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Real Audiencia

La fuerza de la protesta. Gracias a una protesta de los maracuchos nació la Real Audiencia en Venezuela. Los concejales de la capital maracaibera pensaron que su provincia resultaba afectada por la Real Cédula de Carlos III, del 8 de septiembre de 1777, mediante la cual quedaba separada del Virreinato de Santa Fe de Bogotá y pasaba a depender de Caracas, bajo la única autoridad del gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, y en lo judicial estaría subordinada a la Audiencia de Santo Domingo. Esa dependencia la iban a compartir, en virtud de esa misma Cédula de 1777, con el resto de las provincias sembradas en el ámbito de lo que hoy conforma el territorio venezolano, esto es, las provincias de Venezuela o Caracas, Cumaná, Guayana, Margarita y Trinidad. Para entonces, con estas entidades estaba constituida la capitanía general de Venezuela.
Alegábase en Maracaibo que ir hasta Santo Domingo en busca de soluciones para sus pleitos judiciales, significaba pérdida de tiempo y excesivo gasto, por la escasa navegación y el costo del trayecto; en cuanto al traslado a Caracas para lo relacionado con la Capitanía General y la Intendencia, más incomodidad había. Por lo tanto, planteaban los miembros del cabildo marabino que se les reintegrara al Virreinato de Bogotá, con el que se establecía más fácil comunicación.

Esta solicitud, formulada en 1780, fue elevada a consulta del rey en 1783, con la circunstancia de que el ayuntamiento de Barinas coincidía en los planteamientos, hechos en 1784; tomó Carlos III estas razones y las juntó a viejas solicitudes que reposaban en su despacho, y conforme a su espítiru de borbón reformista, dictó la creación de la nueva institución para Venezuela. En orden cronológico fue la decimotercera Audiencia de América. La primera se instaló en Santo Domingo en 1526, aunque había sido fundada en 1511. Ya en España corrían más de 400 años de experiencia en administración de justicia, desde que Enrique II creó en las Cortes de Toro la Real Audiencia primigenia, en 1371.

En paz y en justicia. Tres grandes corrientes políticas, perfectamente definidas, gobiernan a la América desde España a partir del Descubrimiento colombino: la de los reyes católicos, Fernando e Isabel, desde 1474 hasta 1517, período en que se lograron los más importantes avances de la época, es decir, la unificación de toda España, al juntarse los reinos de Castilla y Aragón; la reconquista del territorio español, que estuvo en manos de los moros por 800 años; la obtención de un nuevo reino, el de las Indias, que Colón, con fe, audacia y temeridad, brindaba a los católicos soberanos, promotores de la empresa descubridora, para que la corona saliera del agotamiento económico en que se hallaba.

La segunda corriente política fue la de la Casa de Austria, de 1517 hasta 1700, con el primero de sus reyes, Carlos I de España y V de Alemania, período de las grandes conquistas, fundación de ciudades, siembra de instituciones españolas en América, época casi toda de Felipe II, quien gobernó casi cuarenta años, con vigoroso impulso.

La última etapa es la de los borbones, de 1700 a 1810; los borbones son franceses y llevan a España junto con sus pelucas, el espíritu de reformas y el aire de la ilustración liberal.

Es precisamente bajo el régimen de los borbones, en el último cuarto del Siglo XVIII, cuando se crea la Real Audiencia de Venezuela.

El más importante de los reyes borbones es Carlos III, por las grandes reformas que propició en toda la estructura provincial de América. No era nuevo el interés por la recta administración de la justicia, que ya desde antiguo se hacía en España. En 1680, al tratar acerca de las Audiencias, las Leyes de Indias expresan que han sido creadas "para que nuestros vasallos tengan quien los rija y gobierne en paz y en justicia".

La Real Audiencia será, pues, un Tribunal de Justicia, pero que tendrá también como lo veremos, resaltante ingerencia en lo político, en lo social, en lo militar, y en lo religioso. Su presencia en Venezuela nos da la independencia judicial pues dejamos de depender de otras Audiencias, específicamente de las de Santo Domingo y Bogotá. El organismo actual que hereda las atribuciones de la Real Audiencia es la Corte Suprema de Justicia, fundada por José Antonio Páez en 1830. Con ese nombre se mantuvo hasta que la Constitución Bolivariana (1999) la denominó Tribunal Supremo de Justicia.

La partida de Bautismo. En cosa de seis meses, el gobernador y capitán general de Venezuela, Juan de Guillelmi, recibe dos buenas noticias de parte del rey Carlos III. La primera el 26 de octubre de 1786, cuando le notifica el monarca que "para evitar los perjuicios y dispendios que se originan a los habitantes de las provincias comprendidas en esa Capitanía General de recurrir por apelación en sus negocios a mi Real Audiencia Pretorial de Santo Domingo, he venido por mi Real Decreto de seis de este mes (de julio) en crear otra en esta capital cuyo distrito ha de extenderse además de la Provincia de Venezuela a la de Cumaná, Maracaibo y Guayana y a las dos islas de Trinidad y Margarita, quedando ceñida la jurisdicción de la expresada Audiencia a la parte Española de aquella isla, de Cuba y Puerto Rico..." Es decir, Venezuela ya tenía Audiencia propia, y dejaba de depender de Santo Domingo. Se acababa, así, la mortificación de maracuchos y barineses, que ahora tenían tribunal de Justicia en su propio territorio.

La segunda, mejor noticia todavía, la recibió el gobernador Guillelmi en su despacho caraqueño el 12 de abril de 1787. Dícele Carlos III: "En Real Orden de diez y ocho de diciembre último he tenido a bien prevenir a mi Supremo Consejo de Indias, teneros declarada a vos, como tal Capitán General, la Presidencia de la nueva Audiencia creada en esa Capital..." Y manda que los ministros nombrados juren ante el gobernador-presidente su nuevo cargo, "lo que os participo para que lo tengáis entendido, y dispongáis (como os lo ordeno y mando), que ésta mi Real deliberación tenga su debido cumplimiento, por ser así mi voluntad... Yo el Rey".

Terminaba, así, un largo período de expectativas venezolanas. El aumento de la población, el incremento del comercio y de la agricultura, la voracidad de propios y extraños contra las provincias, la creación de la Intendencia diez años atrás, todo esto hacía indispensable la Real Audiencia en un territorio disperso, de difícil control, de buen gobierno, territorio donde cada una de las provincias era autónoma en lo político, aunque agrupadas todas bajo un solo mando militar, desde 1777.

La Real Audiencia de Venezuela, con partida de Bautismo desde el 6 de julio de 1786, iba a echar a andar muy prontamente. El proceso centralizador, unificador, característico de Carlos III, se evidenciaba.

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