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Influencia de la Ilustración en la enseñanza universitaria

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El siglo XVIII ha sido llamado el Siglo de las luces o de la Ilustración. Es un movimiento espiritual, ideológico, que estremece a toda Europa. Nació con las ideas proyectadas por Locke en Inglaterra, pero fundamentalmente son los pensadores franceses quienes logran capitalizar el movimiento en sus inicios, haciendo énfasis en el triunfo de la razón sobre la especulación, la negación de la verdad revelada, el espíritu científico, la crítica, la literatura satírica, etc.

Los nombres de Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot y D'Alambert con su famosa enciclopedia, empiezan a recorrer el Continente europeo. Inundan con sus páginas el ambiente con lo que se denominó el enciclopedismo. Se abrían nuevos campos para la investigación, para la ciencia, para la cultura, para la Ilustración.

Al romper el siglo llega la ilustración a España con la presencia de los reyes borbones. Recuérdese que Felipe V es un Rey francés que gobernará a España con el espíritu de las luces en que se ha formado. Y allí en España brillarán talentos ilustrados como el Conde de Aranda, Florida-blanca, Jovellanos, Urquijo, Feijóo, Cabarrús, Jerónimo de Ustáriz, Campillo, Campomanes, etc. Su pensamiento va a influir notablemente en el desarrollo de la educación en América, bien a través de las disposiciones de los reyes del Despotismo ilustrado, como se llamó al poder real, bien mediante la lectura directa de los criollos.

Mientras Campomanes bendice la invención de la aguja de coser como "más útil en el orden civil al género humano" que las especulaciones filosóficas o la Lógica aristotélica, Jovellanos pide a gritos que se multipliquen las escuelas de primeras letras "que no haya lugar, aldea ni feligresía que no la tenga; que no haya individuo por pobre o desvalido que sea, que no pueda recibir fácil y gratuitamente la instrucción"; al mismo tiempo que se preguntaba: "¿Hay mayor absurdo que enseñar las ciencias en una lengua extraña? No condeno el estudio de la lengua latina, que aprecio y que tal cual vez hace mis delicias... Mas ¿por qué se ha inferido de aquí que esta lengua debe ser el instrumento de toda enseñanza? ¿Y por qué la España no ha creído, como otras naciones, que la suya es, no sólo buena, sino la mejor para dar y recibir las ideas científicas?"

Francisco Cabarrús, otro de los ilustrados españoles, se afana por solicitar que se enseñen "solo cosas precisas, útiles y prácticas", a todos por igual, y que la enseñanza primaria ha de ser para "grandes, pequeños, ricos y pobres". Esta es su reflexión: "¿No van todos a la Iglesia? ¿Por qué no irían a este templo patriótico? ¿No se olvidan en presencia de Dios de sus vanas distinciones? ¿Y qué son éstas ante la imagen de la patria...?"


¿Cómo influye en nuestra enseñanza universitaria el pensamiento ilustrado español?


Es Feijóo quien populariza tanto en España como en América la obra de los grandes escritores franceses. Se tiene como primer lector de Feijóo en Venezuela a Oviedo y Baños, en cuya biblioteca aparecen sus obras, igual que, algo más tarde, en la del Capitán Antonio de Urrutia y en la de Juan Vicente Bolívar y Ponce, futuro padre del Libertador.

En cuanto a la Universidad caraqueña, ya se ha visto con detalles como fue reformándose la enseñanza al paso del Siglo de las Luces. Esta es una muestra más: el caroreño Juan Agustín de la Torre, Rector de la Universidad, publica el 25 de abril de 1790 su Discurso Económico, con miras a que se funde en dicha Casa de Estudios una cátedra de Matemáticas.

De la Torre se convierte en eco del pensamiento ilustrado, al señalar las mismas críticas que en España hacían Feijóo, Campomanes, Jovellanos, etc. "Ninguna nación -dice- ha hecho progresos de consecuencia por las armas, por las artes, agricultura y comercio, hasta que se ha entregado al indispensable cultivo de la ciencia". Defiende apasionadamente la enseñanza de las matemáticas mediante razonamientos como éste: "Ya todos conocerán que hablo de las Matemáticas, que por nuestra desgracia fueron estimadas en algunos tiempos como ciencias inútiles... sin su auxilio no tendríamos ni un reclinatorio cómodo sobre que descansar nuestros trabajados miembros. Los muebles, las prendas, las alhajas y las preciocidades que sirven de ornato agradable a nuestros ojos; los fondos, las sustancias, los caudales y riquezas que cada cual mira como el mayorazgo de su conservación..., los instrumentos, los amaños, los medios y disposiciones necesarias a los artesanos para la construcción de sus piezas, la delineación de los pueblos y edificios, caminos y fortalezas, y cuanto ocurre a nuestra defensa y buen orden de civilización, tiene cierta dependencia en el fondo o en parte de las Matemáticas. Sin sus observaciones no hubiesen descubierto y perfeccionado el uso de la brújula; si no hubiesen dado el complemento a la Arquitectura naval, si no hubiesen formado a los inmortales geógrafos y navegantes que arribaron a nuestras costas, estaría hoy la mayor y mejor parte del mundo sepultada y ocupada en la barbarie".

La Universidad de Caracas confirió entre 1725 y 1810 dos mil doscientos setenta títulos en Filosofía, Teología, Derecho, Cánones y Medicina. Por sus aulas pasaron cientos de alumnos que fueron preparando paulatinamente el terreno para las nuevas ideas y la modernización de la enseñanza. Por allí pasaron muchos de los hombres que fijaron la ideología de la revolución venezolana. Una educación adaptada a la época, incluso con conceptos de avanzada, tal como se enseñaba en Europa, fue la que se impartió en Venezuela, que no estuvo, desde luego, sumida en la penumbra.

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