Cuál es el Significado de Amar. Concepto, Definición, Qué es Amar

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Definición de Amar

definicion de amor

1. Significado de Amar

La palabra amar presenta un uso extendido en nuestro idioma y está asociada por excelencia al amor, uno de los sentimientos más importantes que experimentamos los seres humanos y que tiene que ver especialmente con el afecto profundo, el apego y el compromiso que se sienten por otra persona.
Entonces, el amar es disponer de amor y querer a otro.
Si bien solemos utilizar con mayor frecuencia la palabra amor y amar en relación a un sentimiento más bien romántico por otro individuo que nos atrae, también, podemos encontrarnos con personas que la emplean pero para expresar otro tipo de vinculaciones que nada tienen que ver con lo amoroso, tal es el caso de relaciones de amistad, familiares.
Ahora bien, siempre, siempre, cuando se habla de amar se estará dando cuenta de un grandísimo afecto.
Pero el indicado no es el único uso que presenta esta popular palabra sino que también es usada para indicar la concreción del acto sexual con aquel individuo que nos corresponde en el sentimiento del amor. Laura y Juan se amaron por primera vez en la casa de ella mientras sus padres estaban de viaje.
Y por otra parte cuando experimentamos un gran y desmedido interés por algo, una actividad, una cosa , decimos amarlo. María ama cenar con sus amigas todos los jueves por la noche. Mi papá ama jugar al golf.
Entre los sinónimos más usados para esta palabra destacan los de querer y apreciar, aunque, cabe destacarse que en el uso corriente se les atribuye una intensidad menor a la que implica amar por lo cual si bien se suelen usar indistintamente, a veces, algunas personas pueden interpretar una mayor o menor intensidad del sentimiento de aprecio según se use uno u otro.
Mientras tanto, la palabra que se opone a la que nos ocupa es la de odiar, que implica lo totalmente opuesto: sentir aversión, rechazo por alguien o algo.
Por la enorme importancia que el sentimiento presenta en la humanidad de nuestro planeta ha sido un tema ampliamente abordado en libros, películas, programas de televisión, entre otros. Aún más, muchas de esas historias son transportadas de la vida real y viceversa, es decir, la gente se puede ver reflejada en algunas.


2. Definición de Amar

el amor

¿Que es amar?

Amar es sentir cariño, unión, no solo material, sino espiritual, amar es sentir a la otra persona, y que esta te sienta a ti, amar no es tener un anillo de compromiso o estar unidos bajo el titulo de novios, amar es entregar tu vida a una persona, que la recibirá y la valorará como tu valorarías la suya, amar es pensar en otro sin llegar a la obsesión, amar no son 4 letras, amar es vivir.
Amar es pensar en tres: Tu, yo, nosotros...; amar no es el simple hecho de caricias y besos, amar es sentir en plenitud tu corazón, sentirlo lleno, de deseos, sentir cada latido fuertemente dentro de ti, sentir tu sangre corriendo en tus venas, dándote fortaleza para enfrentar cualquier reto.

Amar es gozar tu vida, pues sin amor no hay vida, todo el mundo ama a algo o a alguien, amamos a nuestros padres, a nuestro equipo de fútbol, a Dios, a la vida.
Pero no todos pueden amar a otra persona que de un momento a otro entra en su vida, para quedarse y no salir, para invadir su mente y corazón, sus acciones y pensamientos, para que la mires todo el tiempo, desde la ventana de tu corazón.
El primer amor quizás es el amor verdadero, no lo sé, aun no vivo lo suficiente, pero en 14 años de vida me he dado cuenta que a partir de que te enamoras de alguien, tu vida no será igual. Dependerás de ella en cada momento, no podrás dormir, no podrás comer, no podrás pasar ni un solo instante de tu vida sin pensar en esa persona a la que ya has entregado tu corazón.
Amar no siempre es un sentimiento recíproco, amar puede dar vida pero también puede quitarla, el amor es peligroso cuando se transforma en odio y olvidas que tanto dependías de aquella persona a quien querías, y lo único que piensas es en perjudicarla.
Enamorarse no es amar, pues amar es eterno, enamorarse es mirar con perfección a tu pareja mientras que amar es comprender los defectos y virtudes de ella, amar no es buscar el paraíso, amar es estar en el paraíso.
El amor no es algo que se encuentra en un diccionario, o en el parque, el amor no se puede buscar, pues el amor llega a ti, tarde o temprano, el te encontrará, solo hay que darle tiempo al tiempo, aunque quizás algunos no encuentren amor, hasta que se reúnan con los Ángeles en el reino del cielo.
Amar obsesionadamente, no es amar, como dice el refrán: si en verdad quieres a alguien déjala ir, y si es para ti volverá, sino, nunca lo fue.
Solo recuerda que las cosas pasan por alguna razón, lo malo trae algo bueno, y a veces lo bueno tiene algo malo, solo depende de tu perspectiva de la vida, nunca veas solo el lado negativo de las cosas, ni tampoco solo veas el positivo.
Llo que tienes que hacer es fijarte en ambas partes, valorar las cosas positivas que resultaron de tus acciones y corregir las cosas negativas, pues solo de esta manera podrás crecer espiritual y mentalmente.
Las lágrimas son el consuelo del alma, son el parche de las penas, son la expresión del corazón, lloras cuando pierdes a un ser querido o cuando un amor no es correspondido, pero son mejores las lágrimas que derramas cuando te llenas de alegría porque tus sueños son realidades, tus deseos son acciones, y tu amor es real, no de ficción.
Recuerda que solo se vive una vez, ama sin límites, sin fronteras o temores.
Ama y deja que te amen, vive tu vida poniendo amor en todo lo que haces y espera que el destino te de aquella persona a quien vayas a amar eternamente, pues cuando ésta llegue tu corazón se dará cuenta y te lo dirá.
Pero no significa que te sientes a esperar, significa que tendrás que conocer gente, que te llenará de experiencias, las cuáles te harán crecer y aprender.
La mayoría solo serán enamoramientos pasajeros, que no dejan huella, pero sí dejan rencores, que lo único que hacen es amargar tu vida, pero tú dales la espalda, vive con el corazón no con la mente, piensa antes de actuar y no después de pagar, no lastimes corazones ajenos, pues corazones ajenos te lastimarán a ti.
No desperdicies tiempo de tu vida en vicios, o en sueños que esperas que se cumplan, la única manera de cumplirlos es actuando. No dejes que solo sean sueños, hazlos realidad, ten fuerza de voluntad y recuerda que hay dos cosas que todo lo pueden, la fe y el amor, pues vivir SIN AMOR NO ES VIVIR.


3. Concepto de Amar

El Diccionario Encarta lo mismo que el Diccionario de la Real Academia Española, señala que la palabra “amar”, en su primera acepción significa “tener amor a alguien o algo”, y en su segunda acepción, en desuso en nuestro idioma, “desear”. Despierta curiosidad el ver que el verbo “amar”, consignado en el diccionario como un verbo transitivo, lo cual supone una acción que se ejerce sobre algo o sobre alguien, sea definido únicamente como un sentimiento que un sujeto “tiene”.
En cuanto a la palabra “amor” se la define, en lo esencial, y en diversas acepciones, como tendencia, atracción y sentimiento, que conducen hacia la entrega y el encuentro. Quedémonos entonces, sin el ánimo de ser completos o exhaustivos en los pormenores de la definición, con la idea de que el amor es un sentimiento que nos inclina hacia la cercanía y la unión con lo que amamos, pero no omitamos señalar que ese sentimiento incluye los deseos y los actos que procuran el cuidado, la conservación y “el bienestar” de lo que amamos.
El odio es en cambio definido (en el Diccionario Encarta) como “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”. Dado que se lo considera como el antónimo por excelencia del amor, corroboramos entonces que dentro del amor se incluye también la simpatía, y el reciente descubrimiento de las neuronas “espejo” nos revela que esos sentimientos se arraigan fuertemente en la estructura misma de nuestros sistemas orgánicos.
Hace poco, en el libro "Las cosas de la vida", decíamos:
"Hablamos de la amistad y del cariño que se construyen con los años y con los recuerdos compartidos. Hablamos de la familiaridad y de la confianza que genera la convivencia estrecha. Hablamos del compañerismo que surge cuando se tienen las mismas necesidades, intenciones y proyectos. Hablamos de los deseos de una unión genital, y también del deseo de estar cerca, o de ser consolado, acariciado y confortado. Hablamos de los dos grandes afrodisíacos que conducen al orgasmo: el ángel de la ternura y el demonio de las fantasías perversas.
Hablamos de la simpatía que nace en un instante dado en la ocasión de una mirada, un gesto, una actitud, y de la excitación que se experimenta frente a la desenvoltura de una conducta erótica. Hablamos de la aceptación de nuestra persona, tal cual es, implícita en la sonrisa con la cual nos estiman. ¡Y a toda esa diversidad la llamamos “amor”, con una misma palabra!
Digamos, sin ánimo de definición, que el amor adquiere en muchos casos la apariencia de una figura esquiva, inalcanzable, y que en otros se nos presenta como una cierta forma de “iluminación”, momentánea y transitoria, que forma parte del misterio de la vida. Produce entonces una sensación de curiosidad, respeto y maravilla, que nos lleva a ubicarlo en el lugar de lo sublime. […] Podría decirse […] que el hombre enamorado se vuelve capaz de conmoverse ante la luz de la luna o ante la magnitud del cielo estrellado […] pero existe también una capacidad de enamorarse, y es la misma que nos hace sensibles a la belleza de un crepúsculo.[…].
Es cierto que el adolescente se enamora desde sus impulsos juveniles, pero son los mismos impulsos que alimentan las diferentes formas de su entusiasmo entero. […] Cuando el adulto, o el anciano, pierden la curiosidad del niño y la pasión del joven, su mirada no se apaga porque se han tornado añosos, sino porque en el transcurrir de su vida su vitalidad se ha arruinado".
¿Qué se ama cuando se ama? ¿Existen formas “normales” y “patológicas” de amar?
El diccionario, como hemos visto, consigna que, como la experiencia muestra, sentimos amor hacia algo o hacia alguien, pero no es menos cierto que cuando profundizamos en las circunstancias que acompañan nuestro amor, o si queremos dar razón a sus motivos, descubrimos que si amamos a quien amamos es “por algo” que solemos denominar sus cualidades.
No siempre esas cualidades serán las que nuestro pensamiento alega, porque aunque una parte importante de nuestro sentimiento de amor nos conduce a identificar las cualidades que amamos y llevarlas a nuestra conciencia en el afán de deleitarnos, entusiasmarnos o extasiarnos con ellas, no es menos cierto que nuestro amor, y con él la inclinación de nuestro ánimo, nace muy frecuentemente mucho antes de que nuestra conciencia pueda atribuirlo a las cualidades que aducimos.
El elenco de cualidades que solemos amar en cosas y personas puede ser muy amplio pero, más importante que entrar en su detalle, me parece subrayar dos circunstancias generales que lo caracterizan. La primera de ellas es que se trata de cualidades hacia las cuales deseamos acercarnos porque nos “hacen falta”, y la segunda, corolario de la primera, es que nos hacen falta “para algo”, se trate de construir el nido que llamamos familia, de tener hijos que puedan ser amados, o de “poner en obra” nuestra vida, en nuestro entorno, en la plenitud de su forma.
Mientras que la palabra “patológico” se refiere sin lugar a dudas a la enfermedad, la palabra “normal” posee dos acepciones diferentes. Es cierto que normal es lo que coincide con la norma, pero la norma puede ser trazada con el criterio “ideal” que procura elegir aquello que funciona mejor, o con el criterio estadístico que la diseña a partir de lo que predomina.
Desde este último punto de vista, tal como lo ha señalado Weizsaecker, la enfermedad es normal. Limitémonos entonces al hecho escueto de que hay amores que funcionan bien y otros que funcionan mal, y agreguemos enseguida que los primeros nos “hacen bien” porque enriquecen placenteramente nuestra vida y la conducen hacia su plenitud, y que los segundos nos “hacen mal” porque entorpecen gravemente su trayectoria y nos llenan de sufrimientos.
Muchos autores han subrayado la diferencia entre el enamoramiento y el amor, señalando con acierto que el primero se construye desde una forma “voluntaria” de ceguera que conduce inexorablemente hacia la desilusión, mientras que el amor se teje por entero con las hebras de la realidad. Por otra parte todo aquel que alguna vez se haya enamorado, no dejará de suscribir la sentencia que sostiene que de ilusión también se vive.
Dejaremos de lado sin embargo la cuestión que diferencia el enamoramiento del amor, sobre la cual tanto se ha dicho, para dedicar unas pocas palabras al hecho, que se reconoce menos, de que el amor no existe separado del odio. Aclaremos primero que, a pesar de las costumbres del lenguaje, hay una importante diferencia entre el querer y el amar.
Los italianos tienen una hermosa expresión que no existe en castellano, para decir “te quiero” dicen ti voglio bene, “te quiero bien”, con lo cual reconocen que hay una forma mala del querer y, efectivamente, “hay amores que matan”. Quizá el ejemplo más claro del querer posesivo podemos encontrarlo pensando que el que quiere una rosa la pondrá en el florero de su escritorio, mientras que el que la ama la dejará vivir en la planta.
"...no todos los que nos aprecian nos aman ni todos los que nos desprecian nos odian.
En "Las cosas de la vida" decíamos:
"Es imposible saber cuán profundos serán nuestros cambios, pero no todos los que nos aprecian nos aman ni todos los que nos desprecian nos odian. Muchas veces el que aprecia vende y el que desprecia compra. Es necesario distinguir la bondad de la maldad tanto en las críticas como en los elogios. Debemos resignarnos a que nuestra vida se realice entre el odio y el amor, porque ninguno de ellos se dará sin el otro. Ambos existen también dentro de nosotros y las aguas navegables de nuestra existencia cotidiana transcurren, con apacible inocencia, entre dos filosos escollos: el odio a lo bueno, por querer lo mejor, y el amor a lo malo, por miedo a lo peor".
Pero, más allá, de la particular coexistencia del odio y el amor que allí señalábamos, nos interesa destacar ahora que, de un modo más general e inevitable, como una condición inexorable de la trama compleja y multifacética que constituye el mundo, el amor conlleva el odio y el odio el amor. ¿No es cierto acaso que cuando amamos algo sentimos odio por todo aquello que puede destruirlo, y cuando odiamos, amamos a quienes comparten nuestro odio?
No se agota sin embargo en este punto el encuentro inevitable del amor y el odio. No siempre podemos diferenciar con claridad entre los sentimientos de amor y de odio que se condensan en el ánimo durante el cotidiano convivir. No se trata de una mezcla que nos permite divisar sus componentes, sino de una combinatoria estrecha en la cual recíprocamente ambos transforman sus facciones. Así, con esa “ambivalencia”, se construyen la envidia, los celos, la rivalidad y la culpa, esos cuatro gigantes que habitan nuestras vidas y de los cuales nunca logramos liberarnos del todo, y también se construyen nuestra “defensas” frente a ellos.
En un trabajo que realizamos en el año 2003 (El valor afectivo) escribimos: "Lejos hoy […] de ese campo ingenuo en el cual, frente a la sempiterna danza de Eros y Tánatos, creíamos otrora identificar sin dudas las virtudes del bueno y los desplantes del malo, hemos aprendido que la vida […] transcurre en un “borde” de equilibrio inestable […] Ese borde en el cual la vida es activa y en el cual inevitable y fatalmente se vive, es también el lugar […] donde la creatividad suele despertar al odio y el odio, a veces, se vuelve creativo."
Ya no se trata entonces de seguir insistiendo, desde un romanticismo ingenuo y anacrónico, en la supuesta pureza de los grandes y eternos valores. Parafraseando a Freud tal vez pueda decirse que se trata de mezclar el oro puro de los ideales con el cobre del pragmatismo que la biosfera toda nos enseña. Pero tampoco la cuestión reside, es imprescindible aclararlo, en construirse para cada ocasión, a la manera de una prótesis desechable, un valor conveniente y “oportuno”. Como ocurre con colores y sabores, también entre al amor y el odio hay mezclas y combinaciones que mejoran los valores “puros”. Es necesario aprender a distinguir las combinaciones insalubres de aquellas otras que nos hacen bien.