Cuál es el Significado de A Priori. Concepto, Definición, Qué es A Priori

Conocimiento a priori

En la filosofía occidental desde la época de Immanuel Kant, conocimiento que es independiente de todas las experiencias particulares, en contraposición a conocimiento a posteriori, que deriva de la experiencia. Las frases latinas a priori ("de lo que es antes de") y a posteriori ("de lo que es después de") se utilizaron en filosofía originalmente para distinguir entre argumentos de causas y argumentos de efectos.
Concepto de A Priori
Immanuel Kant, print published in London, 1812.

La primera aparición registrada de las frases es en los escritos del siglo XIV de Alberto de Sajonia. Aquí, un argumento que a priori se dice que es "de causas para el efecto" y un argumento a posteriori "de efectos a las causas". Definiciones similares fueron dadas por muchos filósofos posteriores hasta e incluyendo G.W. Leibniz, y las expresiones todavía se producen a veces con estos significados en contextos no filosóficos. Debe recordarse que los lógicos medievales utilizan la palabra «causa» en un sentido silogístico correspondientes a aitia de Aristóteles y no significan necesariamente por prius algo a un tiempo anterior. Este punto es sacado por el uso del quid de propter frase demonstratio ("demostración debido a lo") como un equivalente para demonstratio a priori y de quia demonstratio ("manifestación que, o porque") como un equivalente para demonstratio a posteriori. Por lo tanto, la referencia es obviamente a la distinción de Aristóteles entre conocimiento de la tierra o explicación de algo y el conocimiento del mero hecho de.

Immanuel Kant, impresión publicado en Londres, 1812. [Crédito: Photos.com/Jupiterimages] 
Latente en esta distinción para Kant es la antítesis entre la verdad necesaria y verdad contingente. El primero se aplica a los juicios a priori, a que se llegaban independientemente de la experiencia y sostenido universalmente; Este último se aplica a los juicios a posteriori, que dependen de la experiencia y por lo tanto deben reconocer posibles excepciones. En su crítica de la razón pura Kant utiliza estas distinciones, en parte, para explicar el caso especial de los conocimientos matemáticos, que él consideraba como el ejemplo fundamental de un conocimiento a priori.

Aunque el uso de a priori para distinguir el conocimiento como la que tenemos en matemáticas es relativamente reciente, el interés de los filósofos en ese tipo de conocimiento es casi tan antiguo como la filosofía misma. Nadie encuentra desconcertante que uno puede adquirir información mirando, sintiendo, o escuchando, sino que los filósofos que han tomado en serio la posibilidad de aprendizaje por mero pensamiento tienen a menudo en consideración que esto requiere una explicación especial. Platón mantuvo en su Meno y en su Fedón que el aprendizaje de las verdades geométricas era sólo el recuerdo de conocimientos en una existencia anterior, cuando podríamos contemplar las eternas ideas o formas, directamente. Agustín y sus seguidores medievales, simpatizaban con intenciones de Platón, pero incapaz de aceptar los detalles de su teoría, declaran que las ideas estan en la mente de Dios, que de vez en cuando dio la iluminación intelectual a los seres humanos. René Descartes, yendo más lejos en el mismo sentido, sostuvo que todas las ideas necesarias para un conocimiento a priori eran innatas en cada mente humana. Para Kant el rompecabezas fue explicar la posibilidad de juicios a priori que fueron también sintéticos (es decir, no meramente explicativo de conceptos) y la solución que propuso fue la doctrina del espacio, el tiempo y las categorías (por ejemplo, causalidad), sobre la que hemos podido hacer esos juicios, eran formas impuestas por la mente en las cosas de la experiencia.

En cada una de estas teorías, la posibilidad de un conocimiento a priori se explica por una sugerencia de que tenemos una oportunidad privilegiada para el estudio de la materia de ese conocimiento. La misma concepción se repite también en la teoría no muy platonica del conocimiento a priori, primer enunciado por Thomas Hobbes en su De Corpore y adoptado en el siglo XX por los empiristas lógicos. Según esta teoría, los Estados de necesidad pueden hacerse a priori porque son simplemente subproductos de nuestras propias reglas para el uso del lenguaje. En la década de 1970 el filósofo estadounidense Saul Kripke desafió el punto de vista kantiano por el argumento persuasivo de que hay proposiciones que son necesariamente verdaderas pero cognoscibles sólo a posteriori y proposiciones que son a priori de forma contingente, cierto pero cognoscible.

Digamos por ejemplo:

Existen animales como las “manta rayas”, que tienen una capacidad receptiva que les permite “ver” la televisión; desde luego que no sabemos propiamente de qué forma es la representación que tienen, pero lo que sí es cierto, es que pueden ver las imágenes ahí reproducidas. También se ha acertado a decir que hay animales que perciben colores diferentes de los que el hombre percibe. Bueno pues haciendo uso de la anterior información, y conociendo la naturaleza de la representación por medio de la intuición podemos hacer el siguiente juicio a priori: Hay fenómenos en la naturaleza que por medio de la intuición sensible jamás podremos ver; hay colores, olores, texturas, figuras, sabores que sólo nos serán dados en la medida de nuestro desarrollo sensitivo. ¿Los conceptos habrán de tener la misma suerte?

Concepto de A Priori
Esto es aparentemente triste; como igualmente triste resulta la aseveración de que un inválido –que no tiene piernas-, jamás podrá matar “a patadas a su mujer”, como cuenta el famoso historiador, Diógenes Laercio que hizo Periandro, uno de los siete sabios de la Grecia antigua.

Aunque que podemos sacar ciertas conclusiones y contra argumentar la aseveración de que hay ciertas personas que tiene un “don” especial al desarrollar tal o cual actividad, arguyendo que sólo y simplemente es una sensibilidad más desarrollada en una de las formas de la sensibilidad (espacio ó tiempo) que permite una representación más depurada que cualquiera. Entonces, en caso de ser conscientes de la disposición sensible a alguna actividad, tengamos como juicio o conocimiento a priori, que si lo ejercitamos aún más, con toda seguridad habrá de abrirnos las puertas a otras percepciones. Dice el dicho popular , “la práctica hace al maestro”, pero ¿por qué? ¿no será acaso que se incrementa precisamente la intuición de espacio y tiempo?
Desde luego que esta serie de consideraciones son alentadoras si tomamos en cuenta que la intuición se puede desarrollar, y por tanto, lograr una destreza mucho mayor en cualquier área.
René Descartes, por su parte, señalaba que la razón tiene independencia frente a la experiencia. Esto implica que existe un conocimiento que es innato (o sea, a priori), tal como explicó con su famosa frase “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”).

Los juicios sintéticos a priori, por último, son aquellos vinculados con la lógica (como “subir para arriba”). En cambio, los juicios a posteriori son empíricos y sólo valen para casos particulares, ya que se comprueban con la experiencia (“Las mujeres de Buenos Aires hablan más que los hombres”).
Además de todo lo citado podemos establecer, de igual manera, que el término que nos ocupa es utilizado como nombre de una empresa de gestión teatral que comenzó su andadura a finales de la década de los 90 bajo las órdenes de Joseba García, miembro de la Compañía Fuegos Fatuos, y de Julio Perugorría, un profesional del mundo teatral con una gran experiencia en el mismo.



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