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Blancos de orilla



Vista de la ciudad de Maracaibo. 1890.
Colección Biblioteca Nacional. Caracas.

La expresión blancos de orilla fue creada por el historiador y sociólogo Laureano Vallenilla Lanz, quien la utilizó para designar a un sector social perteneciente a la categoría de blancos que dentro de la estratificación de la sociedad colonial se encontraba por debajo de los blancos mantuanos a quienes denomina «grupos de nobles» y que conformaban una «oligarquía opresora y tiránica». Vallenilla Lanz llega a la elaboración de esta expresión a partir del análisis de una representación del Ayuntamiento caraqueño ante el Rey en 1796. En este documento los mantuanos, integrantes del Cabildo se oponían a la cédula de gracias al sacar. Contradecían los informes enviados al Rey por los ministros de la Audiencia donde se afirmaba la existencia de muchos vecinos que siendo pardos habían obtenido la calidad de blancos a través de fraudulentos juicios de limpieza de sangre. Decían los cabildantes que si bien existían algunas familias pardas que habían logrado obtener calidad de blancos a través de juicios, aquéllas eran pocas y además eran las que vivían «en las extremidades de la ciudad sin influjo sobre lo público y general». En esta afirmación del Ayuntamiento caraqueño se basa Vallenilla Lanz, en su obra Cesarismo democrático, para afirmar que «Los reparos y distingos no se referían [...] únicamente a la gente de color [...] sino que la misma clase de blancos se dividía también en grupos denominados, despreciativamente, por el barrio en que estaban domiciliados, o bajo el calificativo general de blancos de orilla...» En realidad, ningún documento de la época consigna tal calificativo. Vallenilla Lanz lo infiere de la ubicación geográfica donde vivían los pardos «blanqueados» según el testimonio del Ayuntamiento. La representación del Cabildo de 1796, en la que se basa el autor, se refiere a blancos del «estado llano», categoría en la que se incluía a los blancos que carecían de los privilegios y prerrogativas exclusivos de los altos funcionarios y los mantuanos o criollos descendientes de los conquistadores. Al igual que en España, este «estado llano» designaba a una porción de la población en América, específicamente blanca que ejercía oficios mecánicos y otros calificados como viles. No obstante la confusión de Vallenilla Lanz en la interpretación del texto del Cabildo, el término blancos de orilla se impuso en la historiografía social venezolana, siendo utilizado por autores de diversas tendencias para designar a los blancos que se encontraban por debajo de los funcionarios peninsulares de alto rango y de los mantuanos. Existe consenso en que en la sociedad venezolana los niveles sociales no eran homogéneos; el de los blancos estaba estratificado en sí mismo. En la cúspide se encontraban los altos funcionarios peninsulares y los blancos criollos o mantuanos, a los que seguían en orden descendente los denominados blancos de orilla, quienes no tenían ninguna limitación legal, como los pardos, para entrar en la carrera sacerdotal, tener acceso a los estudios o ejercer oficios públicos, pero que en la dinámica social eran objeto de discriminación. No es de dudar que según lo apuntado por el Ayuntamiento caraqueño, en este sector se encontraron pardos «blanqueados» a través de mecanismos ilícitos, como traslados de partidas de bautismo de los libros de pardos o «gente inferior» al de blancos. En general los blancos de orilla ejercían oficios mecánicos como los de herreros, zapateros, barberos, o se dedicaban al pequeño comercio como pulperos o merceros; otros a la agricultura cultivando pequeñas propiedades. Desde el punto de vista económico y el modo de vida sus diferencias con la masa de pardos eran escasas, ya que éstos desempeñaban los mismos oficios y actividades. Los diferenciaba, sí, el tratamiento de las leyes, ante las cuales los blancos independientemente de su posición económica eran considerados superiores. En el siglo XVIII el relajamiento de las costumbres en la provincia de Venezuela se manifestaba en que el distintivo de don servía únicamente para significar que la persona que recibía ese trato era blanco. Por tanto cualquier pulpero isleño era tratado de don y tenía preeminencia ante la justicia sobre un pardo o negro, llegando aun a sentirse con honor por razón de su nacimiento como blanco, superioridad que sólo era válida ante los pardos y otras «castas» como se les denominaba en la Colonia, pero nunca frente a los mantuanos o funcionarios peninsulares.
L.F.P.P.

BIBLIOGRAFÍA: RODULFO CORTÉS, SANTOS. El régimen de las «gracias al sacar» en Venezuela durante el período hispánico. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1978. 2 v.; VALLENILLA LANZ, LAUREANO. Cesarismo democrático. Caracas: Universidad Santa María, 1984.

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