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Vive lo que Enseñas - Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas

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Parabolas e Ilustraciones para Educar en Valores

Contenidos de Parabolas e Ilustraciones

Cuentan que, en cierta ocasión, llegó un misionero a un pueblo indígena. Los habitantes del pueblo recibieron al misionero con grandes atenciones y se dispusieron a escucharle.
- Vengo a traerles la noticia de un Dios Padre, que nos quiere a todos y desea que vivamos como auténticos hermanos, sirviéndonos y ayudándonos unos a otros. ¿Van a aceptar la noticia que les traigo y a recibir en sus corazones a ese Dios Padre que nos ama a todos como a verdaderos hijos?
Calló el misionero y los indígenas permanecían en silencio.
-¿Lo aceptan o no lo aceptan?-insistió desconcertado el misionero.
Al rato, se alzó serena la voz del cacique diciendo:
-Quédate a vivir con nosotros unos días y si en verdad vives lo que quieres enseñarnos, entonces volveremos a escucharte.
Hatuey era un cacique indígena que huyó del acoso de los conquistadores cristianos en Haití. Se refugió en las cuevas y montes de Cuba. Allí señaló una cesta llena de oro y dijo:
-Este es el dios de los cristianos. Por él nos persiguen. Por él han muerto nuestros padres y nuestros hermanos. Bailemos para él. Si nuestra danza lo complace, este dios mandará que no nos maltraten.
Unos meses después fue atrapado y atado a un palo. Le dicen que si no acepta la nueva religión y reconoce al Dios de los cristianos como el único Dios verdadero, quemarán su cuerpo y su alma arderá eternamente. Si lo acepta, le perdonarán la vida y su alma gozará por siempre en el paraíso.
-En ese paraíso, ¿van a estar también los cristianos? -pregunta Hatuey.
-Sí.
Hatuey elige el infierno y la leña empieza a crepitar.
Monseñor Pedro Casaldáliga, Obispo de Brasil, coloca al Testimonio coherente, entre los rasgos fundamentales que deben tener el hombre y la mujer nuevos: «Ser lo que se es. Hablar lo que se cree. Vivir lo que se proclama. Hasta las últimas consecuencias y en las menudencias diarias».
La falta de coherencia entre palabras y vida hizo con frecuen­cia del mensaje cristiano un medio que justificó las más crueles ex­plotaciones e injusticias. Fray Bartolomé de Las Casas denunció esta incoherencia en sus repetidas cartas al Consejo de Indias: «Más les hubiera valido a los indios -sostiene- irse al infierno con su infideli­dad, su poco a poco y a solas, que ser salvados por los cristianos. Ya llegan al cielo los alaridos de tanta sangre humana derramada: los quemados vivos, asados en parrillas, echados a perros bravos...».
La falta de coherencia sigue siendo también uno de los pro­blemas más graves en nuestra actual educación. Con frecuencia, la práctica niega los deseos y proclamas de nuestros idearios y enunciados. Cuando el ambiente de la escuela o de la familia es contra­dictorio, es decir, que se predica una cosa y los adultos hacen otra, los jóvenes se vuelven escépticos, rebeldes y con frecuencia anárqui­cos. Esto ocurre porque en su interior se forma una confusión, no saben cómo actuar y terminan rebelándose, desconociendo la auto­ridad del maestro o de los padres.
Los niños quieren agradar a los adultos con sus comporta­mientos. Pero esto sólo es posible si en la escuela y en la casa hay claridad sobre lo bueno que se espera de ellos y si los niños ven que los adultos actúan como les piden que lo hagan ellos.
No olvidemos nunca lo que repetía ese gran educador cuba­no José Martí: «La mejor manera de decir es hacer».
Sabio no es tanto el que sabe muchas cosas, sino el que vive lo que sabe. Esforcémonos no tanto por encontrar la verdad en la vida, sino por vivir la vida en la verdad.

Recuperado para fines educativos del libro:
Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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