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Puntos Sobresalientes de Éxodo 19-22

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Puntos sobresalientes de la lectura de la Biblia: Éxodo 19-22


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Puntos sobresalientes del libro de Éxodo 19‒22

Respuestas a preguntas bíblicas:

20:5. ¿En qué sentido trae Jehová “castigo por el error de padres” sobre las generaciones posteriores? Cuando la persona se convierte en un adulto responsable, se le juzga según su propia conducta y actitud. Sin embargo, cuando la nación de Israel se entregó a la idolatría, sufrió las consecuencias durante generaciones. Incluso los israelitas fieles sintieron el efecto de la desobediencia religiosa de sus contemporáneos, ya que su influencia les hacía difícil mantenerse íntegros.

Lecciones para nosotros:

20:1–23:33. Jehová es el Legislador supremo. Cuando los israelitas obedecían Sus leyes, estas hacían posible que adoraran a Jehová de manera ordenada y gozosa. Jehová tiene una organización teocrática hoy día. Si cooperamos con ella, disfrutaremos de felicidad y seguridad.

Éxodo 19:4
A la sombra de las alas del águila
Uno de los momentos más peligrosos de la vida del águila es cuando aprende a volar. No pocas mueren en el intento. La joven nación israelita estaba también en peligro cuando salió de Egipto. Por ello, las palabras de Jehová a los israelitas fueron muy apropiadas: “Ustedes mismos han visto lo que hice a los egipcios, para llevarlos a ustedes sobre alas de águilas y traerlos a mí mismo”. (Éxodo 19:4.) Se conocen informes de águilas que han llevado al volantón encima de las alas momentáneamente para que no se estrelle en sus primeros intentos de vuelo. Comentando estos informes en el Palestine Exploration Quarterly, G. R. Driver dice: “La metáfora [bíblica] no es entonces simple fantasía, sino que está basada en hechos reales”.
Las águilas son también padres ejemplares de otras maneras. No solo alimentan regularmente a sus polluelos, sino que la madre además corta con cuidado la carne que el padre trae al nido para que el aguilucho pueda engullirla. Como suelen anidar en precipicios o en árboles altos, los polluelos están expuestos a los elementos. (Job 39:27, 28.) El sol abrasador, común en las tierras bíblicas, podría matarlos si no fuera por el cuidado de sus padres. Por este motivo, el águila adulta extiende las alas, a veces durante horas, a fin de proteger con su sombra a la cría.
De modo que es muy oportuno que en las Escrituras las alas del águila simbolicen la protección divina. Deuteronomio 32:9-12 explica cómo protegió Jehová a los israelitas durante su viaje por el desierto: “Porque la parte que corresponde a Jehová es su pueblo; Jacob es el lote asignado que él hereda. Vino a hallarlo en una tierra de desierto, y en un desierto árido, vacío y aullador. Se puso a rodearlo, a cuidarlo, a salvaguardarlo como a la niña de su ojo. Tal como el águila revuelve su nido, revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas remeras, solo Jehová siguió guiándolo”. Jehová nos dará la misma protección amorosa si confiamos en él.

Éxodo 19:3-8
• ¿Por qué puede decirse que a partir del Pentecostés de 33 E.C. los judíos que se hicieron cristianos tuvieron que dedicarse personalmente a Dios?
En 1513 a.E.C., los israelitas de la antigüedad entablaron una relación con Jehová basada en su dedicación a él (Éxodo 19:3-8). A partir de entonces, los judíos nacían en el seno de esa nación dedicada bajo el pacto de la Ley. Pero Jehová eliminó dicho pacto mediante la muerte de Cristo en 33 E.C. (Colosenses 2:14). Desde entonces, los judíos que desearan servir a Dios de manera acepta tenían que dedicarse a él y bautizarse en el nombre de Jesucristo.—15/5, páginas 30, 31.

Éxo. 19:3-8
Cristo, nuestro Mediador
14 Tanto Moisés como Jesús fueron mediadores. La función del mediador consiste en actuar de intermediario o enlace entre dos partes. Cuando Jehová estableció el pacto de la Ley, utilizó a Moisés como mediador entre él y los israelitas. Si estos obedecían las leyes de Dios, él los vería como una propiedad muy especial, como su congregación (Éxo. 19:3-8). Ese pacto estuvo vigente desde el año 1513 antes de nuestra era hasta el siglo primero de nuestra era.

Éxodo 19:4-6
Oportunidades perdidas
4 El apóstol Pablo indicó que el hecho de que Moisés llevara el velo tenía que ver con la mente y el corazón de los israelitas. Escribió lo siguiente: “Los hijos de Israel no podían fijar la vista con intensidad en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro [...;] sus facultades mentales fueron embotadas” (2 Corintios 3:7, 14). ¡Qué lamentable! Los israelitas eran el pueblo escogido de Dios, quien deseaba que se acercaran a él (Éxodo 19:4-6). Sin embargo, ellos se resistieron a mirar fijamente el reflejo de Su gloria. En vez de dirigir a Jehová sus corazones y mentes con amor y devoción, en cierto modo le dieron la espalda.

Éxo. 19:4-8
La dedicación benefició a Israel
8 Los israelitas en su conjunto se dedicaron a Jehová al hacerle un voto. Él los había reunido frente al monte Sinaí y les había dicho: “Si ustedes obedecen estrictamente mi voz y verdaderamente guardan mi pacto, entonces ciertamente llegarán a ser mi propiedad especial de entre todos los demás pueblos”. Ante esto, el pueblo juró unánimemente: “Todo lo que Jehová ha hablado estamos dispuestos a hacerlo” (Éxo. 19:4-8). Aquella dedicación era mucho más que un compromiso. Era la señal de que le pertenecían a Jehová, quien a su vez les aseguró que los trataría como su “propiedad especial”.

Éxodo 19:4-9
Acuerdo solemne
5 Tras liberar a los israelitas de Egipto, Jehová prometió convertirlos en su “propiedad especial”, amarlos y protegerlos, y constituirlos en “una nación santa” si ellos, por su parte, respondían a su amor de una manera concreta. Ante esto, el pueblo acordó obedecer “todo lo que Jehová ha[bía] hablado” y entró en un pacto con él (Éxodo 19:4-9). En el siglo primero, Jesús ordenó a sus seguidores que hicieran discípulos en todas las naciones, y aquellos que acogieron su doctrina se bautizaron. Tener una buena relación con Dios dependía de que ejercieran fe en Jesucristo y se bautizaran (Mateo 28:19, 20; Hechos 2:38, 41).
6 Estos pasajes de las Escrituras demuestran que Jehová bendice a quienes hacen un acuerdo solemne para servirle y lo cumplen. Para los cristianos, la dedicación y el bautismo son pasos esenciales para obtener la bendición de Jehová. Estamos decididos a andar en sus sendas y buscar su guía (Salmo 48:14). Jehová, a su vez, nos toma de la mano, por así decirlo, y nos conduce por el camino en que debemos ir (Salmo 73:23; Isaías 30:21; 41:10, 13).

Éxo. 19:5
16 Jehová les prometió a los israelitas que si le obedecían se convertirían en su “propiedad especial de entre todos los demás pueblos” (Éxo. 19:5). Mientras esta nación se mantuvo fiel, se distinguió de todas las demás por su adoración y forma de vivir. Hoy, Jehová también ha separado para su servicio a un pueblo que se diferencia claramente del mundo de Satanás. En efecto, todos nosotros hemos aprendido “a repudiar la impiedad y los deseos mundanos y a vivir con buen juicio y justicia y devoción piadosa en medio de este sistema de cosas actual, mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y del Salvador nuestro, Cristo Jesús, que se dio a sí mismo por nosotros para librarnos de toda clase de desafuero y limpiar para sí un pueblo peculiarmente suyo, celoso de obras excelentes” (Tito 2:11-14). Este “pueblo” está integrado por los cristianos ungidos y por millones de “otras ovejas” de Jesús que los ayudan y apoyan (Juan 10:16).

Éxodo 20:2-5
12 Demos a Jehová devoción exclusiva. La nación de Israel estaba presente cuando Jehová declaró que exige devoción exclusiva (Éxodo 20:2-5). Los israelitas tenían muchas pruebas de que Jehová es el Dios verdadero (Deuteronomio 4:33-35). Jehová dejó claro que, sin importar lo que hicieran otras naciones, él no toleraría ninguna forma de idolatría ni espiritismo entre su pueblo. Su devoción a él no podía ser un simple formalismo. Todos tenían que amar a Jehová con todo el corazón, con toda el alma y con toda la fuerza vital (Deuteronomio 6:5, 6). Y ese amor debería reflejarse en su habla, su conducta y, en realidad, en todo aspecto de su vida (Levítico 20:27; 24:15, 16; 26:1). El mismo Jesucristo expuso claramente que Jehová exige devoción exclusiva (Marcos 12:28-30; Lucas 4:8).

Éxo. 20:3-5
• ¿Por qué no castigó Dios a Aarón por hacer el becerro de oro?
Aarón violó la ley de Dios contra la idolatría (Éxo. 20:3-5). No obstante, Moisés intercedió por él, y su ruego tuvo “mucho vigor” (Sant. 5:16). Aarón había sido fiel por muchos años. Y aunque el pueblo lo presionó para que les hiciera un becerro, él después demostró que su corazón rechazaba lo que el pueblo había hecho, pues se unió a los hijos de Leví cuando se pusieron de parte de Jehová (Éxo. 32:25-29; 15/5, página 21).

Éxodo 20:6
No es lo mismo que el amor y la lealtad
3 La bondad amorosa, o amor leal, está íntimamente relacionada con el amor y la lealtad, pese a lo cual difiere de estas cualidades en algunos aspectos importantes. Veamos la diferencia entre la bondad amorosa y el amor. Este último es un sentimiento que puede expresarse hacia cosas o conceptos. La Biblia habla del que “ama el vino y el aceite” y del que “ama la sabiduría” (Proverbios 21:17; 29:3). En cambio, la bondad amorosa se dirige a las personas, no a los conceptos ni a los objetos inanimados. Por ejemplo, cuando Éxodo 20:6 dice que Jehová “ejerce bondad amorosa para con la milésima generación”, se refiere a personas.

Éxodo 20:6
14 La bondad de Dios se manifiesta en que él es “abundante en bondad amorosa”, lo cual se evidencia especialmente en el tierno cuidado que dispensa a sus siervos humanos fieles y dedicados (1 Pedro 5:6, 7). Como pueden acreditar los testigos de Jehová, él “conserva bondad amorosa” para con los que lo aman y le sirven (Éxodo 20:6). La nación del Israel natural dejó de experimentar la bondad amorosa, o amor leal, de Jehová, debido a que rechazó a Su Hijo. Pero Su bondad y amor leal a los cristianos fieles de todas las naciones durará para siempre (Juan 3:36).

Éxodo 20:7
Nuestro Redentor es santo e inspira temor reverencial
17 “Él ha enviado redención misma a su pueblo. Hasta tiempo indefinido ha ordenado su pacto. Santo es su nombre, e inspirador de temor.” (Sal. 111:9.) De nuevo, es probable que el salmista haya pensado en la lealtad con que Jehová cumplió su pacto con Abrahán. Dios fue leal al no dejar abandonado a su pueblo, ni en Egipto, donde eran esclavos, ni después, en Babilonia, donde estaban cautivos. En ambos casos, él redimió, o rescató, a Israel. Estos dos actos divinos deberían haberles bastado a los judíos para reconocer que el nombre de Dios es santo y debe ser tratado con respeto (léanse Éxodo 20:7 y Romanos 2:23, 24).

Éxodo 20:8-11
7 La ley del sábado subrayaba el valor de cultivar la espiritualidad. La primera vez que aparece la palabra sábado en la Biblia es con relación a la dádiva del maná provista en el desierto. Se mandó a los israelitas recoger aquel pan milagroso durante seis días. En la última jornada tenían que acumular “el pan de dos días”, pues no habría maná el séptimo día. Este sería “un sábado santo a Jehová”, durante el cual cada uno habría de quedarse ‘sentado en su lugar’ (Éxodo 16:13-30). Uno de los Diez Mandamientos establecía, bajo pena de muerte, que no se realizara ningún tipo de trabajo el sábado, pues era un día sagrado (Éxodo 20:8-11; Números 15:32-36).
8 La ley del sábado reflejaba el interés de Jehová por el bienestar físico y espiritual de su pueblo. “El sábado vino a existir por causa del hombre”, dijo Jesús (Marcos 2:27). Esta disposición no solo permitía descansar a los israelitas, sino que también les daba la oportunidad de acercarse a su Creador y demostrarle que lo amaban (Deuteronomio 5:12). Era un día dedicado exclusivamente a los asuntos espirituales, en el que la familia podía adorar a Dios, orarle y meditar sobre su Ley. El sábado sirvió para evitar que los israelitas emplearan todo su tiempo y energías en ir tras intereses materiales, pues les recordaba que su relación con Jehová era lo más importante en la vida. Jesús reiteró este principio inmutable al decir: “Está escrito: ‘No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová’” (Mateo 4:4).

Éxodo 20:18, 19, 22, 23
14 Sería insólito que un testigo de Jehová entrara a formar parte de una religión falsa. No obstante, algunos podrían rechazar los mandatos de Jehová de otras maneras mientras siguen en la congregación. No había ninguna excusa para que los israelitas fueran oidores olvidadizos. Habían escuchado los Diez Mandamientos y habían estado presentes cuando Moisés dio esta orden de Dios: “No deben hacer junto conmigo dioses de plata, y no deben hacer para ustedes dioses de oro” (Éxodo 20:18, 19, 22, 23). Pese a ello, adoraron un becerro de oro.
15 Tampoco nosotros tenemos excusa válida para ser oidores olvidadizos. Dios nos da instrucciones en las Escrituras respecto a muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, la Palabra de Jehová condena expresamente la práctica de pedir dinero prestado y no devolverlo (Salmo 37:21). A los niños se les manda que sean obedientes a su madre y a su padre, y se espera que los padres críen a sus hijos en la “regulación mental de Jehová” (Efesios 6:1-4). A los cristianos solteros se les ordena casarse “solo en el Señor”, mientras que a los siervos de Dios casados se les dice: “Que el matrimonio sea honorable entre todos, y el lecho conyugal sea sin contaminación, porque Dios juzgará a los fornicadores y a los adúlteros” (1 Corintios 7:39; Hebreos 13:4). Si estamos decididos a no ser oidores olvidadizos, tomaremos muy en serio y acataremos estas y otras directrices divinas.

Éx. 21:2
“REALMENTE AMO A MI SEÑOR”
2 La Ley que Jehová le dio a Israel nos ayuda a entender la clase de esclavos que debemos ser. Los esclavos judíos tenían que ser liberados después de seis años de esclavitud (Éx. 21:2). Pero si un esclavo amaba a su amo y deseaba continuar a su servicio, la Ley incluía una excepción que le permitía hacerlo. El amo tenía que apoyarle la oreja contra una puerta, o el marco de una puerta, y perforarla con un punzón (Éx. 21:5, 6). ¿Qué tenía de particular la oreja? En hebreo, el concepto de obediencia se expresa con una palabra que significa oír o escuchar. Así que la perforación de la oreja simbolizaba el deseo del esclavo de seguir sirviendo y obedeciendo a su amo. Esto nos ayuda a comprender en qué consiste nuestra dedicación a Jehová: en estar dispuestos a obedecerlo porque lo amamos.

Éxodo 21:2-6
“LA ESCLAVITUD era predominante y ampliamente aceptada en el mundo antiguo —señala el Diccionario Bíblico Conciso Holman—. Las economías de Egipto, Grecia, y Roma se basaban en la mano de obra del esclavo. En el primer siglo cristiano, una de cada tres personas en Italia y una de cada cinco en cualquier otro lugar era esclava.”
2 Aunque también existía esclavitud en el antiguo Israel, la Ley de Moisés protegía a los siervos hebreos. Por ejemplo, disponía que el período máximo de servidumbre ascendiera a seis años. Al séptimo, el esclavo israelita tenía que salir “como persona puesta en libertad sin pagar nada”. Los preceptos que regulaban el trato con los esclavos eran tan justos y humanitarios que la Ley establecía: “Si el esclavo dice insistentemente: ‘Realmente amo a mi señor, a mi esposa y a mis hijos; no quiero salir como persona puesta en libertad’, entonces su amo tiene que acercarlo al Dios verdadero y tiene que ponerlo contra la puerta o la jamba de la puerta; y su amo tiene que agujerearle la oreja con un punzón, y él tiene que ser esclavo suyo hasta tiempo indefinido” (Éxodo 21:2-6; Levítico 25:42, 43; Deuteronomio 15:12-18).

Éxodo 22:22, 23
Ofrecerse a escuchar
En la Ley del antiguo Israel, Jehová dijo respecto a las viudas y los huérfanos: “Sin falta oiré su clamor” (Éxodo 22:22, 23). ¿Cómo podemos imitar ese interés? Recordemos que muchas de estas madres se enfrentan a menudo con la soledad, pues no tienen otro adulto al que confiarle sus sentimientos. Una mujer explica: “A veces, cuando mis hijos se acuestan, me siento tan terriblemente sola que no puedo parar de llorar”. De modo que uno puede ofrecerse a escuchar —bajo circunstancias apropiadas— el “clamor” de estas madres. Sin duda, tener cerca a alguien con quien desahogarse les dará fuerzas para seguir adelante.

Éxodo 22:22-24
▪ Lo que enseña la Biblia: “No deben afligir [...] a un huérfano de padre. Si de manera alguna lo afligieras, entonces si él [...] clama a mí, sin falta oiré su clamor” (Éxodo 22:22-24).
Lección: Jehová escucha las oraciones de todos, hasta de los más pequeños. Podemos expresarle nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos.

Éxodo 22:26, 27
9 Con referencia a otro mal proceder, Jehová declaró: “Sobre vestiduras tomadas en prenda se estiran al lado de todo altar; y el vino de los que han sido multados beben en la casa de sus dioses” (Amós 2:8). Está claro que los sacerdotes y el pueblo en general tampoco obedecían la ley que se halla en Éxodo 22:26, 27, donde dice que el vestido tomado en prenda tenía que devolverse antes de que se pusiera el Sol. Por el contrario, lo empleaban como manta en la que tenderse mientras banqueteaban y bebían en honor de dioses falsos. Y con las multas que imponían a los pobres, compraban el vino que bebían en celebraciones paganas. ¡Cuánto se habían apartado de la senda de la adoración pura!
10 Los israelitas estaban infringiendo descaradamente los dos mayores mandamientos de la Ley: amar a Jehová y amar al prójimo. Por consiguiente, Jehová envió a Amós para que condenara su infidelidad. Hoy día, tanto las naciones de la cristiandad como las del resto del mundo se ven plagadas por la misma corrupción que existía en el antiguo Israel. Mientras unas pocas personas prosperan, las prácticas inmorales de los líderes corruptos de las grandes empresas, la política o la religión falsa arruinan en sentido económico y emocional a muchas otras. No obstante, Jehová se interesa por aquellos que sufren y que se sienten impulsados a buscarlo. Por este motivo, ha encomendado a sus siervos de la actualidad una tarea semejante a la de Amós: proclamar Su palabra con valor.

Éxodo 22:26, 27
17 La misericordia de Jehová va acompañada de la benevolencia. Si tiene un diccionario, busque la palabra benévolo. Compare la definición con los textos bíblicos que dicen que Jehová es benévolo. La Biblia indica que la benevolencia de Jehová incluye interés amoroso por los más desfavorecidos de entre su pueblo (Éxodo 22:26, 27). En cualquier nación, los inmigrantes, entre otros, se hallan en desventaja. Al enseñar a su pueblo a ser imparciales y bondadosos con tales personas, Jehová les recordó que ellos también habían sido forasteros en Egipto (Deuteronomio 24:17-22). ¿Qué se puede decir de nosotros, los siervos de Dios de la actualidad? La benevolencia nos ayuda a estar unidos y atrae a otras personas a la adoración de Jehová (Hechos 10:34, 35; Revelación [Apocalipsis] 7:9, 10).

Éxodo 22:28
12 Murmurar de hombres cuyo deber es pastorear el rebaño de Dios quizá nos lleve a la injuria. Criticarlos o calumniarlos invocando el mal sobre ellos puede perjudicar nuestra relación con Jehová (Éxodo 22:28). Los injuriadores que no se arrepientan no heredarán el Reino de Dios (1 Corintios 5:11; 6:10). El discípulo Judas dijo que estos murmuradores estaban “desatendiendo el señorío y hablando injuriosamente de los gloriosos”, es decir, de los hombres responsables de la congregación (Judas 8). Dado que aquellos murmuradores no contaron con la aprobación divina, hacemos bien en no seguir su malvado proceder.

Referencias consultadas en: Biblioteca en Línea Watchtower y Watchtower Library 2013


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