Historia de El Tocuyo, estado Lara | Historia de Venezuela

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Capital del municipio Morán, en el estado Lara. Fue antiguamente una ruta de paso entre diversas regiones; su ubicación dentro de un valle, fertilizado por las aguas del río Tocuyo, en medio de una zona semidesértica, determinó el auge que fue tomando, así como su región circunvecina como punto de partida excepcional para iniciar el proceso de la colonización española en el territorio venezolano. La permanencia de los alemanes en la provincia de Venezuela fue un factor negativo dentro de la política hispánica de poblamiento en América y es por eso que la presencia de Juan de Carvajal y la fundación de El Tocuyo el 1 de noviembre de 1545, marcan el comienzo de esa actividad creadora, firme y organizada, que hace de El Tocuyo la «Ciudad Madre», núcleo desde donde se irradia la colonización: Barquisimeto, Borburata, Cubiro, Guárico, Trujillo, Valencia, Caracas, etc. se gestaron y florecieron con vecinos y ganado tocuyanos. Se llamó inicialmente Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción del Tocuyo. La expansión social, económica, política y cultural se logra debido al espíritu emprendedor de los grupos españoles, portugueses e italianos que habitaban en El Tocuyo y que dieron todo su aporte y esfuerzo a la gesta colonizadora. Los reyes españoles de finales del siglo XV y comienzos del XVI inician su labor en América con una proyección moral, espiritual y económica que se va a ver materializada en el régimen de la encomienda. Esta institución nace en América en forma espontánea, por las necesidades locales y la presión de ciertos grupos poderosos. Las primeras de ellas fueron otorgadas por Juan de Carvajal en El Tocuyo y a la muerte de éste las ratificó Juan Pérez de Tolosa, quien consideró el sistema muy ventajoso para velar por los grupos indígenas. La primera de que se tenga noticia documental, le fue otorgada al portugués Manuel de Silva, en 1596. Los pueblos enmarcados bajo los términos y jurisdicción de El Tocuyo fueron Quíbor, Cubiro, Sanare, Barbacoas, Guarico, Humocaro Alto y Humocaro Bajo, constituyendo todos ellos el ámbito del Corregimiento de Indios, el cual tuvo la característica de ser uno de los más extensos y poblados de la gobernación de Venezuela y constituyó una unidad político-administrativa de interesantes y variados aspectos. La nueva ciudad quedó asentada en un sitio estratégico que, además de ruta de paso hacia el interior de la provincia, estaba a salvo de piratas y corsarios. En 1563, le fue otorgado el título de «Muy Leal Ciudad de El Tocuyo». Juan Pérez de Tolosa instaló allí los primeros telares, donde se utilizaron indios tejedores bajo el sistema de obrajes, produciéndose el célebre «Lienzo Tocuyo», usado tanto en América como en Europa. La economía de esa zona siempre ha sido agropecuaria, pero sobre todo a través del cultivo de la caña de azúcar que fue y sigue siendo el principal producto, aunque durante la colonia hubo siembras de algodón, maíz, trigo y cacao. Entre los siglos XVII y XVIII existían en El Tocuyo 10 importantes cofradías, organizándose por separado los blancos, pardos, indios y negros, las cuales, además de sus ceremonias religiosas, llevaban a cabo actividades de tipo económico y social. La riqueza de algunas de ellas, sobre todo de las de blancos, se basaba en la agricultura y en la cría de ganado. Los esclavos tocuyanos no llegaron a representar más de un 18% de la población. Algunos de ellos realizaban tareas domésticas, otros eran dedicados a las labores del campo y una minoría ejercía labores artesanales cuyo producto generalmente iba en beneficio del amo. En 1760 El Tocuyo tenía entre su ciudad y el campo inmediato, una población de 6.645 h, pero si agregamos los pueblos de su jurisdicción, tendríamos un total de 9.525 h. Los conventos tocuyanos ejercieron una gran labor cultural y en ellos se daba instrucción tanto a eclesiásticos como a laicos. Muchas de esas personas llegaron a constituir una élite que ocupó cargos de importancia dentro del conglomerado colonial. Entre los más destacados están Juan Pérez Hurtado, uno de los primeros rectores de la Universidad de Caracas; Gerónimo Fernández de Escorcha, profesor de filosofía de la misma Universidad; Francisco Pérez Camacho, fundador de la cátedra de Música y Canto en el Seminario y en la Universidad; Tomás Gil de Yepes, primer doctor en leyes de la Universidad caraqueña y profesor de Instituta; y Pedro Manuel Yepes, fundador de una Escuela de Latinidad en El Tocuyo. Los primeros pasos de su instrucción los seguían los tocuyanos en los conventos de su ciudad y luego se trasladaban a Caracas a continuar estudios superiores en el Seminario de Santa Rosa de Lima (que se convirtió en Universidad a partir de 1721). En 1709, varios jóvenes tocuyanos estudiaban en sus claustros: José Ignacio Peralta, Francisco Melchor de Valenzuela, Francisco Valenzuela, Juan Andrés de Figueredo, Francisco González Yepes y Manuel Colmenares, entre otros. En el convento de Los Ángeles (dominicos), también ubicado en Caracas, estudió el filósofo tocuyano Tomás Valero. En los testamentos de tocuyanos aparecen muchos libros sobre medicina, historia, jurisprudencia y filosofía, lo cual, sin embargo, no constituye garantía absoluta de que hubieran sido leídos. En El Tocuyo funcionó un Comisariato de la Inquisición, el cual rendía cuentas ante el máximo Tribunal de Cartagena de Indias. Allí, la mayoría de las causas tenían relación con herejías, idolatrías, brujerías, hechicerías, blasfemias y denuncias contra clérigos. El 11 de mayo de 1744 se produjo en la ciudad un movimiento de oposición a las órdenes del gobernador Gabriel de Zuloaga, de enviar un contingente armado para defender Puerto Cabello de un probable ataque inglés. Todos los sectores sociales de la población se unieron a esta rebelión, alegando el abandono en que quedarían los campos y negándose a quedar bajo el control de la Compañía Guipuzcoana. Este alzamiento duró varios meses sin mayores consecuencias, aparte de la manifiesta desobediencia al gobernador. El Tocuyo no apoyó de inmediato el movimiento de la Independencia por cuanto siempre se caracterizó por su lealtad al Rey de España. Incluso el movimiento de los «Comuneros de Mérida», a finales del siglo XVIII y el cual llegó sólo hasta los pueblos del hoy estado Trujillo, contó con el repudio total de los tocuyanos. Éstos no tuvieron nunca el germen revolucionario, sino que se mantuvieron fieles a la monarquía y a las tradiciones heredadas de sus antepasados. La idea de igualdad que sostenía el nuevo pensamiento político y filosófico de ese momento histórico no tuvo el apoyo de los tocuyanos, quienes veían en todo cambio un factor de desestabilización social que podría afectarlos. Es obvio que también la Iglesia ejerció su innegable poder, espiritual y temporal, sobre los fieles. La injerencia que tuvo la Iglesia en El Tocuyo, a través del púlpito y de sus cofradías, obras pías y capellanías, transformándose en ductora de la vida espiritual, social y económica de la región, se materializó en un absoluto control sobre sus habitantes. Esto queda comprobado en el mismo hecho de haber existido allí un Comisariato de la Inquisición. Todos esos factores incidieron en hacer de El Tocuyo un reducto realista, dispuesto en todo momento a defender la autoridad del monarca. Se hicieron célebres las guerrillas que tanto en esa ciudad como en Guarico se organizaban para hacer frente a los ejércitos patriotas que utilizaban esos caminos y que evitaban tomar esas rutas por temor a sus ataques. Entre los pocos tocuyanos que se sumaron a la guerra de emancipación, se distinguieron José Trinidad Morán, Pedro Montesinos, Juan Bautista Silva y Alejandro Lucena.
En lo cultural, ha sido El Tocuyo cuna de ilustres maestros, periodistas, poetas y músicos. A pesar de las guerras internas que se suscitaron en el país a todo lo largo del siglo XIX, la época de Antonio Guzmán Blanco logró una transformación cultural, económica y social de marcada relevancia. El Tocuyo no podía sustraerse a esto y al igual que otros pueblos de Venezuela, dio su aporte a ese período de auge cultural. En 1872, Guzmán Blanco y el Congreso autorizan la instalación del colegio «La Concordia», fundado por Egidio Montesinos, donde se concedía el grado de bachiller en ciencias filosóficas. Durante la década de 1880 terminaron sus estudios en ese colegio José Gil Fortoul, Ezequiel Bujanda y Adolfo Tamayo León entre otros. En el campo de la música, en el siglo XVI se destacó Francisco Pérez Camacho y, posteriormente, y a pesar de su invidencia, el compositor y maestro Saturnino Rodríguez, quien en el siglo pasado formó músicos de prestigio como Jesús María Falcón, Isidoro Agüero, Rafael Rodríguez Veracoechea, Cruz Terán, Jesús María Rodríguez y José Ángel Rodríguez López, su hijo. También forman parte de estos eminentes músicos tocuyanos, Napoleón y Juancho Lucena. A partir de 1960 la vida musical de El Tocuyo se renueva con el Centro de Extensión Cultural «Alcides Losada» con sus cátedras de Música y Pintura. En 1967 comienza a funcionar el kinder musical y en 1970 se instaura la escuela de música «José Ángel Rodríguez López». En 1977 se inicia la actividad de la coral y el núcleo de la Orquesta Nacional Juvenil. En cuanto a música popular, el golpe tocuyano es fiel reflejo del sentimiento de ese pueblo y existen allí varios conjuntos de «golperos». El tamunangue constituye la expresión de cultura popular tradicional más característica de la región. En el ámbito de las letras se han distinguido humanistas como Lisandro Alvarado; poetas como Ezequiel Bujanda, Alcides y Hedilio Lozada, así como Pío Tamayo y Roberto Montesinos. El Tocuyo sufrió su más grande transformación física y espiritual a partir del 3 de agosto de 1950, día en que un fuerte movimiento sísmico asoló la ciudad y destruyó parte de su antigua arquitectura; lamentablemente, el resto de su destrucción se debió a la forma indiscriminada en que los organismos oficiales decidieron arrasar con todo lo que, aún estando en pie, sufrió los deterioros del terremoto. A partir de ese fatídico año 1950, ya El Tocuyo dejó de ser lo que había sido: las construcciones coloniales de tanta tradición desaparecieron y la mayor parte de las familias tocuyanas, de hondo arraigo en la región, se trasladaron a Barquisimeto o a Caracas. Comenzaron a llegar contingentes de extranjeros, sobre todo italianos, que han inyectado su juventud, trabajo y esfuerzos al suelo tocuyano. Hoy en día, la nueva arquitectura no es ni la sombra del viejo Tocuyo y sólo perduran las antiguas haciendas de caña de azúcar como un símbolo imperecedero de un pasado glorioso. Tiene centro de primera enseñanza, ciclo básico diversificado. Radiodifusoras: Radio Colonial y Radio Juventud. Sitios de interés: iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, ruinas del templo de Santo Domingo, museos Colonial y de Historia Lisandro Alvarado, central azucarero, parque El Tocuyo y la ceiba de Carvajal. Se celebran carnavales, San Antonio de Padua (tamunangue, junio 13); San Rafael Arcángel (octubre 24), Nuestra Señora de la Concepción (diciembre 8). Dependen de ella las parroquias Anzoátegui, Bolívar, Guarico, Hilario Luna y Luna, Humocaro Alto, Humocaro Bajo, La Candelaria y Morán. En 1981 el municipio tenía 38.170 h; censó 31.785 h en 1990. E.T. de V.

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Información recuperada de:
Diccionario de Historia de Venezuela. 2da Edición. Caracas: Fundación Polar, 1997.

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