domingo, septiembre 11, 2016

SALMOS 120-134 | Tesoros de la Biblia: semana del 12-18 de septiembre

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TEXTOS BÍBLICOS Y REFERENCIAS: TESOROS DE LA BIBLIA | SALMOS 120-134

“MI AYUDA VIENE DE JEHOVÁ” (10 MINS.):

Los Salmos 120 a 134 forman lo que se conoce como las Canciones de las Subidas. Muchas personas opinan que los israelitas cantaban gozosos estas canciones mientras subían a Jerusalén, situada sobre las montañas de Judá, para celebrar las fiestas anuales.
La protección de Jehová se ilustra con comparaciones como las siguientes:
121:3-8
• un pastor vigilante
• una sombra protectora
• un soldado leal

Sl 121:1, 2. Saber que Jehová es el Creador nos transmite confianza (w04 15/12 pág. 12 párr. 3).

Traducción del Nuevo Mundo con referencias Salmo 121:1, 2
121 Alzaré mis ojos a las montañas.
¿De dónde vendrá mi ayuda?
2 Mi ayuda viene de Jehová,
el Hacedor del cielo y de la tierra.
La Atalaya 2004 Jehová es nuestra ayuda
3. ¿A qué montañas puede que alzara los ojos el salmista, y por qué?
3 El salmista nos infunde confianza dirigiendo la atención hacia las creaciones de Jehová: “Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra” (Salmo 121:1, 2). El escritor no dirigió la vista a un cerro cualquiera. Cuando escribió estas palabras, el templo de Jehová estaba en Jerusalén, la ciudad de la serranía de Judá que era, en sentido figurado, la morada del Altísimo (Salmo 135:21). Por lo tanto, puede que haya mirado hacia el monte donde se ubicaba el templo, confiado en que Dios lo socorrería. ¿Por qué estaba tan convencido de recibir su apoyo? Porque Jehová es “el Hacedor del cielo y de la tierra”. Así pues, lo que el escritor dio a entender fue esto: “¡Nada va a impedir que el Creador omnipotente me auxilie!” (Isaías 40:26).

Sl 121:3, 4. Jehová está atento a las necesidades de sus siervos (w04 15/12 pág. 12 párr. 4).

Traducción del Nuevo Mundo con referencias Salmo 121:3, 4
3 No es posible que él permita que tu pie tambalee.
A Aquel que te guarda no le es posible adormecerse.
4 ¡Mira! No estará adormecido ni se dormirá,
aquel que está guardando a Israel.
La Atalaya 2004 Jehová es nuestra ayuda
4. ¿Cómo indicó el salmista que Jehová siempre está pendiente de su pueblo, y por qué nos transmite seguridad esta imagen?
4 Acto seguido, el salmista indicó que Jehová siempre está pendiente de su pueblo: “No es posible que él permita que tu pie tambalee. A Aquel que te guarda no le es posible adormecerse. ¡Mira! No estará adormecido ni se dormirá, aquel que está guardando a Israel” (Salmo 121:3, 4). Efectivamente, es inimaginable que Dios permita que quien confía en él “tambalee” o sufra caídas irremediables (Proverbios 24:16). ¿Por qué? Porque es como un pastor vigilante que vela por sus ovejas. ¿No nos transmite seguridad esta imagen? Ni por un instante cerrará él los ojos a las necesidades de sus siervos. Día y noche los guarda.

Sl 121:5-8. Jehová es el leal Protector de su pueblo (w04 15/12 pág. 13 párrs. 5-7).

Traducción del Nuevo Mundo con referencias Salmo 121:5-8
5 Jehová te está guardando.
Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
6 De día el sol mismo no te herirá,
ni la luna de noche.
7 Jehová mismo te guardará contra toda calamidad.
Él guardará tu alma.
8 Jehová mismo guardará tu salida y tu entrada
desde ahora y hasta tiempo indefinido.
La Atalaya 2004 Jehová es nuestra ayuda
5. ¿Por qué se dice que Jehová está a la “mano derecha”?
5 Convencido de que Jehová es el Protector leal de su pueblo, el salmista escribió: “Jehová te está guardando. Jehová es tu sombra a tu mano derecha. De día el sol mismo no te herirá, ni la luna de noche” (Salmo 121:5, 6). En el Oriente Medio, el caminante agradecía las sombras, pues lo amparaban del sol abrasador. Pues bien, Jehová es para sus siervos como una sombra que los resguarda del calor ardiente de la calamidad. Obsérvese que Él está a la “mano derecha”. En las batallas de la antigüedad, el soldado dejaba su diestra un tanto desprotegida, ya que sostenía el escudo con la mano izquierda. Por ello, había veces en las que un amigo fiel luchaba a su derecha para cubrirlo. Jehová, igual que el buen amigo, permanece al lado de sus siervos, siempre dispuesto a apoyarlos.
6, 7. a) ¿Cómo nos asegura el salmista que Jehová nunca dejará de ayudar a sus siervos? b) ¿Por qué podemos compartir su convicción?
6 ¿Dejará Jehová algún día de ayudar a su pueblo? ¡Resulta impensable! El salmista concluye así: “Jehová mismo te guardará contra toda calamidad. Él guardará tu alma. Jehová mismo guardará tu salida y tu entrada desde ahora y hasta tiempo indefinido” (Salmo 121:7, 8). El escritor ya no se centra en el presente, sino que se proyecta al futuro. Mientras que en el versículo 5 pone: “Jehová te está guardando”, en estos versículos escribe: “Jehová mismo te guardará”. De esta manera, asegura a los verdaderos siervos de Dios que Él seguirá auxiliándolos en el futuro. No importa dónde vayan ni qué calamidades afronten, nunca estarán fuera del alcance de su mano protectora (Proverbios 12:21).
7 En efecto, el escritor del Salmo 121 abrigaba confianza absoluta en el cuidado del Creador omnipotente, quien trata a sus siervos con la ternura de un buen pastor y la vigilancia de un guardián alerta. Nosotros contamos con sobradas razones para compartir tal convicción, pues Jehová no cambia (Malaquías 3:6). ¿Significa esto que siempre recibiremos protección física? No; pero mientras busquemos su apoyo, él nos amparará contra todo lo que pueda ocasionarnos daño espiritual. Cabe preguntarse, pues: “¿Cómo nos ayuda Jehová?”. Veamos cuatro maneras. En este artículo, comentaremos cómo auxilió a sus siervos en tiempos bíblicos, y en el próximo, cómo lo hace en la actualidad.

BUSQUEMOS PERLAS ESCONDIDAS (8 MINS.):

Sl 123:2. ¿Qué nos enseña la comparación de “los ojos de los siervos”? (w06 1/9 pág. 15 párr. 4).

Traducción del Nuevo Mundo con referencias Salmo 123:2
2 ¡Mira! Como los ojos de los siervos están dirigidos a la mano de su amo,
como los ojos de la sierva están dirigidos a la mano de su ama,
así nuestros ojos están dirigidos a Jehová nuestro Dios
hasta que nos muestre favor.
La Atalaya 2006 Puntos sobresalientes del libro quinto de los Salmos
123:2. ¿Qué punto destaca la comparación de los ojos de los siervos? Los siervos miraban a las manos de sus amos por dos motivos: para ver lo que querían y para recibir protección y sustento. Igualmente, nosotros acudimos a Jehová para saber su voluntad y obtener su favor.

Sl 133:1-3. ¿Cuál es una de las lecciones que encontramos en este salmo? (w06 1/9 pág. 16 párr. 3).

Traducción del Nuevo Mundo con referencias Salmo 133:1-3
133 ¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es
que los hermanos moren juntos en unidad!
2 Es como el buen aceite sobre la cabeza,
que viene bajando sobre la barba
—la barba de Aarón—,
que viene bajando hasta el cuello de sus prendas de vestir.
3 Es como el rocío de Hermón
que viene descendiendo sobre las montañas de Sión.
Porque allí ordenó Jehová [que estuviera] la bendición,
[aun] vida hasta tiempo indefinido.
La Atalaya 2006 Puntos sobresalientes del libro quinto de los Salmos
133:1-3. La unidad del pueblo de Jehová nos sosiega, nos sana y nos reanima. No debemos perturbarla con críticas, disputas ni quejas.

¿Qué me enseña sobre Jehová la lectura bíblica de esta semana?

¿Qué ideas de la lectura bíblica de esta semana pueden servirme en la predicación?

SALMOS 120-134 | SUGERENCIAS PARA SUS COMENTARIOS PERSONALES

SALMO 120:4)
“Flechas aguzadas de un poderoso, juntamente con brasas ardientes de las retamas.”
w06 1/9 pág. 16 Puntos sobresalientes del libro quinto de los Salmos
120:3, 4. Si tenemos que soportar la “lengua mañosa” de alguien, nos consolará saber que Jehová arreglará los asuntos en su debido momento. Los calumniadores sufrirán calamidad a manos de “un poderoso”. Serán consumidos por el juicio destructor de Jehová, simbolizado por las “brasas ardientes de las retamas”.
w87 15/3 págs. 24-25 ¡Un Dios feliz, un pueblo feliz!
120:4—¿Qué eran las “flechas aguzadas” y las “brasas ardientes”?
Una lengua calumniadora puede ser tan destructiva como un arma o un fuego. (Proverbios 12:18; Santiago 3:6.) Como pena merecida, Jehová se asegura de que a la lengua calumniadora se le haga callar como si fuera por las flechas de un guerrero. Es interesante notar que el carbón de la madera del arbusto llamado retama produce un calor intenso, y esto señala a la severidad del juicio divino sobre “la lengua mañosa”. (Salmo 120:2, 3.)
SALMO 121:1)
“Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda?”
w04 15/12 pág. 12 Jehová es nuestra ayuda
La ayuda infalible
3 El salmista nos infunde confianza dirigiendo la atención hacia las creaciones de Jehová: “Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda?
w04 15/12 pág. 12 párr. 3 Jehová es nuestra ayuda
Salmo 121:1,
w04 15/12 pág. 12 párr. 3 Jehová es nuestra ayuda
El escritor no dirigió la vista a un cerro cualquiera. Cuando escribió estas palabras, el templo de Jehová estaba en Jerusalén, la ciudad de la serranía de Judá que era, en sentido figurado, la morada del Altísimo (Salmo 135:21). Por lo tanto, puede que haya mirado hacia el monte donde se ubicaba el templo, confiado en que Dios lo socorrería.
w95 15/3 págs. 29-30 ¿Alabará usted a Jehová?
Ayuda disponible
Quizá muchas personas interesadas deseen alabar a Jehová pero crean que no pueden satisfacer los requisitos. Conviene que recuerden las palabras del salmista: “Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra”. (Salmo 121:1, 2.) Al parecer, el salmista alzaba los ojos a las montañas de Jerusalén, donde estaban situados el templo de Jehová y la sede terrestre del gobierno teocrático. De esto se desprende que la ayuda que se necesita para alabar a Dios y declarar el mensaje del Reino proviene solo de Jehová y de su organización. (Salmo 3:4; Daniel 6:10.)
it-2 pág. 423 Monte, montaña
Es posible que el salmista se refiriera a mirar hacia dichas montañas de Jerusalén al orar cuando dijo: “Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene de Jehová”. (Sl 121:1, 2; compárese con Sl 3:4; 1Re 8:30, 44, 45; Da 6:10.)
SALMO 121:2)
“Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra.”
w04 15/12 pág. 12 Jehová es nuestra ayuda
Jehová es nuestra ayuda
“Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra.” (SALMO 121:2.)
¿QUIÉN no necesita a veces que se le tienda una mano? La realidad es que a todos nos hace falta en algún momento, sea para afrontar un problema grave, una pérdida dolorosa o una prueba difícil. Si estamos abrumados, solemos recurrir a un buen amigo, pues nos alivia desahogarnos. Ahora bien, el apoyo que brindamos los seres humanos es muy limitado, y ninguno de nosotros puede darlo siempre que sea preciso.
2 En cambio, existe Alguien que tiene poder y recursos ilimitados para ayudarnos, y que además nos garantiza que nunca nos abandonará. El salmista lo identificó al declarar con plena confianza: “Mi ayuda viene de Jehová” (Salmo 121:2). ¿Por qué estaba tan convencido del auxilio divino? Examinemos el Salmo 121 para hallar la respuesta. El siguiente análisis nos permitirá ver las razones por las que podemos tener la firme convicción de que nuestra ayuda viene de Jehová.
La ayuda infalible
3 El salmista nos infunde confianza dirigiendo la atención hacia las creaciones de Jehová: “Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra” (Salmo 121:1, 2). El escritor no dirigió la vista a un cerro cualquiera. Cuando escribió estas palabras, el templo de Jehová estaba en Jerusalén, la ciudad de la serranía de Judá que era, en sentido figurado, la morada del Altísimo (Salmo 135:21). Por lo tanto, puede que haya mirado hacia el monte donde se ubicaba el templo, confiado en que Dios lo socorrería. ¿Por qué estaba tan convencido de recibir su apoyo? Porque Jehová es “el Hacedor del cielo y de la tierra”. Así pues, lo que el escritor dio a entender fue esto: “¡Nada va a impedir que el Creador omnipotente me auxilie!” (Isaías 40:26).
SALMO 121:3)
“No es posible que él permita que tu pie tambalee. A Aquel que te guarda no le es posible adormecerse.”
w04 15/12 págs. 12-13 párr. 4 Jehová es nuestra ayuda
4 Acto seguido, el salmista indicó que Jehová siempre está pendiente de su pueblo: “No es posible que él permita que tu pie tambalee. A Aquel que te guarda no le es posible adormecerse. ¡Mira! No estará adormecido ni se dormirá, aquel que está guardando a Israel” (Salmo 121:3, 4). Efectivamente, es inimaginable que Dios permita que quien confía en él “tambalee” o sufra caídas irremediables (Proverbios 24:16). ¿Por qué? Porque es como un pastor vigilante que vela por sus ovejas. ¿No nos transmite seguridad esta imagen? Ni por un instante cerrará él los ojos a las necesidades de sus siervos. Día y noche los guarda.
SALMO 121:4)
“¡Mira! No estará adormecido ni se dormirá, aquel que está guardando a Israel.”
w04 15/12 págs. 12-13 párr. 4 Jehová es nuestra ayuda
4 Acto seguido, el salmista indicó que Jehová siempre está pendiente de su pueblo: “No es posible que él permita que tu pie tambalee. A Aquel que te guarda no le es posible adormecerse. ¡Mira! No estará adormecido ni se dormirá, aquel que está guardando a Israel” (Salmo 121:3, 4). Efectivamente, es inimaginable que Dios permita que quien confía en él “tambalee” o sufra caídas irremediables (Proverbios 24:16). ¿Por qué? Porque es como un pastor vigilante que vela por sus ovejas. ¿No nos transmite seguridad esta imagen? Ni por un instante cerrará él los ojos a las necesidades de sus siervos. Día y noche los guarda.
SALMO 121:5)
“Jehová te está guardando. Jehová es tu sombra a tu mano derecha.”
w09 1/5 pág. 14 Las figuras retóricas de la Biblia: ¿le gustaría comprenderlas?
En contraste, en Salmo 121:5 se lo describe como la “sombra a tu mano derecha”. Al igual que una sombra suministra protección contra el sol abrasador, Jehová brinda protección a sus siervos bajo “la sombra de [su] mano” o de sus “alas” (Isaías 51:16; Salmo 17:8; 36:7).
w04 15/12 pág. 13 párr. 5 Jehová es nuestra ayuda
5 Convencido de que Jehová es el Protector leal de su pueblo, el salmista escribió: “Jehová te está guardando. Jehová es tu sombra a tu mano derecha. De día el sol mismo no te herirá, ni la luna de noche” (Salmo 121:5, 6). En el Oriente Medio, el caminante agradecía las sombras, pues lo amparaban del sol abrasador. Pues bien, Jehová es para sus siervos como una sombra que los resguarda del calor ardiente de la calamidad. Obsérvese que Él está a la “mano derecha”. En las batallas de la antigüedad, el soldado dejaba su diestra un tanto desprotegida, ya que sostenía el escudo con la mano izquierda. Por ello, había veces en las que un amigo fiel luchaba a su derecha para cubrirlo. Jehová, igual que el buen amigo, permanece al lado de sus siervos, siempre dispuesto a apoyarlos.
it-2 pág. 294 Mano
Por lo general, la mano derecha de un guerrero era la que blandía la espada, y no estaba protegida por el escudo, que se llevaba en la izquierda. Por lo tanto, a veces un amigo permanecía o luchaba a su derecha para apoyarlo y protegerlo. Esta circunstancia se usa metafóricamente con respecto a la ayuda y la protección que Dios da a aquellos que le sirven. (Sl 16:8; 109:30, 31; 110:5; 121:5.)
SALMO 121:6)
“De día el sol mismo no te herirá, ni la luna de noche.”
it-2 pág. 262 Luna
Ocurre algo parecido con el Salmo 121:6. Algunos opinan que de este texto se desprende la idea de que la exposición a la luz lunar podía ser causa de enfermedad. Sin embargo, una lectura de todo el salmo demuestra que esa es una suposición infundada, pues solo se intenta decir en lenguaje poético que Dios garantiza a sus siervos protección de la calamidad en cualquier circunstancia, bien durante las horas de luz solar o las de luz lunar.
SALMO 121:7)
“Jehová mismo te guardará contra toda calamidad. Él guardará tu alma.”
w04 15/12 pág. 13 párr. 6 Jehová es nuestra ayuda
6 ¿Dejará Jehová algún día de ayudar a su pueblo? ¡Resulta impensable! El salmista concluye así: “Jehová mismo te guardará contra toda calamidad. Él guardará tu alma. Jehová mismo guardará tu salida y tu entrada desde ahora y hasta tiempo indefinido” (Salmo 121:7, 8). El escritor ya no se centra en el presente, sino que se proyecta al futuro. Mientras que en el versículo 5 pone: “Jehová te está guardando”, en estos versículos escribe: “Jehová mismo te guardará”. De esta manera, asegura a los verdaderos siervos de Dios que Él seguirá auxiliándolos en el futuro. No importa dónde vayan ni qué calamidades afronten, nunca estarán fuera del alcance de su mano protectora (Proverbios 12:21).
SALMO 121:8)
“Jehová mismo guardará tu salida y tu entrada desde ahora y hasta tiempo indefinido.”
w04 15/12 pág. 13 párr. 6 Jehová es nuestra ayuda
6 ¿Dejará Jehová algún día de ayudar a su pueblo? ¡Resulta impensable! El salmista concluye así: “Jehová mismo te guardará contra toda calamidad. Él guardará tu alma. Jehová mismo guardará tu salida y tu entrada desde ahora y hasta tiempo indefinido” (Salmo 121:7, 8). El escritor ya no se centra en el presente, sino que se proyecta al futuro. Mientras que en el versículo 5 pone: “Jehová te está guardando”, en estos versículos escribe: “Jehová mismo te guardará”. De esta manera, asegura a los verdaderos siervos de Dios que Él seguirá auxiliándolos en el futuro. No importa dónde vayan ni qué calamidades afronten, nunca estarán fuera del alcance de su mano protectora (Proverbios 12:21).
SALMO 122:1)
“Me regocijé cuando estuvieron diciéndome: “Vamos a la casa de Jehová”.”
km 12/01 pág. 3 párr. 1 Asamblea de Distrito de los Testigos de Jehová “Celosos proclamadores del Reino” 2002
1 “Me regocijé cuando estuvieron diciéndome: ‘Vamos a la casa de Jehová’.” (Sal. 122:1.) Al examinar las palabras del salmista, observemos 1) cómo se sentía cuando se le invitaba a adorar a Jehová en grupo, 2) los buenos compañeros que tenía, quienes también estaban muy interesados en la adoración verdadera, y 3) los planes implicados en hacer la invitación, reunirse y viajar a la casa de Dios.
g97 22/10 pág. 31 ¿Qué nos hace felices?
Es interesante notar el siguiente comentario de Scientific American: “Quienes practican su religión también dicen ser más felices. Según una encuesta Gallup, los individuos muy religiosos tenían el doble de probabilidades de afirmar que eran muy felices que aquellos que se despreocupaban de la religión. En otros sondeos, entre ellos un estudio conjunto realizado en catorce países con 166.000 encuestados, se ha descubierto que las afirmaciones de ser feliz y estar satisfecho en la vida aumentan en relación con la intensidad que tenga la afiliación religiosa y la frecuencia con que se asista a los oficios del culto”.
Hace mucho el salmista David reveló que la felicidad personal está íntimamente ligada a la adoración unida a Jehová Dios, pues escribió: “Me regocijé cuando estuvieron diciéndome: ‘Vamos a la casa de Jehová’”. (Salmo 122:1.)
SALMO 122:3)
“Jerusalén es una que está edificada como ciudad que ha sido bien trabada en unidad,”
w14 15/12 pág. 24 párr. 11 Para sobrevivir, tendremos que estar unidos
11 Dentro de poco, cuando comiencen tiempos de angustia para este sistema, nosotros tendremos que estar muy unidos. La unidad espiritual que necesitaremos podría compararse a la proximidad que había entre las casas de Jerusalén. Las construían tan juntas, que el salmista describió a Jerusalén como “ciudad que ha sido bien trabada en unidad”. Gracias a eso, sus habitantes podían ayudarse y protegerse mutuamente. Aquella cercanía entre las casas tal vez le recordara al salmista la unidad espiritual que gozaba toda la nación cuando “las tribus de Jah” se reunían para adorar a Dios (lea Salmo 122:3, 4). Tanto ahora como en los tiempos difíciles que se avecinan, nosotros también debemos permanecer muy juntos, muy unidos.
w06 1/9 pág. 15 Puntos sobresalientes del libro quinto de los Salmos
122:3. ¿De qué manera era Jerusalén una ciudad “trabada en unidad”? Como muchas poblaciones de la antigüedad, Jerusalén tenía las casas pegadas unas a otras, lo que la convertía en ciudad compacta y fácil de defender. Además, la proximidad física de los hogares facilitaba que los vecinos se ayudaran y protegieran mutuamente. Este hecho representaba la unidad espiritual de que gozaban las doce tribus de Israel cuando se reunían para adorar a Dios.
SALMO 123:2)
“¡Mira! Como los ojos de los siervos están dirigidos a la mano de su amo, como los ojos de la sierva están dirigidos a la mano de su ama, así nuestros ojos están dirigidos a Jehová nuestro Dios hasta que nos muestre favor.”
w06 1/9 pág. 15 Puntos sobresalientes del libro quinto de los Salmos
123:2. ¿Qué punto destaca la comparación de los ojos de los siervos? Los siervos miraban a las manos de sus amos por dos motivos: para ver lo que querían y para recibir protección y sustento. Igualmente, nosotros acudimos a Jehová para saber su voluntad y obtener su favor.
SALMO 125:3)
“Porque el cetro de iniquidad no seguirá descansando sobre la suerte de los justos, a fin de que los justos no alarguen la mano a ninguna mala acción.”
it-1 pág. 470 Cetro
En el Salmo 125:3 se dice que “el cetro de iniquidad no seguirá descansando sobre la suerte de los justos”. Estas palabras dan la seguridad de que los justos no serán oprimidos indefinidamente por quienes ejercen autoridad de manera inicua.
SALMO 126:5)
“Los que siembran con lágrimas segarán aun con clamor gozoso.”
g02 22/9 pág. 22 ¿Por qué no me quiere mi padre?
“Los que siembran con lágrimas segarán aun con clamor gozoso”, dice la Biblia (Salmo 126:5). ¿Por qué citamos este versículo? Pues bien, si te esmeras por obedecer los principios justos aun en condiciones difíciles, tus lágrimas se tornarán en alegría cuando recibas la bendición de Dios.
w01 15/7 págs. 18-19 párrs. 13-14 Perseveremos en la siega
13 A los segadores de Dios, en especial los que sufren persecución, los consuelan mucho las palabras del Salmo 126:5, 6: “Los que siembran con lágrimas segarán aun con clamor gozoso. El que sin falta sale, aun llorando, llevando consigo una bolsa llena de semilla, sin falta entrará con un clamor gozoso, trayendo consigo sus gavillas”. Las expresiones del salmista sobre sembrar y recoger ilustran cómo cuidó y bendijo Jehová al resto que regresó del cautiverio en la antigua Babilonia. Aquellos israelitas estaban muy contentos con su liberación, pero es posible que hayan llorado al sembrar las semillas en su tierra desolada, que no se había trabajado durante los setenta años de destierro. Sin embargo, los que no abandonaron la siembra y la reconstrucción disfrutaron del fruto de su labor.
14 Tal vez lloremos al pasar por pruebas o cuando nosotros o nuestros hermanos en la fe sufrimos por causa de la justicia (1 Pedro 3:14). Es posible que al principio lo pasemos mal en la siega porque parece que nuestra labor es improductiva. Pero si seguimos sembrando y regando, Dios lo hará crecer, por lo general más de lo que esperamos (1 Corintios 3:6). Ilustran bien esta afirmación los resultados de la distribución de Biblias y publicaciones bíblicas.
it-2 pág. 994 Sembrador, siembra
Uso ilustrativo. Para ilustrar el cuidado de Jehová y la bendición sobre el resto que regresó de Babilonia, el salmista escribió: “Los que siembran con lágrimas segarán aun con clamor gozoso. El que sin falta sale, aun llorando, llevando consigo una bolsa llena de semilla, sin falta entrará con un clamor gozoso, trayendo consigo sus gavillas”. (Sl 126:1, 5, 6.) Los que regresaron de Babilonia se sentían muy felices por su liberación, pero posiblemente lloraron al sembrar semilla en el suelo desolado que no se había trabajado durante setenta años. No obstante, Jehová les hizo volver por causa de Su nombre, y los que llevaron adelante la siembra y la obra de reconstrucción disfrutaron del fruto de su trabajo. Por un tiempo, cuando se paralizó la construcción del templo, Jehová retuvo el fruto de la tierra, pero mediante los profetas Ageo y Zacarías se volvió a animar al pueblo a que emprendiera la actividad y recibió otra vez el favor de Dios. (Ag 1:6, 9-11; 2:15-19.)
SALMO 126:6)
“El que sin falta sale, aun llorando, llevando consigo una bolsa llena de semilla, sin falta entrará con un clamor gozoso, trayendo consigo sus gavillas.”
w01 15/7 págs. 18-19 párrs. 13-14 Perseveremos en la siega
13 A los segadores de Dios, en especial los que sufren persecución, los consuelan mucho las palabras del Salmo 126:5, 6: “Los que siembran con lágrimas segarán aun con clamor gozoso. El que sin falta sale, aun llorando, llevando consigo una bolsa llena de semilla, sin falta entrará con un clamor gozoso, trayendo consigo sus gavillas”. Las expresiones del salmista sobre sembrar y recoger ilustran cómo cuidó y bendijo Jehová al resto que regresó del cautiverio en la antigua Babilonia. Aquellos israelitas estaban muy contentos con su liberación, pero es posible que hayan llorado al sembrar las semillas en su tierra desolada, que no se había trabajado durante los setenta años de destierro. Sin embargo, los que no abandonaron la siembra y la reconstrucción disfrutaron del fruto de su labor.
14 Tal vez lloremos al pasar por pruebas o cuando nosotros o nuestros hermanos en la fe sufrimos por causa de la justicia (1 Pedro 3:14). Es posible que al principio lo pasemos mal en la siega porque parece que nuestra labor es improductiva. Pero si seguimos sembrando y regando, Dios lo hará crecer, por lo general más de lo que esperamos (1 Corintios 3:6). Ilustran bien esta afirmación los resultados de la distribución de Biblias y publicaciones bíblicas.
SALMO 127:1)
“A menos que Jehová mismo edifique la casa, de nada vale que sus edificadores hayan trabajado duro en ella. A menos que Jehová mismo guarde la ciudad, de nada vale que el guarda se haya quedado despierto.”
g97 8/8 pág. 10 Vele por el bien de sus hijos
La Biblia dictaba una elevada norma de conducta. Enseñaba a los judíos que los niños eran muy valiosos —en realidad, que debían considerarlos como una herencia de parte de Dios mismo— y había que tratarlos en consecuencia. (Salmo 127:3.) Obviamente muchos judíos vivían con arreglo a este consejo. Hasta su vocabulario lo indicaba. Edersheim apunta que además de las palabras para hijo e hija, el hebreo antiguo tenía otros nueve términos para referirse a los niños, y cada uno determinaba una etapa distinta de la vida. Por ejemplo, había un término para el niño de pecho y otro para el que ya había sido destetado. A los niños un poquito mayores se les calificaba con una palabra que daba a entender que se estaban haciendo firmes y fuertes. Y para los jóvenes de más edad, había un vocablo que literalmente significaba ‘liberarse de una sacudida’. Edersheim añade: “No cabe duda de que aquellos que observaban con tanta atención la vida de los niños como para designar con un término gráfico cada etapa progresiva de su existencia, tuvieron que sentir un gran cariño por sus hijos”.
w96 1/10 pág. 31 ‘Proveer para los suyos’: cómo se afronta la tarea en los países en vías de desarrollo
Es verdad que la Biblia dice que “los hijos son una herencia de parte de Jehová”. (Salmo 127:3.) Notemos, sin embargo, que dichas palabras se escribieron en una época en que Israel gozaba de condiciones favorables. Posteriormente, el hambre y la guerra convirtieron el tener hijos en una labor angustiosa. (Lamentaciones 2:11, 20; 4:10.) En vista de la difícil situación que reina en muchos países en vías de desarrollo, los cristianos responsables deben reflexionar de modo realista sobre cuántos hijos pueden alimentar, vestir, alojar y educar. Después de calcular los costos, muchas parejas han estimado conveniente ir en contra de la tradición y limitar el número de hijos que tendrán. (Compárese con Lucas 14:28.)
fy cap. 10 pág. 126 párrs. 21-22 Cuando un familiar enferma
21 Este fue el caso de una joven asiática. Poco después de empezar a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová, dio a luz prematuramente a una niña que pesaba solo 1.470 gramos. Se angustió cuando un médico le dijo que la niña sería retrasada mental y nunca aprendería a andar. El doctor le aconsejó que entregara a su hija a una institución. Su esposo tenía dudas en cuanto a qué hacer. ¿A quién podía recurrir?
22 Ella cuenta: “Recuerdo haber aprendido en la Biblia que ‘los hijos son una herencia de parte de Jehová; el fruto del vientre es un galardón’”. (Salmo 127:3.) De modo que decidió llevarse esa “herencia” a casa y cuidarla. Al principio, la tarea se le hizo difícil, pero con la ayuda de los amigos cristianos de la congregación local de los testigos de Jehová, la mujer logró salir adelante y dar a su hija la ayuda especial que requería. Doce años más tarde, la niña asistía a las reuniones del Salón del Reino y disfrutaba de la compañía de los demás jóvenes. La madre comenta: “Estoy muy agradecida de que los principios bíblicos me impulsaran a hacer lo que debía. La Biblia me ayudó a mantener una conciencia limpia ante Jehová Dios y a no lamentar el resto de mi vida una mala decisión”.
w89 1/10 págs. 27-28 ‘A menos que Jehová edifique la casa...’
Sin embargo, también se necesita la bendición de Jehová para tener éxito en empresas que no son proyectos de construcción literal. Considere las palabras de Salomón en el tercer versículo del Salmo 127: “¡Miren! Los hijos son una herencia de parte de Jehová; el fruto del vientre es un galardón”. Jehová también es un Edificador por excelencia en lo relacionado con las familias, y los padres tienen el maravilloso privilegio de ser sus compañeros de trabajo o colaboradores. (Hebreos 11:10.) ¿Cómo pueden los padres cristianos aprovechar este compañerismo privilegiado y edificar con éxito una familia feliz y pacífica, una que honre al Creador, Jehová Dios?
w89 1/10 pág. 28 ‘A menos que Jehová edifique la casa...’
De hecho, se cree que las palabras hebreas para “edificadores” (versículo 1) e “hijos” (versículo 3) provienen ambas de la raíz que significa “edificar”. Además, en hebreo la palabra “casa” puede referirse tanto a una “vivienda” como a una “familia”. (2 Samuel 7:11, 16; Miqueas 1:5.) Por eso, la edificación de una casa se asocia con el criar a una familia. Es necesaria la bendición de Jehová en ambas empresas.
SALMO 127:4)
“Como flechas en la mano de un hombre poderoso, así son los hijos de la juventud.”
w13 15/8 pág. 17 Padres, enseñen a sus hijos desde pequeños
“Como flechas en la mano de un hombre poderoso, así son los hijos de la juventud”, dice Salmo 127:4. En efecto, los hijos son como flechas en las manos de un arquero. Este tiene que apuntar bien para acertar, pues una vez lanzada, la flecha ya no vuelve atrás. Los padres tienen a sus hijos con ellos por un período de tiempo relativamente corto. Por eso, deben aprovecharlo bien para inculcar en su mente y corazón los principios bíblicos.
w07 1/9 pág. 26 Enseñen a sus hijos a amar a Jehová
Enseñen a sus hijos a amar a Jehová
“Como flechas en la mano de un hombre poderoso, así son los hijos de la juventud.” (SALMO 127:4.)
EL ARQUERO se prepara para disparar. Coloca cuidadosamente la flecha en la cuerda y tensa el arco. A pesar del esfuerzo implicado, se toma su tiempo para apuntar y, por fin, suelta la flecha. ¿Dará esta en el blanco? Eso dependerá de varios factores, entre ellos la destreza del arquero, la acción del viento y el estado de la flecha.
2 El rey Salomón comparó los hijos a “flechas en la mano de un hombre poderoso” (Salmo 127:4). Veamos cómo puede aplicarse a los padres esta comparación. El arquero dispone de poco tiempo para dirigir sus flechas, pues si quiere dar en el blanco, debe soltarlas muy rápido. De igual modo, los padres disponen de un tiempo relativamente breve para cultivar en sus hijos amor sincero por Jehová. A sus ojos, los niños crecen en apenas unos cuantos años, y luego se van de casa (Mateo 19:5). ¿Alcanzarán estas “flechas” el objetivo deseado? En otras palabras, ¿continuarán los hijos amando y sirviendo a Dios cuando dejen el hogar? La respuesta dependerá de numerosos factores. Examinemos con más detalle tres de ellos: la destreza de los padres, el entorno familiar y la reacción de los hijos a la educación que reciban.
w07 1/9 pág. 30 Enseñen a sus hijos a amar a Jehová
La responsabilidad del hijo
17 Volvamos a la comparación del arquero. Por mucha destreza que tenga, no dará en el blanco si la flecha está torcida. En el caso de los padres, si ven que el hijo tiene una forma de pensar “torcida”, deben esforzarse por enderezarlo, como si de una flecha se tratara. Pero, a fin de cuentas, es el hijo quien tiene que decidir si prefiere dejar que el mundo lo tuerza o que Jehová haga “derechas [sus] sendas” (Proverbios 3:5, 6; Romanos 12:2).
18 Aunque los padres tienen la gran responsabilidad de criar a sus hijos en “la disciplina y regulación mental de Jehová”, es el hijo, en último término, quien tiene que decidir qué hará de adulto (Efesios 6:4). Así pues, jóvenes, ¿aceptarán las amorosas enseñanzas de sus padres? Si lo hacen, estarán eligiendo el mejor modo de vivir. No solo harán felices a sus padres, sino que, más importante aún, alegrarán el corazón de Jehová (Proverbios 27:11).
SALMO 127:5)
“Feliz es el hombre físicamente capacitado que ha llenado su aljaba de ellos. No serán avergonzados, porque hablarán con enemigos en la puerta.”
w08 1/4 págs. 13-16 La educación de los hijos en un mundo permisivo
“Como flechas en la mano”
Con respecto a la relación entre padres e hijos, las Escrituras presentan un ejemplo que resalta el hecho de que los hijos necesitan la guía de sus padres. Salmo 127:4, 5 dice: “Como flechas en la mano de un hombre poderoso, así son los hijos de la juventud. Feliz es el hombre físicamente capacitado que ha llenado su aljaba de ellos”. A los hijos se les compara con flechas, y al padre, con un guerrero poderoso. Tal como un arquero sabe que las flechas no dan en el blanco por casualidad, los padres amorosos comprenden que la educación de los hijos no puede dejarse al azar. Quieren que sus hijos alcancen determinado “blanco”: que se conviertan en adultos responsables y felices. Desean que tomen buenas decisiones, sean sabios, se eviten problemas innecesarios y alcancen metas que merezcan la pena. Pero no basta con que los padres quieran eso.
¿Qué hace falta para que una flecha dé en el blanco? Hay que prepararla con cuidado, protegerla bien y dispararla con fuerza hacia el blanco. De la misma manera, para que los niños lleguen con éxito a la edad adulta, hay que prepararlos, protegerlos y darles dirección. Analicemos uno por uno estos tres aspectos de la educación de los hijos.
Preparar la flecha con cuidado
Las flechas que utilizaban los arqueros de tiempos bíblicos se preparaban con mucho cuidado. La varilla, hecha quizás de una madera liviana, debía tallarse a mano y quedar lo más recta posible. La punta tenía que estar bien afilada. Al otro extremo de la varilla se ataban plumas para estabilizar el vuelo de la flecha y mantener su rumbo.
Los padres quieren que sus hijos sean como aquellas flechas: rectos, sin que haya nada torcido en ellos. Por lo tanto, si son sabios, no dejarán pasar las faltas graves de sus hijos, sino que con amor los ayudarán a luchar contra ellas y a superarlas. Por bueno que sea un hijo, la tarea siempre será enorme, pues “la tontedad está atada al corazón del muchacho” (Proverbios 22:15). Por ello, la Biblia exhorta a los padres a que disciplinen a sus hijos (Efesios 6:4). De hecho, la disciplina desempeña un papel esencial en formar y fortalecer la mentalidad y el carácter del niño.
No extraña, pues, que Proverbios 13:24 asegure: “El que retiene su vara odia a su hijo, pero el que lo ama es el que de veras lo busca con disciplina”. En este contexto, la vara de la disciplina representa un método de corrección, sin importar qué forma adopte. Al administrar disciplina con bondad, los padres intentan corregir defectos que, si se arraigan, causarán al hijo muchos problemas en la vida adulta. En realidad, como indica el proverbio, retener tal disciplina equivale a ‘odiar’ al hijo, pero administrarla es un acto de amor.
Los padres que aman a sus hijos también los ayudan a comprender el porqué de las normas. Disciplinarlos no solo implica dar órdenes e imponer castigos, sino —lo que es más importante— asegurarse de que entiendan bien las cosas. La Biblia señala: “El hijo entendido está observando la ley” (Proverbios 28:7).
Las plumas que el arquero ata a sus flechas contribuyen a que estas vuelen en una trayectoria recta una vez que salen del arco. De modo similar, las enseñanzas bíblicas del Creador de la familia pueden acompañar a los hijos y ayudarlos durante toda su vida, incluso después que abandonan el hogar (Efesios 3:14, 15). Ahora bien, ¿cómo pueden los padres asegurarse de que tales enseñanzas queden firmemente “atadas” a sus hijos?
Observemos lo que Dios aconsejó a los padres israelitas en tiempos de Moisés: “Estas palabras que te estoy mandando hoy tienen que resultar estar sobre tu corazón; y tienes que inculcarlas en tu hijo” (Deuteronomio 6:6, 7). Así que los padres deben hacer dos cosas. En primer lugar, tienen que aprender de la Palabra de Dios y ponerla en práctica ellos mismos, llegando así a amar las leyes divinas (Salmo 119:97). Entonces podrán cumplir la segunda parte del texto: ‘inculcar’ dichas leyes en sus hijos. Esto significa grabar en su corazón el valor que estas tienen mediante la enseñanza y las repeticiones frecuentes.
Es obvio que no hay nada de anticuado en enseñar los principios bíblicos o disciplinar con amor para corregir faltas graves. En realidad, hacerlo es muy importante para preparar esas valiosísimas “flechas” a fin de que sigan una trayectoria recta y estable hacia la vida adulta.
Proteger la flecha
Sigamos con el ejemplo de Salmo 127:4, 5. Recordemos que el arquero había “llenado su aljaba” de flechas. Una vez preparadas, había que protegerlas, para lo cual el arquero las llevaba en una aljaba, donde no podían dañarse ni romperse fácilmente. Resulta interesante que la Biblia hable proféticamente del Mesías como de una flecha pulida que su Padre “ocultó en su propia aljaba” (Isaías 49:2). Jehová Dios, el Padre más amoroso que pudiéramos imaginar, protegió de todo mal al Mesías —su amado Hijo Jesús— hasta que llegó el momento para que se le diera muerte según se había predicho. Incluso entonces Dios evitó que la muerte causara a su Hijo un daño irreparable, llevándolo de vuelta al cielo para vivir eternamente.
De forma parecida, los buenos padres se preocupan por proteger a sus hijos de los peligros de este mundo degenerado. Quizás les prohíban ciertas actividades que los expondrían sin necesidad a malas influencias. Por ello, los padres sabios se toman en serio, por ejemplo, el siguiente principio: “Las malas compañías echan a perder los hábitos útiles” (1 Corintios 15:33). Proteger a los hijos de la compañía de quienes no respetan las normas morales de la Biblia probablemente evitará que cometan errores que podrían pagar muy caros, incluso con la vida.
Los hijos no siempre agradecen la protección de sus padres. De hecho, es posible que a veces hasta se resientan por ella, pues proteger a los hijos significa a menudo negarles alguna cosa. Una respetada escritora de libros sobre la crianza de los hijos hace el siguiente comentario: “Aunque no siempre lo demuestran, y quizás no nos den las gracias de momento, los niños en realidad quieren que los padres les proporcionemos una estructura segura y predecible en la vida. Podemos lograrlo si actuamos con autoridad y establecemos límites a su conducta”.
Sin lugar a dudas, proteger a nuestros hijos de cualquier cosa que pudiera llevarles a perder su paz, su inocencia o su condición pura ante Dios es una forma esencial de demostrar que los amamos. Con el tiempo, probablemente comprendan los motivos por los que actuamos y agradezcan que los hayamos protegido con amor.
Dirigir la flecha
Notemos que Salmo 127:4, 5 compara al padre con “un hombre poderoso”. ¿Significa eso que solo el hombre puede ejercer de forma eficaz el papel de educador? No, ni mucho menos. El principio que subyace tras este ejemplo es aplicable a padres y madres por igual, así como a cualquiera que cría solo a sus hijos (Proverbios 1:8). La expresión “hombre poderoso” sugiere que hace falta mucha fuerza para disparar una flecha con un arco. En tiempos bíblicos, los arcos se recubrían a veces de cobre, y se decía que los soldados ‘pisaban el arco’, dando la idea de que probablemente lo sujetaban con el pie para poder tensarlo (Jeremías 50:14, 29). Sin duda, se necesitaba mucha energía y esfuerzo para tirar hacia atrás del arco tenso y disparar las flechas hacia el blanco.
Pues bien, educar a los hijos también exige un esfuerzo considerable. Obviamente, ellos no pueden criarse por sí mismos, igual que una flecha no puede lanzarse ella sola hacia el blanco. Por desgracia, hoy día muchos padres no parecen dispuestos a realizar el esfuerzo que se requiere. Siguen el camino fácil y dejan que sean la televisión, la escuela y los amigos los que instruyan a sus hijos en cuestiones de moralidad, sexo, etc. Permiten que sus hijos tengan todo lo que quieran. Y cuando piensan en todo el trabajo que implicará negarles algo, simplemente se lo conceden, y suelen justificarse diciendo que no quieren herir los sentimientos de sus hijos. Sin embargo, lo que en realidad causará a sus hijos un daño real y duradero es la permisividad.
Educar a los hijos no es una tarea fácil, y realizarla con empeño y siguiendo la guía de la Palabra de Dios requiere mucho esfuerzo. Pero las recompensas son de un valor incalculable. La revista Parents observó: “Los estudios [...] han demostrado que los niños criados por padres amorosos y que hacen valer su autoridad —los que apoyan a sus hijos pero les ponen límites definidos— sobresalen académicamente, desarrollan mejores habilidades sociales, se sienten satisfechos consigo mismos y son, por regla general, más felices que los niños cuyos padres son demasiado blandos o excesivamente severos”.
Existe una recompensa aún mayor. Antes analizamos la primera parte de Proverbios 22:6 (La Biblia de Nuestro Pueblo): “Educa al muchacho en el buen camino”. Este versículo concluye con las alentadoras palabras: “Cuando envejezca no se apartará de él”. ¿Ofrece este proverbio inspirado una garantía de éxito? No necesariamente, pues los hijos tienen libre albedrío, y cuando crezcan tomarán sus propias decisiones. Pero el versículo sí ofrece a los padres una garantía amorosa. ¿Cuál es esta?
Si educamos a nuestros hijos de acuerdo con las normas bíblicas, estaremos creando las circunstancias más favorables para obtener un resultado maravilloso: verlos convertidos en adultos felices, realizados y responsables (Proverbios 23:24). Así que dediquemos todo el esfuerzo posible a preparar, proteger y dirigir esas valiosísimas “flechas”. Nunca lo lamentaremos.
SALMO 128:1)
“Feliz es todo el que teme a Jehová, que anda en sus caminos.”
w87 1/12 pág. 11 párr. 7 El temor de Dios... ¿le puede beneficiar?
Otra meta de la mayoría de las personas es la felicidad. ¿Cómo puede alcanzarla usted? La Palabra de Dios dice: “Feliz es el hombre que teme a Jehová”. (Salmo 112:1; 128:1.) La experiencia de una adolescente verifica esto. Ella se había implicado en toda clase de relación sexual ilícita, así como en el espiritismo y el robo. Entonces empezó a estudiar la Biblia y comprendió que tenía que escuchar a Jehová y temerle. Dice: “El conocer a Jehová es lo mejor que me ha sucedido. Jehová me ha ayudado muchísimo a hallar la verdad y la felicidad. Me parece que estoy muy endeudada con él porque me abrió los ojos y me dio la oportunidad de realmente recapacitar y hallarlo. Ahora deseo ayudar a otros a encontrar esta felicidad”.
SALMO 128:3)
“Tu esposa será como vid que produce fruto en las partes más recónditas de tu casa. Tus hijos serán como plantones de olivos todo en derredor de tu mesa.”
w00 15/5 pág. 27 Un olivo frondoso en la casa de Dios
“Como plantones de olivos”
Este provechoso árbol sirve bien para ilustrar las bendiciones divinas. ¿Cómo se recompensaría al hombre temeroso de Dios? “Tu esposa será como vid que produce fruto en las partes más recónditas de tu casa —cantó el salmista—. Tus hijos serán como plantones de olivos todo en derredor de tu mesa.” (Salmo 128:3.) ¿Qué son los “plantones de olivos”, y por qué los comparó el salmista a hijos?
Una característica insólita del olivo es que en la base del tronco le salen constantemente nuevos retoños. Cuando el tronco principal ya no da el fruto que solía por ser muy viejo, los cultivadores pueden dejar crecer varios plantones, es decir, nuevos retoños, hasta que formen parte integral del árbol. Pasado un tiempo, al tronco original le rodean tres o cuatro troncos jóvenes y vigorosos, como hijos alrededor de la mesa. Todos los plantones tienen el mismo rizoma y contribuyen a que el árbol dé una buena cosecha de aceitunas.
Esta característica del olivo ilustra muy bien cómo los hijos pueden crecer firmes en la fe gracias a las fuertes raíces espirituales de sus padres. Cuando los niños se hacen mayores, también llevan fruto y apoyan a sus progenitores, quienes se alegran de ver a sus hijos servir a Jehová junto con ellos (Proverbios 15:20).
w00 15/8 pág. 30 ¿Recuerda usted?
¿Qué da a entender el Salmo 128:3 al decir que los hijos son “como plantones de olivos” en derredor de la mesa de un hombre?
A menudo, los nuevos retoños salen en la base del tronco del olivo. Cuando el tronco principal de un árbol viejo ya no da mucho fruto, los nuevos retoños pueden convertirse en troncos vigorosos en derredor de este. De igual manera, los padres pueden alegrarse de tener hijos que producen fruto y que sirven a Jehová junto con ellos.—15/5, página 27.
g97 8/8 pág. 8 Vele por el bien de sus hijos
La Biblia dice que el padre debe ver a sus hijos como “plantones de olivos todo en derredor de [su] mesa”. (Salmo 128:3, 4.) Para que un plantón, o arbolito joven, llegue a ser un árbol fructífero necesita un cultivo esmerado, así como el terreno, la humedad y los nutrientes adecuados. De igual modo, para tener éxito en la crianza de un hijo se requiere trabajo y cuidado. Los niños necesitan un ambiente sano para crecer y madurar.
g92 22/9 pág. 3 Los años de formación. Cuando más necesitan su esfuerzo
Los años de formación. Cuando más necesitan su esfuerzo
SE DICE que los niños son “una herencia de parte de Jehová”, que son “como plantones de olivos todo en derredor de tu mesa”. (Salmo 127:3; 128:3.) Y a los padres se les exhorta a que “sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová”. (Efesios 6:4.)
Si usted quiere dar forma a unos olivos para que produzcan fruto de calidad, el tiempo de hacerlo es mientras son ‘como plantones alrededor de su mesa’. El árbol crecerá según la forma que se dé al retoño.
it-1 pág. 543 Plantas de la Biblia
El salmista bíblico aludió a algunas de las características del olivo cuando prometió a los que temían a Jehová: “Tus hijos serán como plantones de olivos todo en derredor de tu mesa”. (Sl 128:1-3.) Los mugrones, o plantones, que se cortan de un olivo adulto suelen servir para que broten árboles nuevos. Además, las raíces de los olivos más viejos pueden producir retoños que los perpetúan. A semejanza de tales retoños, los hijos rodearían a su padre y contribuirían de modo significativo a la felicidad de la familia.
it-2 pág. 547 Olivo
El olivo no solo vive centenares de años, sino que, si se corta, de sus raíces brotan hasta seis nuevos retoños, que se desarrollan en nuevos troncos; los árboles viejos suelen perpetuarse de esta manera. Para plantar árboles nuevos suelen utilizarse a menudo plantones cortados de un olivo adulto. Por lo tanto, es muy apropiada la ilustración del salmista que asemeja a los hijos de un hombre bendecido con “plantones de olivos todo en derredor de tu mesa”. (Sl 128:3.)
SALMO 129:3)
“Aradores han arado sobre mi espalda misma; han alargado sus surcos.””
it-1 pág. 173 Arar
Es probable que la expresión de Israel en cuanto a que habían ‘arado sobre su espalda, alargando sus surcos’, describiera los sufrimientos de la nación bajo sus muchos enemigos, que con crueldad y de forma implacable la invadieron y maltrataron, ‘haciendo su espalda’ “justamente como la tierra [...] para los que pasaban”. (Sl 129:1-3; Isa 51:23; compárese con Sl 66:12.)
SALMO 129:6)
“Se harán como la hierba verde de los techos, que antes que la hayan arrancado se ha secado,”
it-1 pág. 437 Casa
Después iba una capa de tierra de varios centímetros de grosor cubierta con un enlucido grueso de arcilla o de arcilla mezclada con cal. De modo que era fácil excavar una abertura en un techo de tierra, como hicieron los hombres que intentaban llevar a un paralítico ante la presencia de Jesús para que pudiera ser sanado. (Mr 2:4.) Las vigas del techo solían descansar sobre una fila de postes de madera verticales que se apoyaban sobre bases de piedra. En estos techos podía brotar hierba (Sl 129:6),
it-1 pág. 1140 Hierba
Los israelitas estaban muy familiarizados con el hecho de que la hierba se marchita bajo el intenso calor del sol durante la estación seca. Por ello, la transitoriedad de la vida del hombre se asemeja a la de la hierba, y se contrasta con la eternidad de Jehová y de su “palabra” o “dicho”. (Sl 90:4-6; 103:15-17; Isa 40:6-8; 51:12; 1Pe 1:24, 25.) A los malhechores también se les compara con la hierba que se marchita rápidamente (Sl 37:1, 2), y a los que odian a Sión, así como a la gente que está a punto de ser sojuzgada por conquistas militares, se les asemeja a la hierba de raíces poco profundas que crece en las azoteas hechas de tierra, hierba que se marchita incluso antes de ser arrancada o que abrasa el viento del E. (Sl 129:5, 6; 2Re 19:25, 26; Isa 37:26, 27.)
SALMO 130:3)
“Si errores fuera lo que tú vigilas, oh Jah, oh Jehová, ¿quién podría estar de pie?”
w02 15/10 pág. 14 párr. 5 Jehová se interesa por nosotros
5 Jehová no nos espía para descubrir toda falta y error que cometamos. El salmista escribió: “Si errores fuera lo que tú vigilas, oh Jah, oh Jehová, ¿quién podría estar de pie?” (Salmo 130:3). La respuesta implícita es: nadie (Eclesiastés 7:20).
SALMO 131:2)
“De seguro he sosegado y aquietado mi alma como un niño destetado sobre su madre. Mi alma está como un niño destetado sobre mí.”
w06 1/9 pág. 15 Puntos sobresalientes del libro quinto de los Salmos
131:1-3. ¿Por qué podía decirse que David había “sosegado y aquietado [su] alma como un niño destetado sobre su madre”? David aprendió a calmar su alma tal como el niño que deja la lactancia aprende a hallar consuelo y satisfacción en los brazos maternales. ¿De qué forma logró tranquilizarse “como un niño destetado sobre su madre”? Evitando la altivez de corazón, la altanería de ojos y la búsqueda de cosas demasiado grandes para él. En vez de anhelar prominencia, David reconoció por lo general sus limitaciones y fue humilde. Nosotros haremos bien en imitar su actitud, sobre todo si estamos esforzándonos por conseguir privilegios de servicio en la congregación.
it-1 pág. 667 Destete
Aunque el niño ya no busca alimento en el seno materno después del destete, todavía goza de la sensación de seguridad y satisfacción que encuentra en los brazos de su madre. De manera semejante, David dijo que sosegó y aquietó su alma “como un niño destetado sobre su madre” y que su alma estaba sobre él “como un niño destetado”. Parece que halló sosiego, quietud y satisfacción para su alma debido a que no buscó prominencia, manifestó humildad, evitó la altivez y se retrajo de andar ‘en cosas demasiado grandes’. Instó a Israel a hacer lo mismo, a ‘esperar en Jehová hasta tiempo indefinido’ con humildad. (Sl 131:1-3.)
w87 15/3 pág. 25 ¡Un Dios feliz, un pueblo feliz!
131:2—¿Cómo llega a ser el alma como un “niño destetado”?
Antes de ser destetado, el niño anhela que su madre satisfaga su deseo de que se le alimente. El niño destetado en los brazos de su madre siente satisfacción, seguridad y consuelo. Satisfecho con seguir un proceder humilde (versículo 1), el salmista se sintió “sosegado y aquietado”, como un niño destetado en los brazos de su madre. El esperar humildemente en Jehová y hacer su voluntad trae seguridad y abundantes bendiciones.
SALMO 132:6)
“¡Miren! Lo hemos oído en Efrata, lo hemos hallado en los campos del bosque.”
it-1 pág. 765 Efrata
2. Nombre anterior de Belén o de sus alrededores. Los nombres Belén y Efrata se usan conjuntamente en varios textos. El relato de la muerte de Raquel cuenta que se la enterró “en el camino a Efrat [Efrata], es decir, Belén”. (Gé 35:16, 19; 48:7.) A los familiares de Elimélec se les llama “efrateos de Belén”, y fue a este lugar adonde regresó Noemí, su viuda, desde Moab. (Rut 1:2, 19.) La bendición que se pronunció sobre Boaz cuando se casó con Rut fue: “Demuestra tu mérito en Efrata y cobra renombre en Belén”. (Rut 4:11.) Por último, en la profecía concerniente al nacimiento del Mesías, los nombres aparecen combinados de la siguiente forma: “Belén Efrata”. (Miq 5:2.) En vista de todo lo dicho, parece ser que la referencia a Efrata que aparece en el Salmo 132:6, que tiene relación con la preocupación de David por el arca del pacto, también aplica al pueblo natal de este rey. (Véase BELÉN núm. 1.)
SALMO 132:17)
“Allí haré crecer el cuerno de David. He puesto en orden una lámpara para mi ungido.”
it-2 pág. 814 Reino de Dios
Los reyes nombrados por Dios eran ungidos para su puesto, por lo que les aplicaba el término “mesías”, que significa “ungido”. (1Sa 16:1; Sl 132:13, 17.) De modo que el reino terrestre que Jehová puso sobre Israel fue un tipo o una representación a pequeña escala del venidero reino del Mesías Jesucristo, el “hijo de David”. (Mt 1:1.)
SALMO 133:1)
“¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos moren juntos en unidad!”
w12 1/12 pág. 7 Tiempo de reunirse con la familia
“¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos moren juntos en unidad!” (SALMO 133:1)
Razón por la que algunos celebran la Navidad.
Puesto que los israelitas descendían del mismo hombre, Jacob (o Israel), todos se consideraban hermanos. Y reunirse en Jerusalén para sus celebraciones era algo “bueno y [...] agradable”.
w96 15/7 pág. 11 párr. 4 La familia de Jehová disfruta de preciosa unidad
4 El salmista David apreciaba profundamente la unidad fraternal. Incluso fue inspirado a cantarle. Imagíneselo acompañándose con el arpa mientras canta: “¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos moren juntos en unidad! Es como el buen aceite sobre la cabeza, que viene bajando sobre la barba —la barba de Aarón—, que viene bajando hasta el cuello de sus prendas de vestir. Es como el rocío de Hermón que viene descendiendo sobre las montañas de Sión. Porque allí ordenó Jehová que estuviera la bendición, aun vida hasta tiempo indefinido”. (Salmo 133:1-3.)
w96 15/7 pág. 11 párr. 5 La familia de Jehová disfruta de preciosa unidad
5 Estas palabras fueron aplicables a la unidad fraternal de que gozaba el pueblo antiguo de Dios, los israelitas. Cuando estos se congregaban en Jerusalén con ocasión de sus tres fiestas anuales, realmente moraban en unidad. Aun procediendo de diversas tribus, componían una sola familia.
it-1 pág. 1122 Hermano, hermana
“¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos moren juntos en unidad!”, escribió David, indicando que la paz y unidad de los hermanos carnales no depende solo de su parentesco. (Sl 133:1.)
SALMO 133:2)
“Es como el buen aceite sobre la cabeza, que viene bajando sobre la barba —la barba de Aarón—, que viene bajando hasta el cuello de sus prendas de vestir.”
w96 15/7 pág. 11 párr. 4 La familia de Jehová disfruta de preciosa unidad
4 El salmista David apreciaba profundamente la unidad fraternal. Incluso fue inspirado a cantarle. Imagíneselo acompañándose con el arpa mientras canta: “¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos moren juntos en unidad! Es como el buen aceite sobre la cabeza, que viene bajando sobre la barba —la barba de Aarón—, que viene bajando hasta el cuello de sus prendas de vestir. Es como el rocío de Hermón que viene descendiendo sobre las montañas de Sión. Porque allí ordenó Jehová que estuviera la bendición, aun vida hasta tiempo indefinido”. (Salmo 133:1-3.)
w96 15/7 pág. 11 párr. 5 La familia de Jehová disfruta de preciosa unidad
El estar juntos tenía un buen efecto en ellos; era como el aceite de unción, refrescante y perfumado. Cuando este se derramó sobre la cabeza de Aarón, bajó por su barba hasta el cuello de su vestidura. Para los israelitas, congregarse ejercía una influencia positiva que se difundía por todo el pueblo. Se aclaraban los malentendidos y se promovía la paz. Una unidad semejante existe en la actualidad en la familia mundial de Jehová. El que sus miembros se reúnan regularmente tiene una beneficiosa influencia espiritual en ellos. Cualquier malentendido o dificultad que surja se elimina aplicando el consejo de la Palabra de Dios. (Mateo 5:23, 24; 18:15-17.) El pueblo de Jehová aprecia inmensamente el estímulo mutuo que proviene de su fraternidad.
it-2 pág. 1170 Ungido, ungir
Unción. Cuando se ungía a una persona, el aceite que se derramaba sobre su cabeza corría por la barba hasta el cuello de su prenda de vestir. (Sl 133:2.) En tiempos bíblicos, los hebreos y algunos otros pueblos ungían ceremonialmente a sus gobernantes. Este acto constituía la confirmación de su nombramiento oficial. (Jue 9:8, 15; 1Sa 9:16; 2Sa 19:10.) Samuel ungió por rey a Saúl después que Jehová lo escogió. (1Sa 10:1.) David fue ungido por rey en tres ocasiones diferentes: una por Samuel, después por los hombres de Judá y finalmente por todas las tribus. (1Sa 16:13; 2Sa 2:4; 5:3.) Aarón recibió la unción tras ser nombrado sumo sacerdote. (Le 8:12.) Posteriormente, Moisés salpicó parte del aceite de la unción y de la sangre de los sacrificios sobre las vestiduras de Aarón y sus hijos, pero solo derramó el aceite sobre la cabeza de Aarón. (Le 8:30.)
SALMO 133:3)
“Es como el rocío de Hermón que viene descendiendo sobre las montañas de Sión. Porque allí ordenó Jehová [que estuviera] la bendición, [aun] vida hasta tiempo indefinido.”
w07 15/11 pág. 15 ¿Somos una fuente de alivio?
¿Somos una fuente de alivio?
EN EL extremo sur de la cordillera del Antilíbano se alza el monte Hermón. Su majestuosa cumbre, que alcanza los 2.814 metros (9.232 pies) sobre el nivel del mar, está nevada durante la mayor parte del año. Cuando los vapores nocturnos pasan sobre ella, se condensan formando rocío, que desciende por las laderas, humedeciendo abetos y frutales, hasta llegar a las viñas. En el antiguo Israel, era un alivio contar con este rocío, la principal fuente de humedad para las plantas durante la larga temporada seca.
Un canto inspirado dice que la unidad entre los siervos de Jehová es tan reconfortante como “el rocío de Hermón que viene descendiendo sobre las montañas de Sión” (Salmo 133:1, 3). Al igual que el Hermón es fuente de rocío para las plantas, nosotros podemos ser fuente de alivio para los demás.
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[Ilustraciones de la página 16]
El rocío del Hermón aliviaba la sequía aportando humedad a las plantas
w98 15/8 pág. 32 “¿Quién dio a luz las gotas del rocío?”
Durante la calurosa estación seca de Israel, “el rocío de Hermón” conservaba la vegetación de la tierra y, por lo tanto, a sus habitantes. Las boscosas y nevadas alturas del monte Hermón aún producen vapores nocturnos que se condensan para formar abundante rocío. El salmista David comparó el refrigerio traído por este rocío con la agradable experiencia de morar en unidad con otros adoradores de Jehová (Salmo 133:3).
w96 15/7 pág. 11 párr. 4 La familia de Jehová disfruta de preciosa unidad
4 El salmista David apreciaba profundamente la unidad fraternal. Incluso fue inspirado a cantarle. Imagíneselo acompañándose con el arpa mientras canta: “¡Miren! ¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos moren juntos en unidad! Es como el buen aceite sobre la cabeza, que viene bajando sobre la barba —la barba de Aarón—, que viene bajando hasta el cuello de sus prendas de vestir. Es como el rocío de Hermón que viene descendiendo sobre las montañas de Sión. Porque allí ordenó Jehová que estuviera la bendición, aun vida hasta tiempo indefinido”. (Salmo 133:1-3.)
w96 15/7 pág. 11 párrs. 6-7 La familia de Jehová disfruta de preciosa unidad
6 ¿En qué sentido era la convivencia de Israel también como el rocío del Hermón? Puesto que la cima de esta montaña se eleva 2.800 metros sobre el nivel del mar, permanece coronada de nieve casi todo el año. Sus cumbres nevadas condensan los vapores nocturnos, y así producen el abundante rocío que conserva la vegetación durante la larga temporada seca. Las frías corrientes de aire procedentes de la cordillera del Hermón pueden transportar estos vapores muy al sur, hasta los alrededores de Jerusalén, donde se condensan en forma de rocío. De modo que el salmista no se equivocó al decir que ‘el rocío de Hermón desciende sobre las montañas de Sión’. ¡Qué magnífico recordatorio de la refrescante influencia que promueve la unidad de la familia de adoradores de Jehová!
7 Antes de que se estableciera la congregación cristiana, Sión, o Jerusalén, constituía el centro del culto verdadero. Por lo tanto, fue allí donde Dios ordenó que estuviera la bendición. En vista de que la Fuente de toda bendición residía de modo representativo en el santuario de Jerusalén, de allí emanarían las bendiciones. Sin embargo, puesto que el culto verdadero ya no depende de un lugar, la bendición, el amor y la unidad de los siervos de Dios se puede hallar por toda la Tierra hoy día. (Juan 13:34, 35.) ¿Cuáles son algunos de los factores que promueven dicha unidad?
it-1 pág. 1125 Hermón
La cumbre nevada del monte Hermón condensa los vapores nocturnos y produce un abundante rocío. “No hemos experimentado jamás —observó el naturalista del siglo XIX H. B. Tristram— un rocío tan copioso. Lo empapaba todo, y ni siquiera las tiendas ofrecían mucha protección.” (The Land of Israel, Londres, 1866, págs. 608, 609.) El rocío refrescante del Hermón preserva la vegetación durante la larga estación seca. (Sl 133:3; véase ROCÍO.)
it-2 pág. 587 Palestina
Gran cantidad del rocío de Palestina se debe a las brisas cargadas de humedad que soplan desde el Mediterráneo y desde el monte Hermón. (Sl 133:3.) En ciertas zonas el rocío es tan abundante por la noche que la vegetación recupera la humedad que pierde durante las horas de calor del día. (Compárese con Job 29:19.)
it-2 pág. 863 Rocío
La unidad amorosa que existe entre el pueblo de Dios es refrescante, “como el rocío de Hermón que viene descendiendo sobre las montañas de Sión”. Las cimas del monte Hermón, cubiertas de bosques y jaspeadas de nieves perpetuas, hacían que los vapores nocturnos se elevasen, de modo que las corrientes de aire frío que bajaban por el Hermón desde el N., los llevasen hasta muy lejos y llegaban a condensarse sobre las montañas de Sión, a muchos kilómetros hacia el S. (Sl 133:1-3; GRABADO, vol. 1, pág. 332.)

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