Gabriel García Marquez | Reseña de todas sus Obras

Vida de Gabriel García Marquez

Figura emblemática del realismo mágico y del Boom de la literatura hispanoamericana de los años 60, el novelista colombiano Gabriel García Márquez obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1982 como reconocimiento a una obra innovadora y de singular fantasía imaginativa. García Márquez creó un lenguaje nuevo, un modo de expresión americano, que se realiza sobre un capital de experiencias y de realidades concretas que el autor transforma, e inauguró una manera de narrar que luego tendría muchos seguidores en el ámbito literario hispano. A través de las siguientes fotografías podemos repasar algunos aspectos de su vida y de su obra. Haz clic en las miniaturas para ampliarlas.

Figura mundial

La culminación del realismo mágico (y, sobre todo, su contundente difusión internacional como representante emblemático del Boom de la literatura hispanoamericana) va asociada a la trayectoria del colombiano Gabriel García Márquez, particularmente por ese singular hito literario que significó la publicación de Cien años de soledad, novela que se considera paradigmática de esta corriente. Sin embargo, la ulterior trayectoria del escritor, con la entrega a imprenta de nuevas obras maestras, acabó desbordando las clasificaciones, convirtiéndolo ante todo en uno de los escritores fundamentales del mundo hispano y en una figura de la narrativa mundial de nuestro tiempo. En la imagen, Gabriel García Márquez, Nadine Gordimer y Carlos Fuentes en una conferencia en la Cátedra Julio Cortázar.

Foto de familia

Su infancia transcurrió en su aldea natal, situada en la costa atlántica, con una rica cultura oral que alimentó las fantasías primordiales del futuro creador de la cosmogonía de Macondo. En Vivir para contarla, primera parte de sus memorias, revela muchos detalles de esa etapa de su vida personal y familiar: el talante de su abuelo, Nicolás Ricardo Márquez Mejía, la personalidad de su abuela materna, Tranquilina Iguarán, los sueños de su padre, Gabriel Eligio, y la paciencia vital de su madre, Luisa Santiaga, cuyas virtudes más notorias eran "el sentido del humor y la salud de hierro que las insidias de la adversidad no lograrían derrotar en su larga vida". Toda su obra, manifestó reiteradamente el autor, se inspira en su infancia en Aracataca. En la imagen, García Márquez (centro) con sus hermanos.

Periodista

En 1940 se trasladó a Bogotá. Allí trabajó como reportero y crítico de cine, una pasión duradera. Interrumpió sus estudios de Derecho para desempeñar el periodismo en el diario El Espectador (desde 1947), donde, además de artículos y reportajes (como el titulado "La verdad sobre mi aventura", base de la narración Relato de un náufrago), publicó sus primeros cuentos. De hecho, el periodismo fue una actividad estrechamente vinculada con su obra imaginativa y, además, le permitió vivir largas temporadas en el extranjero como corresponsal (así, por ejemplo, trabajó en 1960 para la agencia cubana prorrevolucionaria "Prensa Latina"). Su producción periodística se encuentra recopilada en De viaje por los países socialistas (1957), Cuando era feliz e indocumentado (1973), Textos costeños, Entre cachacos y De Europa y América (1981-1982).

El coronel

A partir de 1955 su vida transcurrió entre Europa y América. Primero vivió en París, se relacionó con los escritores del boom latinoamericano y redactó El coronel no tiene quien le escriba, que fue publicado en 1958 por la revista Mito y cuya primera edición en libro se realizó en 1961. Raramente sus obras han sido llevadas a la gran pantalla, como si el carácter con frecuencia circular y laberíntico de sus estructuras narrativas y la magia de su estilo fuesen un desafío excesivo para los cineastas. Una de las excepciones ha sido El coronel no tiene quien le escriba.

La consagración

Luego de vivir en Caracas, Cuba, Nueva York y México, en 1965 comenzó a escribir su obra más importante: Cien años de soledad, que le llevó dieciocho meses de arduo y angustiante trabajo, pero con la que consiguió la consagración total e inmediata: más de 50 ediciones sucesivas en lengua castellana, con tiradas de hasta un millón de ejemplares, traducciones a infinidad de idiomas, incluido el chino, y de la que Pablo Neruda opinó: "es la mejor novela que se ha escrito en castellano después del Quijote". Su universo es el tiempo cíclico, en el que suceden historias fantásticas: pestes de insomnio, diluvios, fertilidad desmedida, levitaciones. Es una gran metáfora en la que se narra la historia de las generaciones de los Buendía en el mundo mágico de Macondo, desde la fundación del pueblo hasta la completa extinción de la estirpe, y en la que a la vez se cuenta de manera insuperable la historia colombiana, después del Libertador y hasta los años treinta del siglo XX.

Vivir para contarla

En 2002 Gabriel García Márquez publicó una primera entrega de sus memorias con el título Vivir para contarla. Se trata de una autobiografía novelada que cubre una parte de la vida del autor (desde su nacimiento hasta la primera mitad de la década de los años cincuenta).
Siguiendo la habitual estructura circular de su otras obras, el libro abre con la visita que su madre le hizo cuando él tenía 23 años, vivía en Barranquilla y pretendía ser escritor. Ella quería llevarlo a Aracataca para vender la casa de los abuelos. Empieza entonces un viaje a la semilla que tiene el tono y el tema de un cuento menor de García Márquez, y que revela la génesis de una de sus más perfectas novelas, La hojarasca (1955). Durante el reencuentro con ese pueblo de fantasmas en que se había convertido Aracataca, él comprendió que ése era el mundo sobre el cual debía escribir.
Cuando se cierra ese círculo familiar, se abren otros: sus tiempos de estudiante en Bogotá, sus prácticas de periodismo en Medellín, su regreso efímero a la casa de sus padres... Pero siempre hay saltos atrás, a la infancia, como para apuntalar el presente. Girando y dando vueltas, la historia avanza: desde que está en Barranquilla colaborando asiduamente pero casi gratis en la prensa local y pergueñando sus primeros cuentos, debidamente kafkianos, hasta que en 1956, después de haber publicado su futuro Relato de un náufrago en El Espectador, por cuestiones de seguridad, sus jefes lo envían a Europa. La biografía queda interrumpida en el momento de su primer viaje a Europa y del inicio, a través de una carta, de su relación de toda la vida con Mercedes Barcha.
El sentido de su título queda claro en su epígrafe: "La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla". La inmensa fama del escritor propició una primera edición en todos los países de habla hispana de un millón de ejemplares. Se estima que se pagaron por sus derechos entre cinco y diez millones de dólares, pero el monto exacto se guarda celosamente en secreto.

SUS OBRAS:

El coronel no tiene quien le escriba

El título resume prácticamente el argumento de esta novela de Gabriel García Márquez, publicada en 1961. El coronel (su nombre y apellidos nos son desconocidos, pues el autor siempre lo llama "el coronel"), hombre de buena fe y bastante ingenuo, vive en su pueblo esperando recibir el aviso de que le han concedido la pensión a la que tiene derecho por haber servido en su juventud a las órdenes de Aureliano Buendía (que será uno de los personajes más recordados de Cien años de soledad).
La espera dura desde hace quince años, durante los cuales el coronel no ha dejado de ir a contemplar todos los viernes la llegada de la lancha que trae el correo y la distribución del mismo, llevándose cada vez una decepción.

Fernando Luján interpretó al coronel
en la película basada en la obra
En el transcurso del último año, desde que su hijo Agustín murió acribillado a balazos mientras repartía propaganda clandestina, el coronel y su esposa, enferma de asma, se han visto obligados a vender los pocos objetos de valor que tenían para poder subsistir. Subsistir ellos y el gallo, animal de pelea, herencia de su hijo, por cuya culpa éste murió, según afirma la madre, pues fue en la gallera donde lo mataron.
Pero para las peleas, en las que esperan poder ganar mucho dinero, aún falta tiempo, y la situación es cada día más angustiosa. Enterado el coronel de que por la venta del animal puede obtener hasta novecientos pesos, decide venderlo. Pero cuando lo ve actuar en los entrenamientos siente que no puede desprenderse de él y renuncia a su venta.
Ante las protestas de su mujer, que alega la posibilidad de que el gallo sea vencido y no ganen un peso, y ante la pregunta de ella: "Dime, qué comemos", el coronel responde: "Mierda", palabra con la que termina el relato. La narración, muy corta (no llega a las cien páginas de letra grande) tiene un argumento muy sencillo. Lo que confiere calidad a la obra es la descripción de su tipos: el coronel, su esposa, el médico, don Sabas (el hombre más rico del pueblo). También el ambiente, mitad real, mitad fantástico, que impregna toda la obra de García. Márquez, le confiere una atmósfera de sutil poesía.

Los funerales de la Mamá Grande

Publicada en 1962, esta obra del escritor colombiano Gabriel García Márquez es una recopilación de relatos. Son historias muy breves en su mayoría, a veces de dos o tres páginas tan sólo, escritas con su peculiar estilo, que nos llevan al mundo a la vez mágico y real de la imaginaria aldea de Macondo, que ya fue escenario de La hojarasca y lo será de nuevo de su obra maestra, Cien años de soledad.
El primer cuento, La siesta del martes, narra el viaje de una madre y su hija que acuden a Macondo para visitar la tumba de su hijo y hermano, muerto a tiros cuando intentaba robar en casa de la señora Rebeca Buendía. En el segundo, Un día de éstos, el dentista Aureliano Escobar le arranca a lo vivo y sin anestesia, con la excusa de que tiene un absceso, un diente a su enemigo el alcalde: "Aquí nos paga veinte muertos, teniente".
En En este pueblo no hay ladrones, Dámaso, joven y pobre, con su mujer mayor que él y encinta, para conseguir algo de dinero roba en el bar de don Roque. Sólo encuentra unos pocos centavos y decide robar las bolas de billar. Al día siguiente, don Roque declara que, además de las bolas, el ladrón se llevó 200 pesos. El aburrimiento en el bar, donde sin bolas no se puede jugar, y los remordimientos (un negro forastero fue acusado del robo) hacen que Dámaso decida devolverlas. Sorprendido por don Roque en el momento de hacerlo, éste le reclama los 200 pesos; "usted sabe que no había nada", protesta Dámaso, y don Roque le responde: "Te los van a sacar del pellejo, no tanto por ratero como por bruto".
En La prodigiosa tarde de Baltazar, éste, de profesión carpintero, construye una jaula, la más hermosa de cuantas hizo nunca. El médico quiere comprarla, pero Baltazar le dice que es un encargo. Fue el hijo de Chepa Montiel quien se la encargó, pero ahora su padre no quiere pagar el precio. Ante la desesperación del muchacho, Baltazar se la regala. De regreso a su casa, completamente borracho, cae inconsciente y, además, le desvalijan.
La viuda de Montiel narra los primeros tiempos de viudedad de esta mujer que siempre vivió fuera de la realidad. Su marido se hizo rico con la traición y el terror, y ahora se ha quedado sola con su imaginación y fantasías. En Un día después del sábado se nos cuenta un hecho fantástico; acuciados por el calor tórrido, los pájaros penetran en las casas para morir. Acompañan la historia las alucinaciones del párroco del pueblo y de Rebeca Buendía, así como la visita de un forastero que pierde el tren.
En Rosas artificiales, una ciega, a pesar de su ceguera, es capaz de "ver" lo que le pasa a su nieta. El último cuento da título al libro: Los funerales de la Mamá Grande. En él se relata la muerte y entierro de María del Rosario Castañeda y Montero (la Mamá Grande) junto con recuerdos de su vida anterior, "antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores", construyendo un relato de gran imaginación y colorido.

Cien años de soledad

Publicada en 1967, Cien años de soledad relata el origen, la evolución y la ruina de Macondo, una aldea imaginaria que había hecho su aparición en las tres novelas cortas que su autor había publicado con anterioridad. Estructurada como una saga familiar, la historia de la estirpe de los Buendía se extiende por más de cien años, y cuenta con seis generaciones para hacerlo.
La crónica de los Buendía, que acumula una gran cantidad de episodios fantásticos, divertidos y violentos, y la de Macondo, desde su fundación hasta su fin, representan el ciclo completo de una cultura y un mundo. El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada más por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo.
El realismo mágico (también llamado lo real maravilloso) hace posible que la objetividad de la vida material se vea matizada por la subjetividad de la fantasía. Lo insólito (situaciones parecidas a los cuentos de hadas, levitaciones, premoniciones, la extrasensorialidad presente) da lugar a una atmósfera mágica que atenúa la miseria social y humana, de forma que lo mágico subraya la dureza y desajuste de la realidad, la violencia que domina la vida cotidiana.

Argumento

Dos familias, la de los Buendía y los Iguarán, han acabado por dar luz a un muchacho con cola de iguana a fuerza de casarse entre sí. Úrsula Iguarán, recién casada con José Arcadio Buendía, se niega a que el matrimonio se consume por temor a que también les nazca un hijo con cola. Ello da pie a que Prudencio Aguilar eche en cara José Arcadio su poco valor. José Arcadio acaba matándole por su provocación, pero el muerto se le aparece constantemente.
Huyendo del fantasma del muerto, y al frente de un grupo de compañeros, José Arcadio llega a una aldea de apenas "veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río" y se queda a vivir en ella. Esta aldea se llama Macondo, mítico escenario de ésta y otras obras del autor. El único contacto que sus habitantes tienen con el exterior lo constituyen las periódicas visitas de unos gitanos capitaneados por un tal Melquíades, que, además de conocer el sánscrito, introducen en Macondo el hielo y el imán.
El libro se inicia, precisamente cuando Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, hijo de José Arcadio, recuerda aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Así comienza el libro, pero no la historia, que abarca, en realidad, cuatrocientos años y nos informa acerca de innumerables antepasados de José Arcadio y de su esposa Úrsula, revelando en su construcción, como gran parte de la narrativa hispanoamericana del momento, la influencia de Faulkner: su acción no avanza de manera cronológica, sino a brincos, por flashes que nos permiten conocer fragmentos de ella y sólo luego, al final, proporcionamos una visión global.

Gabriel García Márquez
El suceso más antiguo relatado en la obra ocurre en 1573, en una casa de Riohacha asaltada por Francis Drake. Después del asalto del inglés, una antepasada de Úrsula, casada con un aragonés trasplantado a Colombia, se asusta tanto que comienza a sufrir pesadillas protagonizadas por el pirata penetrando con sus perros por las ventanas del dormitorio. Para ahuyentar las pesadillas, el matrimonio se traslade a una ranchería del interior, donde conocen a los Buendía, unos criollos cultivadores de tabaco.
Un tataranieto del criollo se casa con una tataranieta del aragonés, y a partir de entonces las familias no dejarán de mezclar su sangre a lo largo de los tres siglos siguientes, hasta llegar a los ya citados José Arcadio y Úrsula, que tienen tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta. El viejo José Arcadio muere loco de tanto estudiar, atado a un árbol del patio, y tras su muerte cae lluvia de flores. No es éste el único momento mágico de la novela.
José Arcadio hijo se casa con Rebeca, una prima lejana, por lo que su madre, encolerizada por que teme que puedan tener hijos con cola de iguana, la echa de casa. Cuando José Arcadio aparece muerto, Rebeca se encierra en la casa donde vivirá con Arcadio, un hijo bastardo que José Arcadio ha tenido con Pilar Ternera, una mujer del pueblo que también le ha dado un hijo (José Aureliano) a su hermano Aureliano.
Antes de morir fusilado por liberal, este Arcadio tendrá tres hijos con Santa Sofía de la Piedad: Remedios, José Arcadio Segundo y su gemelo Aureliano Segundo. A Remedios, que es muy bonita pero no brilla por su inteligencia, le pasa lo mismo que a su tía abuela Amaranta: los hombres que a ella le gustan no la quieren, y los que la quieren no le gustan. Cuando muere, después de habérsele muerto todos los novios, sube al cielo.
Respecto a Aureliano, se casó con una hermosa niña llamada también Remedios, la cual muere de un mal embarazo antes de cumplir un año. Aureliano organiza un ejército del que se nombra coronel y se marcha a luchar contra los conservadores. En el transcurso de veinte años participará en treinta y dos guerras civiles, que perderá indefectiblemente debido a la tristeza que le embarga, por lo que al final, cansado, firma la paz y regresa a Macondo, donde pasa el tiempo confeccionando pescaditos de oro, lo mismo que hacía antes de casarse, que luego deshace como Penélope hacía con su tela. Ello no le impide tener diecisiete hijos, uno de los cuales, llamado también Aureliano, será quien lleve el tren a Macondo.
Aureliano Segundo se enamora de Fernanda, una mujer muy hermosa, reina de Madagascar, emparentada con los Duques de Alba, que aparece en Macondo durante el carnaval. A pesar de que ignora donde vive, Aureliano Segundo sale en su busca, la encuentra, se casan y viven felices en la casa de Úrsula, a pesar de que el matrimonio corre peligro de naufragar porque Aureliano mantiene relaciones extraconyugales con Petra Cocer; pero como ésta les abastece de ganado, Fernanda acepta el hecho sin pestañear. El matrimonio tiene tres hijos: Meme, José Arcadio Tercero (al que la vieja Ursula manda a estudiar a Roma para que llegue a ser Papa), y Amaranta Úrsula.
José Arcadio Segundo es nombrado capataz de una compañía platanera dirigida por extranjeros, e interviene en una huelga con tres mil compañeros que morirán ametrallados en la plaza de la estación de Macondo. Único superviviente de la matanza, hasta la muerte de su hermano gemelo vivirá encerrado en una habitación donde se encuentran varias docenas de bacinillas.
Comienza a llover, una lluvia que ha de durar cuatro años, y cuando deja de hacerlo el ganado proporcionado por Petra ha muerto y la casa se ha reblandecido. Lo poco que aún queda de ella lo derriba Aureliano Segundo buscando la hipotética fortuna de la vieja Úrsula. Los únicos a quienes el temporal no ha afectado son Aureliano Babilonia, bastardo de Meme, y Amaranta Úrsula, la hija menor de Fernanda. Al poco tiempo, muere Amaranta, que ha hecho un pacto con la muerte durante un concierto de Meme; después muere Rebeca y después Arcadio Segundo. El mismo día, su madre, tal como le había prometido, degüella a su gemelo, para evitar que le entierren vivo.
En la casa sólo quedan Aureliano Babilonia, el bastardo de Meme, al que Fernanda, avergonzada, ha ocultado, y Fernanda, que pasa el tiempo escribiendo a sus hijos todas las fantasías que se le ocurren. Sintiendo próxima la muerte, se viste de reina y muere con toda dignidad, tras haber escrito unas memorias que lega al estudiante de papa, que vuelve meses después a Macondo sin haber aprobado los estudios. Éste encuentra la fortuna de Úrsula y la gasta con un grupo de chiquillos, pero un día se enfada, los azota y los echa de la casa. Después de una supuesta reconciliación, los chiquillos lo ahogan en la bañera durante una de sus fiestas.
Aureliano Babilonia, que lee cuanto cae en sus manos, queda solo en la casa con Amaranta Úrsula, abandonada por su marido, un belga que sueña con el correo aéreo y que, aunque va a todos lados atado por un hilo de seda a la muñeca de su mujer, la deja para ir en busca de un avión perdido. Al quedar solos, Aureliano Babilonia y Amaranta Úrsula, que ignoran su parentesco, se enamoran y tienen un hijo, que nace con la consabida cola. Amaranta muere de una hemorragia y Aureliano se emborracha y es recogido en la calle por una antigua amante.
Cuando regresa por la mañana a su casa, las hormigas se han comido al niño. Al final, un ciclón se lleva la casa por los aires, mientras Aureliano lee en unos pergaminos del gitano Melquíades la historia de la familia y la profecía de que no durará más que el tiempo de su lectura: "antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".
Macondo quiere ser sin duda un espejo de la realidad de cuanto ocurre no solamente en Colombia, sino en toda Sudamérica, que ha vivido en su soledad, aislada del resto del mundo, con el que sólo ha mantenido esporádicos contactos (los gitanos de Melquíades, que la conquistan a base de maravillas perfectamente comparables con los abalorios y chucherías de que siempre se sirvieron misioneros y conquistadores), pero todo esto tendría escaso valor si no contara con su extraordinaria fabulación, con toda esa magia que se confunde de continuo con la realidad, dando lugar a un mundo mítico creado mediante un lenguaje de gran fuerza expresiva.

Relato de un náufrago

Aunque conocida con este título abreviado, el verdadero título de esta obra, mucho más largo, resume perfectamente la historia: Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre. Publicado por entregas en El Espectador de Bogotá en 1955 y más tarde en libro (en 1970), no una novela, sino un reportaje periodístico que da cuenta de un suceso real.
Con impecable técnica literaria y profesional estilo noticioso, García Márquez relata un suceso acaecido a un marinero de la armada colombiana llamado Luis Alejandro Velasco. La historia, reconstruida minuciosamente por el escritor sudamericano en primera persona a partir del testimonio del protagonista, fue tácticamente atribuida a éste en la prensa y sólo legitimada tras el formidable éxito de Cien años de soledad.
El 28 de febrero de 1955, ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas cayeron al agua a causa del contrabando que sobrecargaba el buque frente a los bandazos del viento en mar gruesa. Aunque el gobierno del dictador colombiano Rojas Pinilla atribuyó el naufragio a una tormenta en el Caribe, lo cierto es que no hubo tal tormenta y que la negligencia fue la única responsable de la catástrofe. La denuncia supuso la clausura del periódico, la caída en desgracia del marino y el exilio de Gabriel García Márquez en París.
El destructor Caldas y su tripulación habían pasado ocho meses en el puerto de Mobile, Alabama, a raíz de las reparaciones que se efectuaban en el buque. Como presume el tópico, el marinero Velasco repartía su ocio entre su nueva novia, Mary Address, y diversos métodos para matar el tiempo con sus compañeros, como las broncas a puñetazos o las salidas al cine. Viendo la película El motín del Caine, los marineros colombianos experimentaron cierta inquietud ante las escenas de una tempestad. Como si de una premonición novelesca se tratara, Velasco albergaba recelos sobre el inminente regreso del destructor a su base en Cartagena.
Lo cierto es que, a unas doscientas millas del puerto, la sobrecarga situada en la cubierta del buque se desprendió a causa del viento y del oleaje y se llevó al agua a ocho marineros. La desgracia quiso que Velasco fuera el único que alcanzara a nado una de las balsas arrojadas por el destructor. Impotente, nada pudo hacer por sus compañeros, que se ahogaron a pocos metros de donde él estaba.
Mientras el buque de guerra proseguía su rumbo sin detenerse (llegó a su base con puntualidad), el náufrago esperó inútilmente que le rescataran con rapidez. En una balsa a la deriva, desprovista de víveres, en compañía de su reloj y tres remos, resistió durante diez días la sed, el hambre, los peligros del mar, el sol abrasador, la desesperación de la soledad, la locura, únicamente con su instinto de supervivencia. Aunque los aviones colombianos y norteamericanos de la Zona del Canal pasaron muy cerca de él, no llegaron a localizarle.
Tras comprender que nadie podría ayudarle, y aun cuando deseó la muerte para dejar de sufrir, sobrevivió contra todo pronóstico a las condiciones adversas. Aunque cazó una gaviota no pudo llegar a comérsela, y los tiburones le arrebataron un pez verde de medio metro que llegó a atrapar y del que sólo probó dos bocados. Tampoco consiguió despedazar sus botas ni su cinturón para aplacar el hambre, ni la lluvia hizo acto de presencia para permitirle beber. Se entretuvo en comprobar, en su reloj, cómo el tiempo transcurría inexorable, y por las noches, en una especie de delirio formado por el recuerdo y el pánico a la soledad, conversaba con el espíritu de su compañero, el marinero Jaime Manjarrés.
El naufragio de Velasco constituyó una estremecedora experiencia de la soledad, tema predilecto en la literatura de Gabriel García Márquez. No es que el náufrago ocupara las largas horas de su infortunio en la reflexión, dada la urgencia de su situación y el delirio al que lo sometió. Sin embargo, sí fueron horas dedicadas a la experiencia de sí mismo, a la vivencia de la realidad a partir de los instintos más primitivos y de los sentimientos más humanos.
Tras sobrevivir a una tempestad durante el séptimo día de deriva, Velasco afirma: "Después de la tormenta el mar amanece azul, como en los cuadros". Con el registro eficaz del periodismo, reconstruyendo la odisea del marinero, Gabriel García Márquez se esfuerza precisamente en hacer verosímil una realidad que de tan asombrosa y terrible pudiera parecer imaginaria. Los esfuerzos del escritor colombiano por devolver al mundo de la ficción lo que a priori es poco verosímil fundamentan su estilo.
Si increíble resulta la aventura del náufrago, también lo es su final. Cuando Velasco vio tierra, aún tuvo que alcanzar la playa a nado para no estrellarse contra unos acantilados; tuvo que luchar contra las olas que le devolvían al mar, tuvo que contar su historia a campesinos desconfiados que no conocían la noticia del naufragio, y durante dos días, soportó que le trasladaran en una hamaca como una atracción de feria por territorios agrestes, hasta que por fin le vio un médico y le permitió comer normalmente. Condecorado por el presidente de la República, hizo bastante dinero con la publicidad, se arruinó y acabó trabajando como oficinista en una empresa de autobuses.

El otoño del patriarca

Publicada en 1980 y ambientada en un supuesto país situado a orillas del Caribe, El otoño del patriarca relata la vida de un dictador que muere viejísimo, llegando a conservar el poder durante más de cien años. A través de sus recuerdos, el lector se entera de que es hijo de una mujer del pueblo, Bendición Alvarado, única persona a quien quiso de verdad; que no supo quién fue su padre; que su primera infancia transcurrió en la miseria y que llegó a dictador, después de varias contiendas y golpes de estado, por voluntad de los ingleses.
Se relata también la historia de su doble, Patricio Aragonés, que murió en un atentado, vengado sangrientamente; cómo su lugarteniente más fiel, el general Rodríguez de Aguilar, acaba traicionándole, por lo que él manda que lo maten y guisen y obliga a sus ministros a que se lo coman; y cómo ya en su ancianidad se casó con una novicia raptada, Leticia Nazareno, la única mujer que consiguió llevarle al matrimonio; también ésta y su hijo mueren en un atentado, a cuyos autores se encarga de perseguir José Ignacio Sáenz de la Barra, quien, como antes el general Rodríguez de Aguilar, gobierna con mano férrea y acaba cruelmente asesinado y mutilado durante un levantamiento instigado por el mismo dictador, que le teme.
Ya en los últimos años de su vida, el endeudamiento del país le obliga a vender incluso el mar a los "gringos". Toda su vida es una continua zozobra para conservar el poder, cosa que hace sin contemplaciones, pues "el único error que no puede cometer ni una sola vez en toda su vida un hombre investido de autoridad y mando es impartir una orden que no esté seguro de que será cumplida". Sus represiones son crueles y totales, ya que "todo sobreviviente es un mal enemigo para toda la vida". Se niega a pensar en lo que vendrá después de él porque "ya lo verán, decía, se volverán a repartir todo entre los curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres... porque éstos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo".
Al final, "más solo que nunca", morirá de muerte natural y lo encontrarán medio comido por los gusanos. El autor intenta transmitir a sus lectores el sentimiento de soledad que embarga al dictador y poner en evidencia las atrocidades a que puede conducir un poder sin límites.
Los hechos se narran en primera persona, tanto por parte del dictador como por otros personajes de la novela que toman respectivamente la palabra sin solución de continuidad. Esto y la escasez de puntos (ningún punto y aparte, excepto los de final de capítulo), hacen que la lectura resulte muchas veces difícil. No obstante el autor, con su estilo brillante, consigue dar vivacidad y colorido al relato y hacer llegar su mensaje al lector.

Crónica de una muerte anunciada

Publicada en 1981, esta novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez basa su argumento en un suceso ocurrido durante la juventud del escritor: un asesinato por motivos de honor. Muchos años después el narrador, erigido en cronista e investigador de unos hechos que vivió muy de cerca pero que no llegó a presenciar, reconstruye minuciosamente la historia, sin ocultar en ningún momento su desenlace, que anuncia desde la primera frase de la novela: "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana..."

Gabriel García Márquez
Santiago Nasar es un joven de 21 años, hijo del árabe Ibrahim Nasar y de Plácida Linero. Tras una noche de juerga que se había prolongado hasta pasadas las doce para festejar el matrimonio de Bayardo San Román y Ángela Vicario, Santiago Nasar fue al puerto a recibir al obispo, que luego pasó por el río sin detenerse, bendiciendo desde el barco a quienes habían ido a esperarle.
A las siete y cinco minutos de la mañana, los gemelos Pedro y Plácido Vicario, hermanos de la novia, ya le habían degollado como a un cerdo. Así termina el primer capítulo de la novela, que se compone de cinco, estando reservados los otros cuatro a contar los antecedentes de la boda de Ángela Vicario y a seguir paso a paso, aun con más detalle que en el primero, las andanzas de Santiago Nasar la mañana en que le mataron.
Ángela Vicario, a quien hasta entonces "No se le había conocido ningún novio... y había crecido junto con sus hermanas bajo el rigor de una madre de hierro", fue obligada por su padre y hermanos a casarse con Bayardo San Román, un hombre llegado a la ciudad el año anterior y al que ella apenas había visto. Bayardo era hijo de Petronio San Román, "héroe de las guerras civiles del siglo anterior, y una de las glorias mayores del régimen conservador por haber puesto en fuga al coronel Aureliano Buendía" (destacado personaje de Cien años de soledad).
Por la madrugada, apenas terminados los festejos de la boda, Bayardo devuelve a Ángela Vicario a la familia, porque al ir a consumar el matrimonio descubre que la novia no es virgen. Obligada por los suyos a confesar quién la ha deshonrado, Ángela da el nombre de Santiago Nasar, posiblemente porque "no pensó que sus hermanos se atreverían contra él".
La deshonra ha de vengarse con sangre, y los hermanos Vicario cogen de inmediato sus cuchillos de destripar cerdos y salen en busca de Santiago, con quien habían estado bebiendo hasta poco antes. Actúan así obligados por los códigos de honor, por los cuales les corresponde a ellos vengar la afrenta, pero no desean vengarse; acudiendo adonde saben que Santiago no estará y diciendo a todo el mundo que van a matarle, intentan propiciar la fuga de Santiago o su propia detención; en ambos casos habrían cumplido con su deber. "La realidad parecía ser que los hermanos Vicario no hicieron nada de lo que convenía para matar a Santiago de inmediato y sin espectáculo público, sino que hicieron mucho más de lo que era imaginable para que alguien les impidiera matarlo, y no lo consiguieron".

El cineasta italiano Francesco Rosi dirigió una película basada en la obra (1987)
A decir verdad, "nunca hubo una muerte más anunciada". Lo fue incluso por medio de un papel introducido por debajo de la puerta en la casa de la víctima; un papel que nadie vio, o no quiso ver, hasta después de acaecidos los hechos. También hubo otras circunstancias que hicieron que esa muerte se produjera. Santiago, que siempre entraba y salía de su casa por la puerta trasera, lo hizo ese día por la principal, donde los hermanos Vicario, que sabían como todo el mundo que nunca la usaba, le estaban esperando para que todos les vieran. La puerta seguía todavía abierta cuando Santiago, avisado desde un balcón de que los Vicario se acercaban para matarle, buscó refugio en la casa; pero en el último momento, creyendo que ya había entrado, cerraron la puerta desde dentro, y los Vicario no tuvieron más remedio que hincar sus cuchillos en el asombrado Santiago.
A la víctima sólo le quedaron fuerzas para arrastrarse, con las tripas fuera, hasta la cocina de su casa y morir. Muchas cosas quedan sin aclarar; entre ellas, si es verdad que había sido Santiago quien deshonró a Ángela, cosa que ella siempre afirmó, aunque sin demasiada convicción.
Desde el momento en que Bayardo San Román la devolvió a los suyos, Ángela Vicario, que se había casado con él sin estar enamorada, sintió que "estaba en su vida para siempre". Mucho tiempo después vio a Bayardo San Román en un hotel de Riohacha y, sin poder resistirlo, le escribió una carta "en la cual le contaba que le había visto salir del hotel, y que le habría gustado que él la hubiera visto".
A pesar de que no obtiene respuesta, Ángela le sigue escribiendo, primero una carta al mes, y luego una por semana, durante media vida. Finalmente, Bayardo San Román regresó junto a ella: "Llevaba la maleta de la ropa para quedarse, y otra maleta igual con casi dos mil cartas que ella le había escrito... ordenadas por sus fechas, en paquetes cosidos con cintas de colores y todas sin abrir".
Alejada de los rasgos del realismo mágico, la Crónica de una muerte anunciada es una novela rápida, que sigue paso a paso, casi cronométricamente, los sucesos, con una gran riqueza en la caracterización de los personajes y de ambiente parecido al del resto de su producción; lo mismo que el lenguaje, tal vez menos barroco que en ocasiones anteriores. Sobresale especialmente por su perfección constructiva: el material narrativo se dispone de manera que, pese a anunciarse el desenlace en la primera página, mantiene durante toda la novela en vilo al lector; sólo en el último capítulo se llega a comprender el cúmulo de fatales circunstancias que condujo a un crimen tan fácilmente evitable y que nadie deseaba.

El amor en los tiempos del cólera

Publicada en 1985, esta novela de Gabriel García Márquez consagrada al amor se inicia con dos muertes: la de Jeremiah de Saint-Amour, un refugiado antillano inválido de guerra, y la del doctor Juvenal Urbino, que al regresar de casa de su amigo suicida, en su intento de recuperar un loro huido, refugiado en el mango del patio de la suya, cae desde lo alto y se mata. "Sólo Dios sabe cuánto te quise", tiene apenas tiempo de decirle a Fermina Daza, su mujer, la misma a quien un rato después, Florentino Ariza, uno de los asistentes al velorio, le dirá: "Fermina: he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para repetir una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre".
Esto ocurre un domingo de Pentecostés de principios de la década de los años treinta, en una ciudad colombiana del litoral del Caribe que por su cercanía a la desembocadura del río Magdalena podríamos suponer que se inspira en Barranquilla; en un tiempo que no volveremos a recuperar hasta haber leído trescientas páginas largas de esta novela que alcanza las quinientas.
Trescientas páginas a través de las cuales asistimos, en gran parte, a la "educación sentimental" de Florentino, enamorado, siendo aún adolescente, de Fermina Daza, con quien apenas cruza palabra pero sí mantiene una muy nutrida y apasionada correspondencia. A la vuelta de un viaje por el interior, impuesto a Fermina Daza por su padre (que quiere apartarla de su enamorado), se da cuenta repentinamente de que Florentino Ariza no es el hombre que puede hacerla feliz y le rechaza, casándose con el doctor Urbino, a quien rechazaba en un principio. Aunque relativamente feliz, Fermina Daza no tardará en darse cuenta de su equivocación; ha rechazado al hombre que quería y, llevada por un extraño destino, se ha entregado al que no quiere.

Gabriel García Márquez
Mientras esto ocurre, el cólera hace estragos y se suceden las guerras entre liberales y conservadores, sin que por ello se resienta demasiado la vida de la ciudad caribeña. Florentino Ariza, a pesar de seguir queriendo a Fermina, va pasando de mujer en mujer, de aventura en aventura, al tiempo que escala puestos en la compañía familiar de navegación fluvial, de la cual acabará siendo presidente.
Muerto Urbino, y de nuevo rechazado por Fermina, Florentino Ariza volverá, como ya hizo en la adolescencia, a escribirle, a conquistar poco a poco con su verbo apasionado a la mujer, que acabará aceptando primero su amistad y luego viajar por el río Magdalena en uno de los barcos de la compañía, sin saber, hasta el último momento, que Florentino la acompañará.
Será en el río Magdalena donde estos viejos, que ya pasan de los setenta, se entregarán a su amor, con tanto apasionamiento que, para librarse de testigos y permanecer a solas en el barco, Florentino hará que en el viaje de vuelta se enarbole la bandera amarilla del cólera y, una vez llegados a la desembocadura, y por lo tanto a la ciudad, vuelva a remontar el río; un Magdalena muerto, debido a la tala excesiva de la selva, por el que bajan cadáveres, con un tiro en la nuca o bien víctimas del cólera, pues los tiempos del cólera no han quedado atrás, pese a los partes de las autoridades sanitarias. Tampoco ha quedado atrás el amor, puesto que el amor es amor "en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más se acerca a la muerte".
Con visiones de muerte, que no consiguen sobreponerse al amor, acaba como comenzó esta novela por la que cruzan muchos personajes que en ningún momento arrebatan su protagonismo a la pareja de amantes, que sólo con Urbino comparten. Mucho más lineal que otras del mismo autor, la poesía ya no nace de esos elementos mágicos a que tanto nos tiene acostumbrados García Márquez, aunque tampoco falten algunos (la muñeca negra que aumenta de tamaño, Florentino comiendo rosas), sino de la fuerza de su mismo tema: el amor, protagonista absoluto de la obra, arropado, en ocasiones, por un paisaje mucho más mágico de cuanto puedan serlo otros fenómenos y aconteceres más sorprendentes y extraños.

Doce cuentos peregrinos

Publicada en 1992, esta recopilación de cuentos del escritor colombiano Gabriel García Márquez tuvo una extraña génesis: se inspiraron en un sueño que tuvo cuando residía en Barcelona. "Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne...", cuenta el autor.
Por fortuna para los lectores, no se trataba de un sueño premonitorio. Pero sí anunciaba esa aura de melancolía profunda que impregna los mundos de García Márquez y que tan exactamente se plasma en el primero de los cuentos, Buen viaje, señor presidente, cuya atmósfera de ternura envuelve la soledad de un antiguo gobernante caribeño que ha vuelto a Ginebra para buscar solución médica a los dolores que padece. Acaban de darle un diagnóstico y permanece sentado a la orilla del lago ("siempre pensando en la muerte, cuando empezó el otoño") hasta que, aterido, se refugia en la cafetería donde un cuarteto de cuerda toca un Mozart premonitorio.
Allí se toma un café, saltándose las prescripciones médicas y, sl salir, descubre que alguien le sigue. Le interpela: se trata de un compatriota, Homero Rey de la Casa, un chófer de ambulancias del hospital donde acaba de visitarse. Comen juntos y, el jueves siguiente, Homero invita al presidente a cenar en su casa.
La situación económica de Homero y de Lázara, su mujer, es precaria. Pensaban que podrían sacarle algún provecho a su relación, pero, a la postre, serán ellos los que ayudarán al anciano presidente. Cuando sale del hospital, ya operado, lo recogen en su casa y lo cuidan unos meses hasta que finalmente, más o menos restablecido, marcha a Marsella para embarcar de vuelta al Caribe.
Los cuentos que siguen, todos ellos autónomos, forman no obstante una unidad basada en la estructura, el ritmo, el estilo y el carácter de alguno de los personajes, a través de lo cual se adivina la profunda elaboración de cada relato. En La santa, un padre intenta que el Papa santifique a su hija y trajina por Roma su cadáver, que se conserva milagrosamente incorrupto. El cadáver aterroriza a una prostituta y a la dueña de la casa, que lo toma por el fantasma de la amante de un oficial alemán. Nadie cree en el prodigio, salvo el cineasta Zavattini, quien piensa que el tema daría para hacer una gran película, pero debe enfrentarse a la resistencia de ayudantes y productores: "Es lo que más me jode de los estalinistas, que no creen en la realidad". Pero los estalinistas no son los únicos. Margarito Duarte, el padre, consume su vida en Roma, llegando a asistir a la muerte de cinco papas, sin que ninguno de ellos ni sus vanas promesas hagan posible que el Vaticano acepte canonizar a la niña muerta.
En El avión de la Bella Durmiente, la enigmática Frau Frida vive en Viena de su único oficio, alquilarse para soñar, y cuando ella y Pablo Neruda coinciden en Barcelona, ambos sueñan mutuamente el uno con el otro. Este rasgo tan propio de la temática de García Márquez, bucear en la mente más allá de los habituales límites de la consciencia y el inconsciente, caracteriza también "Sólo vine a hablar por teléfono", una dramática historia en que la muchacha protagonista, María, entra en un manicomio para hablar por teléfono y, kafkianamente, es retenida allí.
Rasgo común, también, de todos los relatos reunidos en estos Doce cuentos peregrinos es su singular perspectiva, una forma peculiar de mirar que, lo mismo que al autor, le hace preguntarse al lector dónde termina la vida y dónde empieza la imaginación. Pero en ese límite incierto entre la realidad y la ficción en que se adentra García Márquez, el lector, una vez más, es seducido por su maestría narrativa.

Memorias de mis putas tristes

En estas Memorias de mis putas tristes (2004), Gabriel García Márquez cuenta la historia de un longevo periodista que, al cumplir 90 años, decide celebrar su aniversario con una niña virgen de 14 años. Para obtenerla recurre a su antigua conocida, Rosa Cabarcas, dueña de un prostíbulo que frecuentó durante muchos años.
A los pocos días, consigue a la muchacha. En el primer encuentro, Delgadina es sedada por la matrona, para que pierda el miedo. Entonces, el anciano la encuentra dormida y se dedica a contemplarla.
La peculiar relación se prolonga durante un año y le hará recordar el pasado, la carrera de periodista, el amor a la música, los libros preferidas y el gusto por la putería. También, como todo enamorado, incrementará su actividad para halagarla; con esas reminiscencias, motivaciones y un nuevo cariño, que darán sentido al final de su existencia, podrá enfrentar lo inevitable.
La obra aborda pues el peculiar amor de un viejo. A cierta edad, el vigor se le agota. Sin embargo, queda la emoción en el corazón. En ese momento, el anciano busca tener una relación y al hacerlo se da cuenta de que el amor no pasa, como muchos hombres creen, únicamente por el coito, sino que puede darse también a través de la caricia, la contemplación y el silencio. La nueva forma permite admirar en el terreno de la imaginación la belleza irresistible del otro, es decir, la magnificencia de la vida misma. Dice el longevo periodista: "Aquella noche, descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin los apremios del deseo o los estorbos del pudor". La fascinación por la querida conmueve al hombre mayor, lo llena de fantasías y le permite ocultar el temor a la muerte, así como enfrentar la decrepitud.
La historia recuerda, por su brevedad y lo intenso de la trama, a El coronel no tiene quien le escriba. De carácter realista, el alejamiento del "realismo mágico" es total. El resultado es una narración directa, íntima y, por supuesto, triste.
Extraido con permiso del website: Biografías y Vidas
Biografías de personajes históricos y famosos

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