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En la perla del Pacífico

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Mas, habiendo recibido el Libertador noticias de la independencia de Guayaquil, libre gracias a la actuación de los venezolanos León de Febres Cordero, Luis Urdaneta Farías y Miguel de Letamendi González, decide apoyar con las armas este pronunciamiento, ante la convicción de que este puerto de Guayaquil debe pertenecer de hecho a la República de Colombia, ya que formaba parte de la Presidencia de Quito (Real Cédula de 1563) y últimamente estaba bajo la jurisdicción del Virreinato de Santa Fe de Bogotá (Reales Cédulas de 1717 y 1737). Sólo en el orden militar y defensivo estuvo Guayaquil un tiempo bajo la autoridad del Perú.

Cuando Guayaquil, la risueña Perla del Pacífico, se vio libre e independiente, pero amenazada desde sus vecindades por los realistas, su Junta de Gobierno envió delegaciones para que explicaran esta situación a los tres hombres que dominaban en ese momento el panorama bélico de Sur América: Simón Bolívar, San Martín y el Vicealmirante Cochrane, Comandante de la Escuadra Chilena.

Interesado en anexar Guayaquil al Perú, el primero en hacerse presente en los destinos de aquel puerto es San Martín, a través de sus comisionados especiales los Coroneles Tomás Guido y Toribio Luzuriaga.

En Guayaquil hay tres partidos: unos apoyan la total independencia; otros, quieren que se agregue al Perú; y unos terceros están por la anexión a Colombia.

Estas mismas razones, más el desastre de la batalla de Tanazahua, el 3 de enero de 1821, hicieron fracasar las gestiones de los enviados de San Martín, quienes terminaron por abandonar a Guayaquil.

Bolívar, por su parte, había comisionado al general José Mires para que presentara sus felicitaciones al nuevo gobierno guayaquileño y le ofreciera protección militar. Llega Mires con 1.000 fusiles y otros elementos de guerra, justamente cuando acaban de partir los enviados de San Martín, y en momentos en que Guayaquil más necesitaba de auxilios.

Más atrás iba Sucre. Bolívar le había ordenado dejar el ejército de Pasto en manos del general Pedro León Torres, y ahora marcha a Guayaquil, investido del título de Jefe del Ejército del Sur de Colombia.

El joven general, que se había iniciado en la milicia desde los quince años, que había combatido al lado de Miranda, Mariño, Bermúdez y del propio Bolívar, ahora iba a emprender una campaña solo, sobre terrenos que le son enteramente desconocidos, en medio de un ambiente de tensión, de discordias, en el que cada quién quiere jalar para su lado...

A Guayaquil llega Sucre el 7 de mayo de 1821. Empieza a obrar con la mayor sutileza. Tanto el gobierno como el pueblo le han recibido muy bien. Las mozas guayaquileñas comienzan a admirar al joven y apuesto general que viene de parte del Libertador a ofrecerles ayuda y presentarles la Ley Fundamental de Colombia.

Tan fino hiló nuestro ilustre general, que a sólo ocho días de llegado, la Junta de Gobierno le confiere el mando como Jefe de las Tropas Auxiliares de Colombia; y, lo que es más importante, logra que por lo pronto Guayaquil quede "bajo los auspicios y protección de la República de Colombia", aunque sin una incorporación definitiva.

Comienza la acción


De inmediato Sucre va a justificar su empleo. Desde Quito avanza el jefe realista Aymerich, y desde Cuenca, el coronel Francisco González. Ambos se han combinado para reconquistar a Guayaquil. Pero Sucre, quien por primera vez actúa con iniciativa propia, reacciona hábilmente y obtiene el resonante título de Yaguachi, el 19 de agosto, obligando a los orgullosos enemigos a retirarse a sus posiciones.

Continúa el intrépido cumanés, después de haber arreglado un asunto político en Guayaquil. Pese a su inferioridad numérica, y contra su voluntad, se enfrenta nuevamente a Aymerich, y sobreviene el gran desastre de Huachi, gracias a que "mi compañero (el general Mires) por un valor inconsiderado o por una desesperación del triunfo nos ha envuelto en la inmensa desgracia que lamento", según la propia confesión de Sucre.

Esta única derrota de Sucre en suelo ecuatoriano fue costosísima. De los 1.000 soldados que llevaba, sólo se salvaron unos 100. Se considera el hombre más desgraciado, a pesar de que sus oficios a Bolívar y a Santander señalan que "esta acción se ha comprometido contra mis órdenes, y que se ha dado fuera de todo cálculo militar y de todas las reglas de la guerra".

Pero un militar de las condiciones de Sucre no se arredra con la derrota, menos cuando un pueblo como el de Guayaquil le manifiesta su total apoyo. En efecto, cuando en la Perla del Pacífico se conoció la pérdida de Huachi, las autoridades la dieron a conocer al pueblo, "con todo el ruido posible por medio de un bando", a fin de que se incorporara al ejército de Sucre el mayor número de voluntarios. Enardecidos, los guayaquileños respondieron valientemente: a las 4 de la tarde se publicaron los bandos, y a las 7 de la noche ya se habían inscrito y acuartelado 700 voluntarios (Cuenca en Pichincha. Alfonso María Borreo, 1972).

Entre tanto, se ha sabido que Bolívar triunfó en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821. El júbilo de los patriotas es general en todas partes. El mismo Sucre seis días después de su derrota en Huachi, escribe a Bolívar el 18 de setiembre: "mi general, no tengo una expresión bastante a felicitarlo a usted por su victoria de Carabobo. ¡Pueda ella ser el término de la guerra y de los males de Colombia!".

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