Ustedes son bari, sonreirán siempre - Educar Valores y el Valor de Educar. Parábolas

Parabolas e Ilustraciones sobre valores y convivencia

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Cuentan los barí, indígenas venezolanos de la Sierra de Perijá, que al comienzo, no existía luz, ni agua, ni sol, ni estrellas. Tampoco había pescado, comida, fuego, agua, bohío, ni gente. Todo era monte oscuro, sin llanura. Sólo existían las piñas y algunos arbustos.

Entonces llegó Sabaseba que, aunque estaba oscuro, veía como si fuera de día, y se puso a allanar la tierra. Desde la mañana hasta la tarde trabajaba sin descanso. De tanto trabajar, se cansó mucho y le dio hambre. Entonces, cogió una piña madurita, de las más amarillas, y al partirla por la mitad vio que dentro había una familia: padre, madre y niños. Esa fue la primera familia barí. Entonces, Sabaseba les dijo:

- Ustedes son barí (personas, gente), deberán estar siempre contentos, sonreirán siempre.

Pero todavía no existía el sol y no tenían luz. Todo lo hacían en la oscuridad. El único que veía perfecta­mente era Sabaseba. Un día reunió a los primeros hombres, los Saymadoyi, y les dijo que uno de ellos tenía que ser el sol. Les mandó que salieran a la selva y recogieran plumas de tucanes, se hicieran con ellas una corona y se la pusieran en la cabeza a ver si alumbraban. Todos lo hicieron, pero nadie alumbró. Pero un muchacho que estaba enfermo, tenía la piel como la de un sapo, agarró su corona hecha con las plumas de los tucanes más hermosos que encontró, se la puso en la cabeza y alumbró.

Entonces Sabaseba le dijo:

- Tú te llamarás Ñandou y a partir de ahora te con­vertirás en sol.

Yo aprendí de los barí que el objetivo principal de la educación es tener siempre a los alumnos felices y en­señarles la alegría del servicio. Los Kariña me enseñaron que los dioses crearon el mundo con el poder de su baile. La propia existencia del hombre es el resultado del baile antiguo. Por eso, bai­lar y celebrar es asegurar la continuación de la existencia. Los indí­genas tepehuas, cerca del Cuzco, bailan y celebran frente al Cristo Crucificado, pues no pueden entender que Dios sufra y esté triste, si El es el Señor de la vida y la hizo para disfrutarla.

Necesitamos una pedagogía de la alegría, que estimule las capacidades creativas del alumno y convierta la educación en una fiesta. Si Dios nos creó por amor, quiere que vivamos todos felices, con unas relaciones fraternales. De ahí que el logro de la genuina felicidad debe ser el objetivo de toda formación. Una felicidad que se traduce en compromiso de entrega a soñar y buscar un mundo que posibilite a todos la genuina alegría que brota del servicio, la justicia, el amor y la verdadera paz.

Recuperado para fines educativos del libro:
Educar Valores y el Valor de Educar . Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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