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Puntos Sobresalientes de Levítico 1 a 5

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Puntos sobresalientes de la lectura de la Biblia: Levítico 1 a 5


Capítulo 1:


w00 15/8 pág. 19 párr. 7 Sacrificios de alabanza que agradan a Jehová
7. a) ¿Cómo evoca Hebreos 10:22 el procedimiento que se seguía en los sacrificios? b) ¿Qué había que hacer para que Dios aceptara el sacrificio?
7 En primer lugar, Pablo dice a los cristianos: “Acerquémonos con corazones sinceros en la plena seguridad de la fe, pues los corazones se nos han limpiado por rociadura de una conciencia inicua, y los cuerpos se nos han lavado con agua limpia” (Hebreos 10:22). El lenguaje empleado en este texto evoca de modo inconfundible el procedimiento que se seguía en los sacrificios típicos que la Ley estipulaba. La alusión es pertinente, pues para que un sacrificio fuera aceptable tenía que ofrecerse con el motivo apropiado, y ser limpio e incontaminado. El animal para el sacrificio se tomaba de la vacada o del rebaño, es decir, de los animales limpios, y debía ser “sano”, sin defecto. Si se ofrecían aves, se requería que fuesen tórtolas o pichones. En tanto la ofrenda satisficiera esas condiciones, era “aceptada benévolamente a favor suyo para hacer expiación por él” (Levítico 1:2-4, 10, 14; 22:19-25). La ofrenda de grano no contenía ninguna levadura —símbolo de corrupción— y tampoco contenía miel, probablemente jarabe de fruta, que suele fermentar. A los sacrificios de animales o de grano que se ofrecían en el altar se les añadía sal como conservante (Levítico 2:11-13).

w00 15/8 págs. 20-21 párrs. 12-13 Sacrificios de alabanza que agradan a Jehová
12, 13. ¿Qué reconocía el israelita cuando ofrecía un sacrificio quemado, y qué podemos hacer para demostrar la misma actitud?
12 Cuando un israelita ofrecía un sacrificio quemado, lo hacía “de su propia voluntad delante de Jehová” (Levítico 1:3). De este modo declaraba o reconocía pública y voluntariamente las abundantes bendiciones de Jehová y Su bondad amorosa para con su pueblo. Recordemos que un rasgo distintivo de la ofrenda quemada era que toda ella se consumía sobre el altar, lo cual era un símbolo apropiado de devoción y dedicación completas. De manera correspondiente, demostramos nuestra fe en el sacrificio redentor y nuestro agradecimiento cuando ofrecemos a Jehová, voluntariamente y con entusiasmo, nuestro “sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de labios”.
13 Aunque los cristianos no ofrecen sacrificios literales —animales o vegetales— tienen la responsabilidad de dar testimonio de las buenas nuevas del Reino y hacer discípulos de Jesucristo (Mateo 24:14; 28:19, 20). ¿Nos aprovechamos de las oportunidades de participar en la declaración pública de las buenas nuevas del Reino de Dios, de modo que muchas más personas puedan conocer las cosas maravillosas que Dios tiene preparadas para la humanidad obediente? ¿Dedicamos voluntariamente nuestro tiempo y energías a enseñar a quienes se interesan en el mensaje y a ayudarlos a hacerse discípulos de Jesucristo? Nuestra participación celosa en el ministerio es muy agradable a Dios, como el olor conducente a descanso de una ofrenda quemada (1 Corintios 15:58).

w00 15/8 págs. 14-15 párr. 13 Sacrificios que agradaron a Dios
13. Describa las ofrendas que se presentaban voluntariamente a Dios a modo de dádivas.
13 Las ofrendas quemadas, las ofrendas de grano y las ofrendas de comunión se contaban entre las que se presentaban por voluntad propia a modo de dádivas o de un acercamiento a Dios para conseguir su favor. Algunos estudiosos piensan que el término hebreo para “ofrenda quemada” significa “ofrenda de ascensión” u “ofrenda que asciende”, lo cual es pertinente porque en esta el animal degollado se quemaba sobre el altar y ascendía hacia el cielo a Dios un olor dulce, conducente a descanso. La ofrenda quemada se distinguía de las demás en que el animal se ofrecía entero a Dios después de haber salpicado su sangre alrededor del altar. Los sacerdotes tenían que “hacer humear todo ello sobre el altar como ofrenda quemada, ofrenda hecha por fuego, de olor conducente a descanso a Jehová” (Levítico 1:3, 4, 9; Génesis 8:21).

w13 15/12 pág. 12 párr. 5 ¿Haremos sacrificios por el Reino?
5. ¿Qué concesión les hizo Jehová a los pobres?
5 Jehová comprendía que no todos podrían ofrecer lo mismo, así que esperaba de cada cual solo lo que sus circunstancias le permitieran. Su Ley estipulaba que se ofrecieran animales y se derramara su sangre, pues estos sacrificios eran “una sombra de las buenas cosas por venir” a través de Jesús (Heb. 10:1-4). Ahora bien, Jehová era flexible y comprensivo. Por ejemplo, si un israelita no podía ofrecer un animal del rebaño o de la vacada, aceptaba que le ofreciera unas tórtolas en su lugar. De este modo, hasta los pobres tenían la oportunidad de hacer sacrificios (Lev. 1:3, 10, 14; 5:7). Eso sí, aunque los animales que se ofrecieran podían variar, había dos cosas que Jehová exigía de todo el que le hiciera ofrendas voluntarias.

w12 15/1 págs. 26-27 párr. 3 Reyes y sacerdotes que ayudan a toda la humanidad
3. ¿Qué entendieron los apóstoles acerca del significado de los emblemas?
3 Como eran judíos, los apóstoles estaban muy familiarizados con los sacrificios de animales que los sacerdotes ofrecían a Dios en el templo de Jerusalén. Tales ofrendas se hacían para obtener la aprobación de Jehová y, en muchos casos, para pedir perdón por los pecados (Lev. 1:4; 22:17-29). Así que los apóstoles seguramente entendieron que cuando Jesús afirmó que su cuerpo sería dado y su sangre sería derramada a favor de ellos, quiso decir que daría su propia vida humana perfecta como sacrificio. El valor de tal ofrenda sería muchísimo mayor que el de los sacrificios de animales.

Capítulo 2:


w04 15/6 pág. 15 párr. 8 Valoremos debidamente el don de la vida
8. En la Ley, ¿qué limitación impuso Jehová al empleo de la sangre?
8 Jehová aportó más detalles sobre la vida y la sangre cuando entregó la Ley mosaica a Israel. Al hacerlo, dio otro paso adelante hacia la realización de su propósito. Probablemente ya sepa que la Ley estipulaba ciertas ofrendas de grano, aceite y vino para Dios (Levítico 2:1-4; 23:13; Números 15:1-5). También estipulaba sacrificios de animales. Respecto a estos, Dios dijo: “El alma de la carne está en la sangre, y yo mismo la he puesto sobre el altar para ustedes para hacer expiación por sus almas, porque la sangre es lo que hace expiación en virtud del alma en ella. Por eso he dicho a los hijos de Israel: ‘Ninguna alma de ustedes debe comer sangre’”. Jehová añadió que si alguien, como por ejemplo un cazador o un ganadero, mataba un animal para comer, tenía que derramar su sangre y cubrirla con polvo. Dado que la Tierra es el escabel de los pies de Dios, al derramar la sangre del animal sobre la tierra, la persona indicaba que le devolvía esa vida al Dador de la vida (Levítico 17:11-13; Isaías 66:1).

w00 15/8 pág. 15 párr. 14 Sacrificios que agradaron a Dios
14. ¿Cómo se presentaba la ofrenda de grano?
14 La ofrenda de grano se describe en el capítulo 2 de Levítico. Esta era una ofrenda voluntaria que consistía en flor de harina, normalmente humedecida con aceite y a la que se añadía olíbano. “El sacerdote tiene que asir de ella su puñado de su flor de harina y su aceite junto con todo su olíbano; y tiene que hacerlo humear como recordativo de ella en el altar, como ofrenda hecha por fuego, de olor conducente a descanso a Jehová.” (Levítico 2:2.) El olíbano era uno de los ingredientes del incienso santo que se quemaba sobre el altar del incienso en el tabernáculo y el templo (Éxodo 30:34-36). El rey David debió tener presente este hecho cuando dijo: “Que mi oración esté preparada como incienso delante de ti; el levantar las palmas de mis manos, como la ofrenda de grano al atardecer” (Salmo 141:2).

w06 1/7 págs. 22-23 párrs. 8-9 Nacieron dentro del pueblo escogido por Dios
8, 9. a) ¿Qué sistema permitía a los israelitas demostrar que estaban dedicados a Jehová? b) ¿Qué se granjeaban los israelitas que hacían ofrendas voluntarias?
8 Jehová dio a su pueblo muchas oportunidades de demostrar que en realidad era una nación dedicada a él. Por ejemplo, su Ley estipuló un sistema de sacrificios, u ofrendas, algunos de los cuales eran obligatorios y otros voluntarios (Hebreos 8:3). Las ofrendas quemadas, de grano y de comunión eran voluntarias, pues se trataba de regalos ofrecidos a Jehová para conseguir su favor y expresarle gratitud (Levítico 7:11-13).
9 Aquellos sacrificios de carácter voluntario complacían a Jehová. De las ofrendas quemadas y de grano se decía que tenían para él un “olor conducente a descanso” (Levítico 1:9; 2:2). En el sacrificio de comunión, la sangre y la grasa del animal se ofrecían a Dios, mientras que las porciones de carne eran para los sacerdotes y el israelita que hacía la ofrenda. Se trataba, pues, de una comida simbólica que evidenciaba una relación pacífica con Jehová. La Ley decía: “Ahora bien, en caso de que sacrifiquen un sacrificio de comunión a Jehová, deben sacrificarlo para granjearse aprobación” (Levítico 19:5). Es verdad que todos los israelitas estaban dedicados a Jehová por nacimiento; sin embargo, los que con sus ofrendas voluntarias demostraban su deseo de escogerlo como su Dios ‘se granjeaban la aprobación’ de Jehová y recibían incontables bendiciones (Malaquías 3:10).

w04 15/5 págs. 21-22 Puntos sobresalientes del libro de Levítico
Respuestas a preguntas bíblicas:
Levítico 2:11, 12. ¿Por qué no aceptaba Jehová la miel “como ofrenda hecha por fuego”? La miel a la que se alude en este versículo no es miel de abejas. Aunque no se aceptaba “como ofrenda hecha por fuego”, se incluía entre “las primicias del [...] producto del campo” (2 Crónicas 31:5). Parece ser que esta miel era jugo o almíbar de frutas. Como podía fermentar, no era aceptable como ofrenda sobre el altar.

w04 15/5 págs. 21-22 Puntos sobresalientes del libro de Levítico
Respuestas a preguntas bíblicas:
Levítico 2:13. ¿Por qué tenía que presentarse sal “con toda ofrenda”? No se hacía para realzar el sabor de los sacrificios. La sal se utiliza en todo el mundo como conservante. Es probable que se presentara con las ofrendas porque representaba que estas estaban libres de corrupción y deterioro.

Capítulo 3:


w12 15/1 pág. 19 párrs. 11-12 Lecciones que aprendemos de “la armazón [...] de la verdad”
11, 12. a) ¿En qué consistían los sacrificios de comunión? b) ¿Qué aprendemos los cristianos de los sacrificios de comunión?
11 La Ley mosaica también estipulaba que los fieles hicieran sacrificios de comunión como muestra de que estaban en paz con Jehová. Tanto ellos como sus familias comían la carne de los animales, a menudo en los comedores del templo. También recibían porciones el sacerdote que oficiaba y los demás que se hallaban de servicio (Lev. 3:1, nota; 7:31-33). Lo único que se pretendía con estos sacrificios era gozar de una buena relación con Dios. Era como si el adorador, su familia, los sacerdotes y Jehová celebraran un banquete juntos y en paz.
12 ¿Podía haber un mayor privilegio que, por decirlo así, invitar a Jehová a una comida y que él aceptara? Como es lógico, quienes fueran los anfitriones querrían ofrecerle lo mejor a tan ilustre huésped. Los sacrificios de comunión, como parte de la armazón de la verdad que hallamos en la Ley, apuntaban a una realidad mayor: gracias al sacrificio de Jesús, todos los seres humanos tienen la oportunidad de entrar en una relación pacífica con su Creador. En la actualidad, quienes le sacrifican a Dios de buena gana sus energías y recursos disfrutan de una estrecha amistad con él.

w03 15/2 pág. 16 párrs. 20-21 ¿Por qué debemos observar la Cena del Señor?
20, 21. ¿Por qué podemos decir que la Conmemoración es una comida de comunión?
20 Aun cuando pueden emplearse más de un plato de pan y una copa de vino, la Conmemoración es una comida de comunión. En el antiguo Israel, un hombre podía tener una comida de comunión llevando un animal al santuario de Dios para que lo degollaran. Una porción de la víctima se quemaba sobre el altar, otra correspondía al sacerdote que oficiaba, y una tercera era para los hijos sacerdotales de Aarón; también participaban de la comida el oferente y su familia (Levítico 3:1-16; 7:28-36). De igual modo, la Conmemoración es una comida de comunión porque hay una participación conjunta.
21 Jehová es uno de los participantes de esta comida por ser quien le dio origen. Jesús es el sacrificio, y los cristianos ungidos participan unidamente de los emblemas. Comer a la mesa de Jehová significa que los comensales están en paz con él. Por ello, Pablo escribió: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es un participar de la sangre del Cristo? El pan que partimos, ¿no es un participar del cuerpo del Cristo? Porque hay un solo pan, nosotros, aunque muchos, somos un solo cuerpo, porque todos participamos de ese solo pan” (1 Corintios 10:16, 17).

w00 15/8 pág. 22 párr. 16 Sacrificios de alabanza que agradan a Jehová
16. ¿Qué hace que las reuniones cristianas sean ocasiones especialmente gozosas como lo era el sacrificio de comunión?
16 En el sacrificio de comunión, toda la grasa —la que había alrededor de los intestinos, los riñones, el apéndice del hígado y los lomos, así como la cola grasa de las ovejas— se ofrecía a Jehová quemándola y haciéndola humear sobre el altar (Levítico 3:3-16). La grasa se consideraba la parte más nutritiva y mejor del animal. Ofrecerla sobre el altar significaba dar lo mejor a Jehová. Lo que convierte a las reuniones cristianas en ocasiones especialmente gozosas es que en ellas no solo recibimos instrucción, sino también ofrecemos alabanza a Jehová, como cuando cantamos con entusiasmo, escuchamos atentamente y, de ser posible, comentamos, haciéndolo siempre con humildad y tan bien como sepamos. “¡Alaben a Jah! —exclamó el salmista—. Canten a Jehová una canción nueva, su alabanza en la congregación de los que son leales.” (Salmo 149:1.)

w04 15/5 pág. 22 Puntos sobresalientes del libro de Levítico
Lecciones para nosotros:
Levítico 3:17. Dado que la grasa se consideraba la mejor porción y la más rica, la prohibición de comerla grabó en los israelitas que la mejor porción pertenecía a Jehová (Génesis 45:18). Esto nos recuerda que debemos dar lo mejor de nosotros a Jehová (Proverbios 3:9, 10; Colosenses 3:23, 24).

Capítulo 4:


w12 15/1 pág. 18 párrs. 8-9 Lecciones que aprendemos de “la armazón [...] de la verdad”
8, 9. ¿Cómo nos ayuda reflexionar sobre el espíritu con que realizaban sus sacrificios los israelitas?
8 A veces, los israelitas ofrecían sacrificios voluntarios. ¿Por qué razón? Podía ser porque estaban agradecidos a Jehová o, como sucedía con las ofrendas quemadas, porque deseaban su aprobación. En cualquiera de estos casos, no debía resultarles difícil seleccionar para él los animales adecuados. ¡Con gusto le daban lo mejor! Hoy, los cristianos no le entregamos ninguna de las ofrendas que estipulaba la Ley mosaica. Sin embargo, seguimos haciéndole sacrificios, ya que dedicamos a su servicio una buena parte de nuestro tiempo, energías y recursos. El apóstol Pablo señaló que al efectuar la “declaración pública” de nuestra esperanza, al “hacer [el] bien” y al “compartir cosas con otros”, estamos presentándole sacrificios que le complacen (Heb. 13:15, 16). El espíritu con el que llevamos a cabo estas actividades revela hasta qué punto le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros y todo lo que nos ha dado. Como vemos, nuestros motivos y actitudes al participar en el servicio cristiano deben ser los correctos, igual que sucedía con los fieles que hacían sacrificios voluntarios en la antigüedad.
9 Cuando los israelitas cometían determinados errores, la Ley mosaica les exigía presentar ofrendas tanto por el pecado como por la culpa. Al tratarse de sacrificios obligatorios, ¿los harían con una disposición o actitud diferente, quizás hasta de mala gana? (Lev. 4:27, 28.) Si de verdad deseaban mantener una buena relación con Jehová, jamás actuarían así.

Capítulo 5:


w08 15/11 págs. 14-15 párrs. 12-13 Ayúdelos para que regresen lo antes posible
12, 13. ¿Cómo se puede ayudar al hermano inactivo que ha cometido un pecado grave?
12 Algunos cristianos dejaron de predicar y de asistir a las reuniones porque cometieron un pecado grave. Y temen que si vuelven a la congregación y se lo confiesan a los ancianos, serán expulsados. Pero si ya no están practicando ningún pecado y están sinceramente arrepentidos, no serán expulsados (2 Cor. 7:10, 11). Al contrario, recibirán una cordial bienvenida, y los ancianos les darán la asistencia espiritual que necesiten.
13 Supongamos que se le ha pedido que visite a un hermano inactivo. ¿Qué debe hacer si este le confiesa que ha cometido un pecado grave? Como dijimos antes, es mejor que no trate de ayudarlo por su cuenta. Sugiérale que hable con los ancianos. Si el hermano no quiere hacerlo, usted tendría que seguir las instrucciones bíblicas para estos casos (léase Levítico 5:1). Así estaría mostrando que para usted son muy importantes tanto el nombre de Jehová como el bienestar espiritual de la congregación. Los ancianos sabrán cómo ayudar a quienes quieren regresar a la congregación y hacer la voluntad de Dios. Claro, quizá se necesite aplicar alguna medida disciplinaria, pero siempre se hará con amor (Heb. 12:7-11). Si el hermano reconoce que ha pecado contra Dios, deja de cometer el pecado y está sinceramente arrepentido, puede estar seguro de que recibirá la ayuda de los ancianos y el perdón de Jehová (Isa. 1:18; 55:7; Sant. 5:13-16).

w08 15/11 pág. 12 párr. 2 Ayúdelos para que regresen lo antes posible
2. ¿Qué debemos recordar sobre los asuntos judiciales?
2 Jehová se interesó por las ovejas perdidas de Israel (léase Ezequiel 34:15, 16). De igual modo, los superintendentes cristianos quieren y deben ayudar a las ovejas que se han alejado del rebaño. Por eso, a veces le piden a un publicador que visite a un hermano inactivo que ha pedido ayuda para que estudien juntos alguna publicación. Ahora bien, ¿qué debe hacer el publicador si se entera de que ese hermano ha cometido un pecado grave? En vez de tratar de ayudarlo por su cuenta, el publicador debe animarlo a hablar con los ancianos. Si ve que no lo hace, entonces él mismo informará a los ancianos, pues son ellos quienes se encargan de los asuntos judiciales (Lev. 5:1; Gál. 6:1).

w12 15/2 pág. 22 párrs. 14-15 Cómo mantener un buen espíritu en la congregación
14, 15. a) ¿Qué le sucedería a la congregación si no se atendieran los pecados graves? b) ¿Qué debemos hacer si sabemos que alguien ha cometido un pecado grave y lo está ocultando?
14 Ahora bien, ¿y si nos enteramos de que alguien es culpable de un pecado grave —como abusar del alcohol, ver pornografía o llevar una vida inmoral— y lo está ocultando? (Efe. 5:11, 12.) Si actuáramos como si no pasara nada, el espíritu santo de Jehová podría dejar de fluir libremente, y la paz de toda la congregación se vería amenazada (Gál. 5:19-23). Para que reine un espíritu pacífico y saludable, debemos hacer lo mismo que los corintios: mantener a la congregación libre de malas influencias. ¿Cómo podemos lograrlo?
15 Antes hablamos de la importancia de no revelar ciertos asuntos privados, especialmente cuando un hermano nos confía sus sentimientos y opiniones. Divulgarlos sería una crueldad. No obstante, recordemos que los superintendentes de la congregación tienen la responsabilidad bíblica de atender los casos de pecados graves. Por tanto, deben ser informados (léase Levítico 5:1). Así pues, si sabemos que alguien ha cometido un pecado grave, nuestro deber es aconsejarle que pida ayuda a los ancianos (Sant. 5:13-15). Si no acude a ellos dentro de un plazo razonable, tenemos que hacerlo nosotros.

w00 15/8 pág. 19 párr. 8 Sacrificios de alabanza que agradan a Jehová
8. a) ¿Qué debía hacer la persona que presentaba una ofrenda? b) ¿Cómo podemos asegurarnos de que Jehová acepta nuestra adoración?
8 ¿Qué puede decirse de la persona que presentaba la ofrenda? La Ley estipulaba que todo el que se acercaba a Jehová tenía que estar limpio e incontaminado. Quien se hubiera contaminado de alguna manera primero tenía que presentar una ofrenda por el pecado o una ofrenda por la culpa para recuperar la condición de limpio ante Jehová, de modo que Él pudiera aceptar su ofrenda quemada o sacrificio de comunión (Levítico 5:1-6, 15, 17). ¿Reconocemos, por tanto, la importancia de mantenernos siempre limpios ante Jehová? Si queremos que Dios acepte nuestra adoración, tenemos que corregir rápidamente cualquier transgresión de las leyes divinas. Debemos aprovecharnos sin demora de los medios que Dios ha facilitado para ayudarnos: “los ancianos de la congregación” y el “sacrificio propiciatorio por nuestros pecados”, Jesucristo (Santiago 5:14; 1 Juan 2:1, 2).

w11 1/6 pág. 18 ¿Lo sabía?
¿Tiene alguna relevancia que el apóstol Pedro se alojara en casa de un curtidor antes de visitar a Cornelio?
▪ El relato del libro de Hechos cuenta que Pedro permaneció “bastantes días [...] en Jope con cierto Simón, curtidor”, cuya casa estaba “junto al mar” (Hechos 9:43; 10:6). Los judíos consideraban inmundo y degradante el oficio de curtidor; de hecho, el Talmud lo consideraba peor que quien se dedicaba a recoger excrementos de perro. Por su trabajo, Simón tenía contacto diario con cadáveres de animales, lo que lo convertía en una persona inmunda ceremonialmente hablando (Levítico 5:2; 11:39). Según diversas fuentes, es muy probable que utilizara agua marina en sus tareas y que, debido a “lo maloliente del proceso”, su negocio estuviese situado a las afueras de la ciudad.
Pese a todo, Pedro no tuvo reparos en alojarse con Simón. Esta acción indica que tal vez había aprendido a rechazar, a imitación de Jesús, los prejuicios de los judíos contra la gente que consideraban inmunda (Mateo 9:11; Lucas 7:36-50).

w09 1/6 pág. 26 Él toma en consideración nuestras limitaciones
Bajo la Ley, Dios mandaba que se hicieran ciertos sacrificios, u ofrendas, para expiar los pecados. En los casos mencionados en este pasaje, la persona había pecado involuntariamente o sin pensar (versículos 2 a 4). Cuando se daba cuenta de lo que había hecho, tenía que confesar su pecado y presentar una ofrenda por la culpa: “una cordera o una cabrita” (versículos 5 y 6). ¿Y qué sucedía si la persona era tan pobre que no tenía ninguna cordera o cabrita para ofrecer? ¿Le obligaba la Ley a pedirle a alguien el animal aunque al hacerlo se endeudara? ¿Tenía que trabajar hasta que pudiera comprar uno, aunque se demorara la expiación de sus pecados?
Reflejando la ternura y la gran consideración de Jehová, la Ley decía: “Si no tiene lo suficiente para una oveja, entonces tiene que traer a Jehová como su ofrenda por la culpa por el pecado que ha cometido dos tórtolas o dos pichones” (versículo 7). La frase hebrea que se traduce “si no tiene lo suficiente” significa literalmente “si su mano no puede alcanzar”. Si un israelita pobre no tenía lo suficiente para ofrecer una oveja, Dios aceptaba con gusto algo que sí estuviera a su alcance: dos tórtolas o dos pichones.
¿Y si la persona ni siquiera tenía lo suficiente para dos aves? Entonces la Ley decretaba: “Tiene que traer como su ofrenda por el pecado que ha cometido un décimo de efá [ocho o nueve tazas] de flor de harina para una ofrenda por el pecado” (versículo 11). Vemos que en el caso de los que eran muy pobres, Jehová estaba dispuesto a hacer una excepción y aceptaba una ofrenda incruenta, es decir, sin sangre. En Israel, la pobreza no privaba a nadie de la oportunidad de expiar sus culpas ni del privilegio de hacer las paces con Dios.
¿Qué aprendemos de Jehová al analizar la ley de las ofrendas por la culpa? Que es compasivo y comprensivo, y toma en cuenta las limitaciones de sus siervos (Salmo 103:14). Dios quiere que nos acerquemos a él y lleguemos a ser sus amigos aunque nuestras circunstancias sean desfavorables debido a la edad avanzada, la mala salud u obligaciones familiares o de otro tipo. Nos reconforta saber que Jehová Dios se complace cuando le damos todo lo que está a nuestro alcance.

w12 15/10 pág. 31 párr. 16 Que su sí signifique sí
16. ¿Qué deberíamos hacer si no hemos sido fieles a nuestra palabra?
16 La Biblia afirma que, como somos imperfectos, “todos tropezamos muchas veces”, sobre todo al usar la lengua (Sant. 3:2). ¿Qué deberíamos hacer si comprendemos que no hemos sido fieles a nuestra palabra? En la Ley que Dios entregó a Israel había una disposición misericordiosa a la que podía acogerse quien era culpable de “hablar irreflexivamente con sus labios” (Lev. 5:4-7, 11). Hoy se trata con la misma consideración a los cristianos que cometen ese error. Si confesamos nuestro pecado a Jehová, él nos perdonará a través de nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo (1 Juan 2:1, 2). Sin embargo, para seguir contando con el favor de Dios tenemos que demostrar que estamos arrepentidos. Eso implica evitar que ese pecado se convierta en una práctica y hacer lo posible por enmendar todo el daño que hayamos causado con nuestras palabras precipitadas (Prov. 6:2, 3). Claro está, es mucho mejor pensarlo dos veces antes de hacer promesas que luego no podamos cumplir (léase Eclesiastés 5:2).

w13 15/12 pág. 13 párr. 6 ¿Haremos sacrificios por el Reino?
6. ¿Qué dos cosas exigía Jehová de todo el que hacía sacrificios voluntarios, y cuánta importancia tenían estos requisitos?
6 En primer lugar, la persona tenía que dar lo mejor. Jehová solo aprobaba los sacrificios de animales sanos (Lev. 22:18-20). Por eso, si el animal tenía algún defecto, no lo consideraba un sacrificio aceptable. En segundo lugar, quien ofrecía el sacrificio tenía que estar limpio e incontaminado según la Ley. En caso de que estuviera contaminado, antes tenía que recuperar el favor de Dios llevándole una ofrenda por el pecado o una ofrenda por la culpa (Lev. 5:5, 6, 15). Era un asunto serio, pues la Ley castigaba con la muerte a la persona que estando contaminada comiera de un sacrificio de comunión, que podía ser una ofrenda voluntaria (Lev. 7:20, 21). Por el contrario, si estaba limpia a los ojos de Dios y su sacrificio no tenía defecto, podía regocijarse y disfrutar de una conciencia tranquila (lea 1 Crónicas 29:9).

w09 15/7 pág. 6 párrs. 14-15 Busquemos los tesoros “cuidadosamente ocultados” en Cristo
14, 15. a) ¿Para qué utilizaban los siervos de Dios de la antigüedad ovejas y otros animales? b) ¿Por qué es “el Cordero de Dios” un tesoro incomparable?
14 Jesús es “el Cordero de Dios” (Juan 1:29, 36). En tiempos bíblicos, un medio importante para acercarse a Dios y obtener su perdón era sacrificar ovejas. Por ejemplo, al ver que Abrahán estaba dispuesto a sacrificar a su hijo, Jehová le dijo que no le hiciera daño y le dio un carnero (es decir, una oveja macho) para que lo ofreciera en lugar de Isaac (Gén. 22:12, 13). Antes de ser liberados de Egipto, los israelitas usaron ovejas para celebrar “la pascua de Jehová” (Éxo. 12:1-13). Y más tarde se estableció en la Ley mosaica el sacrificio de ovejas y cabras, entre otros animales (Éxo. 29:38-42; Lev. 5:6, 7).
15 Sin embargo, ninguno de estos sacrificios —ni ningún otro efectuado por seres humanos— podía expiar de manera permanente los pecados ni librar de la muerte a nadie (Heb. 10:1-4). En cambio, Jesús es “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Por sí solo, este hecho convierte a Jesús en un tesoro superior a cualquier tesoro que se haya descubierto en la historia. Por eso debemos estudiar con detenimiento el tema del rescate y ejercer fe en ese maravilloso regalo. Si lo hacemos, tendremos la esperanza de recibir una gran recompensa: gloria y honra en el cielo con Jesucristo si somos miembros del “rebaño pequeño” o vida eterna en un paraíso terrestre si somos de las “otras ovejas” (Luc. 12:32; Juan 6:40, 47; 10:16).

w05 1/11 pág. 18 párr. 12 Jehová es nuestro Pastor
12. ¿Qué ejemplo de la Ley mosaica ilustra el hecho de que Jehová va al “paso” de sus ovejas?
12 Para ilustrar el hecho de que Jehová va al “paso” de sus ovejas cuando las guía, veamos lo que la Ley mosaica ordenaba con respecto a ciertas ofrendas por el pecado. Jehová quería buenas ofrendas motivadas por un corazón agradecido; al mismo tiempo, estas se clasificaban según la capacidad de quien las hacía. La Ley determinaba: “Si no tiene lo suficiente para una oveja, entonces tiene que traer [...] dos tórtolas o dos pichones”. ¿Y si ni siquiera le alcanzaba para dos pichones? Entonces podía presentar “flor de harina” (Levítico 5:7, 11). Como vemos, Dios no exigía nada que estuviera más allá de las posibilidades del que hacía la ofrenda. Puesto que él no cambia, nos conforta saber que nunca pide más de lo que podemos dar, sino que se complace en aceptar lo que está a nuestro alcance (Malaquías 3:6). ¡Qué placer más grande es ser conducidos por un Pastor tan comprensivo!

w13 15/6 págs. 15-16 párrs. 15-16 Jehová es generoso y razonable
15, 16. ¿Cómo reflejó la Ley mosaica que Jehová es razonable? (Vea la ilustración del principio.)
15 Examinemos otro ejemplo, esta vez tomado de la Ley mosaica, que muestra que Jehová es razonable. Si un israelita era muy pobre y no podía ofrecer en sacrificio una oveja o un cabrito, Jehová aceptaba dos tórtolas o dos pichones. Pero ¿y si era tan pobre que ni siquiera tenía para eso? En tal caso, le permitía ofrecer un poco de harina. Ahora bien, notemos este importante detalle: no podía ser cualquier harina, sino “flor de harina”, de la más selecta, como la que se servía a los invitados de honor (Gén. 18:6). ¿Por qué es esto importante? (Lea Levítico 5:7, 11.)
16 Imaginemos que somos israelitas bastante pobres. Al llegar al tabernáculo con un poco de harina para ofrecer, vemos que otros israelitas más pudientes traen ganado. Quizás nos podríamos sentir avergonzados por el escaso valor de nuestro sacrificio de harina. Pero entonces recordamos que nuestra ofrenda es valiosa a los ojos de Jehová. ¿Por qué? Porque él nos exige que la harina sea de alta calidad. Es como si dijera a los israelitas más pobres: “Comprendo que ustedes no pueden ofrecer tanto como otros, pero también sé que me están dando lo mejor que pueden darme”. Verdaderamente, Jehová demuestra lo razonable que es al tener en cuenta las limitaciones y circunstancias de sus siervos (Sal. 103:14).

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD-ROM

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