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Capitulación de San Mateo

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Diccionario de Historia de Venezuela



Francisco de Miranda

25.7.1812


Las capitulaciones son convenios por virtud de los cuales una de las partes contratantes cesa la ejecución de actos de hostilidad y rinde sus armas a otra mediante ciertas condiciones. Aun cuando las capitulaciones son autorizadas por las leyes de la guerra, son discutibles en cuanto a la fuerza que ha de capitular, pues las limitaciones a su justificación son subjetivas y con interpretación varia. La capitulación del general Francisco de Miranda (en la imagen superior), comandante del ejército republicano, ante el capitán de fragata Domingo de Monteverde, comandante de las tropas realistas (ejército de la Regencia), el 25 de julio de 1812, es la primera celebrada en Venezuela durante la revolución Independentista; este acto puso fin a la existencia de la República nacida el 5 de julio de 1811.

El 17 de marzo de 1812, procedente de Coro, había llegado al pueblo de Siquisique (Edo. Lara) el capitán de fragata Domingo de Monteverde, a la cabeza de unos 1.500 hombres; su actuación obedecía el mandato del gobernador de Coro, brigadier José Ceballos, quien lo había comisionado para que fuese en apoyo de la insurrección acaudillada por el capitán Juan de los Reyes Vargas y el presbítero Andrés Torrellas en Carora, Siquisique y otros pueblos vecinos. El 23 del mismo mes Monteverde ocupó a Carora y el 7 de abril a Barquisimeto. Sus acciones iniciales fueron favorecidas por el terremoto del 26 de marzo, lo cual impidió que los republicanos opusiesen resistencia suficiente. El 25 de abril, las tropas realistas derrotaron en Los Colorados de San Carlos (Edo. Cojedes) a las fuerzas republicanas mandadas por el coronel Miguel Ustáriz; después de esta victoria, Monteverde siguió hacia Valencia y la ocupó. El Poder ejecutivo de Venezuela designó al teniente general Francisco de Miranda comandante del ejército destinado a neutralizar la ofensiva de Monteverde. Miranda organizó el ejército sobre la base de 8 batallones de infantería, uno de zapadores, 2 escuadrones de caballería, 10 piezas de artillería, varias compañías sueltas y un piquete de extranjeros. Producidas las acciones, Monteverde venció, en las cercanías de Valencia, a las tropas de vanguardia republicanas. Miranda ocupó y fortificó el paso de La Cabrera y el portachuelo de Guaica; el primero en el norte del lago de Valencia y el segundo en el sur del mismo.

En la hacienda de la Trinidad de Tapatapa (Maracay) estableció Miranda su cuartel general. El 19 de mayo, con el jefe republicano, se reunieron en junta en este lugar Juan Germán Roscio, Francisco Talavera y José Vicente Mercader; los 2 primeros en representación del Poder Ejecutivo y el tercero de la Cámara de Representantes. Concurrían a dicha Asamblea por invitación expresa de Miranda. El propósito de esta junta era el estudio de la situación que se presentaba y la adopción de las medidas para la defensa de la República. Hecho esto, la Junta acordó: 1) publicar una ley marcial y en su consecuencia, el general Miranda fue facultado para nombrar jefes y comandantes militares con amplias atribuciones, incluidas las de gobierno en su zona; 2) autorizar a Miranda para que tratase directamente con las otras naciones lo relativo a los auxilios necesarios para la defensa; 3) autorizar la emisión de papel moneda y el establecimiento de bancos; para el cumplimiento de este cometido fue designado Antonio Fernández de León, secundado por Gerardo Patrullo, Juan Esteban de Echezuría y otros. Para estos momentos ya Monteverde había hecho algunos ataques a las fuerzas que defendían La Cabrera y Guaica; pero ante la resistencia de los republicanos envió a su segundo Eusebio Antoñanzas a los llanos de Calabozo a reclutar tropas y a insurreccionar el territorio. Después del éxito alcanzado en Calabozo (14 mayo) y San Juan de los Morros (23 mayo), Antoñanzas siguió hacia los valles de Aragua. Para no quedar entre 2 fuerzas contrarias, Miranda evacuó el 17 de junio la ciudad de Maracay y se trasladó a La Victoria con todas sus tropas, incluidas las que guarnecían los pasos de La Cabrera y Guaica. Libre de resistencia a su frente, Monteverde reanudó la ofensiva y desde San Mateo, lanzó sendos ataques contra los republicanos los días 20 y 29 de junio, los cuales fueron rechazados. Con grandes pérdidas, Monteverde se estableció en San Mateo en espera de refuerzos. Durante el lapso entre los ataques realistas a La Victoria, se produjo una rebelión de esclavos en Curiepe y otros puntos de la costa y valles orientales (24 junio); tomaron las armas y con vítores a Fernando VII, cometieron tropelías y multitud de actos de pillaje; este movimiento fue instigado y alentando por terratenientes de la zona. El 30 de junio estalló una insurrección armada en el castillo de San Felipe de Puerto Cabello, en la cual participaron algunos procesados militares de la rebelión de Valencia de 1811; después de los esfuerzos hechos por el coronel Simón Bolívar, comandante de Puerto Cabello (se había posesionado el 4 de mayo de ese año), para dominar el movimiento, la plaza pasó a manos de los realistas y con ello todo el material de guerra y otros recursos almacenados allí; este acontecimiento, unido a los éxitos de Antoñanzas en los llanos de Calabozo y la insurrección de Curiepe, dieron notable impulso a la ofensiva de Monteverde, paralizada como consecuencia de los fallidos ataques a La Victoria y a la carencia de material de guerra.

La situación resultante indujo al general Miranda a la decisión de entrar en conversaciones con Monteverde y con tal fin, el 12 de julio, le envió una comunicación con la proposición para una suspensión de armas para conferenciar acerca de importantes asuntos y evitar "...la efusión de sangre y otras calamidades que son consiguientes a una guerra obstinada...". Le pide los pasaportes para los comisionados que designará al efecto. Al siguiente día manifestó Monteverde su aceptación a lo que proponía Miranda e informa que ha ordenado la suspensión de hostilidades, con excepción de las tropas que por mar y tierra se mueven hacia Caracas. El 14 de julio envía Miranda nueva comunicación con el rechazo de la exclusión de unas tropas en la suspensión de hostilidades. A ello respondió Monteverde el 15, para informar que la condición impuesta se debía al hecho de que Miranda, en el momento de su proposición, había enviado tropas contra los realistas que operaban en el este de la provincia de Caracas y además, las tropas excluidas de la suspensión de armas se hallaban muy avanzadas en su movimiento y sin facilidades para comunicarse con ellas. Monteverde ratifica su aceptación de la conferencia. En un tercer oficio (16 julio) Miranda anuncia el envío del teniente coronel Manuel Aldao, ante Monteverde, suficientemente autorizado para aclarar y allanar algunas dudas y en otra comunicación dice que además de Aldao, ha designado como su comisionado al sargento mayor José de Sata y Bussy; estos agentes presentaron a Monteverde el 17 de julio un pliego contentivo de 7 puntos, entre los cuales se preveía la actuación mediadora de los ingleses, amnistía general, permanencia de ambos ejércitos en sus posiciones y libertad de comercio. En la misma fecha respondió el jefe realista con su rechazo a las condiciones que expusieron los comisionados; alega que tales proposiciones no se corresponden ni con la naturaleza del asunto ni con el estado ventajoso de las armas del Rey en el territorio donde se hallan. Termina la nota con la petición de una última proposición de los comisionados, la cual debía ser presentada en el lapso de horas. Los representantes de Miranda se dirigen nuevamente a Monteverde el mismo día y le hacen unas reflexiones acerca de la negativa. Dicen que con sus proposiciones no han pretendido rendir un ejército de más de 10.000 hombres de infantería y 1.000 de caballería; que no desean entregar millares de habitantes dignos de consideración. Piden los comisionados que el jefe realista les dé una idea exacta y clara de sus intenciones y deseos. El mismo día, en horas de la noche, Monteverde les expresó verbalmente el texto de las proposiciones que éstos debían formularle. Con fecha 20 de julio, los agentes republicanos dieron al jefe realista un pliego con las condiciones para la entrega de la República. El primero de los puntos dice que cederán al ejército de la Regencia el territorio, aún no conquistado y que sus habitantes serán gobernados según el sistema establecido por las cortes españolas para América. Otro punto contempla la petición de 30 días de plazo para la consulta de las estipulaciones con los gobiernos de las provincias que se hallan en libertad. Las demás proposiciones son, en términos generales, las mismas formuladas con anterioridad. El 22 de julio, el general Miranda envió a Monteverde una comunicación en la cual manifiesta que la brevedad del plazo y la naturaleza de las condiciones impuestas, hacen casi imposible su cumplimiento. Dice que "...envuelven mil inconvenientes y mil males para ambos partidos...", y agrega que los habitantes de Venezuela harán responsable a Miranda de los tormentos que se deriven de una capitulación pactada en tales términos. En la misma comunicación anuncia que ha comisionado al ciudadano Antonio Fernández de León, quien hará una nueva negociación. Este agente, con fecha 24 de julio, presentó a Monteverde 6 proposiciones, cuyo tenor es similar al de las anteriores, salvo que el plazo recomendado ahora es de 8 días. Ese día se produjo la contestación de Monteverde con la negativa al pedimento formulado y fija un plazo de 12 horas para la aprobación y ratificación de los convenios. En comunicación del 25 de julio, firmada en La Victoria, el general Miranda expresa su aceptación a las condiciones que le han sido impuestas. Dice que por no haber tiempo suficiente, ha nombrado al sargento mayor de artillería José de Sata y Bussy, con todos los poderes necesarios "...a fin de que termine esta negociación a satisfacción de ambas partes y para la perpetua felicidad y tranquilidad de los pueblos..." En atención a lo expuesto por Miranda, Domingo de Monteverde y José de Sata y Bussy procedieron, el 25 de julio, a firmar el acta mediante la cual quedaban concluidos y ratificados los convenios aceptados por las partes beligerantes. El documento consta de 11 artículos, descriptivos de la forma como será entregado el territorio de la República y todo el material de guerra y otros efectos militares; igualmente estipulan la obligación de los republicanos de retirar sus tropas del área de operaciones y proceder al licenciamiento de las mismas. Uno de los artículos se refiere al empleo de fuerzas para tomar posesión de todos los pueblos y lugares de las provincias de Caracas, Barcelona, Cumaná y Margarita. Al siguiente día, las tropas de Monteverde procedieron a ocupar La Victoria y en los días subsiguientes todas las áreas, antes constitutivas de la República de Venezuela. H.B.B.

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