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En la Atenas de América

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Sabía Sucre que con su desquiciado ejército no podía ofrecer oposición y mucho menos avanzar a la conquista de Quito. Por esto, el 19 de noviembre de 1821 admitió una entrevista con el coronel español Carlos Tolrá, quien le propuso un armisticio por tres meses. Sucre aceptó y Tolrá lo ratificó el día 22, por instrucciones del Presidente Aymerich.

Este armisticio fue ventajosísimo para Sucre, puesto que en poco tiempo estaba recibiendo refuerzos de Colombia. Se trataba del Batallón Paya, a cuya cabeza viene el comandante cumanés José Leal.

Bolívar en principio, sin conocer al detalle la situación de Sucre en ese momento, desaprobó la aceptación del armisticio. Pero después dijo: "La destreza del General Sucre obtuvo un armisticio del General español, que en realidad era una victoria. Gran parte de la Batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación; porque sin ella, aquella célebre jornada no habría tenido lugar. Todo habría sucumbido entonces, no teniendo a su disposición el general Sucre medios de resistencia".

El resultado fue el éxito en la continuación de la campaña. Tan decidido estaba en dirigirse contra Cuenca, que escribió a Santander, el 17 de diciembre, después de haberle explicado varias veces la necesidad de obrar sobre Cuenca para facilitar la libertar de Quito: "No sé como tomará usted el movimiento que intento a Cuenca; pero yo lo considero necesario y preciso: ojalá que no haya embarazo en lo de Piura, y que por tanto las órdenes de usted, buenas o malas sobre mi empresa, vayan a encontrarme en Cuenca...."

La campaña en favor de esta ilustre e ilustrada ciudad ecuatoriana, fue bien planificada. En ella se lució el noble oficial venezolano (nacido en Ciudad Bolívar) Tomás de Heres. Cuenca ha sido llamada con justicia la Atenas de América, por la cultura que allí ha florecido a través de los años.

A Cuenca llegó victorioso el general Sucre, al frente de su División Unida, el 21 de febrero de 1822, en medio de repiques de campanas y grandes fiestas populares. El Cabildo decretó, al día siguiente, que se iluminasen todas las calles; igualmente se acordó celebrar en la Catedral un solemne Te Deum.

El 12 de abril, luego de dictar varios decretos para conservar el orden, la paz y el progreso de Cuenca, sale Sucre de esta ciudad para proseguir la campaña. Tomás de Heres quedó de gobernador.


Guayaquil: otra vez el escollo


El Libertador, que en esos días se ocupaba de reducir a los tercos pastusos, libra el 7 de abril de 1822 la sangrienta batalla de Bomboná, donde todo fue heroísmo. Con esta importante victoria, Bolívar impidió que las bien provistas tropas de Basilio García fueran a auxiliar a las que se oponían a Sucre en su carrera hacia Quito. Téngase en cuenta que el plan era atacar esta ciudad en dos direcciones: por el Norte avanzaría el Libertador, y por el Sur, como lo estaba haciendo, el General Sucre.

Así, Sucre se movilizó hacia la población de Ríobamba. Iba al frente de la División Unida, que formaban colombianos y peruanos. Por unos momentos esta División Unida estuvo a punto de desbaratarse, por cuanto el General Santa Cruz, destinado por San Martín en auxilio de las tropas colombianas, solicitó permiso de Sucre para retirarse a Lima con sus tropas, en atención a un llamado del Gobierno del Perú.

¡Esto era el colmo! ¿En plena campaña retirarse del escenario de la guerra? Sucre reaccionó violentamente y se opuso al viaje de Santa Cruz, alegando que él era el Comandante en Jefe y que nadie, ni San Martín, podía disponer de ninguno de sus subalternos pasando por sobre su autoridad. Además, argumenta que la División de Santa Cruz no irá a Lima hasta que el Gobierno del Perú no le devuelva el Batallón Numancia, que es colombiano.

Gracias a esta actitud de Sucre, el curso de la guerra independentista siguió sin mayores inconvenientes; pero indudablemente todo había sucedido por la pretensión peruana sobre Guayaquil, y la firme decisión de Bolívar sobre el discutido Puerto.

El Libertador, desde Cali, escribe al presidente de la Junta de Guayaquil, el célebre poeta José Joaquín Olmedo, quien era en ese entonces peruanófilo, pero que después se hizo gran admirador de Bolívar y le dedicó el famoso Canto a la Victoria de Junín.

En esa carta a Olmedo le dice, en términos categóricos: "... Hablo de las comunicaciones que dirijo tanto al gobierno como al general Sucre. Por ellas verá usted que exijo el inmediato reconocimiento de la República de Colombia, porque es un galimatías la situación de Guayaquil... Usted sabe, amigo, que en una ciudad con un río no puede formar una nación... Tumbes es límite del Perú y por consiguiente la naturaleza nos ha dado a Guayaquil...".

San Martín, por su parte, decide ir a Guayaquil. Deja el Gobierno de Perú en manos del marqués Torre Tagle y lanza una Decreto. "Voy a encontrar al Libertador de Colombia...". Sale del Puerto peruano de El Callao, y cuando llega a Huanchaco arriba también un emisario del poeta Olmedo para enseñarle al Protector del Perú la carta de Bolívar, donde dice que exige el inmediato reconocimiento de Colombia.

La lectura de esta carta, más el conocimiento de que también Bolívar se acerca a Guayaquil con 2.000 soldados, hacen cambiar de idea a San Martín, quien regresa inmediatamente a Lima. Su exaltación lo hace solicitar del Consejo de Gobierno que "declare la guerra a Colombia", y aunque logró la autorización deseada, no se consumó, afortunadamente para los destinos de América.

Lo que sí ocurrió fue lo señalado ya, que ordenó el retiro de la División de Santa Cruz, y que fuera a Guayaquil o a Piura, cosa que impidió Sucre con la energía que lo caracterizaba.

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