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La mujer del alcalde - Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas

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Tony de Mello nos cuenta la historia (que se la hizo llegar Paco Percaz) de una mujer que, mientras agonizaba, tuvo la impresión de que era llevada al cielo y presentada ante el Tribunal.
-¿Quién eres?-le preguntó una Voz.
-Soy la mujer del alcalde -respondió ella con orgullo.
-Te he preguntado quién eres, no con quién te casaste.
-Soy madre de cuatro hijos.
-Te he preguntado quién eres, no cuántos hijos tienes.
-Soy maestra de escuela.
-Te he preguntado quién eres, no cuál es tu profesión. -Soy una buena cristiana.
-Te he preguntado quién eres, no cuál es tu religión.
-Soy una persona que rezaba todos los días y ayudaba a los pobres y necesitados.
-Te he preguntado quién eres, no lo que hacías.
Y así sucesivamente. Dijera lo que dijera, nunca respondía satisfactoriamente la pregunta Quién eres. Evidentemente, no consiguió pasar el examen, porque fue enviada de nuevo a la tierra. Cuando se recuperó de su enfermedad, tomó la determinación de averiguar quién era. Y todo fue diferente.
La pregunta más importante de todas, base de una vida plena es ¿Quién soy yo? Generalmente, a la pregunta que nos hacen ¿quién eres?, respondemos con nuestra pro­fesión: soy maestro, médico, comerciante, ingeniero, artista... La mayor parte de las personas dedica la vida a acaparar objetos, a amontonar riquezas y poder, a ser mejor profesional, sin plantearse nunca conocerse a fondo, adentrarse en lo profundo de su intimi­dad, construirse en plenitud, ser mejor persona.
Cada día nos adentramos más y más en una cultura de la despersonalización y del vacío, de espaldas a la reflexión, el silencio, la interioridad, la solidaridad y el amor. La cultura moderna está llena de mecanismos para hacernos vivir en permanente huida de nosotros mismos, para convencernos de que la vida es un continuo ajetreo, un caminar ya prefijado que hay que recorrer a ciegas, sin nunca preguntarnos a dónde nos está llevando. Todo está montado para impedir encontrarse consigo mismo que podría iniciar el proce­so de cambio hacia la autenticidad. De ahí que, para muchos resulte intolerable el silencio: si están solos en la casa, tienen que tener el radio o el televisor prendido porque le tienen terror a ese silencio que les posibilitaría el encuentro consigo mismos. Vivir equivale a perderse en la rutina de un trabajo monótono y sin alma, repetir los slogans que nos dicen, comprar y usar las cosas que están de moda y perseguir afiebradamente las huellas de un placer rutinizado. De este modo, hombres y mujeres vivimos imposibilitados de descubrir nuestros deseos humanos fundamentales, nuestra ansia de transcendencia y unidad, el sentido último de la existencia.
En consecuencia, la mayoría de las personas viven sus vidas sin comprenderse ni poder comprender a los demás, solos en la muchedumbre, llevando dentro de sí a un desconocido.
No olvidemos nunca que el principal conocimiento que debe­mos enseñar es el conocimiento de sí mismo. Es lo que repetía Sócrates: «Conócete a ti mismo». El conocimiento de sí mismo es la base de la verdadera sabiduría.

Recuperado para fines educativos del libro:
Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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