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Escuela del Ministerio Teocrático con Puntos Sobresalientes de Génesis 21 a 24

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa:

  • Lectura de la Biblia: Génesis 21 a 24
  • Núm. 1: Génesis 23:1-20
  • Núm. 2: ¿Por qué se apareció Jesús en cuerpos materializados? (rs pág. 327 párr. 4-pág. 328 párr. 2)
  • Núm.3: Abel. Tenga la clase de fe que a Dios le complace (it-1 págs.16, 17, Abel núm.1)
Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes de Génesis 21 a 24


Génesis 21:8-12 nos cuenta que en una ocasión Ismael “se burlaba” de Isaac. En la carta a los Gálatas, Pablo indica que no se trataba de un juego de niños, sino de algo más grave, pues dice que Ismael perseguía a Isaac (Gálatas 4:29). De modo que las burlas de los condiscípulos y los ataques verbales de los opositores pueden considerarse con razón una persecución.

(Génesis 22:2). Semejante petición demostraba cuánto confiaba en Abrahán, pues sabemos que Dios nunca permite que sus siervos sean puestos a prueba más allá de lo que pueden soportar (1 Corintios 10:13).

(Génesis 23:1, 2.) Hace casi cuatro mil años, cuando Sara murió, “Abrahán [su esposo] entró a plañir a Sara y a llorarla”. Aquel siervo fiel de Dios manifestó su profundo dolor por la muerte de su esposa amada y leal. Aunque era un valiente hom-bre de acción, no se avergonzó de expresar su dolor con lágrimas.

(Génesis 23:2-4, 14-18.) Para evitar malentendi-dos en los tratos de negocio, examine lo que Abrahán hizo en la compra de una porción de te-rreno. ‘Le pesó a Efrón la cantidad de plata de que había hablado a oídos de los hijos de Het, cuatro-cientos siclos de plata, corriente entre mercaderes. Así el campo de Efrón que estaba en Macpelá le quedó confirmado a Abrahán como propiedad suya comprada ante los ojos de los hijos de Het, entre todos los que entraban por la puerta de su ciudad.’ Este no fue un contrato privado entre caballeros. Fue un contrato formal, confirmado en presencia de testigos. No había ningún malentendido acerca de lo que se había comprado ni del precio exacto que se había establecido. De manera similar, es prudente que los cristianos formalicen las transacciones im-portantes.

(Génesis 24:4.) Eliezer tuvo que hacer ingentes esfuerzos para actuar a la manera de Jehová. Noso-tros, igualmente, quizás descubramos que no siempre resulta fácil conformarse a las normas de Jehová. Por ejemplo, puede que sea difícil en-contrar un empleo que no ahogue la actividad teo-crática, un cónyuge temeroso de Dios, compañeros edificantes o entretenimiento que no sea degradan-te. (Mateo 6:33; 1 Corintios 7:39; 15:33; Efesios 4:17-19.)

(Génesis 24:61.) Rebeca tuvo acompañantes en su viaje. Como explica el relato: “Rebeca y sus servidoras se levantaron y fueron cabalgando en los camellos”. Así, la caravana de camellos salió en un viaje peligroso de más de 800 kilómetros (500 millas) por territorio extranjero. “La velocidad promedio de camellos cargados es de cuatro kiló-metros (dos millas y media) por hora.” Si los came-llos de Abrahán viajaron a esa velocidad por ocho horas cada día, debe haberles tomado más de 25 días llegar a su destino en el Négueb. Eliezer, Rebeca y sus servidoras confiaban de lleno en la dirección de Jehová, ¡un magnífico ejemplo para los cristianos de hoy día!

Núm. 1: Génesis 23:1-20


Núm. 2: ¿Por qué se apareció Jesús en cuerpos materializados? (rs pág. 327 párr. 4-pág. 328 párr. 2)

*** rs pág. 327-pág. 328 Resurrección ***
¿Qué quiere decir Lucas 24:36-39 con relación al cuerpo con el cual Jesús fue resucitado?
Luc. 24:36-39: “Mientras [los discípulos] estaban hablando de estas cosas él mismo se puso de pie en medio de ellos y les dijo: ‘Tengan paz.’ Pero porque estaban aterrados, y se habían atemori-zado, se imaginaban que contemplaban un espíritu. Por eso les dijo: ‘¿Por qué están perturbados, y por qué se suscitan dudas en su corazón? Vean mis manos y mis pies, que yo mismo soy; pál-penme y vean, porque un espíritu no tiene carne y huesos así como contemplan que yo tengo.’”
Los humanos no pueden ver a los espíritus, de modo que es patente que los discípulos creían que habían visto una aparición o una visión. (Compárese con Marcos 6:49, 50.) Jesús les aseguró que él no era ninguna aparición; ellos podían ver su cuerpo de carne, podían tocarlo y palparle los hue-sos; también comió en presencia de ellos. De manera semejante, en el pasado algunos ángeles se habían materializado para que los hombres los pudieran ver; habían comido, y algunos hasta se habían casado y procreado hijos (Gén. 6:4; 19:1-3). Jesús, después de su resurrección, no siempre se apareció en el mismo cuerpo de carne (quizás para reforzar en la mente de ellos el hecho de que entonces era un espíritu), y por eso ni siquiera sus compañeros íntimos lo reconocían inmediatamente (Juan 20:14, 15; 21:4-7). Sin embargo, al aparecérseles varias veces en cuerpos materializados y al decir y hacer cosas que ellos identificarían con el Jesús a quien conocían, fortaleció la fe de ellos en el hecho de que en verdad había resucitado de entre los muertos.
Si los discípulos en realidad hubieran visto a Jesús en el cuerpo que ahora tiene en el cielo, Pablo no habría dicho más tarde que Cristo glorifica-do es ‘la representación exacta del mismo ser de Dios’, porque Dios es un Espíritu y nunca ha estado en la carne. (Heb. 1:3; compárese con 1 Timoteo 6:16.) Al leer los informes sobre las ocasiones en que Jesús se hizo visible después de su resurrección, podremos entenderlos correc-tamente si tenemos presente lo que dicen 1 Pedro 3:18 y 1 Corintios 15:45, citados en la página 327.

INFORMACION ADICIONAL

*** it-1 pág. 609 Cuerpo ***
El cuerpo de carne de Cristo. Para que Jesús pudiera ser el “último Adán” (1Co 15:45) y ofrecer un “rescate correspondiente” por toda la humanidad, era necesario que fuese un hombre con cuer-po carnal y no una encarnación. (1Ti 2:5, 6; Mt 20:28.) Además, tenía que ser perfecto, pues había de ofrecerse en sacrificio para presentar ante Jehová Dios el precio de compra. (1Pe 1:18, 19; Heb 9:14.) Ningún humano imperfecto podía proveer el precio que se necesitaba. (Sl 49:7-9.) Por esta razón, cuando se presentó para el bautismo con el fin de empezar su derrotero de sacrificio, Jesús le dijo a su Padre: “Me preparaste un cuerpo”. (Heb 10:5.)
En el caso de Jesucristo no se permitió que su cuerpo físico se convirtiese en polvo, como sí ha-bía ocurrido con los cuerpos de Moisés y David, hombres que prefiguraron a Cristo. (Dt 34:5, 6; Hch 13:35, 36; 2:27, 31.) Cuando los discípulos fueron a la tumba al comienzo del primer día de la semana, solo vieron las vendas con las que se había envuelto el cuerpo de Jesús, pues este había desaparecido; es probable que fuera desin-tegrado sin pasar por el proceso normal de descomposición. (Jn 20:2-9; Lu 24:3-6.)
Después de su resurrección, Jesús se apareció con distintos cuerpos. María le confundió con el hortelano. (Jn 20:14, 15.) En otra aparición, entró en una habitación que tenía las puertas cerradas con llave con un cuerpo que presentaba señales de heridas. (Jn 20:24-29.) Varias veces se le reconoció debido a sus palabras y acciones, no a su apariencia. (Lu 24:15, 16, 30, 31, 36-45; Mt 28:16-18.) En una ocasión, el milagro que se realizó al seguir sus instrucciones abrió los ojos de sus discípulos y le identificaron. (Jn 21:4-7, 12.) Puesto que había resucitado como espíritu (1Pe 3:18), podía materializar un cuerpo de acuerdo con la ocasión, tal como los ángeles habían hecho en tiempos pasados cuando se aparecieron como mensajeros. (Gé 18:2; 19:1, 12; Jos 5:13, 14; Jue 13:3, 6; Heb 13:2.) Poco antes del Diluvio, los ángeles que “no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación” se encarnaron y se casaron con esposas humanas. Se ve que estos hijos angélicos de Dios no eran humanos, sino que habían materializado cuerpos físicos, por el hecho de que no se les destruyó en el Diluvio, sino que se desmaterializaron y regresaron a la región de los espíritus. (Jud 6; Gé 6:4; 1Pe 3:19, 20; 2Pe 2:4.)

Núm.3: Abel. Tenga la clase de fe que a Dios le complace (it-1 págs.16, 17, Abel núm.1)

*** it-1 págs. 16-17 Abel ***
En Hebreos 11:4 el apóstol Pablo cita a Abel como el primer hombre de fe, y muestra que esta fe resultó en que su sa-crificio fuera de “mayor valor” que la ofrenda de Caín. En contraste, 1 Juan 3:11, 12 señala que la actitud de corazón de Caín era mala, hecho que quedó demostrado cuando más tarde rechazó el consejo y la advertencia de Dios y asesinó con premeditación a su her-mano Abel.
Aunque no se puede decir que Abel conociera de antemano el desenlace final de la promesa de Génesis 3:15 acerca de la “descendencia” prometida, probablemente había pensado mucho en esa promesa y creía que tendría que derramarse sangre —alguien tendría que ser ‘magullado en el talón’— para que se pudiera elevar de nuevo a la humanidad a la condición de perfección que Adán y Eva habían disfrutado antes de su rebelión. (Heb 11:4.) Por ello, el que Abel ofreciese primogénitos del rebaño ciertamente fue apropiado, y sin duda también fue un factor que contribuyó a que Dios aprobara su ofrenda. Abel ofreció como regalo ‘vida’, aunque esta fuera solo de entre sus rebaños, al Dador de la vida. (Compárese con Jn 1:36.)
Jesús enseñó que Abel fue el primer mártir, objeto de la persecución religiosa de su intolerante hermano Caín, y con referencia a Abel, dijo que vivió en el tiempo de la “fundación del mundo”. (Lu 11:48-51.) En este texto la palabra “mundo” traduce el término griego kó•smos en su acepción de mundo de la humanidad. El término “fundación” traduce la voz griega ka•ta•bo•lḗ, y literalmente significa “lanzamiento hacia abajo [de simiente]”. (Heb 11:11.) Es evidente que Jesús usó la expresión “la fundación del mundo” para referir-se al nacimiento de los hijos de Adán y Eva, con lo que se produjo un mundo de seres hu-manos. Pablo incluye a Abel entre la “nube de testigos” de tiempos precristianos. (Heb 11:4; 12:1.)
¿Cómo habla la ‘sangre de Jesús de mejor manera que la de Abel’?
Debido a su fe y a tener la aprobación divina, de lo que hay un registro que continúa dando testimonio, fue posible decir que Abel, “aunque murió, todavía habla”. (Heb 11:4.) En Hebreos 12:24 el apóstol se refiere a “Jesús el mediador de un nuevo pacto, y a la sangre de la rociadura, que habla de mejor manera que la sangre de Abel”. Aunque la sangre de Abel se derramó en martirio, no rescató ni redimió a nadie, como tampoco lo hizo la sangre de su sacrificio de ovejas. En realidad, su sangre clamaba a Dios por venganza contra Caín, el asesino. En cambio, la sangre de Jesús, presentada en ese texto como sangre que valida el nuevo pacto, habla de mejor manera que la de Abel en el sentido de que clama a Dios para que ejerza misericordia sobre todas las personas de fe, como Abel, y es el medio que posibilita su rescate.

INFORMACION ADICIONAL

*** w93 15/7 pág. 16 párr. 17 Responda a las promesas de Dios ejerciendo fe ***
Las promesas de Jehová sirvieron de base para la fe de la “grande nube” de sus testigos precristianos. (Hebreos 11:1–12:1.) Por ejemplo, Abel tenía fe en la promesa de Dios acerca de una “descendencia” que magullaría la cabeza de “la serpiente”. Había prueba del cumplimiento de la sentencia de Dios sobre los padres de Abel. Fuera de Edén, Adán y su familia comieron pan con el sudor de su rostro porque el suelo maldecido producía espinos y cardos. Es muy probable que Abel percibiera el deseo vehemente de Eva por su esposo y viera que Adán la dominaba. Es posible que ella hablara del dolor de su embarazo. Además, la entrada al jardín de Edén esta-ba protegida por querubines y la hoja llameante de una espada. (Génesis 3:14-19, 24.) Todo esto que vio Abel constituyó una “demostración evidente” que le asegu-raba que la liberación vendría mediante la Descendencia prometida. Con fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio que resultó ser de mayor valor que el de Caín. (Hebreos 11:1, 4.)

Fuente de Información: Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático en PDF

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