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Miguel José Sanz y Simón Rodríguez, críticos de la educación

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Estos dos venezolanos, entre otros muchos, son ejemplo vivo del estado de nuestra educación colonial. Conocedores del medio, producto de sus escuelas, formularon por ello, con conocimiento de causa, severas críticas a la enseñanza provincial.

Miguel José Sanz, valenciano de aquilatados méritos, hizo un análisis poco antes de 1804. He aquí algunos fragmentos: "Apenas el niño percibe los primeros vislumbres del intelecto, que le envían a la escuela, a donde le enseñan a leer libros repletos de cuentos ridículos y extravagantes, de milagros horroríficos y de una devoción supersticiosa que se reduce únicamente a formas exteriores, por las que se acostumbran a la hipocresía y a la impostura...

"... En lugar de preceptos de moralidad, no les inculcan más que ciertos puntos de orgullo y vanidad, lo que les conduce a abusar de los privilegios de su nacimiento, porque no conocen cual fue el objeto de conferirles. Hay muy pocos muchachos en Caracas que no pretendan a cierta preeminencia en rango y que no se enorgullezcan de tener un abuelo alférez, un tío alcalde, un hermano fraile y un pariente cura...

"...El sistema de educación en Caracas es generalmente malo. Antes que el niño pueda pronunciar su cartilla con propiedad o leer lo que es demasiado joven para poder entender, o hacer algunos cuantos palotes con pluma, le pone en las manos la gramática de Nebrija, sin reflexionar que sin saber hablar su lengua nativa, leer, escribir o contar, es ridículo ponerle a la lengua latina, o hacerle que se aplique al estudio de las ciencias que se enseñan en la Universidad...

"...Esta precipitación en los estudios nace de un ardor natural para lograr los conocimientos y de una falta de métodos en dirigirlos. Los muchachos que han comenzado prematuramente el estudio de la lengua latina y de las ciencias liberales, antes de haber estudiado su propia lengua, o las primeras reglas de aritmética, vuelven después con dificultad a aquellos estudios que han descuidado en su juventud. Creen que todas las ciencias se hallan contenidas en la Gramática Latina de Nebrija, en la filosofía de Aristóteles, en los Institutos de Justiniano, en la Curia Folípica y en los escritos teológicos de Gonet y Lagarra..."

Por su parte Simón Rodríguez, ilustre caraqueño nacido en 1771, es más profundo. No se contenta con criticar el sistema educativo, sino que hace graves reflexiones en torno a la enseñanza y presenta un interesante proyecto con planteamientos aún vigentes.

Aunque lector apasionado de Rousseau, Rodríguez recibe notable influencia de los ilustrados españoles, como lo hace ver Ildefonso Leal: "La mayoría de nuestros historiadores ha visto a Rodríguez como un hombre afrancesado que se rebela contra la decadente y tradicional enseñanza de la Colonia por haber sido un buen lector de "El Emilio" de Rousseau.

"Nos presenta así al maestro del Libertador como un incomprendido que quiere aplicar en Venezuela la moderna pedagogía roussoniana. Nosotros rechazamos este enfoque histórico, y estimamos que las ideas pedagógicas expuestas por Rodríguez en su memoria del año 1794, coinciden con las de los pensadores ilustrados españoles..."

Alfonso Rumazo González, uno de los mejores biógrafos de Simón Rodríguez, señala similitudes asombrosas entre el informe del sabio caraqueño y el Emilio de Rousseau, dignas de estudiar. Lo cierto es que Rodríguez conoció muy bien el sistema educativo colonial. Según, Rumazo González, para la época en que le tocó estudiar a don Simón, había en Caracas tres escuelas: la del Convento de San Francisco, la adscrita a la Universidad y la escuela pública. En una de ellas cursó Rodríguez. Y de la convivencia diaria sacaría el material para sus Reflexiones sobre los defectos que vician la Escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento. El ejercicio de la docencia también le enseñaría mucho. A los veinte años de edad obtuvo el título de maestro y enseguida comienza a dirigir una escuela de ciento catorce alumnos, de los cuales setenta y cuatro, el niño Simón Bolívar entre ellos, pagan una anualidad, y el resto, cuarenta, que estudia gratis. Tiene don Simón 23 años cuando presenta su informe al Cabildo caraqueño. Lo divide en dos partes. En la primera ofrece seis reparos a la enseñanza: 1) No tiene la estimación que merece; 2) Pocos conocen su utilidad; 3) Todos se consideran capaces de desempeñarla; 4) Le toca el peor tiempo y el más breve; 5) Cualquier cosa es suficiente y a propósito para ella; 6) Se burlan de su formalidad y de sus reglas, y su preceptor es poco atendido.

Precede a la segunda parte una introducción para demostrar que es indispensable la reforma. Pone como ejemplo que en Madrid, con todo y ser la capital del reino, han tenido que reformar la escuela, y se pregunta "¿Qué arbitrio puede tomarse, pues, para no ceder a la fuerza de un ejemplo tan poderoso? La nuestra es una copia de aquella; y por lo mismo debe recibir todas sus alteraciones de su original si ha de conformarse con ella". En resumidas cuentas, el hombre que en 1794 decía que "para servir las escuelas los maestros deben ser doblemente instruidos, aplicados e irreprensibles..." es el mismo que en 1830, ya consagrado maestro del continente americano, señala lapidariamente: "Los gobiernos deben ver en la Primera Escuela el fundamento del saber y la palanca del primer género con que han de levantar los pueblos al grado de civilización que pide el siglo. El interés general está clamando por una reforma de la instrucción pública; la América está llamada por las circunstancias a emprenderla; la América no debe imitar servilmente, sino ser original. Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, y tendrán quien haga. La guerra de independencia no ha tocado su fin".

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