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Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 24 de Marzo ‒ Puntos Sobresalientes de Génesis 47 a 50

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 24 de Marzo


24 de mzo. Lectura de la Biblia: Génesis 47 a 50
Núm. 1: Génesis 48:17–49:7
Núm. 2: Los acontecimientos que marcan la presencia de Cristo suceden durante un período de años (rs pág. 435 párrs. 1, 2)
Núm. 3: Abimélec. La insolencia lleva al desastre (it-1 pág. 25, Abimélec núm. 4)



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Puntos Sobresalientes de Génesis 47 a 50


Génesis 47:19
2 Terminaron los siete años de abundancia, y, como lo había predicho Jehová, comenzó el hambre... un hambre que no solo afectó a Egipto, sino que se extendió “sobre toda la superficie de la tierra”. Cuando la gente hambreada de Egipto empezó a clamar por pan ante Faraón, él les dijo: “Vayan a José. Lo que les diga, eso han de hacer”. José les vendió grano a los egipcios hasta que ya no tenían dinero. Entonces aceptó su ganado en pago. Finalmente, la gente vino a donde José y dijo: “Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y nosotros junto con nuestra tierra nos haremos esclavos de Faraón”. De modo que José compró toda la tierra de los egipcios para Faraón. (Génesis 41:53-57; 47:13-20.)
Se provee alimentación espiritual
3 Tal como el grano que José distribuyó significó vida para los egipcios, así el alimento espiritual verdadero es esencial para el sustento de los cristianos que llegan a ser esclavos de Jehová al dedicarse a Él mediante el José Mayor, Jesucristo. Durante su ministerio terrestre, Jesús predijo que sus seguidores ungidos tendrían la responsabilidad de dispensar a otros estas provisiones. Preguntó: “¿Quién es, verdaderamente, el esclavo fiel y discreto a quien su amo nombró sobre sus domésticos, para darles su alimento al tiempo apropiado? Feliz es aquel esclavo si su amo, al llegar, lo hallara haciéndolo así”. (Mateo 24:45, 46.)
4 Hoy, el resto fiel de esta clase del ‘esclavo discreto’ hace todo lo que puede, bíblicamente, para que los testigos dedicados de Jehová, así como las personas del mundo que se interesan en la verdad, reciban el alimento espiritual que sostiene la vida. Esta encomienda se reconoce como un deber sagrado y se ejecuta como servicio sagrado a Jehová. Además, el “esclavo” ha organizado congregaciones y les ha suministrado literatura bíblica en tal cantidad que tienen suficiente “semilla” del Reino para esparcirla públicamente en sus campos asignados. Esto corresponde con lo que sucedió en los días de José, cuando él juntó a la gente en ciudades y le suministró grano, no solo como sustento, sino también para sembrar en espera de una cosecha posterior. (Génesis 47:21-25; Marcos 4:14, 20; Mateo 28:19, 20.)

Génesis 47:21
JOSÉ hizo un recorrido de la tierra de Egipto tan pronto como fue nombrado administrador de alimentos. Para cuando empezaron los años de abundancia, ya lo tenía todo bien organizado. ¡Ahora la tierra produjo a manos llenas! José siguió recogiendo el alimento del campo en los alrededores de cada ciudad, y lo almacenó en la ciudad. Siguió “amontonando grano en grandísima cantidad, como la arena del mar, hasta que por fin cesaron de contarlo, porque era sin número”. (Génesis 41:46-49.)

Génesis 47:22
Aunque esta contribución era abundante, no era comparable al lujo y poder financiero que tenía la clase sacerdotal de las naciones paganas. Por ejemplo, los sacerdotes egipcios eran propietarios de tierras (Gé 47:22, 26), y valiéndose de astutos manejos, se convirtieron en la clase más rica y poderosa de Egipto. La obra A History of the Ancient Egyptians (de James H. Breasted, 1908, págs. 355, 356, 431, 432) explica que durante la llamada ‘vigésima dinastía’ el Faraón pasó a ser un mero títere. El sacerdocio se había adueñado de la región aurífera de Nubia y de la extensa provincia del Alto Nilo. El sumo sacerdote era el funcionario fiscal más importante del país —después del jefe de los tesoreros—, estaba al mando de los ejércitos y tenía acceso al tesoro del país. En las representaciones pictográficas se destaca más al sumo sacerdote que al Faraón.

Gé 47:29-31
Otro método de confirmar un juramento era colocar la mano de una persona bajo el muslo (cadera) de otra, como hizo el sirviente de Abrahán al jurar que conseguiría una esposa para Isaac de entre los parientes de Abrahán (Gé 24:2, 9), y como hizo José a Jacob al jurar que no lo enterraría en Egipto. (Gé 47:29-31.) La palabra “muslo” se refiere a la parte superior de la pierna que va desde la cadera hasta la rodilla, donde está el fémur. Según el rabino judío Rashbam, esto se hacía cuando un superior ponía bajo juramento a un inferior que le debía obediencia, como un amo a su sirviente o un padre a su hijo. Según Abraham Ibn Ezra, otro erudito judío, en aquellos días era costumbre que el sirviente colocase su mano bajo el muslo de su amo al hacer un juramento, con lo que indicaba que estaba bajo la autoridad de su amo. (The Soncino Chumash, edición de A. Cohen, Londres, 1956, pág. 122.)

Gé 47:29-31
Jacob no quería de ningún modo que se enterrase su cuerpo en Egipto, sino con sus antepasados. (Gé 47:29-31.) Esto requería que su cadáver fuese embalsamado, pues, de otro modo, se hubiera corrompido durante el caluroso trayecto de Egipto a la cueva de Macpelá. (Gé 50:1-3, 13.) José expresó un deseo similar, de modo que su cuerpo también se embalsamó y colocó en un ataúd, en espera de ser trasladado al tiempo del éxodo. (Gé 50:24-26; Jos 24:32.) Este deseo obedecía a que compartían la misma fe en las promesas de Dios y de este modo expresaban su convicción de que se cumplirían. (Heb 11:13-22, 39.)

Gé 48:22
El patriarca Jacob le prometió a José poco antes de morir en Egipto: “De veras te doy yo una porción saliente de tierra más que a tus hermanos, la cual tomé de la mano de los amorreos mediante mi espada y mediante mi arco”. (Gé 48:22.) Puesto que la palabra que en este texto se vierte “porción saliente” es schekjém en hebreo, se ha afirmado que Jacob se refería a la porción de terreno que había comprado cerca de la ciudad de Siquem (heb. Schekjém). (Gé 33:18, 19.) No obstante, aquella compra fue una transacción pacífica, y no hay ningún registro que indique que Jacob la tomara por la fuerza. Es cierto que más tarde los hijos de Jacob atacaron cruelmente la ciudad de Siquem, pero Jacob no se responsabilizó de ese acto (Gé 34:30); además, en su lecho de muerte maldijo la ira que motivó aquel ataque de Simeón y Leví. (Gé 49:5-7.) En consecuencia, parece más razonable entender la promesa de Jacob como una declaración profética en la que vio con los ojos de la fe la conquista futura de Canaán como si ya hubiera acontecido, hablando de sí mismo como quien ‘tomaba la tierra de los amorreos’ mediante la espada y el arco de sus descendientes.

Gé 49:1
La profecía de Jacob en su lecho de muerte. Cuando Jacob dijo a sus hijos: “Reúnanse para que les declare lo que les sucederá a ustedes en la parte final de los días”, o “en días venideros” (BJ), se refería al tiempo futuro en que empezarían a cumplirse sus palabras. (Gé 49:1.) Más de dos siglos antes, Jehová le había declarado a Abrán (Abrahán), el abuelo de Jacob, que su prole sufriría aflicción durante cuatrocientos años. (Gé 15:13.) Por lo tanto, en este caso, el tiempo futuro al que Jacob se refería como la “parte final de los días” no podría empezar hasta después que terminasen los cuatrocientos años de aflicción. (Véanse más detalles sobre el capítulo 49 de Génesis en los artículos sobre los hijos de Jacob bajo sus nombres respectivos.) También sería de esperar que esta profecía tuviese una aplicación posterior relacionada con el “Israel de Dios”. (Gál 6:16; Ro 9:6.)

Gé 49:3, 4
Jacob se dirigió en primer lugar a Rubén con las palabras: “Rubén, tú eres mi primogénito, mi vigor y el principio de mi facultad generativa, la excelencia de dignidad y la excelencia de fuerza. Con precipitada licencia como de aguas, no sobresalgas, porque has subido a la cama de tu padre. En aquella ocasión profanaste mi canapé. ¡Subió a él!”. (Gé 49:3, 4.)
Jacob rememoró un acto indigno que afectaría los privilegios que Rubén iba a recibir. Había mancillado la honra de su padre al cometer incesto con una de sus concubinas, Bilhá, la sierva de Raquel, la esposa amada de Jacob. Cometió este pecado poco después de que Raquel murió al dar a luz a Benjamín. El registro bíblico no explica si Rubén violó a Bilhá para evitar que ocupase el lugar de Raquel en los afectos de Jacob y este la favoreciera más que a su madre, Lea, o si actuó así por pura lascivia. La Biblia simplemente dice: “Y mientras Israel residía en aquella tierra, aconteció que una vez Rubén fue y se acostó con Bilhá la concubina de su padre, e Israel llegó a oír de ello”. (Gé 35:22.) La Septuaginta griega añade: “Y pareció mal a sus ojos”. (Gé 35:21, LXX; compárese con NBE; CJ, nota; VP, nota.)
Jacob no repudió a Rubén ni le echó por esta acción. No obstante, cuando años más tarde bendijo a sus hijos, le dijo por inspiración divina: “No sobresalgas”. De este modo le despojó de los privilegios que le hubieran correspondido como primogénito, y todo porque actuó con “precipitada licencia como de aguas”. Fue inestable o turbulento e impetuoso, como las aguas que irrumpen contra un dique o que se precipitan por una torrentera. Tenía que haberse dominado y haber respetado la dignidad de su padre y el honor de los dos hijos de Bilhá, la concubina de Jacob.

Gé 49:8-12
Superior entre sus hermanos. Debido a su preocupación por su padre, ya anciano, y a su noble esfuerzo por proteger la libertad de Benjamín a costa de la suya propia, Judá demostró que era superior a sus hermanos. (1Cr 5:2.) Ya no era aquel Judá que en su juventud había participado en saquear a los siquemitas y había sido cómplice del trato injusto a su medio hermano José, así como de engañar después a su propio padre. Su notable don de mando hizo que Judá, como uno de los cabezas de las doce tribus de Israel, pudiese recibir de su moribundo padre una bendición profética superior. (Gé 49:8-12.) Más adelante se considera el cumplimiento de esta profecía.

Gén. 49:10
6 Pertenecería a la tribu de Judá. En su lecho de muerte, Jacob pronunció bendiciones para sus hijos. En una de ellas profetizó: “El cetro no se apartará de Judá, ni el bastón de comandante de entre sus pies, hasta que venga Siló; y a él pertenecerá la obediencia de los pueblos” (Gén. 49:10). Tal como lo reconocieron muchos estudiosos judíos, estas palabras tienen que ver con el Mesías. ¿Qué representan el cetro y el bastón de comandante? La autoridad real y el poder de mando. La profecía indica, por lo tanto, que todos los reyes serían de la tribu de Judá, tal como sucedió desde que David fue coronado. ¿Qué significa el nombre Siló? “Aquel de Quien Es” o “Aquel a Quien Pertenece”. Siló sería un descendiente de la casa real de Judá que reinaría para siempre. Algo que nos ayuda a identificarlo es lo que Dios le dijo a Sedequías, el último rey de Jerusalén. Le prometió que vendría un heredero al que le pertenecería el derecho al trono, y que a él se lo daría (Eze. 21:26, 27). Después de Sedequías, el único descendiente de David que contó con la promesa de recibir el reino fue Jesús. En efecto, meses antes de su nacimiento, el ángel Gabriel le dijo a María: “Jehová Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin” (Luc. 1:32, 33). Queda claro que Siló no es otro que Jesús, quien era de la tribu de Judá y descendía de David (Mat. 1:1-3, 6; Luc. 3:23, 31-34).

Génesis 49:19
5 ¿Cómo le iría a Gad ante esa incesante presión? Siglos antes, su antepasado Jacob profetizó en el lecho de muerte lo siguiente: “En cuanto a Gad, una partida merodeadora hará incursión contra él, pero él hará incursión contra la extrema retaguardia” (Génesis 49:19). En principio, estas palabras parecen tener connotaciones negativas; pero, en realidad, equivalían a un mandato para que los gaditas se defendieran. Jacob les aseguró que si contraatacaban, los invasores se batirían en humillante retirada y serían perseguidos por la retaguardia.

Génesis 49:19
5 ¿Cómo le iría a Gad ante esa incesante presión? Siglos antes, su antepasado Jacob profetizó en el lecho de muerte lo siguiente: “En cuanto a Gad, una partida merodeadora hará incursión contra él, pero él hará incursión contra la extrema retaguardia” (Génesis 49:19). En principio, estas palabras parecen tener connotaciones negativas; pero, en realidad, equivalían a un mandato para que los gaditas se defendieran. Jacob les aseguró que si contraatacaban, los invasores se batirían en humillante retirada y serían perseguidos por la retaguardia.

Génesis 49:21
Las profecías que Dios había inspirado indicaban que el Mesías hablaría ‘con encanto sobre sus labios’, empleando “palabras de elegancia” (Salmo 45:2; Génesis 49:21). Jesús cumplió estas predicciones al enseñar las verdades que tanto amaba, pues con “palabras llenas de gracia” infundió frescura y vida a su mensaje (Lucas 4:22). Sin duda, tal entusiasmo se reflejaría en su rostro, y sus ojos brillarían evidenciando el vivo interés por lo que enseñaba. ¡Qué delicia debió de ser escucharlo! Sigamos su magnífico ejemplo al hablar con otros sobre lo que hemos aprendido.

Gé 49:24, 25
José procedía de las manos del “Poderoso de Jacob”, por lo que contaba con el apoyo de Jehová. Él estaba con el Todopoderoso en el sentido de estar del lado de Jehová, y por eso, tenía su bendición. (Gé 49:24, 25.)
Las tribus que descendieron de José por medio de Efraín y Manasés también experimentarían la bendición de Jehová. Jacob dijo: “El Todopoderoso [...] te bendecirá con las bendiciones de los cielos arriba, con las bendiciones de la profundidad acuosa que yace allá abajo, con las bendiciones de los pechos y la matriz”. (Gé 49:25.) Esto les aseguró a los descendientes de José que tendrían el agua necesaria procedente del cielo y de debajo de la tierra, así como una población numerosa. (Compárese con Dt 33:13-16; Jos 17:14-18.)

Génesis 49:29-31
Al acercarse al final de sus días, el fiel patriarca Jacob pidió este último deseo: “Entiérrenme con mis padres, en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita, en la cueva que está en el campo de Macpelá, que está enfrente de Mamré, en la tierra de Canaán” (Génesis 49:29-31).
PARA cumplir con el deseo de su progenitor, José se valió de una costumbre común en el Egipto antiguo. Mandó a “sus siervos, los médicos, que embalsamaran a su padre”. Según el relato del capítulo 50 de Génesis, los médicos tardaron los habituales cuarenta días en preparar el cadáver de Jacob. Como estaba embalsamado, la numerosa y lenta caravana de familiares y de dignatarios egipcios pudo llevarse sus restos mortales hasta Hebrón para darle sepultura, un viaje de 400 kilómetros (Génesis 50:1-14).
A Jacob lo embalsamaron personas que no tenían sus mismas creencias religiosas; sin embargo, es muy poco probable que, cuando José entregó el cadáver de su padre a los médicos, les pidiera que llevaran a cabo el ritual e hicieran las oraciones que seguramente acompañaban a la mayoría de los embalsamamientos practicados entonces en Egipto. Tanto Jacob como José eran hombres de fe (Hebreos 11:21, 22). Si bien no parece que Jehová ordenara la conservación de los restos de Jacob, en las Escrituras tampoco se desaprueba que se hiciera. No se pretendía que su embalsamamiento sentara precedente para la nación de Israel ni para la congregación cristiana. De hecho, no hay instrucciones concretas al respecto en la Palabra de Dios. La última mención que se hace de esta práctica es el embalsamamiento del propio José en Egipto (Génesis 50:26).

Génesis 50:25
Influencia en otros siervos de Jehová
10 Los mayores también pueden influir para bien en sus hermanos cristianos. José, hijo de Jacob, realizó en su vejez un sencillo acto de fe que tuvo un profundo efecto en millones de siervos verdaderos de Jehová que vivieron después. Tenía 110 años cuando “dio mandato respecto a sus huesos”, a saber, que cuando los israelitas por fin abandonaran Egipto, se los llevaran con ellos (Hebreos 11:22; Génesis 50:25). Ese mandato fue para los israelitas un motivo más de esperanza durante los largos años de dura esclavitud que sufrieron tras la muerte de José, pues les garantizaba que un día vendría su liberación.

49:10. ¿Qué son “el cetro” y “el bastón de comandante”? El cetro es el bastón que lleva un gobernante como símbolo de su autoridad real. El bastón de comandante es una vara larga que simboliza el poder de mando. La referencia que Jacob hizo a ambos indicó que la tribu de Judá tendría una medida importante de autoridad y poder hasta la venida de Siló. Este descendiente de Judá es Jesucristo, aquel a quien Jehová ha otorgado gobernación celestial. Cristo tiene autoridad real y posee el poder de mando (Salmo 2:8, 9; Isaías 55:4; Daniel 7:13, 14).

Núm. 1: Génesis 48:17–49:7


Núm. 2: Los acontecimientos que marcan la presencia de Cristo suceden durante un período de años (rs pág. 435 párrs. 1, 2)

rs pág. 435 párrs. 1, 2 Vuelta de Cristo
Mat. 24:37-39: “Así como eran los días de Noé, así será la presencia [“venida”, VM, VV (1977); “presencia”, PB; “parusía”, EH (1976), GR, Str; griego: pa•rou•si′a] del Hijo del hombre. Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre.” (Los sucesos de “los días de Noé” que se describen aquí tuvieron lugar durante un período de muchos años. Jesús comparó su presencia con lo que ocurrió en aquel tiempo.)
En Mateo 24:37 se emplea la palabra griega pa•rou•si′a. Esta palabra significa literalmente un “estar al lado”. Palabras griegas del Nuevo Testamento, de William Barclay, dice que “significa simplemente la presencia o venida de personas o cosas. Puede usarse en frases como la presencia de amigos”. El sentido de la palabra se señala claramente en Filipenses 2:12, donde Pablo contrasta su presencia (pa•rou•si′a) con su ausencia (a•pou•si′a). Por otra parte, en Mateo 24:30, donde se habla acerca del “Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria” como el ejecutor nombrado por Jehová en la guerra de Armagedón, se emplea la palabra griega er•kho′me•non. Algunos traductores emplean la expresión ‘venida’ para ambas palabras griegas, pero los que ejercen más cuidado comunican la diferencia entre ellas.

Núm. 3: Abimélec. La insolencia lleva al desastre (it-1 pág. 25, Abimélec núm. 4)

it-1 pág. 25 Abimélec
4. Hijo del juez Gedeón que su concubina le dio a luz en Siquem. Después de la muerte de su padre, Abimélec, con presuntuosa desfachatez, procuró hacerse rey. Apeló con astucia a los terratenientes de Siquem por medio de la influyente familia de su madre, y cuando obtuvo su apoyo económico, alquiló a unos maleantes, fue a la casa de su padre en Ofrá y allí asesinó a sus medio hermanos sobre una piedra. De los setenta medio hermanos, solo escapó de la matanza Jotán, el más joven.
Abimélec fue proclamado rey, pero Jehová permitió que “se desarrollara un espíritu malo” entre los siquemitas y su nuevo “rey”, con el fin de vengar la culpa por derramamiento de sangre de todos los que tuvieron parte en la conspiración. Gaal organizó una revuelta, pero Abimélec la aplastó rápidamente, capturó y destruyó la ciudad de Siquem y la sembró de sal. Luego se dirigió contra la bóveda o cripta de la casa de El-berit (o templo de El-berit) y le prendió fuego, muriendo en aquel incendio unos mil de sus anteriores colaboradores, los terratenientes de la torre de Siquem que se habían refugiado allí. Abimélec quiso reforzar esa victoria con el ataque a Tebez, al norte, pero una mujer que estaba en la torre de la ciudad le arrojó sobre la cabeza una piedra superior de molino. El “reinado” de tres años de Abimélec terminó cuando el servidor que llevaba sus armas, cumpliendo con sus últimas palabras, lo atravesó con la espada para que no se pudiera decir que una mujer lo había matado. (Jue 8:30, 31; 9:1-57; 2Sa 11:21.)

Referencias consultadas en el sitio: "Biblioteca en línea Watchtower"

Biblioteca en línea Watchtower

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