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Guayana Esequiba

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Llamada también Territorio del Esequibo, es una región señalada en el mapa de Venezuela con el nombre de Zona en Reclamación. Mientras se dirime el litigio fronterizo, ya sesquicentenario, forma parte del territorio de la República de Guyana, independizada estratégicamente de la Guayana Británica en 1966.

La Guayana Esequiba, reclamada por Venezuela desde 1840, toma su nombre del río Esequibo que separa Guyana de la Zona en Reclamación. Ocupa un área de 159.500 km2, y tiene una población apenas cercana a los 100.000 habitantes, de los cuales el 70 % se concentra en la faja de la costa atlántica.

Bañada por numerosos ríos, buena parte del territorio se presta para la agricultura, especialmente en la costa donde fluyen los ríos Kukenán, Moruca y Pomerún, propiciando el establecimiento de grandes plantaciones de arroz y caña de azúcar. También se da, en ciertas sabanas, la cría de ganado vacuno.

La existencia de oro y diamantes, más el inmenso potencial hidroeléctrico derivado de numerosas cataratas, en particular las del río Mazaruni, excitaron las apetencias de los ingleses desde que ejercían la autoridad en la Guayana Británica (hoy Guyana), hasta llegar a despojar progresivamente a Venezuela de este territorio en cuestión.

Venezuela alega, en favor de sus títulos de propiedad de la Guayana Esequiba, las bulas de Alejandro VI (1493) que concedían a España "las islas y tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir", así como el hecho indubitable del reconocimiento y toma de posesión de las costas venezolanas, incluidas las del territorio del Esequibo, realizado por Alonso de Ojeda en 1499. Desde entonces, numerosas son las expediciones ordenadas por la Corona española para la exploración y conquista de la Guayana, tarea ímproba que se llevó a cabo alternando con saqueos y destrucción por parte de ingleses y holandeses que codiciaban la región.

Entre los españoles y los pobladores históricos de las costas del territorio esequibo, los aruacos, se estableció una intensa relación, desde los tiempos mismos del recorrido de Diego de Ordaz a través del Orinoco (1531), y se continuó a lo largo de la conquista y colonización del territorio venezolano, habiéndose otorgado expresamente a diversos conquistadores, por parte de la Corona española, jurisdicción gubernamental sobre la llamada Provincia de Aruacas, convirtiéndola, en la práctica, en una zona de influencia de la existente Provincia de Margarita.

En 1627 los holandeses se apoderan del territorio que después sería la Guayana Británica, hasta que en 1648 la propia España les otorga legalidad mediante el Tratado de Westfalia. Pero este Tratado no les daba derechos sobre ninguna parte del oeste del Esequibo, así que España los fue desalojando de los sitios que habían usurpado. Finalmente, por el Tratado de Londres, en 1814, las posesiones de Holanda pasaron a ser colonias inglesas, de donde surge la Guayana Británica.

Al asumir entonces Gran Bretaña esta porción, reconoce que su límite por el oeste es el río Esequibo. Así aparece en su primer mapa oficial de la zona (1838). Y en 1845, cuando España reconoce la independencia de Venezuela (Gran Bretaña lo había hecho en 1825), se refiere al "territorio americano conocido bajo el antiguo nombre de Capitanía General de Venezuela, hoy República de Venezuela..."

Pero, a partir de 1834, la frontera oriental venezolana empieza a sufrir modificaciones, unilateralmente, es decir, por la voluntad única de Gran Bretaña, cuando el naturalista Robert Herman Schomburgk hace una arbitraria demarcación, llamada línea Schomburgk, que iba desde el río Moruca hasta el Esequibo, es decir, se apropiaban 4.290 km2. Sin embargo, la voracidad no se detuvo allí. En 1839 el mismo Schomburgk trazó una segunda línea llamada Norte-Sur, avanzando 141.930 km2. hacia territorio venezolano, al fijar un nuevo límite desde la desembocadura del río Amacuro hasta el Monte Roraima y desde aquí al nacimiento del río Esequibo.

El propio naturalista atribuye a las bocas del Orinoco una enorme "importancia política", la geopolítica de nuestros días, y no le tiembla el pulso al asegurar por escrito que por ningún respecto el gobierno británico debe abandonar Punta Barima, "que indudablemente es la llave de Colombia". Lo que hoy equivaldría a decir la "puerta de América del Sur".

Venezuela inicia en 1841 sus gestiones diplomáticas ante la Gran Bretaña a través de su Ministro en Londres, Alejo Fortique. Al siguiente año, éste logra que se eliminen los postes colocados por Schomburgk, y posteriormente se llega al Acuerdo de 1850, mediante el cual ambos gobiernos se comprometen a no ocupar el territorio en disputa.

Por esta fecha, se evidencia una vez más el interés británico por el oro guayanés, cuando el Cónsul inglés en Ciudad Bolívar, Kenneth Mathison, expresa que "si la línea de la frontera británica va del Amacuro a la horqueta del Cuyuní, donde le entra el Yuruari, el territorio aurífero caerá dentro del territorio inglés." En efecto, en 1849 se había descubierto el potencial aurífero del Yuruari.

Pese al Acuerdo de 1850, el gobierno británico siguió penetrando hacia el oeste, cada vez con más pretensiones. En 1886 fueron adulterados los mapas originales de Schomburgk por un funcionario del Colonial Office, estableciendo una nueva línea limítrofe que aumentaba a 167.830 km2 la posesión británica. No conformes con esto, se produjo entonces la reclamación máxima, mediante la cual Gran Bretaña aspiraba a 203.310 km2. del territorio venezolano, abarcando, por supuesto, el rico distrito del Yuruari. Considérese, además, que para esta época (1886) las minas venezolanas eran explotadas por concesionarios ingleses con capital propio y hasta con unos siete mil mineros importados.

El presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, ampliamente informado por su comisionado Jesús Muñoz Tébar, exigió al gobierno británico (26 de enero de 1887) el inmediato retiro de su gente desde las bocas del Orinoco hasta el río Pomerún, manteniendo así el statu quo de 1850. Al no aceptar Gran Bretaña esta intimación, Guzmán Blanco rompió relaciones diplomáticas (21 de febrero de 1887).

Además de esta acción diplomática, Venezuela hizo un gran esfuerzo desde el punto de vista militar, por un lado para frenar el avance de Gran Bretaña, y por el otro, para evitar una posible invasión del territorio, como se vislumbraba.

En 1895, Richard Olney, Secretario de Estado del presidente Cleveland, considerando los "avances" británicos en tierra venezolana como verdaderas usurpaciones, justificaba la aplicación de la doctrina Monroe, por tratarse de la agresión de una potencia europea contra un país americano. La nota de Olney se conoce con el nombre de cañón de 20 pulgadas.

El propio Cleveland, en sesión extraordinaria del Congreso norteamericano, declaró el 17 de diciembre de 1895 que, al no aceptar el gobierno británico el arbitramento solicitado por Venezuela, los Estados Unidos investigarían exhaustivamente sobre los límites de los países en disputa y luego se opondrían "por todos los medios a su alcance, como a un ataque directo a sus derechos e intereses, a la apropiación por la Gran Bretaña de cualesquiera tierras, o al ejercicio de su autoridad en cualquier territorio que de la investigación resulte pertenecer por derecho a Venezuela."

Sin embargo, esto no fue sino una balandronada, un espejismo diplomático. A la larga, la perjudicada fue Venezuela porque no se resquebrajó la amistad anglo-americana y entre ambas potencias llegaron a un acuerdo (noviembre de 1896) para hacer firmar a Venezuela, sin más alternativa, el Tratado de Arbitraje (2 de febrero de 1897).

Así se llegó al laudo del 3 de octubre de 1899, mediante el cual Venezuela es despojada de 149.500 km2. Los miembros del Tribunal de Arbitraje, que como se sabe representaban a Gran Bretaña y a Estados Unidos (ningún venezolana fue admitido), fraguaron una componenda para sacrificar a Venezuela.

Con la posterior aparición de documentos testimoniales de que este laudo fue una farsa y un compromiso político, Venezuela denuncia ante las Naciones Unidas (febrero de 1962) la nulidad del laudo de 1899, acción que se confirma el 12 de noviembre de 1962 ante el Comité Político Especial de la misma ONU.

Tras numerosas diligencias diplomáticas, el 17 de febrero de 1966 (gobierno de Raúl Leoni) se firmó entre los gobiernos de Venezuela y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda el llamado Acuerdo de Ginebra, por el cual se creó una comisión mixta para buscar soluciones prácticas a la controversia entre ambos países, luego de declarar Venezuela que el laudo de 1899 es "nulo e írrito".

Por el artículo IV de dicho acuerdo se estableció un plazo de cuatro años para que la comisión mixta llegara a una solución satisfactoria. En mayo de 1966 la Guayana Británica se independizó, de modo que Venezuela pasó a discutir con el nuevo estado de Guyana.

Transcurrido el plazo acordado, el 18 de junio de 1970 (gobierno de Rafael Caldera) se firmó en Trinidad el Protocolo de Puerto España, que tendría una vigencia de doce años. Este período se venció en 1982 (gobierno de Jaime Lusinchi) sin que se tenga hasta ahora ninguna solución. Actualmente el asunto de la Guayana Esequiba está en manos del Secretario General de las Naciones Unidas.

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