Puntos Sobresalientes de Números 26, 27, 28, 29

Puntos sobresalientes de la Biblia: Números 26, 27, 28, 29

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Puntos sobresalientes del libro de Números 26 a 29

*** g03 8/11 pág. 27 Cuando los seres queridos no comparten nuestra fe ***
Hay que ser razonables
La Biblia nos dice que evitemos las malas compañías, y, desde luego, entre estas podrían estar nuestros parientes cercanos (1 Corintios 15:33). Muchos siervos fieles de Dios de tiempos pasados defendieron lo que es recto, a pesar de que sus padres no estaban de acuerdo. Ese fue el caso de los hijos de Coré (Números 16:32, 33; 26:10, 11). Los cristianos verdaderos no deben renegar de su fe para complacer a otras personas, aunque se trate de sus familiares (Hechos 5:29).
A veces, los padres u otros seres queridos se oponen con vehemencia a las creencias del cristiano. Algunos hasta se hacen enemigos del cristianismo verdadero. En tales casos, los cristianos toman medidas razonables para proteger su espiritualidad. Las siguientes palabras de Jesús son pertinentes: “Los enemigos del hombre serán personas de su propia casa. El que le tiene mayor cariño a padre o a madre que a mí no es digno de mí; y el que le tiene mayor cariño a hijo o a hija que a mí no es digno de mí” (Mateo 10:36, 37).

*** g92 22/10 págs. 20-21 ¿Qué puedo hacer si la conducta de mis padres me avergüenza? ***
El ejemplo de los hijos de Coré fue similar. Antes de que la nación de Israel entrara en la Tierra Prometida, Coré, un levita eminente, encabezó una rebelión contra Moisés y Aarón. Sin embargo, la revuelta fue aplastada rápidamente cuando se ejecutó a Coré y sus seguidores mediante un terremoto y fuego procedente del cielo. No obstante, llama la atención el hecho de que los hijos de Coré sobrevivieran. (Números 26:9-11.) Parece ser que no se pusieron de parte de su padre en esa rebelión. No hay duda de que estos hijos de Coré se sintieron avergonzados por el derrotero inicuo de su padre. Sin embargo, Jehová bendijo a los descendientes de Coré debido a que se apegaron a su Ley. Algunas de las expresiones más bellas que se encuentran en la Biblia son las palabras escritas por los hijos de Coré. (Véanse los Salmos 45, 48, 84, 85, 87 y 88.)
Al igual que Josías, Ezequías y los hijos de Coré, muchos jóvenes cristianos de la actualidad han demostrado ser diferentes de sus padres rebeldes. Examina el caso de un adolescente al que llamaremos Julián, cuyos padres fueron testigos fieles de Jehová pero se convirtieron en opositores apóstatas del cristianismo. En una ocasión se manifestaron con pancartas a la entrada de un lugar donde se celebraba una asamblea cristiana a la que Julián asistía. “Fue muy humillante —explica él—. Algunos que no sabían que se trataba de mis padres me dijeron: ‘¿Has visto a esos apóstatas insensatos ahí fuera?’.” Sin embargo, Julián no imitó el derrotero rebelde de sus padres, y gracias al apoyo de familiares fieles y de otros compañeros cristianos, ha podido enfrentarse a los sentimientos de humillación y vergüenza.

*** w13 15/6 págs. 10-11 párrs. 14-15 Jehová es accesible e imparcial ***
14 Las cinco hermanas acudieron a Moisés y le preguntaron: “¿Por qué debe ser quitado el nombre de nuestro padre de en medio de su familia porque no tuvo hijo?”. Entonces le suplicaron: “Oh, danos una posesión en medio de los hermanos de nuestro padre”. ¿Qué hizo Moisés? ¿Les dijo que no se podía hacer ninguna excepción? No, más bien, “presentó la causa de ellas delante de Jehová” (Núm. 27:2-5). ¿Y cuál fue la respuesta? Jehová le dijo: “Las hijas de Zelofehad están hablando rectamente. Sin falta debes darles la posesión de una herencia en medio de los hermanos de su padre, y tienes que hacer que la herencia de su padre pase a ellas”. De hecho, fue aún más lejos. Hizo de la excepción una regla y le ordenó a Moisés: “En caso de que algún hombre muera sin tener hijo, ustedes entonces tienen que hacer que su herencia pase a su hija” (Núm. 27:6-8; Jos. 17:1-6). De ahí en adelante, ese decreto divino ampararía a todas las israelitas que estuvieran en la misma situación.
15 ¡Qué decisión tan imparcial y bondadosa! Jehová trató a aquellas mujeres desamparadas con la misma dignidad que a los israelitas más favorecidos (Sal. 68:5). Este es solo uno de los muchos relatos bíblicos que demuestran una alentadora verdad: Jehová trata imparcialmente a todos sus siervos (1 Sam. 16:1-13; Hech. 10:30-35, 44-48).

*** w13 1/2 pág. 5 Moisés, un hombre humilde ***
¿QUÉ NOS ENSEÑA SU EJEMPLO? No permitamos nunca que el poder, la autoridad o nuestras aptitudes se nos suban a la cabeza. Lo que Jehová busca en sus siervos no es tanto su capacidad como su humildad (1 Samuel 15:17). Si realmente somos humildes, seguiremos este sabio consejo bíblico: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5, 6).
El ejemplo de Moisés también nos enseña a no dar demasiada importancia a la posición que ocupamos o a la autoridad que se nos ha concedido.
¿Vale la pena seguir el ejemplo de humildad de Moisés? Claro que sí. Cuando manifestamos verdadera humildad, les hacemos la vida más fácil a los que nos rodean y nos granjeamos su cariño. Pero más importante aún, nos granjeamos el cariño de Jehová, quien se caracteriza por esta hermosa cualidad (Salmo 18:35). “Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los humildes.” (1 Pedro 5:5.) Esa es, sin duda, una poderosa razón para imitar la humildad de Moisés.

*** w07 1/4 pág. 17 La clase de sacrificios que agradan a Dios ***
Las ofrendas y los sacrificios en la adoración verdadera
Cuando se formó la nación de Israel, Jehová dio instrucciones explícitas sobre cómo quería que le adoraran los israelitas, y entre las cosas que les mandó figuraban las ofrendas y los sacrificios (Números, capítulos 28 y 29). Algunas ofrendas consistían en frutos de la tierra, y otras requerían el sacrificio de ciertos animales: toros, ovejas, cabras, palomas y tórtolas (Levítico 1:3, 5, 10, 14; 23:10-18; Números 15:1-7; 28:7). Se hacían holocaustos, es decir, ofrendas quemadas que tenían que consumirse por completo en el fuego (Éxodo 29:38-42), y también sacrificios de comunión, en los que quien traía la ofrenda participaba comiendo algo de lo que se había sacrificado a Dios (Levítico 19:5-8).
Todas las ofrendas y sacrificios que dictaba la Ley mosaica formaban parte de la adoración que los israelitas le rendían a Dios y eran una muestra de que lo reconocían como el Soberano del universo. Mediante ellos, obtenían el perdón de sus pecados y expresaban gratitud a Jehová por haberlos bendecido y protegido. Además, siempre que el pueblo cumplía fielmente con los requisitos que Jehová había estipulado para adorarlo, recibía muchas bendiciones (Proverbios 3:9, 10).

*** w07 1/1 págs. 24-25 párr. 17 “Serán ustedes completamente dichosos” ***
17 Es interesante notar que durante esta antigua fiesta se ofrecían 70 toros (Números 29:12-34). El número 70 representa a las 70 familias que descendieron de Noé, de las que procede toda la humanidad (Génesis 10:1-29). Por lo tanto, el sacrificio de Jesús beneficiará a los fieles de toda la humanidad. En conformidad con este hecho, la recolección se ha extendido en nuestros días para abarcar a personas de todas las naciones que manifiestan fe en Jesús y abrigan la esperanza de vivir en una Tierra paradisíaca.

*** w79 15/1 pág. 14 El Sermón del Monte... “Cuando ayunes, úntate la cabeza con aceite” ***
El ayuno no se mencionaba específicamente en la ley de Dios dada por medio de Moisés. Pero la Ley sí mandaba que en el Día de la Expiación los israelitas ‘se afligieran,’ lo cual se entiende que significaba ayunar. (Lev. 23:27; Núm. 29:7; vea también Levítico 16:29-31, Biblia de Jerusalén; compare con Salmo 35:13; Isaías 58:3, 5.) Aunque éste era el único ayuno público que exigía la ley mosaica, los israelitas observaban muchos otros. Ayunaban públicamente en aniversarios de desastres nacionales y durante tiempos de sequía, escasez de cosechas, pestilencia y guerra.—Zac. 7:5; 8:19.
EL CONSEJO DE JESÚS SOBRE EL AYUNO
Jesús comenzó su consejo sobre la abstinencia de alimento diciendo: “Cuando ayunen, dejen de ponerse de rostro triste como los hipócritas, porque ellos desfiguran su rostro para que les parezca a los hombres que ayunan.”—Mat. 6:16a.
Jesús nunca mandó a sus discípulos que ayunaran, y se conocía que ellos no practicaban ayunos con regularidad alguna. (Mat. 9:14, 15) Por otra parte, el Hijo de Dios no dio a sus seguidores la dirección de evitar aquella práctica por completo. La expresión, “cuando ayunen,” indica que algunos de sus discípulos ayunarían en ocasiones especiales.—Vea Hechos 13:2, 3; 14:23.

*** it-2 pág. 523 Ofrendas ***
Ofrendas quemadas. Las ofrendas quemadas se presentaban íntegramente a Dios; el adorador no retenía para sí ninguna parte del animal. (Compárese con Jue 11:30, 31, 39, 40.) Estas ofrendas constituían un llamamiento a Jehová para que aceptase, o indicase que aceptaba, la ofrenda por el pecado que a veces las acompañaba. Jesucristo, a modo de “holocausto”, se entregó completamente.
Ocasiones en que se presentaban ofrendas quemadas, y sus características:
1) Se ofrecían con regularidad: cada mañana y cada anochecer (Éx 29:38-42; Le 6:8-13; Nú 28:3-8), cada día sabático (Nú 28:9, 10), el primer día del mes (Nú 10:10), el día de la Pascua y los siete días de la fiesta de las tortas no fermentadas (Le 23:6-8; Nú 28:16-19, 24), el Día de Expiación (Le 16:3, 5, 29, 30; Nú 29:7-11), el día del Pentecostés (Le 23:16-18; Nú 28:26-31) y cada día de la fiesta de las cabañas. (Nú 29:12-39.)

*** si pág. 34 párr. 29 Libro bíblico número 4: Números ***
29 Ahora Jehová manda a Moisés y Eleazar que realicen nuevamente un censo del pueblo, como se había hecho casi 39 años antes en el monte Sinaí. La cuenta final muestra que no ha habido aumento en sus filas. Por el contrario, el registro indica que hay 1.820 hombres menos. No queda ninguno de los que se habían registrado en Sinaí para servicio en el ejército, excepto Josué y Caleb. Como Jehová había dicho que sucedería, todos ellos habían muerto en el desierto. Jehová entonces da instrucciones sobre dividir la tierra como herencia. Repite que Moisés no entrará en la Tierra de Promisión por no haber santificado a Jehová en las aguas de Meribá (20:13, nota; 27:14, nota). Se comisiona a Josué como sucesor de Moisés.

*** it-2 págs. 237-238 Límite ***
Los límites de las tribus de Israel. (MAPA, vol. 1, pág. 744.) Cuando Israel conquistó la Tierra Prometida, a las tribus de Rubén y Gad y a la media tribu de Manasés se les concedió tomar su herencia “del lado del Jordán hacia el naciente”. (Nú 32:1-5, 19, 33-42; 34:14, 15; Jos 13:8-13, 15-32.) Después de seis años de luchas contra los cananeos con el fin de someterlos, llegó el momento de determinar los límites de la tierra asignada al O. del Jordán a las restantes nueve tribus y a la media tribu de Manasés. Jehová designó a Josué, a Eleazar el sacerdote y a un principal de cada tribu para que constituyesen una comisión que supervisase la distribución. (Nú 34:13-29; Jos 14:1.) El procedimiento seguido se apegó a las instrucciones que Dios le había dado a Moisés tiempo atrás: “Conforme al gran número debes aumentar la herencia de uno, y conforme al corto número debes reducir la herencia de uno. A cada uno se debe dar su herencia en proporción con sus inscritos. Solo que por sorteo debe repartirse proporcionalmente la tierra”. (Nú 26:52-56; 33:53, 54.)
Por consiguiente, parece que la distribución de la tierra se efectuó en función de estos dos criterios: por sorteo y conforme al tamaño de la tribu. Es posible que mediante el sorteo se determinase el lugar aproximado de la herencia que correspondería a cada tribu, bien al N., S., E. u O. de la tierra, bien en la región de la llanura costera o en la zona montañosa. Como la decisión procedía de Jehová, se evitaron los recelos y disputas entre las tribus. (Pr 16:33.) De este modo Dios también podía controlar el resultado del sorteo con el fin de que la asignación de cada tribu correspondiese con la profecía que el patriarca Jacob había pronunciado en su lecho de muerte y que se registra en Génesis 49:1-33.
Después de determinar por sorteo la ubicación geográfica de la tribu, había que delimitar sus fronteras, tomando en cuenta el segundo criterio: el tamaño de la tribu. “Y tienen que repartirse proporcionalmente la tierra como posesión, por sorteo, según sus familias. Al populoso deben aumentarle su herencia, y al escaso deben reducirle su herencia. A donde le resulte la herencia por sorteo, allí llegará a ser suya.” (Nú 33:54.) En consecuencia, si bien la decisión tomada por sorteo respecto a la ubicación geográfica era invariable, la extensión de la herencia se ajustaría al tamaño de la tribu. A eso se debe el que se redujese el territorio de Judá cuando se vio que era demasiado grande y se asignase una parte a la tribu de Simeón. (Jos 19:9.)
El aumento o la disminución de la extensión de la herencia no se determinó en todo caso por el criterio de proporcionalidad, pues la tribu de Dan, la segunda más populosa, recibió una de las extensiones de tierra más pequeñas, lo que indica que se debieron tener en cuenta otros criterios, como el número de ciudades que había en la región, la orografía del terreno y la calidad del suelo para el cultivo. (Compárese con Jos 17:14-18.)

*** w02 1/12 pág. 12 Los recuerdos de Josué ***
Nombrado sucesor de Moisés
Próximo a su muerte, Moisés le pidió a Dios que nombrara un sucesor para que los israelitas no llegaran a ser “como ovejas que no tienen pastor”. ¿Qué respondió Jehová? Había que nombrar ante toda la asamblea a Josué, “un hombre en quien hay espíritu”, y debían escucharle. ¡Qué magnífica recomendación! Jehová había visto la fe y la capacidad de Josué. El acaudillamiento de Israel no podía haber quedado en mejores manos (Números 27:15-20). Con todo, Moisés sabía que Josué se enfrentaría a enormes desafíos, así que lo exhortó a ser “animoso y fuerte”, pues Jehová continuaría con él (Deuteronomio 31:7, 8).

*** it-2 pág. 525 Ofrendas ***
Libaciones. Junto con la mayoría de las ofrendas también se presentaban libaciones, especialmente una vez que los israelitas se establecieron en la Tierra Prometida. (Nú 15:2, 5, 8-10.) La libación consistía en vino (“licor embriagante”) que se derramaba sobre el altar. (Nú 28:7, 14; compárese con Éx 30:9; Nú 15:10.)

*** gt cap. 31 Arrancan grano en sábado ***
Jesús indica otro ejemplo, así: “¿No han leído en la Ley que los sábados los sacerdotes en el templo tratan el sábado como no sagrado y continúan inculpables?”. ¡Sí, hasta en el sábado los sacerdotes siguen degollando y haciendo otras obras en el templo para preparar los sacrificios animales! “Pues yo les digo —dice Jesús— que algo mayor que el templo está aquí.”

*** it-2 pág. 631 Pentecostés ***
El relato de Números 28:27-30 coincide con los relatos correspondientes de Levítico y Deuteronomio en lo que respecta a la ofrenda de comunión, pero difiere ligeramente en las demás ofrendas. En lugar de siete corderos, un toro joven, dos carneros y un cabrito —como en Levítico 23:18, 19—, dice que se tenían que presentarse siete corderos, dos toros jóvenes, un carnero y un cabrito. Los comentaristas judíos opinan que el pasaje de Levítico se refiere al sacrificio que se ofrecía junto con los panes mecidos, y el de Números, al sacrificio correspondiente a la fiesta en sí, de modo que se ofrecían los dos sacrificios. En respaldo de esta conclusión, cuando Josefo habla de los sacrificios del día del Pentecostés, menciona primero los dos corderos de la ofrenda de comunión y luego combina las restantes ofrendas, enumerando tres bueyes, dos carneros (en lugar de tres; tal vez por error de la transcripción), catorce corderos y dos cabritos. (Antigüedades Judías, libro III, cap. X, sec. 6.) Este día era una convocación santa, un día sabático. (Le 23:21; Nú 28:26.)

*** it-1 pág. 881 Etanim ***
Etanim era también un mes de celebraciones. El primer día era el “día del toque de trompeta”. (Le 23:24; Nú 29:1.) Puesto que todas las lunas nuevas se solían anunciar con un toque de trompeta, parece ser que este día las trompetas sonaban más de lo habitual. (Nú 10:10.)

*** it-1 pág. 678 Día de Expiación ***
El Día de Expiación era un tiempo para convocación santa y ayuno, como lo indica el hecho de que el pueblo entonces tenía que ‘afligir sus almas’. Este era el único ayuno que se estipulaba en la ley mosaica. Era también un sábado, es decir, un día para abstenerse de los trabajos cotidianos. (Le 16:29-31; 23:26-32; Nú 29:7; Hch 27:9.)

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD‒ROM

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