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¿Qué es la Artrosis? Conocer la enfermedad

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Autor: Dr. Mariano Crespo Peña
  • Introducción
  • ¿Qué es la artrosis?
  • ¿Qué son las articulaciones?
  • ¿Por qué se produce la artrosis?
  • ¿Es frecuente la artrosis?
  • ¿Dónde puede padecerse artrosis?
  • ¿Qué factores influyen en la aparición de la artrosis?
  • ¿Qué síntomas produce la artrosis?
  • ¿Cómo se diagnostica la artrosis?
  • ¿Cómo se trata la artrosis?
  • Consejos sobre la artrosis

INTRODUCCIÓN

La artrosis es una enfermedad muy frecuente en el ser humano. Probablemente usted ha oído hablar de la artrosis y es posible que su médico le haya diagnosticado esta enfermedad o conoce a alguien que padece artrosis.
Existe mucha confusión entre la gente acerca de los conceptos de “reuma” y artrosis. Muchas personas no saben en realidad qué son estos términos. Hay gente que dice que tiene “reuma” cuando padece dolor localizado en su espalda o en sus extremidades. Muchas veces los pacientes creen que artrosis y “reuma” son el mismo proceso y, por el contrario, otras veces tienen la idea de que se trata de enfermedades diferentes.
Lo cierto es que el término “reuma” como tal, no existe en Medicina. En su lugar se emplea el concepto de enfermedad reumática o reumatismo. Las enfermedades reumáticas son en realidad un grupo muy amplio de enfermedades, diferentes en cuanto a su causa, evolución y tratamiento. Sin embargo, todas ellas tienen en común que afectan a alguna estructura del aparato locomotor del cuerpo humano. Por eso, decir que alguien tiene “reuma” es tan impreciso e inespecífico como decir que padece “del corazón, del pulmón o del intestino”, por ejemplo.
El aparato locomotor está compuesto por huesos, articulaciones, músculos y tendones. Gracias al aparato locomotor podemos movernos, desplazarnos, y en definitiva, realizar todas las actividades de nuestra vida diaria (pasear, escribir, trabajar, comer, hacer deporte...). La Reumatología, pues, es la especialidad de la Medicina que trata todas las enfermedades de los huesos, articulaciones, músculos y tendones.
De todas las diferentes enfermedades reumáticas, la más importante, por su frecuencia y repercusión en la sociedad, es la artrosis. Existen otros tipos de reumatismos, como la osteoporosis, las artritis, las tendinitis, la gota, etc., que la gente en ocasiones confunde con la artrosis. La causa de esta confusión está en que pueden originar síntomas similares (dolor, dificultad para moverse...). Sin embargo, cada una de ellas tiene una causa y un tratamiento diferentes.
A continuación, se exponen diferentes aspectos de la artrosis que pueden resultar interesantes para el lector. El objetivo es presentar de una manera didáctica y sencilla, entendible para un público no experto en temas médicos, las cuestiones e ideas más relevantes en relación con la artrosis.

¿QUE ES LA ARTROSIS?

Ya hemos mencionado que la artrosis es una enfermedad reumática. La artrosis es una enfermedad que afecta a las articulaciones, y es con diferencia la patología articular más frecuente e importante.
La artrosis se caracteriza por la pérdida progresiva del cartílago de la articulación debido a su desgaste. Este desgaste del cartílago se ve favorecido por el uso de la articulación y el paso del tiempo. Además, el deterioro del cartílago depende de otros factores que, aparte de la edad, contribuyen a lesionarlo.
La artrosis es una enfermedad crónica; es decir, que dura toda la vida. Sin embargo, y aunque puede progresar con el paso del tiempo, con un tratamiento adecuado se puede controlar. Por ello, no necesariamente debe ocasionar dolor e invalidez en las personas que la padecen.

¿QUE SON LAS ARTICULACIONES?

Las articulaciones son las uniones entre los extremos de los huesos, que permiten que exista cierto movimiento entre ellos. De este modo, las extremidades y la espalda pueden doblarse, girar...
En la articulación, cada extremo de los huesos está recubierto de un tejido duro, aunque con cierta elasticidad y flexibilidad, que es el cartílago articular. Los cartílagos facilitan el movimiento entre los huesos y actúan como una amortiguación entre ellos, evitando que rocen directamente hueso con hueso. El cartílago es un tejido comparable a las “ternillas” que encontramos en algunas piezas de animales que consumimos como alimentos.
Para completar el engranaje, que supone una articulación, toda esta estructura se encuentra envuelta por una bolsa llamada cápsula articular. La cápsula articular está reforzada por los ligamentos, que son unas bandas de tejido fibroso muy resistente. Los ligamentos proporcionan estabilidad a la articulación. Son los responsables de evitar que las articulaciones se luxen o “disloquen” cuando están sometidas a un movimiento forzado.
Por último, bañando el interior de la articulación, existe una pequeña cantidad de líquido, que se denomina líquido sinovial. El líquido sinovial actúa como lubricante de toda esta maquinaria que es una articulación, facilitando los movimientos. Este líquido está producido por una fina capa de tejido llamada membrana sinovial. La membrana sinovial se sitúa, tapizando el interior de la cápsula articular, en aquellas superficies en las que no existe cartílago.

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Visión esquemática de la estructura de una articulación normal.

¿POR QUÉ SE PRODUCE LA ARTROSIS?

Como se ha mencionado, la artrosis se produce por la degeneración y el desgaste del cartílago de la articulación. En la artrosis, el cartílago pierde consistencia y elasticidad, y su superficie se va agrietando y erosionando progresivamente. La erosión del cartílago condiciona que disminuya paulatinamente su grosor, pudiendo incluso llegar a desaparecer por completo con el paso del tiempo. Con su desaparición se pierde la función de protección que posee el cartílago y quedan expuestos los extremos de los huesos, rozando entre sí “hueso con hueso”. Según se va produciendo la pérdida del cartílago, el hueso que se encuentra por debajo también se ve afectado y reacciona. El hueso lesionado responde haciéndose más denso (en Medicina se denomina esclerosis ósea), surgiendo “quistes” dentro el hueso (denominados geodas). También se forma nuevo hueso que crece por los bordes de la articulación, a modo de picos o rebabas de hueso, que reciben el nombre de osteofitos.
Además, todas estas lesiones que se producen en la artrosis, condicionan que la membrana sinovial se inflame. Cuando se inflama, la membrana sinovial se hace más gruesa y puede producir una mayor cantidad de líquido sinovial que la normal. Por ello, una articulación con artrosis a veces está hinchada por contener líquido en exceso (derrame articular).

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Visión esquemática de la estructura de una articulación afectada por artrosis. La pérdida del cartílago, los osteofitos y la hinchazón de la articulación hacen que, en la artrosis, podamos observar externamente cómo la articulación está deformada. En las fases más avanzadas los huesos pierden en ocasiones su alineamiento normal. En la columna vertebral el desgaste articular, que caracteriza a la artrosis, se inicia en unas estructuras que se denominan discos intervertebrales. Los discos intervertebrales son una especie de almohadillas elásticas con una porción central o núcleo de consistencia gelatinosa. Los discos se sitúan entre vértebra y vértebra de la columna. Su función es amortiguar las cargas que sufre la columna y permitir los movimientos de la misma. Gracias a esto, todas las vértebras y sus discos intervertebrales forman en conjunto una estructura flexible.
Cuando se produce artrosis en la columna, estos discos intervertebrales sufren una pérdida de su contenido en agua y de su elasticidad. De esta forma, el disco disminuye progresivamente su grosor. Esta disminución de altura del disco es lo que se denomina comunmente “pinzamiento discal”. Con el desgaste progresivo del disco, aumenta paulatinamente el contacto y el roce entre las vértebras, que también reaccionan haciéndose más densas (esclerosis ósea) y formando rebabas de hueso en los bordes (los osteofitos).

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Visión esquemática de la columna vertebral.
Cambios que se producen en la artrosis de columna.

¿ES FRECUENTE LA ARTROSIS?

La artrosis es una enfermedad muy común. Más del 80% de las personas mayores de 75 años están afectadas por esta enfermedad. Además, es posible encontrar alguna alteración propia de la artrosis en más de la mitad de las personas mayores de 65 años.
Sin embargo, es importante señalar que, aunque el médico detecte accidentalmente en alguna radiografía signos de artrosis, menos de la mitad de las personas que tienen cambios de desgaste articular van a presentar síntomas.
Aunque la artrosis se manifiesta de forma más importante en los ancianos, esto no siempre es así. Por eso, no debe considerarse como una alteración “propia de los años“ o debida exclusivamente al envejecimiento, sino que debe ser tenida en cuenta como una auténtica enfermedad. La artrosis es una enfermedad de evolución muy lenta. Se inicia muchos años antes de llegar a edades avanzadas de la vida, y debe ser diagnosticada y tratada lo antes posible para mejorar su pronóstico.
La artrosis es una enfermedad más frecuente en las mujeres. Las mujeres tienen más riesgo de padecer la enfermedad, sobre todo en las articulaciones de las manos y de las rodillas.

¿DÓNDE PUEDE PADECERSE ARTROSIS?

La artrosis puede afectar a cualquier articulación tanto de los miembros superiores (brazos, manos), miembros inferiores (piernas, pies), como de la columna vertebral.
Sin embargo, la artrosis tiende a producirse principalmente en aquellas articulaciones sometidas a mayor sobrecarga de movimientos o a mayor peso.
En las extremidades, la artrosis afecta fundamentalmente a los dedos de las manos, las rodillas, las caderas y al dedo gordo del pie. En la columna vertebral, el cuello (columna cervical) y la zona lumbar baja (columna lumbar) son las regiones que más frecuentemente desarrollan artrosis.

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Localizaciones anatómicas más frecuentes de la artrosis. La artrosis que se desarrolla en otras articulaciones distintas a las enumeradas es mucho más infrecuente. Si aparece, suele estar relacionada con algún traumatismo o fractura antigua, o bien con algún otro tipo de lesión o enfermedad articular previas, que han contribuído al desgaste de esa articulación. La artrosis puede padecerse en una única articulación (artrosis de rodilla, o de cadera...), o puede afectar a muchas articulaciones a la vez ( lo que en Medicina se denomina poliartrosis). Esta circunstancia tiene importancia de cara al pronóstico y al tratamiento de la enfermedad.

¿QUÉ FACTORES INFLUYEN EN LA APARICIÓN DE LA ARTROSIS?

Existen varios factores que tienen una relación muy directa con el desarrollo de la artrosis. Los más importantes son los siguientes: La obesidad
Padecer sobrepeso tiene una relación bien establecida con el desarrollo de artrosis en las rodillas (los obesos tienen más artrosis de rodilla). Además, siempre es un factor negativo en la evolución de la artrosis que afecta a las articulaciones de apoyo o que soportan peso, como es el caso de la columna lumbar, las caderas o los pies.

las articulaciones de apoyo o que soportan peso, como es el caso de la columna lumbar, las caderas o los pies.
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La obesidad es un importante factor de riesgo para desarrollar artrosis.
 


La edad

Por supuesto la edad es importante, ya que el número de personas afectadas por artrosis aumenta gradualmente con los años. La edad se asocia con un envejecimiento de los tejidos y, por lo tanto, también del cartílago. Además, con la edad disminuye la capacidad de reparación y regeneración del cartílago frente a las lesiones.

La herencia

Existen ciertos factores genéticos que influyen en el desarrollo de la artrosis. De esta forma, se ha visto que hay algunas familias en cuyos miembros hay una mayor predisposición a padecer artrosis. Hay determinados tipos de artrosis que tienen un importante componente genético y que, en cierto modo, podrían considerarse como artrosis “hereditarias”. Esto es así en el caso de la artrosis de las articulaciones de los dedos de las manos, que suele presentarse en las mujeres de la misma familia, transmitiéndose generalmente de madres a hijas.

Las lesiones “mecánicas”

Algunas profesiones implican la realización de una repetición de movimientos y, por lo tanto, el uso reiterativo de ciertas articulaciones (obreros, deportistas, agricultores, carpinteros...). Estos esfuerzos suponen una sobrecarga mantenida de ciertas articulaciones durante periodos prolongados. Esto condiciona una lesión articular que favorece el desarrollo de artrosis precoces.
Otros factores que afectan negativamente en el desarrollo de los procesos artrósicos son: los traumatismos repetidos, la falta de una actividad física adecuada (imprescindible para el mantenimiento de un tono muscular apropiado y de un correcto estado físico del aparato locomotor), y la adopción de posturas incorrectas, así como la realización de forma inadecuada de ciertas actividades de la vida diaria.

La densidad ósea

Se ha visto que las personas que tienen una menor masa ósea; es decir, que tienen los huesos más frágiles, tienen menos riesgo de desarrollar artrosis. Por lo tanto, la osteoporosis (enfermedad de los huesos caracterizada por una masa ósea escasa, debido a una descalcificación de los huesos)“protege” en cierta forma del riesgo de desarrollar artrosis.
Sin embargo, la osteoporosis es una enfermedad ósea grave que puede ocasionar fracturas de los huesos, por lo que es fundamental prevenirla mediante el ejercicio físico y una adecuada ingesta de calcio (principalmente presente en los productos lácteos).

¿QUÉ SÍNTOMAS PRODUCE LA ARTROSIS?

La artrosis es una enfermedad crónica, que se desarrolla muy lentamente. Sus síntomas son poco importantes en su inicio, progresando paulatinamente con el paso del tiempo.
La queja fundamental del paciente con artrosis es el dolor en la articulación. Inicialmente, el dolor es discreto y sólo se produce cuando se fuerza la articulación afectada con una actividad física importante, cediendo espontáneamente con el reposo. Posteriormente, si la enfermedad avanza, el dolor aparece con más facilidad y se hace más continuo. Se necesita un menor esfuerzo físico para que el paciente note molestias.
El dolor articular en la artrosis es mayor al inicio del movimiento (al empezar a caminar o incorporarse de una silla, por ejemplo). Se acompaña de una sensación de rigidez o entumecimiento de la articulación, que dificulta moverla libremente. Este dolor y rigidez mejoran en pocos minutos después de que la articulación se “calienta” con el ejercicio.
En ocasiones, en la evolución de la artrosis se producen episodios de descompensación de los síntomas. En estos periodos, que son de una duración variable, el paciente experimenta un dolor mucho más agudo e intenso, que le impide mover la articulación enferma. Además, el dolor es más continuo y no se alivia con tanta facilidad con el reposo. Estas descompensaciones suelen acompañarse de la existencia de una inflamación articular (derrame de líquido sinovial) o de tendinitis (inflamación de los tendones situados alrededor de la articulación con artrosis).
Cuando la artrosis no se controla y se alcanzan fases más avanzadas de la enfermedad, además del dolor, el paciente se queja de una limitación o disminución en los movimientos que puede hacer con la articulación (por ejemplo, no puede flexionar la cadera o la rodilla completamente). También pueden observarse ciertas deformidades en las articulaciones con artrosis y alteraciones en la alineación de los huesos.

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Deformidades en los miembros inferiores que aparecen en la artrosis de rodillas.


Es importante destacar que existen una serie de factores individuales, dependientes de la personalidad del enfermo, que influyen incluso mucho más que la gravedad de la artrosis a la hora de determinar los síntomas de los que el paciente se queja. En la percepción del dolor influyen circunstancias emocionales como la ansiedad, el estrés, el ánimo depresivo y la propia sensibilidad individual al dolor.
De esta forma, las personas más sensibles al dolor y los pacientes con personalidad ansiosa o depresiva se quejan de síntomas mucho más severos. Además, experimentan una sensación de invalidez mucho mayor que aquellos pacientes emocionalmente estables, incluso cuando la importancia y gravedad de sus lesiones articulares es mínima.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA LA ARTROSIS?

El diagnóstico de la artrosis es sencillo, y se basa en la evaluación de los síntomas y en la exploración física que realiza el médico al paciente. El médico valora qué síntomas tiene el enfermo, dónde se localizan, cómo es el dolor, en qué circunstancias mejora (con el reposo) o empeora (al subir o bajar escaleras, al abrir o cerrar grifos...). También interrroga sobre qué otras enfermedades padece el enfermo, qué tratamientos está recibiendo, y si él o algún familiar padecen o han padecido algún tipo de enfermedad reumática, traumatismo o lesión articular previos.
Con la exploración física, el médico puede observar cuáles son las articulaciones afectadas y qué grado de severidad tiene la artrosis. Para ello, se inspecciona la articulación y se palpa su superficie para determinar los puntos dolorosos. También se evalúa qué rango de movilidad tiene, determinando cuáles son los movimientos que desencadenan los síntomas.
Las radiografías permiten confirmar el diagnóstico de artrosis, al poderse constatar en las articulaciones los cambios radiológicos típicos de los procesos artrósicos. Mediante los estudios radiológicos se puede determinar de una forma mucho más precisa la severidad de la artrosis.
Los análisis de sangre no tienen ninguna utilidad para diagnosticar la artrosis. Todos los resultados que se determinan son siempre normales en la artrosis, incluyendo las denominadas “pruebas reumáticas”. La única indicación para realizarlos es para confirmar con su normalidad el diagnóstico de artrosis, descartando otras enfermedades reumáticas que sí producen algunas alteraciones en los análisis de laboratorio. Por ejemplo, en las artritis están alteradas la velocidad de sedimentación de la sangre, el factor reumatoide y otras pruebas reumáticas; en la gota el ácido úrico está alto...
Otras pruebas más modernas y sofisticadas (resonancia magnética, scaner, gammagrafía ósea) tampoco son necesarias para el estudio de un paciente con artrosis. El médico únicamente puede considerar indicada su realización en los casos aislados en los que se sospecha que, además de la artrosis, existe alguna otra complicación asociada (rotura de menisco en la rodilla, hernia discal o afectación de los nervios espinales en la artrosis de columna, por ejemplo).

¿CÓMO SE TRATA ARTROSIS?

No existe en la actualidad ningún tratamiento capaz de curar la artrosis. Sin embargo, disponemos, hoy en día, de un importante arsenal de medidas terapéuticas para combatirla. Estas medidas incluyen tanto fármacos, como tratamientos fisioterapéuticos y de rehabilitación, como en última instancia de intervenciones quirúrgicas. Mediante ellos se consigue evitar o disminuir los síntomas de la artrosis, retrasar su evolución y, en definitiva, mejorar la calidad de vida del paciente con artrosis.
La artrosis no es una enfermedad grave, en el sentido de que ni mata ni acorta la esperanza de vida de los enfermos. Sigue siendo una enfermedad crónica pero, en la actualidad, se ha conseguido reducir de forma muy significativa la invalidez que llevaba implícita en épocas pasadas.
Los pacientes logran un importante alivio de los síntomas con los tratamientos, y pueden llevar habitualmente una vida prácticamente normal. Para ello, y como en otras enfermedades, es muy importante un diagnóstico precoz. El paciente debe ponerse en manos de profesionales médicos y cumplir con todas las recomendaciones e indicaciones del tratamiento. El médico indicará en cada momento de la evolución cuándo debe tomar medicinas, y cuándo y qué tipo de rehabilitación debe hacer.
El tratamiento de la artrosis consiste en la combinación de distintas medidas. Todas ellas son fundamentales y complementarias para conseguir una adecuada respuesta terapéutica. Son las siguientes:

1. Normas generales

Existen toda una serie de recomendaciones para los pacientes artrósicos que tienen como objetivo proteger las articulaciones de las extremidades y de la columna. Con estos consejos se pretende enlentecer la evolución de la artrosis, evitando los factores que dañan las articulaciones y favorecen la progresión de la enfermedad. Son los siguientes:

Alimentación equilibrada, incluyendo una dieta para perder peso en los pacientes con obesidad. Es fundamental corregir el sobrepeso para prevenir la artrosis. En los pacientes que ya tienen artrosis, la pérdida de peso se asocia con un mejor pronóstico de la enfermedad.

Adecuado descanso nocturno, incluyendo periodos de reposo durante el día. Sin embargo, hay que evitar la inmovilidad total o durante periodos de tiempo prolongado, que resultan nocivos a largo plazo.

El enfermo con artrosis debe adecuar sus actividades y limitar el ejercicio que realiza a su capacidad física. Debe aceptar sus limitaciones y comprender que no puede desempeñar ciertas actividades con la misma facilidad que una persona que no padece artrosis.

Evitar los movimientos que producen dolor en la articulación, procurando en la medida de lo posible buscar alternativas para la realización de las actividades que despiertan dolor.

Evitar posturas y actividades perjudiciales, como ponerse en cuclillas, estar de rodillas o permanecer de pie durante tiempo prolongado, caminar cargando un peso excesivo o por terrenos irregulares, subir y bajar escaleras...

En la artrosis de cadera o de rodilla puede resultar muy eficaz la utilización de un bastón o muleta, que ayuda a descargar el peso del cuerpo de la articulación. El bastón debe llevarse en la mano contraria a la articulación más afectada (por ejemplo, en la artrosis de rodilla derecha, el bastón deberá llevarse en la mano izquierda).

En la artrosis de las manos, se recomienda el uso de herramientas y utensilios domésticos apropiados. Deben ser de mango ancho y de poco peso. Para no forzar las articulaciones utilizar ayudas, como brelatas eléctricos, por ejemplo.

En la artrosis del pie, el médico puede indicar en algunos casos el uso de plantillas ortopédicas que descargan las articulaciones dolorosas, disminuyendo las molestias que se producen al caminar.


2. Ejercicio físico

El ejercicio físico es fundamental en el enfermo artrósico para mantener la movilidad de las articulaciones y para fortalecer la musculatura. Es imprescindible evitar que los músculos se atrofien, ya que empeora la evolución de la artrosis.
Cada paciente debe adaptar el tipo de ejercicio fisico que realice a sus circunstancias particulares, siguiendo las indicaciones de su médico. El ejercicio a realizar está en función del tipo de articulación afectada, grado de artrosis, edad del paciente y entrenamiento previo.
Conviene que la actividad física se realice de forma lenta y progresiva, poco a poco, sin provocar dolor. Se debe efectuar de forma habitual y constante (lo ideal es practicarlo todos los días), de modo que el ejercicio se incorpore a la rutina diaria del paciente.
En general, la natación practicada en el estilo de “espaldas”, es un ejercicio excelente para la artrosis. Los paseos son también muy aconsejables, aunque deben estar adaptados a la capacidad física en los pacientes con artrosis de cadera y rodilla. La bicicleta estática puede ser una alternativa de ejercicio físico en ciertos pacientes.
Además, existen una serie de ejercicios de rehabilitación, diseñados específicamente para cada localización de la artrosis, que se suelen facilitar en forma de “tablas de ejercicios”. Generalmente son de fácil realización, aunque conviene efectuar un aprendizaje correcto de los mismos con la ayuda de un fisioterapeuta. El médico es quien debe indicar a cada paciente qué tipo de ejercicios, cuándo y con qué frecuencia se deben realizar ejercicios de rehabilitación para pacientes con artrosis .

3. Aplicación de frío, calor y electroterapia

La aplicación local de frío está indicada únicamente cuando existe una fase de inflamación aguda en la artriculación. Se realiza con una bolsa con hielo envuelta en un paño. También resultan muy útiles las bolsas de alimentos congelados (guisantes congelados, por ejemplo).
En el resto de los casos, suele ser más beneficioso la aplicación de calor, que alivia el dolor, la rigidez articular y las contracturas musculares de la artrosis. La aplicación de calor puede realizarse mediante una ducha o baño caliente o con una manta eléctrica o secador de pelo. Para las manos se emplean los baños de parafina caliente. Es mejor la aplicación de calor distribuído en varias veces al día, en periodos de 10 a 15 minutos.
Otra forma de tratamiento consiste en la aplicación de diferentes técnicas de electroterapia y rehabilitación, conocidas vulgarmente como “corrientes”. Estas técnicas (onda corta, ultrasonidos, magnetoterapia, láser), se administran periódicamente, en varias sesiones de tratamiento, en los centros de rehabilitación.

4. Medicación

Los fármacos son útiles en la artrosis para aliviar el dolor, disminuir la inflamación articular cuando existe y, en definitiva, para mejorar los síntomas del paciente. El médico los prescribe en determinados momentos de descompensación de la artrosis; si bien, en algunos pacientes puede ser necesaria su toma de forma indefinida.
Los medicamentos más empleados son los analgésicos (conocidos vulgarmente como “calmantes”) y los antiinflamatorios, que proporcionan un buen control de los síntomas. Existen además otros fármacos, cuya función es la de modificar la evolución de la artrosis, retrasando su progresión y mejorando asimismo los síntomas.
Además, en momentos determinados, pueden estar indicadas las llamadas infiltraciones. La infiltración es una técnica en la que, mediante una inyección en la articulación o en los tejidos que la rodean, se introducen fármacos para disminuir la inflamación y mejorar los síntomas.
Es fundamental tener en cuenta que toda la medicación siempre debe ser prescrita y controlada por un médico. Se debe evitar la automedicación, porque puede tener consecuencias negativas en forma de efectos secundarios adversos.

5. Operaciones quirúrgicas

Cuando todas las medidas anteriores han fracasado y el paciente presenta una artrosis avanzada, que no mejora con los tratamientos anteriormente expuestos, está indicada la operación quirúrgica. Existen una serie de intervenciones que permiten, o bien corregir las lesiones y deformidades articulares, o bien sustituir la articulación dañada por una prótesis. Con la cirugía mejoran los síntomas, sobre todo el dolor, y se conserva la movilidad articular. Los cirujanos ortopédicos (traumatólogos) son los especialistas encargados de efectuar estas operaciones.

¿CÓMO SE TRATA ARTROSIS?

No existe en la actualidad ningún tratamiento capaz de curar la artrosis. Sin embargo, disponemos, hoy en día, de un importante arsenal de medidas terapéuticas para combatirla. Estas medidas incluyen tanto fármacos, como tratamientos fisioterapéuticos y de rehabilitación, como en última instancia de intervenciones quirúrgicas. Mediante ellos se consigue evitar o disminuir los síntomas de la artrosis, retrasar su evolución y, en definitiva, mejorar la calidad de vida del paciente con artrosis.
La artrosis no es una enfermedad grave, en el sentido de que ni mata ni acorta la esperanza de vida de los enfermos. Sigue siendo una enfermedad crónica pero, en la actualidad, se ha conseguido reducir de forma muy significativa la invalidez que llevaba implícita en épocas pasadas.
Los pacientes logran un importante alivio de los síntomas con los tratamientos, y pueden llevar habitualmente una vida prácticamente normal. Para ello, y como en otras enfermedades, es muy importante un diagnóstico precoz. El paciente debe ponerse en manos de profesionales médicos y cumplir con todas las recomendaciones e indicaciones del tratamiento. El médico indicará en cada momento de la evolución cuándo debe tomar medicinas, y cuándo y qué tipo de rehabilitación debe hacer.
El tratamiento de la artrosis consiste en la combinación de distintas medidas. Todas ellas son fundamentales y complementarias para conseguir una adecuada respuesta terapéutica. Son las siguientes:

1. Normas generales

Existen toda una serie de recomendaciones para los pacientes artrósicos que tienen como objetivo proteger las articulaciones de las extremidades y de la columna. Con estos consejos se pretende enlentecer la evolución de la artrosis, evitando los factores que dañan las articulaciones y favorecen la progresión de la enfermedad. Son los siguientes:

Alimentación equilibrada, incluyendo una dieta para perder peso en los pacientes con obesidad. Es fundamental corregir el sobrepeso para prevenir la artrosis. En los pacientes que ya tienen artrosis, la pérdida de peso se asocia con un mejor pronóstico de la enfermedad.

Adecuado descanso nocturno, incluyendo periodos de reposo durante el día. Sin embargo, hay que evitar la inmovilidad total o durante periodos de tiempo prolongado, que resultan nocivos a largo plazo.

El enfermo con artrosis debe adecuar sus actividades y limitar el ejercicio que realiza a su capacidad física. Debe aceptar sus limitaciones y comprender que no puede desempeñar ciertas actividades con la misma facilidad que una persona que no padece artrosis.

Evitar los movimientos que producen dolor en la articulación, procurando en la medida de lo posible buscar alternativas para la realización de las actividades que despiertan dolor.

Evitar posturas y actividades perjudiciales, como ponerse en cuclillas, estar de rodillas o permanecer de pie durante tiempo prolongado, caminar cargando un peso excesivo o por terrenos irregulares, subir y bajar escaleras...

En la artrosis de cadera o de rodilla puede resultar muy eficaz la utilización de un bastón o muleta, que ayuda a descargar el peso del cuerpo de la articulación. El bastón debe llevarse en la mano contraria a la articulación más afectada (por ejemplo, en la artrosis de rodilla derecha, el bastón deberá llevarse en la mano izquierda).

En la artrosis de las manos, se recomienda el uso de herramientas y utensilios domésticos apropiados. Deben ser de mango ancho y de poco peso. Para no forzar las articulaciones utilizar ayudas, como brelatas eléctricos, por ejemplo.

En la artrosis del pie, el médico puede indicar en algunos casos el uso de plantillas ortopédicas que descargan las articulaciones dolorosas, disminuyendo las molestias que se producen al caminar.

Recomendaciones posturales para la protección articular.


2. Ejercicio físico

El ejercicio físico es fundamental en el enfermo artrósico para mantener la movilidad de las articulaciones y para fortalecer la musculatura. Es imprescindible evitar que los músculos se atrofien, ya que empeora la evolución de la artrosis.
Cada paciente debe adaptar el tipo de ejercicio fisico que realice a sus circunstancias particulares, siguiendo las indicaciones de su médico. El ejercicio a realizar está en función del tipo de articulación afectada, grado de artrosis, edad del paciente y entrenamiento previo.
Conviene que la actividad física se realice de forma lenta y progresiva, poco a poco, sin provocar dolor. Se debe efectuar de forma habitual y constante (lo ideal es practicarlo todos los días), de modo que el ejercicio se incorpore a la rutina diaria del paciente.
En general, la natación practicada en el estilo de “espaldas”, es un ejercicio excelente para la artrosis. Los paseos son también muy aconsejables, aunque deben estar adaptados a la capacidad física en los pacientes con artrosis de cadera y rodilla. La bicicleta estática puede ser una alternativa de ejercicio físico en ciertos pacientes.
Además, existen una serie de ejercicios de rehabilitación, diseñados específicamente para cada localización de la artrosis, que se suelen facilitar en forma de “tablas de ejercicios”. Generalmente son de fácil realización, aunque conviene efectuar un aprendizaje correcto de los mismos con la ayuda de un fisioterapeuta. El médico es quien debe indicar a cada paciente qué tipo de ejercicios, cuándo y con qué frecuencia se deben realizar ejercicios de rehabilitación para pacientes con artrosis .

3. Aplicación de frío, calor y electroterapia

La aplicación local de frío está indicada únicamente cuando existe una fase de inflamación aguda en la artriculación. Se realiza con una bolsa con hielo envuelta en un paño. También resultan muy útiles las bolsas de alimentos congelados (guisantes congelados, por ejemplo).
En el resto de los casos, suele ser más beneficioso la aplicación de calor, que alivia el dolor, la rigidez articular y las contracturas musculares de la artrosis. La aplicación de calor puede realizarse mediante una ducha o baño caliente o con una manta eléctrica o secador de pelo. Para las manos se emplean los baños de parafina caliente. Es mejor la aplicación de calor distribuído en varias veces al día, en periodos de 10 a 15 minutos.
Otra forma de tratamiento consiste en la aplicación de diferentes técnicas de electroterapia y rehabilitación, conocidas vulgarmente como “corrientes”. Estas técnicas (onda corta, ultrasonidos, magnetoterapia, láser), se administran periódicamente, en varias sesiones de tratamiento, en los centros de rehabilitación.

4. Medicación

Los fármacos son útiles en la artrosis para aliviar el dolor, disminuir la inflamación articular cuando existe y, en definitiva, para mejorar los síntomas del paciente. El médico los prescribe en determinados momentos de descompensación de la artrosis; si bien, en algunos pacientes puede ser necesaria su toma de forma indefinida.
Los medicamentos más empleados son los analgésicos (conocidos vulgarmente como “calmantes”) y los antiinflamatorios, que proporcionan un buen control de los síntomas. Existen además otros fármacos, cuya función es la de modificar la evolución de la artrosis, retrasando su progresión y mejorando asimismo los síntomas.
Además, en momentos determinados, pueden estar indicadas las llamadas infiltraciones. La infiltración es una técnica en la que, mediante una inyección en la articulación o en los tejidos que la rodean, se introducen fármacos para disminuir la inflamación y mejorar los síntomas.
Es fundamental tener en cuenta que toda la medicación siempre debe ser prescrita y controlada por un médico. Se debe evitar la automedicación, porque puede tener consecuencias negativas en forma de efectos secundarios adversos.

5. Operaciones quirúrgicas

Cuando todas las medidas anteriores han fracasado y el paciente presenta una artrosis avanzada, que no mejora con los tratamientos anteriormente expuestos, está indicada la operación quirúrgica. Existen una serie de intervenciones que permiten, o bien corregir las lesiones y deformidades articulares, o bien sustituir la articulación dañada por una prótesis. Con la cirugía mejoran los síntomas, sobre todo el dolor, y se conserva la movilidad articular. Los cirujanos ortopédicos (traumatólogos) son los especialistas encargados de efectuar estas operaciones.

CONSEJOS SOBRE LA ARTROSIS


ARTROSIS: ¿QUÉ ES LA ARTROSIS?
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SÍNTOMAS INICIALES
· Dolor mecánico que aparece con el movimiento y cede durante el reposo.
· Dificultad para realizar los movimientos cotidianos.
· Crujidos y crepitación al mover las articulaciones.

SÍNTOMAS PROGRESIVOS
· Dolor profundo.
· Inflamación y deformación de las articulaciones.
· Pérdida de movilidad.
· Rigidez al levantarse por las mañanas.

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· Es una afección frecuente, normalmente relacionada con la edad.
· Afecta principalmente a articulaciones como la rodilla, la cadera y el hombro.
· Las articulaciones se deforman limitando la movilidad del paciente
· La enfermedad evoluciona durante años convirtiéndose en una enfermedad degenerativa crónica.

ARTROSIS: PRECAUCIONES


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· Mantenga su peso dentro de unos límites adecuados.
· Haga ejercicio moderado sin cargar las articulaciones.
· Evite realizar movimientos que requieran un esfuerzo.
· Adquiera posturas adecuadas al estar sentado o acostado.

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· Realice los ejercicios indicados por su médico.
· Procure sentarse y levantarse de manera progresiva y con ayuda..
· Evite transportar objetos pesados.
· Utilice calzado cómodo.

Fuente de información e imágenes: artrosis.livemed.es/index.html

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