Los testigos de Jehová y la cuestión de las transfusiones de sangre

Los testigos de Jehová y la cuestión de la sangre


  • EL FUNDAMENTO RELIGIOSO
  • LA SANGRE COMO MEDICINA
  • ¿ES EL RECHAZO UNA FORMA DE SUICIDIO?
  • EL PAPEL DEL MÉDICO
  • RESPETANDO LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES
  • ¿ES MÉDICAMENTE IRRAZONABLE LA POSICIÓN DE LOS TESTIGOS?
  • LAS TRANSFUSIONES DE SANGRE... ¿CUÁNTO PELIGRO VERDADERO EN ELLAS?
  • TERAPIAS DE ALTERNATIVA
  • CIRUGÍA MAYOR SIN SANGRE
  • ¿QUÉ VA A HACER USTED?


1 LA SANGRE es vital para la vida. Aunque esto se ha reconocido desde la antigüedad, la investigación moderna está suministrando un mayor entendimiento de las funciones de la sangre en el sostén de la vida.
2 La práctica de transfundir sangre humana ocupa una posición prominente en el ámbito de la atención médica moderna. Tanto personas del campo médico como muchas otras consideran la transferencia de sangre de un ser humano a otro como método terapéutico acepto.1 Pero hay personas que no aceptan las transfusiones de sangre. Son los testigos de Jehová.
3 Los testigos de Jehová atesoran y respetan profundamente la vida. Esta es una de las razones por las cuales no fuman, ni usan drogas que forman hábito ni procuran abortos. Su estudio de la Biblia les ha enseñado a ver la vida como cosa sagrada, algo que debe protegerse y que ellos deben conservar tanto para sí mismos como para sus hijos.
4 Entonces, ¿por qué objetan los testigos de Jehová a las transfusiones de sangre? ¿Hay alguna base racional para esta convicción a la cual se apegan hasta cuando se encaran a la muerte? Y, ¿es la posición de ellos en este asunto algo que esté en total incompatibilidad con el conocimiento y los principios de la medicina moderna?
5 Este tema debe interesar a toda persona de la profesión médica, porque en cualquier momento un médico pudiera verse ante la cuestión de la transfusión de sangre. Esto es muy posible, puesto que por toda la Tierra hay más de dos millones de testigos de Jehová. Es probable que en su comunidad vivan algunos. Lo siguiente se escribe para ayudar a los médicos a entender a los testigos de Jehová como pacientes y a considerar cómo puede haber conciliación razonable con el punto de vista de ellos. Primero examinaremos el fundamento religioso de la posición de los Testigos. Entonces, comenzando en la página 16, consideraremos la ética envuelta en esta cuestión y hallazgos y observaciones recientes por médicos capacitados que pudieran ser de valor práctico en resolver problemas relacionados con el uso de la sangre.
6 Invitamos hasta a personas que no sean del campo médico a examinar este importante asunto. En realidad, la posición que los testigos de Jehová adoptan en cuanto a la sangre envuelve derechos y principios que pueden afectar a cada uno de nosotros. Y un conocimiento de lo que ellos creen, y por qué, ayudará al que investigue a entender mejor esta cuestión que con tanta frecuencia ha sido objeto de la atención de doctores, juristas y estudiantes de la Biblia. Entonces, ¿qué factores principales hallamos envueltos en esta cuestión?

EL FUNDAMENTO RELIGIOSO

7 Para muchos médicos el uso de sangre es esencialmente un asunto de juicio médico, tal como lo son sus decisiones diarias acerca del uso que se dé a ciertas medicinas o procedimientos quirúrgicos. Para otras personas la posición de los testigos de Jehová pudiera ser más bien una cuestión moral o de derecho. Quizás piensen en términos del derecho a la vida, la autoridad en cuanto a tomar decisiones relativas al propio cuerpo de uno, o las obligaciones civiles del gobierno respecto a proteger la vida de sus ciudadanos. Todos estos aspectos tienen relación con el asunto. Pero la posición que adoptan los testigos de Jehová es por encima de todo religiosa; es una posición fundada en lo que la Biblia dice.
8 Muchos quizás pongan en tela de juicio la validez de esa declaración. Saben que muchas iglesias apoyan el uso de la sangre, establecen programas para los bancos de sangre y estimulan la donación de sangre. Por consiguiente, lógicamente surge la siguiente pregunta:
¿Qué dice la Biblia acerca de que los seres humanos ingieran sangre en sus cuerpos?
9 Hasta individuos que personalmente no consideran la Biblia como la palabra inspirada de Dios tienen que reconocer que la Biblia dice muchísimo acerca de la sangre. Desde el primer libro de la Biblia hasta el último, hay más de cuatrocientas menciones de la “sangre.” Ciertos versículos bíblicos son especialmente pertinentes con referencia a la cuestión de sostener la vida con sangre. Examinémoslos brevemente:
10 El registro bíblico muestra que en los primeros tiempos de la historia de la humanidad el Creador y Dador de Vida se expresó en cuanto a la cuestión de la sangre. Inmediatamente después del diluvio que cubrió al globo terráqueo, cuando Dios originalmente otorgó a los seres humanos el derecho de comer la carne animal, dio este mandato a Noé y su familia: “Todo animal moviente que está vivo puede servirles a ustedes de alimento. Como en el caso de la vegetación verde, de veras se lo doy todo a ustedes. Solo carne con su alma —su sangre— no deben comer.”—Génesis 9:3, 4.
11 Ante todo, el Creador estaba suministrando un reglamento dietético en un tiempo en que la humanidad estaba experimentando un nuevo comienzo. (Compare con Génesis 1:29.) Sin embargo, Dios mostró que no era solo dieta lo que estaba envuelto en el dar muerte a los animales para usarlos como alimento. Eso se debía a que la sangre de la criatura representaba su vida o su alma. Así, hay versiones bíblicas que traducen Génesis 9:4 de este modo: “Solo que no comerás su carne con su vida, es decir, su sangre.”—Revised Standard Version (Versión Normal Revisada, en inglés); Moffatt.
12 De modo que este reglamento divino no era sencillamente una restricción dietética, como cuando un médico le aconseja a un paciente que evite la sal o las grasas. El Creador conectó un altamente importante principio moral con la sangre. Al derramar toda la sangre que razonablemente pudiera dejarse escurrir, Noé y sus descendientes manifestarían que estimaban el hecho de que la vida venía del Creador y dependía de él. Pero examinemos más detalladamente este asunto.
13 El texto bíblico ya citado aplica a sangre animal. ¿Aplicaría el mismo principio a la sangre humana? Sí, hasta con mayor vigor. Pues Dios pasó a decirle a Noé: “Además de eso, la sangre de sus almas, la de ustedes, la reclamaré. . . . Cualquiera que derrame la sangre del hombre, por el hombre será derramada su propia sangre, porque a la imagen de Dios hizo él al hombre.” (Génesis 9:5, 6) Pues bien, si la sangre animal (que representa la vida animal) era de significado sagrado para Dios, obviamente la sangre humana tenía un significado sagrado de mayor valor todavía. Las personas que cumplieran con estas direcciones divinas no andarían derramando la sangre de seres humanos (o matándolos) ni estarían comiendo sangre animal ni humana.
Sin embargo, ¿era este mandato a Noé solo una restricción limitada o temporánea? ¿Tiene que ver con generaciones posteriores, entre ellas la nuestra?
14 Muchos doctos bíblicos reconocen que Dios aquí puso un reglamento que no aplicaba únicamente a Noé y su familia inmediata, sino también a toda la humanidad desde aquel tiempo en adelante... la realidad es que todo el que ha vivido desde el Diluvio viene de la familia de Noé. (Génesis 10:32) Por ejemplo, en cuanto a la prohibición impuesta sobre la sangre el teólogo y reformador Juan Calvino reconoció que “esta ley había sido dada al mundo entero inmediatamente después del diluvio.”2 Y Gerhard von Rad, profesor de la Universidad de Heidelberg, llama a Génesis 9:3, 4 “una ordenanza para toda la humanidad,” porque toda la humanidad ha descendido de Noé.3
15 Puesto que la ley sobre la sangre estaba enlazada con la declaración solemne de Dios que daba énfasis a que debía mostrarse alta estima para la vida humana, podemos comprender estas observaciones del rabino Benno Jacob:
“Así, las dos prohibiciones van juntas. Son las demandas más elementales que se le hacen a la humanidad en el sentido literal de la palabra. . . . El permiso para comer carne, pero sin su sangre, y la prohibición contra el derramamiento de sangre humana indican el lugar del hombre dentro del mundo de lo vivo . . . En resumen: la razón por la cual se prohíbe la sangre es de carácter moral. . . . El judaísmo posterior consideró que este pasaje establecía la ética fundamental para todo ser humano.” (Cursivas añadidas.)4
De hecho, judíos de tiempos posteriores derivaron de los comienzos de Génesis siete “leyes fundamentales” para la humanidad, y este mandato a Noé y sus hijos acerca de la sangre fue una de éstas.5 Sí, a pesar del hecho de que la mayoría de las naciones no la siguieron, esta ley fue en realidad una ley para toda la humanidad.—Hechos 14:16; 17:30, 31.
16 Más tarde, en su ley dada a la nación de Israel, Jehová Dios prohibió el asesinato, lo cual muestra que el mandato que le había dado a Noé todavía estaba en vigor. (Éxodo 20:13) De manera correspondiente, Dios también prohibió consumir sangre, diciendo:
“En cuanto a cualquier hombre de la casa de Israel o algún residente forastero que esté residiendo como forastero en medio de ellos que coma cualquier clase de sangre, ciertamente fijaré mi rostro contra el alma que esté comiendo la sangre, y verdaderamente la cortaré de entre su pueblo.”—Levítico 17:10.
17 A los israelitas se les permitió usar la sangre de los animales de una sola manera. Esa fue: ofreciéndola en sacrificio a Dios, reconociéndolo como el Dador de Vida a quien estaban endeudados. Él les dijo: “El alma de la carne está en la sangre, y yo mismo la he puesto sobre el altar para ustedes para hacer expiación por sus almas, porque la sangre es lo que hace expiación por el alma [o vida] en ella.”—Levítico 17:11.
18 ¿Qué había de la sangre de los animales que fueran muertos para alimentación, no para sacrificio? Dios dijo a sus adoradores que el cazador que prendiera una bestia salvaje o un ave “en tal caso tiene que derramar su sangre y cubrirla con polvo. Porque el alma de toda clase de carne es su sangre por el alma en ella. En consecuencia dije yo a los hijos de Israel: ‘No deben comer la sangre de ninguna clase de carne, porque el alma de toda clase de carne es su sangre. Cualquiera que la coma será cortado.’”—Levítico 17:13, 14; Deuteronomio 12:23-25.
19 Este derramamiento de la sangre no era sencillamente un rito religioso; realmente era una extensión de la ley divina que se le dio a Noé. Cuando alguien mata un animal, debe reconocer que la vida de éste viene de Dios y le pertenece a él. Al no comer la sangre, sino ‘derramarla’ sobre el altar o en el suelo, el israelita estaba, en realidad, devolviendo la vida de la criatura a Dios.
20 El que un israelita mostrara desprecio a la vida como estaba representada en la sangre se consideraba un mal de suma gravedad. La persona que deliberadamente hiciera caso omiso de esta ley acerca de la sangre había de ser “cortada” de la existencia, ejecutada. (Levítico 7:26, 27; Números 15:30, 31) Se incurría en algún grado de culpa hasta por comer carne con contenido sanguíneo de un animal que hubiera muerto por sí mismo o que hubiera sido muerto por una bestia salvaje.—Levítico 17:15, 16; compare con Levítico 5:3; 11:39.
¿Podía ser descartada en tiempos de emergencia la ley de Dios sobre la sangre?
21 La Biblia responde: No. No había dispensación especial para tiempos de apretura. Podemos ver esto por lo que les ocurrió a unos soldados de Israel en los días del rey Saúl. Hambreados después de una larga batalla, degollaron ovejas y ganado y ‘se entregaron a comer junto con la sangre.’ Tenían hambre y no estaban comiendo sangre deliberadamente, pero en su prisa por comer la carne no se encargaron de sangrar debidamente a los animales. ¿Fue excusado su proceder por el hecho de que parecía que había una “emergencia”? Al contrario, su rey nombrado por Dios reconoció que lo que habían hecho era ‘pecar contra Jehová comiendo junto con la sangre.’—1 Samuel 14:31-35.
¿Aplica a la sangre humana también esta debida aversión a la sangre?
22 Sí. Y eso es completamente entendible, puesto que la ley de Dios prohibía consumir “cualquier clase de sangre,” ‘sangre de toda clase de carne.’ (Levítico 17:10, 14) Podemos ver cómo la nación judía estimaba esta ley al considerar un incidente en que estuvieron envueltos algunos judíos que habían seguido a Jesús y le habían escuchado. En cierta ocasión él habló en sentido figurado acerca de que había que ‘beber la sangre de él,’ porque él sabía que con el tiempo su sangre tenía que ser derramada en una muerte de sacrificio y que resultaría en vida a los que, por fe, aceptaran su sacrificio. (Juan 6:53-58) Obviamente por no darse cuenta de que Jesús estaba hablando en sentido simbólico, algunos de sus discípulos judíos se escandalizaron por sus palabras y dejaron de seguirle. (Juan 6:60-66) Sí, la idea de ingerir sangre humana les era absolutamente repugnante a aquellos adoradores judíos de Dios.

¿QUÉ HAY DE LOS CRISTIANOS?

23 La ley mosaica señaló a la venida y la muerte de sacrificio del Mesías. Por eso, después de la muerte de Jesús los adoradores verdaderos ya no estaban bajo la obligación de observar la ley mosaica. (Romanos 10:4; 6:14; Colosenses 2:13, 14) Las restricciones dietéticas de la Ley, como las que prohibían comer grasa o la carne de ciertos animales, ya no aplicaban.—Levítico 7:25; 11:2-8.
Entonces, ¿aplica a los cristianos la prohibición divina contra la sangre?
24 Este asunto se presentó para consideración en 49 E.C., durante una conferencia de los apóstoles y ancianos de Jerusalén que servían de cuerpo central de ancianos para todos los cristianos. La conferencia se celebró en respuesta a una cuestión acerca de la circuncisión. Este concilio apostólico decidió que los no judíos que aceptaban el cristianismo no tenían que circuncidarse. Durante la consideración, Santiago el medio hermano de Jesús llamó a la atención del concilio otras cosas esenciales que él consideraba que era importante incluir en la decisión de ellos, a saber, “que se abstengan de las cosas contaminadas por los ídolos y de la fornicación y de lo estrangulado y de la sangre.” (Hechos 15:19-21) Se refirió a los escritos de Moisés, que revelan que, aun antes de que se diera la Ley, Dios había desaprobado las relaciones sexuales inmorales, la idolatría y el comer sangre, lo cual incluiría comer la carne de animales estrangulados, la cual contendría sangre.—Génesis 9:3, 4; 19:1-25; 34:31; 35:2-4.
25 La decisión del concilio fue enviada por carta a las congregaciones cristianas. Ahora se encuentra en la Biblia como parte de las Escrituras inspiradas que son provechosas “para enseñar, . . . para rectificar las cosas.” (2 Timoteo 3:16, 17) La decisión fue:
26 “Al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos y de sangre y de cosas estranguladas y de fornicación. Si se guardan cuidadosamente de estas cosas, prosperarán.”—Hechos 15:28, 29.
27 Sí, aunque los cristianos no estaban bajo la ley mosaica, era ‘necesario’ que se abstuvieran de sangre. ¿Fue aquello solo la opinión personal de los apóstoles? De ninguna manera. Como declararon, aquella decisión se hizo de acuerdo con el espíritu santo de Dios.
28 Acerca de aquel decreto cristiano, el profesor Walther Zimmerli, de la Universidad de Göttingen, Alemania, comentó:
“En la decisión acerca de la cual se informa en Hechos 15 la primera congregación judeocristiana hizo una distinción entre la Ley dada a Israel por Moisés y el mandato dado [por medio de] Noé a todo el mundo.”—Zürcher Bibelkommentare.6
29 El mandato de ‘abstenerse de sangre’ no era una simple restricción dietética, sino que era un serio requisito moral, como se ve por el hecho de que para los cristianos aquello era tan serio como ‘abstenerse de idolatría o fornicación.’

LOS CRISTIANOS PRIMITIVOS Y LA SANGRE

30 El concilio de Jerusalén envió esta decisión clara y definida a las congregaciones cristianas, con resultados positivos. En el capítulo 16 de Hechos leemos lo siguiente acerca de Pablo y sus asociados: “Según iban viajando por las ciudades entregaban a los de allí para que los observasen los decretos sobre los cuales habían hecho decisión los apóstoles y ancianos que estaban en Jerusalén. Por lo tanto, en realidad, las congregaciones continuaron haciéndose firmes en la fe y aumentando en número de día en día.”—Hechos 16:4, 5.
¿Era la decisión que se registró en Hechos 15:28, 29 simplemente un requisito temporáneo, no una obligación que continuara sobre los cristianos?
31 Hay quienes han sostenido que el decreto apostólico no era una obligación permanente para los cristianos. Pero el libro de Hechos indica claramente lo contrario. Muestra que, unos diez años después que el concilio de Jerusalén hubo emitido aquel decreto, los cristianos continuaban cumpliendo con la ‘decisión de que se guardaran de lo sacrificado a los ídolos así como de la sangre y de lo estrangulado y de la fornicación.’ (Hechos 21:25) Esto muestra que estaban al tanto de que el requisito de abstenerse de sangre no estaba limitado a los conversos gentiles de alguna zona y no se había de aplicar por solo un breve espacio de tiempo.
32 Pero ¿cuál situación se observó en siglos posteriores cuando el cristianismo se esparció a lugares distantes? Consideremos la evidencia procedente de los siglos que transcurrieron después de publicarse el decreto que se registra en Hechos 15:28, 29.
33 Eusebio, escritor del siglo tercero a quien se considera el “padre de la historia de la Iglesia,” relata lo que sucedió en Lyon (ahora en Francia) en el año 177 E.C. Los enemigos religiosos presentaron contra los cristianos la falsa acusación de que devoraban a niños de tierna edad. Durante la tortura y ejecución de algunos cristianos, una joven llamada Biblias respondió a la falsa acusación, diciendo: “¿Cómo puede ser que nosotros devoremos a niños de tierna edad... nosotros, a quienes no nos es lícito comer la sangre de bestias?”7
34 Falsas acusaciones similares hicieron que el teólogo latino primitivo Tertuliano (c. 160-230 E.C.) señalara que aunque los romanos por lo común bebían sangre, los cristianos ciertamente no hacían aquello. Escribe él:
“Que sus costumbres contranaturales se sonrojen de vergüenza ante los cristianos. Nosotros ni siquiera tenemos la sangre de animales en nuestras comidas, porque éstas consisten de alimento ordinario. . . . En los juicios de los cristianos ustedes les ofrecen embutidos llenos de sangre. Por supuesto, ustedes están convencidos de que la misma cosa con la cual tratan de hacer que se desvíen del camino correcto es ilícita para ellos. Entonces, ¿cómo sucede que, cuando están seguros de que ellos se estremecen ante la sangre de un animal, creen que se pondrán a jadear ansiosamente tras sangre humana?”8
35 Además, refiriéndose al decreto de Hechos 15:28, 29, dice: “Entenderemos que el decreto prohibitorio sobre ‘la sangre’ es mucho mayor [decreto prohibitorio] sobre la sangre humana.”9
36 Minucio Félix, un abogado romano que vivió hasta aproximadamente 250 E.C., dice lo mismo, cuando escribe: “Tanto nos retraemos de la sangre humana, que en nuestro alimento no usamos sangre ni de animales comestibles.”10
37 Tan abundante y clara es la evidencia histórica, que el obispo John Kaye (1783-1853) pudo declarar categóricamente: “Los cristianos primitivos cumplieron escrupulosamente con el decreto que pronunciaron los apóstoles en Jerusalén, pues se abstuvieron de cosas estranguladas y de sangre.”11
Pero ¿son los ‘cristianos primitivos’ y los testigos de Jehová de tiempos modernos los únicos que han adoptado tal punto de vista fundado en la Biblia?
38 De ninguna manera. Comentando sobre Hechos 15:29, el docto bíblico católico Giuseppe Ricciotti (1890-1964) se refiere al incidente de Lyon (ya descrito) como evidencia de que los primeros ‘cristianos no podían comer sangre.’ Entonces añade: “pero aun en los siglos siguientes hasta la edad media, encontramos ecos inesperados de esta primitiva ‘abominación’ [de la sangre], indudablemente por causa del decreto.”12
39 Por ejemplo, el Concilio Quinisexto celebrado en 692 E.C. en Constantinopla declaró: “La Escritura divina nos ordena que nos abstengamos de sangre, de cosas estranguladas, y de fornicación. . . . Si alguien de ahora en adelante se aventura a comer de manera alguna la sangre de un animal, de tratarse de un clérigo, que sea depuesto; de tratarse de un laico, que sea cortado.”13 De manera similar, Otto de Bamberg (c. 1060-1139 E.C.), famoso prelado y evangelista, explicó a unos conversos en Pomerania “que no debían comer nada inmundo, ni que muriera por sí mismo, o fuera estrangulado, o sacrificado a ídolos, ni la sangre de animales.”14
40 Acercándonos más a nuestro tiempo, Martín Lutero también reconoció lo que implicaba el decreto de 49 E.C. Al protestar contra las prácticas y creencias católicas tendió a agrupar el concilio apostólico junto con concilios eclesiásticos posteriores cuyos decretos no eran parte de la Biblia. Así y todo, Lutero escribió lo siguiente acerca de Hechos 15:28, 29:
“Ahora bien, si deseamos tener una iglesia que se amolde a este concilio (como es correcto, puesto que es el primer y principal concilio, y fue celebrado por los apóstoles mismos), tenemos que enseñar, y con insistencia, que desde ahora en adelante ningún príncipe, señor, ciudadano ni campesino coma ganso, gama, ciervo ni cerdo cocinados en sangre . . . Y los ciudadanos y los campesinos tienen que abstenerse especialmente del embutido rojo y la morcilla.”15
41 En el siglo diecinueve, Andrew Fuller, considerado “quizás el más eminente e influyente de los teólogos bautistas,” escribió lo que sigue acerca de la prohibición de Génesis 9:3, 4 sobre la sangre:
“Esto, prohibido a Noé, parece que también ha estado prohibido a toda la humanidad; y esta prohibición no debe tratarse como perteneciente a las ceremonias de la dispensación judía. No solo fue impuesta antes de que existiera aquella dispensación, sino que fue puesta en vigor entre los cristianos gentiles por los decretos de los apóstoles, Hechos XV. 20. . . . La sangre es la vida, y parece que Dios la reclama como sagrada a él.”16
42 ¿Pudiera un cristiano alegar que el ejercicio de lo que algunos llaman “libertad cristiana” debería permitirle pasar por alto esta prohibición que se impuso sobre la sangre? En su libro The History of the Christian Church (La historia de la iglesia cristiana), el clérigo William Jones (1762-1846) responde:
“Nada puede ser más expreso que la prohibición, Hechos XV. 28, 29. ¿Pueden los que reclaman su ‘libertad cristiana’ respecto a este asunto señalarnos alguna parte de la Palabra de Dios en la cual se anule subsiguientemente esta prohibición? Si no, que se nos permita preguntar: ‘¿Por qué autoridad, excepto la Suya, puede revocarse alguna ley de Dios?’”—Pág. 106.
43 La conclusión es clara: Bajo la guía del espíritu santo el concilio apostólico decretó que los cristianos que deseen la aprobación de Dios tienen que ‘abstenerse de sangre,’ como Dios lo ha exigido desde los días de Noé. (Hechos 15:28, 29; Génesis 9:3, 4) Los cristianos primitivos aceptaron y siguieron este punto de vista apoyado por las Escrituras, aun en ocasiones en que el hacer eso les costó la vida. Y a través de los siglos desde entonces este requisito ha sido reconocido como ‘necesario’ para los cristianos. Así, la resolución de los testigos de Jehová de abstenerse de sangre se funda en la Palabra de Dios, la Biblia, y está apoyada por muchos precedentes en la historia del cristianismo.

LA SANGRE COMO MEDICINA

44 Hasta este punto hemos establecido que la Biblia exige lo siguiente: El ser humano no debe sostenerse la vida con la sangre de otra criatura. (Génesis 9:3, 4) Cuando se le quita la vida a un animal, la sangre que representa esa vida debe ser ‘derramada,’ debe ser devuelta al Dador de Vida. (Levítico 17:13, 14) Y, como decretó el concilio apostólico, los cristianos deben ‘abstenerse de sangre,’ lo cual aplica tanto a la sangre humana como a la sangre animal.—Hechos 15:28, 29.
Sin embargo, ¿aplican estas declaraciones bíblicas a la aceptación de sangre transfundida como un procedimiento médico de salvamento, o para salvar vidas?
45 Hay personas que alegan que la Biblia prohíbe el comer la sangre como alimento y que esto es fundamentalmente diferente de aceptar una transfusión de sangre, un procedimiento médico que era desconocido en tiempos bíblicos. ¿Es válido ese punto de vista?
46 No se puede negar que en tiempos bíblicos la ley de Dios tuvo aplicación particular a consumir la sangre como alimento. En aquel tiempo no se practicaba la administración intravenosa de la sangre. Pero, aunque la Biblia no consideró directamente las técnicas médicas modernas que tienen que ver con la sangre, sí de hecho se adelantó a ellas y las abarcó en principio.
47 Note, por ejemplo, el mandato de que los cristianos ‘sigan absteniéndose de sangre.’ (Hechos 15:29) Nada se declara ahí que hubiera de justificar el hacer una distinción entre ingerir sangre por la boca y recibirla por los vasos sanguíneos. Y, realmente, ¿hay en principio diferencia fundamental alguna en esto?
48 Los doctores saben que a una persona se le puede alimentar por la boca o intravenosamente. De manera similar, ciertas medicinas pueden administrarse por diferentes vías. Por ejemplo, hay antibióticos que pueden tomarse oralmente en forma de tabletas o pueden ser inyectados en los músculos de la persona o su sistema circulatorio (intravenosamente). ¿Qué hay si usted hubiese tomado cierta tableta de antibiótico y, por haber tenido una peligrosa reacción alérgica, se le hubiese advertido que se abstuviera de esa droga en el futuro? ¿Sería razonable considerar que esa advertencia médica significaría que usted no podría tomar la droga en forma de tableta, pero que podría inyectársela sin riesgo en la corriente sanguínea? ¡Difícilmente! El punto principal no sería la vía de administración, sino que era necesario que usted se abstuviera por completo de ese antibiótico. De manera similar, el decreto de que los cristianos deben ‘abstenerse de sangre’ claramente abarca introducir sangre en el cuerpo, ya sea por la boca o metiéndola directamente en la corriente sanguínea.
¿Cuánta importancia tiene esta cuestión para los testigos de Jehová?
49 Las personas que reconocen que dependen del Creador y Dador de Vida deben mostrarse resueltas a obedecer sus mandatos. Esta es la firme posición que adoptan los testigos de Jehová. Ellos están plenamente convencidos de que es correcto cumplir con la ley de Dios que manda abstenerse de sangre. En esto no están siguiendo un capricho personal ni algún punto de vista fanático sin fundamento. Es por obediencia a la más encumbrada autoridad del universo, el Creador de la vida, que rehúsan introducir sangre en su organismo por comerla o por transfusión.
50 Por lo tanto, la cuestión de la sangre para los testigos de Jehová envuelve los principios más fundamentales sobre los cuales ellos como cristianos fundan su vida. En juego está la relación de ellos con su Creador y Dios. Además, de todo corazón creen estas palabras del salmista: “Las decisiones judiciales de Jehová son verídicas; han resultado del todo justas. . . . En guardarlas hay grande galardón.”—Salmo 19:9, 11.
51 Personas que solo observen el efecto relativamente inmediato de las decisiones pudieran dudar que el obedecer la ley de Dios acerca de la sangre pueda considerarse ‘galardonador.’ Pero los testigos de Jehová están seguros de que les resultará en bien duradero obedecer las direcciones procedentes de su Creador.
52 El sentir de los cristianos primitivos era el mismo. La historia muestra que a veces su obediencia a Dios se veía sometida a prueba hasta el límite. En el Imperio Romano se hacía el esfuerzo de influir en ellos para lograr que ejecutaran actos de idolatría o participaran en inmoralidad. El resultado de que ellos se negaran a ceder podía ser que se les arrojara en la arena romana para perecer desgarrados por crueles fieras. Pero aquellos cristianos se apegaban a su fe; obedecían a Dios.
53 Piense en lo que aquello envolvía. Para los cristianos primitivos que eran padres, el que rehusaran violar la ley de Dios podía hasta acarrear muerte a sus hijos. Sin embargo, por la historia sabemos que aquellos cristianos no le volvieron la espalda a Dios por temor o falta de fe, ni negaron los principios por los cuales vivían. Creían en las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir.” (Juan 11:25) Por eso, a pesar del costo inmediato, aquellos cristianos obedecían el decreto apostólico de abstenerse de cosas sacrificadas a ídolos, de fornicación y de sangre. Eso indicaba el alto valor que tenía para ellos la fidelidad a Dios.
54 Hoy esa fidelidad tiene el mismo valor para los testigos de Jehová también. Correctamente ellos sienten la obligación moral de tomar decisiones acerca de la adoración para sí mismos y para sus hijos. Por esa razón, los testigos de Jehová no están esperando que ninguna otra persona, sea un médico o el administrador de un hospital o un juez, tome estas decisiones morales en lugar de ellos. No desean que otra persona trate de echarse sobre sus propios hombros la responsabilidad que ellos, los padres, tienen ante Dios, porque en realidad ninguna otra persona puede hacer eso. Es una responsabilidad personal del cristiano para con su Dios y Dador de Vida.

¿ES EL RECHAZO UNA FORMA DE SUICIDIO?

55 En presencia de una pérdida masiva de sangre debido a lesión, enfermedad o complicaciones quirúrgicas, frecuentemente se han administrado transfusiones de sangre con la intención de conservar la vida. Por eso, cuando la gente oye que alguien rehúsa una transfusión de sangre, es posible que piensen que esa persona está en realidad quitándose la vida. ¿Es verdad eso?
¿Es “suicidio” o ejercer el “derecho de morir” de uno el rechazar una transfusión de sangre?
56 Suicidio es procurar quitarse la vida. Es un atentado de autodestrucción. Pero cualquier persona que esté relacionada con las creencias y prácticas de los testigos de Jehová, aunque sea casualmente, puede ver que ellos no están tratando de destruirse. Aunque rechazan las transfusiones de sangre, acogen la ayuda médica de alternativa, los otros métodos de tratar. Correctamente, un artículo de The American Surgeon (El cirujano americano) comentó:
“Por lo general, el rechazar la atención médica no es equivalente a ‘suicidio.’ Los testigos de Jehová procuran la atención médica, pero rechazan solo un rasgo de la atención médica. El rechazar atención médica o partes de tal atención no es un ‘delito’ cometido contra uno mismo por un franco acto del individuo para destruir, como lo es el suicidio.” (Cursivas añadidas.)17
El profesor Robert M. Byrn señaló en el Fordham Law Review (Revista de derecho de Fordham) que ‘el rechazar terapia de salvamento y el atentado de suicidio son tan diferentes en el derecho como lo son las manzanas y las naranjas.’18 Y, hablando a una conferencia médica, el Dr. David Pent, de Arizona, declaró:
“Los testigos de Jehová piensan que, si mueren debido a que rehúsan recibir una transfusión de sangre, están muriendo por sus creencias más o menos como lo hicieron los mártires religiosos primitivos hace siglos. Si esto es suicidio médico pasivo, hay varios médicos en el auditorio ahora mismo que están fumando cigarrillos, y eso probablemente constituye un suicidio tan pasivo como ése.”19
57 ¿Qué hay de la idea de que al rechazar las transfusiones los testigos de Jehová están ejerciendo un “derecho de morir”? La realidad es que los testigos de Jehová quieren permanecer vivos. Por eso procuran la ayuda médica. Pero no pueden violar, y no van a violar, sus convicciones religiosas profundamente arraigadas y fundadas en la Biblia.
58 A menudo los tribunales de justicia han sostenido el principio de que cada individuo tiene derecho a integridad corporal, queriendo decir que al final de cuentas uno mismo tiene la responsabilidad de decidir qué se le ha de hacer a su cuerpo. En realidad, ¿no es eso lo que usted quisiera que pasara si usted estuviera enfermo u hospitalizado? Puesto que es su vida, su salud y su cuerpo, ¿no debería ser usted quien dijera la última palabra en cuanto a si algo se le va a hacer o no?
59 Hay consecuencias lógicas de este punto de vista inteligente y moral. Un folleto producido por la Asociación Médica Americana explica: “El paciente tiene que ser el árbitro final en cuanto a si se arriesgará con el tratamiento u operación que recomiende el médico o si correrá el riesgo de vivir sin tal cosa. Ese es el derecho natural del individuo, reconocido por la ley.” “El paciente tiene el derecho de retraerse de consentir en tratamiento de salvamento. Por consiguiente, puede imponer a su consentimiento los términos, condiciones y limitaciones que desee.”20
60 Eso es tan cierto acerca de la transfusión de sangre como de cualquier otra “terapia de salvamento,” o tratamiento para salvar la vida. El Dr. jur. H. Narr, de Tübingen, Alemania, declaró: “El derecho y el deber de sanar del médico está limitado por la libertad fundamental del hombre a autodeterminación respecto a su propio cuerpo. . . . Lo mismo es cierto de otros tipos de intervención médica, y por lo tanto también del negarse a aceptar transfusiones de sangre.”21
61 Se entiende el que haya quienes se escandalicen ante la idea de que alguien rehúse aceptar sangre cuando el hacerlo pudiera ser peligroso o hasta fatal. Muchos piensan que la vida es la cosa de mayor importancia, que hay que conservar la vida a todo costo. Es verdad que la conservación y preservación de la vida humana es uno de los intereses más importantes de la sociedad. Pero ¿debería esto significar que “la conservación de la vida” viene por encima de todo y cualquier principio?
62 En respuesta a esto, Norman L. Cantor, profesor asociado en la Escuela de Derecho de Rutgers, señaló:
“Se realza la dignidad humana cuando se permite que el individuo determine por sí mismo qué creencias merecen que se muera por ellas. A través de las edades han sido muchas las causas nobles, tanto religiosas como seglares, que han sido consideradas dignas del sacrificio de uno mismo por ellas. Ciertamente la mayoría de los gobiernos y sociedades, entre éstos los nuestros, no consideran que la santidad de la vida sea el valor supremo.”22
El Sr. Cantor dio como ejemplo el hecho de que en las guerras ha habido hombres que voluntariamente se han enfrentado a lesiones y muerte al luchar por “la libertad” o “la democracia.” ¿Consideraron los compatriotas de éstos que esos sacrificios hechos por razón de principios fueran moralmente incorrectos? ¿Condenaron como innoble este proceder las naciones, puesto que algunos de los que murieron dejaron atrás viudas o huérfanos que necesitaban atención? ¿Cree usted que los abogados o los médicos debieron haber procurado órdenes judiciales para evitar que estos hombres hicieran sacrificios por sus ideales? Entonces, ¿no es obvio que la anuencia a aceptar peligros por razón de principios no es cosa singular de los testigos de Jehová y los cristianos primitivos? La realidad es que esa lealtad a los principios ha sido altamente estimada por muchas personas.
63 También, es digno de enfatizarse de nuevo que, aunque los testigos de Jehová no aceptan transfusiones de sangre, acogen tratamientos de alternativa que pudieran ayudar a mantenerlos vivos. Entonces, ¿por qué debería alguien insistir en cierta terapia que violara totalmente los principios de una persona y sus más profundas creencias religiosas, y hasta imponer esa terapia por fuerza?
64 Sin embargo, eso ha ocurrido. Algunos doctores o administradores de hospitales hasta han recurrido a los tribunales para obtener autorización legal para imponerle por fuerza una transfusión de sangre a un individuo. Acerca de los que han adoptado este proceder, el Dr. D. N. Goldstein escribió en The Wisconsin Medical Journal (Publicación médica de Wisconsin):
“Los doctores que han adoptado esta posición han negado los sacrificios de todos los mártires que han glorificado la historia con su devoción suprema a los principios hasta a costo de su propia vida. Porque los pacientes que optan por muerte segura más bien que violar una creencia religiosa son de la misma índole que los que pagaron con su vida por fe en Dios o los que fueron a la pira antes que aceptar el bautismo [obligado]. . . . Nosotros tenemos el deber de salvar la vida, pero bien pudiéramos preguntarnos si no tenemos también el deber de salvaguardar la integridad y conservar las pocas señales de autenticidad personal que continúan presentándose en una sociedad cada vez más regimentada. . . . Ningún médico debería procurar asistencia legal para salvar un cuerpo por medio de destruir un alma. El paciente es dueño de su propia vida.”23

EL PAPEL DEL MÉDICO

65 Hemos visto que los testigos de Jehová, debido a sus firmes creencias religiosas, evitan tanto el alimento que contiene sangre como la sangre administrada como tratamiento médico. Pero ¿cómo afecta esta posición a otras personas, tales como los doctores que tratan a pacientes que son Testigos?
66 Los médicos están dedicados a salvar la vida o prolongar su duración. Esa es su profesión. Por consiguiente, cuando un médico que ha sido educado de modo que considere la transfusión de sangre como práctica reglamentaria o normal está tratando a un paciente que está gravemente enfermo o que ha perdido mucha sangre, pudiera afligirle el enterarse de que el paciente rehúsa aceptar sangre. Aunque la conciencia del paciente, educada según la Biblia, no le permita aceptar una transfusión de sangre, el médico también tiene una conciencia y sigue una ética que le es sumamente importante a él.
¿Debe un médico obrar según la educación que ha recibido y sus convicciones médicas si cree que una transfusión de sangre es necesaria para salvarle la vida al paciente, aunque éste haya rehusado aceptarla?
67 No hay duda de que en estos casos existe una situación delicada. Pero cada persona puede preguntarse: Si yo estuviera en una situación en la cual hubiera un conflicto entre mi conciencia como paciente y la convicción sincera de un médico de cabecera, ¿qué proceder pensaría yo que debería seguirse? Considere las declaraciones que hizo el Dr. William P. Williamson en el Primer Congreso Nacional sobre Ética Médica y Profesionalismo:
“Ciertamente, lo primero en que debe pensar el médico es el bienestar del paciente. Puesto que la vida es un don del Creador al individuo, la decisión primaria correctamente le pertenece al paciente, porque el paciente es el custodio de ese don. . . . El médico debe tratar al paciente dentro de los dictados de la religión del paciente, y no imponer sus propias convicciones religiosas al paciente.” (Cursivas añadidas.)24
68 Hay otra razón, una jurídica, por la cual no se debe ir por encima de la conciencia del paciente. Como escribió el profesor Byrn en Fordham Law Review (Revista de derecho de Fordham): “ . . . No quiero decir que el médico esté obligado por la opción del paciente a hacer algo que esté en contra de la conciencia del médico. . . . Sí quiero decir que el paciente no está obligado por la conciencia del médico a hacer algo que sea contrario a la opción del paciente, y por consiguiente el médico puede tener el derecho y la opción de no hacer nada. La ley de consentimiento informado quedaría sin significado si la opción del paciente tuviera que ceder al juicio de la conciencia médica.” (Cursivas añadidas.)25
69 Existe la posibilidad de que un médico en esta situación ‘no haga nada,’ es decir, que se retire del caso; pero ¿es eso lo único que se pudiera hacer? En su artículo “Procedimientos quirúrgicos de emergencia en testigos de Jehová adultos,” el Dr. Robert D. O’Malley comentó: “La profesión médica no debe aceptar como excusa para abandonar a un paciente el hecho de que éste rehúse aceptar una transfusión de sangre.”26
70 Entonces, ¿qué pudiera hacer el médico? El Dr. J. K. Holcomb declaró lo siguiente en un artículo de fondo de una publicación médica:
“No hay duda de que nosotros, como médicos, nos sentimos frustrados, hasta encolerizados, cuando un paciente obstinado rehúsa aceptar lo que consideraríamos el régimen de terapia preferido. Pero ¿deberíamos honradamente sentirnos así cuando el paciente cita una creencia religiosa como el fundamento por el cual no está dispuesto a aceptar tratamiento específico? Si somos honrados con nosotros mismos, admitiremos que en nuestra práctica cotidiana nos contentamos con dar menos que tratamiento ideal a muchos pacientes. . . . Si podemos hacer esto respecto a nuestras convicciones médicas, ¿no deberíamos de la misma manera estar dispuestos a hacer lo mejor que pudiéramos cuando las convicciones de un paciente, particularmente religiosas, nos impiden ofrecer lo que consideraríamos la forma deseable de terapia? Ordinariamente los pacientes que tienen razones religiosas para no aceptar transfusiones de sangre, etc., están al tanto de los riesgos médicos que están envueltos en su decisión, pero están dispuestos a aceptar esos riesgos y solo piden que nosotros hagamos cuanto podamos.”27
71 Hay otro punto en cuanto al aspecto moral del asunto. John J. Paris, profesor auxiliar de ética social, señaló: “Tanto en la comunidad médica como en la moral hay gran consenso en el hecho de que el individuo no tiene la obligación moral de someterse a tratamiento médico ‘extraordinario.’ Y si el paciente no tiene la obligación moral de someterse a tratamiento ‘extraordinario’ —por común que sea en la práctica regular— tampoco tiene el médico obligación moral alguna de suministrarlo; ni el juez de ordenarlo.”28 Para los testigos de Jehová, que dirigen su vida por la Biblia, las transfusiones de sangre ciertamente son tratamiento “extraordinario.” De hecho, están moralmente prohibidas.

COOPERACIÓN ENTRE EL PACIENTE Y EL MÉDICO

72 Toda persona a quien concierna este asunto puede estar segura de que los testigos de Jehová no son fanáticos que se opongan a la atención médica. Recuerde que el mismo Lucas, que escribió el relato bíblico del decreto contra la sangre, era médico. (Colosenses 4:14) Así, cuando los testigos de Jehová están enfermos o sufren un accidente, no esperan alguna curación milagrosa de “sanidad por fe.” Más bien, buscan ayuda médica. En esto ellos no tratan de dictarles a los médicos cómo practicar la medicina, ni siquiera decirles cómo deben tratar su propio problema particular. Lo que sí piden con consistencia de los médicos es que no se use sangre.
73 Los Testigos estiman altamente el entrenamiento y las aptitudes de las personas del campo médico. Sinceramente aprecian a los médicos que usan su pericia para tratar al paciente, pero que lo hacen en armonía con las creencias que de conciencia sostiene el paciente. Los Testigos reconocen que se necesita valor para que un médico opere sin tener libertad para usar sangre. También requiere cierta medida de valor el oponerse a los puntos de vista de los médicos contemporáneos de uno y concordar en practicar medicina en medio de condiciones que en sentido médico alguien pudiera considerar inferiores a lo óptimo.
74 Naturalmente, los testigos de Jehová saben que algunos procedimientos quirúrgicos pudieran envolver tanta pérdida de sangre que un médico pudiera honradamente creer que no podrían efectuarse bajo las condiciones que presentan los Testigos. Sin embargo, la mayoría de las operaciones quirúrgicas pueden efectuarse sin sangre. Es verdad que los doctores quizás piensen que el no usar sangre hace más peligrosa la operación. Pero los Testigos están dispuestos a encararse a esos riesgos mayores con la ayuda valerosa de los médicos hábiles.
75 Durante una discusión por un grupo de peritos en la Universidad de Pensilvania, el Dr. William T. Fitz relató un caso interesante. Tenía que ver con un paciente de treinta y cuatro años de edad que había sangrado severamente debido a un tumor en el colon. Este hombre, un testigo de Jehová, les dijo a los médicos que “estaba dispuesto a someterse a cualquier procedimiento quirúrgico con tal que no se le diera sangre.” Los doctores concordaron en operar y prometieron que no se administraría sangre. Durante la operación, y después, la pérdida de sangre fue tanta que la hemoglobina del paciente, que normalmente es de 14 ó 15 gramos, bajó a 2,4 gramos. Pero no murió. Más bien, su condición se estabilizó y entonces su hemograma ascendió. Comentando sobre la promesa de los médicos de no administrar sangre, el Dr. Francis Wood, presidente del Departamento de Medicina, dijo: “Creo que ustedes tuvieron todo derecho a hacer la promesa. El hombre iba a morir si no lo operaban. Tenía alguna probabilidad de recuperarse como resultado de la operación sin transfusión de sangre; por lo tanto, creo que ustedes estuvieron perfectamente justificados en darle la oportunidad en armonía con las estipulaciones de él.”29

EXONERANDO DE RESPONSABILIDAD A LOS DOCTORES

76 Los médicos están en situación difícil cuando tratan cualquier caso grave, porque el no usar todos los procedimientos disponibles pudiera envolverlos en una demanda por tratamiento erróneo o ilegal. Sin embargo, los testigos de Jehová están dispuestos a llevar la responsabilidad por negarse a aceptar transfusiones de sangre. Están dispuestos a firmar exoneraciones legales que dejen al personal médico y al hospital libres de toda preocupación en cuanto a demandas, en el caso de que se atribuyera perjuicio al hecho de que hubieran operado sin sangre.
77 La Asociación Médica Americana ha recomendado una hoja para firmarse intitulada “Negativa a permitir la transfusión de sangre” para pacientes que no quieren aceptar sangre debido a creencias religiosas. La hoja dice: “Es mi (nuestra) solicitud que no se administre sangre ni derivados de sangre a ‐‐‐‐‐‐‐‐‐‐ durante esta hospitalización, aun cuando en la opinión del médico de cabecera o sus asistentes ese tratamiento se considere necesario para la conservación de la vida o la promoción del recobro. Exonero (exoneramos) al médico de cabecera, sus asistentes, el hospital y su personal de cualquier y toda responsabilidad por cualesquier resultados adversos que se deban a mi (nuestra) negación a permitir el uso de sangre o sus derivados.”30 El paciente y los testigos presentes deben poner fecha a este documento y firmarlo. Un pariente cercano tal como el cónyuge o uno de los padres (en el caso de un menor) pudiera firmar la hoja también.
78 Otra muestra de que los testigos de Jehová están dispuestos a aceptar responsabilidad personal por su posición en cuanto a la sangre es el hecho de que la mayoría de ellos llevan una tarjeta firmada con esta solicitud: “¡No admito transfusiones de sangre!” Este documento reconoce que el firmante se da cuenta de lo que implica su rechazamiento de la sangre y acepta las consecuencias de ello. Así, hasta si estuviera inconsciente cuando se le llevara a un doctor u hospital, esta declaración firmada muestra claramente su firme posición.
¿Pudiera considerarse responsable a un médico o un hospital si no se da sangre?
79 Un artículo en el University of San Francisco Law Review (Revista de derecho de la Universidad de San Francisco) consideró este punto. Explicó que el juez Warren Burger, quien llegó a ser presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, dijo que un proceso por tratamiento erróneo “parecería estar sin apoyo” en un caso en el cual se hubiera firmado un documento que exonerara de responsabilidad. El artículo continuó de este modo:
“La posibilidad de una acusación criminal es más remota todavía. Cierto comentador que examinó la literatura informó: ‘No he podido hallar ninguna autoridad para la declaración de que el médico incurriría en responsabilidad . . . criminal . . . por no administrar por fuerza una transfusión a un paciente que no la quisiera.’ Ese riesgo parece más el producto de una fértil mente jurídica que una posibilidad práctica.”31
80 Con relación a la situación en Inglaterra, Emergencies in Medical Practice (Emergencias en la práctica médica) dijo: “Si al paciente se le ha aclarado la posición y él muere sin transfusión, no se puede tomar acción contra el médico, puesto que ningún paciente está obligado a conservarse la vida por medio de usar medidas especiales o extraordinarias.”32
81 El doctor que piensa someter al paciente a una operación quirúrgica naturalmente desea explicar con claridad los riesgos en que se pudiera incurrir cuando se rehúsa aceptar sangre. Pero una vez que ha hecho esto, no hay razón para que el médico piense que tiene la obligación moral de ir más allá en el asunto. Ciertamente no sería ético tratar de “agotarle la resistencia” o asustar a un paciente que se ha decidido resueltamente a no aceptar sangre.
82 Puesto que los testigos de Jehová aceptan voluntariamente la responsabilidad por la decisión que toman, los médicos quedan legalmente, y de hecho, moralmente, exonerados de toda obligación de insistir en que se acepte sangre. Y así es como muchos médicos éticos y sinceros prefieren que sea la situación. “Más apremiante no puede ser la necesidad de advertir contra el debilitar el derecho humano a la autodeterminación, incluso el del paciente,” escribió el cirujano G. Haenisch, de Hamburgo, Alemania. “Un otorgamiento de autoridad para que el médico emprenda un tratamiento que a él le parece correcto aunque esté en contra de la voluntad del paciente debe ser rechazado firmemente.”—Deutsche Medizinische Wochenschrift.33
83 En vista de este derecho humano, publicaciones jurídicas y médicas de algunos países han advertido repetidamente que el administrar una transfusión contra los deseos del paciente pudiera exponer al doctor (o al personal del hospital) a acusaciones de asalto y agresión o a una demanda justificada por tratamiento erróneo o ilegal.
¿Qué hay de cuando se administra sangre sin decírselo al paciente, quizás cuando está inconsciente?
84 Muchos médicos sinceros piensan que en algunas situaciones, como cuando hay cáncer incurable, es bondadoso no darle al paciente información completa acerca de su condición. Aunque pudiera haber diversas opiniones en cuanto a lo propio de no dar a conocer todos los detalles de la condición de un paciente, eso es muy diferente de que un médico deliberadamente administre un tratamiento que sabe que el paciente ha prohibido. Escribiendo en el New York State Journal of Medicine (Publicación médica del estado de Nueva York), el Dr. Bernard Garner y sus asociados recalcaron este punto. Reconocieron que ha habido ocasiones en que un médico ha dejado que un paciente que es Testigo haya caído en la inconsciencia y entonces le ha administrado sangre, quizás pensando: ‘Lo que no ve, no le puede hacer daño.’ Pero ellos expresaron enfáticamente esta conclusión: “Aunque el motivo sea altruista, éticamente esto sería de muy mal gusto.”34
85 La razón para esto la aclaró Marcus L. Plante, profesor de derecho de la Escuela de Derecho de la Universidad de Michigan. Él escribió que “el médico tiene una relación fiduciaria [fundada en confianza] con su paciente y debe una obligación absoluta de jamás engañar al paciente ni por lo que diga ni por lo que no diga en cuanto a la naturaleza y el carácter del procedimiento médico que se propone emplear.”35
86 Además, en algunos lugares el que el doctor prometa no administrar sangre y entonces lo haga clandestinamente es una acción ilegal. Por ejemplo, en el Medical Tribune (Tribuna médica) de la Alemania Occidental se señaló que “nada cambia cuando el paciente queda inconsciente.” Eso se debe a que ‘el rechazamiento de una transfusión de sangre, una vez que ha sido declarado expresamente por un paciente competente, también es válido si éste cae en la inconsciencia.’36 Subrayando el asunto con más énfasis, el Tribunal Supremo de Kansas declaró:
“ . . . A cada hombre se le considera amo de su propio cuerpo, y puede, si está en su cabal juicio, prohibir expresamente la ejecución de cirugía de salvamento, o tratamiento médico de otra índole. El doctor quizás crea que una operación o forma de tratamiento es cosa deseable o necesaria, pero la ley no permite que él sustituya su propio juicio por el del paciente por medio de ninguna forma de artificio o engaño.” (Cursivas añadidas.)37
87 Por consiguiente, el engañar a un testigo de Jehová y administrarle sangre a escondidas está contra la ética profesional de los médicos que tienen sentido moral. Expondría a un médico a ser demandado.

RESPETANDO LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES

88 Es probable que el aspecto de este asunto más altamente cargado de emoción tenga que ver con el tratamiento que se administre a un menor. Todos nos damos cuenta de que los niños necesitan cuidado y protección. Particularmente padres que temen a Dios comprenden esto. Ellos aman profundamente a sus hijos y sienten intensamente la responsabilidad que Dios les ha dado de administrarles cuidado y tomar decisiones que resulten en el bienestar duradero de éstos.—Efesios 6:1-4.
89 La sociedad, también, reconoce la responsabilidad de los padres, pues admite que los padres son los que principalmente están autorizados para suministrar a sus hijos lo que necesitan y tomar decisiones por ellos. Lógicamente, las creencias religiosas de la familia están relacionadas con esto. Ciertamente los hijos se benefician de que la religión de sus padres recalque que es necesario que sus padres los atiendan y cuiden. Esa es la realidad en el caso de los testigos de Jehová, que de ninguna manera desean ser negligentes en cuanto a sus hijos. Ellos reconocen como una obligación que Dios les ha dado el suministrar a sus hijos alimento, ropa, abrigo y atención a la salud. Además, un aprecio genuino de que es necesario proveer a los hijos lo que necesitan también requiere inculcar en ellos moralidad y respeto a lo que es correcto. Como ya se ha mencionado, los cristianos primitivos fueron ejemplares en esto; los padres enseñaban a sus hijos y personalmente cumplían con las enseñanzas morales que comunicaban. La historia relata que a veces familias enteras fueron expuestas a la muerte en las arenas romanas debido a que los padres no violaban sus creencias de conciencia.
90 Todos estamos al tanto de que la falta de enseñanza y ejemplo moral por parte de los padres ha contribuido al hecho de que hoy muchos jóvenes no tengan valores fundamentales; poco les importa poner en peligro su salud y vida, así como la vida de otros, en una búsqueda desenfrenada de emociones. ¿No es mucho mejor que los jóvenes tengan padres que promuevan la moralidad y el respeto a altos principios? Los padres que son testigos de Jehová muestran gran amor a sus hijos así como a su Dios por usar la Biblia para ayudar a sus hijos a hacerse personas de moralidad. Así, cuando estos hijos tienen suficiente edad para saber lo que la Biblia dice acerca de la sangre, ellos mismos apoyan la decisión de sus padres de ‘abstenerse de sangre.’—Hechos 15:29
¿Debe un médico pensar que debe administrar sangre a un menor a pesar de lo que resueltamente deseen los padres y quizás hasta el menor mismo?
91 Francamente, en vista del bien reconocido derecho de los padres de llevar la responsabilidad, la posición que es moral, de principios y consistente por parte de un médico es reconocer que los padres amorosos y que se preocupan por sus hijos tienen la responsabilidad de tomar decisiones para sus hijos menores.
92 A este respecto, el Dr. A. D. Kelly, secretario de la Asociación Médica Canadiense, escribió que “los padres de menores y los parientes cercanos de pacientes que hayan caído en inconsciencia poseen el derecho de interpretar la voluntad del paciente y que debemos aceptar y respetar sus deseos. . . . No admiro los trámites de un tribunal reunido como ‘para ejercicio’ a las dos de la mañana para quitar de la custodia de sus padres a un niño.”38
93 Personas de las profesiones médica y jurídica han reconocido que un adulto competente tiene derecho a rehusar una transfusión de sangre. Pero han sostenido que si los padres rehúsan dar permiso para su hijo, la transfusión debería imponerse a la fuerza por orden del tribunal. Esta posición, sin embargo, carece de consistencia y armonía en su fundamento, como se señaló en la publicación Forensic Science (Ciencia forense):
“¿Hemos de suponer, entonces, que los tribunales están dispuestos a asignar a los hijos una religión diferente de la de sus padres, cuando las estadísticas muestran que a la gran mayoría de los niños se les cría en la misma confesión religiosa de sus padres y la siguen? ¿No sería esta situación también una en la cual los tribunales estarían violando en cuanto a los menores los mismos derechos religiosos que el tribunal está tratando de proteger para los adultos bajo la Primera Enmienda [de la Constitución] al no permitir que se efectúe la transfusión por encima de las objeciones del adulto? En esencia, ¿no están las cortes asignando a los menores una religión si niegan transfusiones por razones religiosas para los adultos y las permiten para los hijos de los mismos adultos?”39
94 Muchas veces hay otra crasa inconsistencia moral conectada con el imponer por fuerza una transfusión de sangre a un menor cuyos padres han pedido que se usen otros medios terapéuticos. En algunos hospitales puede suceder que en una sala haya médicos imponiendo por fuerza una transfusión a un infante. Sin embargo, en una sala cercana otros médicos quizás estén practicando abortos legales, terminando vidas unos cuantos meses más jóvenes que la del menor en el cual están poniendo por fuerza sangre ‘para salvar una vida.’ Esto ha hecho que personas pensadoras se hayan preguntado si la ‘conservación de la vida’ es siempre la verdadera cuestión detrás de las transfusiones impuestas a la fuerza.
95 Considere lo que está implicado en el tratamiento médico autorizado por el Estado que a la fuerza quita de los padres el derecho de asumir responsabilidad por sus hijos. En Escocia, A. D. Farr, un conferenciante universitario sobre técnicas de la transfusión de sangre, escribió lo que sigue sobre imponer por fuerza transfusiones en adultos y menores:
“El revocar respecto a una creencia religiosa minoritaria se extiende a revocar el entero principio de que a un adulto se le permita aceptar o rechazar una forma particular de tratamiento médico. . . . El Estado va apoderándose gradualmente de la función de tomar decisiones para el individuo. Así es como los países libres cesan de ser libres y se hacen totalitarios. Ciertamente fue por apoderarse de los niños alemanes para meterlos en el movimiento de la Juventud de Hitler que finalmente se suprimieron la libertad y el poder obrar privadamente en la Alemania nazi. Esto no es simple especulación imaginativa. La libertad es una posesión preciosa y comparativamente rara, que ha de ser vigilada celosamente en los países en los cuales existe. Una sola usurpación de la libertad individual representa haberse pasado ya de lo admisible.”40
96 Además, aun en el caso en que un médico sinceramente creyera que un menor necesitara una transfusión de sangre, ¿querría decir eso que de ninguna manera se pudiera usar otra terapia? ¿O querría decir, en vez de eso, que el médico cree que una transfusión ofrece mayor probabilidad de buen éxito que las terapias de alternativa? Con relación a esto, un concilio de jueces de los Estados Unidos escribió lo siguiente en “Guías al juez sobre órdenes médicas que afectan a menores”:
97 “Si hay opción entre procedimientos —por ejemplo, si el médico recomienda un procedimiento que tiene una probabilidad de 80 por ciento de alcanzar buen éxito pero que no recibe la aprobación de los padres, y los padres no objetan a un procedimiento que solo tiene una probabilidad de 40 por ciento de alcanzar buen éxito— el médico debe adoptar el proceder más arriesgado en sentido médico, pero al cual los padres no objetan.”41
98 Estos jueces también dijeron que “el conocimiento médico no está lo suficientemente adelantado como para que un médico pueda predecir con seguridad razonable que su paciente haya de vivir o morir o experimentar daño físico o deformidad permanentes.” ¿No hay mucha verdad en eso? ¿No dan énfasis las autoridades médicas al hecho de que lo mejor que pueden hacer es decir lo que parece probable que suceda? Por consiguiente, muchos médicos y cirujanos respetados han cooperado con los testigos de Jehová y suministrado excelente tratamiento médico para jóvenes y viejos mientras han respetado sus convicciones fundadas en la Biblia en cuanto a la sangre.

TRATANDO AL “HOMBRE TOTAL”

99 Personas del campo médico van comprendiendo con cada vez mayor claridad que es importante tratar con el paciente como “hombre total.” Lo que necesita tratamiento no es solo una tiroides ni un hígado, sino una persona entera, un ser humano con sentimientos y creencias que de hecho pueden influir en su respuesta al tratamiento. En un artículo de fondo en Texas Medicine (Medicina de Tejas), el Dr. Grant F. Begley escribió que “cuando yo trato una enfermedad que afecta el cuerpo, la mente y el espíritu de la persona a quien atiendo, lo que importa es lo que ella cree. Las creencias de ella, no las mías, son las que hacen que tema, dude, y sienta culpa. Si mi paciente no cree en las transfusiones de sangre, lo que yo crea acerca de ellas no importa.”42
100 El tratar al “hombre total” es tanto lo bondadoso humanamente como lo práctico, en vista de los trágicos resultados que pueden producirse de hacer otra cosa. “El médico de percepción,” recomendó con ahínco el Dr. Melvin A. Casberg en The Journal of the American Medical Association (Publicación de la Asociación Médica Americana), “tiene que estar consciente de estos aspectos separados, pero relacionados entre sí, del cuerpo, la mente y el espíritu, y comprender que sanar al cuerpo cuando hay una mente o espíritu quebrantado es solo una victoria parcial, o hasta, finalmente, una derrota.”43
101 Así, el médico sigue el proceder de la sabiduría y trata al “hombre total” cuando muestra respeto a las convicciones religiosas de su paciente en cuanto al uso de sangre.

¿ES MÉDICAMENTE IRRAZONABLE LA POSICIÓN DE LOS TESTIGOS?

102 Aunque fundamentalmente la objeción de los testigos de Jehová a las transfusiones de sangre tiene razones religiosas, esta posición les parece médicamente irrazonable a muchas personas. Pero ¿será cierto eso? Puesto que la posición que adoptan los testigos de Jehová en contra de la sangre se relaciona con una cuestión médica, es provechoso hacer un examen breve de lo que está implicado médicamente en no querer aceptar sangre.
103 En tan solo los Estados Unidos, el Japón y Francia, anualmente se transfunden aproximadamente 15 millones de unidades de sangre (500 cc. cada una). Es apropiado preguntar: ¿Se da toda esta sangre porque se necesite para salvar vidas?
104 La conclusión a que llegaron 800 médicos europeos que se congregaron en París fue que “con demasiada frecuencia se tiene a la sangre como un ‘tónico milagroso’ que se le da al paciente sea que lo necesite o no.” Estos médicos expresaron desaprobación particular de las transfusiones de una sola unidad, de las cuales dijeron que “de cada 100 veces,” son “inútiles 99.”44 Un estudio hecho en los Estados Unidos sugirió que el 72 por ciento de las transfusiones que se administran en algunos lugares son ‘innecesarias o de dudoso valor.’45
105 El Dr. Rune Eliasson, de Estocolmo, Suecia, presentó la opinión de que “muchos médicos, quizás engañados por el poder de la palabra sobre la mente, hasta tal grado y con tanta facilidad se han dejado cegar por el halo con el cual ellos mismos han rodeado la transfusión de sangre que no se les hace posible ver en su perspectiva apropiada las ventajas y desventajas de esta forma de tratamiento.”46
106 Sea que usted concuerde o no con las razones religiosas que tienen los testigos de Jehová para no aceptar transfusiones de sangre, las “ventajas y desventajas de esta forma de tratamiento” merecen consideración. Especialmente es así esto cuando se considera que algunos jueces que han tratado el asunto de las transfusiones han recomendado que se debe cumplir con los deseos del paciente de recibir tratamiento de alternativa si hay riesgo definido asociado con el tratamiento reglamentario o normal.

LA SANGRE... COMPLEJA Y SINGULAR

107 Aunque puede que haya personas que se apresuren a llamar “suicida” el rechazamiento de una transfusión de sangre, un enfoque imparcial del asunto exige reconocer el hecho de que hay incertidumbres y hasta peligros asociados con la transfusión de sangre.
108 Los médicos saben que la sangre es extremadamente compleja. Esto se manifiesta hasta en solo el asunto de los tipos de sangre. Las obras de consulta declaran que hay de quince a diecinueve sistemas de grupos sanguíneos conocidos. Acerca de solo uno de éstos, el sistema de grupos sanguíneos Rh, un libro reciente acerca de la sangre dijo que “en la actualidad, teóricamente se pueden reconocer casi trescientos diferentes tipos de Rh.”47
109 Otro aspecto de la complejidad y singularidad de la sangre de cada persona es la variedad de anticuerpos que hay en ella. En una reunión de científicos en Zurich, Suiza, un grupo de criminólogos ingleses señaló que los anticuerpos son tan diversos que se pudiera decir que la sangre de cada persona es específica y singular. Los científicos esperan poder “reconstruir de una gota de sangre la imagen de la personalidad de todo individuo que deje tras de sí algún vestigio sanguíneo.”48
110 El hecho de que la sangre sea un tejido extremadamente complejo que difiera de una persona a otra tiene importante significación con referencia a la transfusión de sangre. Esto lo hizo notar recientemente el Dr. Herbert Silver, de la División del Banco de Sangre e Inmunohematología del Hospital de Hartford (Connecticut, E.U.A.). Él escribió que, considerando solo los factores sanguíneos para los cuales se pueden hacer análisis, “hay menos de una probabilidad en 100.000 de dar a una persona sangre que sea exactamente como la de ella.”49
111 Por consiguiente, muchas personas, fuera que tuvieran objeciones religiosas a las transfusiones de sangre o no, pudieran rehusar transfusiones de sangre sencillamente debido a que se trata esencialmente de un transplante orgánico que en el mejor de los casos es solo parcialmente compatible con su propia sangre.

LAS TRANSFUSIONES DE SANGRE... ¿CUÁNTO PELIGRO VERDADERO EN ELLAS?

112 Los médicos saben que en cualquier preparación médica hay algún riesgo, hasta en el caso de medicinas tan comunes como la aspirina y la penicilina. Por consiguiente, bien debería esperarse que el tratamiento con una sustancia tan compleja como la sangre humana envolviera algún peligro. Pero ¿precisamente cuánto peligro? ¿Y cómo debería influir esto en la manera en que un médico viera la posición que adoptan los testigos de Jehová?
113 Un avalúo franco de los hechos prueba que honradamente la transfusión de sangre debe considerarse como un procedimiento que envuelve considerable peligro y que es hasta potencialmente mortífero.50
114 El Dr. C. Ropartz, director del Departamento Central de Transfusiones de Ruán, Francia, declaró que “una botella de sangre es una bomba.” Puesto que puede suceder que los resultados peligrosos no aparezcan sino hasta transcurrido algún tiempo, añadió, “además, quizás sea también una bomba de explosión retardada para el paciente.”51 Una publicación del gobierno de los Estados Unidos llevó un artículo acerca de los peligros de la sangre y dijo que
“ . . . el donar sangre se puede comparar a enviar una pistola cargada a una persona que no sospecha nada o que no está preparada para ello. . . . Como la pistola cargada, hay un dispositivo o botón de seguridad que gobierna las transfusiones de sangre. Pero ¿cuántas personas han muerto por heridas de una pistola porque creyeron que el dispositivo estaba en ‘seguro’?”52
¿Pueden los médicos conocedores despedir de la mente como exageraciones los peligros que ya se han declarado?
115 Difícilmente, porque con frecuencia a los médicos se les hace sentir por experiencia la realidad de los peligros. “No hay producto biológico,” escribió Winfield S. Miller en Medical Economics (Economía médica), “que tenga mayor potencialidad para la comisión de errores fatales en la práctica médica que la sangre. Más de un médico ha aprendido para su tristeza que cada botella de sangre que hay en los bancos de sangre es potencialmente una botella de nitroglicerina.”53
116 Puede ser que ni el paciente ni su familia se den cuenta de los peligros hasta cuando ya es demasiado tarde. El Dr. J. Garrott Allen, de la Universidad de Stanford, prominente perito en el problema de la sangre, calculó que las transfusiones de sangre matan por lo menos a 3.500 estadounidenses cada año y lesionan a otros 50.000.54 Pero hay fuerte razón para creer que esta cantidad calculada en realidad es menor de la real. Por ejemplo, recientemente Southern Medical Journal (Publicación médica del Sur) sugirió que el cálculo de que hay “entre 3.000 y 30.000 muertes atribuibles a las transfusiones” es probablemente un cálculo conservador.55 Y tenga en mente que estas cifras son para un solo país, sin decir nada del resto del mundo.
117 En una reunión del Colegio Americano de Cirujanos el Dr. Robert J. Baker informó que el ‘peligro de efectos adversos debidos a la sangre es mucho mayor de lo que antes se creía, pues de cada 20 pacientes, uno desarrolla una reacción.’ ¿Cuántas personas se dan cuenta de esto? El Dr. Charles E. Huggins, director asociado de un gran banco de sangre, al mostrar por qué este informe debe interesarnos a todos, añadió: “El informe infunde temor pero armoniza con la realidad, porque toda institución [por todo] el mundo se encara al mismo problema.”56
118 ¿Hay alivio a la vista? Muchas personas, quizás hasta algunas de la profesión médica, probablemente crean que la ciencia ha estado logrando verdadero adelanto en vencer los peligros de la transfusión de sangre. Pero, como se declaró en un número reciente de la publicación Surgery (Cirugía), “se han propuesto problemas nuevos de gran importancia con relación a las transfusiones masivas, problemas que casi no se consideraban o de ningún modo se consideraban hace solo cinco años, pero que pudieran sobrepujar a casi todos los problemas que han persistido en la conciencia de los encargados de bancos de sangre, los clínicos e investigadores durante los primeros 40 años del almacenamiento clínico de la sangre.”57

¿QUÉ PELIGROS HAY?

119 Sin elaborar sobre el hecho de que los peligros sí existen, brevemente podemos examinar cuáles son algunos de éstos. Aunque muchos médicos están familiarizados con la siguiente información, ésta pudiera ayudar a otras personas a comprender que, aunque la posición que adoptan los testigos de Jehová la adoptan por razones religiosas, tiene mérito desde el punto de vista médico.
120 El libro de texto Hematology (Hematología) contiene esta tabla:58

Tipos de reacciones a las transfusiones

  • Febril
  • Anticuerpos de leucocitos
  • Anticuerpos de plaquetas
  • Pirógenos
  • Alérgica
  • Hemolítica
  • (transfusión incompatible)
  • Transmisión de enfermedad
  • Hepatitis por suero
  • Paludismo
  • Sífilis
  • Infección de citomegalovirus
  • Gran contaminación bacteriana
  • Sobrecarga cardíaca
  • Intoxicación por citrato
  • Intoxicación por potasio
  • Sangrar anormalmente
  • Transfusión incompatible
  • Transfusión masiva
  • Isosensibilización
  • Hemosiderosis por transfusión
  • Misceláneo
  • Tromboflebitis
  • Aeroembolismo
  • Inyección de material extraño
121 Estos numerosos tipos de reacciones a las transfusiones ciertamente son serios, porque pueden causar la muerte. Consideremos algunos.
122 La tabla presenta en primer lugar algunas de las reacciones “inmediatas.” Una reacción febril o productora de fiebre por lo general puede ser tratada con buen éxito. Sin embargo, como informa el profesor de medicina James W. Linman, “ocurren severas reacciones febriles y pueden ser lo suficientemente intensas como para amenazar la vida de ciertos pacientes que estén agudamente enfermos.”58 La sangre mal casada puede producir una reacción hemolítica, con rápida destrucción de los glóbulos rojos, lo cual puede resultar en falla renal, choque y muerte. Las reacciones hemolíticas son especialmente peligrosas para los pacientes que están bajo anestesia, porque pudiera suceder que los síntomas no se notaran sino hasta cuando fuera demasiado tarde.59
123 La “transmisión de enfermedad” también está alistada entre las reacciones posibles. ¿Hay peligro substancial desde ese ángulo?
124 La hepatitis B (hepatitis por suero) es una complicación particularmente peligrosa de las transfusiones de sangre. Es posible que, sin que se sospeche, la sangre de un donador contenga el virus de la hepatitis que puede perjudicar la salud de la persona que reciba la sangre, o hasta matar a la persona. Mientras más transfusiones reciba alguien, mayor probabilidad hay de que contraiga hepatitis por suero. Pero no se necesita muchísima sangre. Menos de una gota es suficiente; la enfermedad se puede contraer de una cantidad tan pequeña como la de un millonésimo de mililitro de sangre infectada.60
125 ¿Cuánta probabilidad hay de que uno contraiga hepatitis por medio de una transfusión de sangre? Hasta algún grado eso depende de dónde uno viva, puesto que la hepatitis que se manifiesta después de una transfusión es más común en los países en que alguna de la sangre viene de “donadores” pagados, personas que venden su sangre.
126 Un avalúo que con frecuencia aparece en publicaciones médicas señala que un por ciento, o una persona de cada cien, contrae hepatitis después de una transfusión.61 Sin embargo, la evidencia indica que la verdadera incidencia pudiera ser mucho más alta. Esto se debe a que la hepatitis B tiene un período de incubación de hasta seis meses, de modo que puede suceder que la enfermedad no aparezca sino hasta mucho después de la transfusión. Los Drs. John B. Alsever y Peter Van Schoonhoven escribieron en Arizona Medicine (Medicina de Arizona):
“Durante los pasados diez a quince años su incidencia en centros de sangre de grandes comunidades ha sido de aproximadamente 1% en estudios retrospectivos informados de enfermedad clínicamente evidente. Sin embargo, cuando en el laboratorio se estudia con la vista en el futuro y a intervalos de 2 a 4 semanas a pacientes que han recibido transfusiones, se encuentra hasta diez veces mayor incidencia de infección.”62
127 Considere esto desde otro punto de vista. Con frecuencia se ha dicho que en los Estados Unidos anualmente hay 30.000 casos de hepatitis después de las transfusiones, y de 1.500 a 3.000 muertes.63 Si ésa fuera la situación, sería suficientemente seria. Sin embargo, información provista por el Centro (gubernamental) para el Control de Enfermedades señala que una cifra conservadora para los casos de hepatitis B es de 200.000 o más anualmente.64 Y ¿quién puede siquiera calcular el número total de casos de hepatitis relacionados con transfusiones para toda la América del Norte y el Sur, Europa, África y Asia?
128 Por supuesto, hay quienes consideran como riesgo justificable la posibilidad de adquirir hepatitis de una transfusión de sangre. Un médico pudiera razonar así: “Preferiría tener a mi paciente vivo con hepatitis, la cual yo puedo tratar, que muerto por no aceptar una transfusión.” Pero ese razonamiento no es fundamento válido para considerar como ‘suicidas’ las objeciones del paciente por conciencia a una transfusión y pensar que no son dignas de tomarlas en cuenta.
¿Puede asegurársele razonablemente a un paciente que sobrevivirá si adquiere hepatitis por una transfusión?
129 Un hecho que debe provocar serio pensamiento es que las autoridades confiesan que de 10 a 12 por ciento de los que contraen hepatitis de suero por transfusiones mueren como resultado de ello.65 En el caso de personas de más de cuarenta años de edad, la proporción de mortandad es de 20 por ciento... de cada cinco, una.66 En pacientes de más de sesenta años de edad, aproximadamente la mitad mueren de la hepatitis.67
130 Además, no hay manera segura de eliminar el alto riesgo de contraer hepatitis de las transfusiones. The Journal of Legal Medicine (Publicación de medicina legal) reconoció que “ninguno de los métodos ahora conocidos de conservar la sangre posee propiedades antivirus. Cualquier modalidad que destruya o hasta atenúe al virus de la hepatitis también destruye la sangre o la fracción sanguínea.”68
131 ¿Qué hay de los adelantos en las técnicas de los análisis para identificar y así eliminar la sangre contaminada? El Dr. M. Shapiro, del Servicio de Transfusiones de Sangre Sudafricano, recientemente señaló que “hasta con las pruebas más sensitivas quizás solo 1 de cada 8 o hasta menos casos de la hepatitis que aparece después de las transfusiones puede evitarse por solo el examen de la sangre de los donadores en el laboratorio.”69
132 Por consiguiente, hasta si el único peligro que hubiera de que se manifestara en uno una enfermedad después de una transfusión fuera el de la hepatitis por suero, habría suficiente razón médica para tener recelos en cuanto a aceptar sangre. Sin embargo, la realidad es que la hepatitis es solo uno de los riesgos. Note estos otros:
133 “La sangre debe considerarse medicina peligrosa, y debe usarse con la misma cautela que, por ejemplo, la morfina.”70 Así, el profesor H. Busch, un director de medicina de transfusión, terminó un informe a una asamblea de cirujanos de Alemania del Norte. En el informe él mencionó un dilema en cuanto a las transfusiones de sangre. Dijo que para su óptimo valor biológico la sangre donada debería de transfundirse dentro de veinticuatro horas; después de eso los riesgos metabólicos aumentan debido a los cambios que ocurren en la sangre almacenada. Por otra parte, la sangre tiene que ser almacenada por lo menos por setenta y dos horas, porque si no, puede pasar la sífilis. Y hasta análisis hechos para identificar la sangre sifilítica no son salvaguarda, porque no detectan la sífilis en sus primeras etapas. No hay que describir aquí el perjuicio que le puede venir a la persona que recibe sangre infectada de sífilis, además del perjuicio que le viene a su familia.
134 El informe alemán también dio énfasis al peligro de las transfusiones de sangre que esparcen infecciones citomegalovirales y paludismo. Se sabe que el citomegalovirus es especialmente peligroso para los menores. Con buena razón, pues, se les advirtió a los doctores alemanes acerca de los “muy serios resultados, hasta fatales,” que pueden tener las transfusiones de sangre. Y la Asociación Médica Americana avisó que “con el aumento en el viaje internacional en el mundo y el regreso de soldados desde zonas endémicas, ha aumentado la incidencia del paludismo entre los que han recibido transfusiones de sangre.”71
135 En las zonas tropicales hay varias otras enfermedades que se pueden transmitir por las transfusiones de sangre, como la enfermedad de Chagas (que tiene una proporción de fatalidades de una por cada diez casos), la tripanosomiasis africana (la enfermedad del sueño africana), la frambesia y la filariasis.72
136 Otro peligro que no puede ser pasado por alto es una gran contaminación bacteriana de la sangre. Ciertos tipos de bacteria pueden multiplicarse hasta en la sangre enfriada y presentan una grave amenaza a cualquier persona que después reciba esa sangre. Aunque son menos los pacientes que experimentan esta complicación que los que experimentan, digamos, hepatitis de suero, los resultados son trágicos para los que sí experimentan esto. La mortalidad está entre 50 y 75 por ciento.73
137 ¿Qué encierra el futuro en cuanto a los peligros asociados con las transfusiones de sangre? “La lista de enfermedades transmitidas,” informa el Dr. John A. Collins, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, “variará y ciertamente crecerá, y probablemente haya considerable inquietud a medida que se vayan identificando más virus relacionados con tumores en la sangre humana.”74 Por consiguiente, muchos hospitales ahora exigen que el paciente firme una exoneración o un acuerdo de no considerar responsable al doctor o al hospital por el daño que resulte de una transfusión de sangre.75
138 ¿Significa esta breve consideración de algunos de los riesgos médicos de la sangre que los testigos de Jehová se oponen a las transfusiones principalmente por razones médicas? No, no es así. La razón fundamental por la cual ellos no aceptan transfusiones de sangre es por lo que la Biblia dice. Su objeción es fundamentalmente religiosa, no médica. No obstante, el hecho de que haya graves riesgos en la aceptación de sangre sencillamente subraya lo razonable de la posición que adoptan los testigos de Jehová, hasta desde un punto de vista médico.

TERAPIAS DE ALTERNATIVA

139 Si el proceder que adoptan los testigos de Jehová fuera fanático y no tuviera fundamento e inevitablemente significara perjuicio para ellos mismos y quizás otros, habría razón para que se expresara preocupación. Con relación a esto bien se pudiera preguntar:
¿Es tan incompatible con las normas de la sociedad humana y con el conocimiento médico el punto de vista religioso adoptado por los testigos de Jehová que no haya modo razonable de avenirse a él?
140 La respuesta fáctica es que su objeción con fundamento bíblico a la sangre ciertamente es cosa con la cual puede haber avenimiento práctico en la mayoría de los casos por medio del uso de otras terapias, o terapias de alternativa.
141 Como bien se sabe, en casos de cirugía electiva los médicos pueden ‘fortalecer la sangre del paciente’ antes y después, como con aminoácidos y compuestos de hierro administrados oralmente o por inyección76; esto puede minimizar cualquier necesidad de transfusiones. La hipotermia profunda (disminuir la temperatura corporal del paciente) ha resultado ventajosa en minimizar la pérdida de sangre durante la cirugía, hasta en niños de tierna edad.78 De manera similar, el inducir hipotensión (disminuir la presión de la sangre) puede aminorar el flujo de la sangre desde los vasos sanguíneos pequeños durante la intervención quirúrgica. Y lo que probablemente ha tenido el mejor éxito es atención meticulosa a sellar hasta el más pequeño de los vasos sanguíneos cortados. En American Journal of Obstetrics and Gynecology (Publicación americana de obstetricia y ginecología), cierto doctor que ha operado a muchos testigos de Jehová dijo:
“No hay duda de que el verse operando sin la posibilidad de administrar una transfusión hace que uno mejore su cirugía. Uno se hace considerablemente más agresivo en aplicar sujeción a todo vaso sangrante.”79
Si un paciente ha perdido mucha sangre durante cirugía o debido a un accidente, ¿es razonable el punto de vista de que lo único que se puede hacer es administrar sangre?
142 Unos datos presentados por el profesor James W. Linman en Hematology (Hematología) suministran un excelente fundamento para evaluar la respuesta:
“La sangre no es un tónico ni un estimulante; no promueve el cierre de heridas ni suprime una infección; y rara vez, si alguna, es su capacidad de portar oxígeno un factor limitativo en la cirugía. Una transfusión sirve solo para aumentar el volumen total de la sangre, para acrecentar la capacidad de portar oxígeno de la sangre, y como fuente de constituyentes normales del plasma.” (Cursivas añadidas.)80
143 Considere primero el asunto de “aumentar el volumen total de la sangre.” Con bastante frecuencia, cuando una persona pierde mucha sangre lo que fundamentalmente se necesita para evitar que entre en choque y muera es reemplazar el volumen de fluido que se ha perdido. En un congreso de la Asociación Médica Sudafricana, un especialista en transfusiones de sangre explicó que una persona pudiera perder hasta 1,5 litros (más de tres pintas) de sangre y todavía tener más del 60 por ciento de sus glóbulos rojos,81 una cantidad adecuada para nutrir los tejidos. Pero la persona necesita más fluido en sus vasos sanguíneos para mantener en circulación los glóbulos rojos.
144 La publicación británica Anaesthesia (Anestesia) informó que las soluciones no sanguíneas hacen esto más eficazmente que las transfusiones de sangre, porque no disminuyen la eficiencia cardíaca, una complicación no infrecuente cuando se administra transfusión de sangre. El artículo dijo que a veces cuando cantidades aparentemente adecuadas de sangre total no produjeron el resultado deseado en un caso de traumatismo, con frecuencia el usar soluciones no sanguíneas produjo mejora dramática. De ahí que el artículo dijera:
“Sin embargo, hasta cuando hay disponible un suministro adecuado de sangre total, es dudoso que éste sea el fluido que deba seleccionarse para el tratamiento inicial para transfundir rápidamente a los pacientes crasamente hipovolémicos [los que han perdido mucha sangre].”82
145 ¿No es lógico el que normalmente una persona pudiera perder el equivalente de una unidad (500 cc.) o más de sangre sin resultados fatales? Muchas personas han donado una unidad de sangre y entonces han pasado directamente a sus actividades del día. Estudios clínicos controlados han indicado que una persona que tuviera ‘un gran volumen sanguíneo podría tolerar la pérdida de hasta dos litros [2.000 cc.] de sangre total’ sin que se requiriera nada sino reemplazar el fluido perdido con soluciones no sanguíneas.83
146 Pero ¿qué hay de “acrecentar la capacidad de portar oxígeno de la sangre”? Los médicos saben que las soluciones de alternativa no son realmente “sustitutos para la sangre.” ¿Por qué no? Porque la hemoglobina de los glóbulos rojos lleva el oxígeno a todas partes del cuerpo. Las soluciones no sanguíneas no contienen esta sustancia.
En el caso de un paciente que haya perdido mucha sangre, ¿es necesario administrar sangre total o glóbulos rojos empaquetados para suministrar oxígeno a todo su cuerpo?
147 Con frecuencia se presenta este punto de vista, pero ¿encaja con la realidad?
148 Normalmente, la persona tiene 14 ó 15 gramos de hemoglobina en cada 100 cc. de sangre. Por lo general los médicos adoptan el punto de vista de que ‘bajo condiciones complejas una hemoglobina de 10,3 a 10,5 gramos se considera como el valor bajo que es seguro para la cirugía corriente.’84 Pero, en realidad, gran parte de la hemoglobina de la persona se mantiene en reserva para ser usada durante esfuerzo estrenuo; por eso, frecuentemente un paciente encamado se encuentra cómodo con tan poca cantidad como la de 5 ó 6 gramos.85 M. Keith Sykes, profesor de Anestesia Clínica en la Universidad de Londres, recientemente señaló: “Aunque la mayoría de los centros escogen un valor de 9 ó 10 g por ciento como la línea divisoria entre aceptación y rechazo para operaciones electivas, hay que enfatizar que no hay prueba concluyente de que los valores por encima de este nivel sean ‘seguros’ ni de que los valores por debajo de este nivel impartan un riesgo adicional a la cirugía. Por lo tanto, no parece razonable escoger una cifra arbitraria como nivel aceptable de hemoglobina.”86 De manera semejante, el Dr. Jeffrey K. Raines, del Hospital General de Massachusetts, declaró que “podemos dejar que el hematócrito baje mucho más de lo que habíamos creído. Solíamos creer que el paciente tenía que tener una hemoglobina de 10, pero ahora sabemos que realmente no es así.”87 El Dr. Ricardo Vela, de un departamento de anestesia de Madrid, España, tuvo experiencia con relación a esto con pacientes que son testigos de Jehová. Él escribió que niveles muy bajos de hemoglobina que anteriormente hubieran sido considerados prohibidos ‘fueron sorprendentemente bien tolerados por los pacientes.’88
149 Hay otro aspecto de este asunto que no ha sido extensamente evaluado, hasta en el campo médico.
¿Acrecienta inmediatamente una transfusión la capacidad de portar oxígeno de la sangre?
150 Son muchas las personas que creen que así es, pero un artículo de fondo reciente en Anaesthesia (Anestesia) hizo esta significativa declaración: “Vale la pena recordar también que la hemoglobina de glóbulos rojos almacenados, citratados, no está plenamente disponible para la transferencia de oxígeno a los tejidos por unas 24 horas después de la transfusión . . .; por lo tanto la transfusión rápida de sangre debe considerarse principalmente como simplemente un medio de expandir el volumen de la sangre en las etapas iniciales.”89 Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (E.U.A.) hallaron que esto se debía a que en la sangre almacenada ocurren cambios químicos. Su investigación mostró que la sangre que ha estado almacenada por más de diez días “no mejora la entrega de oxígeno inmediatamente después de la transfusión, y hasta pudiera empeorarla.” Y descubrieron que la entrega de oxígeno todavía estaba por debajo de lo normal veinticuatro horas después.90
¿Cuáles son algunos de los fluidos no sanguíneos que se pueden usar en vez de transfusiones de sangre? ¿Se les está usando eficazmente? ¿Qué ventajas tienen?
151 Probablemente el reemplazo de plasma más extensamente disponible y más frecuentemente usado en emergencias es la sencilla solución salina (0,9%). Es fácil de preparar, barata, estable y químicamente compatible con la sangre humana.91 El lactato de Ringer (de Hartmann) es otra solución electrolítica o cristaloide que se ha usado con buen éxito en casos de quemaduras masivas y cuando pacientes de cirugía han perdido hasta el 66 por ciento del volumen fluido de su sangre.92
152 Otra vía es reemplazar la sangre perdida con coloides como dextran. Esa solución es una solución clínica de azúcares que ha resultado valiosa tanto en la cirugía como en tratar casos de quemadura y choque.93 A veces se combina con una solución tope de sal para aprovechar las mejores propiedades de ambas. Haemaccel y una solución hidroxietílica de almidón se han empleado también con buenos resultados en varias situaciones operatorias como sustancias para expandir el volumen del plasma.94
153 Cada uno de estos fluidos tiene sus propias propiedades y méritos. Pero en cuanto a situaciones de desastre, Anaesthesia (Anestesia) comentó:
“Inicialmente en la etapa apremiante es de relativamente poca importancia qué fluido, exactamente, se escoja, después que no sea positivamente perjudicial. Más tarde, cuando ya se haya dado expansión al volumen circulatorio, hay que tomar en consideración los requisitos específicos para el caso particular.”95
154 ¿Significa esto que estos fluidos son solo para emergencias? De ninguna manera. En cuanto a “toda operación de tipo mayor,” cirujanos del Colegio de Medicina de la Universidad de Kentucky escribieron:
“Cada uno de cien pacientes perdió más de 1.000 ml de sangre mientras se le operaba y recibió dos o tres veces ese volumen de la solución de Hartmann. La mortandad y morbidez postoperatorias no fueron afectadas por la falta de sangre en el régimen de reemplazo. . . . A pesar de la tradición persistente de que la sangre es lo único que puede reemplazar eficazmente la sangre que se ha perdido, la práctica de usar soluciones salinas como sustitución para parte de la sangre o sangre entera ha ganado terreno en muchos centros.”96
155 Aunque por razones religiosas los testigos de Jehová no aceptan sangre, no objetan al uso de sustancias no sanguíneas que se usan para expandir el plasma. Desde el punto de vista de un médico, entonces, estos productos tienen la ventaja de poderse usar en pacientes que son Testigos. Pero hay muchas otras ventajas.
156 “Los sustitutos no biológicos para la sangre,” escribió el profesor E. A. Moffitt, del Canadá, “pueden producirse en grandes cantidades y almacenarse por largos espacios de tiempo. . . . Los riesgos de la transfusión de sangre son las ventajas de los sustitutos para el plasma: se evita la infección bacteriana o viral, las reacciones a las transfusiones y la sensibilización de Rh.”97
157 El usar sustancias para expandir el plasma tiene otro beneficio digno de nota. Cuando la sangre humana se almacena, es necesario añadir sustancias químicas para evitar la coagulación. Más tarde, cuando esta sangre se le administra a un paciente, las sustancias añadidas pueden estorbar la aptitud natural de coagulación de la propia sangre del paciente; el resultado puede ser una continua pérdida de sangre. El Dr. Melvin Platt, cirujano cardíaco, ha llamado atención al hecho de que este problema se evita cuando se usa una “sustancia neutral” como la solución de lactato de Ringer en vez de sangre almacenada.98

CIRUGÍA MAYOR SIN SANGRE

158 A menudo la experiencia que han tenido médicos valerosos que han concordado en operar a testigos de Jehová sin usar sangre ha sido reveladora para ellos. Esto se ilustra por desenvolvimientos recientes en la cirugía a corazón abierto. En el pasado, normalmente se usaban cantidades masivas de sangre. Pero el equipo quirúrgico encabezado por el Dr. Denton Cooley en el Instituto Cardíaco de Tejas decidió tratar de operar a testigos de Jehová. Puesto que los médicos no podían cebar con sangre la necesitada bomba de corazón-pulmón ni administrar sangre durante ni después de la intervención quirúrgica, utilizaron soluciones no sanguíneas para la expansión del plasma. El Dr. Cooley informa: “Nos impresionaron tanto los resultados que obtuvimos en los testigos de Jehová que empezamos a usar el procedimiento en todos nuestros pacientes cardíacos. Hemos tenido sorprendentemente buen éxito y lo hemos usado también en nuestros transplantes [de corazón].” Añadió: “Tenemos con los testigos de Jehová el contrato de no administrarles una transfusión bajo ninguna circunstancia. Los pacientes llevan el riesgo entonces, porque nosotros ni siquiera tenemos sangre disponible para ellos.”99
159 ¿Cuáles han sido los resultados, a la larga, de la ‘cirugía cardíaca incruenta’ en adultos y menores? El Dr. Jerome H. Kay, de California, escribió: “Ya hemos efectuado aproximadamente 6.000 operaciones a corazón abierto en el Hospital Saint Vincent’s en Los Ángeles. La impresión que tenemos desde que no hemos estado usando sangre para la mayoría de los pacientes es que a los pacientes les va mejor.”100 Un estudio canadiense suministró detalles específicos, pues reveló que cuando en vez de sangre se usaron fluidos no sanguíneos, como dextran y la solución de Ringer, “la cantidad de muertes bajó de 11 por ciento a 3,8 por ciento.”101 Este tipo de cirugía también se ha efectuado con buen éxito en testigos de Jehová y menores en Noruega, Australia, la República Sudafricana, Francia, Inglaterra y el Japón.
160 Sin embargo, los cirujanos de experiencia están al tanto de que los pacientes de cirugía ordinaria dan cuenta de una mayor proporción de la sangre que se usa que los pacientes de operaciones más dramáticas como las de cirugía a corazón abierto. ¿Qué ha sucedido en el caso de los testigos de Jehová que han requerido operaciones de índole común en las cuales normalmente se usan cantidades sustanciales de sangre?
161 Bajo el título “Cirugía mayor en testigos de Jehová” un grupo de médicos neoyorquinos relató varios casos de cirugía extensa, como la remoción total de órganos cancerosos, y explicaron que por el empleo de técnicas quirúrgicas precisas estos procedimientos se pueden efectuar sin sangre.102 Entre otros procedimientos que se han practicado con buen éxito sin la administración de sangre están operaciones radicales en la cabeza y el cuello, extensa cirugía abdominal y hemipielostomías (amputación de pierna y cadera).103 Después de remover un gran aneurisma cerebral de un Testigo, el Dr. J. Posnikoff se opuso a la “opinión corriente de la mayoría de los neurocirujanos de que la transfusión de sangre sea absolutamente esencial” para cirugía cerebral de ese tipo. Instó a otros cirujanos a “no hacer una rutina de negar una operación mayor a los que tengan una necesidad desesperada de ella pero que por razones morales no puedan aceptar la transfusión de sangre.”104
162 La conclusión a la cual llegó el Dr. Philip R. Roen en “Cirugía urológica extensa sin transfusión de sangre” fue:
“Las experiencias que hemos tenido con testigos de Jehová que han necesitado procedimientos operatorios han demostrado que las transfusiones de sangre no son necesariamente esenciales ni cuando los niveles de hemoglobina son bajos... hasta en el bajo nivel de 5 Gm. por 100 ml. . . . La posición de los testigos de Jehová al negarse a recibir transfusiones de sangre durante procedimientos operatorios necesarios de índole mayor y extensa le presenta al urólogo un problema y un desafío considerables. No se puede ni se debe abandonar a esos pacientes debido a sus creencias religiosas. Nosotros no hemos vacilado en practicar absolutamente ningún procedimiento quirúrgico indicado en presencia de la proscripción del reemplazo de la sangre.”105

¿QUÉ VA A HACER USTED?

163 Al considerar la posición que adoptan los testigos de Jehová en cuanto a la sangre, hemos dado atención a ciertos aspectos importantes. Hemos examinado el fundamento que tienen para negarse a aceptar sangre y hemos visto que lo hacen por razones religiosas fundadas en la Biblia. También hemos repasado la ética envuelta en el asunto, y hemos mostrado que cada persona tiene derecho a determinar lo que se le haya de hacer a su cuerpo y decidir acerca del tratamiento médico que quiere para sí mismo y sus hijos. Al analizar el papel del médico, hemos visto que el tratar a un individuo en armonía con las creencias del paciente está en consistencia con los principios fundamentales de la profesión médica. Y, al considerar los aspectos médicos de la transfusión de la sangre, hemos demostrado que la medicina se puede avenir a la posición que adoptan los testigos de Jehová. El relato de ciertos casos prueba que en la mayoría de las ocasiones los médicos hábiles y valerosos pueden tratar con buen éxito a pacientes Testigos sin el empleo de sangre.
164 Aunque todo esto puede ser así, no deberíamos ver el asunto como simplemente una consideración abstracta de una cuestión interesante. Pudiera suceder que cada uno de nosotros se viera en la necesidad de usar esta información para decidir qué hacer personalmente.

¿Qué hay del médico?

165 A la luz de todo lo que hemos considerado, el médico debería comprender que los testigos de Jehová no son fanáticos religiosos “suicidas” que se opongan a toda atención médica. Más bien, son personas razonables y morales que están deseosas de mantenerse vivas; aman la vida y la buena salud, por lo cual buscan atención médica hábil. Pero el médico debería también entender que los testigos de Jehová han pensado seriamente acerca de sus creencias religiosas y están completamente convencidos de que ellos y sus familias no deben aceptar sangre. Por eso, cuando el personal médico se encara a esta negativa en cuanto a aceptar sangre, no debe verlo como algún capricho emocional que pueda ser pasado por alto. Es una convicción religiosa importante que debe ser respetada, honrada.

¿Qué significa esto en la práctica?

166 Significa que, para mostrar respeto a principios que a través del tiempo han sido tenidos en estima, no se debe imponer por fuerza una transfusión de sangre a un testigo de Jehová. Es cierto que para que un médico concilie su práctica con la convicción religiosa de los Testigos quizás se requieran ajustes en su terapia usual. Pero, al ver los asuntos con la vista puesta en sus efectos posteriores, ¿no es mejor que el tratamiento médico se vea circunscrito hasta cierto grado por las convicciones religiosas, más bien que el que la práctica médica corriente dicte contra creencias religiosas fundamentales o pase por encima de ellas arbitrariamente? Una consideración equilibrada del asunto prueba que ésa es la verdad. Al cooperar con un testigo de Jehová el médico puede mostrar que está genuinamente comprometido a sostener los derechos humanos y que respeta el libre ejercicio de la conciencia religiosa. Al mismo tiempo estará tratando al “hombre total,” usando las terapias que sirven para sanar al paciente físicamente al mismo tiempo que no lo perjudican ni emocional ni espiritualmente. Esto será para beneficio duradero del paciente y dignificará la ética fundamental a cuyo sostén está dedicado el médico.

¿Qué hay de los testigos de Jehová u otras personas que se interesan en aplicar la Palabra de Dios en su vida?

167 Nuestro repaso de la cuestión de la sangre debería incrementar en uno el respeto a las prohibiciones bíblicas contra el sostenerse la vida con sangre.
168 Correctamente cada cristiano se resuelve a continuar firmemente establecido en su fe. Al tratar con personal médico, el cristiano debe desplegar racionalidad y un espíritu cooperador, mientras que al mismo tiempo aclara que cualquier tratamiento médico que se le ofrezca debe estar en consistencia con sus creencias religiosas, como la de negarse a aceptar sangre. Si se necesita cirugía, será importante que considere con los doctores de antemano la posición cristiana acerca de la sangre, para que obtenga de ellos la seguridad de que bajo ninguna circunstancia se le administrará sangre ni antes, ni durante, ni después de la operación. Y si un médico en particular no cree que puede practicar la operación quirúrgica sin recurrir a sangre, el cristiano, al saber eso de antemano, puede buscar los servicios de otro médico.
169 Al esforzarse por sostener la ley de Dios acerca de la sangre, los testigos de Jehová manifiestan su comprensión y aprecio del hecho de que su vida viene del Creador y Dador de Vida y depende de él. Él ha dicho en la Biblia que la felicidad y la continuación de la vida del cristiano en el futuro se fundan en fe y obediencia. (1 Juan 2:3-6) Por esa razón los cristianos primitivos estaban dispuestos a arriesgar su vida del momento más bien que obrar en contra de sus creencias religiosas. Los testigos de Jehová de hoy están tan resueltos como aquéllos a mantener su buena relación con Dios. Por eso continuarán obedeciendo el mandato bíblico de ‘abstenerse de sangre.’—Hechos 15:29.

REFERENCIAS

1. The Gift Relationship (1971), por el profesor Richard M. Titmuss, pág. 27.
2. Calvin’s New Testament Commentaries; The Acts of the Apostles, tomo II, pág. 50.
3. Genesis—A Commentary (1961), por Gerhard von Rad, pág. 128.
4. Genesis (1974), por B. Jacob, preparado para publicación por E.I. y W. Jacob, pág. 64.
5. The Torah: A Modern Commentary, Genesis (1974), por W. Gunther Plaut, pág. 86.
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Información obtenida de: "Los testigos de Jehová y la cuestión de la sangre", publicado por: Watchtower Bible and Tract Society of New Yort, Inc.