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Puntos Sobresalientes de Levítico 10, 11, 12, 13

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Puntos sobresalientes de la lectura de la Biblia: Levítico 10, 11, 12, 13


Capítulo 10


(Levítico 10:1, 2) w02 1/8 págs. 10-11
Sumisión leal a la autoridad divina
“¿También tienen que tratar de conseguir el sacerdocio?”
8. a) ¿Quién era Coré? b) ¿Qué hechos quizá lo indujeran a ver a los sacerdotes desde una óptica puramente humana?
8 Coré no era el cabeza de la casa paterna de Leví, como tampoco lo era de las familias de los qohatitas (Números 3:30, 32). No obstante, era un jefe respetado en Israel cuyos deberes tal vez lo pusieran en estrecho contacto con Aarón y sus hijos (Números 4:18, 19). Al ver por sí mismo las imperfecciones de estos hombres, puede que pensara: “¡Con lo imperfectos que son estos sacerdotes... y encima tengo que someterme a ellos! No hace mucho, Aarón fabricó un becerro de oro, y nuestro pueblo cayó en la idolatría por adorarlo. ¡Y ahora resulta que Aarón, el hermano de Moisés, es el sumo sacerdote! ¡Qué favoritismo! ¿Y Nadab y Abihú, los hijos de Aarón? Tanta falta de respeto mostraron por sus privilegios, que Jehová mismo les dio muerte” (Éxodo 32:1-5; Levítico 10:1, 2).* Sin importar cuáles fueran los pensamientos de Coré, está claro que comenzó a ver el sacerdocio desde una óptica humana, y eso lo indujo a rebelarse contra Moisés, contra Aarón y, en definitiva, contra Jehová (1 Samuel 15:23; Santiago 1:14, 15).
*Nota Eleazar e Itamar, los otros dos hijos de Aarón, sirvieron a Jehová de manera ejemplar (Levítico 10:6).

(Levítico 10:1, 2) w12 15/1 pág. 24
Ofrezcamos sacrificios a Jehová con toda nuestra alma
SACRIFICIOS AL ADORAR A DIOS
12. a) ¿Qué podemos ofrecerle a Jehová que es comparable al incienso que se quemaba en el altar? b) ¿Cómo debe influir en la calidad de nuestras oraciones el hecho de que la Biblia las compare a incienso?
12 El rey David cantó a Jehová: “Que mi oración esté preparada como incienso delante de ti” (Sal. 141:2). Pausemos un momento y reflexionemos: ¿Cómo es mi comunicación con Dios? ¿Es frecuente? ¿Es de calidad? El libro de Revelación muestra que Jehová acepta “las oraciones de los santos” como si fueran incienso, ya que se elevan ante él como un dulce aroma (Rev. 5:8). Recordemos que antes les había exigido a los israelitas que el incienso que quemaban a diario en el altar estuviera cuidadosamente elaborado, siguiendo una fórmula precisa. Si no se ajustaba a sus especificaciones, lo rechazaba (Éxo. 30:34-37; Lev. 10:1, 2). ¿Qué nos enseña lo anterior? Si queremos que Jehová acepte nuestras oraciones sinceras, tenemos que formularlas como él desea.

(Levítico 10:1, 2) w00 15/11 pág. 14
Los cristianos somos felices al prestar servicio
El servicio sagrado que es inaceptable
16. ¿Qué advertencias se hacen tocante al servicio sagrado?
16 El servicio sagrado de los antiguos israelitas tenía que conformarse a las leyes de Jehová (Éxodo 30:9; Levítico 10:1, 2). El nuestro también debe satisfacer algunos requisitos para que él lo acepte. Por esta razón escribió Pablo a los colosenses: “No hemos cesado de orar por ustedes y de pedir que se les llene del conocimiento exacto de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que anden de una manera digna de Jehová a fin de que le agraden plenamente mientras siguen llevando fruto en toda buena obra y aumentando en el conocimiento exacto de Dios” (Colosenses 1:9, 10). No nos compete a nosotros decidir cuál es la forma adecuada de adorar a Dios. Es imprescindible tener conocimiento exacto de las Escrituras, comprensión espiritual y sabiduría piadosa. De otro modo, nos exponemos a trágicas consecuencias.

(Levítico 10:1, 2) w04 15/5 pág. 22
Puntos sobresalientes del libro de Levítico
SE ESTABLECE UN SACERDOCIO SANTO
Respuestas a preguntas bíblicas:
10:1, 2. ¿Qué puede haber implicado el pecado de Nadab y Abihú, los hijos de Aarón?
Poco después de que Nadab y Abihú obraron impropiamente al efectuar sus deberes sacerdotales, Jehová prohibió a los sacerdotes que usaran vino o licor embriagante mientras servían en el tabernáculo (Levítico 10:9). Eso da a entender que los dos hijos de Aarón tal vez estaban bajo los efectos del alcohol durante la ocasión aquí mencionada. Sin embargo, la razón por la que murieron fue porque ofrecieron “fuego ilegítimo, que [Jehová] no les había prescrito”

(Levítico 10:1, 2) w04 15/5 pág. 22
SE ESTABLECE UN SACERDOCIO SANTO
Lecciones para nosotros:
10:1, 2. Hoy día, los siervos de Jehová responsables tienen que cumplir con los requisitos divinos. Además, no deben ser insolentes al encargarse de sus obligaciones.

(Levítico 10:1-6) w11 15/7 págs. 31-32
¿Ha entrado usted en el descanso de Dios?
Cuando un ser querido deja a Jehová
16, 17. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Aarón?
16 Aarón, el hermano de Moisés, se enfrentó a una situación parecida con dos de sus hijos, Nadab y Abihú. Jehová los castigó con la muerte por haber cometido la grave ofensa de ofrecerle incienso de forma impropia. ¡Qué doloroso debió de ser para su padre saber que nunca más volvería a verlos, hablarles ni estar con ellos! Pero eso no fue todo. Aarón y sus demás hijos recibieron la orden divina de evitar las muestras de duelo acostumbradas: “No vayan a dejar sus cabezas desaseadas, y no deben rasgar sus prendas de vestir, para que no mueran ustedes y para que no se indigne [Dios] contra toda la asamblea” (Lev. 10:1-6). De este episodio extraemos una clara lección: nuestro amor a Jehová siempre debe estar por encima de nuestro amor a un familiar, y más aún si no se arrepiente de sus pecados.
17 En la actualidad, Dios no ejecuta de inmediato a quienes violan sus leyes. En su gran amor, les concede la oportunidad de demostrar arrepentimiento. Claro, si un hijo es expulsado, es porque no ha aprovechado esta oportunidad. Por tanto, ¿qué sucedería si sus padres siguieran relacionándose con él innecesariamente? ¿No consideraría Jehová que lo están poniendo a prueba?

(Levítico 10:8, 9) w04 1/12 págs. 21-22
Una actitud equilibrada ante las bebidas alcohólicas
¿Cómo eludir los peligros?
15. ¿En qué ocasiones una sola copa pudiera ser demasiado?
15 En ocasiones hasta una sola copa pudiera ser demasiado. En vista del riesgo para el feto, la cristiana embarazada quizás decida no beber. ¿No sería también un buen gesto abstenerse del alcohol cuando estemos con alguien que ha tenido problemas de alcoholismo o que, por conciencia, no aprueba la bebida? Jehová mandó lo siguiente a los sacerdotes que oficiaban en el tabernáculo: “No beba[n] vino ni licor embriagante [...] cuando entren en la tienda de reunión, para que no mueran” (Levítico 10:8, 9). Por consiguiente, no tomemos bebidas alcohólicas justo antes de asistir a las reuniones cristianas, cuando participemos en el ministerio o cuando atendamos otras responsabilidades espirituales. Además, hemos de acatar las leyes de los países que prohíben consumir alcohol o que establecen una edad mínima para ello (Romanos 13:1).

(Levítico 10:8-11) w12 15/1 pág. 27
Reyes y sacerdotes que ayudan a toda la humanidad
LA PROMESA DE UN SACERDOCIO REAL
8. ¿Qué servicios proporcionan los sacerdotes nombrados por Dios?
8 La función obvia de un rey es gobernar. Pero ¿cuál es la de un sacerdote? Hebreos 5:1 lo explica: “Todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es nombrado a favor de los hombres sobre las cosas que tienen que ver con Dios, para que ofrezca dádivas y sacrificios por los pecados”. Por lo tanto, un sacerdote nombrado por Jehová representa a los pecadores ante Dios y suplica a favor de ellos mediante ofrendas prescritas. Y por otra parte, también representa a Jehová ante el pueblo, enseñándole la ley divina (Lev. 10:8-11; Mal. 2:7). Mediante sus servicios, los sacerdotes que reciben un nombramiento divino tratan de reconciliar a la gente con Dios.

(Levítico 10:9) w04 15/5 pág. 22
SE ESTABLECE UN SACERDOCIO SANTO
Lecciones para nosotros:
10:9. Nadie debe realizar deberes que le haya dado Dios si está bajo los efectos del alcohol.

(Levítico 10:11) w02 1/5 págs. 10-11
Jehová odia la traición
Sacerdotes reprensibles
5, 6. a) ¿Por qué eran especialmente reprensibles los sacerdotes? b) ¿Cómo expresa Jehová su desprecio hacia ellos?
5 ¿Por qué eran especialmente reprensibles los sacerdotes? El versículo 7 da una indicación clara: “Los labios de un sacerdote son los que deben guardar el conocimiento, y la ley es lo que la gente debe buscar de su boca; porque es el mensajero de Jehová de los ejércitos”. Más de mil años antes, las leyes divinas que se dieron a Israel mediante Moisés decían que los sacerdotes tenían la obligación de “enseñar a los hijos de Israel todas las disposiciones reglamentarias que Jehová les ha[bía] hablado” (Levítico 10:11). Lamentablemente, como más adelante informó el escritor de 2 Crónicas 15:3, “muchos fueron los días en que Israel había estado sin Dios verdadero y sin sacerdote que enseñara y sin Ley”.
6 La situación del sacerdocio en el día de Malaquías (siglo V a.E.C.) era la misma. No enseñaban la Ley de Dios al pueblo. Por eso, merecían que se les pidieran cuentas. Fijémonos en las fuertes palabras que Jehová pronuncia contra ellos, según Malaquías 2:3: “Ciertamente esparciré estiércol sobre sus rostros, el estiércol de sus fiestas”. ¡Qué castigo! El estiércol de los animales sacrificados tenía que sacarse fuera del campamento y quemarse (Levítico 16:27). Por eso, cuando Jehová les dice que esparciría el estiércol sobre sus rostros, indica claramente que despreciaba y rechazaba sus sacrificios y a quienes los ofrecían.

(Levítico 10:16-20) w11 15/2 pág. 12
Preguntas de los lectores
¿Por qué se indignó Moisés con Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón, después de la muerte de sus hermanos Nadab y Abihú, y cómo se aplacó la cólera del profeta? (Lev. 10:16-20.)
Poco después de establecer en su cargo a los sacerdotes que oficiarían en el tabernáculo, Jehová ejecutó a Nadab y Abihú, hijos de Aarón, por haberle ofrecido “fuego ilegítimo” (Lev. 10:1, 2). Moisés les prohibió a los otros dos hijos de Aarón, Eleazar e Itamar, que hicieran duelo por sus hermanos. No mucho después, se indignó con ellos porque no habían comido del macho cabrío que se dio como ofrenda por el pecado (Lev. 9:3). ¿Por qué reaccionó así?
La Ley que Jehová dio a Moisés mandaba que el sacerdote que presentara una ofrenda por el pecado comiera parte de ella en el patio de la tienda de reunión. Se consideraba que de este modo respondía por los pecados de quienes ofrecían el sacrificio. Sin embargo, no debía participar de la ofrenda si parte de la sangre del sacrificio se había llevado al Santo, el primer compartimento del santuario. En este caso, la ofrenda tenía que quemarse (Lev. 6:24-26, 30).
Debido a los trágicos sucesos que tuvieron lugar aquel día, parece que Moisés quiso asegurarse de que se hubieran obedecido todos los mandamientos divinos. Al enterarse de que se había quemado el macho cabrío de la ofrenda por el pecado, les preguntó indignado a Eleazar e Itamar por qué habían desobedecido las instrucciones y no habían comido parte del sacrificio, algo que debieron haber hecho en vista de que la sangre no se había presentado ante Jehová en el Santo (Lev. 10:17, 18).
Quien le respondió a Moisés fue Aarón, probablemente porque Eleazar e Itamar habían actuado así con su autorización. Como sus otros dos hijos habían sido ejecutados, puede que él se preguntara si ese día los sacerdotes podían participar con buena conciencia de la ofrenda por el pecado. Quizás pensó que a Jehová no le habría agradado que lo hicieran, aunque en realidad no eran culpables de la conducta de Nadab y Abihú (Lev. 10:19).
Lo más probable es que Aarón razonara que como aquel era el primer día en que los miembros de su familia desempeñaron sus labores sacerdotales, deberían haberlo hecho con especial cuidado para complacer a Dios hasta en los más mínimos detalles. Sin embargo, Nadab y Abihú profanaron el nombre de Jehová, lo que les acarreó la ira divina. Aarón debe haber concluido que los otros sacerdotes no podían participar de una ofrenda santa, pues eran familia de los culpables.
Está claro que Moisés aceptó la explicación de Aarón, pues el relato señala: “Cuando Moisés llegó a oír aquello, entonces resultó satisfactorio a sus ojos” (Lev. 10:20). Y, por lo visto, Jehová también quedó satisfecho con la respuesta de Aarón.

Capítulo 11


(Levítico 11:1-31) w05 15/4 pág. 11
Confiemos en la palabra de Jehová
La palabra de Jehová nos mantiene puros
7. ¿De qué manera dieron Daniel y otros tres jóvenes hebreos un buen ejemplo de cómo mantener la pureza espiritual?
7 “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud.” A pesar de ello y de que este mundo corrupto se encuentra bajo el control de Satanás, los jóvenes pueden llevar una vida limpia (Génesis 8:21; 1 Juan 5:19). Exiliados en Babilonia, Daniel y los tres hebreos se mantuvieron alerta conforme a la palabra de Dios. Por ejemplo, no quisieron “contaminarse con los manjares exquisitos del rey” (Daniel 1:6-10). Los babilonios comían animales inmundos, prohibidos por la Ley mosaica (Levítico 11:1-31; 20:24-26). Además, no solían desangrar los animales, por lo que comer su carne constituía una violación de la ley de Dios sobre la sangre (Génesis 9:3, 4). Con razón, los cuatro hebreos no probaron los manjares del rey. Aquellos jóvenes devotos mantuvieron su pureza espiritual y dieron un buen ejemplo.

(Levítico 11:4) w02 1/9 pág. 11
“Jamás ha hablado otro hombre así”
Gráficas hipérboles
14. ¿Por qué fue especialmente impactante la hipérbole de Jesús sobre colar el mosquito y engullir el camello?
14En otra ocasión, Jesús acusó a los fariseos de ser “guías ciegos, que cuelan el mosquito pero engullen el camello” (Mateo 23:24). Esta hipérbole fue especialmente impactante. ¿Por qué razón? La diferencia entre un diminuto mosquito y un camello, uno de los animales más grandes que conocían los oyentes de Jesús, era abismal: se calcula que harían falta setenta millones de mosquitos para igualar el peso medio de un camello. Además, Jesús sabía que los fariseos colaban el vino con un colador de tela. Aquellos fanáticos de las reglas lo hacían para no tragarse un mosquito y así llegar a estar inmundos en sentido ceremonial. No obstante, en sentido figurado engullían el camello, que también era inmundo (Levítico 11:4, 21-24). La lección era clara. Los fariseos cumplían escrupulosamente hasta el más mínimo requisito de la Ley, pero desatendían lo más importante: “la justicia y la misericordia y la fidelidad” (Mateo 23:23). ¡Con cuánta claridad puso Jesús al descubierto lo que en realidad eran!

(Levítico 11:7) w04 1/9 págs. 8-9
Glorifiquemos a Dios “con una sola boca”
“Recíbanse con gusto unos a otros”
5, 6. ¿Por qué había diferencias de criterio en la congregación de Roma?
5 En su carta a los Romanos, Pablo trata una situación sobre la que existían discrepancias. Leamos sus palabras: “Un hombre tiene fe para comer de todo, pero el que es débil come legumbres”. ¿Por qué sucedía tal cosa? Pues bien, la Ley mosaica prohibía comer cerdo (Romanos 14:2; Levítico 11:7). Sin embargo, tras la muerte de Jesús, dicha Ley quedó abolida (Efesios 2:15). Tres años y medio después de morir Jesús, un ángel manifestó al apóstol Pedro el criterio divino: ningún alimento debía considerarse contaminado (Hechos 11:7-12). De modo que algunos cristianos judíos, teniendo en cuenta estos factores, quizá pensaran que era permisible consumir carne de cerdo u otros alimentos prohibidos por la Ley.
6 Ahora bien, es posible que la sola idea de consumir aquellos alimentos anteriormente inmundos les pareciera repulsiva a otros cristianos judíos más sensibles, los cuales quizá se escandalizaran de modo instintivo al ver a sus hermanos de origen judío comiéndolos. Por otra parte, algunos cristianos gentiles, cuya formación religiosa probablemente jamás les había impuesto restricciones dietéticas, tal vez se extrañaran de que alguien hiciera de la comida un motivo de polémica. Claro, no había nada malo en abstenerse de ciertos alimentos, siempre y cuando no se insistiera en que tal abstinencia fuera necesaria para obtener la salvación. Con todo, los distintos criterios podían con facilidad avivar la controversia en el seno de la congregación. Los cristianos de Roma debían tener cuidado para que tales diferencias no les impidieran glorificar a Dios “con una sola boca”.

(Levítico 11:24) w04 15/6 pág. 19
Aceptemos la guía del Dios vivo
3. ¿Por qué podemos confiar en la guía de Dios?
3 El hecho de que Dios se interese por nuestra vida nos da base para confiar en su guía (Salmo 147:8; Mateo 5:45). Tal vez haya quienes no opinen así cuando encuentran en la Biblia un mandato que no entienden o que parece restrictivo. Sin embargo, confiar en la guía de Jehová siempre ha sido el proceder más sensato. Para ilustrarlo: aunque un israelita no comprendiera por qué se había dado la ley que prohibía tocar un cuerpo muerto, obedecerla lo beneficiaba. En primer lugar, lo acercaba más al Dios vivo, y en segundo lugar, lo ayudaba a evitar enfermedades (Levítico 5:2; 11:24).

(Levítico 11:28) w06 15/10 págs. 12-13
¿Es el baño ritual judío precursor del bautismo?
La Ley y las tradiciones sobre la limpieza
La Ley mosaica subrayaba la importancia de que el pueblo de Dios fuera limpio tanto espiritual como físicamente. Los israelitas incurrían en varias formas de inmundicia de las que habían de purificarse bañándose y lavando su ropa (Levítico 11:28; 14:1-9; 15:1-31; Deuteronomio 23:10, 11).

(Levítico 11:32) w09 15/8 pág. 22
“Manténganse en el amor de Dios”
Luchemos por mantenernos limpios y puros a los ojos de Jehová
19. ¿Por qué es tan importante la limpieza?
19 Los cristianos debemos mantenernos limpios y puros en todo aspecto de nuestra vida. Jehová explicó a los antiguos israelitas que la limpieza era fundamental (Lev. 15:31). Así, la Ley mosaica hablaba de asuntos como la eliminación de desechos, la limpieza de vasijas y el lavado de las manos, los pies y la ropa (Éxo. 30:17-21; Lev. 11:32; Núm. 19:17-20; Deu. 23:13, 14). Esta ley le recordó a la nación de Israel que su Dios, Jehová, es santo, o lo que es lo mismo, limpio, puro y sagrado. Los siervos de un Dios tan santo también tenemos que ser santos (léase Levítico 11:44, 45).

(Levítico 11:39) w11 1/6 pág. 18
¿Lo sabía?
¿Tiene alguna relevancia que el apóstol Pedro se alojara en casa de un curtidor antes de visitar a Cornelio?
El relato del libro de Hechos cuenta que Pedro permaneció “bastantes días [...] en Jope con cierto Simón, curtidor”, cuya casa estaba “junto al mar” (Hechos 9:43; 10:6). Los judíos consideraban inmundo y degradante el oficio de curtidor; de hecho, el Talmud lo consideraba peor que quien se dedicaba a recoger excrementos de perro. Por su trabajo, Simón tenía contacto diario con cadáveres de animales, lo que lo convertía en una persona inmunda ceremonialmente hablando (Levítico 5:2; 11:39). Según diversas fuentes, es muy probable que utilizara agua marina en sus tareas y que, debido a “lo maloliente del proceso”, su negocio estuviese situado a las afueras de la ciudad.
Pese a todo, Pedro no tuvo reparos en alojarse con Simón. Esta acción indica que tal vez había aprendido a rechazar, a imitación de Jesús, los prejuicios de los judíos contra la gente que consideraban inmunda (Mateo 9:11; Lucas 7:36-50).

(Levítico 11:40) w05 1/7 pág. 27
Preguntas de los lectores
Deuteronomio 14:21 dice: “No deben comer ningún cuerpo ya muerto”. ¿Es una contradicción de lo que dice Levítico 11:40: “El que coma de su cuerpo muerto lavará sus prendas de vestir, y tiene que ser inmundo hasta el atardecer”?
No hay ninguna contradicción entre estos dos versículos. El primer texto es una repetición de la prohibición de comer un animal que se haya encontrado muerto, quizás porque haya sido atacado por fieras (Éxodo 22:31; Levítico 22:8). El segundo explica lo que pudiera haber hecho el israelita que violara esa prohibición, tal vez sin darse cuenta.
El que la Ley prohibiera algo no significa que dicha prohibición no se pasara por alto alguna vez. Por ejemplo, había leyes contra el robo, el asesinato, el que se diera un falso testimonio y así por el estilo. Al mismo tiempo, se imponían penas por desobedecer esas leyes divinas, y dichas sanciones reforzaban las leyes y demostraban su seriedad.
La persona que pasara por alto la prohibición de comer la carne de un animal que fuera encontrado muerto sería inmunda a los ojos de Jehová y tendría que someterse al debido procedimiento de limpieza. Si no se limpiaba apropiadamente, tenía que “responder por su error” (Levítico 17:15, 16).

(Levítico 11:44) w02 1/2 págs. 21
¿Ha recibido usted “el espíritu de la verdad”?
El espíritu y las otras ovejas
11, 12. a) ¿Cómo es que los ungidos están santificados en un sentido muy especial? b) ¿De qué manera se santifica a las otras ovejas?
11 Las otras ovejas también tienen que permitir que la Palabra de Dios y Su espíritu santo las purifique o santifique. Los ungidos ya están santificados en un sentido muy especial, pues han sido declarados justos y santos como la novia de Cristo (Juan 17:17; 1 Corintios 6:11; Efesios 5:23-27). El profeta Daniel dice que son “los santos del Supremo”, que reciben el Reino bajo el “hijo del hombre”, Cristo Jesús (Daniel 7:13, 14, 18, 27). Con anterioridad, Jehová había dicho lo siguiente a la nación de Israel mediante Moisés y Aarón: “Yo soy Jehová su Dios; y ustedes tienen que santificarse y tienen que resultar santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44).
12 El sustantivo santificación significa fundamentalmente “acto o proceso de santificar o poner aparte para el servicio o uso de Jehová Dios”. Y a la cualidad o estado de santo, santificado o purificado se la denomina santidad. Ya en 1939 (1938 en inglés), la revista La Torre del Vigía dijo que los de la clase Jonadab, u otras ovejas, “tienen que enterarse de que la consagración [dedicación] y la santificación se requieren de cada uno [de los] que lleg[uen] a ser parte de la grande muchedumbre y viv[an] en la tierra”. En la visión de la gran muchedumbre anotada en el libro de Apocalipsis, se dice que sus componentes “han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” y que “están rindiendo servicio sagrado [a Jehová] día y noche en su templo” (Revelación 7:9, 14, 15). Con la ayuda del espíritu santo, las otras ovejas hacen todo lo posible por estar a la altura de los requisitos de santidad de Jehová (2 Corintios 7:1).

(Levítico 11:44) w12 15/1 pág. 22
Ofrezcamos sacrificios a Jehová con toda nuestra alma
IMPLICACIONES EN NUESTRA VIDA
7. ¿Qué implica la dedicación cristiana?
7 Cuando dedicamos nuestra vida a Jehová, lo hicimos sin reservas. En otras palabras, le prometimos ponerlo a él en primer lugar al enfrentarnos a cualquier situación (léase Hebreos 10:7). Sin duda, fue la mejor opción que pudimos tomar. Y de seguro hemos visto que si nos esforzamos por determinar qué desea Dios que hagamos en cada situación y luego lo llevamos a la práctica, los resultados son siempre excelentes (Isa. 48:17, 18). Somos un pueblo santo y alegre porque reflejamos las cualidades de nuestro divino Instructor (Lev. 11:44; 1 Tim. 1:11).

(Levítico 11:44, 45) w02 1/6 págs. 18-19
Un pueblo purificado para efectuar obras excelentes
1. ¿Qué exige Jehová de todos los que lo adoran?
“¿QUIÉN puede ascender a la montaña de Jehová, y quién puede levantarse en su lugar santo?” El rey David del antiguo Israel planteó esta pregunta, que induce a la reflexión, sobre la adoración que Jehová acepta. Luego dio la respuesta: “El inocente de manos y limpio de corazón, que no haya llevado mi alma a pura indignidad, ni prestado juramento engañosamente” (Salmo 24:3, 4). Para que nos acepte Jehová, la personificación de la santidad, debemos ser limpios y santos. Jehová había recordado con anterioridad a la congregación de Israel: “Ustedes tienen que santificarse y tienen que resultar santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44, 45; 19:2).

(Levítico 11:45) w04 15/5 pág .23
Puntos sobresalientes del libro de Levítico
LA ADORACIÓN SANTA EXIGE LIMPIEZA
Lecciones para nosotros:
11:45. Jehová Dios es santo y exige que quienes le rinden servicio sagrado sean santos. Deben vivir con santidad y permanecer física y espiritualmente limpios (2 Corintios 7:1; 1 Pedro 1:15, 16).

Capítulo 12


w02 1/6 pág. 19
Un pueblo purificado para efectuar obras excelentes
Limpios para la adoración verdadera
5. ¿Hasta qué grado regulaba la Ley mosaica la limpieza en la vida de los israelitas?
5 La Ley mosaica contenía normas y reglas sobre prácticamente todo aspecto de la vida de los israelitas, y exponía lo que era limpio y aceptable, y lo que no lo era. Por ejemplo, en los capítulos 11 a 15 de Levítico encontramos instrucciones detalladas relativas a la limpieza y la inmundicia. Ciertos animales eran inmundos, y los israelitas no debían comerlos. El parto hacía inmunda a la mujer durante cierto tiempo. Algunas enfermedades de la piel, particularmente la lepra, y los flujos de los órganos sexuales tanto masculinos como femeninos también hacían inmunda a la persona. La Ley especificaba asimismo lo que debía hacerse en situaciones de inmundicia. Por ejemplo, en Números 5:2 leemos: “Manda a los hijos de Israel que envíen fuera del campamento a toda persona leprosa y a todo el que tenga flujo y a todo el que se haya hecho inmundo por un alma difunta”.

(Levítico 12:1-6) w06 1/6 pág. 31
Preguntas de los lectores
¿Por qué bajo la Ley mosaica se consideraba que ciertas funciones sexuales naturales hacían “inmunda” a la persona?
Dios creó el sexo tanto para la reproducción de la raza humana como para el disfrute de las parejas casadas (Génesis 1:28; Proverbios 5:15-18). No obstante, en los capítulos 12 a 15 de Levítico encontramos leyes detalladas respecto a la inmundicia atribuible a las emisiones de semen, la menstruación y el parto (Levítico 12:1-6; 15:16-24). Dichas leyes, que se dieron al antiguo Israel, fomentaban un estilo de vida saludable y defendían valores morales elevados. Además, enfatizaban la santidad de la sangre y la necesidad de expiar los pecados.
Los requisitos de la Ley mosaica respecto a las funciones sexuales mejoraron, entre otras cosas, la salud general de la comunidad israelita. El libro The Bible and Modern Medicine afirma: “La observancia del período prescrito de abstinencia durante el ciclo menstrual resultó una eficaz medida preventiva contra ciertas enfermedades sexuales [...] y una verdadera barrera contra la formación y desarrollo de tumores cervicales malignos”. Aquellas leyes protegieron al pueblo de Dios de enfermedades que desconocían o que entonces no podían detectarse. Los buenos hábitos de higiene sexual incrementaron la fertilidad de una nación que Dios había bendecido con la promesa de aumento y prosperidad (Génesis 15:5; 22:17). La obediencia a tales disposiciones también contribuía a la salud emocional del pueblo de Jehová, pues los cónyuges aprendían a controlar la pasión sexual.
No obstante, la cuestión fundamental en los tipos de inmundicia relacionados con las funciones sexuales era el flujo o pérdida de sangre. Las leyes de Jehová respecto a la sangre grababan en la mente de los israelitas no solo la santidad de esta, sino también el lugar especial que ocupaba en la adoración de Jehová, a saber, en los sacrificios y en la expiación de pecados (Levítico 17:11; Deuteronomio 12:23, 24, 27).
Por lo tanto, los requisitos detallados de la Ley a este respecto se hallan estrechamente relacionados con la imperfección humana. Los israelitas sabían que Adán y Eva, tras su pecado, no pudieron tener hijos perfectos. Todos sus descendientes sufren los efectos del pecado heredado, que son la imperfección y la muerte (Romanos 5:12). Por ello, a pesar de que los órganos reproductores fueron diseñados para transmitir vida humana perfecta dentro del matrimonio, los padres solo pueden transmitir imperfección y pecado.
Por consiguiente, los requisitos de purificación de la Ley sirvieron para recordar a los israelitas no solo su condición pecaminosa hereditaria, sino también la necesidad de un sacrificio de rescate para expiar los pecados y recuperar la perfección humana. Es obvio que los sacrificios animales que ofrecían no lograron dicho objetivo (Hebreos 10:3, 4). El propósito de la Ley mosaica fue conducirlos a Cristo y ayudarlos a comprender que solo era posible lograr el verdadero perdón mediante el sacrificio humano perfecto de Jesús, que abrió el camino a la vida eterna para los fieles (Gálatas 3:24; Hebreos 9:13, 14).

(Levítico 12:1-8) w12 15/1 pág. 17
Lecciones que aprendemos de “la armazón [...] de la verdad”
SOMBRAS DEL SACRIFICIO DE JESÚS
4, 5. a) ¿Qué les recordaba la Ley mosaica a los siervos de Jehová? b) ¿Qué prefiguraban los sacrificios que ordenaba la Ley de Dios?
4 En la Ley, los judíos de la antigüedad encontraban a cada paso indicaciones de que eran pecadores. Sirva como muestra la regla de purificarse después de tocar un muerto. Al tercer y al séptimo día de haber estado en contacto con él, la persona impura tenía que ser rociada con “agua de limpieza” ceremonial, la cual se elaboraba degollando una vaca roja sana, quemándola y disolviendo sus cenizas (Núm. 19:1-13). Otra norma semejante exigía que las parturientas guardaran un período de impureza y luego ofrecieran un sacrificio de expiación. Así se recordaba que los seres humanos transmiten en la reproducción el pecado y la muerte (Lev. 12:1-8).
5 En la vida diaria había muchas otras situaciones que requerían que los siervos de Jehová sacrificaran animales para expiar los pecados. Sea que se dieran cuenta o no, tales ofrendas —que con el tiempo llegaron a realizarse en el templo— eran una “sombra”, o modelo, que prefiguraba el sacrificio perfecto de Jesús (Heb. 10:1-10).

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Puntos sobresalientes del libro de Levítico
LA ADORACIÓN SANTA EXIGE LIMPIEZA
Respuestas a preguntas bíblicas:
12:2, 5. ¿Por qué se volvía “inmunda” la mujer como resultado del parto? Los órganos reproductivos fueron hechos para transmitir vida humana perfecta. No obstante, en vista de los efectos heredados del pecado, lo que se transmitió fue vida imperfecta y pecaminosa. Los períodos temporales de ‘inmundicia’ relacionados con el parto, así como la menstruación y las emisiones seminales, recordaban esta herencia pecaminosa (Levítico 15:16-24; Salmo 51:5; Romanos 5:12). Las disposiciones reglamentarias de purificación ayudaban a los israelitas a comprender la necesidad de un sacrificio redentor para cubrir el pecado de la humanidad y devolverle la perfección. Por eso, la Ley llegó a ser su “tutor que [los condujo] a Cristo” (Gálatas 3:24).

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Qué podemos aprender de la familia humana de Jesús
Qué podemos aprender de la familia humana de Jesús
¿QUÉ nos dicen los Evangelios acerca de los familiares más cercanos de Jesús, aquellos con los que vivió durante los primeros treinta años de su vida en la Tierra hasta su bautismo? ¿Qué podemos aprender al estudiar mejor a su familia?
Las respuestas a estas preguntas nos serán de provecho.
¿Nació Jesús en una familia de buena posición? Su padre adoptivo, José, se dedicaba a la carpintería, un trabajo agotador, pues frecuentemente incluía talar árboles para conseguir la madera. Unos cuarenta días después del nacimiento de Jesús, sus padres fueron a Jerusalén, donde presentaron el sacrificio prescrito por la Ley. ¿Ofrecieron un carnero junto con una tórtola o un pichón, como estipulaba la Ley? No, al parecer no disponían de los medios necesarios para presentar tales ofrendas. Sin embargo, la Ley contemplaba la situación de los pobres, lo que permitió que José y María ofrecieran “un par de tórtolas o dos pichones”. El hecho de que ofrendaran animales menos costosos prueba que era una familia de escasos recursos (Lucas 2:22-24; Levítico 12:6, 8).
Es obvio que Jesucristo, el futuro Gobernante de toda la humanidad, se crió entre la gente humilde, la que tenía que trabajar arduamente para obtener lo necesario. De hecho, él llegó a ser carpintero, como su padre adoptivo (Mateo 13:55; Marcos 6:3). “Aunque [Jesús] era rico” cuando existía como una poderosa criatura espiritual en el cielo, la Biblia dice que “se hizo pobre” por nuestra causa. Tomó una posición inferior como ser humano y creció en una familia común y corriente (2 Corintios 8:9; Filipenses 2:5-9; Hebreos 2:9). Jesús no nació en una familia acomodada, lo cual seguramente contribuyó a que mucha gente se identificara con él. Tampoco tenía un nivel ni una posición que llamara la atención, así que las personas lo valoraban por sus enseñanzas, sus atractivas cualidades y sus obras maravillosas (Mateo 7:28, 29; 9:19-33; 11:28, 29). Se hace patente la sabiduría de Jehová Dios al permitir que su Hijo naciera en el seno de una familia común.

(Levítico 12:6-8) w08 1/1 pág. 31
¿Lo sabía?
¿Cuándo visitaron los astrólogos a Jesús?
En el Evangelio de Mateo se nos dice que unos “astrólogos de las partes orientales” visitaron a Jesús y le llevaron regalos (Mateo 2:1-12; nota). No se indica cuántos de estos astrólogos, o sabios (también conocidos como “magos”), visitaron a Jesús. Por consiguiente, carece de fundamento la creencia tradicional de que eran tres. Lo que es más, sus nombres ni siquiera aparecen en el relato bíblico.
La Biblia de Estudio de la NVI (Nueva Versión Internacional) hace el siguiente comentario sobre Mateo 2:11: “En contra de lo que muchos piensan, los sabios no estaban con los pastores en el pesebre la noche en que nació Jesús. Llegaron algunos meses después y lo visitaron en la ‘casa’”. Esto queda confirmado por el hecho de que Herodes, en su afán por eliminar a Jesús, ordenó matar a todos los niños de dos años de edad o menos que vivían en Belén y sus distritos. Fijó esa edad basándose en los cálculos que hizo “conforme al tiempo que había averiguado cuidadosamente de los astrólogos” (Mateo 2:16).
Si los astrólogos hubieran visitado a Jesús la noche de su nacimiento y le hubieran traído oro y otros regalos valiosos, no es probable que María hubiera ofrecido solo dos pájaros cuando presentó a Jesús en el templo de Jerusalén cuarenta días después (Lucas 2:22-24). Esa era la ofrenda que estipulaba la Ley para los pobres que no disponían de recursos para presentar un carnero joven (Levítico 12:6-8). Ahora bien, es posible que los valiosos regalos de los astrólogos hayan sido oportunos y contribuyeran a costear la estancia de la familia de Jesús en Egipto (Mateo 2:13-15).

(Levítico 12:6-8) w00 15/2 pág. 12
Conozcamos “la mente de Cristo”
Vida e influencias en la Tierra
9. a) ¿Qué indica que Jesús nació en el seno de una familia pobre? b) ¿En qué circunstancias probablemente se crió Jesús?
9 Jesús nació en el seno de una familia pobre, a juzgar por la ofrenda que aportaron al templo José y María unos cuarenta días después de su nacimiento. En vez de llevar un carnero joven como ofrenda quemada y una paloma o tórtola joven como ofrenda por el pecado, presentaron “un par de tórtolas o dos pichones” (Lucas 2:24). Según la Ley mosaica, dicha ofrenda era una provisión para los pobres (Levítico 12:6-8). Con el tiempo, esta humilde familia aumentó. José y María tuvieron al menos otros seis hijos por medios naturales después del nacimiento milagroso de Jesús (Mateo 13:55, 56). De modo que Jesús se crió en una familia grande, probablemente en circunstancias modestas.

(Levítico 12:8) w09 1/9 pág. 4
¿Qué riquezas promete Dios?
¿BENDICE Jehová con riquezas a sus siervos fieles?
Es posible: todo depende de la clase de riquezas en que uno esté pensando. El caso de María, la madre de Jesús, sirve para aclarar este punto. Cuando el ángel Gabriel se le apareció para anunciarle que daría a luz al Hijo de Dios, la llamó “altamente favorecida” (Lucas 1:28, 30-32). Sin embargo, ella no era una persona rica. Lo sabemos porque, cuando fue al templo poco después de nacer Jesús, ofreció el sacrificio que la Ley estipulaba para los pobres, a saber, “un par de tórtolas o dos pichones” (Lucas 2:24; Levítico 12:8).

(Levítico 12:8) w02 15/12 págs. 5-7
¿Qué nos enseña el nacimiento de Jesús?
Los padres que Dios escogió
¿Qué se puede decir del esposo de María, quien se convertiría en padre adoptivo de Jesús? José era un hombre con conocimientos prácticos de carpintería. Su disposición a trabajar arduamente con sus propias manos le permitió satisfacer las necesidades de una familia que llegó a contar con cinco hijos y al menos dos hijas (Mateo 13:55, 56). José no era rico. Llegado el momento de que María presentara a su primogénito en el templo de Dios, a José debió de dolerle no poder ofrecer el sacrificio de una oveja. En su lugar, tuvo que acogerse a la concesión que se hacía a los pobres. Con respecto a la madre de un hijo recién nacido, la ley de Dios especificaba: “Si no tiene lo suficiente para una oveja, entonces tiene que tomar dos tórtolas o dos pichones, uno para una ofrenda quemada y uno para una ofrenda por el pecado, y el sacerdote tiene que hacer expiación por ella, y ella tiene que ser limpia” (Levítico 12:8; Lucas 2:22-24).

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Puntos sobresalientes del libro de Levítico
LA ADORACIÓN SANTA EXIGE LIMPIEZA
Respuestas a preguntas bíblicas:
12:2, 5. ¿Por qué se volvía “inmunda” la mujer como resultado del parto?
Los órganos reproductivos fueron hechos para transmitir vida humana perfecta. No obstante, en vista de los efectos heredados del pecado, lo que se transmitió fue vida imperfecta y pecaminosa. Los períodos temporales de ‘inmundicia’ relacionados con el parto, así como la menstruación y las emisiones seminales, recordaban esta herencia pecaminosa (Levítico 15:16-24; Salmo 51:5; Romanos 5:12). Las disposiciones reglamentarias de purificación ayudaban a los israelitas a comprender la necesidad de un sacrificio redentor para cubrir el pecado de la humanidad y devolverle la perfección. Por eso, la Ley llegó a ser su “tutor que [los condujo] a Cristo” (Gálatas 3:24).

Lecciones para nosotros:
12:8. Jehová permitía que los pobres presentaran como ofrenda de sacrificio pájaros en lugar de una oveja, que era más costosa, lo que demuestra que él es considerado con los pobres.

Capítulo 13


(Levítico 13:1-8) w12 1/6 pág. 6
Consejos médicos acertados
EJEMPLOS:
La Ley mosaica ordenaba a los israelitas cavar un hoyo “fuera del campamento” para hacer sus necesidades (Deuteronomio 23:12, 13). Además, les mandaba lavarse con agua tras tocar el cadáver de un animal o de una persona (Levítico 11:27, 28; Números 19:13, 19). Y también les exigía aislar a los enfermos de lepra hasta que se confirmara mediante un examen físico que habían dejado de ser contagiosos (Levítico 13:1-8).

(Levítico 13:43-46) w08 15/8 pág. 15
Honremos a Jehová actuando con dignidad
Jesús refleja la dignidad de Dios a la perfección
14. ¿Cómo se consideraba a los leprosos en Israel?
14 En la antigüedad, las personas que padecían lepra a menudo sufrían una muerte lenta y desgarradora. La enfermedad se iba extendiendo poco a poco por todo el cuerpo, y su cura era tan improbable como la resurrección de un muerto (Núm. 12:12; 2 Rey. 5:7, 14). A los leprosos se les consideraba inmundos y se les marginaba. Cuando se acercaban a la gente, tenían que gritar: “¡Inmundo, inmundo!” (Lev. 13:43-46). Para la sociedad judía, habían dejado de existir. Según ciertos documentos rabínicos, tenían que mantenerse por lo menos a unos dos metros (seis pies) de la gente. Se dice que al ver aparecer a un leproso a lo lejos, cierto líder religioso le arrojó piedras para que no se acercara.

(Levítico 13:45) w06 1/8 págs. 5-6
La dignidad humana: un derecho que todos respetarán
Jesús reconoce la dignidad humana
Durante su vida en la Tierra, el Hijo de Dios, Jesucristo, demostró que le importaba la dignidad de las personas. Por poner un caso, en Galilea se le acercó un hombre muy afectado de lepra. A fin de evitar los contagios, la Ley mosaica exigía que los leprosos fueran gritando a su paso: “¡Inmundo, inmundo!” (Levítico 13:45). Sin embargo, este enfermo no dio el debido aviso cuando se aproximaba a Jesús, sino que, inclinándose rostro a tierra, le suplicó: “Señor, si tan solo quieres, puedes limpiarme” (Lucas 5:12). ¿Qué hizo Jesús? No censuró al leproso por violar la Ley. Tampoco lo evitó ni hizo como si no existiera. Por el contrario, respetó su dignidad al tocarlo y decirle: “Quiero. Sé limpio” (Lucas 5:13).
En otras ocasiones, Jesús demostró que era capaz de curar a la gente sin recurrir al contacto físico, incluso desde lejos. Sin embargo, en el caso que estamos analizando decidió tocar al enfermo (Mateo 15:21-28; Marcos 10:51, 52; Lucas 7:1-10). Dado que aquel pobre hombre estaba “lleno de lepra”, seguramente llevaba años sin que nadie lo tocara. Por eso, ¡cuánto tiene que haberle reconfortado el gesto de Jesús! Sin duda, se habría dado por satisfecho con que lo curara. Pero la manera como Jesús lo hizo no solo le restableció su salud, sino también su dignidad. ¿Cabe esperar que en la sociedad actual alguien se preocupe tanto por la dignidad de sus semejantes? De ser así, ¿cómo se evidencia tal interés?

(Levítico 13:47-52) w09 1/2 pág. 19
¿Lo sabía?
¿Es la lepra que conocemos hoy la misma que se menciona en la Biblia?
Hoy día, el término lepra se aplica a una enfermedad infecciosa. La bacteria que la provoca (Mycobacterium leprae) fue identificada por el doctor Gerhard Hansen en 1873. Desde entonces se ha descubierto que puede sobrevivir hasta nueve días fuera del cuerpo en las secreciones nasales y que se puede contagiar por contacto con los enfermos y, tal vez, hasta con ropa contaminada. Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2007 se informaron más de doscientos veinte mil nuevos casos en el mundo.
Sin duda, la lepra ya existía en Oriente Medio en tiempos bíblicos, pues la Ley mosaica ordenaba poner en cuarentena a los leprosos (Levítico 13:4, 5). Ahora bien, el término hebreo original que se traduce “lepra” (tsa•ra′ʽath) no solo se aplicaba a esta enfermedad. También se utilizaba para referirse a una “plaga verde amarillenta o rojiza” que afectaba la ropa y los edificios. Cuando aparecía en una prenda de lana o de lino o en un objeto de piel, a veces bastaba con lavarlos para eliminarla. Pero si la plaga no desaparecía, había que quemar la prenda o el objeto (Levítico 13:47-52). En las casas, la plaga aparecía en las paredes en forma de “depresiones verdes amarillentas o rojizas”. En este caso, había que quitar la parte infectada y mantenerla alejada de la gente. Si la lepra reaparecía, se demolía el edificio y se destruían los materiales (Levítico 14:33-45). Hay quienes creen que la lepra que afectaba la ropa y las casas era lo que hoy se conoce como mildiu o moho. Sin embargo, no se puede afirmar con toda seguridad.

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Lecciones que aprendemos de “la armazón [...] de la verdad”
EL ESPÍRITU CON QUE DEBÍAN HACERSE LOS SACRIFICIOS
11, 12. a) ¿En qué consistían los sacrificios de comunión? b) ¿Qué aprendemos los cristianos de los sacrificios de comunión?
11 La Ley mosaica también estipulaba que los fieles hicieran sacrificios de comunión como muestra de que estaban en paz con Jehová. Tanto ellos como sus familias comían la carne de los animales, a menudo en los comedores del templo. También recibían porciones el sacerdote que oficiaba y los demás que se hallaban de servicio (Lev. 3:1, nota; 7:31-33). Lo único que se pretendía con estos sacrificios era gozar de una buena relación con Dios. Era como si el adorador, su familia, los sacerdotes y Jehová celebraran un banquete juntos y en paz.
12 ¿Podía haber un mayor privilegio que, por decirlo así, invitar a Jehová a una comida y que él aceptara? Como es lógico, quienes fueran los anfitriones querrían ofrecerle lo mejor a tan ilustre huésped. Los sacrificios de comunión, como parte de la armazón de la verdad que hallamos en la Ley, apuntaban a una realidad mayor: gracias al sacrificio de Jesús, todos los seres humanos tienen la oportunidad de entrar en una relación pacífica con su Creador. En la actualidad, quienes le sacrifican a Dios de buena gana sus energías y recursos disfrutan de una estrecha amistad con él.

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD-ROM

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