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El secreto del pastor - Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas

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Cuentan que en un lejano país vivía un pastor tan inteligente y tan sabio que la fama de sus consejos y opiniones llegaron a oídos del rey. Dado que tanto sus ministros como sus consejeros no lograban ordenar la administración del país y seguía el descontento popular porque aumentaban continuamente los precios, y a la gente no le alcanzaba lo que ganaba para vivir con dignidad, el rey decidió buscar al buen pastor y encargarlo de la economía y administración de su reino.
El pastor se presentó ante el rey y después de escuchar la propuesta de nombrarlo Primer Ministro, le contestó:
- Acepto con agrado tu propuesta pero con una condición: tener en palacio una habitación donde no pueda entrar nadie más que yo.
El rey aceptó sin problema una condición tan sencilla y el pastor comenzó a actuar como Primer Ministro.
Las disposiciones, decretos y leyes del pastor fueron tan oportunas y eficaces que pronto empezó a cambiar la situación: se estabilizaron los precios, aumentó el trabajo, la gente pudo satisfacer sus necesidades y la paz y el bienestar se adueñaron del país.
El rey se sentía muy complacido por la decisión que había tomado que se había traducido en tan excelentes frutos, pero algunos consejeros, envidiosos del pastor, empezaron a calumniarlo y, siempre que podían, lo acusaban de acumular en la habitación secreta los tesoros que robaba al país y al rey.
Al comienzo, el rey no les hizo caso, pero tanto le insistieron sobre los posibles peligros pues hasta le insinuaron que en esa habitación el pastor se entregaba a prácticas de hechicería con la idea de preparar un complot contra él que, un buen día, para salir de una vez de las dudas, mientras el primer ministro estaba en la habitación, hizo forzar la puerta con la idea de sorprenderlo entre sus riquezas y maquinaciones.
Cuando derribaron la puerta, se llevaron todos una gran sorpresa: en la habitación sólo había unos muebles muy rústicos de madera, paja, y en el centro, vestido de pastor, el Primer Ministro tocando en su flauta una sencilla melodía pastoril.
-¿Por qué te has vestido así y haces esto?-le preguntó intrigado y muy desconcertado el rey.
- Señor, sin estos momentos, que me recuerdan mis felices días pasados en la montaña con mi rebaño, no podría soportar la vida de palacio, rodeado de intrigas, mentiras y envidias. Aquí sigo empeñado en ver las cosas desde los ojos de los más pobres a los que tus ministros siempre olvidaron y nunca tomaron en cuenta.
Ponerse siempre del lado de los más débiles. Mirar la vida desde los ojos de los más pobres. Volver a descubrir el rostro profundo de la sencillez. «Qué cultos son estos analfa­betas», cuentan que exclamó Churchill al asomarse a la sabiduría de un grupo de campesinos. Superar la cultura de las manipulaciones, el clientelismo, las intrigas, las zancadillas, la viveza, el autoritaris­mo. Trabajar por una cultura que asume y entiende lo público como el espacio de la convivencia, y reivindica el esfuerzo por establecer una sociedad donde todos tengan las oportunidades de desarrollar sus capacidades y ser sujetos de su vida y de poder. No aceptar un mundo que excluye, margina, desprecia..., donde unos pocos levan­tan su poderío y fortunas sin importarles la miseria de los demás. Asumir la propia vida como don para los otros. No dejarse obnubilar por la fama, el éxito, el poder, la riqueza... Estos son algunos de los retos importantes que se le presentan a la educación hoy.

Recuperado para fines educativos del libro:
Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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