Cuál es el Significado de Pedofilia. Concepto, Definición, Qué es Pedofilia

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Conceptos y Significados de Pedofilia

1. Significado de Pedofilia

Desde un punto de vista médico, la paidofilia o pedofilia es una parafilia que consiste en que la excitación o el placer sexual se obtienen, principalmente, a través de actividades o fantasías sexuales con niños de, generalmente, entre 8 y 12 años. A la persona que padece pedofilia se le denomina pedófilo, un individuo de, al menos, 16 años que se entretiene sexualmente con menores de 13 y respecto de los que mantiene una diferencia de edad de, por lo menos, cinco años.
La pedofilia es un rasgo multifactorial en la personalidad del que la padece, y se compone de aspectos mentales, institucionales, de actividad, de educación sexual, de violencia, de control de las pulsiones, etc. En este sentido, se suelen distinguir dos tipos de pedofilia, una primaria o esencial, muy arraigada en el sujeto, y otra secundaria (u otras), que aparecería motivada por factores circunstanciales.
Por lo demás, en determinados casos en que la relación entre el pedófilo y el menor se prolonga en el tiempo, puede haber por parte del adulto un enamoramiento real con esa persona a la que él considera como su joven pareja, sobre todo cuando esta se halla en la edad de paso entre la infancia y la pubertad.
Existen, a este respecto, diversas asociaciones de pedófilos que reivindican la pedofilia como una forma más de vivir la sexualidad humana y que, en consecuencia, debe ser aceptada con naturalidad por parte de la sociedad.
Las conductas pedófilas son muy heterogéneas, desde casos inofensivos o casi inofensivos, hasta aquellos en que alcanzan niveles que entran dentro de lo criminal. A la actividad sexual de un pedófilo con un menor de 13 años se lo conoce con el nombre de abuso sexual infantil o pederastia (palabra que, etimológicamente, significa lo mismo que pedofilia).

2. Definición de Pedofilia

Desde el punto de vista médico de la psiquiatría, la pedofilia constituye un trastorno sexual que hace que quien lo padece se sienta atraído física y sexualmente hacia los niños de su mismo o diferente sexo, o en su defecto, que mantenga fantasías sexuales con estos.
A la persona que padece de pedofilia o de paidofilia, como también se la conoce, se lo llama pedófilo, y normalmente se trata de un individuo que supera los 18 años de edad y que siente placer al entretenerse sexualmente con menores de edad, siendo la edad de los menores bastante variable y dependiente de quien la padece, aunque, ha habido casos de individuos que se sentían atraídos sexualmente por niños de tan solo 3 años.
La psiquiatría, aquella disciplina que la estudia, sostiene que la pedofilia es un rasgo multifactorial de la personalidad, ya que se encuentra compuesta por aspectos mentales, de educación sexual, de actividad, institucional y de violencia, entre otros. Por tanto, es que se distinguen dos tipos de pedofilia: una primaria o esencial, muy presente en el sujeto, que supone una inclinación sexual casi exclusiva por los niños y otra secundaria , la cual se encuentra motivada por factores circunstanciales, es decir, por ejemplo, tras el acontecimiento de una situación de estrés o de soledad surge la inclinación, aunque es acompañada por una atracción hacia los adultos, surgiendo el interés por los niños en momentos ocasionales.
La conducta pedófila puede oscilar entre situaciones que rozan lo inofensivo o lo casi inofensivo hasta aquellas que se pueden encuadrar dentro de lo criminal por las consecuencias que las mismas provocan en las víctimas.
Mientras tanto, a la actividad sexual de un pedófilo con un individuo menor de 13 años la denominamos como abuso sexual infantil o pederastia.
La fabulosa difusión y la enorme posibilidad de interacción por esta vía que propuso Internet, provocó que la pedofilia avance a pasos agigantados y así es que muchísimos pedófilos la han aprovechado para difundir y defender su inclinación sexual así como para también captar niños.
Como consecuencia de lo mencionado, los gobiernos han duplicado sus esfuerzos para captar a los pedófilos, como quien dice, con las manos en la masa. Con el recurso de señuelos plantados en internet, muchos pedófilos y aún más, muchas redes que andan dando vuelta por el mundo promoviendo este comportamiento, pudieron ser desbaratadas.

3. Concepto de Pedofilia

Según el manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) la pedofilia se encuentra dentro de la categoría de parafílias, ubicada dentro de la categorización mayor de “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”.
La pedofilia se define como fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no inferior a los seis meses. El manual indica que estas fantasías e impulsos sexuales provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo. El manual indica distinguir a su vez en el diagnóstico cuando se trata de una situación incestuosa, si es exclusivo (solo atracción con niños), si es hacia varones, mujeres o por ambos sexos.
La definición del DSM-IV lleva implícita la concepción clásica, pero otras lecturas permiten pensar que esa definición resulta bastante acotada. Es posible ver conductas pedofílicas menos marcadas, y de otras personas que no sufren de un malestar significativo al respecto. Incluso se parte de esta situación para pensar otros aspectos relevantes, tal como puede ser la pregunta si es que se trata de cuestiones médicos biológicas o no. Por otra parte cabe la pregunta si es que este fenómeno se da principalmente en personas que está a cargo del cuidado de niños por lo que cabría la hipótesis según la cual el contacto permanente con niños favorecería la manifestación paidofílica.

4. Qué es Pedofilia

Definición de pedofilia

Búsqueda del placer sexual, por medio de las relaciones sexuales con niños. Expertos mundiales indican que para la calificación de pedofilia como trastorno sexual es necesario que la conducta se prolongue durante un periodo de al menos seis meses, incluyendo fantasías, impulsos o comportamientos sexuales con niños pre-púberes o un poco más mayores, por lo general de doce años o menos.

Puede darse de diferentes formas: con relación a la orientación, puede ser de tipo heterosexual, homosexual o ambas; con relación a objeto, éste puede ser exclusivamente pedofílicos o no.

Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la penetración. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño y, por lo general, es alguien conocido o familiar

Se distinguen dos variantes en la pedofilia: la sentimental homo erótica y la agresiva heterosexual.

Los sentimentales homo eróticos tienen poco o ningún interés por las mujeres, toda su capacidad sexual se concentra en los niños, concretándose bajo la forma de caricias que le provocan el orgasmo.

Los agresivos heterosexuales intentan satisfacer sus impulsos con niñas, con métodos que van desde la seducción a la violencia, terminando (muy pocas veces) en homicidio sádico-criminal.

¿Como se da el abuso sexual a menores?

La mayoría de los abusos sexuales ocurren en el propio hogar de las/os menores, y el agresor es generalmente el padre, el padrastro, el hermano o cualquier pariente cercano que tiene fácil acceso a la víctima. En estas circunstancias el abuso sexual se le llama incesto.

¿Cuál es la incidencia?

Los abusos sexuales no son sucesos aislados. Generalmente ocurren a lo largo de mucho tiempo, meses o años. Además, al contrario de lo que puede suponer, se producen en todas las clases sociales y son muchas las niñas y niños afectados. Entre el 20 % y el 30% de las mujeres han sido abusadas sexualmente en su infancia o adolescencia. Alrededor del 15 % de niños también lo han sufrido. Sin embargo, el silencio y el secreto que rodea a estas experiencias, y que permite que se sigan repitiendo, nos hace pensar que son casos raros. Por eso es tan importante que hablemos de la existencia de los abusos sexuales y los reconozcamos como un problema social que hay que abordar.

¿Cuáles son los comportamientos o formas de presentación?

Los comportamientos abusivos van desde acciones que no suponen un contacto sexual como las proposiciones verbales o la exhibición de los órganos genitales, hasta la penetración anal o vaginal.

Algunos de estos comportamientos son:
" Exhibirse desnudo delante de la menor con el fin de excitarse sexualmente.
" Observar a la niña vestirse o desvestirse o cuando está en el baño, orina, etc (con el mismo fin).
" Tocarle, besarle, agarrarle.
" Forzarle a ver imágenes o películas, escuchar conversaciones sexuales, posar para fotografías, ver o presenciar actividades sexuales.
" Sexo oral o vaginal.
" Ser sometida a tratamientos médicos innecesarios.

Es importante, sobre todo, considerar que una conducta es abusiva cuando es vivida y sentida de este modo por la niña, niño o adolescente, cuando es mirada o tocada de un modo que la hace sentirse intimidada.

¿Cómo saberlo?

La mayoría de las niñas y niños que están siendo víctimas no se lo cuentan a nadie porque creen que la gente va a pensar que no es verdad. A veces desconocen incluso el vocabulario necesario para hablar sobre el tema y por lo tanto no pueden adecuadamente. Aunque generalmente no lo expresan verbalmente, sí lo hacen mediante algunos cambios en su comportamiento.
Debemos ponernos alerta cuando de pronto una niña o niño comienza a manifestar simultáneamente varios de lo siguientes comportamientos:
" Se resiste a ir a cierto lugar o a quedarse con cierta persona.
" Aparecen trastornos en su forma de dormir (tiene pesadillas, se orina en la cama, teme dormir sola, necesita una luz encendida durante toda la noche, etc.)
" Aparecen trastornos en la alimentación (no tiene apetito o tiene mucho apetito de pronto)
" Siente nuevos temores y necesita que se le tranquilice mucho más que antes.
" Retorna a un comportamiento inmaduro, como de bebé.
" De repente rechaza al padre o a la madre de forma repentina.
" A veces se automutila o intenta suicidarse.
" Puede fugarse de casa para evitar que continúen los abusos.
" Baja su rendimiento escolar y cambia su comportamiento social.

Si una niña o niño de repente cambia y manifiesta varios de estos síntomas, hay muchas posibilidades de que haya o esté sufriendo un abuso sexual.

5. Definición de Pedofilia

Búsqueda del placer sexual, por medio de las relaciones sexuales con niños. Expertos mundiales indican que para la calificación de pedofilia como trastorno sexual es necesario que la conducta se prolongue durante un periodo de al menos seis meses, incluyendo fantasías, impulsos o comportamientos sexuales con niños pre-púberes o un poco más mayores, por lo general de doce años o menos.

Puede darse de diferentes formas: con relación a la orientación, puede ser de tipo heterosexual, homosexual o ambas; con relación a objeto, éste puede ser exclusivamente pedofílicos o no.

Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la penetración. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño y, por lo general, es alguien conocido o familiar

Se distinguen dos variantes en la pedofilia: la sentimental homo erótica y la agresiva heterosexual.

Los sentimentales homo eróticos tienen poco o ningún interés por las mujeres, toda su capacidad sexual se concentra en los niños, concretándose bajo la forma de caricias que le provocan el orgasmo.

Los agresivos heterosexuales intentan satisfacer sus impulsos con niñas, con métodos que van desde la seducción a la violencia, terminando (muy pocas veces) en homicidio sádico-criminal.

6. Definición de Pedofilia

El término pedofilia proviene de las palabras griegas pàis y philia y significa literalmente “amor por los niños”. En 1986 el Consejo de Europa ha propuesto la definición de los abusos: “Los actos y las carencias que turban gravemente el niño, atentan a su integridad corporal, a su desarrollo físico, intelectual y moral, cuyas manifestaciones son el descuido y/o las lesiones de orden físico y / o psíquico y /o sexual de parte de un familiar o de otros que tienen a su cuidado el niño”.
Señalamos ahora algunas definiciones tomadas de la literatura de los últimos años al respecto.
H. Kempe dedicó muchos esfuerzos al estudio del tema. Propuso esta definición: abuso sexual es el envolver a niños y adolescentes, sujetos inmaduros y dependientes, en actividades sexuales que ellos no entienden todavía completamente, y en las que aún no pueden consentir con total conciencia o que son de tal modo que violan tabúes vigentes en la sociedad acerca de los roles familiares1.
“Cualquier acto sexual que incluya la exhibición de los genitales sin contacto físico, caricias y besos a los genitales o penetración” (Ogato et altri, 1990).
Besten (1991) para definir el abuso sexual retiene que se deben verificar los siguientes factores: a) el abuso sexual es siempre una forma de violencia física y/o psicológica en modo tal de no dejar expresar el consentimiento o el rechazo; b) el abusador proviene normalmente de un ambiente familiar; c) el abuso disminuye el desarrollo equilibrado del niño; d) el abuso suele arrastrarse por años y no es un caso aislado e) delimitar con precisión los confines existentes entre un gesto natural y un abuso es de difícil gestión para un extraño. Son los niños quienes advierten en primer término el momento en el que tiene inicio la explotación de sus cuerpos; f) el abuso explota la sinérgica combinación entre poder autoritario del adulto y dependencia de los niños.
Steinhage (1992) en una definición clara dice que “emerge siempre una situación de abuso sexual toda vez que un adulto se acerca intencionalmente a un niño con el propósito de excitarse o apagarse sexualmente”.
Finalmente, la definición de Welch y Faiburn (1994) de abuso sexual: “Cualquier experiencia sexual con compromiso del contacto físico, hecho contra la voluntad, y que comprendiese el ser tocado o ser obligado a tocar al abusador en cualquier modo de tipo sexual, comprendido el sexo oral y la relación sexual completa forzada (estupro)”.
Con estas definiciones tenemos ya un panorama completo de lo que se entiende por abuso sexual de menores.
“La cuestión de si la seducción y la amenaza, la creación de temor y de esperanza, son equivalentes a la violencia coactiva se plantea en la filosofía cuando se pregunta si las acciones que se realizan bajo tales influencias son libres o no”2. El insigne filósofo dirá luego: “hay que hablar de violencia, de coacción, cuando la intervención en un actor quiebra su unidad consigo mismo, la unidad de su voluntad”3.
La pedofilia es siempre, al menos al principio, aunque latente siempre, una violencia injusta, una distorsión del querer, un abuso desde la superioridad al menos de edad.
Veamos otro aspecto: ¿es la pedofilia una realidad menor, una realidad que apenas afectaría a pocos? ¿Hay marcos teóricas que justifiquen de algún modo la pedofilia? ¿Se trata de una patología de las pulsiones o instinto o de una desviación psicosocial? ¿Hay relación entre la personalidad narcisista y el pedófilo? No pensemos que las preguntas son vanas ni las dicta la fantasía. Estudiemos lo que pasa, que al decir del filósofo Julián Marías, es siempre algo que nos pasa.


7. Concepto de Pedofilia

Recordemos que el término pedofilia fue acuñado en alemán por el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing (1840-1902), quien utilizó por primera vez la expresión Pädophilia erotica en su influyente libro Psychopathia Sexualis, publicado en 1886.
Una de las primeras controversias surgen entre los términos (para nosotros sinónimos) paidofilia y pedofilia.
La RAE recoge las dos variantes morfológicas, pedofilia y paidofilia. La raíz ped(o)-/paid(o)- ‘niño’ procede del griego paidós ‘niño’. Desde el punto de vista etimológico, es más correcta la primera, pues el diptongo griego ai se transcribe ae en latín y e en español. Sin embargo, quizás por razones de eufonía, la RAE prefiere la forma paido-, conservando el diptongo original griego. La forma paedofilia, que en ocasiones también se emplea, contiene la conservación del diptongo latino, y su uso puede estar influido por el inglés paedophilia.
La segunda controversia se establece entre los términos pedofilia y pederastia.
El diccionario de la Real Academia Española ha introducido en su última edición (2001) el término pedofilia, además de seguir registrando la palabra pederastia, para las que recoge las siguientes definiciones: a) Pedofilia. f. Atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes, b) Pederastia. f. Abuso sexual cometido con niños.
Desde el punto de vista semántico, la distinción es clara: una cosa es sentir atracción erótica por los niños, y otra, abusar sexualmente de ellos. Así pues, la distinción surge entre la tendencia sexual (pedofilia) y la práctica abusiva -y además delictiva- (pederastia).
Algunos abusadores sexuales infantiles refieren ser pedófilos pero no pederastas, distinguiéndose así estos individuos entre tener la tendencia que los empuja a sentir atracción sexual por los niños (pedofilia) y las prácticas sexuales con menores (pederastia), conducta considerada delictiva según nuestro Código Penal. Al margen de la veracidad de la afirmación de los presuntos abusadores de que resistían sus impulsos, y de que sus palabras fueran o no un mero recurso jurídico empleado en su defensa para conseguir la absolución, hay que reconocer que, prescindiendo de estos casos concretos y a nivel general, la distinción entre la atracción sexual hacia los niños y los delito de abuso sexual de menores, nos parece oportuna.
En el primer caso, pues, estamos ante una tendencia psíquica, considerada como una parafilia por la sexología y la psiquiatría, mientras que en el segundo nos situamos ante una práctica, que además es delictiva según nuestra legislación. Pero debemos aclarar que, si el pedófilo de alguna manera establece un vínculo efectivo (acción) de aproximación o tocamiento erótico sobre un menor, esta conducta es delictiva, aunque no haya existido la violación, ya que el CP tipifica esta conducta como abuso sexual simple (ex abuso deshonesto) explicitado en el Art. 119 CP.
El error nace en confundir la simple atracción erótica sexual de un adulto por un menor, parafilia no concretada, con el accionar explícito de la tendencia, confusión que se acentúa por la utilización en nuestra lengua de dos términos diferentes para distinguir estos dos conceptos. Las palabras pedofilia y pederastia se emplean como sinónimos, para referirse tanto a la atracción sexual como al delito, al igual que pedófilo y pederasta.
En el lenguaje periodístico encontramos indistintamente el uso de pedofilia con el sentido de delito y con el significado de enfermedad; así, por ejemplo, se emplea el sintagma «acusar de pedofilia»; se habla de una «red de pedofilia» para designar una organización de personas dedicadas a la explotación sexual de menores; asimismo, la palabra aparece en ocasiones en enumeraciones junto a otras conductas delictivas.
Conviene tener presente que no toda persona pedófila tiene que haber cometido actos de abuso sexual infantil. Por tanto, no todos los pedófilos presentan conductas pedofílicas o son pederastas, esto es, delincuentes o explotadores sexuales.
En ocasiones, se distinguen tres tipos de trastornos según la edad de la persona que es objeto del deseo sexual: se emplea pedofilia para la atracción hacia niños en edad prepuberal, efebofilia (del griego ephebo ‘niño que ha entrado en la pubertad’) para referirse al deseo sexual hacia adolescentes, y nepiofilia (de nepion ‘infante’) para designar la atracción hacia niños lactantes o infantes.
Según el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) la pedofilia (F65.4) se encuentra dentro de la categoría de parafilias, ubicada dentro de la categorización mayor de “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”.
La pedofilia se define como fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no inferior a los seis meses.
El manual indica que estas fantasías e impulsos sexuales provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo. Distingue a su vez en el diagnóstico cuando se trata de una situación incestuosa, si es exclusivo (sólo atracción con niños), si es hacia varones, mujeres o por ambos sexos.
La definición del DSM-IV lleva implícita la concepción clásica, pero otras lecturas permiten pensar que esa definición resulta bastante acotada. Es posible ver conductas pedofílicas menos marcadas, y de otras personas que no sufren de un malestar significativo al respecto. Incluso se parte de esta situación para pensar otros aspectos relevantes, tal como puede ser la pregunta si es que se trata de cuestiones médico- biológicas o no. Por otra parte cabe la pregunta si es que este fenómeno se da principalmente en personas que está a cargo del cuidado de niños por lo que cabría la hipótesis según la cual el contacto permanente con niños favorecería la manifestación paidofílica.
Últimamente al actualizar la “Nomenclatura de las manifestaciones sexuales” que hemos publicado en la Revista Alcmeón N° 42, Año XIV, Vol. 11, N° 2 de abril de 2004, se ha expresado que dentro las perturbaciones sexuales cualitativas, con referencia a la configuración de la imagen de la pareja, según al “modo” de obtener placer erótico se encuentran las manifestaciones respecto a la edad del partenaire. Allí encontramos las “paradojas sexuales”, es decir, las manifestaciones erótico-sexuales entre personas de distintas generaciones (cronofilia). Así observamos con cierta frecuencia la paidofilia o pedofilia, el lolismo, la efebofilia y la gerontofilia.
La pedofilia es la actividad sexual con niños (del griego pais, paidos; niño). Es una de las pocas conductas sexuales consideradas delictivas, porque pueden generar un daño o psicotrauma en su formación o desarrollo sexual.
a pedofilia se trata de una preferencia sexual por los niños, normalmente de edad prepuberal o de la pubertad temprana. Algunos de los afectados sienten atracción únicamente por las niñas, otros únicamente por los niños y otros están interesados por ambos sexos.
La pedofilia se presenta raramente en mujeres. Los contactos entre adultos y adolescentes sexualmente maduros es algo socialmente reprobado, en especial si los que intervienen son del mismo sexo, pero esto no se acompaña necesariamente de pedofilia. Un incidente aislado, en especial si el que lo lleva a cabo es un adolescente, no es signo de la presencia de la tendencia persistente o predominante que se requiere para el diagnóstico. No obstante, entre los afectados de pedofilia, hay varones que manifiestan una preferencia por una relación de pareja sexual adulta, pero que debido a que hay reiteradas frustraciones en sus intentos de contactos adecuados, los han sustituido de manera habitual por niños. Los varones que abusan sexualmente de sus propios hijos prepuberales suelen abordar en ocasiones también a otros niños, pero en ninguno de estos casos hay nada más en su comportamiento que sugiera una pedofilia.
Por lo tanto, los pedófilos suelen ser predominantemente varones y frecuentemente de edad avanzada aunque no se descarta esta inclinación sexo-amorosa en las mujeres, y las víctimas tanto niños como niñas. Cuando se utiliza al o la menor como objeto pasivo de una cópula anal se denomina a esa acción pedicación.
El lolismo es la preferencia sexoerótica de varones maduros por adolescentes (niñas en su despertar puberal). El término se popularizó por la novela de Novikov “Lolita”. Se llama también hebefilia.
Se denomina corofilia (Hirschfeld) la inclinación de ciertas lesbianas maduras por niñas impúberes.
La efebofilia es la atracción sexual de una persona madura hacia adolescentes varones de 13 a 18 años.
La gerontofilia, es la atracción sexual de un varón joven por una mujer anciana (graofilia o anililagnia) o de una joven por un anciano. Puede ser una atracción sexoerótica hétero u homosexual. Muchas veces se observa que tal relación mas que una imposición libidinal tiene otras motivaciones como, por ejemplo las económicas.
Otros términos de interés que debemos recordar son: sodomía, pederastia y la pederosis.
La sodomía (de Sodoma, ciudad palestina a orillas del Mar Muerto) consiste en el sexo anal. La cópula anal puede ser heterosexual (anomeatia) u homosexual (androsomdomia). La sodomía se acepta que es el sexo anal entre varones y por extensión con animales (autores germánicos) con los que se tiene penetración (sodomización).
La pederastia (del griego paiderastía)es en general sinónimo de sodomía, es decir, la realización de la penetración anal. Se refiere en común y habitualmente a la que se realiza entre homosexuales, aunque en ciertas circunstancias (raramente) puede utilizarse para la cópula anal entre heterosexuales. Se llama sujeto activo al que realiza la inmisión peniana (en la jerga: “bufarrón”) y pasivo al que se presta a la inmisión (en la jerga: “comilón”). Los sexólogos alemanes suelen emplear el término latino “pedicatio”, siendo sinónimo de “conmasculatio” (Moll).
El término pederastia también se lo suele utilizar para describir el sexo anal practicado por un adulto con un menor. Así se habla de pederasta al que practica la cópula anal activa o pasiva como amante de los jóvenes (Giese).
La pederosis (Forel) es la cópula anal practicada por un adulto sobre un menor de uno u otro sexo tomado como objeto pasivo (pedicación). El sexo anal practicado sobre una niña también se le llama corefalismo.
Se denomina socialmente “taxi boy” al adolescente o adulto joven que vende sus favores sexuales a clientes homosexuales solo como “una escapada” de su heterosexualidad. Lo que confiere este característico matiz de sordidez a la prostitución homosexual contemporánea no es tanto la utilización indisimulada del dinero (muchas veces para el consumo de drogas) cuando la pretensión de disimular, bajo la excusa de la moneda, la naturaleza de la pulsión que se remunera. La pretensión que se aduce es la de restringir su participación en el contrato homosexual al rol “activo” (penetrador anal o pasivo del felador), no calificando por ello de homosexuales sus propias conductas, sino que éstas se reservan para sus clientes o partenaires, con el beneficio de la aceptación popular.