube ocultó de la vista de los apóstoles a Jesús, él se despojó de su cuerpo carnal materializado. Dos ángeles aparecieron y dijeron que él ‘vendría de la misma manera’. Y así ha sido. Únicamente los discípulos de Jesús lo vieron partir, tal como solo los testigos de Jehová reconocen su vuelta invisible.

Jehová escoge

6 Poco tiempo después los apóstoles estuvieron de regreso en Jerusalén (1:12-26). En un aposento de arriba (tal vez en la casa de la madre de Marcos, llamada María), los 11 apóstoles leales persistían en orar con los medio hermanos de Jesús, sus otros discípulos y su madre, María. (Marcos 6:3; Santiago 1:1.) Pero ¿quién recibiría el “puesto de superintendencia” de Judas? (Salmo 109:8.) Unos 120 discípulos estaban presentes cuando Dios escogió a un hombre para reemplazar a Judas, quien había traicionado a Jesús, y restablecer la cantidad de 12 apóstoles. El escogido tenía que ser alguien que hubiera sido discípulo durante el tiempo del ministerio de Jesús y que hubiera sido testigo de su resurrección. Por supuesto, aquel hombre también tenía que reconocer a Jehová como su Gobernante. Después de orar, se echaron suertes sobre Matías y José Barsabás. Dios hizo que la suerte cayera sobre Matías. (Proverbios 16:33.)
7 Ciertamente Judas Iscariote no había reconocido a Jehová como Gobernante suyo. ¡Había traicionado al Hijo de Dios por 30 piezas de plata! Judas devolvió aquel dinero a los sacerdotes principales, pero Pedro dijo que el traidor “compró un campo con el salario de la injusticia”. ¿Cómo fue eso? Pues bien, suministró el dinero y la razón para comprar el “Campo de Sangre”, como se le llamó. Este ha sido identificado como un terreno llano en la parte sur del valle de Hinón. Judas había arruinado por completo su buena relación con el Gobernante celestial, así que “se ahorcó”. (Mateo 27:3-10.) Puede que la cuerda o la rama del árbol se haya roto, de modo que él ‘cayera de cabeza y reventara ruidosamente por en medio’ al dar contra rocas dentadas. ¡Que ninguno de nosotros sea un falso hermano!

¡Llenos de espíritu santo!

8 ¿Qué sucedió en cuanto al prometido bautismo en espíritu santo? Este vino en el Pentecostés de 33 E.C., diez días después de la ascensión de Jesús (2:1-4). ¡Qué acontecimiento emocionante fue aquel bautismo! ¡Imagínese la escena! Unos 120 discípulos estaban en el aposento de arriba cuando, ‘de repente, desde el cielo un ruido como el de una brisa impetuosa y fuerte llenó la casa’. No era un viento, pero sonaba como si lo fuera. Una lengua “como de fuego” se asentó sobre cada discípulo y cada apóstol. “Todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes.” Cuando aquel bautismo tuvo lugar, fueron también engendrados por espíritu santo, ungidos y sellados en prenda de una herencia espiritual. (Juan 3:3, 5; 2 Corintios 1:21, 22; 1 Juan 2:20.)
9 Aquel acontecimiento afectó a los judíos y los prosélitos que habían venido a Jerusalén de ‘toda nación bajo el cielo’ (2:5-13). Asombrados, estos preguntaron: ‘¿Cómo es que cada uno de nosotros oye habla en su lenguaje de nacimiento?’. El habla pudiera ser la lengua de lugares como Media (al este de Judea), Frigia (en Asia Menor) y Roma (en Europa). Muchos oyentes quedaron pasmados de asombro al oír a los discípulos hablar “acerca de las cosas magníficas de Dios” en varios lenguajes, pero los burlones sugirieron que los discípulos estaban borrachos.

Pedro da un testimonio conmovedor

10 Pedro comenzó a testificar indicando que las nueve de la mañana era demasiado temprano para que alguien estuviera borracho (2:14-21). En vez de eso, lo acontecido era un cumplimiento de la promesa de Dios de derramar espíritu santo sobre su pueblo. Dios inspiró a Pedro para que señalara a nuestro tiempo al añadir las palabras “en los últimos días” y “profetizarán”. (Joel 2:28-32.) Jehová daría portentos presagiosos en el cielo y señales en la Tierra antes de su gran día, y solamente los que invocaran su nombre con fe serían salvos. Un derramamiento parecido del espíritu sobre los ungidos los ha capacitado para ‘profetizar’ con gran vitalidad y eficacia en la actualidad.
11 Luego Pedro identificó al Mesías (2:22-28). Dios dio testimonio de que Jesús era el Mesías al capacitarlo para efectuar obras poderosas, señales y portentos presagiosos. (Hebreos 2:3, 4.) Pero los judíos hicieron que se le fijara en un madero “por mano de desaforados”, romanos que no prestaban atención a la ley de Dios. Jesús fue “entregado por el consejo determinado y presciencia de Dios” en el sentido de que esa era la voluntad divina. Sin embargo, Dios resucitó a Jesús y se deshizo del cuerpo humano de este de tal manera que aquel cuerpo no experimentara corrupción. (Salmo 16:8-11.)
12 La profecía mesiánica recibió mayor énfasis al continuar su testimonio Pedro (2:29-36). Él dijo que David había previsto la resurrección de su más grandioso hijo, Jesús el Mesías. Desde un lugar ensalzado a la diestra de Dios en el cielo Jesús había derramado el espíritu santo que había recibido de su Padre. (Salmo 110:1.) El auditorio ante Pedro ‘vio y oyó’ el funcionamiento de aquel espíritu al observar lenguas como de fuego sobre la cabeza de los discípulos y oír los lenguajes extranjeros que hablaban. Pedro mostró también que la salvación depende de reconocer a Jesús como Señor y Mesías. (Romanos 10:9; Filipenses 2:9-11.)

Jehová da el aumento

13 ¡Cuán eficaces fueron las palabras de Pedro (2:37-42)! Sus oyentes se sintieron heridos en el corazón por haber consentido en la ejecución del Mesías. Por eso Pedro dio esta exhortación: “Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán la dádiva gratuita del espíritu santo”. Los judíos y los prosélitos ya reconocían a Jehová como Dios y que necesitaban su espíritu. Ahora tenían que arrepentirse y aceptar a Jesús como el Mesías para bautizarse en el nombre (reconociendo el puesto o la función) del Padre, del Hijo y del espíritu santo. (Mateo 28:19, 20.) Al testificar a aquellos judíos y prosélitos Pedro usó la primera llave espiritual que Jesús le había dado para abrir la puerta del conocimiento y de la oportunidad que permitiría a los judíos creyentes entrar en el Reino celestial. (Mateo 16:19.) ¡Tan solo aquel día, 3.000 de ellos se bautizaron! ¡Imagínese a aquella cantidad de testigos de Jehová predicando en el pequeño territorio de Jerusalén!
14 Muchos que habían venido de lugares distantes no tenían provisiones para permanecer allí más tiempo, pero deseaban aprender más sobre su nueva fe y predicar a otros. Por eso aquellos seguidores de Jesús de la antigüedad se ayudaron amorosamente unos a otros, como lo hacen hoy día los testigos de Jehová (2:43-47). Temporalmente los creyentes tuvieron “todas las cosas en común”. Algunos vendieron sus propiedades, y los fondos se distribuyeron entre todos los que estaban necesitados. Esto dio a la congregación un comienzo excelente mientras ‘Jehová unía diariamente a ellos los que se iban salvando’.

Una curación y sus resultados

15 Jehová apoyó a los seguidores de Jesús por medio de “señales” (3:1-10). Así, pues, resultó que mientras Pedro y Juan entraban en el templo a las tres de la tarde para la hora de oración relacionada con el sacrificio de la tarde, un hombre que era cojo de nacimiento estuvo cerca de la Puerta Hermosa pidiendo “dádivas de misericordia”. Pedro dijo: ‘Plata y oro no poseo, pero lo que tengo te doy: ¡En el nombre de Jesucristo el Nazareno, anda!’. ¡El hombre se curó al instante! Cuando entró en el templo “andando y saltando y alabando a Dios”, la gente ‘quedó extática’. Puede que algunos hayan recordado las palabras: “El cojo trepará justamente como lo hace el ciervo”. (Isaías 35:6.)
16 La gente, sorprendida, se reunió en la columnata de Salomón, un pórtico en el lado oriental del templo. Allí Pedro dio un testimonio (3:11-18). Mostró que Dios había facultado a los apóstoles para sanar al cojo mediante Su Siervo glorificado, Jesús. (Isaías 52:13–53:12.) Los judíos habían repudiado a “aquel santo y justo”; no obstante, Jehová lo había resucitado. Aunque la gente y sus gobernantes no sabían que estaban dando muerte al Mesías, Dios cumplió así las palabras proféticas de que “su Cristo sufriría”. (Daniel 9:26.)
17 Por el trato que habían dado al Mesías, Pedro mostró a los judíos lo que debían hacer (3:19-26). Tenían que ‘arrepentirse’ o sentir remordimiento por sus pecados, y ‘volverse’ o convertirse mediante tomar un derrotero contrario al anterior. Si ejercían fe en que Jesús era el Mesías y aceptaban el rescate, Jehová los refrescaría perdonándoles los pecados. (Romanos 5:6-11.) Pedro recordó a los judíos que ellos eran hijos del pacto que Dios había hecho con sus antepasados cuando dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Por eso Dios primero envió a su Siervo Mesiánico para liberar a los judíos arrepentidos. Es interesante notar que desde que se ‘envió a Cristo’ en el poder del Reino celestial en 1914 ha habido una refrescante restauración de verdades y de la organización teocrática entre los testigos de Jehová. (Génesis 12:3; 18:18; 22:18.)

¡Nada los detenía!

18 Encolerizados porque Pedro y Juan declaraban la resurrección de Jesús, los sacerdotes principales, el capitán del templo y los saduceos los pusieron en custodia (4:1-12). Los saduceos no creían en la resurrección, pero muchas otras personas se hicieron creyentes; la cantidad de tan solo los hombres ascendió a unos 5.000. Cuando Pedro fue interrogado ante el alto tribunal de Jerusalén, dijo que al cojo se le había sanado “en el nombre de Jesucristo el Nazareno”, a quien ellos habían fijado en un madero pero Dios había resucitado. Aquella “piedra” que los “edificadores” judíos habían rechazado había llegado a ser “cabeza del ángulo”. (Salmo 118:22.) “Además —dijo Pedro—, no hay salvación en ningún otro.”
19 El tribunal intentó detener aquella habla (4:13-22). Puesto que tenían al hombre curado presente, se les hacía imposible negar aquella “señal notable”; sin embargo, ordenaron a Pedro y a Juan ‘que en ningún lugar hablaran o enseñaran sobre la base del nombre de Jesús’. ¿Qué respondieron ellos? ‘No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.’ ¡Obedecían a Jehová como Gobernante!

¡Se les contestan las oraciones!

20 Tal como los testigos de Jehová oran en sus reuniones, así los discípulos oraron cuando los apóstoles, puestos en libertad, informaron lo que les había sucedido (4:23-31). Señalaron que los gobernantes Herodes Antipas y Poncio Pilato, junto con los romanos gentiles y el pueblo de Israel, se habían reunido contra el Mesías. (Salmo 2:1, 2; Lucas 23:1-12.) Jehová contestó aquella oración llenando de espíritu santo a los discípulos, de modo que hablaban con denuedo la palabra de Dios. Ellos no pidieron a su Gobernante que pusiera fin a la persecución, sino que los capacitara para predicar con denuedo a pesar de ella.
21 Los creyentes continuaban teniéndolo todo en común, y ninguno estaba necesitado (4:32-37). Uno de los contribuyentes fue el levita José de Chipre. Los apóstoles le dieron el sobrenombre de Bernabé, que significa “Hijo del Consuelo”, probablemente porque era servicial y afectuoso. Todos, sin duda, queremos ser así. (Hechos 11:22-24.)

Se desenmascara a unos mentirosos

22 No obstante, Ananías y su esposa, Safira, dejaron de reconocer a Jehová como Gobernante (5:1-11). Vendieron un campo y se quedaron con parte del dinero mientras fingían haberlo dado todo a los apóstoles. El conocimiento que el espíritu de Dios comunicó a Pedro le permitió discernir la hipocresía de Ananías y Safira, que llevó a la muerte de ambos. ¡Qué advertencia para aquellos a quienes Satanás tienta para que se hagan engañosos! (Proverbios 3:32; 6:16-19.)
23 Después de aquel suceso nadie que tuviera malos motivos tenía ánimo para unirse a los discípulos. Otras personas sí se hicieron creyentes (5:12-16). Además, a medida que los enfermos y los que eran perturbados por espíritus inmundos ejercían fe en el poder de Dios, “todos sin excepción eran curados”.

Obediencia a Dios más bien que a los hombres

24 El sumo sacerdote y los saduceos trataron ahora de estorbar el maravilloso aumento mediante encarcelar a todos los apóstoles (5:17-25). Pero por la noche el ángel de Jehová los puso en libertad. ¡Y para el amanecer ellos estaban enseñando en el templo! La persecución no puede detener a los siervos de Jehová.
25 Con todo, se ejerció presión cuando los apóstoles fueron llevados ante el Sanedrín (5:26-42). Sin embargo, después que se les ordenó que dejaran de enseñar, ellos dijeron: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. Esto estableció una norma para los discípulos de Jesús, norma que los testigos de Jehová siguen en la actualidad. Tras una advertencia que les dio Gamaliel, maestro de la Ley, los líderes golpearon a los apóstoles, les ordenaron que dejaran de predicar y los pusieron en libertad.
26 Los apóstoles se alegraron de que se les hubiera considerado dignos de sufrir deshonra a favor del nombre de Jesús. “Y todos los días en el templo, y de casa en casa, continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas.” Sí, eran ministros que iban de casa en casa. Eso son los testigos de Dios en tiempos modernos, quienes también han recibido su espíritu porque le obedecen y dicen: “¡Jehová es nuestro Gobernante!”.

El pueblo de Jehová hecho firme en la fe

*** w90 15/6 págs. 10-14 El pueblo de Jehová hecho firme en la fe ***

“Las congregaciones continuaron haciéndose firmes en la fe y aumentando en número de día en día.” (HECHOS 16:5.)
JEHOVÁ DIOS utilizó a Saulo de Tarso como “un vaso escogido”. Cuando este llegó a ser el apóstol Pablo ‘sufrió muchas cosas’. Pero mediante su obra y la de otros la organización de Jehová disfrutó de unidad y logró una asombrosa expansión. (Hechos 9:15, 16.)
2 Más y más gentiles se convertían al cristianismo, y una significativa reunión del cuerpo gobernante contribuyó mucho a fomentar la unidad entre el pueblo de Dios y a hacerlo firme en la fe. Será muy provechoso considerar estos desenvolvimientos, y otros, que se relatan en Hechos 13:1–16:5, pues los testigos de Jehová experimentan ahora crecimiento y bendiciones espirituales similares. (Isaías 60:22.) (Al estudiar en privado los artículos sobre Hechos que aparecen en este número, le sugerimos que lea para sí los pasajes del libro que se indican en letras negritas.)

Misioneros entran en acción

3 Hombres enviados de la congregación de Antioquía, Siria, ayudaron a los creyentes a hacerse firmes en la fe (13:1-5). En Antioquía estaban estos “profetas y maestros”: Bernabé, Symeón (Niger), Lucio de Cirene, Manaén y Saulo de Tarso. Los profetas explicaban la Palabra de Dios y predecían sucesos, mientras que los maestros instruían en las Escrituras y en el vivir piadoso. (1 Corintios 13:8; 14:4.) Bernabé y Saulo recibieron una asignación especial. Llevaron consigo a Marcos, primo de Bernabé, y partieron hacia Chipre. (Colosenses 4:10.) Predicaron en sinagogas del puerto oriental de Salamina, pero no hay ningún registro de que los judíos respondieran bien. Puesto que aquellos eran gente acomodada en sentido material, ¿para qué necesitaban al Mesías?
4 Dios bendijo la testificación que se efectuó en otra parte de Chipre (13:6-12). En Pafos los misioneros encontraron a Bar-Jesús (Elimas), un hechicero y falso profeta judío. Cuando este trató de impedir que el procónsul Sergio Paulo oyera la palabra de Dios, Saulo se llenó de espíritu santo y dijo: ‘Oh hombre lleno de fraude y de villanía, hijo del Diablo, enemigo de todo lo justo, ¿no cesarás de torcer los caminos correctos de Jehová?’. Entonces la mano de castigo de Dios cegó a Elimas por algún tiempo, y Sergio Paulo “se hizo creyente, pues quedó atónito por la enseñanza de Jehová”.
5 Desde Chipre el grupo se embarcó para la ciudad de Perga, en Asia Menor. Entonces Pablo y Bernabé viajaron hacia el norte por desfiladeros —probablemente ‘en peligros de ríos y por parte de salteadores’— hasta Antioquía, Pisidia. (2 Corintios 11:25, 26.) Allí Pablo habló en la sinagoga (13:13-41). Repasó los tratos de Dios con Israel e identificó a Jesús, descendiente de David, como el Salvador. Aunque los gobernantes judíos habían exigido la muerte de Jesús, la promesa hecha a los antepasados de los judíos se había cumplido cuando Dios lo resucitó. (Salmo 2:7; 16:10; Isaías 55:3.) Pablo advirtió a sus oyentes que no despreciaran el don de la salvación que Dios había provisto mediante Cristo. (Habacuc 1:5, Septuaginta.)
6 El discurso de Pablo despertó interés entre sus oyentes, tal como lo hacen los discursos públicos que presentan los testigos de Jehová hoy día (13:42-52). El sábado siguiente casi toda la ciudad se reunió para oír la palabra de Jehová, y esto llenó de celos a los judíos. ¡Pues en una sola semana los misioneros aparentemente habían convertido a más gentiles que aquellos judíos durante toda su vida! En vista de que los judíos contradijeron con blasfemias a Pablo, fue tiempo para que la luz espiritual resplandeciera en otro lugar, y por eso se les dijo: ‘Puesto que están echando la palabra de Dios y no se juzgan dignos de vida eterna, nos volvemos a las naciones’. (Isaías 49:6.)
7 Ahora los gentiles empezaron a regocijarse, y todos los que estaban correctamente dispuestos para la vida eterna se hicieron creyentes. Sin embargo, mientras la palabra de Jehová se llevaba por todo el país, los judíos alborotaron a mujeres estimables (probablemente para que presionaran a sus esposos u otras personas) y a hombres prominentes para que persiguieran a Pablo y Bernabé y los echaran de sus límites. Pero aquello no detuvo a los misioneros. Ellos simplemente “sacudieron el polvo de los pies contra ellos” y se fueron a Iconio (la moderna Konya), una ciudad prominente en la provincia romana de Galacia. (Lucas 9:5; 10:11.) Pues bien, ¿qué hay de los discípulos que quedaron en Antioquía de Pisidia? Porque se les había hecho firmes en la fe, “continuaron llenos de gozo y de espíritu santo”. Esto nos ayuda a comprender que la oposición no tiene que impedir el progreso espiritual.

Firmes en la fe a pesar de persecución

8 Pablo y Bernabé mismos demostraron firmeza en la fe a pesar de ser perseguidos (14:1-7). En respuesta a su testificación en la sinagoga de Iconio, muchos judíos y griegos se hicieron creyentes. Cuando los judíos incrédulos incitaron a los gentiles contra los nuevos creyentes, aquellos dos trabajadores hablaron con denuedo por la autoridad de Dios, y él mostró su aprobación facultándolos para efectuar señales. Esto dividió a la chusma, pues algunos estaban por los judíos pero otros por los apóstoles (los enviados). Los apóstoles no eran cobardes, pero cuando se enteraron de que existía una conspiración para apedrearlos ejercieron prudencia y partieron de allí para predicar en Licaonia, una región de Asia Menor en el sur de Galacia. Si nosotros obramos con prudencia, muchas veces nosotros también pudiéramos permanecer activos en el ministerio a pesar de oposición. (Mateo 10:23.)
9 La ciudad licaónica de Listra fue la siguiente que recibió testimonio (14:8-18). Allí Pablo sanó a un hombre que había sido cojo de nacimiento. Las muchedumbres, que no se dieron cuenta de que el milagro había venido de Jehová, clamaron: “¡Los dioses se han hecho como humanos y han bajado a nosotros!”. Bernabé y Pablo no sabían lo que sucedía, porque las muchedumbres se habían expresado en la lengua licaónica. Porque Pablo llevaba la delantera al hablar, la gente creía que él era Hermes (el mensajero elocuente de los dioses) y que Bernabé era Zeus, el dios principal de los griegos.
10 El sacerdote de Zeus hasta trajo toros y guirnaldas para ofrecer sacrificios a Pablo y Bernabé. Los visitantes prontamente explicaron —probablemente en el griego que se entendía comúnmente, o mediante un intérprete— que ellos también eran humanos que tenían sufrimientos y que declaraban las buenas nuevas para que la gente se volviera de “estas cosas vanas” (dioses sin vida, o ídolos) al Dios vivo. (1 Reyes 16:13; Salmo 115:3-9; 146:6.) Sí, antes Dios había permitido que las naciones (pero no los hebreos) fueran por sus propios caminos, aunque no se había dejado a sí mismo sin testimonio acerca de su existencia y bondad ‘al darles lluvias y épocas fructíferas, llenando por completo sus corazones de alimento y de alegría’. (Salmo 147:8.) A pesar de aquel razonamiento, Bernabé y Pablo apenas pudieron lograr que las muchedumbres desistieran de hacerles sacrificios. Sin embargo, los misioneros no aceptaron homenaje como dioses, ni usaron aquella autoridad para fundar el cristianismo en aquella zona. ¡Qué excelente ejemplo para nosotros, especialmente si nos inclinamos a anhelar adulación por lo que Jehová nos permite lograr en su servicio!
11 De repente surgió horrible persecución (14:19-28). ¿Cómo sucedió esto? Las muchedumbres, persuadidas por los judíos de Antioquía de Pisidia y de Iconio, apedrearon a Pablo y lo arrastraron hasta fuera de la ciudad, creyendo que estaba muerto. (2 Corintios 11:24, 25.) Pero cuando los discípulos lo cercaron él se levantó y entró en Listra sin que lo pudieran reconocer, probablemente al amparo de la oscuridad. Al día siguiente él y Bernabé partieron para Derbe, donde una buena cantidad de personas se hicieron discípulos. Al volver a visitar a Listra, Iconio y Antioquía, los misioneros fortalecieron a los discípulos y los animaron a permanecer en la fe, y dijeron: “Tenemos que entrar en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones”. Como cristianos, nosotros también esperamos pasar por tribulaciones y no debemos tratar de evadirlas mediante transigir en cuanto a nuestra fe. (2 Timoteo 3:12.) En aquel tiempo hubo nombramiento de ancianos para congregaciones a las cuales Pablo escribió su carta a los gálatas.
12 Mientras pasaban por Pisidia, Pablo y Bernabé hablaron la palabra en Perga, una ciudad prominente de Panfilia. Con el tiempo regresaron a Antioquía, Siria. Ahora que había terminado el primer viaje de Pablo, los dos misioneros informaron a la congregación “las muchas cosas que Dios había hecho mediante ellos, y que había abierto a las naciones la puerta a la fe”. Pasaron algún tiempo con los discípulos en Antioquía, y sin duda alguna aquello contribuyó mucho a hacer a estos firmes en la fe. Las visitas que hacen los superintendentes viajantes hoy día producen efectos similares en sentido espiritual.

Se resuelve una cuestión importante

13 La firmeza en la fe exigía unidad de pensamiento. (1 Corintios 1:10.) Para que el cristianismo no se dividiera en una facción de hebreos y otra de no judíos, fue necesario que el cuerpo gobernante decidiera si los gentiles que entraban a raudales en la organización de Dios tenían o no que guardar la Ley de Moisés y circuncidarse (15:1-5). Ciertos hombres de Judea ya habían viajado a Antioquía de Siria y se habían puesto a enseñar a los gentiles creyentes de aquel lugar que a menos que se circuncidaran no podían ser salvos. (Éxodo 12:48.) Por consiguiente, Pablo, Bernabé y otros fueron enviados a los apóstoles y ancianos de Jerusalén. Aun allí, creyentes que habían sido fariseos de mentalidad legalista insistieron en que los gentiles tenían que circuncidarse y observar la Ley.
14 Se celebró una reunión para determinar cuál era la voluntad de Dios (15:6-11). Es cierto que hubo disputas, pero no hubo contienda a medida que hombres de convicciones firmes se expresaron... ¡un excelente ejemplo para los ancianos hoy día! Entonces Pedro dijo: ‘Dios hizo la selección de que, por mi boca, gentiles [como Cornelio] oyeran las buenas nuevas y creyeran. Dio testimonio dándoles espíritu santo y no hizo ninguna distinción entre nosotros y ellos. [Hechos 10:44-47.] Entonces, ¿por qué están ustedes poniendo a Dios a prueba, imponiendo sobre el cuello de ellos un yugo [la obligación de guardar la Ley] que ni nosotros ni nuestros antepasados pudieron cargar? Nosotros [los judíos según la carne] confiamos en ser salvados mediante la bondad inmerecida del Señor Jesús tal como esas personas’. El que Dios hubiera aceptado a gentiles incircuncisos mostraba que la circuncisión y el guardar la Ley no se requerían para la salvación. (Gálatas 5:1.)
15 La congregación quedó callada cuando Pedro concluyó, pero se oiría más (15:12-21). Bernabé y Pablo mencionaron las señales que Dios había ejecutado mediante ellos entre los gentiles. Entonces el presidente de la reunión, Santiago, el medio hermano de Jesús, dijo: ‘Symeón [el nombre hebreo de Pedro] ha contado cómo Dios dirigió su atención a las naciones para sacar de entre ellas un pueblo para su nombre’. Santiago indicó que la predicha reedificación de “la cabaña de David” (el restablecimiento de la gobernación real en el linaje de David) se estaba cumpliendo mediante el recogimiento de los discípulos de Jesús (los herederos del Reino) de entre los judíos y los gentiles. (Amós 9:11, 12, Septuaginta; Romanos 8:17.) Puesto que este era el propósito de Dios, los discípulos deberían aceptarlo. Santiago recomendó que se escribiera a los cristianos gentiles que se abstuvieran de: 1) cosas contaminadas por los ídolos, 2) fornicación, y 3) sangre y lo estrangulado. Estas prohibiciones estaban en los escritos de Moisés que se leían en las sinagogas todos los sábados. (Génesis 9:3, 4; 12:15-17; 35:2, 4.)
16 Ahora el cuerpo gobernante envió una carta a los cristianos gentiles de Antioquía, Siria y Cilicia (15:22-35). El espíritu santo y los escritores de la carta pedían que ellos se abstuvieran de: cosas sacrificadas a ídolos; sangre (algo que algunas personas consumían regularmente); cosas estranguladas y no desangradas (para muchos paganos aquella carne era un manjar exquisito); y fornicación (griego: por•néi•a, que denota relaciones sexuales ilícitas fuera del matrimonio bíblico). Por aquella abstinencia prosperarían espiritualmente, como lo hacen los testigos de Jehová hoy día porque cumplen con “estas cosas necesarias”. Las palabras “¡Buena salud a ustedes!” equivalen a decir: “¡Que les vaya bien!”, y nadie debe llegar a la conclusión de que estos requisitos tenían que ver principalmente con medidas de salud. Cuando la carta se leyó en Antioquía, la congregación se regocijó por el estímulo que suministró. En aquella ocasión el pueblo de Dios en Antioquía también recibió firmeza en la fe por las palabras animadoras de Pablo, Silas, Bernabé y otros. ¡Busquemos nosotros también maneras de animar y edificar a nuestros compañeros de creencia!

Empieza la segunda gira misional

17 Surgió un problema cuando se propuso un segundo viaje misional (15:36-41). Pablo sugirió que él y Bernabé volvieran a visitar a las congregaciones de Chipre y Asia Menor. Bernabé concordó, pero quiso llevar consigo a su primo Marcos. Pablo no estuvo de acuerdo con aquello, porque Marcos los había abandonado en Panfilia. Entonces ocurrió “un agudo estallido de cólera”. Pero ni Pablo ni Bernabé procuraron justificarse personalmente mediante tratar de implicar a otros ancianos ni al cuerpo gobernante en su asunto personal. ¡Qué excelente ejemplo!
18 No obstante, aquella disputa causó una separación. Bernabé tomó consigo a Marcos y partió para Chipre. Pablo, con Silas como acompañante, “pasó por Siria y Cilicia, fortaleciendo a las congregaciones”. Puede que los lazos familiares hayan influido en Bernabé, pero él debería haber reconocido el apostolado de Pablo y el hecho de que era “un vaso escogido”. (Hechos 9:15.) ¿Y qué hay de nosotros? ¡Aquel incidente debe inculcar en nosotros lo necesario que es reconocer la autoridad teocrática y cooperar de lleno con “el esclavo fiel y discreto”! (Mateo 24:45-47.)
Progreso en paz
19 No se permitió que aquella disputa afectara la paz de la congregación. El pueblo de Dios siguió haciéndose firme en la fe (16:1-5). Pablo y Silas fueron a Derbe y luego a Listra. Allí vivía Timoteo, hijo de la judía creyente Eunice y su esposo griego, quien era incrédulo. Timoteo era joven, pues hasta 12 o 15 años después todavía se le dijo: “Que nadie jamás menosprecie tu juventud”. (1 Timoteo 4:12.) Puesto que “los hermanos de Listra y de Iconio [a unos 29 kilómetros (18 millas) de distancia] daban buenos informes acerca de él”, Timoteo era bien conocido por su excelente ministerio y sus cualidades piadosas. Los jóvenes cristianos de hoy deben buscar la ayuda de Jehová para ganarse una reputación similar. Pablo circuncidó a Timoteo porque visitarían los hogares y las sinagogas de judíos que sabían que el padre de Timoteo era gentil, y el apóstol no quería que nada sirviera de obstáculo a hombres y mujeres judíos que necesitaban aprender acerca del Mesías. Sin violar principios bíblicos, los testigos de Jehová hoy también hacen lo que pueden para que las buenas nuevas sean atrayentes a gente de toda clase. (1 Corintios 9:19-23.)
20 Con Timoteo como acompañante, Pablo y Silas entregaron a los discípulos, para que los observaran, los decretos del cuerpo gobernante. ¿Y cuál fue el resultado? Aparentemente refiriéndose a Siria, Cilicia y Galacia, Lucas escribió: “Las congregaciones continuaron haciéndose firmes en la fe y aumentando en número de día en día”. Sí, el haber obrado en armonía con la carta del cuerpo gobernante redundó en unidad y prosperidad espiritual. ¡Qué excelente ejemplo para nuestros tiempos críticos, cuando el pueblo de Jehová necesita permanecer unido y firme en la fe!

Libro bíblico número 44: Hechos

*** si págs. 199-205 Libro bíblico número 44: Hechos ***

Escritor: Lucas
Dónde se escribió: Roma
Cuándo se completó: c. 61 E.C.
Tiempo que abarca: 33–c. 61 E.C.
EN EL cuadragésimo segundo libro de las Escrituras inspiradas, Lucas da un relato de la vida, la actividad y el ministerio de Jesús y sus seguidores hasta el tiempo de la ascensión de Jesús. El registro histórico del cuadragésimo cuarto libro de las Escrituras, Hechos de Apóstoles, continúa la historia del cristianismo primitivo mostrando cómo se funda la congregación como resultado de la operación del espíritu santo. También describe cómo crece el testimonio, primero entre los judíos y luego pasando a gente de todas las naciones. La mayor parte del contenido de los primeros 12 capítulos es sobre las actividades de Pedro, y los 16 capítulos restantes relatan las actividades de Pablo. Lucas estuvo en asociación íntima con Pablo, pues lo acompañó en muchos de sus viajes.
2 El libro está dirigido a Teófilo. Puesto que se le llama “excelentísimo”, es posible que Teófilo fuera un funcionario, o puede que con “excelentísimo” solo se exprese alta estima. (Luc. 1:3.) El relato registra con exactitud histórica el establecimiento y desarrollo de la congregación cristiana. Empieza con las apariciones de Jesús a sus discípulos después de su resurrección y luego narra sucesos importantes del período desde 33 hasta alrededor de 61 E.C., de modo que abarca un total de aproximadamente 28 años.
3 Desde tiempos antiguos la escritura de Hechos se ha atribuido al escritor del Evangelio de Lucas. Ambos libros están dirigidos a Teófilo. Al repetir en los versículos de apertura de Hechos los sucesos con que concluye su Evangelio, Lucas enlaza los dos relatos y así indica que son obra del mismo autor. Parece que Lucas completó Hechos alrededor de 61 E.C., probablemente hacia fines de una estadía de dos años en Roma en compañía del apóstol Pablo. Puesto que los sucesos que describe llegan hasta ese año, Hechos no pudo haberse completado antes de esa fecha, y el hecho de que la apelación de Pablo a César se deja sin haberse decidido indica que Hechos se completó para ese año.
4 Desde los tiempos más antiguos, Hechos ha sido para los escriturarios un libro canónico. Partes del libro se encuentran entre los papiros manuscritos más antiguos que existen de las Escrituras Griegas, en particular los papiros Michigan núm. 1571 (P38), del siglo III o IV E.C., y Chester Beatty núm. 1 (P45), del siglo III. Ambos papiros indican que Hechos circulaba junto con otros libros de las Escrituras inspiradas y por lo tanto era parte del catálogo desde fecha temprana. El modo de escribir de Lucas en el libro de Hechos refleja la misma exactitud notable que, según ya dijimos, distingue su Evangelio. Sir William M. Ramsay clasifica al escritor de Hechos “entre los historiadores de primer rango”, y explica así lo que esto significa: “La condición primera y esencial del gran historiador es la verdad. Lo que dice tiene que ser fidedigno”.
5 Como ilustración de la exactitud informativa tan característica de los escritos de Lucas, citamos a Edwin Smith, comandante de una flotilla de buques de guerra británicos en el Mediterráneo durante la I Guerra Mundial, quien escribió en la revista The Rudder de marzo de 1947: “Las naves antiguas no eran timoneadas como en estos tiempos modernos con un solo timón articulado sobre el codaste, sino mediante dos remos o paletas grandes, uno a cada lado de la popa; de ahí la mención de estos en número plural por san Lucas. [Hech. 27:40.] [...] En nuestro examen hemos visto que cada declaración que hace san Lucas sobre los movimientos de esta nave, desde que zarpó de Bellos Puertos hasta que quedó varada en Malta, ha sido verificada por prueba externa e independiente del tipo más exacto y satisfaciente; y que sus declaraciones en cuanto al tiempo que estuvo a la mar el barco corresponde con la distancia recorrida; y, finalmente, que su descripción del lugar al cual llegaron cuadra con el lugar tal como es. Todo lo cual muestra que Lucas en verdad hizo la travesía según la describe, y además ha probado que fue un hombre cuyas observaciones y declaraciones pueden aceptarse como confiables y fidedignas en grado máximo”.
6 Los hallazgos arqueológicos también confirman la exactitud del relato de Lucas. Por ejemplo, excavaciones hechas en Éfeso han desenterrado tanto el templo de Ártemis como el teatro donde los efesios se amotinaron contra el apóstol Pablo. (Hech. 19:27-41.) Además, se han descubierto inscripciones que confirman lo correcto de que Lucas usara el título “gobernantes de la ciudad” y lo aplicara a los funcionarios de Tesalónica (17:6, 8). Dos inscripciones encontradas en Malta muestran lo correcto de que Lucas se refiriera a Publio como “el hombre prominente” de Malta (28:7).
7 Además, los varios discursos que Pedro, Esteban, Cornelio, Tértulo, Pablo y otros dieron, como los registra Lucas, son todos de estilo y composición diferentes. Aun los discursos de Pablo, pronunciados ante distintos auditorios, cambiaron de estilo para adaptarse a la ocasión. Esto indica que Lucas registró solamente lo que él mismo oyó o lo que otros testigos oculares le informaron. Lucas no era ningún novelista.
8 Se sabe muy poco de la vida personal de Lucas. Él mismo no era apóstol, pero estuvo asociado con los que lo eran. (Luc. 1:1-4.) En tres ocasiones el apóstol Pablo menciona a Lucas por nombre. (Col. 4:10, 14; 2 Tim. 4:11; File. 24.) Durante algunos años fue el compañero constante de Pablo, quien lo llamó “el médico amado”. En el relato hay un cambio continuo entre las formas “ellos” y “nosotros”, lo cual indica que Lucas estaba con Pablo en Troas durante el segundo viaje misional de Pablo, y que quizás se quedó atrás en Filipos hasta que Pablo regresó unos años después, y que entonces se juntó de nuevo con Pablo y lo acompañó en su viaje a Roma, donde Pablo sería sometido a juicio. (Hech. 16:8, 10; 17:1; 20:4-6; 28:16.)

CONTENIDO DE HECHOS

9 Los sucesos hasta el Pentecostés (1:1-26). Al abrir Lucas su segundo relato, el resucitado Jesús dice a sus ansiosos discípulos que se les bautizará en espíritu santo. ¿Será restaurado el Reino en este tiempo? No. Pero ellos recibirán poder y serán testigos “hasta la parte más distante de la tierra”. Al ser elevado Jesús fuera de su vista, dos hombres vestidos de blanco les dicen: “Este Jesús que fue recibido de entre ustedes arriba al cielo, vendrá así de la misma manera” (1:8, 11).
10 El día memorable del Pentecostés (2:1-42). Todos los discípulos están congregados en Jerusalén. De repente un ruido como el de una brisa impetuosa llena la casa. Lenguas como de fuego descansan sobre los que están presentes. Se les llena de espíritu santo y empiezan a hablar en diferentes idiomas acerca de “las cosas magníficas de Dios” (2:11). Los espectadores quedan perplejos. Ahora Pedro se pone de pie y habla. Explica que este derramamiento del espíritu acontece en cumplimiento de la profecía de Joel (2:28-32), y que Jesucristo, ahora resucitado y ensalzado a la diestra de Dios, “ha derramado esto que ustedes ven y oyen”. Heridas en el corazón, unas 3.000 personas abrazan la palabra y son bautizadas (2:33).
11 El testimonio crece (2:43–5:42). Jehová continúa uniendo diariamente a ellos los que se van salvando. Fuera del templo, Pedro y Juan se encuentran con un paralítico que nunca en su vida ha caminado. “¡En el nombre de Jesucristo el Nazareno, anda!”, ordena Pedro. Inmediatamente el hombre ‘anda y salta y empieza a alabar a Dios’. Pedro entonces exhorta al pueblo a arrepentirse y volverse, “para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Jehová”. Enojados porque Pedro y Juan enseñan sobre la resurrección de Jesús, los líderes religiosos los arrestan, pero las filas de los creyentes crecen hasta que son unos 5.000 hombres (3:6, 8, 19).
12 El día siguiente se hace comparecer a Pedro y Juan ante los gobernantes judíos para que estos los interroguen. Pedro testifica con franqueza que la salvación solo viene mediante Jesucristo, y cuando a Pedro y Juan se les ordena que dejen de predicar, responden: “Si es justo a vista de Dios escucharles a ustedes más bien que a Dios, júzguenlo ustedes mismos. Pero en cuanto a nosotros, no podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído” (4:19, 20). Se les pone en libertad, y todos los discípulos siguen hablando la palabra de Dios con denuedo. Debido a las circunstancias, los creyentes juntan sus bienes materiales y hacen distribuciones según la necesidad que exista. Sin embargo, cierto Ananías y su esposa, Safira, venden una propiedad y en secreto retienen parte del precio mientras aparentan que han entregado toda la suma. Pedro los desenmascara, y ellos caen muertos por haber obrado falsamente contra Dios y el espíritu santo.
13 Nuevamente los indignados líderes religiosos echan a los apóstoles en la cárcel, pero esta vez el ángel de Jehová los pone en libertad. Al día siguiente se les lleva otra vez al Sanedrín, donde se les acusa de ‘llenar a Jerusalén con su enseñanza’. Los apóstoles contestan: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. Aunque se les fustiga y amenaza, ellos no ceden, y ‘todos los días en el templo, y de casa en casa, continúan sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús’ (5:28, 29, 42).
14 El martirio de Esteban (6:1–8:1a). Esteban es uno de los siete varones asignados por espíritu santo para distribuir alimento a las mesas. Además, da testimonio vigoroso de la verdad, y su apoyo de la fe es tan celoso que sus opositores, enfurecidos, hacen que se le lleve ante el Sanedrín acusado de blasfemia. Al presentar su defensa, Esteban primero cuenta de la gran paciencia que tuvo Jehová con Israel. Luego, con denodada elocuencia, va al grano: ‘Hombres obstinados, siempre están ustedes resistiendo el espíritu santo, ustedes que recibieron la Ley según fue transmitida por ángeles, pero no la han guardado’ (7:51-53). Esto es demasiado para ellos. Se precipitan sobre él, lo sacan de la ciudad, y lo matan a pedradas. Saulo observa con aprobación.
15 Persecuciones, y la conversión de Saulo (8:1b–9:30). La persecución que empieza ese día contra la congregación en Jerusalén los esparce a todos menos a los apóstoles por todo el país. Felipe va a Samaria, donde muchos aceptan la palabra de Dios. Se envía allí a Pedro y Juan desde Jerusalén para que los creyentes reciban espíritu santo “mediante la imposición de las manos de los apóstoles” (8:18). Un ángel entonces dirige a Felipe al sur, al camino que va de Jerusalén a Gaza, donde él encuentra a un eunuco de la corte real de Etiopía que va en su carro leyendo el libro de Isaías. Felipe le explica el significado de la profecía y lo bautiza.
16 Mientras tanto, Saulo, “respirando todavía amenaza y asesinato contra los discípulos del Señor”, parte hacia Damasco para arrestar a ‘los que pertenecen al Camino’ allí. De repente una luz del cielo fulgura a su alrededor, y Saulo cae a tierra cegado. Una voz del cielo le dice: “Soy Jesús, a quien estás persiguiendo”. Después de pasar Saulo tres días en Damasco, un discípulo llamado Ananías le ministra. Saulo recobra la vista, se bautiza, y llega a estar lleno de espíritu santo; se convierte en un predicador celoso y hábil de las buenas nuevas (9:1, 2, 5). Ha sucedido algo asombroso: el perseguidor se ha convertido en perseguido y tiene que huir por su vida, primero de Damasco y luego de Jerusalén.
17 Las buenas nuevas van a gentiles incircuncisos (9:31–12:25). Ahora la congregación ‘entra en un período de paz, siendo edificada; y como anda en el temor de Jehová y en el consuelo del espíritu santo, sigue multiplicándose’ (9:31). En Jope, Pedro levanta de la muerte a la amada Tabita (Dorcas), y allí recibe el llamado de ir a Cesarea, donde un oficial del ejército llamado Cornelio lo espera. Pedro predica a Cornelio y su casa y ellos creen, y se derrama sobre ellos espíritu santo. Al percibir “que Dios no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto”, Pedro los bautiza... son los primeros conversos gentiles incircuncisos. Más tarde Pedro explica este nuevo suceso a los hermanos de Jerusalén, y estos glorifican por ello a Dios (10:34, 35).
18 Mientras las buenas nuevas siguen esparciéndose con rapidez, Bernabé y Saulo enseñan a una muchedumbre bastante numerosa en Antioquía, ‘y es primero en Antioquía donde a los discípulos por providencia divina se les llama cristianos’ (11:26). Nuevamente estalla la persecución. Herodes Agripa I hace que se dé muerte a espada a Santiago el hermano de Juan. También arroja a Pedro en prisión, pero de nuevo el ángel de Jehová libra a Pedro. ¡Qué mal le va al inicuo Herodes! Por no darle gloria a Dios, muere comido de gusanos. Por otra parte, ‘la palabra de Jehová sigue creciendo y difundiéndose’ (12:24).
19 El primer viaje misional de Pablo, con Bernabé (13:1–14:28). Bernabé y “Saulo, que también es Pablo”, son apartados y enviados desde Antioquía por espíritu santo (13:9). En la isla de Chipre muchos creen, entre ellos el procónsul Sergio Paulo. En tierra continental de Asia Menor los misioneros Bernabé y Saulo visitan seis o más ciudades en circuito, y por todas partes se repite la misma historia: Se hace patente una clara división entre los que gustosamente aceptan las buenas nuevas y los opositores testarudos que incitan a chusmas a arrojar piedras contra los mensajeros de Jehová. Después de nombrar ancianos en las congregaciones recién formadas, Pablo y Bernabé regresan a Antioquía de Siria.
20 Se resuelve la cuestión de la circuncisión (15:1-35). Debido a los muchos no judíos que entran en la congregación, surge la cuestión de si se debe circuncidar a estos. Pablo y Bernabé llevan el asunto a los apóstoles y ancianos en Jerusalén, donde el discípulo Santiago preside y hace arreglos para enviar la decisión unánime mediante una carta formal: “Al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas, y de fornicación” (15:28, 29). El estímulo de esta carta hace que los hermanos de Antioquía se regocijen.
21 El ministerio se extiende con el segundo viaje de Pablo (15:36–18:22). “Después de algunos días” Bernabé y Marcos parten hacia Chipre, mientras que Pablo y Silas pasan por Siria y Asia Menor (15:36). El joven Timoteo se une a Pablo en Listra, y ambos viajan hacia Troas, en la costa del mar Egeo. Allí Pablo tiene una visión de un hombre que le suplica: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (16:9). Lucas se une a Pablo, y juntos toman un barco hacia Filipos, la ciudad principal de Macedonia, donde a Pablo y Silas se les echa en prisión. El resultado de esto es que el carcelero se hace creyente y se bautiza. Después de ser puestos en libertad, Pablo y Silas pasan a Tesalónica, y allí los judíos, envidiosos, incitan una chusma contra ellos. Así que de noche los hermanos envían a Pablo y Silas a Berea. Aquí los judíos muestran una disposición noble al recibir la palabra ‘con suma prontitud de ánimo, y examinar con cuidado las Escrituras diariamente’ para confirmar las cosas que aprenden (17:11). Pablo deja a Silas y Timoteo en esta nueva congregación, como había hecho con Lucas en Filipos, y sigue hacia el sur, a Atenas.
22 En esta ciudad de ídolos, los altivos filósofos epicúreos y estoicos se mofan de Pablo llamándolo “charlatán” y “publicador de deidades extranjeras”, y lo llevan al Areópago o Colina de Marte. Con hábil oratoria Pablo argumenta a favor de buscar al Dios verdadero, el “Señor del cielo y de la tierra”, quien garantiza un juicio justo mediante aquel a quien Él ha resucitado de entre los muertos. La mención de la resurrección divide a su auditorio, pero algunos se hacen creyentes (17:18, 24).
23 Después, en Corinto, Pablo se aloja en casa de Áquila y Priscila, y se une a ellos en el oficio de hacer tiendas de campaña. La oposición a lo que él predica lo obliga a salir de la sinagoga y celebrar sus reuniones en la casa contigua a la sinagoga, en casa de Ticio Justo. Crispo, el presidente de la sinagoga, se hace creyente. Después de estar 18 meses en Corinto, Pablo parte con Áquila y Priscila hacia Éfeso, donde deja a estos y prosigue hacia Antioquía de Siria, con lo cual completa su segunda gira misional.
24 Pablo vuelve a visitar las congregaciones en una tercera gira (18:23–21:26). Un judío llamado Apolos viene a Éfeso desde Alejandría, Egipto, y habla denodadamente acerca de Jesús en la sinagoga, pero a Áquila y Priscila se les hace necesario corregirle en cuanto a su enseñanza antes de que prosiga a Corinto. Pablo ahora está en su tercer viaje, y con el tiempo llega a Éfeso. Al enterarse de que los creyentes aquí han sido bautizados con el bautismo de Juan, Pablo explica lo que es el bautismo en el nombre de Jesús. Entonces bautiza a unos 12 hombres, y cuando pone las manos sobre ellos, estos reciben el espíritu santo.
25 Durante los tres años que Pablo pasa en Éfeso, ‘de manera poderosa la palabra de Jehová sigue creciendo y prevaleciendo’, y muchos dejan de adorar a la diosa patrona de la ciudad, Ártemis (Artemisa) (19:20). Airados por la pérdida de negocio que pueden esperar, los fabricantes de templetes de plata provocan un alboroto tan grande en la ciudad que toma horas dispersar a la chusma. Poco después Pablo parte hacia Macedonia y Grecia, y de paso visita a los creyentes.
26 Pablo pasa tres meses en Grecia antes de regresar por Macedonia, donde Lucas se reúne con él. Juntos cruzan a Troas, y aquí, mientras Pablo discursa hasta tarde en la noche, un joven se queda dormido y cae de una ventana del tercer piso. Lo recogen muerto, pero Pablo le devuelve la vida. Al día siguiente Pablo y los que van con él parten hacia Mileto, donde Pablo se detiene en su viaje a Jerusalén, para celebrar una reunión con los ancianos de Éfeso. Les informa que no volverán a ver su rostro. Entonces, ¡cuán urgente es que tomen la delantera y pastoreen el rebaño de Dios, “entre el cual el espíritu santo los ha nombrado superintendentes”! Pablo les recuerda el ejemplo que ha puesto entre ellos, y los exhorta a permanecer despiertos y no refrenarse de dar a favor de los hermanos (20:28). Aunque Pablo recibe advertencias de no poner pie en Jerusalén, no retrocede. Sus compañeros al fin consienten en dejarlo ir, diciendo: “Efectúese la voluntad de Jehová” (21:14). Hay gran regocijo cuando Pablo informa a Santiago y a los ancianos respecto a la bendición de Dios sobre su ministerio entre las naciones.
27 Pablo es arrestado y sometido a juicio (21:27–26:32). Cuando Pablo se presenta en el templo en Jerusalén, se le da un recibimiento hostil. Los judíos de Asia alborotan a toda la ciudad contra él, y los soldados romanos lo rescatan precisamente a tiempo.
28 ¿A qué se debe todo el alboroto? ¿Quién es este Pablo? ¿Qué delito ha cometido? El desconcertado comandante militar quiere saber estas cosas. A causa de su ciudadanía romana, Pablo se salva de que lo azoten, y entonces lo llevan ante el Sanedrín. ¡Ah, un tribunal dividido entre fariseos y saduceos! De modo que Pablo plantea la cuestión de la resurrección, y así pone a unos contra otros. Cuando la disensión se hace violenta, los soldados romanos tienen que arrebatar a Pablo de en medio del Sanedrín para que no lo despedacen. Secretamente, de noche, se envía a Pablo al gobernador Félix en Cesarea con una fuerte escolta de soldados.
29 Acusado de sedición por sus opositores, Pablo se defiende hábilmente ante Félix. Pero Félix se demora con la esperanza de recibir dinero como soborno por poner en libertad a Pablo. Pasan dos años. Porcio Festo sucede a Félix como gobernador, y se ordena un nuevo juicio. Una vez más se hacen acusaciones graves, y nuevamente Pablo declara su inocencia. Pero Festo, con el fin de ganarse el favor de los judíos, sugiere otro juicio ante él en Jerusalén. Esto hace que Pablo diga: “¡Apelo a César!” (25:11). Pasa más tiempo. Finalmente, el rey Herodes Agripa II le hace una visita de cortesía a Festo, y de nuevo llevan a Pablo a la sala del tribunal. Tan poderoso y convincente es el testimonio de Pablo que Agripa se ve impulsado a decirle: “En poco tiempo me persuadirías a hacerme cristiano” (26:28). Agripa reconoce también la inocencia de Pablo, y que se le podría haber puesto en libertad si no hubiera apelado a César.
30 Pablo va a Roma (27:1–28:31). Se pone al prisionero Pablo y a otros en un barco para la primera etapa del viaje a Roma. Debido a los vientos contrarios, el progreso es lento. En el puerto de Mira cambian de barco. Al llegar a Bellos Puertos, en Creta, Pablo recomienda pasar el invierno allí, pero la mayoría aconseja hacerse a la mar. Apenas se han hecho a la mar cuando vientos tempestuosos los azotan y los empujan sin misericordia. Después de dos semanas la nave finalmente se despedaza en un bajío cerca de la costa de Malta. Como lo había asegurado antes Pablo, ¡ninguno de los 276 a bordo pierde la vida! Los habitantes de Malta les muestran extraordinaria bondad humana, y durante ese invierno Pablo cura a muchos de ellos mediante el poder milagroso del espíritu de Dios.
31 La siguiente primavera Pablo llega a Roma, y los hermanos salen al camino para recibirlo. El verlos hace que Pablo ‘dé gracias a Dios y cobre ánimo’. Aunque todavía es prisionero, Pablo puede quedarse en su propia casa alquilada con un soldado de guardia. Lucas concluye su relato diciendo que Pablo recibía amablemente a todos los que venían a él ‘y les predicaba el reino de Dios y enseñaba las cosas respecto al Señor Jesucristo con la mayor franqueza de expresión, sin estorbo’ (28:15, 31).

POR QUÉ ES PROVECHOSO

32 El libro de Hechos confirma con su testimonio, que se añade al de los relatos evangélicos, la autenticidad e inspiración de las Escrituras Hebreas. Al acercarse el Pentecostés, Pedro indicó el cumplimiento de dos profecías que “el espíritu santo habló de antemano por boca de David acerca de Judas”. (Hech. 1:16, 20; Sal. 69:25; 109:8.) Pedro dijo también a la sorprendida muchedumbre del Pentecostés que ellos en realidad estaban contemplando el cumplimiento de profecías: “Esto es lo que se dijo por medio del profeta Joel”. (Hech. 2:16-21; Joel 2:28-32; compárese también Hechos 2:25-28, 34, 35 con Salmo 16:8-11 y 110:1.)
33 Para convencer a otra muchedumbre fuera del templo, Pedro hizo referencia de nuevo a las Escrituras Hebreas, pues citó primero a Moisés y luego añadió: “Y todos los profetas, de hecho, desde Samuel en adelante y los que siguieron en sucesión, cuantos han hablado, también han declarado estos días patentemente”. Después, ante el Sanedrín, Pedro citó Salmo 118:22 para mostrar que Cristo, la piedra que ellos habían rechazado, había llegado a ser “cabeza del ángulo”. (Hech. 3:22-24; 4:11.) Felipe explicó al eunuco etíope cómo se había cumplido la profecía de Isaías 53:7, 8, y el eunuco, al recibir aquella iluminación, solicitó humildemente el bautismo. (Hech. 8:28-35.) De igual modo, cuando Pedro habló a Cornelio acerca de Jesús, testificó: “De él dan testimonio todos los profetas” (10:43). Cuando se debatía el asunto de la circuncisión, Santiago apoyó la decisión que había tomado diciendo: “Con esto convienen las palabras de los Profetas, así como está escrito” (15:15-18). El apóstol Pablo se apoyó en las mismas autoridades (26:22; 28:23, 25-27). La evidente aceptación inmediata de las Escrituras Hebreas como parte de la Palabra de Dios por los discípulos y sus oyentes sella con aprobación inspirada esos escritos.
34 Hechos es sumamente provechoso al mostrar cómo se fundó y cómo creció la congregación cristiana bajo el poder del espíritu santo. Por todo este dramático relato observamos las bendiciones de expansión que da Dios, el denuedo y el gozo de los cristianos primitivos, su postura intransigente ante la persecución, y su buena disposición para servir, ejemplificada por Pablo al contestar los llamados de pasar a servir en el extranjero e ir a Macedonia (4:13, 31; 15:3; 5:28, 29; 8:4; 13:2-4; 16:9, 10). La congregación cristiana de hoy día no difiere en nada de aquella, pues está estrechamente enlazada en amor, unidad e interés común mientras habla “las cosas magníficas de Dios” bajo la guía del espíritu santo (2:11, 17, 45; 4:34, 35; 11:27-30; 12:25).
35 El libro de Hechos muestra exactamente cómo debe efectuarse la actividad cristiana de proclamar el Reino de Dios. Pablo mismo fue un ejemplo, cuando dijo: “No me retraje de decirles ninguna de las cosas que fueran de provecho, ni de enseñarles públicamente y de casa en casa”. Entonces añade: “Di testimonio cabalmente”. Esta idea principal de ‘testificar cabalmente’ la notamos a través del libro, y resalta impresionantemente en los párrafos de conclusión, donde la devoción intensa y sincera de Pablo a su predicación y enseñanza, hasta en cadenas de prisión, se destaca en las palabras: “Y él les explicó el asunto, dando testimonio cabal respecto al reino de Dios y tratando de persuadirlos respecto a Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los Profetas, desde la mañana hasta el atardecer”. ¡Que siempre manifestemos esa entrega tan completa a un solo propósito en nuestra actividad del Reino! (20:20, 21; 28:23; 2:40; 5:42; 26:22).
36 El discurso de Pablo a los superintendentes de Éfeso contiene mucho consejo práctico para los superintendentes de hoy. Puesto que han sido asignados por espíritu santo, es sumamente importante que ‘presten atención a sí mismos y a todo el rebaño’, y lo pastoreen tiernamente y lo protejan de los lobos opresivos que procuran destruirlo. ¡Esta no es ninguna responsabilidad fácil! Los superintendentes tienen que mantenerse despiertos y edificarse con la palabra de la bondad inmerecida de Dios. Mientras trabajan para ayudar a los que son débiles, “tienen que tener presentes las palabras del Señor Jesús, cuando él mismo dijo: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir’” (20:17-35).
37 Los otros discursos de Pablo también brillan con la clara expresión de principios bíblicos. Por ejemplo, tenemos la argumentación clásica de su discurso a los estoicos y epicúreos en el Areópago. Primero cita la inscripción “A un Dios Desconocido”, que nota en un altar, y usa esto como motivo para explicar que el único Dios verdadero, el Señor del cielo y la tierra, quien hizo de un solo hombre toda nación de hombres, “no está muy lejos de cada uno de nosotros”. Luego cita las palabras de los poetas de ellos: “Porque también somos linaje de él”, y muestra cuán ridículo es suponer que ellos surgieron de ídolos inertes de oro, plata o piedra. Así Pablo establece con prudencia la soberanía del Dios vivo. Solo en sus palabras finales saca a relucir la cuestión de la resurrección, y aun entonces no menciona a Cristo por nombre. Comunicó su punto de la soberanía suprema del único Dios verdadero, y como resultado algunos se hicieron creyentes (17:22-34).
38 El libro de Hechos estimula el estudio continuo y diligente de “toda Escritura”. Cuando Pablo predicó originalmente en Berea, porque los judíos de aquel lugar “recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo, y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así”, recibieron encomio como personas “de disposición más noble” que otras (17:11). Hoy, como entonces, este examen cuidadoso de las Escrituras en compañía de la congregación de Jehová, que está llena del espíritu, redunda en las bendiciones de convicción y fe firme. Mediante tal estudio uno puede alcanzar un entendimiento claro de los principios divinos. Tenemos una magnífica declaración de algunos de estos principios en Hechos 15:29. Ahí el cuerpo gobernante de apóstoles y hermanos de edad madura de Jerusalén dio a conocer que aunque la circuncisión no era un requisito para el Israel espiritual, había prohibiciones claras contra la idolatría, la sangre y la fornicación.
39 Aquellos discípulos primitivos estudiaban en verdad las Escrituras inspiradas y podían citarlas y aplicarlas según fuera necesario. El conocimiento exacto y el espíritu de Dios los fortalecieron para enfrentarse con persecuciones violentas. Pedro y Juan dejaron un dechado para todos los cristianos fieles cuando con denuedo dijeron a los gobernantes opositores: “Si es justo a vista de Dios escucharles a ustedes más bien que a Dios, júzguenlo ustedes mismos. Pero en cuanto a nosotros, no podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído”. Y cuando se les llevó de nuevo ante el Sanedrín, el cual ‘les ordenó positivamente’ que no siguieran enseñando sobre la base del nombre de Jesús, ellos dijeron sin vacilación: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. Este denodado testimonio redundó en una excelente testificación para los gobernantes, y llevó a que Gamaliel, famoso maestro de la Ley, hiciera su muy conocida declaración a favor de la libertad de adoración, que condujo a que los apóstoles fueran puestos en libertad (4:19, 20; 5:28, 29, 34, 35, 38, 39).
40 El glorioso propósito de Jehová respecto a su Reino, que corre como una hebra de oro por toda la Biblia, se destaca muy prominentemente en el libro de Hechos. Al comienzo se muestra a Jesús durante los 40 días que precedieron a su ascensión ‘diciendo las cosas acerca del reino de Dios’. Fue en respuesta a la pregunta de los discípulos sobre cuándo sería restaurado el Reino que Jesús les dijo que primero tenían que ser testigos suyos hasta la parte más distante de la Tierra (1:3, 6, 8). Comenzando en Jerusalén, los discípulos predicaron el Reino con firme denuedo. Las persecuciones llevaron a que se lapidara a Esteban y esparcieron a muchos discípulos a nuevos territorios (7:59, 60). Se registra que Felipe declaró “las buenas nuevas del reino de Dios” con mucho éxito en Samaria, y que Pablo y sus compañeros proclamaron “el reino” en Asia, Corinto, Éfeso y Roma. Todos estos cristianos primitivos dieron verdaderos ejemplos de confianza inquebrantable en Jehová y en su espíritu sustentador (8:5, 12; 14:5-7, 21, 22; 18:1, 4; 19:1, 8; 20:25; 28:30, 31). Al contemplar nosotros su celo y valor indomables y observar cuán abundantemente bendijo Jehová sus esfuerzos, tenemos un maravilloso incentivo para ser fieles y ‘dar testimonio cabal respecto al reino de Dios’ (28:23).

Puntos sobresalientes del libro de Hechos

*** w08 15/5 págs. 30-32 Puntos sobresalientes del libro de Hechos ***

EL LIBRO bíblico de Hechos suministra una historia bastante completa de la fundación de la congregación cristiana y su expansión posterior. Escrito por el médico Lucas, el libro presenta un relato dinámico sobre la obra cristiana que abarca unos veintiocho años, desde el 33 hasta el 61 de nuestra era.
La primera parte de Hechos narra principalmente la actividad del apóstol Pedro, y la última parte, la del apóstol Pablo. Al usar los pronombres “nosotros” y “nos”, Lucas indica que estaba presente cuando ocurrieron ciertos sucesos. Prestar atención al mensaje de este libro profundizará nuestro aprecio por el poder de la Palabra escrita de Dios y su espíritu santo (Heb. 4:12). Además, nos impulsará a ser abnegados y afianzará nuestra fe en la esperanza del Reino.

PEDRO USA “LAS LLAVES DEL REINO”

(Hech. 1:1–11:18)
Tras recibir el espíritu santo, los apóstoles dan un valeroso testimonio. Pedro emplea la primera de “las llaves del reino” para abrir la puerta del conocimiento y dar la oportunidad de entrar en el Reino a los judíos y prosélitos que “abrazaron su palabra” (Mat. 16:19; Hech. 2:5, 41). Una ola de persecución que dispersa a los discípulos conduce a la expansión de la obra de predicar.
Cuando los apóstoles en Jerusalén se enteran de que Samaria ha aceptado la palabra de Dios, envían allí a Pedro y a Juan. Pedro usa la segunda llave para dar a los samaritanos la oportunidad de entrar en el Reino (Hech. 8:14-17). Más o menos un año después de la resurrección de Jesús se produce una asombrosa transformación en Saulo de Tarso. Pedro utiliza la tercera llave en el año 36, y entonces el don gratuito del espíritu santo se derrama sobre gente incircuncisa de las naciones (Hech. 10:45).
Respuestas a preguntas bíblicas:
2:44-47; 4:34, 35. ¿Por qué vendieron los creyentes sus posesiones y distribuyeron el producto de sus ganancias? Muchos de los que se hicieron creyentes habían venido de lugares lejanos y no tenían suficientes provisiones para alargar su estadía en Jerusalén. Sin embargo, deseaban quedarse más tiempo allí para seguir aprendiendo acerca de su nueva fe y dar testimonio. A fin de ayudarlos, algunos cristianos vendieron sus propiedades y distribuyeron los fondos a los necesitados.
4:13. ¿Eran Pedro y Juan hombres analfabetos y sin instrucción? No, no lo eran. Se les llamó “iletrados y del vulgo” porque no habían asistido a las escuelas rabínicas para recibir formación religiosa.
5:34-39. ¿Cómo es posible que Lucas supiera lo que Gamaliel dijo ante el Sanedrín en una sesión a puerta cerrada? Hay al menos tres posibilidades: 1) Pablo, un antiguo alumno de Gamaliel, se lo contó a Lucas; 2) Lucas habló con algún miembro del Sanedrín que simpatizaba con los cristianos, como Nicodemo, o 3) Lucas recibió la información por inspiración divina.
7:59. ¿Oró Esteban a Jesús? No. Nuestra adoración y, por lo tanto, nuestras oraciones, solo deben dirigirse a Jehová Dios (Luc. 4:8; 6:12). En circunstancias normales, Esteban se hubiera dirigido a Jehová en el nombre de Jesús (Juan 15:16). Pero en esta ocasión contempló una visión del “Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios” (Hech. 7:56). Como sabía que Jesús había recibido el poder para resucitar a los muertos, Esteban le habló directamente a Jesús pidiéndole que protegiera su espíritu, pero eso no fue una oración (Juan 5:27-29).

Lecciones para nosotros:

1:8. La obra mundial de predicar que efectúan los siervos de Jehová no se puede realizar sin la ayuda del espíritu santo.
4:36–5:11. José de Chipre recibió el sobrenombre de Bernabé, que significa “Hijo del Consuelo”. Los apóstoles tal vez lo llamaron así porque era afectuoso, amable y servicial. Debemos ser como él, y no como Ananías y Safira, quienes recurrieron al fingimiento, la hipocresía y el engaño.
9:23-25. Eludir a nuestros enemigos para seguir predicando no es cobardía.
9:28-30. Si resulta física, moral o espiritualmente peligroso predicar en ciertos vecindarios o a ciertas personas, debemos ser prudentes y selectivos respecto a dónde y cuándo predicamos.
9:31. En épocas de paz relativa debemos procurar fortalecer nuestra fe mediante el estudio y la meditación. Estos hábitos nos ayudarán a andar en el temor de Jehová, pues pondremos en práctica lo que aprendemos y seremos celosos en el ministerio.

PABLO Y SU ENTREGA AL MINISTERIO

(Hech. 11:19–28:31)
En el año 44, el profeta Ágabo llega a Antioquía —donde Bernabé y Saulo han estado predicando “por un año entero”— y predice “una gran hambre”, que llega dos años más tarde (Hech. 11:26-28). “Después que hubieron llevado a cabo por completo la ministración de socorro en Jerusalén”, Bernabé y Saulo regresan a Antioquía (Hech. 12:25). En el año 47 —unos doce años después de la conversión de Saulo—, Bernabé y Saulo son enviados por espíritu santo en una gira misional (Hech. 13:1-4). En el año 48 vuelven a Antioquía, “donde habían sido encomendados a la bondad inmerecida de Dios” (Hech. 14:26).
Unos nueve meses más tarde, Pablo (también llamado Saulo) selecciona a Silas para que lo acompañe, y emprende su segundo viaje misional (Hech. 15:40). Timoteo y Lucas se unen al apóstol durante el viaje. Lucas permanece en Filipos, mientras que Pablo viaja a Atenas y luego a Corinto, donde conoce a Áquila y Priscila y pasa un año y seis meses (Hech. 18:11). A principios del año 52, Pablo deja a Timoteo y a Silas en Corinto y, junto con Áquila y Priscila, se embarca rumbo a Siria (Hech. 18:18). Este matrimonio lo acompaña hasta Éfeso —donde se quedan—, y Pablo continúa su viaje.
Tras pasar algún tiempo en Antioquía de Siria, Pablo emprende su tercer viaje en el año 52 (Hech. 18:23). En Éfeso, “la palabra de Jehová sigu[e] creciendo y prevaleciendo” (Hech. 19:20). Pablo permanece allí unos tres años (Hech. 20:31). En el Pentecostés del año 56 se halla en Jerusalén. Después de ser arrestado, da un testimonio con intrepidez ante las autoridades. El apóstol pasa dos años bajo arresto domiciliario en Roma (c. 59-61), y desde allí encuentra maneras de predicar acerca del Reino y de enseñar “las cosas respecto al Señor Jesucristo” (Hech. 28:30, 31).

Respuestas a preguntas bíblicas:

14:8-13. ¿Por qué los habitantes de Listra llamaron “Zeus a Bernabé, pero Hermes a Pablo”? Zeus era el dios supremo de la mitología griega, y a su hijo Hermes se le conocía por su elocuencia. Como Pablo era quien llevaba la palabra, la gente de Listra lo llamó Hermes, y a Bernabé, Zeus.
16:6, 7. ¿Por qué prohibió el espíritu santo que Pablo y sus compañeros predicaran en el distrito de Asia y Bitinia? Allí había pocos trabajadores, y el espíritu santo los guió a campos más productivos.
18:12-17. ¿Por qué no interfirió el procónsul Galión cuando los observadores se pusieron a golpear a Sóstenes? Galión tal vez pensó que quien parecía ser el cabecilla de la chusma contra Pablo estaba recibiendo su merecido. No obstante, este incidente tuvo buenos resultados, pues Sóstenes se convirtió al cristianismo. Más tarde, Pablo se refiere a él como “nuestro hermano” (1 Cor. 1:1).
18:18. ¿Qué voto hizo Pablo? Algunos eruditos sugieren que Pablo hizo un voto de nazareato (Núm. 6:1-21). No obstante, la Biblia no dice qué clase de voto era ni revela si Pablo lo hizo antes o después de su conversión, o si lo estaba empezando o terminando. Sea como fuere, no era un pecado hacer dicho voto.

Lecciones para nosotros:

12:5-11. Podemos orar a favor de nuestros hermanos, y debemos hacerlo.
12:21-23; 14:14-18. Herodes aceptó enseguida la gloria que solo debía darse a Dios. ¡Qué diferente del rechazo inmediato y enfático que manifestaron Pablo y Bernabé ante la excesiva muestra de alabanza y honra! No debemos desear gloria por ningún logro que alcancemos en nuestro servicio a Jehová.
14:5-7. Ser prudentes nos ayuda a permanecer activos en el servicio a Dios (Mat. 10:23).
14:22. Los cristianos esperan sufrir tribulaciones. No tratan de evadirlas renunciando a su fe (2 Tim. 3:12).
16:1, 2. Los jóvenes cristianos deben esforzarse arduamente en su servicio a Dios y pedir su ayuda a fin de ganarse un buen nombre.
16:3. Debemos hacer cuanto podamos en conformidad con los principios bíblicos para que las personas acepten las buenas nuevas (1 Cor. 9:19-23).
20:20, 21. La predicación de casa en casa es un aspecto esencial de nuestro ministerio.
20:24; 21:13. Mantenernos íntegros hacia Dios es más importante que conservar nuestra vida.
21:21-26. Debemos estar deseosos de aceptar los buenos consejos.
25:8-12. Los cristianos de la actualidad pueden y deben valerse de las disposiciones jurídicas disponibles para “defender y establecer legalmente las buenas nuevas” (Fili. 1:7).
26:24, 25. Debemos declarar “dichos de verdad y de buen juicio” aunque sean necedad para “el hombre físico” (1 Cor. 2:14).

“Testimonio cabal” del Reino de Dios

Aquí se muestra una Tabla de Contenidos del libro “’Testimonio cabal’ del Reino de Dios” que considera cada capitulo del libro de Hechos de Apóstoles en la Biblioteca en Línea Watchtower.

Puede acceder a la Biblioteca en Línea Watchtower haciendo clie en estos enlaces:


INTRODUCCIÓN
CONCLUSIÓN

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