El Cocuyo - Parabolas e Historias para Educar en Valores

Parabolas e Historias para Educar en Valores

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Cuentan las viejas historias que, al comienzo de los tiempos, los cocuyos eran completamente negros, pues así los había creado Dios. Vivían muy felices y en las noches podían atacar sin problemas a los gusanitos y defenderse de los sapos que nunca lograban atraparlos porque no los veían.
Una noche se perdió un niño en el bosque, y a medida que la oscuridad se volvía más y más espesa, se puso a llorar con desconsuelo. El cocuyo quería ayudarle, pero ¿cómo?. "Si al menos tuviera un fósforo para alumbrarle el camino... "
Entonces emprendió vuelo hacia el cielo, y cuando llegó frente al trono de Dios, le suplicó :
-Dame un fósforo para alumbrar el camino a un niño que se perdió en el bosque.
Y Dios le prendió un fósforo. Pero cuando el cocuyo lo quiso agarrar, casi se quema las alas.
-No podré ayudar al niño con un fósforo. Está muy caliente y me quemo las
alas.
Entonces, Dios se puso a pensar y le dijo al cocuyo:
-La solución es que tú te conviertas en luz -y tocándole el abdomen, se lo hizo fosforescente.
El cocuyo llegó donde estaba el niño y se puso a volar delante de él. Así el niño pudo encontrar el camino para regresar a su casa.
Desde ese día, los cocuyos vuelan por las noches, alumbrando como si fueran estrellas con alas, para orientar a todos los niños que andan perdidos.
En educación, para alumbrar caminos, es necesario convertirse en luz. Ser luz es ser ejemplo, modelo que pueda iluminar los senderos de la vida.
¿Quieres saber la diferencia entre quien instruye y quien educa? El que instruye habla del fuego o incluso tal vez muestra una antorcha. El que educa se transforma en antorcha. El genuino maestro es un hombre-vela que se va consumiendo para alumbrar y dar calor a los demás, para que brille en la oscuridad de sus corazones la nueva luz de la esperanza:
Miro la realidad.
Veo un incendio de dolor
que se extiende por la tierra,
y sale un grito desde el fuego.
Sigo mirando hacia abajo. En la tierra calcinada veo brotar el sueño verde de una nueva humanidad.
Contemplo más hondo. Desafiando al desencanto veo al unirse las manos la fuerza para crear lo soñado.
Y en el fondo de todo, del grito, del sueño y la fuerza, te veo a tí, Dios encarnado alimentando el futuro nuevo.
(Benjamín González Buelta)
Dios está con nosotros, acompaña nuestros pasos, no perdamos por ello nunca la esperanza:

* * *

Al comienzo de los tiempos existían millones y millones de estrellas en el cielo. Las había de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, amarillas, rojas, azules...
Un día, se acercaron inquietas a Dios y le dijeron:
-Señor Dios, nos gustaría bajar a la tierra y vivir con los hombres y mujeres que la habitan.
-Si ustedes lo desean, así será -les dijo Dios-, y dicen que esa noche cayó sobre la tierra una bellísima lluvia de estrellas.
Algunas se acurrucaron en los campanarios de las iglesias, otras se mezclaron con las flores, los árboles y las luciérnagas del bosque, otras se ocultaron en los juguetes de los niños y desde esa noche toda la tierra quedó maravillosamente iluminada.
Sin embargo, cuando fueron pasando los tiempos, las estrellas decidieron regresarse al cielo y dejaron la tierra oscura y triste.
-¿Por qué regresaron? -les preguntaba Dios a medida que iban llegando al
cielo.
-Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra por más tiempo. Allí hay mucho egoísmo, miseria, injusticia y maldad.
Entonces, el Señor les dijo:
-Tienen ustedes razón. Ustedes pertenecen aquí, al cielo. La tierra es el lugar de lo transitorio e imperfecto. El cielo es el lugar de la perfección y de lo eterno, donde nada yerra ni perece.
Cuando terminaron de llegar todas las estrellas, Dios las contó y notó que faltaba una. "¿Se habría perdido por el camino?"
Entonces, le dijo a Dios un ángel:
-No, Señor, no se ha perdido. Ella decidió quedarse con los hombres y mujeres de la tierra. Ella comprendió que debe vivir donde impera la imperfección, donde las cosas no marchan bien, donde hay dolor, injusticia, miseria y muerte.
-¿Qué estrella es esa? -le preguntó Dios muy intrigado.
-Es la estrella verde, Señor, la de la esperanza.
Y cuando volvieron los ojos a la tierra, vieron asombrados que la estrella no estaba sola y que de nuevo toda la tierra estaba iluminada pues en el corazón de cada hombre y de cada mujer brillaba una estrellita verde, la luz de la esperanza, la única estrella que Dios no necesita y que da sentido a la vida sobre la tierra.

Recuperado del libro:
Para Educar Valores. Nuevas Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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