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Cuento de la cuota inicial - Parabolas e Historias para Educar en Valores

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Parabolas e Historias para Educar en Valores

Indice de Parabolas e Historias para Educar en Valores


Una señora soñó que llegaba al cielo y que, junto a las 120.000 personas que mueren cada día, hacía fila para saber cuál iba a ser su destino eterno. Al rato, llegó San Pedro y les dijo:
-Vengan todos conmigo que les voy a mostrar el lugar que le corresponde a cada uno, según la cuota inicial que pagaron en la tierra con su vida.
Llegaron primero a un lugar supe lujosísimo, donde todo había sido construido con oro. Paredes, techos, pisos..., resplandecían con un brillo sublime.
-Aquí van a vivir los generosos, los que amaron de verdad, los que entregaron su vida al servicio de los demás: Los que partieron su pan con el hambriento, los que regalaron sus vestidos a los pobres, los que visitaron y consolaron a los enfermos y a los presos...
La señora se puso muy contenta y se apresuró a entrar, pero un ángel la detuvo con estas palabras:
-Perdone usted, señora, pero este lugar no es para usted que en la tierra sólo supo dar migajas, ropas viejas que ya no usaba...Jamás dio usted algo que en verdad le costara...Le falta la cuota inicial para adquirir una de estas casas.
De allí pasaron a otra urbanización de la eternidad, cuyas casas estaban hechas de marfil. Aquí también todo era un derroche de lujo y de belleza. Cuando la señora se disponía a entrar, otro ángel la tomó del brazo y le dijo muy respetuosamente:
-Lo siento, señora, pero estas viviendas están reservadas para los que siempre trataron a los demás con cariño, para los que sólo tuvieron palabras de aliento y de ánimo, y usted se la pasó chismeando y hablando mal de los demás.
Las casas de la siguiente urbanización eran todas de cristal y resplandecían llenas de luz. De nuevo la mujer dirigió sus pasos a una de esas maravillosas mansiones, pero el ángel portero la detuvo y le dijo muy serio:
-Usted no puede entrar aquí, señora. En su pasaporte dice que usted nunca se preocupó por enseñar a los demás, y esta urbanización está reservada para los auténticos maestros, todos aquellos que trataron de hacer de su vida una lección y un ejemplo digno de imitar. Aquí se cumple lo que anunció el profeta Daniel: 'Quienes enseñen a otros a ser buenos, brillarán como estrellas por toda la eternidad' y usted nunca se preocupó porque las personas que vivían junto a usted se hicieran mejores. Le falta la cuota inicial.
Y así fueron visitando otras bellas urbanizaciones donde no le permitieron entrar por faltarle la requerida cuota inicial. Ya al atardecer, llegaron a un barrio
sucio y miserable, cuyas casas estaban todas construidas con basura. Los zamuros volaban sobre esa hediondez y abundaban las ratas y las cucarachas. La señora se puso un pañuelo en la nariz porque no soportaba la fetidez y ya iba a salir corriendo, cuando el guardián le dijo con voz cortante y seca:
-Una de esas casas será su vivienda por toda la eternidad. Puede usted tomar posesión de ella.
La mujer empezó a gritar y a decir que nunca podría vivir en una casa así, pero el guardián la detuvo en seco:
-Esto es lo único que pudimos construirle con la cuota inicial que usted envió desde la tierra. Cada día nos llegaba su envío de murmuraciones, chismes, ofensas, egoísmos, tacañería, envidias, odios... ¿Qué era posible construir con todo eso? Fue usted la que nos envió los materiales para fabricarle la vivienda.
La mujer empezó a llorar y a gritar y, al intentar zafarse de las manos de los guardianes que la estaban obligando a entrar en esa horrible vivienda, se despertó. Tenía la almohada empapada de sudor y de lágrimas, pero aquella pesadilla le sirvió de examen de conciencia y desde ese día empezó a pagar la cuota inicial para una buena morada en la eternidad: generosidad con los necesitados, pulcritud y firmeza en el trato, y esmero por lograr que otras personas fueran mejores.
¿Qué morada estás construyendo para tí y para los demás con tu actuar? ¿Cuál es la cuota inicial que estás juntando con las acciones de cada día? Tus rezos y oraciones, ¿te impulsan a ser mejor? ¿Vives tu fe como servicio?
El mensaje de Jesús no deja lugar a duda alguna: Sólo es posible llegar a Dios a través del servicio al hermano necesitado: "Lo que hicieron a cada uno de estos hermanos míos más pequeños, me lo hicieron a mí". En el momento definitivo, Dios nos juzgará por el amor vuelto servicio: "Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me cubriste con tu ropa, enfermo y me visitaste..." Fe sin compromiso es alienación, idolatría. Oración sin entrega es monólogo con uno mismo. Cosechamos lo que sembramos. Afortunadamente, los criterios de Dios no son los criterios de los
hombres, y la justicia divina no es sobornable ni comprable:

* * *

En su cuento "El sueño del pongo", el escritor peruano nos cuenta la historia de un patrón de hacienda y uno de sus sirvientes más pobres que murieron el mismo día y estaban esperando a las puertas del cielo la decisión de San Pedro. Cuando por fin llegó, ordenó a uno de sus ángeles que cubriera todo el cuerpo del hacendado con miel y dulzuras suculentas, y el del pobre peón con excrementos, orines y toda suerte de inmundicias. El hacendado resplandecía de dicha convencido de que el cielo iba ser una continuación de la vida de la tierra y
regirían las mismas normas y leyes que él había impuesto en la hacienda con su látigo y su despiadada crueldad. El humilde peón esperaba pacientemente que el ángel terminara su faena, resignado a continuar durante toda la eternidad su larga vida de oprobios y humillaciones. Para sorpresa de ambos, cuando el ángel hubo concluido su tarea, les ordenó con su voz de trueno:
-De ahora en adelante, se lamerán el uno al otro durante toda la eternidad.

Recuperado del libro:
Para Educar Valores. Nuevas Parábolas
Autor: Antonio Pérez Esclarin

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