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Los destellos de la División Peruana

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Y por ventura, así fue, porque los peruanos en la División Unida se van a inmortalizar muy pronto. Desde Cuenca salió hacia Ríobamba; había presentado batalla en varias oportunidades, pero los realistas la eludieron, hasta que el día 21 de abril Sucre ordenó que el Comandante argentino Juan Lavalle, con el escuadrón Granaderos del Río de la Plata, atravesara la ciudad de Ríobamba para situarse al otro lado, por detrás de unas colinas.

En cumplimiento de esta orden, Lavalle se lanza al galope con sus Granaderos, pero se encuentra de pronto, en la pampa de Tapi, con toda la caballería realista. Sin tener tiempo de retroceder y por no deshonrarse, el oficial argentino ordenó una carga, sable en mano; y cuando estuvieron los republicanos a unos 25 pasos de los realistas, y estando éstos dispuestos a cargar, dio Lavalle la voz de "a degüello"; tras perder algunos de sus hombres, los realistas se retiraron en desorden, proporcionando a los patriotas una completa victoria. Al día siguiente, 22, Sucre ocupó la ciudad y allí permaneció el Ejército Libertador, hasta el 30 de abril en que llegó a la población de Ambato.


Hacia las Alturas del Pichincha


Ahora encontramos a Sucre en camino de la meta final. Después de salir de Latacunga, busca al enemigo en el pueblo de Machachi, pero como está ubicado en los pasos de Jalupana y La Viudita, verdaderamente inaccesibles, Sucre ordena hacer un rodeo por el flanco izquierdo para salir a otro camino. Entonces los realistas abandonan sus posiciones y se van a refugiar en Quito.

El Ejército Libertador ha tenido que ascender hasta las alturas del volcán Cotopaxi y dormir recostado a sus paredes, cubiertas de nieves perpetuas. Luego bajaron al valle de Chillo y el 21 de mayo estaban los patriotas en el llano de Turubamba. Tampoco aquí quisieron pelear los realistas y Sucre avanzó hacia Chillogallo.

Como la posición de los realistas en defensa de Quito los hacía muy difíciles de batir, el General Sucre tuvo una determinación insólita: ordenó atravesar la ciudad de sur a norte, en horas de la noche, pero escalando los quebraderos del volcán Pichincha, a 4.600 metros de altura.

No hay obstáculos que no pueda vencer este puñado de jóvenes valientes, hábilmente comandado por el insigne cumanés. A las nueve de la noche comenzó el difícil ascenso por un escabroso camino, nunca antes transitado, que mandó abrir Sucre con una partida de indios. Como a las ocho de la mañana estaban ya los audaces aventureros en la Cima del Pichincha. Abajo estaba Quito; y sus pobladores, unos 60.000, iban a ser testigos de la batalla que les daría la libertad.

La lucha comenzó a las 10 de la mañana del día 24 de mayo de 1822. Los realistas, apenas rayó la aurora, descubrieron que los republicanos no estaban en el sitio en que los habían dejado la noche anterior. Nunca se imaginaron que "ese muchachillo de Sucre" como lo llamara el General Aymerich, podría asomar al otro lado de la ciudad cruzando el Pichincha, y decidieron ellos, a su vez, buscar al Ejército Libertador en la cresta misma de la otrora rugiente volcán.

Así, se empeñó la batalla cuando empezaron los realistas a subir. Tanto las tropas colombianas como las peruanas hicieron prodigios de valor. En tres horas de combate, animados siempre por Sucre y los principales jefes, Santa Cruz, José Mires, José María Córdova, Antonio Morales, Juan Lavalle. etc., estaban dando digno remate a la campaña que daba libertad al territorio que hoy se llama Ecuador.

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