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La Construcción Sintáctica

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4° Parte

Gramática Española de María Moliner

Gramática Española de María Moliner

a) Puede decirse que en español, particularmente en lenguaje literario, es posible cualquier orden en la colocación de los elementos de la oración. La construcción normal (sujeto, verbo, complemento directo, complemento indirecto -los circunstanciales escapan a toda norma de orden-) de la frase 'tu hermano le ha escrito la semana pasada una carta muy larga a mi padre', se puede alterar poniendo en primer lugar cualquiera de los elementos, si es ese el primero que acude a la mente del que habla: 'Una carta muy larga le ha escrito tu hermano a mi padre la semana pasada. A mi padre le ha escrito una carta muy larga tu hermano'; etc. Y del mismo modo se pueden cambiar entre sí los elementos que siguen al primero. Como se comprende, en poesía, el uso del hipérbaton o alteración del orden lógico de los elementos de la oración, puede llegar al extremo: 'Aquí de Elio Adriano, de Teodosio divino, de Silio peregrino, rodaron de marfil y oro las cunas'(oración cuya construcción estrictamente gramatical sería: 'las cunas de marfil y oro de Elio Adriano, de Teodosio divino y de Silio peregrino rodaron aquí').
b) Las palabras significantes, nombre, verbo, adjetivo, adverbio, tienen afinidades que son en muchos casos caprichosas: que «vuelta» requiera precisamente el verbo «dar» y no pueda construirse con «hacer»; que «velocidad» o «actividad» se construyan con los verbos «desarrollar» y «desplegar» y sólo con ellos; que a «desaliento» le cuadre el verbo «cundir» como si estuviese hecho exclusivamente para ese nombre; que «consulta» se construya con «evacuar»; que se diga 'ejercitar la virtud' y, en cambio, 'ejercer influencia'; que se diga 'contraer matrimonio', pero no pueda decirse 'contraer sacerdocio'; que se diga 'inverso de', pero contrario a'; que «reírse» se construya
en unos casos con «de» y en otros con «con», no son circunstancias que puedan encerrarse en reglas de construcción.
c) Es muy interesante hacer notar para los que pretenden perfeccionarse en el uso del español la tendencia en este idioma a substituir las expresiones univerbales por perífrasis o expresiones pluriverbales: en vez de «saltar, dar saltos»; en vez de «insensiblemente, de manera insensible»; en vez de «actual, de ahora»; en vez de «afectar» o «simular», «hacer como que»; en vez de «dificultar, poner dificultades». Especialmente, en infinidad de casos, es mucho más usual que un verbo la expresión formada con un verbo auxiliar («dejar, ir, poner, quedarse»...) y el participio o el gerundio del verbo en cuestión: «dejar asombrado», por «asombrar»; «ir conllevando», por «conllevar»; «poner furioso», por «enfurecer»; «quedarse frío», por «enfriarse». En muchos casos, el verbo solo ha llegado a quedar en desuso: la frase 'me contentó la entrevista' no es, actualmente, buen español; en cambio es frase usual y muy expresiva 'la entrevista me dejó contento'. Hay modismos, como 'no hacer caso' a los que difícilmente se les puede encontrar un substitutivo univerbal. De aquí la importancia que se concede en el diccionario a los modismos y a las variantes pluriverbales de las palabras.
d) Es peculiar del español la anticipación de un elemento de la oración al que se da importancia especial, bien dejando al adjetivo que lo acompaña con significado absoluto ('amigos, tiene muchos'), o bien reproduciendo el nombre anticipado en su sitio correspondiente con un pronombre ('amigos, los tiene a docenas').
e) También es muy propia del español la reproducción y anticipación del verbo en infinitivo: 'Comer no comemos, pero nos reímos mucho'.
f) La construcción 'un amigo mío', completamente lógica y en correspondencia con cualquier otra construcción de nombre con artículo indefinido más adjetivo (por ejemplo 'un pariente de mi mujer'), es peculiar del español (en francés y en inglés se dice 'uno de mis amigos').
g) En las oraciones construidas con el verbo «haber» como terciopersonal, en vez de aplicar la negación al verbo principal, como corresponde lógicamente, se aplica a «haber»: 'No hay que desanimarse' en vez de 'hay que no desanimarse', como correspondería, ya que el significado es 'es necesario no desanimarse'.
h) Por fin, a continuación se exponen algunas restricciones referentes a la construcción, no encajables particularmente en determinado género de palabras o en casos particulares.
i) No es permitida en español la elipsis del complemento repetido con distinta preposición, como lo es en otros idiomas; no puede decirse, por ejemplo, 'se dirige a y habla para nosotros'.
j) Es también necesario cuidar de qué modo del verbo sea el que corresponde a la clase de oración subordinada de que se trata y, por tanto, no se pueden refundir en una sola forma dos que requieren modo distinto; son igualmente incorrectas las frases 'creo y deseo que venga' y 'creo y deseo que vendrá', pues «creo» exige el verbo en indicativo y «deseo» lo exige en subjuntivo; si no se quiere repetir el verbo, puede decirse 'creo que vendrá y lo deseo'. k) No es permitido aplicar a dos palabras el régimen que sólo conviene a una de ellas, aunque el complemento sea común; es incorrecto, por ejemplo, 'espero y me alegraré de que todo le salga bien'. Sin embargo, frases como 'ir y venir a Madrid, tan bueno o mejor que tú, tengo tanto o más derecho que tú', no solamente suenan bien, sino que las frases correctas 'tengo que ir a Madrid y venir de Madrid todas las semanas; es tan bueno como tú o mejor que tú; tengo más derecho que tú o tanto derecho como tú a eso', parecerían, incluso en lenguaje escrito, rebuscadas.

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