BUSCAR CONTENIDOS

Búsqueda personalizada

Definición de Comicios

ADS

Comicios - Su Significado, Definición y Concepto

Definición y Concepto de Comicios

Definición de: Comicios

La palabra comicio deriva en su etimología del latín “comitium”, integrada con la palabra “con”, que significa “en conjunto” o “en compañía”; y alude a la votación conjunta. Los comicios en la Antigua Roma eran agrupaciones de ciudadanos que se reunían en Asamblea, y existieron desde la fundación del Estado romano. El primero que surgió fue el comicio por curias, estructurado en base a las tres tribus que conformaron el Estado: Ramnenses, Titienses y Lúceres, que a su vez eran subdivididas en curias, en número de diez, totalizando treinta. Esa curia era la unidad de votación; por lo tanto, la mayoría se obtenía con el voto concordante de al menos dieciséis curias.

A partir del rey Servio Tulio surgieron los comicios por centurias, divididas las mismas en base a la capacidad patrimonial, donde la unidad de voto era la centuria, grupo de familias que pudieran hacer un aporte de cien soldados.
A partir del año 449 surgió otro tipo de comicio, llamada tribado o por tribus, de acuerdo a la zona geográfica de residencia.
En la época republicana su función era votar las leyes y elegir a los magistrados.
En la actualidad los comicios se celebran en ocasión de elegir a los funcionarios que desempeñarán en las democracias, los cargos electivos. En Argentina, se reúnen los comicios para elegir a los integrantes del poder Ejecutivo y del Legislativo. Se dictó un decreto para que sea electiva, por votación en comicios, la elección de quienes deben designar a los jueces, cuerpo que se denomina Consejo de la Magistratura, pero fue ese decreto tachado de inconstitucional.

Concepto de: Comicios

(Del lat. comitia); sust. m. pl.

1. Asamblea para tratar de los negocios públicos en la antigua Roma.
2. Reuniones y actos electorales: el Partido Socialista no está muy satisfecho del resultado obtenido en los pasados comicios.

Sinónimos
Elecciones.

(2)[Política] Comicios

Vocablo que deriva del latín comitia, o lugar de reunión del pueblo. Los comicios eran asambleas populares. Actualmente se emplea este término para referirse al momento de la elección en un proceso electoral.

Los comicios romanos constituían, desde una perspectiva histórico-política, un indicador de los niveles de participación popular en los asuntos públicos. Eran la expresión de la voluntad de las estructuras de poder por involucrar a la ciudadanía en la gestión de los asuntos políticos, tanto a pequeña escala como en cuestiones de Estado. Lógicamente los avatares políticos de Roma y las diferentes fases por las que atravesó, condicionaron de forma muy intensa las características y las capacidades de los distintos comicios que se sucederían hasta la desaparición de esta institución.

Orígenes de la institución

Proviene del nombre con que se designaban a las asambleas de la antigua Roma, reunidas con objeto de aprobar o desechar, mediante votación solemne, una propuesta del magistrado. Estas reuniones, junto con el Senado (véase el apartado El senado romano en senado) y los magistrados, eran los elementos fundamentales del poder gubernamental romano. Había tres tipos de comicios: calados, curiados y centuriados. Los más antiguos eran los comicios calados, o comitia calata, que poseían un carácter religioso y se convocaban a instancias del rey, en calidad de pontífice máximo en el capitolio. Los comicios calados tenían en la práctica de nula influencia política. Los comicios curiados, o comitia curiata, de carácter político, eran los más importantes, y se reunían por curias (dentro de cada una de las cuales el padre de familia poseía un voto), o circunscripciones territoriales en que estaban divididas las tribus romanas, convocadas por el jefe del ejército; las reuniones se celebraban en el comitium (un lugar situado junto al foro), dos veces al año, y en ellas se trataban las elecciones del monarca y la concesión del derecho de ciudadanía. Las propuestas realizadas por el rey no podían ser discutidas por los ciudadanos, los cuales debían limitarse a expresar su aprobación o rechazo. Un tercer grupo lo componían los comicios centuriados, o comitia centuriata; en ellos el pueblo se reunía organizado por centurias, y eran convocados por el monarca en calidad de jefe del ejército, reuniéndose en el Campo de Marte para discutir asuntos que antaño habían sido competencia exclusiva del rey, además de promulgar el kalendarium. Por su composición y la forma de emitir el voto, las decisiones de los comicios centuriados se caracterizaron por favorecer los intereses de los sectores más acomodados, puesto que las centurias de caballeros y de primera clase, poseían numéricamente la mayoría, y el sentido de sus preferencias en las votaciones era idéntico en numerosas ocasiones.

Los Comicios durante la República

Con la instauración de la República los comicios sufrieron algunas modificaciones. Los comicios curiados fueron a partir de entonces presididos por el Pontífice Máximo o por el Cónsul, sufriendo una disminución en sus atribuciones, aunque perduraron en la atribución del imperium o poder civil, militar y judicial, a los magistrados, así como la autorización del testamento. A partir del siglo IV a.C. los plebeyos acomodados consiguieron el acceso a esta asambleas. Tras la revolución que acabó con la monarquía, el ejército se constituyó en asamblea electoral y legislativa. Los comicios centuriados, que eran la principal representación institucional de este poder militar, se convirtieron en las asambleas más importantes. Los comicios centuriados, de carácter esencialmente político (al igual que los comicios curiados durante la monarquía), con el tiempo irían adquiriendo atribuciones que antes correspondían sólo a los comitia curiata. De esta manera, y de forma progresiva los curiados fueron espaciando cada vez más sus reuniones hasta que finalmente desaparecieron tras un lento pero constante proceso de declive. Así, los comicios centuriados, surgidos durante la etapa anterior alcanzaron su máximo desarrollo e importancia política.

En estas asambleas se elegirán a los cónsules, y más adelante a todos los magistrados presentados por el Senado. Sin embargo, la Ley Maena del 467 a.C. reduciría su potestad a la formalidad de conferir el imperium. También se votaban en ellas las leyes y se declaraban la guerra y la paz. En plena República alcanzó cierta importancia un cuarto tipo de asambleas, los comicios tributos o comitia tributa, divididos en 35 tribus. Un hecho puntual como fue el impedimento que pusieron los cónsules a los tribunos para tomar la palabra en una reunión popular, impulsó a los segundos a convocar reuniones con el pueblo al margen de los canales institucionalmente establecidos al efecto. El carácter fue inicialmente informal y sus decisiones no vinculantes. Su organización se realizaba en torno a las tribus constituidas por grupos de individuos que eran cabezas de familia. Al principio eran reuniones de la plebe que tenían lugar en el capitolio, pero a partir de las leyes Licinias pasaron a representar la oposición a la oligarquía de los patricios, en el momento en que sus resoluciones adquirieron fuerza de ley. A partir de ese instante comenzó la decadencia de los comicios centuriados. Una serie de decretos, a lo largo del siglo III a.C., contribuyeron a acentuar su poder y a aumentar el porcentaje de la nobleza patricio-plebeya frente al de la anterior nobleza patricia en los asuntos del Estado. En los últimos tiempos de la República patricios y plebeyos tomaban parte por igual en todas las votaciones de los comicios, aunque su importancia e influencia había disminuido notablemente; en efecto, a partir del siglo II a. de C. los comicios sufrieron un proceso de debilitamiento provocado por la corrupción y la concentración de poderes en manos de los magistrados.

Los Comicios durante el Imperio

Con el advenimiento del Imperio los comicios mermaron en sus atribuciones hasta desaparecer. César les privaría de la facultad de decidir sobre la paz y la guerra, que recayó en el Senado. Augusto permitió que los ciudadanos residentes fuera de Roma pudiesen votar por escrito y privó a estas asambleas de poderes judiciales. Tiberio trasladó al Senado el derecho a elegir magistrados, excepto los cónsules, que designaba él mismo. Con escasas facultades legislativas, la cada vez mayor abstención obligó a que el emperador prescindiera de los comicios para dictar las leyes.

BUSCAR CONTENIDOS

Búsqueda personalizada