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El poder de las palabras - Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas

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Parabolas e Ilustraciones para Educar en Valores

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La historia que sigue se la escuché también a Eduardo Galeano:
En cierta ocasión, un afamado escritor colombiano se encontraba en un bar y se le acercó un obrero que, después de presentarse y saludar al escritor con verdadera admiración, le dijo:
-Yo soy analfabeta y quiero que usted escriba por mí una carta de amor a mi novia.
El escritor se sonrió desconcertado, levantó los hombros en un gesto de imposibilidad, trató de explicarle que eso no iba a ser posible , pero como el obrero le insistía en su demanda, le dijo:
-¿Qué quieres que yo diga en esa carta?
-No sé -le contestó el obrero- Si lo supiera, no se lo estaría pidiendo a usted.
Al escritor le impresionó la respuesta, se quedó un rato pensativo y le dijo por fin:
-Está bien. Vuelve aquí mañana a esta misma hora y tendrás tu carta.
El escritor estuvo en la noche luchando con las palabras, tratando de expresar un amor profundo y convencido con lo mejor de su literatura. Al día siguiente, fue al bar con su carta y, cuando llegó el obrero, se la leyó. Al obrero se le iluminaron los ojos y le dijo con agradecimiento y admiración:
-Sí, sí, perfecto. Eso era precisamente lo que yo quería decirle a mi novia, pero no sabía que era eso.
Cuentan que el fabulista Esopo estuvo un tiempo al servicio de Xantu. Un día, lo envió al mercado a que comprara lo mejor que hallara. Esopo fue y compró una lengua.
-¿Eso es lo mejor que encontraste?
- Sí, con la lengua podemos expresar amor, verdad, alabanza, ánimo... La lengua permite a los hombres comunicarse, entenderse.
Pasado un tiempo, el patrón volvió a enviar a Esopo al mercado y le pidió que, en esta oportunidad, le trajera lo peor que pudiera encontrar. Esopo fue y volvió con otra lengua.
-¿Eso es lo peor que encontraste?
-Sin duda. Con la lengua podemos calumniar, mentir, ofender, chismear, injuriar.
No hay duda de que, si algunas personas se mordieran la lengua, se envenenarían. Las palabras son como seres vivos, capaces de hacer reír o llorar, de hundir o levantar, de aturdir o sublimar. La palabra es po­der y por ello necesitamos una educación que le devuelva al pueblo su palabra, una palabra personal y responsable, como expresión de sus sentimientos, su cultura, sus valores. La educación actual les nie­ga a los alumnos la palabra, la posibilidad de ser. El maestro habla, el alumno escucha, debe oír sin interrumpir y repetir lo más fielmente posible las palabras del maestro. Quien no se expresa, se reprime, se deprime, lo suprimen. La verdadera educación debe capacitar al alumno para decir su propia palabra, como expresión de vida, de compromiso, en un mundo dominado por la propaganda y la char­latanería. En definitiva, educar se resume en enseñar a los alumnos a leer la realidad, decir su palabra, para que así sean capaces de escribir la historia de su propia liberación.
Escribir es comunicarse, derramarse en los demás. Uno escri­be, pero el texto se realiza en el lector. Las palabras viajan dentro de él, le pertenecen. De ahí que leer necesita un silencio previo. Leer necesita una escucha previa. Leer necesita un diálogo profundo con­sigo mismo, anterior al diálogo con el texto escrito. Sólo quien es capaz de escucharse, es capaz de escuchar el silencio, podrá decir y escribir palabras verdaderas.

Recuperado para fines educativos del libro:
Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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