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Intendencia

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Ahora, las cuentas más claras


A partir del 27 de abril de 1784, cuando Carlos III ordena que Venezuela se asimile a la Instrucción de Intendentes del Virreinato de Buenos Aires, entra en vigencia en nuestro país el Tribunal de Cuentas, que sustituye a una institución más que

centenaria, la Contaduría Mayor. Los Contadores, a su vez, habían suplantado a los Oficiales Reales, que desde la creación de la Casa de Contratación de Sevilla, en 1503, se ocuparon de la Real Hacienda en América.

El Contador era jefe absoluto en lo que concernía a la Hacienda, examinaba las cuentas públicas y las remitía al Consejo de Indias. Al convertirse la Contaduría Mayor en Tribunal de Cuentas, se hizo necesaria la presencia de otro Contador y comenzó a ser más efectivo el control fiscal, con la adopción del sistema contable de la Partida Doble, en sustitución del anticuado de Cargo y Data. Las cuentas quedaban así más claras.

Entre los Contadores Mayores de Venezuela destácanse don José de Abalos, cuyo correcto desempeño le valió la confianza del Rey para nombrarlo primer Intendente de nuestra Provincia; y don José de Limonta, abogado de notable obra hacendística.

El rey no quiere más tigres


Este día, 8 de diciembre de 1776, se levantó muy derecho el melancólico Carlos III, sin sus habituales ataques de epilepsia, y dictó: "Habiendo manifestado la experiencia las ventajas que ha conseguido mi Real Hacienda en la mejor administración de las rentas y la tropa en la seguridad de su subsistencia con el establecimiento de las Intendencias en mis reinos de Castilla y lo mismo con la que últimamente mandé establecer en la isla de Cuba que ha producido los más favorables efectos, he considerado que pueden seguirse iguales o mayores beneficios en las Provincias de Venezuela, Cumaná, Guayana y Maracaibo e islas de Trinidad y Margarita, estableciendo en ellas el propio método. Con este fin

y el de fomentar las poblaciones, agricultura y comercio, he resuelto crear para las citadas provincias e islas, un Intendente con residencia en la ciudad de Santiago de León de Caracas, capital de la de Venezuela, que conozca de las dos clases de Hacienda y Guerra y demás que queden expresadas en la misma, en conformidad con lo que hacen en Castilla los Intendentes de ejército..."

Se creaba, así, la Intendencia venezolana, lo que equivale a decir que el rey comenzaba la movilización de los peones en el interesante ajedrez politicoadministrativo, en una jugada maestra que constituyó el punto de partida de la unificación de nuestras dispersas provincias, que luego conformarían la Capitanía General de Venezuela.

Para el cargo de Intendente, Carlos III puso los ojos en una figura de extraordinarios méritos, don José de Abalos, natural de la Mancha, como Don Quijote, y empeñado como él en desfacer entuertos. Abalos había sido Contador Real en Caracas, entre 1771 y 1774, y supo ganarse el aprecio de la gente sensata y honesta, al mismo tiempo que caía antipático a quienes se vieron afectados en sus intereses. Pero el Rey no se engañó cuando decidió "proveer este empleo en persona de acreditada inteligencia, desinterés y celo de mis Reales intereses, concurriendo estas circunstancias en vos don José de Abalos, y atendiendo al distinguido mérito que hicísteis en el empleo de Contador Mayor de la mencionada Provincia de Venezuela y ciudad de Caracas, esperando continuéis en adelante con igual esmero, integridad y celo en mi Real Servicio".

El Intendente actuaba con pleno derecho y autoridad en materia de justicia, política, hacienda y guerra. El resumen de sus ocho atribuciones lo hace William W. Pierson: "Primera: Como un oficial de hacienda: a su cargo especial se confiaba las rentas como jefe de los administradores, tesoreros, auditores y pagadores de los fondos públicos.- Segunda: la prevención del contrabando y fraudes.- Tercera: Concesiones de la administración de rentas a asentistas.- Cuarta: Con el Juzgado, era Juez de alzadas y Presidente del Tribunal de Cuentas. Era un juez en los casos de contrabando y buques apresados.- Quinta: El ejército. La Intendencia tuvo muchos deberes en relación al prest y paga de los soldados, la compra de abastecimientos, la previsión y mantenimiento de los hospitales y la construcción de fuertes.- Sexta: Agente de fomento. Era comisionado para investigar métodos de alentar y promover la prosperidad, especialmente en el comercio y la agricultura. Debía inaugurar o estimular los estudios de recursos y nuevas industrias y hacer visitas.- Séptima: Relaciones con los indios. Su instrucción le requería investigar el estado de los indios, el trabajo de las Misiones y las posibilidades de una distribución de tierras baldías a los indígenas. Era también administrador del tributo.- Octava: Deberes extraordinarios se le encargaban, por ejemplo, obras públicas o comercio con extranjeros".

Abalos era hombre firme, respetuoso de las leyes en cuanto a cumplirlas y hacerlas cumplir. Persiguió con verdadero vigor el contrabando y metió en cintura a los funcionarios que intentaban abusar del poder; en su lucha contra la corrupción no pidió ni dio cuartel. Con especial ahínco cargó la mano a la Compañía Guipuzcoana, que enseñoreada en el país, y con apoyo real, había creado unos cuerpos armados llamados Compañías de Volantes, que con el supuesto objeto de combatir el contrabando tenían azotada a la población. No se dejó engatusar por los halagos ni los regalitos, porque sabía que en ellos iba envuelta la figura del soborno. En suma, Abalos fue un funcionario ejemplar, estricto, y por eso muchos que vivían de la corruptela se opusieron desde un principio a su nombramiento.

"Abalos, en efecto -dice Arcila Farías- era un hombre al que no se podía halagar con obsequios, ya que tenía como norma no aceptarlos. En cierta ocasión en que unos comerciantes de Curazao le hicieron un modesto presente, que consistía en varios quesos, con mucha gentileza lo rechazó, dando un ejemplo de probidad y de rectitud. Bastante falta hacían gestos semejantes en una época en que los funcionarios vendían su tolerancia a muy bajos precios, y cuando la mayoría de ellos se desvelaba por ganarse los favores de la Compañía (Guipuzcoana). Era esto de los obsequios un hábito generalizado tanto en América como en España, y la diplomacia extranjera había hecho una costumbre el envío de regalos a los altos funcionarios para tenerlos así propicios.

No se trataba, pues, de un vicio exclusivamente venezolano. Sin embargo, los reales vasallos de estas provincias no se quedaban atrás, y obsequiaban al Rey con aves y toda clase de animales raros y aun fieras, hasta el punto de que el Monarca se vio obligado a ordenar a su Gobernador de Caracas que se abstuviese de permitir el envío de más tigres, pues no teniendo ya dónde alojarlos, y añadido a esto el ser una carga muy costosa, había tenido que disponer se diese muerte a los últimos que le enviaron sus vasallos caraqueños..."

Negros por frutos


El Intendente Abalos, después de haber sido recibido por el Gobernador Luis de Unzaga y Amezaga "con todas las expresiones de agasajo, distinción y urbanidad correspondientes a mi carácter que pudiera yo desear", entró en funciones el 1 de octubre de 1777.

Su primero y más arduo trabajo fue organizar la Hacienda Pública, que bien caótica estaba, según los postulados modernos y de acuerdo con el espíritu de la ilustración, que dominaba el ambiente dieciochesco de Europa. Por lo demás bastaba con que Abalos siguiera al pie de la letra las instrucciones dictadas por Carlos III para la Intendencia de Venezuela, en las que ya flotaba ese espíritu ilustrado que rompía con las viejas doctrinas conservadoras, sobre todo en materia económica, influidos como estaban todos por las doctrinas de Campillo, Campomanes y Jovellanos, en primer lugar. Se ha creído ver -y ello es posible- que el propio Abalos haya metido la mano en la redacción de las instrucciones, porque habiendo estado él en Venezuela como Contador Mayor, conocía a cabalidad la estructura venezolana, tal como está plasmado en el reglamento que se iba a seguir.

Le da fortaleza a Abalos el poder experimentar que por primera vez, en las manos de un solo y único funcionario, en el Intendente, está el control de todas nuestras Provincias: Venezuela o Caracas, Cumaná, Guayana, Maracaibo y las islas de Margarita y Trinidad. En una palabra, el Intendente manejaba la economía de país y sólo el Rey estaba por encima de él, porque ni siquiera el gobernador podía darle órdenes en el ramo de la Hacienda, y los gobernadores de las provincias del interior le estaban subordinados como delegados del Intendente. La popularidad y la influencia del Intendente llegó a ser mayor que la del propio Gobernador, por lo que no dejó de haber ciertos celos.

Este proceso de unificación que corresponde a Abalos iniciar, servirá para que en 1811 se aplique el uti possidetis juris con la creación del Estado venezolano, obra que los patriotas no habrían podido realizar si no encuentran para ese momento un país compacto, cohesionado y con un sentimiento de unidad entre las provincias, que favoreció el grito de Independencia.

El Intendente Abalos es el primero en comprender que la agricultura es fundamental para el desarrollo de un país. Y siendo, como se le recalca en el Reglamento, que "la población y la agricultura son los dos principios más necesarios para el comercio...", Abalos ni tonto ni perezoso abrió por primera vez los puertos venezolanos al comercio exterior, permitiendo que nuestros productores vendieran el excedente de sus cosechas a las colonias vecinas, logrando al mismo tiempo la autorización real para que los hacendados pudiesen canjear sus frutos por los esclavos negros que les hicieran falta. De esta manera el brazo esclavo vino a contribuir grandemente al progreso de la agricultura y, desde luego, del comercio.

Inmejorable fue la obra realizada por Abalos en Venezuela, no sólo actuando contra los abusos de la Guipuzcoana y de los "grandes cacaos". Fue él quien estableció el estanco del tabaco, que ya hemos estudiado; se interesó vivamente por el establecimiento del libre comercio, lo cual consiguió; se preocupó por dotar de tierras a los indios para que la trabajases, y en general aplicó un principio en extremo liberal y revolucionario para la época, como fue la entrega de tierras a quienes las pusieran a producir. Estuvo Abalos en su puesto, trabajando noche y día, desde el 1 de octubre de 1777 hasta el 18 de julio de 1783. Cuando se fue dejaba la Tesorería saneada, con 196.000 pesos en la Caja.

Seis, pues, fueron los Intendentes de venezuela: José de Abalos, Francisco de Saavedra, Joaquín Cubells, Esteban Fernández de León, Juan Vicente de Arce y Vicente Basadre, el último, echado por los revolucionarios del 19 de abril de 1810.

Abalos no era adivino, pero...


El Intendente Abalos se atrevió a indagar el futuro de Venezuela como colonias de España, después de observar el comportamiento de los principales hombres públicos de la época. Esta es su apreciación, en la que no estuvo desacertado:

"El nombre del Rey, el de sus Ministros y todos los españoles, se oye por estos patricios con el mayor tedio, adversión y desafecto solamente por la permanencia de la Compañía (Guipuzcoana), siendo éste el pecado original que contemplan como principio radical de sus males. Y a la verdad es disculpable alguna vez semejante yerro; en cierto modo puede sincerarse la especie de esclavitud en que gimen, sin disfrutar del giro de la Compañía utilidad alguna y oprimidos de la necesidad del expender por su avara conducta precisamente las pocas producciones que pueden cultivar, después de ver sepultadas y sin animación otras infinitas que debieran de hacer floreciente la Provincia considerables incrementos de la Real Hacienda, sobresaliente bien del Estado y superior beneficio de los dos Continentes.

"El encono y tono doloroso con que se lamentan se hace mayor cada día y si S.M. no les concede o les dilata el libre comercio sobre que suspiran, no puede contar con la fidelidad de estos vasallos, pues cualquier insinuación y auxilios que le amaguen los enemigos de la Corona, prestarán oídos y corazones y será imposible o muy difícil el remedio.

"No es éste un vaticinio vano sino pronóstico de un conocimiento inmediato de la tierra; y si se perdiere esta parte de la América será para la monarquía la desgracia más lamentable, tanto por la inmensas riquezas que comprenden estos países, como porque con esta puerta en su poder se absorberá fácilmente el que la tuviese todo el resto del Continente. El que dominase las provincias de Caracas y Cumaná e islas de Trinidad, será señor de toda esta parte occidental, y con ella tendrá una próxima disposición para internar también de lo demás".

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