El secuestro: un negocio mundial


secuestro

DURANTE esta década ha tenido lugar una notable escalada de secuestros en todo el mundo. Según cierto informe, entre 1968 y 1982 fueron raptadas casi mil personas en 73 países. En cambio, a finales de la década de los noventa, entre veinte mil y treinta mil personas al año han sido víctimas de secuestro.
El secuestro es un delito que parece estar de moda en todo el planeta, desde Rusia hasta las Filipinas, y sus perpetradores están listos para atrapar cualquier cosa que se mueva. En una ocasión se raptó a un bebé de escasamente un día de edad. En Guatemala secuestraron a una anciana de 84 años que estaba en silla de ruedas y la mantuvieron cautiva durante dos meses. Los maleantes de Río de Janeiro están capturando a la gente en las mismas calles de la ciudad, y a veces el rescate que piden es de tan solo 100 dólares.
Ni siquiera los animales parecen estar a salvo. Hace algunos años, unos delincuentes tailandeses se apoderaron con descaro de un elefante de seis toneladas que se usaba para trabajar y pidieron un rescate de 1.500 dólares. Se dice que en México, las bandas de delincuentes animan a sus miembros jóvenes a que ensayen con mascotas y otros animales domésticos a fin de adquirir experiencia antes de entrar de lleno al trabajo.
Años atrás, los secuestradores se concentraban en la gente rica, pero los tiempos han cambiado. Un informe de la agencia de prensa Reuters declara: “Los secuestros ya son algo cotidiano en Guatemala. La gente de este país recuerda con nostalgia los viejos tiempos, cuando los rebeldes izquierdistas tenían como objetivo únicamente a unos cuantos empresarios acaudalados. Hoy día, ricos y pobres, jóvenes y mayores, todos son blanco legítimo para las bandas de secuestradores”.
Aunque los casos destacados normalmente reciben mucha atención de los medios informativos, la inmensa mayoría de los secuestros se resuelven sin recibir publicidad. De hecho, por diversos motivos, las naciones “no están muy interesadas en comunicar al público que tienen el problema de los secuestros”. El siguiente artículo analizará algunos de esos motivos.


El secuestro: se comercializa el terror

“EL SECUESTRO no es como un delito contra la propiedad. Es un trato ruin, cruel e indiferente al grupo humano más fundamental: la familia”, dice Mark Bles en su libro The Kidnap Business (El negocio de los secuestros). Un secuestro provoca trastornos emocionales en los miembros de la familia. Cada minuto, cada hora que pasa, luchan entre la esperanza y la desesperación mientras se enfrentan a sentimientos de culpa, odio e impotencia. La pesadilla puede prolongarse días, semanas, meses... a veces hasta años.
En su incansable afán por conseguir dinero, los secuestradores se lucran con los sentimientos de los parientes. Una banda obligó a su víctima a escribir lo siguiente en una carta abierta a los periodistas: “Solicito a la prensa que publique estas líneas para que todo el mundo se entere de que si no regreso, será por culpa de mis raptores, pero también de mi familia, pues habrá demostrado que prefiere el dinero a mí”. A fin de ejercer presión y conseguir el dinero que piden por un rescate, los secuestradores italianos le cortan a la víctima partes del cuerpo y las envían a parientes o a estaciones de televisión. Un secuestrador mexicano incluso torturaba a sus víctimas mientras negociaba con los familiares por teléfono.
Algunos raptores, por otra parte, intentan granjearse el favor de sus víctimas. Por ejemplo, un empresario estuvo cautivo en un hotel de lujo de Manila (Filipinas), y sus captores le ofrecieron bebidas alcohólicas y lo entretuvieron con prostitutas hasta que se pagó el rescate. Sin embargo, la mayoría de las víctimas son encerradas sin que se tenga mucha consideración por sus necesidades físicas o higiénicas; muchas reciben un trato brutal. Sea como fuere, el rehén siempre tiene que padecer el horror de no saber qué va a ser de él.

Cómo superar el trauma

Es posible que las heridas emocionales de las víctimas persistan aun después de ser liberadas. Una enfermera sueca que fue secuestrada en Somalia opina: “Lo más importante de todo es hablar del asunto con amigos y parientes y conseguir ayuda profesional si es necesario”.
Los terapeutas han desarrollado un método para ayudar a las víctimas. En varias sesiones cortas, estas analizan sus experiencias con el apoyo de profesionales antes de reunirse con sus familiares y volver a la vida normal. “Si se administra terapia poco tiempo después del trance, se reduce el riesgo de sufrir daño permanente”, indica Rigmor Gillberg, terapeuta de la Cruz Roja que se especializa en crisis.

Otras consecuencias

Las víctimas y sus familiares no son los únicos afectados por los secuestros. El temor a estos puede detener el turismo y hacer que disminuyan las inversiones; también genera una sensación de inseguridad en la sociedad. En 1997, en el transcurso de solo unos meses, seis empresas multinacionales cerraron operaciones en Filipinas debido a la amenaza de los secuestros. Una mujer filipina que trabaja para un grupo denominado Ciudadanos contra el Crimen expresó: “Estamos viviendo una pesadilla”.
Un artículo de la revista The Arizona Republic dice: “Entre los ejecutivos mexicanos, el temor a ser secuestrado está llegando al borde de la histeria, y con razón”. La revista brasileña Veja informa de que los secuestradores y atracadores han reemplazado a los monstruos en las pesadillas de los niños de ese país. En Taiwan se imparten clases de prevención de secuestros en las escuelas, y en Estados Unidos se han instalado cámaras de vigilancia en los recintos preescolares.
Proliferan los servicios privados de seguridad
El incremento en el número de secuestros y las delicadas cuestiones que se derivan de ellos han generado un crecimiento repentino en el sector de las firmas privadas de seguridad. En la ciudad brasileña de Río de Janeiro existen más de quinientas de estas compañías, cuyos ingresos ascienden a 1.800 millones de dólares.
Un creciente número de empresas de seguridad que operan a nivel internacional enseñan cómo prevenir un secuestro, publican informes sobre zonas peligrosas y negocian los rescates. Además, asesoran a familias y empresas, les enseñan cuáles son las estrategias de los secuestradores y las ayudan a hacer frente al impacto psicológico. Algunas firmas incluso tratan de capturar a los perpetradores y recuperar el dinero del rescate una vez que el cautivo ha sido liberado. Por supuesto, los servicios no son gratuitos.
A pesar de tales esfuerzos, los secuestros van en aumento en muchos países. Richard Johnson, vicepresidente de la compañía de seguros Seitlin & Company, dice sobre la situación en Latinoamérica: “Todos los pronósticos apuntan a un incremento en la cantidad de secuestros”.

Razones del aumento

Los entendidos proponen una gran cantidad de razones por las que los secuestros han aumentado recientemente. Una es la desesperante situación económica que se vive en algunos lugares. Un socorrista de la ciudad de Nalchik (Rusia) indicó: “La mejor manera de conseguir dinero es con el famoso método del secuestro”. Se dice que en algunas anteriores repúblicas soviéticas raptan personas para financiar los ejércitos particulares de líderes locales.
Ahora más que nunca, la gente viaja por razones de negocio o por placer, abriendo así nuevos campos para los secuestradores. La cantidad de extranjeros secuestrados se ha duplicado en cinco años; entre 1991 y 1997 se produjeron raptos de turistas en veintiséis naciones.
¿De dónde salen todos esos secuestradores? Algunos conflictos militares están perdiendo intensidad, lo que deja a anteriores soldados sin empleo y con los bolsillos vacíos. Estos individuos tienen todas las habilidades necesarias para emprender el lucrativo negocio.
Por otro lado, la actuación cada vez más eficaz contra el robo de bancos y las drásticas medidas contra el tráfico de drogas han hecho que los delincuentes se vuelvan hacia el secuestro como fuente de ingresos. El experto en secuestros Mike Ackerman explicó: “Puesto que hemos dificultado la comisión de delitos contra la propiedad en todas las comunidades, los delincuentes se ven obligados a atacar a las personas”. La publicidad que se da al pago de exorbitantes sumas pudiera también incentivar a posibles secuestradores.

No son siempre los mismos motivos

Lo que la mayoría de los secuestradores quieren es dinero y nada más. La cuantía de los rescates va desde un puñado de dólares hasta la cifra récord de 60.000.000 de dólares, cantidad que se pidió por un magnate de bienes raíces de Hong Kong, a quien nunca pusieron en libertad a pesar de haberse efectuado el pago.
Por otra parte, el objetivo de algunos secuestradores es conseguir publicidad, alimentos, medicinas, radios y autos, así como nuevas escuelas, carreteras y hospitales. A un ejecutivo que fue raptado en Asia lo liberaron después de que sus captores recibieron pelotas y uniformes de baloncesto. Ciertos grupos recurren asimismo a los secuestros para asustar e intimidar a inversionistas y turistas del extranjero, y así detener la explotación de la tierra y de los recursos naturales.
Así que no escasean ni los motivos ni los medios ni los posibles secuestradores o víctimas. ¿Existe la misma abundancia de soluciones? ¿Cuáles son algunas? Y ¿de verdad se puede eliminar con ellas el problema? Antes de contestar dichas preguntas, analicemos algunas de las causas más profundas que subyacen tras el auge en el negocio del secuestro.

En caso de secuestro

  Los entendidos en la materia ofrecen a las víctimas de secuestro las siguientes sugerencias.
• Sea cooperador y no terco. Los rehenes hostiles son con mayor frecuencia objeto de trato cruel, y corren mayor riesgo de que los maten o los escojan para recibir castigo.
• No sucumba al pánico. Recuerde que la mayoría de las víctimas sobreviven al secuestro.
• Idee un sistema para llevar la cuenta del tiempo.
• Trate de seguir una rutina diaria.
• Haga ejercicio, aunque tenga pocas oportunidades para moverse.
• Sea observador; trate de memorizar detalles, sonidos y aromas. Fíjese en algunas características de sus secuestradores.
• Converse con ellos sobre temas triviales si es posible, e intente establecer contacto personal. Es menos probable que los secuestradores lo lastimen o lo maten si lo ven como persona.
• Sea cortés al comunicarles sus necesidades.
• Nunca intente negociar usted mismo el precio de su liberación.
• Si se realiza una operación de rescate, tírese al suelo y quédese quieto hasta que todo termine.

El polémico seguro contra secuestro

  Un negocio que debe su auge al aumento de secuestros es el de los seguros. La firma londinense Lloyd’s ha registrado un 50% de incremento anual en el apartado de seguros contra secuestro durante la década de los noventa. Cada vez hay más compañías que ofrecen este tipo de póliza, la cual incluye la asistencia de un negociador, el pago del rescate y, algunas veces, el empleo de profesionales para tratar de recuperar el dinero pagado. Sin embargo, el asunto está generando mucha polémica.
  Los detractores alegan que la póliza comercializa el delito, y que no es moralmente correcto lucrarse con el secuestro. También dicen que el asegurado pudiera hacerse negligente en lo que toca a su seguridad y que el seguro facilitará a los secuestradores la obtención de dinero mediante extorsión, con lo cual fomentará dicho delito. Algunos incluso temen que anime a la gente a planear su propio secuestro para cobrar la póliza. En Alemania, Colombia e Italia, este tipo de seguro es ilegal.
  Sus defensores señalan que, como sucede con cualquier otra póliza de seguros, permite pagar entre muchos las pérdidas de unos cuantos. El argumento es que se genera cierta medida de seguridad, pues pone al alcance de las familias y empresas aseguradas la asistencia de profesionales competentes, quienes pueden reducir la tensión, negociar pagos más bajos y facilitar la captura de los maleantes.

El síndrome de Estocolmo

  En 1974, el secuestro de Patty Hearst, hija del multimillonario magnate de la prensa Randolph A. Hearst, dio un sorpresivo giro cuando Patty se puso del lado de sus captores y tomó parte en asaltos a mano armada con el grupo. En otro caso, un futbolista español perdonó a sus verdugos y les deseó lo mejor.
  El fenómeno recibió el nombre de síndrome de Estocolmo a principios de la década de los setenta, después del drama que vivieron unos rehenes en un banco de Estocolmo (Suecia) en 1973. En aquella ocasión, algunos de los rehenes cultivaron una amistad especial con sus captores. Dicha interacción ha servido de protección a los secuestrados, según el libro Criminal Behavior (Comportamiento delictivo), en el que se explica: “Cuanto mejor se conocen el rehén y el secuestrador, tanto más tienden a simpatizar el uno con el otro. Este fenómeno es indicio de que, después de cierto tiempo, es menos probable que el delincuente lastime al rehén”.
  En Chechenia, una víctima de origen inglés que sufrió violaciones dijo: “Creo que cuando el guardia nos llegó a conocer como personas se dio cuenta de que era incorrecto que me violara. Dejó de hacerlo y se disculpó”.

El secuestro: causas básicas

LOS secuestros se han convertido en una plaga moderna, lo mismo que los asesinatos, las violaciones, los robos, el abuso deshonesto de menores e incluso el genocidio. ¿Por qué se ha vuelto tan peligrosa la vida que muchas personas tienen miedo de salir de su hogar por la noche?
Las causas de esta epidemia de actos delictivos, incluidos los secuestros, están relacionadas con vicios muy arraigados en la sociedad humana. ¿Sabía usted que hace casi dos mil años la Biblia predijo estos tiempos peligrosos? Sírvase analizar la profecía de 2 Timoteo 3:2-5.
“Los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios, teniendo una forma de devoción piadosa, pero resultando falsos a su poder.”
Posiblemente concuerde en que esas palabras, escritas hace mucho tiempo, describen a la perfección la situación actual. Durante nuestra vida se han manifestado los defectos más degradados a un grado extremo. Pero es interesante que la Biblia introduzca dicha descripción de la lamentable conducta humana con las palabras: “En los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar” (2 Timoteo 3:1). Examinemos tan solo tres de las principales deficiencias de la sociedad que han contribuido a la epidemia del secuestro.

Dificultad para hacer cumplir la ley

“Por cuanto la sentencia contra una obra mala no se ha ejecutado velozmente, por eso el corazón de los hijos de los hombres ha quedado plenamente resuelto en ellos a hacer lo malo.” (Eclesiastés 8:11.)
Muchos cuerpos policíacos carecen de recursos suficientes para hacer frente a la oleada de actos delictivos, por lo que, en una gran cantidad de países, a algunos les conviene cometer secuestros. Por ejemplo, solo un 2% de los secuestradores colombianos fueron enjuiciados durante 1996; la suma total por el pago de rescates en México fue de por lo menos 200 millones de dólares en el año 1997, y algunos secuestradores de Filipinas hasta han aceptado el pago en cheques.
Además, la corrupción dentro de los propios cuerpos de seguridad en ocasiones frustra la lucha contra el crimen. Algunos jefes de escuadrones antisecuestro especializados de México, Colombia y las anteriores repúblicas soviéticas han sido acusados de perpetrar ese tipo de delitos. Blas Ople, presidente del Senado filipino, declaró en la revista Asiaweek que las cifras oficiales revelan la implicación de militares y policías, en activo o retirados, en el 52% de los casos ocurridos en su país. Se dice que un famoso secuestrador de México estaba cubierto por “un muro de protección oficial consolidado por sobornos a procuradores y policías municipales, estatales y federales”.

La pobreza y la injusticia social

“Yo mismo regresé para poder ver todos los actos de opresión que se están haciendo bajo el sol, y, ¡mira!, las lágrimas de aquellos a quienes se oprimía, pero no tenían consolador; y de parte de sus opresores había poder.” (Eclesiastés 4:1.)
Hoy en día hay muchas personas que atraviesan por una situación desesperada en sentido económico y social, y son estas quienes suelen cometer los secuestros. Así pues, en un mundo en el que cada vez existe más diferencia entre ricos y pobres, y en el que las posibilidades de ganar dinero honestamente son a menudo escasas, el secuestro seguirá siendo una tentación. Mientras haya opresión, ese delito servirá como recurso para devolver el golpe y llamar la atención a situaciones que se consideran intolerables.

La codicia y la falta de amor

“El amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales.” (1 Timoteo 6:10.) “Por el aumento del desafuero se enfriará el amor de la mayor parte.” (Mateo 24:12.)
A lo largo de la historia, el amor al dinero ha incitado a la gente a cometer infamias. Y quizás ningún otro delito comercializa la angustia, el dolor y la desesperación al grado que lo hace el secuestro. La codicia —el amor al dinero— hace que muchas personas traten brutalmente y torturen a un extraño, y que sometan a su familia a una cruel experiencia durante semanas, meses y a veces años.
Es evidente que algo anda terriblemente mal en una sociedad que da mucha importancia al dinero y pisotea los valores humanos. No hay duda de que una situación así fomenta todo tipo de actividad criminal, incluido el secuestro.
¿Significa lo anterior que estamos en lo que la Biblia llama “los últimos días”? Si la respuesta es afirmativa, ¿qué pasará con la Tierra y con nosotros? ¿Existe solución a los terribles problemas que encara la humanidad, como el secuestro?

No es nada nuevo

  Ya en el siglo XV a.E.C., la Ley mosaica dictaba pena capital para los secuestradores (Deuteronomio 24:7). A Julio César lo secuestraron en el siglo I a.E.C., y a Ricardo I de Inglaterra, llamado “Corazón de León”, en el siglo XII E.C. El mayor rescate que se haya pagado jamás ha sido el de las 24 toneladas de oro y plata que dieron los incas al conquistador español Francisco Pizarro para liberar a su jefe Atahualpa en 1533. A pesar de ello, los conquistadores lo estrangularon.

El secuestro: ¿existe solución?

“LOS secuestros han alcanzado un punto intolerable para toda la nación, y la sociedad entera tiene que combatir este mal”, expresó el primer ministro de Chechenia como parte de una promesa de erradicar esa plaga que ha azotado a esta república autónoma rusa.
¿Erradicar el secuestro? Se aplaude la intención, pero la pregunta es: ¿cómo?

Intentos de eliminarlo

Las autoridades colombianas han comisionado a 2.000 agentes secretos, 24 fiscales y un coordinador antisecuestros especial para que se dediquen exclusivamente a combatir ese tipo de delito. En Río de Janeiro, una marcha pública en protesta por la enorme cantidad de secuestros ocurridos en la ciudad contó con unos cien mil participantes. En Brasil y Colombia, grupos paramilitares han raptado a parientes de secuestradores como táctica de contraataque. Y algunos filipinos han formado grupos parapoliciales que han linchado a los secuestradores.
Las autoridades guatemaltecas decretaron la pena de muerte para los transgresores, y el presidente movilizó al ejército a fin de poner coto a la epidemia. El gobierno italiano adoptó medidas severas para frenar los secuestros, como la de hacer ilegal el pago del rescate y confiscar el dinero y los bienes de los familiares a fin de impedir que efectúen el pago. Los funcionarios italianos se jactan de que con dichas medidas se ha logrado disminuir el problema; pero los detractores arguyen que el resultado ha sido que las familias tratan de resolver los casos en secreto, por lo que el número de raptos se reduce solo en los registros oficiales. Las empresas de seguridad privada calculan que, en realidad, la cantidad de secuestros en Italia se ha duplicado desde la década de los ochenta.

Muchas propuestas, pocas soluciones

Para un buen número de parientes de las víctimas solo parece haber una solución viable: pagar el rescate lo antes posible para que liberen a su ser amado. Pero los expertos en la materia advierten de que, si el rescate es elevado y se paga en muy poco tiempo, los secuestradores pueden llegar a la conclusión de que la familia es un blanco fácil y hacerla víctima nuevamente. O quizás pidan un segundo rescate antes de soltar al rehén.
Algunas familias han pagado precios elevados y se han encontrado con que la víctima ya estaba muerta. Por esta razón, los especialistas dicen que nunca se debe pagar un rescate o negociarlo sin antes tener pruebas de que la persona continúa con vida. Una prueba pudiera consistir en que se dé respuesta a una pregunta que únicamente la víctima pueda contestar. Algunos piden que se le tome una foto al rehén mientras sostiene en la mano un periódico de fecha reciente.
¿Qué hay de las operaciones de rescate? Por lo general se las considera de alto riesgo. Brian Jenkins, especialista en secuestros, dice que “en Latinoamérica, el 79% de los rehenes son asesinados durante intentos de rescate”. Sin embargo, a veces tienen buenos resultados.
No sorprende, pues, que muchas soluciones se centren en la prevención. No son solo los gobiernos los que intentan prevenir los secuestros. Los periódicos enseñan la manera de eludir un rapto, de arrojarse de un vehículo en marcha y de burlar psicológicamente a los captores. Hay escuelas de artes marciales que dan clases de defensa contra rapto. Existen compañías que venden ultramicrotransmisores por 15.000 dólares, los cuales se implantan en los dientes de los niños a fin de que la policía pueda rastrearlos en caso de que sean secuestrados. Los fabricantes de autos producen modelos “a prueba de secuestro” para quienes pueden darse el lujo de pagarlos; los vehículos están equipados con dispositivos que liberan gas lacrimógeno, troneras, cristales antibalas, neumáticos a prueba de cuchilladas y depósitos que derraman aceite.
Entre la gente acaudalada, los guardaespaldas representan una opción. Sin embargo, Francisco Gómez Lerma, experto en seguridad, explica respecto a la situación en México: ‘Los guardaespaldas no son la solución, pues atraen la atención y pudieran estar confabulados con los secuestradores’.
El problema de los secuestros es tan complejo, y sus raíces tan profundas, que nada de lo que hace el ser humano parece bastar para desarraigarlo. Entonces, ¿no hay ninguna solución verdadera?

Sí existe solución

Esta revista ha señalado en repetidas ocasiones el verdadero remedio para todos los problemas que enfrenta el ser humano. El Hijo de Dios, Jesucristo, se refirió a dicho remedio cuando enseñó a sus seguidores a orar: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:10).
Es obvio que necesitamos un gobierno mundial justo que sepa administrar los asuntos de la vasta diversidad de personas que vivimos en la Tierra, sí, el Reino de Dios del que Jesús habló. Puesto que los seres humanos no han sido capaces de establecer un gobierno con esas características, el proceder inteligente es recurrir al Creador, Jehová Dios. Su Palabra, la Biblia, nos dice que él precisamente se ha propuesto establecerlo (Salmo 83:18).
El profeta Daniel indicó cuál es el propósito de Jehová con las palabras: “En los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. [...] Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:44). La Biblia describe cómo este gobierno divino irá tomando medidas a fin de erradicar toda actividad criminal, lo que abarca los secuestros.

La educación apropiada es primordial

Sin duda, usted concordará en que es fundamental inculcar un sano conjunto de valores morales en la gente a fin de resolver el problema del secuestro. Piense, por ejemplo, en el impacto que tendría en la sociedad el que todos obedeciéramos estas exhortaciones bíblicas: “Que su modo de vivir esté exento del amor al dinero, y estén contentos con las cosas presentes” (Hebreos 13:5). “No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros.” (Romanos 13:8.)
Puede darse una idea de cómo sería esa sociedad examinando el programa educativo que los testigos de Jehová llevan a cabo en más de doscientos treinta países. Este programa ha tenido un efecto benéfico en muchos individuos que antes vivían dominados por la codicia o eran criminales peligrosos. Un anterior secuestrador dijo: “Con el tiempo me di cuenta de que para agradar a Dios tenía que desprenderme de mi vieja personalidad y ponerme una nueva, caracterizada por la mansedumbre y parecida a la de Cristo Jesús”.
Sin embargo, ni aun con un excelente programa educativo se puede corregir a todos los criminales, tal vez ni siquiera a la mayoría. ¿Qué sucederá con los que no quieran cambiar?

La eliminación de los malhechores

No se permitirá que los que pecan deliberadamente sean súbditos del Reino de Dios. La Biblia dice: “¿No saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se extravíen. Ni fornicadores, [...] ni personas dominadas por la avidez, [...] ni los que practican extorsión heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9, 10). “Los rectos son los que residirán en la tierra [...]. En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra.” (Proverbios 2:21, 22.)
La Ley de Dios de tiempos antiguos exigía que se diera muerte al secuestrador no arrepentido (Deuteronomio 24:7). Las personas codiciosas, como los secuestradores, no tendrán cabida en el Reino de Dios. Los delincuentes quizá puedan eludir la justicia humana, pero no podrán eludir la justicia divina. Todo malhechor tendrá que corregir su modo de vida si quiere vivir bajo la gobernación justa del Reino de Jehová.
Está claro que, si las condiciones que alimentan los actos criminales continúan, también continuará el delito. Pero el Reino de Dios no permitirá que eso ocurra, pues la Biblia promete: “El reino mismo [...] triturará y pondrá fin a todos estos reinos”, lo que incluirá a toda persona que practique el mal. Esta misma profecía pasa a decir que el Reino de Dios subsistirá hasta tiempos indefinidos (Daniel 2:44). ¡Imagínese los cambios que habrá!

Un nuevo mundo de justicia

Fíjese en otra profecía bíblica, que hace una bella descripción del futuro: “Ciertamente edificarán casas, y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá. Porque como los días de un árbol serán los días de mi pueblo; y la obra de sus propias manos mis escogidos usarán a grado cabal” (Isaías 65:21, 22).
El Reino de Dios transformará el planeta entero. Todos podrán disfrutar de la vida a plenitud, pues desarrollarán sus habilidades naturales mediante trabajo satisfaciente y entretenimiento sano. Las condiciones mundiales serán tales que nadie jamás pensará siquiera en secuestrar a su semejante. La sensación de seguridad será absoluta (Miqueas 4:4). Ese Reino habrá logrado que la actual amenaza mundial del secuestro se haya convertido en un capítulo de la historia en el que nadie siquiera volverá a pensar (Isaías 65:17).

Publicado en ¡Despertad!  del 22 de Diciembre de 1999