Lecciones de gansos y delfines - Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas

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Maritza Crespo nos trae esta bellísima historia de gansos que escuchó a uno de sus profesores cuando estaba estudiando su doctorado en los Estados Unidos:
"El próximo otoño, cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fíjate que vuelan formando una V. Tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan en esa forma. Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V la bandada completa aumenta por lo menos un 71 por ciento más de su poder que si cada pájaro volara solo.
Cada vez que un ganso se sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero que va adelante.
Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Los gansos que van detrás graznan para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que está nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere, y sólo entonces los dos acompañantes vuelven a su bandada o se unen a otro grupo".
También los delfines son unos animales prodigiosos. Nadan en grupo para apoyarse y protegerse. Si uno se enferma en la travesía, se le acercan dos que lo sostienen y ayudan. Se van turnando hasta que el enfermo se cura. Son también muy serviciales con las personas y se conocen casos comprobados en que han socorrido y salvado a algunos náufragos.
¡Cuánto tenemos que aprender los seres humanos de los gan­sos y delfines! Sobre todo hoy que se habla tanto de productividad y competitividad, y se olvida el servicio y la solidaridad. Ser plenamen­te persona es vivir con y para los demás. Es entender la vida como don. En momentos en que impera la cultura del individualismo más salvaje y se nos dice y se nos repite que cada uno debe valerse por sí mismo, la genuina educación debe cultivar el valor humano de la entrega y del servicio desinteresado. Recordemos el poema de Gabriela Mistral:
Toda la naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú. Sé el que apartó la piedra del camino, el odio de los corazones, y las dificultades del problema.
Hay alegría de ser sano y de ser justo; pero hay sobre todo, la hermosa alegría de servir.
Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar,
una empresa que emprender...
Pero no caigas en el error de que sólo se hace méritos con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquel es el que critica; ese es el que destruye. Tú sé el que sirve.
El servir no es tarea de seres inferiores.
Dios, que da el fruto y la luz, sirve.
Pudiera llamarse así: EL QUE SIRVE.
Y tiene ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día:
¿serviste hoy?
¿A quién?
¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

Recuperado para fines educativos del libro:
Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin