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Campaña de Carabobo

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Carabobo fue una magistral campaña, expresión de unidad, estrategia, organización. Cuando finalmente, después de fallidos intentos, el pueblo de Maracaibo logra sumarse a la causa republicana gracias al pronunciamiento del 28 de enero de 1821, la situación de los patriotas cambia favorablemente.

En efecto, el armisticio firmado por Simón Bolívar y Pablo Morillo, por el cual se suspendía la guerra temporalmente, quedó roto y se dispusieron realistas y patriotas a la reanudación de hostilidades.

Por primera vez en la guerra de emancipación se logra una confluencia perfecta de fuerzas, lo que indica lo cohesionado que estaba nuestro ejército para esa fecha; por primera vez nuestro ejército estaba verdaderamente entrenado bajo la disciplina militar y completamente equipado, como consecuencia del tiempo de paz transcurrido entre la firma y la ruptura del armisticio.

La reanudación de las hostilidades se fijó para el día 28 de abril de 1821. En esta fecha salieron todas las divisiones desde sus respectivos puntos de partida, menos la división de José Antonio Páez, quien siguiendo instrucciones del Libertador salió de Achaguas el 10 de mayo.

Al principio, Bolívar pensó en concentrar el grueso del ejército en Barinas; luego fijó el objetivo en Mijagual; posteriormente en Guanare y finalmente en San Carlos. Estos cambios obedecían a estrategias que el Libertador debía hacer en base al movimiento de los realistas. Sabio fue Bolívar al obligar a los realistas a replegarse hacia Carabobo, prácticamente arrinconados, en terrenos que bien conocían los patriotas y que les habían sido favorables.

Bolívar tenía una fe ilimitada en la victoria, porque había planificado su acción de manera que una parte de las fuerzas cayeran sobre el enemigo frontalmente, mientras las demás practicaban la operación envolvente. La perfecta realización de esta planificación llevó a los patriotas al triunfo en Carabobo. Si en verdad el propio Libertador consideraba la más arriesgada y expuesta, la misión encomendada a Rafael Urdaneta, en la peligrosa marcha que debía efectuar desde Maracaibo hasta Barquisimeto, pasando por Coro y Carora, también hay que considerar la penosísima marcha de José Antonio Páez, quien cumplió una verdadera odisea desde Achaguas, al mando de 2.500 hombres y conduciendo 2.000 caballos de reserva y 4.000 novillos para el abastecimiento del ejército.

Desarrollo de la campaña desde los días previos al 28 de abril de 1821 hasta el 24 de junio, día de la Batalla de Carabobo.


La odisea de Páez hasta arribar a San Carlos.


El intrépido llanero inició en Achaguas la marcha el 10 de mayo. Atravesó el río Apure por el paso Enriquero, con las incomodidades más grandes, ya que tenía que conducir no sólo un ejército de 2.500 caballos de reserva y 4.000 novillos. "No son de contar -dice Páez en su autobiografía- las molestias y trabajos que nos hizo pasar, durante nuestra marcha, la conducción de tan crecido número de animales. Todas las noches los caballos se escapaban en tropel, sin que bastaran los hombres que los custodiaban para detenerlos en la fuga. Por fortuna, como habían estado siempre reunidos por manadas en los potreros, corrían juntos y era fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra, muy blanda entonces, pues para mayor aprieto estábamos en la estación de las lluvias. Estas deserciones se repetían todas las noches a las ocho, pues por el instinto maravilloso de los animales, una vez que han encontrado la posibilidad de escapar a sus dehesas, redoblan siempre sus conatos a la misma hora del día siguiente". La caballería de Páez entró en San Carlos el 4 de junio y el 18 llegó la infantería. Bolívar había iniciado su marcha el 28 de abril, desde Barinas, con La Guardia. Se dirigió a Guanare, donde estaba la 5tª división realista. El coronel Juan Gómez, mandando la vanguardia, se adelantó hasta Guanare y desalojó a los realistas. Pero fue Ambrosio Plaza quien tomó la ciudad el 13 de mayo.

De allí, cambiando estratégicamente los planes de concentración, Bolívar fija la ciudad de San Carlos y se dirige a Araure, ocupándola el 30 de mayo, con el consiguiente repliegue de los realistas hacia Valencia.

La Guardia, después de un victorioso avance terminó de llegar a San Carlos entre los días 4 y 5. Bolívar se había adelantado con cien dragones, de manera que su llegada a la capital cojedeña fue el 2 de junio. Instaló su cuartel general en la llamada Casa de la Blanquera, antigua residencia de la familia Blanco, en San Carlos de Austria. Los Blanco llegaron a esta población, capital del actual estado Cojedes, en busca de paz, después de ostentar el título de "descubridores del Apure".

En esta casa el Libertador va a adelantar los planes casi definitivos de la Batalla de Carabobo. Allí dicta las órdenes más variadas y urgentes del momento. Al general Santander le escribe en los términos proféticos que le eran familiares: "Espere en la victoria de Carabobo que vamos a dar..."

La diversión de Bermúdez.


A José Francisco Bermúdez le correspondió una de las operaciones más importantes durante el desarrollo de la campaña de 1821. Apenas se reanudaron las hostilidades. El impetuoso jefe oriental, bajos las órdenes directas del vicepresidente Carlos Soublette, inicia la diversión desde Barcelona el propio 28 de abril. En Cumaná, ocupada por los realistas, había dejado unos seiscientos hombres para que mantuvieran el sitio de la ciudad. Bermúdez vino limpiado de realistas la zona oriental hasta tomar las poblaciones mirandinas cercanas a Caracas. En Guatire tuvo un resonante triunfo que obligó a La Torre a desprenderse del batallón segundo del Valencey para que protegiera al brigadier Correa. Pero Bermúdez no se quedó en Guatire, y el 14 de mayo, un día antes de lo ordenado por Bolívar, toma a Caracas.

Conocedor La Torre de este hecho ordena a Morales que desista del ataque a Páez y vuele a Caracas en contra de Bermúdez. Correa, que había huido de Caracas, fue alcanzado por Bermúdez en El Consejo y derrotado; de paso, los patriotas ocuparon también La Victoria. Bermúdez regresó a Caracas y al verse en peligro ante la proximidad de Morales, se retiró de la ciudad a esperar las fuerzas realistas. Resistió hasta que se lo permitieron las escasas municiones, de manera que Morales tomó nuevamente a Caracas. Sin embargo el intrépido oriental continuó su diversión y en un intento de recuperar la capital se enfrentó al realista Pereira, ventajosamente ubicado en las alturas de El Calvario, y fue derrotado con dolorosa pérdida. Pero esta acción que ocurrió el 23 de junio, apenas un día antes de la batalla, favoreció el éxito final de Carabobo.

La diversión de Cruz Carrillo.


El coronel José de la Cruz Carrillo era gobernador militar y político de la provincia de Trujillo, su ciudad natal, cuando se rompió el armisticio. Organizaron un ejército para participar en la campaña de 1821. Pero las instrucciones que recibió del Libertador fueron trascendentales y contribuyeron al éxito de la Batalla de Carabobo. El dinámico coronel partió de Trujillo hacia Carache y de allí a El Tocuyo; siguió para Quíbor, precedido por el indio Reyes Vargas y luego tomó a Barquisimeto, que había sido abandonada por los realistas el 27 de mayo.

Ya cercano el momento de la batalla decisiva, Cruz Carrillo, que se había retirado al cuartel general de Caramacate, regresó a Barquisimeto y con el Batallón Maracaibo de la división Urdaneta, siguió al coronel Juan Gómez para reforzar a Reyes Vargas y derrotar así al terrible Comandante Manuel Lorenzo, que tenía azotada esa zona. Todo le iba saliendo muy bien a Cruz Carrillo. Es más, cuando este coronel tomó a San Felipe, Manuel Lorenzo pidió refuerzos, creyendo que estaba frente a toda la división de Urdaneta. La Torre, cometiendo un grave error militar, ya que estaba en plena víspera de la batalla, le envió al preparado coronel Tello, de la tercera división, junto con los batallones Barinas y Navarra, el 5º de Lanceros del rey y el de Baquianos, impidiendo así que 800 hombres participaran por los realistas en Carabobo.

La caballería de José Antonio Páez llegó a San Carlos el 4 de junio y la infantería el día 18, con lo que prácticamente el ejército libertador estaba listo para ofrecer el combate. Los realistas temían más a los llaneros de Páez que al resto de los combatientes patriotas. Por eso la prisa en informarse con el propio Libertador si las lanzas de Páez ya habían llegado a San Carlos. La intención era la de atacar de inmediato a los patriotas en caso de que el Centauro no hubiese concurrido aún.

Batalla de Carabobo.


El domingo 24 de junio de 1821 se enfrentaron, a las 12 del mediodía, en la sabana de Carabobo, cerca de Valencia, 4.079 realistas, bajo la conducción del Mariscal de Campo Miguel La Torre, contra 6.500 patriotas. Apenas la mitad, aproximadamente, de los efectivos pudieron participar en la batalla, que culminó en cuestión de una hora. Al lado de los soldados venezolanos pelearon unas doscientas mujeres, algunas de ellas se hallaron muertas en el campo de batalla, vistiendo uniforme de hombres.

De las tres divisiones venezolanas sólo intervino la 1ra., al mando del general José Antonio Páez, quien se convirtió en el héroe de la jornada, y fue ascendido a general en jefe en el propio campo de batalla.

Como consecuencia de la derrota, los realistas se refugiaron en Puerto Cabello, de allí pasaron a reconquistar Maracaibo, donde se hicieron fuertes. Entre la batalla de Carabobo y la batalla naval del lago de Maracaibo, que se llevó a cabo el 24 de julio de 1823, en Venezuela se libraron más de 54 combates. El último reducto de los realistas, en el castillo de Puerto Cabello, cayó bajo las armas de José Antonio Páez.

La Lección de Carabobo.


En primer lugar, lo que nos revela el amplio sentimiento de Bolívar es su visión continental, opuesta a la idea de "patriecita" que parecía existir en algunos de sus colaboradores. Además de que confiaba en la victoria (carta a Santander, 13 de junio, desde San Carlos: "...Espere en la victoria de Carabobo que vamos a dar: forme su ejército de reserva, sea dócil con el Congreso, y tenga por mí el aprecio que yo le profeso), también vemos que dirige sus miras al Sur de América: "Mi primer pensamiento en el campo de Carabobo, cuando vi mi patria libre, fue V.E., el Perú y su ejército libertador..." (A San Martín, Trujillo, 23 de agosto, 1821).

Desde ese momento nada ni nadie detendrá la acción del Libertador en beneficio de la independencia de América. Es una lección de amplitud, de hermandad, de justicia social, ajena a la demagogia estéril, pensando más en las semejanzas que en las diferencias: "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí, y con el todo. Ya que tiene un origen común, una lengua, unas costumbres, y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno. Para nosotros, la patria es América".

Este desvelo por América, nos dice hoy, después de Carabobo y en los momentos actuales, lo que en momentos de amargura tuvo que decir el propio Bolívar: "El gran día de América no ha llegado. Hemos expulsado a nuestros opresores, roto las tablas de sus leyes tiránicas y fundado instituciones legítimas: mas todavía nos falta poner el fundamento del pacto social, que debe formar de este mundo una nación de Repúblicas".

Cuando Bolívar llega a Carabobo, parece coincidir la hora de resumir en un solo acto, en un solo momento, toda la prédica de ideas e ideales, parece que nos dijera a partir de entonces y para siempre, "La libertad es el único objeto digno del sacrificio de la vida de los hombres"; "Nadie sino la mayoría es soberana. Es un tirano el que se pone en lugar del pueblo; y su potestad usurpación"; "Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes; es un país de esclavos".

Se preocupa el Libertador por elevar el nivel social de todos los ciudadanos: "De aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres: todos serán ciudadanos"; el respeto a las leyes, el interés por la cultura: "la educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y Luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades".

Sin descuidar la actividad económica como signo de progreso de los pueblos, Bolívar piensa en el trabajo creador: "Necesitamos trabajar mucho para regenerar al país y darle consistencia: por lo mismo paciencia y más paciencia, constancia y más constancia, trabajo y más trabajo, para tener patria."

Todo el pensamiento bolivariano se refleja, en definitiva, en la hora presente, al momento de recordar a Carabobo.

La obra del Libertador se ha visto seriamente amenazada por el caudillismo que surgió luego de la independencia. Acostumbrados ciertos jefes militares a mandar, a disponer a su antojo en pueblos y ciudades, una vez que sobrevino la paz pretendieron continuar en el ejercicio del mandato sin ley. Consecuencia de esto fue el crecido número de guerras civiles (más de trescientas cincuenta) hasta la usurpación del poder por parte de Juan Vicente Gómez, y más de un millón de víctimas en una Venezuela que no se recuperaba de las pérdidas de las guerras independentistas, el terremoto, las fiebres y otros males que diezmaron la población y comprometieron las fuerzas.

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