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Cacao en Venezuela

 
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Chocolate La India. 1901.
El Cojo Ilustrado. Caracas. 1910-20

Era cultivado y usado por los indígenas de Venezuela desde los tiempos precolombinos, como alimento y acaso también con fines votivos en el culto de los dioses primitivos. Se conoce que lo había en la región de nuestros Andes y en los alrededores de la laguna de Tacarigua, donde aparece representado en los cacharros descubiertos recientemente en los yacimientos arqueológicos. El consumo interno debió extenderse en el siglo XVI, y muy tempranamente pasó también a Europa, pues en la descripción de la laguna de Maracaibo, hecha por Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga en 1579, enviada al gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, Juan de Pimentel, se le menciona entre los frutos procedentes de Mérida que podrían conducirse a España. Aunque aparecen algunas exportaciones por La Guaira en 1607, las extracciones regulares y su rápido incremento no se produjeron sino a partir de 1621. Este comercio siguió en aumento y ya en 1631 se exportaron más de 2.000 fanegas con destino a México, España y otros lugares, estimándose el consumo interno en otras 2.000 fanegas, lo que supone la existencia de más de 350.000 árboles en plena producción. La Corona española trató de fomentar este cultivo y con tal objeto le concedió la exoneración de los derechos de almojarifazgo, aunque a condición de que los embarcadores fueran pobladores de la misma gobernación pues fueron éstos quienes lo pidieron, y gozaron de tal privilegio desde 1638 hasta 1650. Deben desestimarse por enteramente falsas las noticias que se encuentran en François Depons, Rafael María Baralt y particularmente en Agustín Codazzi, quienes atribuyen a los holandeses «el fomento» de este cultivo a partir de 1634 y su introducción en Venezuela, cuando es un fruto originario del país, y su empleo en diferentes aplicaciones un aporte del indígena venezolano a la cultura de Occidente.
Desde finales del siglo XVI, las plantaciones se fueron extendiendo a lo largo de la costa de Caracas en las haciendas de Choroní, Ocumare, Chuao, Turiamo y Guaiguaza; en los valles de Caucagua, Capaya, Curiepe y El Guapo; en los de Cúpira, en las márgenes del Aroa; en Barquisimeto, Chivacoa, Güigüe y Orituco; en Trujillo y Mérida, cuya producción se exportaba por Maracaibo; y hacia la región oriental, en la provincia de la Nueva Andalucía. El comercio a que dio lugar este fruto, constituyó la mayor riqueza de estas gobernaciones durante todo el período colonial, por ser el cacao un artículo muy valioso y de una gran demanda en los mercados de Europa y de América, y entre éstos particularmente los de México, que se convirtieron en el principal consumidor de nuestro cacao, hasta mediados del siglo XVIII, y sirvió para enriquecer a las clases mercantiles y agricultoras de la antigua gobernación de Caracas.
Una de las consecuencias más importantes del cultivo y comercio del cacao, fue el establecimiento del tráfico marítimo entre La Guaira y Veracruz (México) y el más importante por su volumen y beneficio durante todo el siglo XVII hasta 1730. Antes de 1620 la comunicación directa con la Nueva España era muy escasa; pero una vez conocido el interés por el cacao del que hacía un intenso consumo, fue creciendo cada vez más, al punto de que era frecuente la partida y retorno de 4 o más naves anuales entre los 2 puertos, y en algunas ocasiones ese número se elevó a 11 barcos. A menudo los mercaderes que llegaban de Sevilla o las Canarias, al conocer las elevadas ganancias que proporcionaba este comercio, preferían cargar cacao en La Guaira y navegar hacia Veracruz donde lo vendían, y en no pocas ocasiones repitieron esta operación antes de regresar a la Península. Sin embargo, estos viajes no eran libres y para hacerlos era necesaria una licencia especial de la Casa de Contratación de Sevilla. Como resultado de la intensificación de este tráfico, comenzó a formarse en Venezuela, desde mediados del siglo XVII, una flotilla propiedad de los cosecheros y mercaderes de Caracas, dedicada exclusivamente al comercio del cacao con México, invirtiendo parte de su producto en la compra de artículos de la industria y artesanía locales, y aun agrícolas, que tuviesen demanda en los mercados caraqueños y su jurisdicción, lo cual les proporcionaba una ganancia adicional sobre la ya muy crecida de la venta del cacao. Estas utilidades resultado de la diferencia entre el precio de 50 pesos y aun más, la fanega, y los costos de producción, transporte y mercadeo, que podía llegar hasta 15 pesos, y no más, permitió el atesoramiento y la formación de grandes fortunas en manos de los mercaderes locales, en su mayoría también agricultores dotados de espíritu emprendedor que les llevó a buscar mayores beneficios en la colocación directa de su producción en los mercados foráneos.
Una vez que dispusieron de barcos propios, con la creación de la Flota Colonial Venezolana, esos cosecheros y mercaderes criollos vieron con hostilidad las naves metropolitanas que tomaban carga para Veracruz, y trataron de entorpecer ese comercio, tanto en el terreno jurídico como en el de los hechos, negándoles el suministro de cacao al tiempo que se dirigían al gobierno español en solicitud de protección para los intereses de los vecinos. Estos reclamos y continuos clamores de Venezuela la pusieron finalmente en posesión de privilegios que, hacia 1674, le permitieron ejercer un monopolio casi absoluto en el mercado mexicano al excluir del negocio del cacao de Caracas con la Nueva España a otros transportistas, y no habiendo otro efecto que pudiese sostener la navegación entre los puertos de Venezuela y el de Veracruz, de hecho quedaba todo el tráfico en manos de los mercaderes caraqueños. Ese monopolio fue concedido en perjuicio de la provincia de Guayaquil, principal competidor en el comercio cacaotero por su mayor volumen de producción y precios más bajos. Aunque el cacao de Caracas justificaba su precio más elevado en una calidad que le daba preferencia entre los consumidores. En muchas ocasiones los embarcadores venezolanos hallaron en México existencias de 90.000 o de 100.000 fanegas de cacao de Guayaquil, contra 20.000 o 25.000 fanegas remitidas por Caracas. Esta provincia introdujo una representación ante el Consejo de Indias, por la cual pidió que se prohibiese llegar a México el cacao de Guayaquil. En adelante el grano de esa procedencia tuvo que recurrir al expediente de las introducciones clandestinas por Acapulco en los tiempos de extrema carestía del fruto. Este trato clandestino dio origen a nuevas representaciones de Caracas, alegando el virrey de México que no había podido excusarlas por tratarse de arribadas forzosas y existir escasez por tener el cacao gran consumo y «ser el principal alimento». Aunque el virrey apoyó que se autorizase la entrada de cacao por Acapulco pagando dobles derechos, el Consejo de Indias apoyó la posición de Caracas. Mediante este comercio exclusivo, los mercaderes y agricultores caraqueños lograron formar a sus expensas una numerosa flota compuesta de 18 navíos de mediano y gran porte, que conducía el cacao a Veracruz y en el viaje de retorno cargaba platos y cacharros de barro fabricados en México, utensilios de plata, instrumentos musicales y de labranza, y algunos paños de fabricación local, como los famosos «zarapes» y otros objetos de la pintoresca artesanía mexicana, harina y algunos artículos de origen asiático introducidos desde las Filipinas por Acapulco. Pero el valor de todos estos artículos era relativamente insignificante, pues el grueso del retorno hacíase en plata y oro amonedados, que llegó a constituir la totalidad de la moneda en circulación en Venezuela, pues de la española había muy poco ya que las naves del comercio con la metrópoli retornaba a ésta con los frutos adquiridos por la venta de los artículos europeos y generalmente, la diferencia siendo a favor de éstos, la conducían en dinero o en letras de cambio pagaderas en Sevilla o Cádiz. Habitualmente, Venezuela continuó recibiendo de México, hasta finales del siglo XVIII, unos 500.000 pesos anuales a cambio de 10.000 fanegas de promedio en los 30 últimos años del siglo XVIII, promedio que se elevó a 18.000 fanegas en los años de 1701-1780.
El resumen de las exportaciones de cacao de 1621-1700, arroja el siguiente resultado:
País Producción %
España 71.595 fanegas 16,43
México 357.766 fanegas 82,18
Otros destinos 5.991 fanegas 1,39
Total 435.352 fanegas 100,00

En los 30 años siguientes estas tendencias se acentuaron, de tal manera que México recibió cantidades muy superiores, en tanto que las remesas a España cayeron hasta un punto crítico, que alcanzó apenas 14.172 fanegas en los primeros 20 años, producto de sólo 4 remesas, faltando absolutamente en 16 años. En ese período de 1701-1730, las extracciones se resumen así:
País Producción % Promedio anual
España 54.415 fanegas 8,9 1.813 fanegas
México 462.107 fanegas 75,0 15.403 fanegas
Islas Canarias 4.721 fanegas 5,6 -
Compañía Francesa 2.327 fanegas 5,3 -
Compania Inglesa 3.433 fanegas 2,2 -
Islas de Barlovento 2.577 fanegas 2,0
Total 609.580 fanegas 100,0

Entre 1701 y 1713 en que se firmó la paz por el Tratado de Utrecht, la Guerra de Sucesión mantuvo a España comprometida en uno de sus más graves conflictos bélicos con Inglaterra, que le costó la pérdida de Gibraltar y Menorca. También ese tratado del año 1713 desplazó a la Compañía Francesa y colocó en su lugar a la Compañía Inglesa. Durante esa guerra, la suspensión de comercio con la metrópoli fue casi absoluta y en toda esa segunda década, España apenas recibió un solo embarque de cacao de Caracas, precisamente en ese año de 1713, por 4.025 fanegas. En la tercera década la situación mejoró en forma notable pues en esos 10 años de 1720-1729 recibió 26.760 fanegas, y el estado de desabastecimiento continuó produciendo amargas quejas que llegaron a la Corona, las cuales señalaban la culpabilidad de la Compañía Inglesa. Fue entonces cuando entró en escena la Compañía Guipuzcoana, y en el primer año de su ejercicio (1730) condujo a España 13.483 fanegas, una cantidad ligeramente superior a la mitad de todas las introducciones de los 10 años precedentes.
A partir, pues, de esa fecha el giro mercantil de la gobernación de Caracas cambió, aunque sólo en cuanto al volumen de sus embarques e introducciones, pues bajo la presencia de la Guipuzcoana, España pasó al primer lugar y México al segundo, no obstante que el promedio anual subió sobre el período anterior.
País Producción % Promedio anual
España 1.103.323 fanegas 47,4 23.474 fanegas
México 799.978 fanegas 34,3 17.020 fanegas
Islas Canarias 249.636 fanegas 10,7 5.311 fanegas
Compañía Inglesa 31.685 fanegas 1,4 647 fanegas
Islas de Barlovento 61.093 fanegas 2,6 1.299 fanegas
Colonias Extranjeras 82.911 fanegas 3,5 1.764 fanegas
Total 2.328.626 fanegas 47,4 49.545 fanegas

Sin embargo, aunque el promedio anual de las extracciones de cacao subió casi el 150%, el beneficio de estas ventas no siguió el mismo curso pues la Compañía Guipuzcoana abatió los precios internos, que llegaron a descender a 8 pesos la fanega, que según los cosecheros no alcanzaban a pagar el costo; en cambio las exportaciones con destino a México, se colocaban en Veracruz y después en la Feria de Jalapa, hasta 35 y 40 pesos, que eran recibidos casi íntegramente por los agricultores, quienes eran a su vez mercaderes y exportadores, o asociados de éstos. Lo cierto es que el producto de esas ventas ingresaba a la gobernación de Caracas. Sólo después de la revuelta de Juan Francisco de León, en 1749, el cacao experimentó alzas que le llevaron a 16 pesos la fanega. Estimando un promedio de precio de 13 pesos, las 1.103.323 fanegas exportadas por la Guipuzcoana, produjeron 14.343.000 pesos; en tanto que las 800.000 fanegas vendidas en México a un promedio de 30 pesos, deducidos los gastos de transporte han debido producir 24.000.000 de pesos, o sea, 59,7% más sobre un volumen de ventas menor en 13,1% a las colocaciones en España, pues los beneficios del mercadeo no ingresaban al territorio de la gobernación de Caracas. Una vez cancelado el contrato de la Guipuzcoana y habiendo cesado de hecho su monopolio a partir de 1780, el mercadeo metropolitano quedó abierto a todos los mercaderes, pero pocos años más tarde, al extenderse a esta gobernación el Decreto de Comercio Libre, Caracas perdió su monopolio en México, y los comerciantes y navieros venezolanos abandonaron su interés por ese mercado, que fue ocupado en primer lugar por el cacao de Guayaquil; y por el de Maracaibo y Cumaná, puertos de expedición de las zonas cacaoteras de oriente y occidente del país.
A partir de 1790 comenzó el ascenso del café, que alcanza el mismo nivel del cacao hacia el año de 1810. Los sucesos políticos siguientes afectaron el comercio del cacao, que perdió el mercado de España y otros de Europa, de manera que en 1830 la exportación de este grano fue de 30.000 fanegas; oscila entre esta cifra y la de 40.000, hasta el año de 1850. La Guerra Federal hace declinar violentamente su comercio y precios, y no se repone sino después de 1875 y hacia finales del siglo alcanza las 80.000 fanegas, hasta entrar el siglo xx. En 1904 su exportación pasó de 14.000 t (133.000 fanegas), y desde entonces se mantuvo en ese nivel con oscilaciones hasta 20.000 t (182.000 fanegas), aunque los precios no han seguido la misma tendencia. Al entrar el siglo se cotiza a Bs. 1,50 kg, la crisis de la década de 1930 lo abate seriamente y en 1935 es de sólo Bs. 0,47.
E.AR.F.
Para tener una idea acerca de la evolución del cultivo durante los primeros 30 años del siglo xx, es preciso recurrir a las cifras de exportación, las cuales resultan mucho más confiables que las escasas estimaciones acerca de producción o demanda interna. Hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial (1914), las exportaciones de cacao oscilaron entre 8.000 y 18.000 t, con un promedio de 16.000 t/año. A partir de 1916 y hasta la gran depresión económica de la década de 1930, el promedio anual de exportaciones fue de 20.000 t, con un máximo de 21.000 t en 1921, cifra que no se ha vuelto a alcanzar, debido a la estabilización de las superficies bajo cultivo y principalmente, a causa de que la producción descendió en un 50% entre 1963 y 1984. La producción promedio del quinquenio 1989-1993 fue de 15.392 t. Los principales estados productores son Miranda y Sucre, cada uno con 42% de la producción. Las exportaciones correspondientes al año 1983 alcanzaron 7.647 t, por valor de Bs. 767.000.000 a precios corrientes, para el cacao almendra. Desde 1959, se vienen exportando productos industrializados (manteca de cacao, cacao soluble y licor de cacao) en magnitudes crecientes.
H.F.
BIBLIOGRAFÍA: CALATRABA, ALONSO, coord. Estudio integral de la agricultura en Venezuela: cacao, café, caña de azúcar, tabaco. Caracas: Banco Central de Venezuela, [19_?]; COMISIÓN DE HISTORIA DE LA PROPIEDAD TERRITORIAL AGRARIA EN VENEZUELA. La obra pía de Chuao 1568-1825. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1968; DE BELLARD, EUGENIO PIGNAT. Una taza de chocolate: importancia del cacao en Venezuela. Caracas: Tipografía La Nación, [1951]; FERRI, ROBERT JAMES. Cacao and kindred: transpotations of economy and society in colonial Caracas. Ann Arbor, Mich.: University Microfilm International, 1980; NÚÑEZ, ENRIQUE BERNARDO. Cacao. Caracas: Banco Central de Venezuela, 1972; PÉREZ ARVELÁEZ, ENRIQUE. Manual del cacaotero venezolano. Caracas: Cooperativa de Artes Gráficas, 1937; RIVAS, LUIS M. Producción de cacao. Caracas: Ediciones Iesa, 1994.
HEMEROGRAFÍA: AMÉZAGA ARESTI, VICENTE DE. «Exportación de cacao durante la Compañía Guipuzcoana». EN: El Farol. Caracas, núm. 204, enero-febrero, 1963; ARCILA FARÍAS, EDUARDO. «Comercio del cacao en el siglo XVII». EN: Revista Nacional de Cultura. Caracas, núm. 43, marzo-abril, 1944; PALMA, MANUEL. «Algunas notas sobre el cultivo del cacao en Venezuela». EN: El Agricultor Venezolano. Caracas, núm. 133, enero-marzo, 1949; DÍAZ SÁNCHEZ, RAMÓN. «Cacao, símbolo colonial de Venezuela». EN: Revista Nacional de Cultura. Caracas, núm. 69, julio-agosto, 1948.

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