El regalo - Parabolas e Historias para Educar en Valores

Parabolas e Historias para Educar en Valores

Indice de Parabolas e Historias para Educar en Valores


Un destartalado autobús rodaba penosamente por una carretera rural. En uno de los asientos, un anciano sostenía un hermoso ramo de flores recién cortadas, que iban perfumando el aire enrarecido. Dos asientos más allá, viajaba una linda joven que no podía dejar de mirar el ramo con ojos asombrados. Llegó el momento en que el anciano tenía que bajarse. De pronto y, ante la sorpresa de todos los pasajeros, le regaló el ramo de flores a la muchacha que tanto las había admirado.
-Creo que a mi esposa le gustaría que las tuviera usted - le dijo entre sonrisas-. Le voy a decir que se las di.
Arrancó el autobús y la muchacha que aceptó desconcertada y agradecida las flores, pudo ver a través de la ventanilla que el anciano estaba abriendo el portón de un pequeño cementerio.
Mucha gente le lleva flores a los muertos en la tumba y durante toda su vida nunca tuvo un detalle con ellos. Sé amable, regala la flor de tu sonrisa, mientras puedas, a las personas que viven a tu lado. Como dice el viejo proverbio: "Más vale regalarle una flor a un vivo que llorar torrentes sobre su tumba". Resalta lo positivo, sé un regalo para los demás, que tu vida estimule a vivir.
¿Dónde han ido a parar las flores?
¡Dime! ¿dónde han ido a parar las flores?
¿Las flores de la alegría de vivir,
las flores de las cosas bellas, buenas y justas?
¿Dónde están?
¿En el noticiero, en los reportajes,
en las conversaciones de cada día?
Están muertas y ahogadas
bajo una avalancha de noticias de odio,
de violencia, de asesinatos,
de alcohol, de sexo, de consumo,
de escándalo de grandes y pequeños.
Nadie ve las flores.
Nadie oye hablar de ellas.
Han muerto marchitas
en la cartera de los vendedores de sensacionalismo y en los labios de los profetas del desastre. ¡Dime! ¿dónde han ido a parar las flores? Las flores de las pequeñas ayudas recíprocas, las flores de nuestros problemas compartidos, de nuestro tiempo dado a los necesitados, de nuestras preocupaciones por los solos y los torpes. Tú tienes un corazón y una cabeza... y hay alguien que necesita de tí
¡Prepara flores!
Para muchos la vida es como un desierto
porque no conocen la amistad,
porque nadie les quiere,
porque nadie les tiende una mano.
Por más que la busquen,
no existe para ellos una señal
de simpatía, de afecto.
¡Para ellos nunca florece una flor!
Regala la flor de un beso, de una sonrisa. Una sonrisa dura un instante, pero puede ser eterna en el recuerdo. Nadie es tan rico que no la necesite, nadie es tan pobre que no pueda darla. Una sonrisa puede tumbar distancias y barreras, acercar los corazones:

* * *

A Antonio de Saint-Exupery se le conoce por su magistral obra "El Principito", que encanta por igual a grandes y a niños. La mayoría ignora, sin embargo, que Saint Exupery fue un hombre extraordinario, de una gran sensibilidad humana y una extraordinaria vocación de servicio. Durante la Segunda Guerra Mundial, combatió con inusitado valor como piloto de guerra la tiranía de los nazis y, de hecho, murió en acción. Años antes, había combatido a los fascistas en la guerra civil española. De esta experiencia nos dejó un bellísimo relato titulado La Sonrisa, que no se sabe si fue real o una creación literaria inspirada en algún suceso que vivió durante la guerra.
Cuenta el escritor que fue capturado por el enemigo y arrojado en una celda. Sabía que iban a matarlo al día siguiente y se puso extremadamente nervioso. Hurgó en sus bolsillos en busca de un último cigarrillo y, afortunadamente, consiguió uno. Con manos temblorosas se lo llevó a la boca, pero no tenía fósforos.
Miró al carcelero que, sin prestarle la menor atención, estaba distraído limpiando su arma.
-Señor, ¿no podría darme fuego? -pidió el prisionero con voz adolorida.
El carcelero lo miró sólo un momento, se encogió de hombros y se acercó para encenderle el cigarrillo. Al acercarle el fuego, sus ojos se cruzaron con los de Saint Exupery que le ofreció una profunda sonrisa de agradecimiento. Esa sonrisa prendió en el corazón del carcelero que endulzó su mirada y se le quedó sonriendo un rato con cariño. Las sonrisas fueron borrando las diferencias y acercando sus corazones. Ya no eran preso y carcelero, sino dos hombres intentando comprenderse y aceptarse.
-¿Tienes hijos? -preguntó el carcelero con vivo interés.
Saint Exupery le mostró emocionado las fotos de su familia. También el carcelero sacó las suyas y comenzó a hablar con emoción de sus hijos, de las ganas que tenía de verlos, de las cosas que haría con ellos cuando acabara la guerra.
-Yo, sin embargo, nunca más volveré a verlos -dijo entre sollozos Saint Exupery, y su llanto y su dolor profundo llenaron de lágrimas los ojos del carcelero que, sin decir una palabra, abrió la celda y en silencio condujo al escritor hacia la vida y la libertad.

* * *

El padre se puso furioso cuando su hija de tres años gastó todo un rollo de papel de envolver regalos para decorar la cajita que iba a poner bajo el árbol de navidad. Estaban muy escasos de dinero y ese despilfarro le pareció toda una grosería. A pesar del regaño, al día siguiente la niña le llevó la cajita a su papá.
-Esto es para tí, papi.
El padre se sintió avergonzado de su enojo anterior , pero le volvió la ira cuando vio que la caja estaba vacía.
-Se supone que si uno va a regalar algo, no entrega una caja vacía -le dijo a gritos el papá-. Gastaste todo el papel y para nada, para entregar una caja vacía.
-Pero no está vacía -le dijo la niña sollozando-. Durante todo el día de ayer la estuve llenando con besitos.

Recuperado para fines educativos del libro:
Para Educar Valores. Nuevas Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

Contenidos Recomendados