El viento y el Sol - Para Educar Valores Nuevas Parábolas

Parabolas e Ilustraciones sobre valores y convivencia

Indice de parabolas e Ilustraciones sobre valores y convivencia

Hace muchísimos años, cuando todas las cosas tenían vida e incluso hablaban, el sol y el viento se pusieron a discutir sobre cuál de los dos era más fuerte.
La discusión fue subiendo de tono, pues cada uno de ellos estaba super convencido de su superior fortaleza. Estando en plena pelea, vieron que, debajo de ellos, caminaba plácidamente un hombre y decidieron probar con él sus fuerzas.
-Vas a ver cómo me lanzo contra él –dijo el viento-, y le quito el abrigo.
Dicho esto, el viento comenzó a soplar con todas sus fuerzas. El hombre, al sentir contra su cuerpo los manotazos del viento, dobló los brazos sobre el abrigo para protegerse mejor y se alejó apresuradamente maldiciendo.
El viento se encolerizó más todavía y trajo una fuerte lluvia contra el hombre que, en vez de soltar el abrigo, trataba de cubrirse con él lo mejor que podía.
Después, el viento descargó contra él una inclemente nevada y lo único que logró fue que el hombre se acurrucara más y más debajo de su abrigo.
-Nadie le puede quitar el abrigo –dijo el viento con despecho.
-Eso lo veremos ahora –dijo el sol calmadamente, y sacando su mejor sonrisa entre dos nubes doradas, comenzó a brillar cada vez más y a lanzar mansamente a la tierra su aliento. El hombre comenzó a sentir calor y a sudar, se desabrochó el abrigo y, al rato, se lo quitó.
-Acabas de ver cómo te he vencido –le dijo el sol al viento-. Yo he logrado con suavidad lo que tú no pudiste con toda tu violencia.

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Un hombre vio que una mariposa luchaba por salir de su capullo. Para su gusto, lo hacía con demasiada lentitud y, queriendo ayudarla, comenzó a soplarle suavemente. El calor de su aliento aceleró ciertamente el proceso. Pero lo que salió de allí no fue la espléndida mariposa que esperaba, sino una pobre criatura con las alas destrozadas.
(Scott Reeves).
Más puede una caricia que un grito, una ofensa, una bofetada. El amor es mucho más fuerte que la violencia y que los golpes. Ni con amenazas ni castigos lograrás entusiasmar a los alumnos, o lograrás que te quieran. Si te quieren, harán ilusionados lo que les propongas. Si te temen, difícilmente lograrás entusiasmarlos 6 o influirás positivamente en su conducta o en sus vidas. Ponte junto al alumno con bondad, con sencillez y con alegría, respeta su ritmo de aprender, su modo de ser. Trata de ser su amigo, y no olvides que “un amigo es alguien que sabe quién eres, que sabe por dónde has andado, que sabe todo lo que has hecho y, a pesar de todo, te invita y te ayuda a ser mejor”.
Cada alumno es distinto e irrepetible, es “modelo único”, que tiene una misión en la vida y que cuenta contigo para conocerla y realizarla. Trata de esforzarte por llegar a ser tú mismo y, de este modo, estarás enseñando, sin necesidad de palabras, a tus alumnos a serlo. Sé siempre verdadero, coherente.
Si Jesús nos dijo que la verdad nos haría libres, es también cierto que sólo los libres pueden ser verdaderos.
Dios nos creó a todos creadores. Creadores del mundo y creadores de nosotros mismos. Lo que nos distingue de los animales es la capacidad de construirnos, de autocrearnos, de ser alfareros de nosotros mismos transformando el barro de nuestros talentos y posibilidades en vida y en felicidad. El arte de la vida consiste en hacer de la vida una obra de arte.
Alienta a tus alumnos a que asuman el reto de su libertad. Ser libre no es hacer lo que me viene en gana, sino hacer aquello que me realiza plenamente.
Invita, anima, ponte al lado del alumno, pero no impongas: Que sea él el que decida. Sé como Jesús, que sólo propone, invita y ayuda. Es lo que escribió el Beato Pedro Ruiz de los Paños, el fundador de las Discípulas de Jesús: “Dios no avasalla, no impone. Dios llama y espera. Dios se porta siempre como padre y no usa términos de violencia. Presenta la gracia, ofrece el tesoro, pero no nos obliga a abrirle por la fuerza. Espera pacientemente en la puerta, hasta que le abrimos”:

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Cuentan que el artista Holman Hunt pintó un cuadro de Jesucristo llamando a la puerta de su casa. Reunió a sus amigos artistas y les pidió que miraran el cuadro con ojo crítico, para ver si detectaban algún error. Durante un buen rato lo estuvieron observando y sólo tuvieron palabras de admiración tanto para el cuadro, como para el pintor.Ante la insistencia de Hunt de que lo siguieran mirando pues sin duda tendría algún defecto, uno de los artistas más jóvenes , dijo: -Sr. Hunt, creo que he encontrado un grave error en el cuadro. Se olvidó de pintar el pestillo de la puerta.
-Amigo mío –le respondió Hunt-, cuando Cristo llama a la puerta de tu casa, sólo se puede abrir desde dentro.

Recuperado para fines educativos del libro:
Para Educar Valores. Nuevas Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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