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Pugnas caudillistas

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Capítulo 5. El guzmancismo: Un proyecto de país 1870 / 1899

Unidad 14. Los caudillos de fin de siglo


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En el Palacio de Miraflores, al final de la primera fila: monseñor González, Arzobispo de Caracas; Pbro. Nicolás E. Navarro y Pbro. Crespo, Párroco de Altagracia.
Al fondo, de poblada barba, el general Juan Bautista Araujo, prototipo del caudillo regional.


162-03Los conflictos que llevan a la Revolución Liberal Restauradora (1899) ya están sembrados desde la Revolución Legalista. No es de extrañar que el más importante foco esté en los Andes, con una demografía en ascenso, una economía sólida que produce la contribución más importante al ingreso nacional, grandes firmas exportadoras de café y un fuerte e indoblegable liderazgo local que desafía la hegemonía caraqueña. La compleja trama de las luchas políticas se desarrolla principalmente en el Táchira, la sección de crecimiento más dinámica. En 1886, en la rebelión contra el gobierno liberal del Estado, sobresale un coronel, seguidor de Juan Bautista Araujo: Cipriano Castro.
Ascendido a general por su valentía y eficiencia, Castro había sido designado en 1887 gobernador del Táchira por el presidente del Estado, el conservador Carlos Rangel Garbiras. Sin embargo, a los andinos de cualquier tendencia el conflicto conservadores versus liberales les interesa menos que alcanzar influencias en las decisiones nacionales y conseguir un trato respetuoso de Caracas. En 1890 Rangel y Castro son representantes del estado Los Andes en el Congreso Nacional, aunque en sus discursos privilegian los temas nacionales, como la usurpación del territorio de la Guayana venezolana por los británicos. En 1892, el conflicto continuismo versus legalismo se reproduce entre los andinos, con Castro apoyando el continuismo anduecista contra el legalismo de Joaquín Crespo apoyado por Rangel. Castro, que funge en los Andes como delegado nacional del presidente Andueza, lucha contra los legalistas y ante la victoria de éstos se exilia en Colombia acompañado de otro líder continuista: su compadre Juan Vicente Gómez.
El antagonismo de los andinos aumenta al reanudarse la política de enviar delegados caraqueños, y en 1897 la victoria fraudulenta de Ignacio Andrade y el levantamiento del candidato derrotado José Manuel Hernández, les da nuevos motivos para reaccionar contra el gobierno central.
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