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Violencia

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Capítulo III. La ruptura independentista 1780 / 1821

Unidad 7. Nacimiento de una nación. 1810 / 1812



082-03


Un mes antes de asumir Miranda la dictadura, ocurre un devastador terremoto que destruye las ciudades de Caracas, Valencia, Barquisimeto, San Felipe, Cumaná, La Guaira, Mérida y Puerto Cabello, coincidencialmente republicanas. Este hecho es aprovechado por la Iglesia para difundir entre la población la idea de que se trata de un castigo divino por los sucesos recientes. La gente despavorida ante el fenómeno corre al grito de ¡Misericordia Fernando VII! Un participante en la guerra, Gregorio MacGregor, brigadier del ejército republicano, expresa: “miedo y desesperación, tristeza y ruina... Padres se han salvado pero perdiendo a sus hijos, hijos con la pérdida de sus padres, y muy pocos sin la pérdida de sus pertenencias.
Cuarenta iglesias de Caracas se desplomaron, desapareció el comercio, 2.500 cuerpos fueron consumidos por el fuego. Hubo especulación y hambruna; la yerba producida entre los escombros de Caracas, pira y verdolaga, alimenta por algún tiempo a mucha gente”.
Estados Unidos envía un barco con suministros de harina y maíz que se distribuyen entre militares y civiles. El comerciante francés Vigneaux vende en 1.200 pesos lo que vale 300. Los miembros de la municipalidad distribuyen los víveres entre sus allegados y no alcanzan para los pobres.
El terremoto favorece la reacción realista encabezada por Monteverde, no sólo por la desaparición de cuerpos completos del ejército, sepultados bajo las ruinas de los templos y cuarteles, sino también por la propaganda de la Iglesia que explica el sismo como castigo de Dios por la deslealtad de los súbditos al monarca.
En un desesperado intento por neutralizar los efectos de la prédica religiosa contra la república, el gobierno expulsa al arzobispo Coll y Prat.
Al prelado se le achaca la sublevación de las esclavitudes de Barlovento.
El día de San Juan de 1812, al grito de ¡Viva Fernando VII! salen negros libres y esclavos de los valles de Capaya, Curiepe y El Guapo, instigados por españoles y criollos; asaltan las fincas y asesinan a varios propietarios; la violencia de los sublevados obliga a los propios instigadores de la revuelta a escapar para salvar sus vidas. Según el testigo Luis Delpech “más de 4.000 negros conducidos por Llamozas y los curas se levantaron en los Valles del Tuy”.
La superioridad numérica del grupo de negros y pardos sobre el blanco es avasallante. Los resentimientos sociales que se habían arraigado profundamente y la quiebra de la autoridad colonial son elementos suficientes para fomentar una guerra de castas.

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