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Gómez, Juan Vicente | Historia de Venezuela

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Diccionario de Historia
de Venezuela

Diccionario de Historia de Venezuela

Jefe militar, hombre de Estado, presidente de la República desde el 19 de diciembre de 1908 hasta el 17 de diciembre de 1935. Fueron sus padres Pedro Cornelio Gómez y Hermenegilda Chacón Alarcón. Pedro Cornelio Gómez era hijo de Ana Dolores Gómez Nieto y de José del Rosario García Bustamante, quien le donó la hacienda La Mulera de la cual era propietario así como de la hacienda La Isla, heredadas a su vez de su padre, el capitán Eleuterio García Rovira, quien las había obtenido en pago de sus haberes militares por sus servicios en la Guerra de Independencia. Del matrimonio de Pedro Cornelio Gómez con Hermenegilda Chacón Alarcón hubo 13 hijos, de los cuales murieron a temprana edad 4, siendo los otros: Juan Vicente, Indalecia, Juan Crisóstomo, Elvira, Regina, Ana, Pedro, Emilia y Aníbal. En enero de 1875, Pedro Cornelio Gómez fue designado presidente del Concejo Municipal del distrito Bolívar del estado Táchira y falleció el 14 de agosto de 1883, asumiendo su hijo Juan Vicente desde entonces la representación de la familia y la dirección de sus negocios agrícolas y pecuarios.

En junio de 1886, se ve conmovido el Táchira por el enfrentamiento entre 2 fracciones del Partido Liberal Amarillo que se disputan el Gobierno regional. Una expedición revolucionaria encabezada por los generales Segundo Prato y Buenaventura Macabeo Maldonado y por el coronel Cipriano Castro invade el Táchira con el propósito de asaltar la plaza de Capacho Viejo y enfrentarse a las tropas que comandan los generales Espíritu Santo Morales y Evaristo Jaimes; este último, de quien Gómez es compadre, muere en la acción y Juan Vicente Gómez viaja desde La Mulera al campamento de los revolucionarios con el propósito de reclamar el cadáver para darle sepultura; allí conoce a Cipriano Castro y establece amistad con él, vínculo que al correr del tiempo, se consolida cuando Gómez hace a Castro padrino de uno de sus hijos. El historiador Antonio Dávila, al referirse a esta etapa de la vida de Juan Vicente Gómez (1886-1892), anota que «...en los pueblos de San Antonio, Capacho, Lobatera y Táriba no habían familias de mayor pujanza que los Gómez, los Castro y los Bello. A la casa de La Mulera subían las familias de San Antonio: los Prato, los Maldonado, los García, los Merchán, los Cuberos, los Acero, los Galavís; o bajaban de Capacho: los Castro, los Cárdenas, los Velasco, los Jaimes, los Pernía, y pasaban allí horas o días de esparcimiento, donde eran atendidos de la manera más cordial, primero por don Pedro Cornelio y luego por su hijo Juan Vicente...»

En 1892, Venezuela se ve nuevamente envuelta en una gran crisis política y en la guerra civil provocada por la aspiración continuista del presidente Raimundo Andueza Palacio, quien pretende aprovechar la aprobación de una reforma constitucional que amplía la duración del período presidencial para permanecer en el ejercicio de la presidencia y no convocar a elecciones. El ex presidente Joaquín Crespo enarbola entonces la bandera de la constitucionalidad y con el nombre de Revolución Legalista, se alza en armas en tierras del Guárico. El general Cipriano Castro, que representaba al Táchira en la Cámara de Diputados, ha cultivado la amistad del presidente Andueza quien, ante el estallido de la rebelión legalista en los Andes, le confía el mando de una expedición que debe ir a defender su gobierno en tierras andinas. Castro, al llegar al Táchira y antes de emprender sus acciones contra las tropas revolucionarias que comandan Espíritu Santo Morales y Eliseo Araujo, le ofrece a Juan Vicente Gómez una alta posición en su Estado Mayor con el propósito de encargarlo de la logística del ejército y le da el rango de coronel. El triunfo de la Revolución Legalista y la huida del presidente Andueza Palacio obligan a Castro y Gómez a marchar al exilio a Colombia, estableciéndose en 2 haciendas cercanas a la raya fronteriza con Venezuela, desde donde continúan sus labores del campo y sus empresas políticas. En el exilio permanecerán desde 1892 hasta el 23 de mayo de 1899.

En los años finales del siglo XIX atraviesa Venezuela por una etapa de grandes dificultades políticas y económicas, siendo Ignacio Andrade presidente de la República; el alzamiento del general José Manuel Hernández; la muerte de Crespo en el campo de batalla y la rebelión del general Ramón Guerra fueron causas que el general Cipriano Castro creyó suficientes para alzarse en armas en tierras del Táchira, el 23 de mayo de 1899, con el propósito de tomar a Caracas y establecer un gobierno que bautiza con el nombre de liberal restaurador. Juan Vicente Gómez lo acompaña en esta nueva expedición militar, pero ya con el rango de general y como segundo jefe expedicionario. Durante sus 7 años de exilio en Colombia lo acompañó Dionisia Bello, tachirense, nativa de Capacho y con quien procreó 7 hijos: José Vicente, Josefa, Alí, Flor de María, Graciela, Servilia y Gonzalo. La marcha del ejército de la Revolución Liberal Restauradora dura 5 meses, atravesando el territorio de los estados Táchira, Mérida, Trujillo, Lara, Yaracuy y Carabobo, haciendo su entrada triunfal a Caracas en la tarde del 22 de octubre de 1899. Durante este recorrido, Gómez tuvo a su cargo la organización de las tropas y su dotación de municiones y alimentos, apareciendo como fiador personal de las provisiones que le cedían los comerciantes al paso de los pueblos del camino. Durante las primeras semanas de la instalación del gobierno de la restauración liberal, Gómez permanece en las filas del ejército, atendiendo de manera especial los numerosos casos relacionados con los expedicionarios tachirenses que desean regresar a su tierra. A comienzos de diciembre de 1899 es designado gobernador del Distrito Federal en sustitución del general Julio Sarría Hurtado, cargo en el que permanece 2 meses, siendo sustituido por el general Emilio Fernández. La situación en el Táchira se torna difícil para el nuevo gobierno, pues aún permanecen al frente del Ejecutivo regional los generales Juan Pablo Peñaloza y Joaquín Corona, representantes del desaparecido gobierno de Andrade. El 2 de marzo de 1900 Juan Vicente Gómez llega al Táchira con el carácter de jefe civil y militar y en su saludo de bienvenida anuncia que regresa a su tierra nativa con el propósito de «regularizar la administración» e invita a los tachirenses a colaborar «en la hora de las reparaciones»; una vez cumplida su misión, regresa a Caracas a comienzos de 1901. La Asamblea Nacional Constituyente que se reúne en Caracas en febrero de 1901 para sancionar una nueva Constitución, dicta un decreto organizando provisionalmente la República y nombra al general Cipriano Castro, presidente de la República, al general Ramón Ayala, primer vicepresidente y al general Juan Vicente Gómez, segundo vicepresidente.

La situación de Venezuela durante los 2 primeros años del siglo XX era de tal manera crítica en el orden político y social, que una sucesión de motines, la aparición de guerrillas en diversas regiones del país y el descontento de los liberales amarillos y de los nacionalistas por la nueva organización gubernamental, eran el prólogo de una nueva guerra civil. En diciembre de 1901, el alzamiento del general Luciano Mendoza, en tierras de Aragua fue la señal de que se iniciaba la Revolución Libertadora que lograría congregar un ejército de 16.000 hombres, organizada y financiada, con apoyo económico de la New York and Bermudez Company, por el banquero y político liberal general Manuel Antonio Matos y cuyos cuerpos regionales estaban comandados en el centro del país por los generales Luciano Mendoza, Antonio Fernández y Luis Loreto Lima; en el oriente, por los generales Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Zoilo Vidal y Horacio Ducharne y en occidente, por los generales Gregorio Segundo Riera, Amábile Solagnie, Juan Pablo Peñaloza y Rafael Montilla. La Revolución Libertadora constituyó la empresa revolucionaria más poderosa desde los años de la Guerra Federal. Para que se enfrentara al general Mendoza, el presidente Castro designó el 20 de diciembre de 1901 al general Juan Vicente Gómez con el grado de general de división. Gómez derrota a Mendoza en el sitio de La Puerta y una segunda vez en el Paso de Esteves; al general Antonio Fernández en un nuevo encuentro en La Puerta; luego se dirige a los llanos de Cojedes para presentar batalla al general Luis Loreto Lima en Tinaco, derrotándolo; Lima muere a consecuencia de las heridas recibidas. El 26 de febrero de 1902 regresa Gómez a Caracas, después de 65 días de campaña y el 17 de marzo, el presidente Castro lo nombra delegado nacional en los estados Lara, Falcón, Zulia, Yaracuy, Trujillo, Mérida y Táchira y le confía la empresa de enfrentarse a la Revolución Libertadora que se ha apoderado de los estados del norte de occidente. Riera y Peñaloza cuentan con una organización militar y unos recursos superiores a los que poseían Mendoza y Fernández y frente a la importancia de la misión que se le ha confiado, Gómez encomienda a los generales Régulo Olivares y Luis Valera, realizar maniobras de distracción simulando estar empeñados en la defensa de Coro, mientras marcha sobre el campamento de Urucure en donde, el 16 de abril, sorprende y derrota a los jefes revolucionarios. El 26 del mismo mes, llamado por Castro, regresa a Caracas, mientras Riera y Peñaloza reagrupan sus fuerzas y atacan Coro, ciudad que toman después de muchas horas de combate, cayendo prisioneros los generales Ramón Ayala y Arístides Tellería y consolidándose el frente revolucionario en todo el norte y centro del occidente del país. La Revolución Libertadora también se apodera de la región oriental, organizando un ejército de 8.000 hombres y en espera del desembarco del general Matos. El 29 de abril, el presidente Castro designa jefe expedicionario del Ejército de Oriente al general Gómez, quien se embarca en La Guaira y el 3 de mayo, en unión del general José Antonio Velutini, sitia y ocupa la ciudad de Cumaná. El día 6, Gómez y Velutini atacan la plaza de Carúpano, en donde está atrincherado el general Nicolás Rolando, pero los revolucionarios logran rechazar los repetidos ataques con fuertes pérdidas para las tropas del Gobierno; en los asaltos finales a la plaza, Gómez recibe una herida en una pierna que le imposibilita para seguir dirigiendo la acción, siendo trasladado el 16 de ese mismo mes de mayo a Caracas. Velutini se encarga entonces de la jefatura del ejército de oriente. Por los mismos días, el general Ramón Cecilio Farreras, segundo jefe de la guarnición de Ciudad Bolívar, al grito de «mueran los andinos», entrega la plaza a la revolución y con ella, todo el control de Guayana, fortaleciendo las posibilidades de un inminente triunfo nacional. Solamente quedan en poder del Gobierno los estados Miranda, Aragua y Carabobo, pero con la presencia de numerosas guerrillas revolucionarias, y los estados Trujillo, Zulia, Mérida y Táchira. El 5 de julio de 1902 el presidente Castro dirige una alocución al país y anuncia que ha encargado de la presidencia de la República al general Juan Vicente Gómez, en su condición de segundo vicepresidente y que marcha al oriente, al frente de una expedición militar para destruir a la revolución en sus propios campamentos. El objetivo verdadero era el de impedir que el ejército oriental llegara a unirse en los límites entre Aragua y Guárico con el ejército revolucionario de occidente. Fracasada la maniobra de Castro por los desastres que sufrieron los ejércitos del Gobierno en Guanaguana y Aragua de Barcelona, antes de que pudiera iniciar su ofensiva, el presidente decide regresar al centro del país para esperar los ejércitos revolucionarios ya unidos, que tienen como objetivo la toma de Caracas. Castro decide instalar su comando y presentar la batalla en la ciudad de La Victoria, capital para entonces del estado Aragua. Sus tropas suman 8.000 hombres y lo acompañan los generales Diego Bautista Ferrer, Leopoldo Baptista, Emilio Rivas, Manuel Salvador Araujo, Régulo L. Olivares, Pedro María Cárdenas, Rufo Nieves, J.B. Bravo Cañizales, Francisco Linares Alcántara, hijo y el vicepresidente Gómez que, al comienzo de la batalla, anuncia desde Caracas al general Castro que «...debo salir yo con 1.000 hombres que tengo disponibles...», y ante un posible asalto revolucionario en el camino entre Caracas y La Victoria, le dice que «...con el parque que llevo trituro a todo el que se me atraviese y le caigo al enemigo por retaguardia, dominándolo...» La batalla de La Victoria es la más importante en la historia de las guerras civiles venezolanas, por el número de soldados combatientes, por el moderno armamento que utilizaron ambos ejércitos y por su duración, pues se inició el 12 de octubre y finalizó el 3 de noviembre de 1902; regresan triunfantes a Caracas el presidente Castro y el vicepresidente Gómez, pero Castro rehúsa reencargarse del mando, continuando con el título de presidente de la República en Campaña y comandante en jefe de los ejércitos, situación que mantuvo durante los días del conflicto ocasionado por el bloqueo de las flotas de Inglaterra, Alemania e Italia a los puertos venezolanos y hasta el 20 de marzo de 1903. En abril de ese mismo año, el general Nicolás Rolando, con un ejército de 3.000 hombres, amenaza con un asalto a Caracas y Castro comisiona una vez más a Gómez para que enfrente la nueva embestida revolucionaria; el 11 chocan los ejércitos de Rolando y Gómez en El Guapo, en un combate que dura 3 días y que termina con la derrota de Rolando, quien se retira a Guayana con las tropas que salva del desastre. Apenas vencido Rolando, se anuncia un nuevo desembarco del general Manuel Antonio Matos en tierras de Falcón y la reactivación de la lucha revolucionaria en el occidente, principalmente en los estados Falcón y Lara. Una vez más, Juan Vicente Gómez es el designado para comandar los ejércitos que van a enfrentarse a las tropas de los generales Riera, Peñaloza, Montilla y Solagnie. Con la toma de Barquisimeto, el 23 de mayo de 1903, en la que participa al lado de Gómez, en forma decisiva, el general Rafael González Pacheco, y con el combate de Matapalo, ocurrido el 3 de junio, se liquida definitivamente la fortaleza revolucionaria del occidente y los jefes principales del movimiento libertador vuelven al exilio. Castro, en telegrama del 6 de junio dirigido a Coro, le dice a Gómez: «...Felicito al vencedor en todas partes, predestinado para ser el Pacificador de Venezuela...» Gómez regresa a Caracas y con el carácter de delegado nacional y jefe expedicionario sobre el oriente de la República, se embarca en La Guaira, el 27 de junio, comandando un ejército de 2.000 hombres, en 3 buques de la Armada. El 5 de julio empieza a navegar por el Orinoco y el 11 desembarca en Santa Ana con el propósito de tomar a Ciudad Bolívar, en donde se encuentra atrincherado Nicolás Rolando con un nuevo ejército que había logrado formar bajo su exclusiva dirección, cuando la revolución ya está liquidada en el resto del país. El combate empezó el 19, y el 21 de julio, después de 50 horas de lucha, se rindió el ejército de Rolando. Era el fin de las guerras civiles en Venezuela.

El retorno de Juan Vicente Gómez a Caracas en medio de aclamaciones y arcos de triunfo, determina el comienzo de la desconfianza entre Castro y Gómez y la división de los integrantes del gobierno de la restauración liberal en «castristas» y «gomecistas» o «gomistas» como se decía entonces. Las camarillas que rodean a uno y a otro harán más profundo el distanciamiento hasta llegar a la ruptura de la amistad entre los 2 jefes. Con Castro están los jefes liberales amarillos y nacionalistas que, durante la Revolución Libertadora, se quedaron a su lado; en cambio, junto a Gómez, además de su numerosa familia, están los oficiales tachirenses del ejército restaurador, que se sienten menospreciados por Castro y el creciente grupo de ganaderos y comerciantes del centro del país con quienes ha entrado en amistad y negocios al establecerse, en 1903, en Maracay. En 1904 se promueve una reforma constitucional para aumentar el período presidencial a 6 años, estableciendo un período provisional de un año a fin de que la nueva Constitución entre en vigencia en 1905 y pueda el general Castro presidir las festividades de los centenarios de 1810 y 1811. Gómez es elegido el 3 de mayo primer vicepresidente de la República, para el período provisional y ocupa nuevamente la presidencia de la República, durante un mes, mientras dura la visita del presidente Castro al oriente. El Congreso Nacional, el 7 de junio, elige al general Castro presidente de la República y al general Gómez primer vicepresidente, para el período constitucional 1905-1911. Las intrigas desatadas por las camarillas que rodean a Castro y a Gómez son cada día más graves y el 9 de abril de 1906, Castro expide una alocución anunciando su retiro temporal de la presidencia de la República; quería probar si eran ciertas las noticias acerca de la conspiración de Gómez y medir el grado de su popularidad. Este episodio, que la historia conoce con el nombre de La Aclamación es uno de los actos más pintorescos del gobierno restaurador, por la naturaleza de los documentos que se cruzan entre el presidente y el vicepresidente y de los gestos que escenifican ambos personajes y concluye con la peregrinación de delegaciones de todo el país a la ciudad de La Victoria, donde se había instalado Castro, para pedirle que vuelva a la presidencia y con su anuncio de que regresará a Caracas y reasumirá el poder, el 5 de julio.

Noticias acerca de graves quebrantos de salud del presidente Castro empiezan a circular a mediados de 1906 y la camarilla castrista se dispone a prepararse para la eventualidad de la muerte del presidente, con el propósito de no permitir que Gómez llegue a encargarse del Ejecutivo como su legítimo sucesor. Se agrupan Tello Mendoza, Revenga, Torres Cárdenas, Celis y rodean al general Francisco Linares Alcántara, presidente del estado Aragua, a quien escogen como candidato a la sucesión, en caso de muerte del presidente. Es el episodio conocido con el nombre de La Conjura, durante el cual Gómez se ve amenazado en su vida y tiene que cambiar constantemente de domicilio. Durante los años 1906 y 1907 permanece la mayor parte del tiempo en Maracay, alejado de la actividad oficial, no obstante ser el primer vicepresidente de la República. El restablecimiento de la salud de Castro significa el final de La Conjura, pues él se da cuenta de que sus ministros habían escogido ya un sucesor, dándolo por muerto. Esta reacción del presidente significa la liquidación de la camarilla castrista, así como la recuperación de la confianza en Gómez y la reanudación de la interrumpida amistad. El fracaso de una intervención quirúrgica en Caracas obliga al presidente Castro a viajar a Berlín para ingresar en la clínica del cirujano Israèl. El 23 de noviembre de 1908, Castro se separa del poder y entra Gómez a desempeñar la presidencia en su condición de primer vicepresidente. Al día siguiente se embarca Castro en el buque Guadaloupe, rumbo a Europa. Los juicios intentados por el presidente Castro a la New York and Bermudez Company y a otras compañías norteamericanas y francesas habían provocado, desde 1906, graves tensiones con el Departamento de Estado y con la Cancillería de París y traído como consecuencia la ruptura de relaciones con Estados Unidos, Francia y Holanda. Por su parte, los jefes del liberalismo amarillo y del nacionalismo en el destierro organizan un nuevo movimiento revolucionario, visto con simpatías por los intereses norteamericanos. Estas circunstancias facilitan a Gómez el apoyo suficiente para organizar un golpe de Estado y sustituir definitivamente a Castro en el ejercicio del poder.

El 19 de diciembre de 1908, con el pretexto de un cable, supuestamente dirigido desde Berlín por Castro al gobernador Pedro María Cárdenas, insinuándole la conveniencia de asesinar a Gómez, se inicia la reacción. Se destituye a los jefes militares castristas y se apresa a los ministros que continuaban leales a Castro. Para evitar los problemas del reconocimiento internacional y los compromisos políticos que traería la sustitución violenta del régimen constitucional, Gómez ordena a la Corte Federal y de Casación iniciar el enjuiciamiento del general Castro por intento de asesinato en la persona del vicepresidente encargado y estimula las demandas que los hermanos del general Antonio Paredes, fusilado en 1907 por órdenes del presidente Castro en las riberas del río Orinoco, intentan ante la Corte Federal y de Casación. En el primer gabinete ministerial de Gómez figuran personalidades que habían tomado parte en La Conjura como el general Francisco Linares Alcántara y otros que habían formado filas en la Revolución Libertadora como los generales Roberto Vargas, Rafael María Carabaño y J.M. Ortega Martínez y actúa como secretario general de la presidencia el general Leopoldo Baptista y como canciller Francisco González Guinán, representativo sobreviviente del guzmancismo. Gómez inicia su gestión concediendo la libertad a todos los presos políticos e invitando a quienes permanecían en el exilio a regresar al país; restaura la libertad de prensa, pero se niega a disolver el Congreso y a convocar una Asamblea Constituyente, como lo reclama todo el país.

El 5 de agosto de 1909, el Congreso Nacional aprueba una reforma constitucional que reduce el período presidencial a 4 años; se crea un Consejo de Gobierno, en donde va a tener asiento la mayoría de los antiguos jefes revolucionarios que regresan del destierro y se establece un período provisional hasta el 19 de abril de 1910, en que debe entrar en vigencia la reforma. El 11 de agosto, es elegido Gómez presidente provisional de la República y el 25 de abril de 1910, es elevado por el Congreso al rango de general en jefe de los ejércitos venezolanos. El 27 de abril, las cámaras legislativas lo eligen presidente constitucional de Venezuela para el período 1910-1914. Pero, en 1913 Gómez decide continuar en el ejercicio del poder y esta determinación crea la primera gran crisis en el seno de su gobierno. Los integrantes del Consejo de Gobierno, Baptista, Ayala, Martínez, Peñaloza tienen orden de abandonar el país, mientras Gómez declara turbado el orden público y por lo tanto, suspendido el proceso electoral, alegando como pretexto una supuesta invasión encabezada por el general Cipriano Castro, por las costas de Falcón. Gómez se declara en campaña y se instala en Maracay, mientras que José Gil Fortoul, presidente del nuevo Consejo de Gobierno, ocupa la presidencia de la República. Gómez hace su entrada triunfal a Caracas, el 1 de enero de 1914. El 19 de abril de 1914 un Congreso Nacional de Plenipotenciarios resuelve designar al general Juan Vicente Gómez presidente provisional de la República y comandante en jefe del Ejército; luego dictan los plenipotenciarios un Estatuto Constitucional provisional que regiría hasta que fuera promulgada la nueva Constitución y designa presidente provisional de la República a Victorino Márquez Bustillos y comandante en jefe del Ejército al general Juan Vicente Gómez, disponiendo al mismo tiempo que el período provisorio duraría hasta que, sancionada la nueva Constitución, tomasen posesión de sus puestos los funcionarios constitucionales. En junio quedó aprobado el texto de la nueva Constitución que aumentaba el período presidencial a 7 años.

El 3 de mayo de 1915, el Congreso Nacional eligió al general Juan Vicente Gómez, presidente constitucional de la República para el Septenio 1915-1921. Pero Gómez permanece en Maracay como comandante en jefe del Ejército y presidente electo, mientras que Victorino Márquez Bustillos, en Caracas, en su condición de presidente provisional, atiende durante 6 años, la mayor parte de los problemas de la administración. La decisión continuista de Gómez en 1913 trajo, entre otras consecuencias, la protesta de la Asociación General de Estudiantes y la clausura por 10 años de la Universidad Central; la prisión del periodista Rafael Arévalo González por haber lanzado la candidatura presidencial de Félix Montes, el exilio de Montes que permanecerá en el destierro 22 años, y la conspiración del general Román Delgado Chalbaud, quien fue arrestado y permaneció preso y engrillado en la cárcel de La Rotunda durante 14 años. También se levantará por primera vez en armas el guerrillero guariqueño general Emilio Arévalo Cedeño, quien durante 7 veces y hasta 1931 invadirá el territorio venezolano desde la frontera del Arauca, en el empeño de estimular la protesta contra el régimen de Gómez. La conspiración de Delgado Chalbaud determinó la prisión de numerosas personas en diversas ciudades, entre otros, el jurista Néstor Luis Pérez, de Maracaibo y el presbítero Evaristo Ramírez, de Mérida.

A comienzos del siglo, el general Gómez había formado en Caracas un nuevo hogar con la dama caraqueña Dolores Amelia Núñez de Cáceres procreando 8 hijos: Juan Vicente, Florencio, Rosa Amelia, Hermenegilda, Cristina, Belén, Berta y Juan Crisóstomo. En los gabinetes ministeriales y en el servicio diplomático, el presidente Gómez contó siempre con la colaboración de intelectuales y de profesionales universitarios de notable significación en la vida cultural venezolana y en su mayor parte, pertenecientes a la última generación de pensadores positivistas. Gómez mantuvo siempre un grupo formado por sus compañeros de vida militar y de personas de su intimidad, a quienes de manera permanente confiaba las presidencias de los estados, algunos de los cuales se mantuvieron en el ejercicio de dichos cargos durante los 27 años del régimen.

Goméz creó, por decreto de 1910, la Academia Militar como base de un Ejército Nacional, que pondría término definitivamente al sistema de los ejércitos privados controlados por los caudillos regionales. En este sentido, ordenó el desarme nacional y sometió a regiones como el estado Trujillo a un verdadero régimen de ocupación durante los años 1913 y 1914 mientras que, en los actos del centenario de la independencia en 1911, hacían su presentación los primeros cuadros del nuevo ejército organizado por el chileno Samuel MacGill y el venezolano Félix Galavís. Era un golpe definitivo contra nuevos alzamientos guerrilleros, al estilo del siglo XIX. En esta forma, Gómez pudo hacer frente y derrotar los levantamientos de Horacio Ducharne y Ángel Lanza, en 1913, en el oriente; las repetidas incursiones guerrilleras de los generales Juan Pablo Peñaloza en tierras del Táchira y de Emilio Arévalo Cedeño, en los llanos; de los hermanos Matías y Patrocinio Peñuela, en el Táchira; así como la invasión de Rafael Simón Urbina y Gustavo Machado, en tierras de Falcón y la de los generales Román Delgado Chalbaud y Pedro Elías Aristeguieta, por tierras del estado Sucre, ambas en 1929, al igual que el levantamiento del general José Rafael Gabaldón en Portuguesa y el alzamiento de Norberto Borges en el estado Miranda, también en 1929.

Desde 1913 hasta 1935, con excepción de los años en que Francisco Baptista Galindo ejerció un poder atemperador, las prisiones de La Rotunda, el castillo Libertador de Puerto Cabello y el castillo de San Carlos en el lago de Maracaibo, así como las cárceles de las capitales de los estados, alojaron una numerosa población de presos políticos, muchos de ellos sometidos a la tortura de los grillos o al tormento del tortol, mientras que otros eran enviados a cumplir tareas en la construcción de las carreteras nacionales. A partir de 1913, el presidente Gómez eligió definitivamente como sede de la presidencia de la República y de la Comandancia del Ejército la ciudad de Maracay, la cual fue convirtiéndose de una gran aldea en una ciudad, con vastas construcciones militares y donde la mayoría de los colaboradores militares y civiles del régimen edificaban sus viviendas, al mismo tiempo que Gómez ordenaba la construcción de avenidas, parques, hoteles, teatros y edificios para sede de las oficinas administrativas del Gobierno nacional; y al mismo tiempo que se iba convirtiendo en propietario de las grandes haciendas que rodeaban a Maracay, iniciaba en la ciudad una etapa de construcciones industriales como sede de las fábricas de papel, de jabón y velas, de la ganadera industrial, del lactuario y de los telares que se había dispuesto a fundar, siendo así el primer propietario rural y el dueño de las fábricas más modernas del país. Hasta el año final de su gobierno, a Maracay concurrían para entrevistarse con el presidente Gómez, además de las personalidades de su gobierno, gente de todas las condiciones sociales y la mayor parte de las veces los recibía en el parque zoológico que rodeaba su casa de Las Delicias, a la sombra de un samán. Era hombre de pocas palabras y orientaba las entrevistas sometiendo al visitante a un interrogatorio destinado a enterarse de la verdadera interioridad del visitante. Enviaba a los estados a gente sin cargos visibles, para vigilar a los presidentes. Recibía todas las mañanas, a primera hora, el informe de los presidentes de estados, de los jefes militares y de los jefes de las oficinas de telégrafos que estaban en la obligación de comunicarle toda clase de noticias. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) mantuvo la neutralidad del país, no obstante las presiones de Estados Unidos y de las naciones europeas aliadas y de ser acusado de tener simpatías progermanas. Frente a las presiones norteamericanas, utilizó la presencia del presidente provisional, Victorino Márquez Bustillos, que era en realidad un «primer ministro», para negarse a discutir las proposiciones de ruptura de la neutralidad, alegando que esa materia correspondía al presidente provisional pues él no era sino presidente electo, no juramentado. En 1919, se enfrentó Gómez a la primera conspiración de militares académicos salidos de la Escuela Militar quienes, en unión de estudiantes y periodistas, habían organizado una sublevación que fue descubierta momentos antes de estallar.

El final del período constitucional 1915-1921 coincidió con el comienzo de la era petrolera y por tanto, el comienzo de grandes cambios económicos y sociales que al final habrían de reflejarse en el campo político, aparentemente paralizado. Esta paralización se explicaba, en parte, debido al clima de expectativas causado por el precario estado de salud de Gómez quien padecía, desde hacía ya varios años, de una enfermedad de la próstata. En diciembre de 1921 una retención de orina lo lleva al umbral de la muerte pero gracias a la intervención del doctor Adolfo Bueno, logra recuperarse. Gómez promueve entonces una reforma constitucional que aprueba el Congreso mediante la cual se restablecieron los cargos de vicepresidentes de la República, eliminados en la Constitución de 1914, se mantiene el período presidencial de 7 años, se elimina la Comandancia en Jefe del Ejército para volver a atribuir el comando al presidente de la República y se le permite la reelección. El Congreso reelige presidente para el período 1922-1929 al general Juan Vicente Gómez y nombra primer vicepresidente a su hermano Juan Crisóstomo Gómez y segundo vicepresidente a su hijo el general José Vicente Gómez. El 30 de junio de 1923 es asesinado en su dormitorio en el Palacio de Miraflores el primer vicepresidente Juan Crisóstomo Gómez y mientras el Gobierno señala a los exiliados como autores intelectuales del crimen, las versiones populares lo explican como producto de intrigas y rivalidades en el seno de la familia de Gómez. En 1925, el Congreso Nacional aprueba una nueva reforma mediante la cual elimina la prohibición al presidente de la República de permanecer fuera de Caracas más de 25 días y se fortalece el predominio del poder central al otorgársele autoridad al presidente de la República para designar los presidentes de los estados. El objeto fundamental de la reforma de 1925 era crear el cargo de vicepresidente de la República, eliminando las 2 vicepresidencias, y designar al general José Vicente Gómez como vicepresidente de la República.

En 1928, con el pretexto de un carnaval estudiantil hace acto de presencia en la vida nacional una nueva generación de políticos que van a ser los dirigentes de una nueva oposición, distinta en sus tesis y proposiciones de la mantenida desde 1913 por quienes representaban las tendencias liberales y conservadoras o nacionalistas. El 7 de abril de 1928, se sublevan 2 cuarteles en Caracas y se pone en marcha una conspiración militar en la que participan algunos líderes universitarios que es dominada por el gobierno. En las averiguaciones aparece mezclado en el movimiento el nombre del vicepresidente de la República, general José Vicente Gómez, y en mayo el presidente Gómez promueve una nueva reforma constitucional para eliminar la Vicepresidencia de la República, establecer una nueva norma, según la cual el asiento del Poder Ejecutivo estará en el lugar en donde se hallare el presidente y establece el inciso 6º del artículo 32 de la Constitución para prohibir las actividades comunistas y anarquistas.

En abril de 1929 concluye el período presidencial 1922-1929 y Gómez considera necesaria una nueva reforma constitucional para regresar a la fórmula de 1914, de un presidente de la República y un comandante en jefe del Ejército con quien el presidente de la República debe consultar los nombramientos y remoción de los ministros, la convocatoria del Congreso, la declaratoria de la guerra y la suspensión de garantías y una vez aprobada la reforma por el Congreso, recomienda como candidato a la presidencia de la República a Juan Bautista Pérez (quien desempeñaba la presidencia de la Corte Federal y de Casación) y se hace designar comandante en jefe del Ejército. Esta situación se mantendrá vigente hasta junio de 1931 cuando, por razones de conflictos en el seno del régimen, Juan Bautista Pérez se ve obligado a presentar la renuncia de su cargo y se lleva a cabo una nueva reforma para fundir en uno solo los cargos de presidente de la República y de comandante en jefe del Ejército.

En la etapa 1928-1935, Gómez decreta la creación del Banco Obrero y del Banco Agrícola y Pecuario y promulga la primera Ley del Trabajo. El 7 de julio de 1931 presta por última vez su juramento como presidente de la República de Venezuela. Era el lustro final de su gobierno. Durante los 27 años de su permanencia en el poder, no varió en sus costumbres y mantuvo las mismas de su época de hacendado y de guerrero, caracterizadas por la sencillez en sus hábitos, su desconfianza a las camarillas, la relación directa con gente de todas las condiciones sociales y su capacidad para utilizar en su gobierno las personalidades de mayor prestigio intelectual con que el país contaba. La mayor parte del tiempo vivió solo, asistido por sus edecanes y gente de confianza y visitaba a su familia a determinadas horas del día. Fue dueño de una inmensa fortuna constituida toda en territorio venezolano, evaluada en Bs. 115.000.000 aproximadamente y que en 1936, por decisión confiscatoria del Congreso, pasó, en su totalidad, al patrimonio nacional. R.J.V.

BIBLIOGRAFÍA:

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ICONOGRAFÍA:

RETRATO, Tito Salas, óleo/tela, 1911; reproducción: Uslar Pietri, Arturo, Cuéntame a Venezuela, Caracas, Editorial Lisbona, 1981. RETRATO, Antonio Herrera Toro, óleo/tela, 1911, Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas; reproducción: Uslar Pietri, Arturo, Cuéntame a Venezuela, Caracas, Editorial Lisbona, 1981. FOTOGRAFÍA, Julio Romero de Torres, 1922; reproducción: Uslar Pietri, Arturo, Cuéntame a Venezuela, Caracas, Editorial Lisbona, 1981. FOTOGRAFÍA, 1935, El Universal, Caracas, diciembre 18, 1935. FOTOGRAFÍA, El Nuevo Diario, Caracas, diciembre 18, 1935. FOTOGRAFÍA, La Esfera, Caracas, diciembre 18, 1935. FOTOGRAFÍA, El Heraldo, Caracas, diciembre 18, 1935. FOTOGRAFÍA, Billiken, Caracas, diciembre, 1935. FOTOGRAFÍA, Élite, Caracas, diciembre 22, 1935. FOTOGRAFÍA, colección Biblioteca Nacional, Caracas. FOTOGRAFÍA, colección Biblioteca del Congreso Washington, D.C. FOTOGRAFÍA, colección Luis Felipe Toro, Biblioteca Nacional, Caracas.

Información recuperada de:
Diccionario de Historia de Venezuela. 2da Edición. Caracas: Fundación Polar, 1997.

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