Biografía de Cristóbal Colón | Navegante y descubridor

ADSBYGOOGLE

Biografías de personajes históricos y gente famosa

Navegante italiano, nacido en Génova hacia 1451 y muerto en Valladolid entre el 20 y el 21 de mayo de 1506, que estuvo al servicio de los Reyes Católicos y fue el "descubridor" del continente americano.

Los primeros años de la vida de Cristóbal Colón hasta su llegada a España son confusos, lo cual ha dado lugar a numerosas especulaciones en torno al lugar de su nacimiento y orígenes familiares. El mismo contribuyó a rodear su persona y pasado de vaguedades y misterios, posiblemente para esconder su origen humilde, pues afirmaba descender de linaje ilustre. Su propio hijo, Hernando, en la biografía que hizo de su padre, lo presenta como miembro de una noble familia italiana de marinos, entre los cuales se contaban varios almirantes, y antiguo alumno de la Universidad de Pavía. No obstante, los datos registrados en el acta de su testamento, otorgado en Valladolid el 19 de mayo de 1506, afirman el origen genovés de Colón. También los testimonios aportados por la Racolta colombina (1892-1896), publicada con motivo del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, señalan el origen genovés de los Colombo.

Cristóbal Colón fue hijo de Doménico Colombo, maestro tejedor de lana, quesero y tabernero, y de Susana Fontanarossa, hija también de un tejedor de la comarca genovesa. Fue el mayor de cinco hermanos, Juan Pellegrino, Bartolomé, Diego y Bianchinetta. Al parecer, accedió a la escasa instrucción que poseía en alguna escuela sostenida por los gremios de artesanos y, sobre todo, gracias a las conversaciones con marinos y negociantes en las calles del puerto genovés. Se cree que hacia 1468 empezó a navegar, alternando sus actividades de tejedor con viajes comerciales de cabotaje por las costas cercanas a Génova. Hacia 1474 participó en una expedición comercial a la isla de Chíos, en el mar Egeo, controlada entonces por los genoveses. A mediados de 1476 se embarcó en una de las cinco naves mercantes de una flota que se dirigía hacia Inglaterra que fue atacada el 13 de agosto de ese año, cerca del cabo San Vicente, por el corsario francés Guillaume Casenove, el buque donde navegaba Colón se hundió, por lo que tuvo que llegar a nado hasta las costas de Portugal.

Lisboa era en aquellos momentos un foco de expediciones descubridoras -la exploración por el litoral africano estaba ya avanzada- y, muy posiblemente, Colón encontró protección entre la colonia de genoveses dedicados al comercio. Consiguió prosperar como marino mercante y desde finales de 1476 hasta mediados de 1479 realizó viajes a Inglaterra, Islandia y Madeira, convirtiéndose en un experto navegante del Atlántico. En 1479 contrajo matrimonio en la isla de Porto Santo, próxima a Madeira, con Felipa Moniz Perestrello, cuyo padre, Bartolomé, había sido criado del famoso infante Enrique el Navegante, promotor de los descubrimientos portugueses. Colón recibió entonces de su suegro la Capitanía de Porto Santo y los papeles, cartas e instrumentos de navegación que le estimularían en el estudio de la cosmografía y astronomía. El marino y su esposa vivieron un tiempo en Porto Santo, donde debió nacer su hijo Diego, y luego se establecieron en Madeira.

Entre 1480 y 1483 Colón realizó varios viajes comerciales a Lisboa, las Azores, las Canarias, Cabo Verde y la costa africana de Guinea. En ese período sus propias reflexiones y la información que iba recibiendo de los conocedores de la navegación atlántica le permitieron concebir una idea que sería directriz constante de su trayectoria posterior.

Colón creía firmemente que navegando directamente por occidente se podía llegar a oriente, las tierras que Marco Polo había descrito en el relato de sus viajes, Catay (China) y Cipango (Japón), ricas en especias y otros bienes. El acceso a las tierras de las especias se hallaba prácticamente cerrado para el comercio desde que los turcos, con la conquista de Constantinopla en 1453, habían cortado las posibilidades de expansión y enlace mercantil en el Mediterráneo. Colón conocía la correspondencia entre el canónigo de Lisboa, Fernando Martins, y el cosmógrafo florentino Paolo Toscanelli, quien opinaba que la distancia marítima entre los extremos occidental de Europa y oriental de Asia no era grande y podía navegarse fácilmente.

El propio Colón mantuvo correspondencia entre 1480 y 1482 con Toscanelli, que insistía en la posibilidad y conveniencia de intentar esa navegación. Ambos sostenían la idea de la esfericidad de la Tierra. Ptolomeo había asignado 180º de los 360º que forman la esfera a la extensión continental entre Portugal y China o el extremo de Asia, viajando (como Marco Polo) de oeste a este. Toscanelli los aumentó hasta 230º, con lo cual Portugal, navegando a través del Atlántico hacia el oeste, distaría sólo 130º de la esfera de las costas orientales de Asia. Colón, por su parte, creía que había que hacerle a estas hipótesis dos correcciones; según opinaba, los 230º de que hablaba Toscanelli no comprendían las tierras del Extremo Oriente citadas por Marco Polo, que se extendían más allá unos 28º y, además, consideraba que si la navegación hacia el occidente se emprendía desde las Canarias, Azores o Cabo Verde, la distancia a navegar se acortaba todavía más.

Una vez preparado su proyecto, Colón lo presentó al rey de Portugal, Juan II, solicitando su apoyo para tal empresa. Era el año 1484. El monarca lo rechazó siguiendo el dictamen de la comisión encargada de estudiarlo, compuesta por el obispo de Ceuta, Diego Ortiz de Villegas, matemático y cosmógrafo, Josef Vizinho, médico del rey y cosmógrafo, y el maestro Rodrigo das Pedras Negras, que había perfeccionado el astrolabio. Decepcionado, Colón, que había quedado viudo, decidió en 1485 marchar a España con su hijo Diego, y allí dirigirse al monasterio franciscano de La Rábida, en Huelva, con el propósito de que los monjes le contasen cuánto supieren sobre la existencia de islas al occidente de las Canarias, entre ellas, las fabulosas Antilia y la isla de las siete ciudades, que se creía estaban cerca de Cipango (Japón).

Allí, Colón se entrevistó con un piloto español del puerto de Palos -del que siempre se ha hablado como el "piloto desconocido", aunque hoy se sabe que fue Pedro Vásquez de la Frontera-, con el que sostuvo varias conversaciones que confirmaron las ideas de Colón; ya que el citado piloto le contó como había participado hacia 1452 en una expedición organizada por el infante Enrique el Navegante, que había zarpado de las Azores y luego alcanzado por el oeste el mar de los Sargazos. Aunque no habían tocado tierra por la fuerza de las corrientes que los desviaron al norte, la presencia de aves terrestres y otras señales les había confirmado la proximidad de ésta.

Con el apoyo de los frailes Antonio de Marchena y Juan Pérez, Colón dejó en el monasterio a su hijo y se dirigió a Córdoba y Sevilla, donde residían temporalmente los Reyes Católicos, a fin de entrevistarse con ellos. Acogido por el contador mayor Alonso de Quintanilla y el cardenal Pedro Mendoza, Colón logró en enero de 1486 exponer a los Reyes su plan en Alcalá de Henares, donde se había trasladado la corte. La reina quedó favorablemente impresionada y durante el resto del año y los primeros meses de 1487, el proyecto fue sometido al estudio de una Junta presidida por el teólogo fray Hernando de Talavera.

Entre tanto, Colón conoció en Córdoba a Beatriz Enríquez de Arana, de quien tendría en agosto de 1488 a su hijo Hernando, historiador y futuro biógrafo del Almirante. A mediados de 1487 los reyes lo recibieron en Málaga, informándolo del fallo negativo de los cosmógrafos, que consideraban errados sus cálculos y medidas. No obstante, recibió ayuda económica de la Corte. Colón reaccionó rápidamente. Por un lado, continuó ensanchando el círculo de sus protectores en la Corte, al contar con la ayuda de Talavera, fray Diego de Deza, y al interesarse por él los cortesanos Luis de Santángel y Beatriz de Bobadilla, amiga íntima de la Reina. Por otro, acudió de nuevo a Portugal y, aunque Juan II le envió un salvoconducto para que regresase cuando quisiera, no existe constancia de que realizase este viaje. La falta de interés portuguesa es explicable. El paso por Bartolomé Díaz del cabo de Buena Esperanza en 1488 abría definitivamente la ruta a la India por el este; la ruta del oeste no era una prioridad para el monarca portugués.

En agosto de 1489 la reina Isabel recibió a Colón en Jaén y le ofreció volver a considerar su proyecto cuando se tomara Granada, el último reducto musulmán en la Península. Aunque los duques de Medina Sidonia y Medinaceli le ofrecieron ayuda, a finales de 1491 Colón estaba decidido a abandonar Castilla, cansado de esperar. Pese a todo, sus amigos de La Rábida fray Juan Pérez, prior del convento, y Garcí Hernández, médico y cosmógrafo de Palos, consiguieron disuadirle y lograron, tras otra gestión en la Corte, más dinero y una orden para que Colón acudiese a Santa Fe, donde se hallaban los Reyes. Con el final de la guerra de Granada el 2 de enero de 1492 se abrieron nuevas perspectivas.

El proyecto colombino fue sometido a una junta de la que formaron parte el cardenal Mendoza, fray Juan Pérez, Luis de Santángel, tesorero del rey Fernando, y el legado papal Alejandro Geraldini, quienes se mostraron un tanto reticentes ante las desorbitadas pretensiones del navegante: el almirantazgo de todas las islas y tierras firmes que descubriera, título que heredarían sus sucesores; el virreinato y gobernación de dichas tierras, quedando a su potestad la presentación a los soberanos de tres candidatos para todos los cargos que hubiera que designar; la décima parte de los productos obtenidos y una octava parte en cuantos navíos se armasen para nuevos descubrimientos y disfrute de igual proporción en las ganancias. Las negociaciones se tornan dificultosas, pero ante la intercesión de Santángel, que logró convencer a la reina, se firmaron entre Colón y la corona las Capitulaciones de Santa Fe. Era el 17 de abril de 1492.

El costo total de la expedición de descubrimiento se ha calculado entre uno y dos millones de maravedíes. La financiación fue aportada por la reina, Santángel y varios banqueros y comerciantes genoveses y florentinos, que prestaron quinientos mil maravedíes a Colón. El 22 de mayo de 1492 llegó al puerto de Palos con un mandato real ordenando que el municipio debía contribuir con dos carabelas de armada. No obstante, fue necesario arrendar una tercera. La orden establecía que las naves debían estar listas en diez días, pero se requirieron diez semanas para concluir los preparativos. Gracias a las gestiones y el prestigio de los hermanos Pinzón, Francisco, Martín Alonso y Vicente Yánez, se pudo completar la tripulación, compuesta por poco más de cien hombres, entre marineros y auxiliares.

El 3 de agosto de 1492 partieron del puerto de Palos las tres naves, la Santa María al mando de Colón, la Pinta capitaneada por Martín Alonso Pinzón y la Niña, dirigida por Vicente Yánez Pinzón. Los reyes entregaron a Colón cartas para el Gran Khan de Tartaria, y en la tripulación iba como intérprete un judío converso, Luis de Torres, que conocía las lenguas de oriente. Nueve días después, la flota arribó a las islas Canarias y el 6 de septiembre partió de nuevo rumbo al oeste.

El viento era favorable y el mar estaba tranquilo, pero pronto empezó a reinar la inquietud entre la tripulación. En los primeros días de octubre se avistaron bandadas de aves, lo cual contribuyó a calmar los ánimos, pues parecía anunciar la cercanía de tierras. En la madrugada del 12 de octubre Juan Rodríguez Bermejo (llamado por la tradición Rodrigo de Triana), vigía de la Pinta, vio brillar una playa arenosa en el horizonte, y lanzó el grito de "¡Tierra!". Habían llegado a una de las islas de las Bahamas, llamada Guanahaní por los indígenas, a la que Colón bautizó con el nombre de San Salvador.

Convencido de que había alcanzado una de las innumerables islas del este de Asia, Colón fijó rumbo hacia el sudoeste, descubriendo a lo largo de su ruta nuevas islas, y llamó a los hombres con quienes entró en contacto "indios", por considerarlos naturales de la India. En las semanas sucesivas, Colón descubrió las islas Santa María de la Concepción, Fernandina e Isabela. Al encontrar una isla a la que los indígenas llamaban Cobba o Cuba, creyó que estaba ya en tierra firme, en las costas de Catay (China), pero al percatarse de que también era una isla la llamó Juana. Durante las siguientes semanas las tres carabelas recorrieron la costa noreste de Cuba, donde entraron en contacto con otros grupos de indígenas y obtuvieron oro. Colón se alejó de las costas cubanas el 5 de diciembre y alcanzó la isla La Española, actual Santo Domingo.

El 25 de diciembre de 1492 la Santa María encalló en un banco de arena y con sus restos se construyó el primer establecimiento español en América, Fuerte Navidad. El 4 de enero de 1493 partió la Niña rumbo a España, dejando en el fuerte una guarnición de treinta y ocho hombres al mando de Diego de Arana. Dos días después se le unió la Pinta. Fuertes tormentas separaron ambos barcos a mediados de febrero y, por fin, el 4 de marzo, la Niña, mandada por Colón, logró entrar en la desembocadura del Tajo. Tras entrevistarse con el rey portugués, Colón siguió camino de Palos, donde desembarcó seis días después. Casi al mismo tiempo llegaba, muy enfermo, Martín Alonso Pinzón, a quien las tempestades habían arrojado a Bayona, en la costa septentrional de España, donde moría el 20 de marzo.

Llamado a la Corte, que estaba en Barcelona, Colón atravesó triunfalmente la Península. Los Reyes Católicos lo recibieron solemnemente a fines de abril, y le concedieron todos los honores estipulados. De inmediato se acometió la preparación de una nueva expedición, con la misión de colonizar y evangelizar a los nativos. Entretanto, Isabel y Fernando realizaron gestiones ante el papa Alejandro VI pidiéndole que les confirmara la posesión de las nuevas tierras. El Papa redactó entonces las célebres bulas alejandrinas (mayo y septiembre de 1493), en las que establecía una línea de polo a polo, a 100 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, que dejaba para Portugal lo que se descubriera hacia oriente de esta línea y a Castilla lo que quedara a Occidente.

Fuera del arbitraje pontificio, los reinos de Castilla y Portugal se entenderían más tarde con la firma, el 7 de junio de 1494, del Tratado de Tordesillas, que dejaba establecidas las zonas de jurisdicción de ambos reinos en el Atlántico, quedando bajo dominio portugués las tierras situadas hasta 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, y bajo dominio castellano todo lo que se descubriera a partir de esa línea.

El 25 de septiembre de 1493 partió del puerto de Cádiz la segunda expedición de Colón, compuesta por una flota de diecisiete naves y cerca de mil quinientos hombres, entre hidalgos, artesanos, marineros, labradores y religiosos. Miembros de la expedición eran Diego Colón, hermano del Almirante, Juan de la Cosa, Álvarez Chanca, autor de una relación del viaje, y Alonso de Ojeda. Navegando más hacia el sur que en el primer viaje, llegaron el 3 de noviembre a una isla de las Pequeñas Antillas que denominaron Dominica. Durante los días siguientes descubrieron nuevas islas: María Galante, Guadalupe, Monserrat, Santa María la Redonda, Santa María de la Antigua, San Martín y Santa Cruz, entre otras. El 16 de noviembre descubrieron la isla llamada Borinquen por los indios, bautizándola como San Juan Bautista (la actual Puerto Rico).

Cuando llegaron el 22 de noviembre a La Española, encontraron el Fuerte Navidad destruido y aniquilada la guarnición. Abandonaron entonces ese lugar y fundaron al noreste de Haití una nueva colonia, Isabela, primera ciudad europea en el Nuevo Mundo. A continuación, Colón envió doce naves a España al mando de Antonio Torres, con cartas en las que explicaba a los reyes los sucesos ocurridos y solicitaba nuevos pertrechos. Entretanto, mandó a Alonso de Ojeda a explorar el interior de la isla, donde rescató oro. Después de cortar con energía algunas disensiones, Colón abandonó la Isabela y se dirigió al interior, donde fundó en marzo de 1494 el fuerte de Santo Tomás. Este fuerte fue asaltado por los aborígenes, cuyo jefe Canoabo o Caonaboa (señor de la Casa del Oro) había dirigido anteriormente el exterminio de La Navidad y luego sería muerto en poder de los españoles.

Las condiciones caóticas en las que Colón encontró a Isabela tras su regreso, el 29 de marzo, le obligaron a tomar duras medidas que lo enemistaron con algunos de sus hombres. Por fin, Colón reemprendió el 24 de abril de 1494 la navegación en busca de Cipango. Mientras recorría la costa meridional de Cuba, se desvió al sur y descubrió Jamaica, a la que llamó Santiago. Continuó luego la exploración de la costa cubana, internándose en un laberinto de islotes que llamó "Jardín de la Reina" a los que en un pricipio tomó por el archipiélago de las mil islas descrito por Marco Polo, si bien llegó luego a la convicción de que había arribado a tierra firme. A su regreso a Isabela encontró grandes dificultades, ya que los españoles estaban en guerra con una alianza de cuatro caciques. Colón y su hermano Bartolomé derrotaron a los indios en la Vega y les impusieron un tributo que ha sido considerado como el punto de partida de los repartimientos.

Tras sufrir una grave enfermedad Colón decidió regresar a España. Previamente hizo erigir siete fortalezas y encomendó a su hermano Bartolomé, a quien dejó como gobernador, la fundación de una ciudad. Zarpó el 10 de marzo de 1496 y llegó a Cádiz el 11 de abril. Uno de los buques utilizados, la India, había sido construido en La Española. Fue el primero hecho en América que llegó a España. Pocos meses después Bartolomé cumplió el mandato de su hermano y el 5 de agosto de 1496 fundó la ciudad de Santo Domingo, que pronto se convirtió en la más importante del Nuevo Mundo.

En el otoño de 1496, Colón fue recibido en Burgos por los Reyes, quienes confirmaron sus privilegios; sin embargo, Fernando e Isabel empezaban a cuestionar sus promesas pues deseaban utilizar su pericia como navegante y explorador, pero se daban cuenta de la necesidad de apartarlo del gobierno de La Española. Pese a los recelos de los monarcas, en abril de 1497 se empezó a preparar otra expedición. Con apoyo de la corona, Colón logró equipar seis naves, en las cuales habían de embarcar soldados, marineros, labradores, artesanos y menestrales de diversos oficios, entre cuyos cometidos estaban los de introducir cultivos como la caña de azúcar y establecer repartimientos de tierras entre los pobladores.

El 30 de mayo de 1498 partió el tercer viaje colombino desde Sanlúcar de Barrameda, con más de doscientos hombres. Se deseaba conocer la ubicación de las islas descubiertas y la posición exacta respecto a la línea de demarcación establecida por el Tratado de Tordesillas con Portugal. La flota hizo escala en Madeira y La Gomera, donde se abasteció y dividió la expedición: tres navíos fueron directamente a La Española y Colón, con las otras tres embarcaciones, siguió un rumbo más meridional. El almirante llegó al archipiélago de Cabo Verde, de donde partió el 4 de julio en dirección oeste. El 31 del mismo mes descubrió la isla de Trinidad; bordeando la parte meridional de la isla vio el delta de un gran río, el Orinoco, y la costa de lo que creyó una isla, Venezuela. El 2 de agosto de 1498 entró en el golfo de Paria, descubriendo el continente sudamericano. Los nativos los recibieron muy amistosamente; los ríos y la vegetación exuberante impresionaron tan profundamente a Colón que imaginó estar próximo al paraíso terrenal. El 13 de agosto cruzó el estrecho de la boca de Dragos y recorrió la parte norte de Paria y continuó por la costa hacia occidente, descubriendo las islas de Margarita, Coche y Cubagua.

El 15 de agosto tomó rumbo hacia el norte y se dirigió a La Española. A su regreso encontró la población dividida por la sublevación de Francisco Roldán, a quien había nombrado alcalde de Isabela, y las escasas perspectivas de hallar riquezas. Colón pactó entonces con los rebeldes y se dispuso a obtener beneficios con la venta de esclavos, así que envió a España unos trescientos. Enterados los reyes de la situación de La Española, decidieron enviar a Francisco de Bobadilla, comendador de la Orden de Calatrava, para hacerse cargo de la gobernación y administrar justicia, quien llegó a la isla el 23 de agosto de 1500. Colón y sus hermanos fueron apresados y enviados a España, donde llegaron el 25 de noviembre de 1500. Los reyes recibieron al almirante en Granada y le restituyeron en sus prerrogativas pero no en su gobierno. A pesar de estos acontecimientos Colón fue autorizado en octubre de 1501 a preparar otra expedición.

El 9 de mayo de 1502, con una flota de cuatro navíos, partió de Cádiz rumbo a las Canarias, desde donde zarpó hacia el Nuevo Mundo el 25 de aquel mes. Su propósito era encontrar un paso al oeste de las Antillas que lo llevara al Extremo Oriente. El 15 de junio se encontraba frente a la isla antillana de Martinica; de allí salta a San Juan de Puerto Rico y, al pretender pasar a La Española, recibe la negativa del nuevo gobernador, Nicolás de Ovando. El 14 de agosto de 1502 llegó a Tierra Firme, en territorio de lo que hoy es Honduras. Recorriendo el istmo centroamericano hacia el sur, bordeando Nicaragua y Costa Rica, llegó hasta Veraguas, en las costas panameñas, donde intentó en vano fundar una ciudad, Río de Belén, en enero de 1503. Tras enfrentarse continuamente a tormentas y huracanes, el almirante perdió dos barcos y con los otros dos, muy averiados, llegó a Jamaica el 23 de junio de 1503. Allí, enfermo de artritis, permaneció un año en espera del auxilio que había solicitado al gobernador Nicolás de Ovando, quien lo recibió en La Española el 28 de junio de 1504, pero no le devolvió el gobierno.

El 13 de septiembre siguiente Colón partió hacia España y el 7 de noviembre de 1504 desembarcó en Sanlúcar de Barrameda. Nunca más volvería a navegar. El 26 de noviembre de 1504 muere la reina Isabel en Medina del Campo. Colón, débil y muy enfermo, parte hacia la Corte dispuesto a defender sus prerrogativas políticas y económicas. Fue recibido por el rey regente Fernando, que no estaba dispuesto a cumplir las Capitulaciones de Santa Fe, pues no quería entregar tan inmensos territorios a una persona que juzgaba carente de dotes de gobierno y sentido práctico. Sus dos últimos años de vida los dedicaría Colón a intentar recuperar sus privilegios sobre las tierras que había descubierto. Sus esperanzas se cifraron en los príncipes Juana y Felipe el Hermoso, que ocuparían el trono de Castilla, a quienes escribió, pero antes de poder conseguir una entrevista murió en Valladolid, el 20 o 21 de mayo de 1506 (no se sabe con certeza cuál fue el día exacto de su muerte), convencido aún de que había llegado a las Indias. Su cuerpo fue enterrado en la Cartuja de las Cuevas, en Sevilla. Posteriormente, en 1541, fue trasladado a la catedral de Santo Domingo, en La Española, a instancias de la virreina María de Toledo, viuda de Diego Colón. En 1795, cuando Santo Domingo pasó al dominio de Francia, las autoridades españolas condujeron los restos de Colón a la catedral de La Habana. Finalmente, cuando Cuba fue ocupada por los norteamericanos en 1898 el gobierno español dispuso que sus restos se trasladaran a Sevilla, donde quedaron depositados en la Catedral.

Sin embargo, hasta el verano de 2006, no existían evidencias incontrovertibles de que los restos del almirante y descubridor realmente reposaran allí o en alguno de los otros lugares mencionados. En 2006 el equipo de científicos encargado de responder a esta difícil pregunta afirmó que los restos conservados en la catedral de Sevilla pertenecieron al descubridor de América. No obstante no descartaron la posibilidad de que hubiera más restos en otros lugares debido a que en Sevilla sólo había una pequeña parte del cuerpo.

Obra literariade Colón


La obra literaria de Cristóbal Colón incluye cartas, fragmentos de diversos escritos y, especialmente, su Diario, que ha llegado hasta nosotros parcialmente, gracias a la diligencia de Bartolomé de Las Casas en trascribirlo. Esta obra, que destaca por ser la primera relación de la nueva tierra americana a los ojos de los descubridores europeos, ofrece especialmente la sorpresa ante el descubrimiento y la frescura de una mirada virgen en la que se mezclan la admiración y la maravilla. El carácter épico, la religiosidad y el transfondo político-económico latente se dejan translucir en páginas llenas de inocencia y, a la vez, sobrecogedoras por lo que el lector sabe que significarán en años sucesivos. La corriente crítica conocida como Literatura Colonial ha hecho de este texto un documento fundador de la literatura hispanoamericana y a él se ha dedicado atención crítica considerable.

Interés científico de Colón


Se centra básicamente en dos problemas, la naturaleza de los conocimientos geográficos que le llevaron a concluir que era posible un camino occidental hacia las Indias, y sus contribuciones a la navegación.

La decisión de Colón de buscar dicho camino se basaba en una estimación realmente infravalorada de la distancia de océano que se debía atravesar. La principal fuente de información acerca de la pequeñez del mar fue la Imago Mundi, de Pierre d'Ailly, quien afirmó repetidamente que España estaba próxima a la India, separada solamente por un estrecho mar. D'Ailly hizo notar que un pasaje del Libro de Esdras afirmaba que seis partes del globo eran habitables y sólo la séptima estaba cubierta con agua, testimonio que Colón consideró obviamente como significativo. Colón estuvo también influido por el florentino Paolo Toscanelli quien, en una famosa carta a un corresponsal portugués, afirmaba que la provincia de Mangi estaba a unas 5.000 millas náuticas al oeste de Lisboa y que Cipango estaba incluso más próximo. Colón había visto una copia de esta carta no mucho después de 1481, cuando residía en Portugal. Una esfera terrestre construida en 1492 por el cartógrafo alemán Martín Behaim siguió con exactitud la estimación de Toscanelli, pero Colón redujo todavía más aquellas cifras al disminuir en una cuarta parte la magnitud aceptada para un grado de longitud.

Colón creyó haber confirmado algunos cálculos medievales del diámetro de la Tierra con sus observaciones. En una nota marginal (núm. 490) a su copia del Imago Mundi, escribió lo siguiente: "Nota que a menudo navegando de Lisboa hacia el sur de Guinea yo he observado con cuidado el trayecto que hacen los capitanes y los marinos; y en seguida he tomado la altura del Sol con el cuadrante y otros instrumentos en varios sentidos, y he encontrado que ella concordaba con los datos de Alfragán, a saber, que a cada grado corresponden 56 2/3 millas; por ello hay que prestar fe a esos cálculos; se puede, pues, decir que el circuito de la Tierra bajo el círculo equinoccial es de 20.400 millas. ES tal como lo habían establecido el maestro, médico y astrólogo José Vicinho y varios otros que fueron enviados expresamente para esto por el Serenísimo Rey de Portugal". Otras notas al margen repiten la cifra de 56,66 millas para el grado.

Colón fue conocido por sus contemporáneos como un gran navegante. No determinaba las latitudes en alta mar, sino que navegaba por estima, esto es, apreciando según su parecer la distancia recorrida en veinticuatro horas y registrando el rumbo según el compás náutico. Utilizó el cuadrante marino y la plomada para observar la altura de la estrella polar, pero tan sólo como una comprobación de la estima. Para registrar la latitud, no hizo uso de fórmulas, sino de una tabla de latitudes correspondientes a los días de solsticio. Se hallaban las horas que duraba el día, tal como se determinaban por la ampolleta y luego se leía la latitud. Colón fue el primero en consignar por escrito la variación de la aguja magnética, aunque los modernos especialistas tienden a concluir que los pilotos portugueses debieron conocer este fenómeno con anterioridad. Por otra parte, logró determinar la longitud mediante la observación de un eclipse de Luna. Sus numerosas observaciones astronómicas le llevaron a la extraña conclusión de que la Tierra no era redonda, sino de forma de pera, con una protuberancia del tipo de un pezón.

Colón fue un agudo observador de las corrientes y vientos oceánicos y, como consecuencia de ello, inauguró las grandes rutas de navegación del Atlántico norte. En su viaje de vuelta, basándose en observaciones previas de marinos portugueses y en las suyas propias extraídas de un viaje a Islandia, navegó con rumbo noreste hasta la latitud de las Azores, antes de encaminarse al Este, porque sabía que allí prevalecían los vientos del Oeste.

Colón tenía un conocimiento de primera mano de la cartografía, el comercio practicado por su hermano Bartolomé en Lisboa; en el diario de su primer viaje afirmaba: "tengo propósito de hazer carta nueva de navegar, en la qual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus proprios lugares, debaxo su viento". De hecho, en los Pleitos de 1514, un testigo daba cuenta de que todos los exploradores de Tierra Firme después de Colón "yvan por las cartas quel dicho Almirante de aquella navegación avia hecho e hizo, porque de todo lo que descubría solía hazer cartas". Debe observarse que, mientras que las cartas de Colón tenían siempre escalas de distancias, carecían de cuadrículas de latitud y longitud, porque continuaba pensando en términos de "climas" ptolemaicos. Colón, como muchos otros autores de la época de los descubrimientos, hizo frecuentes referencias a Ptolomeo y persistió en el intento de hacer nuevos descubrimientos acordes con el sistema ptolemaico.

Bibliografía

Fuentes


De las islas halladas en las Indias. (Barcelona: P. Posa ?, 1493).
SANZ, Carlos (ed.) La carta de Colón [ed. fac. de las primeras diecisiete ediciones]. (Madrid: 1958).
----------------------- Diario de Colón. (Madrid: Bibliotheca Americana Vetustissima, 1962).
BURON, Edmond (ed.). Imago Mundi de Pierre d'Ailly. (3 vols.), (París: Maisonneuve, 1930-1931).
FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo (ed.) Pleitos de Colón, en Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento... de las antiguas posesiones españolas de Ultramar, 2ª serie, vols. VII y VIII. (Madrid: Rivadeneyra, 1892-1894).
MURO OREJÓN, Antonio et al. (ed.) Pleitos colombinos. (2 vols. hasta el momento), (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1964).

Estudios


BALLESTEROS BERETTA, A. Cristóbal Colón y el Descubrimiento de América. (Madrid: 1942).
GIL, J. y VARELA, C. Cartas particulares a Colón y Relaciones coetáneas. (Madrid: 1984).
LAGUARDA TRÍAS, Rolando A. El enigma de las latitudes de Colón. (Valladolid: Casa Museo de Colón, 1974).
MENÉNDEZ PIDAL, R. La lengua de Cristóbal Colón. (Madrid: 1940).
MANZANO MANZANO, J. El secreto de Colón. (Madrid: 1976).
MORALES PADRÓN, F. Historia del Descubrimiento y Conquista de América. (Madrid: 1981).
MORISON, Samuel Eliot. Admiral of the Ocean Sea (2 vols.), (Boston: Little Brown, 1492). Existen varios ensayos bibliográficos suyos en los capítulos sobre Colón en The European Discovery of America: The Southern Voyages. (New York: Oxford University Press, 1974).
NUNN, George E. The Geographical Conceptions of Columbus. (New York: American Geographical Society, 1924).
SANZ, Carlos. El descubrimiento de América: Los tres mapas que lo determinaron. (Madrid: Real Sociedad Geográfica, 1972).
VARELA, C. Cristóbal Colón. Textos y Documentos completos. (Madrid: 1984).
--------------- Cristóbal Colón. (Madrid: 1992).
VV. AA. Bibliografía colombina (1492-1990). (Alburquerque:1990).
ZAMORA, M. Reading Columbus (Berkeley, 1993).

FUENTE: Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2012