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¿Oscuridad? ¡Quién lo creyera!


Se ha dicho durante muchos años que la educación en la época provincial fue nula, que vivimos en un período de absoluta penumbra, de oscuridad total. El Dr. Juan Antonio Gonzalo Salas, en un estudio publicado en la Revista de la Universidad de los Andes, en 1922, se atrevió a decir que "nada debemos a España en materia intelectual" y que para el 5 de julio de 1811, nuestros académicos estaban en pleno siglo XII, según cita que recoge el historiador García Chuecos.

Este refuta con probados hechos la aseveración de Gonzalo, exponiendo, entre otras consideraciones que la primera constitución republicana fue precisamente la de Mérida sancionada el 30 de julio de 1811, en cuya redacción intervinieron Mariano de Talavera y Garcés, Rodríguez Picón, Buenaventura Arias y Francisco Antonio Uzcátegui, ilustres académicos universitarios, de sólidos conocimientos, que demostraron en dicha Constitución estar al tanto de los progresos políticos y filosóficos alcanzados en los Estados Unidos y en Europa. "No estaban, pues, nuestros académicos, para julio de 1811, en pleno siglo XII. La mayor parte, o todos, habían sido educados bajo el Gobierno de Carlos IV en las Reales y Pontificias Universidades", remata García Chuecos.

Existen hoy en día muchísimos argumentos capaces de dar al traste con la llamada leyenda negra que quiere hacer de nuestra época provincial un foco de oscurantismo, sin parar mientes en que hubo durante ese período una pléyade de hombres y mujeres que dieron lustre a nuestra patria en formación, y que del final de ese período surgieron los forjadores de la nacionalidad, los que dirigieron la emancipación con clara conciencia y se destacaron por su brillantez intelectual en el campo de las artes y las letras, las ciencias, la filosofía, etc.

Producto de ese período "oscuro" son Francisco de Miranda, Andrés Bello, Simón Bolívar, Juan Germán Roscio, Miguel José Sanz, Francisco Javier Yanes, José Domingo Díaz, Manuel Vicente Maya, Pedro Gual, José Cecilio Avila, Cristóbal Mendoza, Ramón Ignacio Méndez, etc.

Además de García Chuecos, el historiador Caracciolo Parra León ha hecho un trabajo extraordinario para demostrar cómo fue realmente la cultura durante los trescientos años de dominación española. Enrique Marco Dorta, que en 1967 reunió 3278 documentos sobre la historia de la cultura en Venezuela, entre 1523 y 1828, señala que "más de dos mil seiscientos, o sea unas cuatro quintas partes, son de fecha posterior a 1700, lo cual refleja el desarrollo y el esplendor de los extensos territorios que hoy forman Venezuela durante el siglo XVIII".

Ultimamente, el acucioso investigador Ildefonso Leal, de tantos y tan interesantes trabajos sobre la educación en Venezuela, en su constante peregrinar por los viejos archivos nos ofrece nuevos materiales para justificar la preocupación por la instrucción manifestada por nuestros antepasados.

Uno de estos documentos, presentados recientemente por Leal, nos habla de los esfuerzos realizados en Maracaibo para establecer escuelas. Demuestra Leal que el Cabildo de la ciudad lacustre fue el más interesado en cuestiones educativas. En 1754, por ejemplo, el Concejo maracucho pide que se convierta en colegio la Residencia de los jesuitas, instalada por lo menos desde 1735, y en la cual se dictaba enseñanza a numerosos jóvenes.

Los jesuitas -decían los ediles zulianos, según Leal- ya podían contar con una base económica sólida, representada en unas cuantas donaciones específicamente hechas para ser aplicadas a la instrucción de jóvenes maracaiberos. En el alegato se establece que Maracaibo tiene ya 13351 habitantes, sin embargo no posee ni un "monasterios ni estudio público ni privado en que se actúe la enseñanza de buenas artes y facultades", y que en todo el distrito no había "escuelas no sólo públicas, pero ni aún privadas, aunque por este Cabildo se han actuado los arbitrios convenientes... a excepción de una y otra persona que por especial motivo se ha dedicado a doctrinar algunos niños en el catecismo apostólico, leer y escribir y lengua latina".

En el Consejo de Indias, el Fiscal emitió su veredicto el 6 de febrero de 1755. No podía creer que en Maracaibo no hubiese escuela. ¿No estábamos en el siglo de las luces, no estábamos en plena ilustración? Pero oigamos al Fiscal en sus propias palabras siguiendo el trabajo de Ildefonso Leal: "¿Quién creerá que si fuera esta ciudad tan numerosa como se supone en los informes, faltase maestro de primeras letras ni preceptor de gramática y quién se persuadirá si fuese aquel pueblo tan grande como se quiere abultar, tuviese un Convento de San Francisco tan pocos religiosos cuando se sabe que el número de éstos suele ser proporcionado al de los vecinos y haciendas que éstos tienen?". El caso es que negó a los jesuitas el Colegio, porque "con 3 curas, un Convento de San Francisco con diez religiosos, es más que suficiente este número para dar el pasto espiritual a aquel pueblo".

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