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El Pronombre - Se -

Gramática Española de María Moliner

Gramática Española de María Moliner

1) En las oraciones pasivas con «se» que empiezan con «que» hay que distinguir cuándo se trata de oraciones de relativo y ese «que» representa el complemento directo y cuándo «que» es conjunción. En el primer caso es natural que el complemento directo no se vuelva a representar con un pronombre personal: 'Una cosa que (la cual) se pierde con facilidad'(no 'que se la pierde...'). Pero cuando «que» no
es pronombre sino conjunción, es obligada la representación del complemento con un pronombre: 'Él quiere que se LE admire. La piedra no nota que se LA lanza'.
2) Al lado de las construcciones con concordancia entre el verbo y el elemento nominal del caso anterior (las más frecuentes con gran diferencia) existen otras en que el verbo se inmoviliza en singular, cualquiera que sea el número del elemento nominal: 'SE AVISA a los interesados'.
Se intenta a continuación explicar el paso de la oración del caso anterior ('los plátanos se cultivan...'), con concordancia entre el verbo y el elemento nominal, a este nuevo caso en que tal concordancia falta.
Conceptualmente, son equivalentes una oración transitiva con receptor de la acción expreso y una pasiva de cualquier clase: un verbo, un ejecutor de la acción y un receptor de ella, los mismos en ambos casos. La diferencia entre la oración activa y la pasiva es puramente gramatical: en la activa, el sujeto gramatical es el ejecutor de la acción: 'el leñador CORTA la leña'; en la pasiva, el sujeto gramatical es el receptor de la acción: 'la leña ES CORTADA por el leñador'. La característica indispensable de la función de sujeto gramatical es su concordancia con el verbo: 'el leñador CORTA; la leña es CORTADA'. Mientras en las oraciones pronominales con «se» se mantiene esa concordancia entre el elemento nominal o nombre que representa al receptor de la acción y el verbo, ese nombre puede ser el sujeto pasivo: 'los plátanos se cultivan...'; y «se» sigue en su papel genuino de pronombre reflexivo representando a ese sujeto y adjuntándose al verbo para darle significado pasivo: como «signo de voz pasiva», como lo designa la G. R. A.
Ahora bien: no en todas las oraciones de forma pasiva pronominal, aun existiendo esa concordancia, tiene el sujeto pasivo personalidad de tal suficientemente clara para que el hablante no dude en atribuirle ese carácter:
Frases como 'aquí SE HABLA inglés' o 'a vivir, SE APRENDE 'no son «sentidas» como pasivas; es decir, ni «inglés» ni «a vivir» se presentan al hablante como claros sujetos de «habla» y «aprende», respectivamente. En tipos completos de oraciones, el valor pasivo se encuentra tan debilitado que no pueden ser traducidas con su significado exacto a una oración propiamente pasiva; uno de ellos es el de las construidas con ciertos verbos usados con significado equivalente al que les añadiría un auxiliar modal; este uso existe desde muy antiguo en castellano: 'non SE FAZE assí el mercado', con el significado de 'no es así como debe hacerse el mercado'(Poema del Cid, s. XII). En lenguaje moderno, estas frases son muy frecuentes: 'eso no SE DICE [no SE HACE]; con esas cosas no SE JUEGA'. Estas oraciones no son conceptualmente verdaderas oraciones pasivas porque «esas cosas no son dichas» no significa lo mismo que «esas cosas no se dicen». Otro caso es el de las oraciones con complemento indirecto pronominal:
'no SE NOS HACE caso; no SE TE ENTIENDE lo que dices'. Tales oraciones no son vertibles a una pasiva propia más que en la misma medida en que lo es cualquier oración impersonal; tan inusables y casi ininteligibles son las frases 'no te es entendido nada' o 'no nos es hecho caso 'como 'es dicho que nos van a trasladar'. Es natural, pues, que la lengua busque alguna forma de expresión para ese debilitamiento del elemento nominal en el papel de sujeto pasivo. Sin llegar a la no concordancia, se aprovechan para ello otros medios estilísticos: no es lo mismo decir 'los plátanos se cultivan en los países tropicales', frase en que «los plátanos» es el tema del discurso, que 'en los países tropicales se cultivan plátanos' en que el tema es «los países tropicales»; en este segundo ejemplo se ha recurrido para desalojar a «los plátanos» de su papel de sujeto de interés (sujeto pasivo en este caso), además de a su posposición, a quitarle el artículo. La primera oración se puede traducir sin cambio de valor expresivo por 'los plátanos son cultivados en los países tropicales'; pero no así la segunda, donde el papel de «los plátanos» es conceptualmente, de modo indudable ya, el de complemento directo. Pero la señal formal decisiva que marca la pérdida por parte del elemento nominal del carácter de sujeto es la falta de concordancia entre él y el verbo. Como se ha recordado antes, esa concordancia es indispensable para que una expresión sea considerada sujeto. Sin ella, el elemento nominal no puede ser sujeto gramatical de la oración, ni activo ni pasivo; es, pues, conceptualmente el receptor de la acción; y, gramaticalmente, el complemento directo. Ahora bien: para desempeñar este último papel, tiene que desalojar de él al pronombre «se»; éste deja, pues, de desempeñar función reflexiva; podía haber desaparecido y quedar la oración en una terciopersonal de sujeto indeterminado: 'avisan a los interesados'; pero esta forma tiene significado distinto, pues se refiere exclusivamente a un sujeto tercera persona, mientras que en la oración 'se avisa a los interesados él sujeto puede ser también una primera o una segunda. La G. R. A. se resiste a reconocer a «se» carácter de sujeto, tan ajeno a su valor etimológica y tradicionalmente reflexivo y propone para él en este caso la designación «signo de indeterminación», semejante a la de «signo de voz pasiva» que propone para el «se» de las oraciones pasivas pronominales. Pero tal paralelismo en las designaciones no corresponde a ningún paralelismo entre las funciones de «se» en uno y otro caso. El hablante «siente» en 'se avisa a los interesados' a la vez que la calidad de receptor de la acción y claro complemento directo de «a los interesados», la presencia de un sujeto activo; «se» ya no es un «signo de...» adherido al verbo para modificar su valor (como en el caso de los verbos de significado espontáneo o en el de los pasivos con «se»), puesto que ese valor es el suyo propio de verbo transitivo. No hay, pues, más remedio que asignar a «se» el papel de sujeto: de pronombre indeterminado en función de sujeto; es decir, en la función de que «omne [ome, hombre]» fue tempranamente desplazado y que hubiese hecho de esta palabra la correspondiente en español al francés «on» o al alemán «man», desplazamiento debido ya probablemente a la creciente expansión del pronombre «se» hacia la representación de la tercera persona en casos distintos del acusativo.
(Todavía en el siglo XVI se encuentra algún ejemplo del uso de «hombre» como sujeto indeterminado: 'Andando a oscuras, presto tropieza hombre'-A. de Valdés.)
Este caso de mutación semántico-gramatical en que el uso se divorcia de la etimología es del mismo género que las que han hecho del pronombre «que» y del adverbio «sic» sendas conjunciones y, quizá, la transición sea más suave y natural para el hablante. Frases sin concordancia entre el verbo y el elemento nominal, que deja así de ser sujeto, existen, aunque en número mucho menor que el de las otras con ella, desde los primeros tiempos del idioma: 'Si SE CREE a los mágicos'(«Lapidario», s. XIII). 'Las comparaciones no es lo que pasa, mas SÁCASE dellas otras muchas cosas'(Sta. Teresa, s. XVI). 'No SE OÍA en todo el lugar sino ladridos de perros' (Quijote). En el lenguaje actual, en España, la cuestión ha cristalizado, prácticamente con uniformidad, en dos fórmulas: Si el elemento nominal es de ser animado, su percepción como complemento directo lleva en primer lugar a adjuntarle la preposición que como tal complemento de ser animado le corresponde; con ello queda ya inequívocamente desalojado del papel de sujeto pasivo y la falta de concordancia del verbo con él sigue de manera natural: 'SE AVISA a los interesados'. Una prueba en apoyo de esa hipótesis es que si el elemento nominal está en forma partitiva (sin artículo) y, por tanto, no lleva preposición, se mantiene la concordancia del verbo: 'se necesitan aprendices'
(Hay una forma híbrida, esto es, con el elemento nominal precedido de preposición y, al mismo tiempo, con el verbo concertando con él; la usa Cervantes: 'a aquellos SE PREMIAN con darles oficios y a estos no SE PUEDEN premiar'; es usada en algunos sitios de Hispanoamérica, pero no se usa en absoluto en España y la G. R. A. la condena como inusable.)
Si el elemento nominal es de cosa, el verbo concierta con él: 'los plátanos se cultivan...'. Pero no faltan casos de construcción sin concordancia, raros en España y más frecuentes en Hispanoamérica: 'No se concede pasaportes'. Y más frecuentes si el verbo está en forma de obligación: 'se mandó evacuar las casas próximas al río'. Se dan por los gramáticos distintas explicaciones para el fenómeno de la frecuencia de la construcción sin concordancia con elemento nominal de cosa en Hispanoamérica: prurito de corrección (no se ve qué se entiende por corrección en este caso); influencia de la construcción francesa con «on» en las traducciones; una evolución, por el contrario, espontánea del idioma (Lenz). Quizá sea esta última la más plausible, ya que, en efecto, el extender al elemento pronominal de cosa la construcción aplicada ya al de ser animado no es más que un paso adelante en la consagración de ese elemento como complemento directo. Consagración anticipada (y quizá aplicada ya con carácter exclusivo por lo que se refiere a España) al caso del elemento nominal de persona, debido, como se ha apuntado, a haber abierto el camino para ella su construcción con preposición.
3) Hay que mencionar una construcción híbrida de oración pasiva y oración impersonal pronominales: como 'SE HA CONFIRMADO la sentencia por el Tribunal Supremo'. Tal construcción, gramaticalmente incorrecta, no es frecuente; pues, habiendo en ella un sujeto activo y un complemento directo, su forma natural es una oración transitiva: 'el Tribunal Supremo ha confirmado la sentencia'; pero se encuentra usada, quizá porque a la mente del hablante viene primero el hecho de haber sido confirmada la sentencia y después la idea de completar la información, pensada inicialmente como impersonal, expresando el autor de la confirmación. Estas frases pueden ser una confirmación de hasta qué punto el hablante identifica la pasiva pronominal con la perifrástica y le da a aquella un sujeto activo gramaticalmente incompatible con la presencia de «se», tanto si se llama a este pronombre «sujeto indeterminado», como si se le llama «signo de impersonalidad». Los gramáticos no ponen objeción a esta construcción y algunos la consideran representante de la transición de la oración pasiva a la impersonal. (La G. R. A. no se refiere al caso.)
4) Falta, por fin, el último paso en la ampliación de funciones del pronombre «se»: su empleo en oraciones intransitivas del tipo 'SE VIVE bien en Madrid'. Hay otras oraciones pronominales de verbo intransitivo; pero son de distinto carácter; el pronombre usado en ellas es de cualquier persona ('su padre se murió, ya te arrepentirás'), mientras que aquí se trata de oraciones construidas exclusivamente con «se» y sin sujeto al que este pronombre puede representar como reflexivo; es decir, de oraciones de sujeto indeterminado o impersonales. El paso a ellas desde las pasivas pronominales no es semánticamente difícil. De frases como las ya mencionadas, 'aquí se habla inglés' o 'a vivir, se aprende', no le cuesta trabajo al hablante pasar a otras de verbo intransitivo, como 'SE VIVE bien en Madrid' o 'SE HABLA demasiado de eso'. Aquí, como ya se ha indicado, no cabe atribuir a «se» la más leve sombra de valor reflexivo, puesto que no existe ningún elemento nominal al cual represente; por otro lado, no cabe duda de que sigue siendo un pronombre; ahora bien: un pronombre sin preposición sólo puede representar en la oración, que es una estructura centralizada perfectísima en que todos los elementos se refieren al verbo, más que papel de sujeto o de complemento directo o indirecto; aquí no hay complemento directo, puesto que el verbo es intransitivo, ni puede «se» representar a uno indirecto porque éste no tiene representación indeterminada. Es, por tanto, necesario admitir que «se», sea con la designación de «sujeto indeterminado», sea con la de «signo de impersonalidad», ocupa el lugar del sujeto; a menos que se considerase como una incrustación superflua en la oración, consideración absurda e inadmisible por respeto a la lógica, tanto del lenguaje como del comportamiento del pronombre «se» a lo largo de toda su evolución. Los gramáticos no vacilan, al exponer el asunto, en asignar a «se» el «papel de sujeto»; pero el respeto a la doctrina de la Academia les frena en el momento de darle abiertamente ese nombre en el análisis de la oración y siguen empleando la vaguedad «signo de impersonalidad», expresión que, si significa algo, no puede ser otra cosa que «sujeto indeterminado».
5) Por fin, si se admite para «se» la posibilidad de desempeñar el papel de sujeto, carece de fundamento la condena mantenida por la Academia (bien que débilmente: «debe evitarse...») sobre las oraciones del tipo de 'SE PUEDE SER pobre y feliz', en las cuales hay un atributo que, como tal, no tendría, en efecto, justificación si no hubiera un sujeto al cual referirlo. Según la G. R. A. se debe decir 'SE PUEDE VIVIR («ser» no admite complemento adverbial) pobre y felizmente' o 'UNO PUEDE ser pobre y feliz'. Ahora bien: es seguro que, si se hace la prueba entre personas bien habladas pero no conscientes del veto académico, serán muchas más las que enuncien esa oración con adjetivo que las que lo hagan con adverbio. Y en cuanto al empleo de «uno» como sujeto, su uso está prácticamente relegado a la representación de la misma persona que habla o, a lo más, a cierta clase de personas entre las que el que habla se considera incluido: si alguien dice 'uno está cansado de aguantar', todos entienden que el que habla está cansado; a nadie se le ocurriría, si no es atribuyéndole un sentido irónico o hipócrita, poner en boca de un millonario la frase 'uno puede ser pobre y feliz'; y la frase puesta por Cervantes en boca de Rocinante en uno de los sonetos que sirven de introducción al Quijote, si se expresase con «uno», 'uno es asno de la cuna a la mortaja', sería buena sólo para puesta en boca del rucio. En lenguaje jocoso se dicen frases como '¡Se agradece!' o '¡Se hace lo que se puede!', en que el hablante se refiere con «se» no ya a un sujeto indeterminado, sino concreta y exclusivamente a sí mismo, desechando para ello el pronombre preceptivo «uno». Es, pues, de suponer que el empleo de «se» en oraciones atributivas en representación de un sujeto indeterminado (o del propio hablante tomado jocosamente como indeterminado) es también, como su uso en las intransitivas, una mutación sintáctica estable y que, por mucha que sea la tenacidad de la Academia en mantener su veto, no llegará a desterrar el uso de tales expresiones.

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