Definición de Magnicidio

Magnicidio - Su Significado, Definición y Concepto

Definición de: Magnicidio

La palabra magnicidio se compone de dos términos de origen latino: “magnus” = grande, y “cidio” que alude al acto de matar. Matar a un ser representativo para una comunidad, que puede ser un líder político o religioso es lo que se conoce como magnicidio.
Los motivos por los que se comete un magnicidio son muchos: desestabilizar el sistema, crear caos, mostrar divergencia, tomar el poder vacante, o simplemente adquirir notoriedad o cobrar una suma de dinero, si se hace por encargo. Algunos son asesinos solitarios, y otros responden a una organización.

Desde que el hombre se organizó en grupos jerárquicos, existieron disputas por el poder. En el año 3.000 a C. el faraón Ramsés III fue degollado por un grupo de personas cuyo líder era el propio hijo del faraón que deseaba ocupar su lugar. Hacia fines de la república romana, y ante la crisis que conduciría a la instauración del imperio, el cónsul Julio César también fue víctima de una conspiración en el año 44 a C. en las escalinatas del Senado.
Contemporáneamente existieron algunos magnicidios que quedaron en intento, como el que tuvo que sufrir el papa Juan Pablo II en el mes de mayo de 1981. Otros magnicidios se concretaron, como el de Abraham Licoln, el 15 de abril de 1865, el de Mahatma Gandhi acaecido el 30 de enero de 1948 y el de John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963.
El magnicidio contra el heredero del trono austrohúngaro, Francisco Fernando, y su esposa, ocurrido en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, fue un importante antecedente del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Concepto de: Magnicidio

(Del lat. magnus 'grande, importante' y -cidio 'asesinato'); sust. m.

1. Asesinato de una persona muy importante por su cargo, por su poder o por su posición política (generalmente reyes y jefes de estado): el magnicidio de Kennedy conmocionó a la sociedad americana.
2. Asesinato de un gran número de personas: el magnicidio ocurrido en la hamburguesería fue obra de un perturbado.

[Historia y Política] Magnicidio.

Palabra derivada de los términos latinos magnus ("grande", "importante", "noble") y occidere ("asesinar"), con la que se designa el fallecimiento en forma violenta de algún personaje ilustre, ya sea por motivos de índole política, ya religiosos, ya personales. A lo largo de la historia se han producido numerosos magnicidios con grandes repercusiones en el devenir político de algunos países.

Uno de los primeros magnicidios de que se ha tenido noticia fue el que acabó con la vida del rey Filipo II de Macedonia, en el año 336 a. C. en Aigai. Su prematura muerte fue seguida del ascenso al trono de su hijo Alejandro Magno, que entonces sólo contaba con veinte años. Julio César también cayó víctima de un atentado en los Idus de Marzo (15-III) del año 44 a. C. Recibió numerosas heridas de arma blanca de manos de un grupo de senadores republicanos, entre los que se encontraban su hijo adoptivo Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, principales cabecillas del magnicidio con el que se pretendía poner término a las aspiraciones imperiales de César. Los sucesores de Julio César que ostentaron el título de emperadores romanos también fueron blanco de diferentes conspiraciones, como la que acabó con el emperador Cayo César Augusto Germánico, más conocido por su apodo Calígula, conspiración que llevaron a cabo los miembros de su propia guardia personal, comandados por el tribuno Casio Quereas.

Los monarcas germanos que establecieron sus reinos en las provincias romanas tras la desintegración del Imperio hubieron de sufrir en no pocas ocasiones las conjuras que pretendían acabar con sus reinados, ya fuera mediante la tonsura (el derecho germánico establecía que nadie que hubiera sido tonsurado podía ejercer la monarquía) o mediante el asesinato. Esta circunstancia, así como el hecho de que estas monarquías tuvieran un sistema de sucesión electivo, no favoreció en absoluto la creación de dinastías estables, al menos hasta el siglo VIII de nuestra era. Algunos de los magnicidios cometidos durante la Edad Media han pasado a formar parte de la literatura europea, como el que llevó a cabo el noble Macbeth, moarmaer o jefe de la provincia de Moray, en la persona del rey de Escocia Duncan I, asesinado el 14 de agosto de 1040. En la vida del magnicida se inspiró Shakespeare para la redacción de su drama Macbeth. Así mismo, en el repertorio del Romancero tradicional español se cuenta la traición del caballero Vellido Dolfos, quien dio muerte al rey Sancho II de Castilla en una emboscada, mientras el monarca ponía sitio a la ciudad de Zamora. Ante las sospechas que implicaban al hermano del rey, el futuro Alfonso VI, el Cid obligó al nuevo monarca a jurar en el altar de la iglesia de Santa Gadea que no había participado en el asesinato de su hermano. La oposición a la política eclesiástica de Enrique II de Inglaterra le valió a Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, ser víctima de un atentado llevado a cabo por cuatro caballeros del rey en la propia catedral de Canterbury el 29 de diciembre de 1170. Este suceso conmocionó a la sociedad inglesa, que convirtió la tumba del arzobispo, canonizado dos años más tarde, en uno de los centros de peregrinación más importantes del país. Las cuestiones religiosas, especialmente desde el avance del luteranismo, jugaron un importante papel en los magnicidios del siglo XVII. En Francia, por ejemplo, el rey Enrique IV de Borbón, que se había convertido al catolicismo para acceder al trono francés, fue asesinado por un fanático católico llamado François Ravaillac el día 14 de mayo de 1610. Así mismo, en Inglaterra, George Villiers, duque de Buckingham y ministro de Carlos I, encontró la muerte a manos de John Fenton, que pertenecía a la secta protestante de los puritanos (véase puritanismo), el 23 de agosto de 1628, en el momento en que el duque se disponía a acudir en socorro de los hugonotes de la Rochela, cercados por el ejército francés de Luis XIII.

La Historia Contemporánea se ha llenado de atentados contra políticos de todo signo e ideología, en cuyos asesinatos se mezclaron también las posturas más radicales. La época se abrió con el fallecimiento de Jean Paul Marat, médico y publicista francés perteneciente al partido de los sans-culottes y editor del periódico L´Ami du peuple. Marat murió mientras se bañaba, apuñalado por Charlotte Corday, partidaria de los girondinos, a quienes se había enfrentado políticamente el escritor. La escena fue inmortalizada por Jean Louis David, en su cuadro Muerte de Marat. Sin duda han sido los siglos XIX y XX los que más magnicidios han contemplado, protagonistas de los cuales han sido los nuevos personajes de la vida política, como presidentes o revolucionarios. En los Estados Unidos de América causó conmoción la muerte de Abraham Lincoln, apenas cinco días después de la rendición del ejército sudista del general Robert E. Lee en Appomatox. Durante una representación teatral celebrada la noche del 14 de abril de 1865, el sudista John Wilkes Booth disparó a bocajarro contra el presidente que había logrado la emancipación de los esclavos del Sur a costa de una terrible guerra que arrasó el país durante cinco años. En 1881 moría el zar de Rusia Alejandro II en un atentado con bomba preparado por la organización secreta Narodnaya Volya ("Voluntad del Pueblo"). Tanto Antonio Cánovas del Castillo, como la emperatriz Elizabeth de Austria (conocida como Sissi) murieron a manos de anarquistas en los últimos años del siglo XIX. En el caso del político español, artífice de la restauración monárquica y de la alternancia de partidos, fue un joven anarquista italiano llamado Miguel Angiolillo quien acabó con su vida el 8 de Agosto de 1897. También de nacionalidad italiana era Luigi Luccheni, quién asestó una mortal herida a la emperatriz de Austria con un estilete, mientras ésta paseaba por las orillas del lago Ginebra, el día 10 de octubre de 1898.

El siglo XX se inauguró con el magnicidio que fue el detonante de la Primera Guerra Mundial. El 28 de Junio de 1914, los herederos del imperio Austro-Húngaro visitaban la capital de Bosnia, Sarajevo. El archiduque Francisco Fernando, sobrino y heredero del emperador Francisco José, y su esposa Sofía de Hohenberg fueron asesinados por un joven terrorista serbio, Gavrilo Princip. Las implicaciones de todas las naciones europeas en la política de los Balcanes hicieron que estallase la contienda que implicó al resto del mundo. En el marco de esta guerra se desarrolló la Revolución Rusa de 1917, en la que se destituyó al zar Nicolás II, que sería ejecutado junto con toda su familia en Ekaterimburgo, el 17 de julio de1918. Tras su abdicación en Marzo del mismo año, el zar no consiguió exiliarse en el extranjero, de manera que fue deportado a Siberia donde poco después fue capturado por los bolcheviques. Fueron los miembros de la Guardia Roja de los bolcheviques quienes llevaron a cabo el fusilamiento del zar, la zarina, el zarevich (heredero al trono) y las cuatro hijas de los zares. A continuación rociaron sus cuerpos con ácido para que no fueran reconocidos. La naciente nación irlandesa también fue testigo del asesinato de uno de los presidentes de la República de Irlanda que más había trabajado por la independencia de su país: Michael Collins. Nombrado presidente del Estado Libre de Irlanda el día 12 de Agosto de 1922, en plena guerra civil, murió apenas diez días después a manos de los guerrilleros republicanos. Otro revolucionario que había dejado las armas poco antes de ser asesinado fue Pancho Villa, que recibió más de cien impactos de bala. León Trotski, exiliado en México por sus disidencias con Stalin , fue atacado por un comunista español llamado Ramón Mercader, del que se sospechó que fuera agente del propio Stalin. Mercader infligió con un piolet diversas heridas al político ruso, que falleció en Coyoacán el 20 de Agosto de 1940. La India sufrió en cuarenta años tres magnicidios que tuvieron por objeto a personas de la misma familia. El 30 de enero de 1948 era asesinado Mahatma Gandhi, cuyo papel en la independencia de su país había sido determinante. Su hija Indira Gandhi corrió la misma suerte en 1984, cuando le disparó uno de los miembros de su escolta. Rajiv Gandhi, hijo de Indira, falleció en otro atentado en 1991.

Los años sesenta contemplaron dos atentados mortales contra políticos estadounidenses. El 22 de noviembre de 1963, Lee Harvey Oswald disparaba al presidente John Fitzgerald Kennedy que visitaba la ciudad de Dallas, en el estado de Texas. Otro estado del sur fue testigo de la muerte del premio Nobel de la Paz y acérrimo defensor de los derechos civiles de los ciudadanos de color, Martin Luther King, a quién dispararon cuando estaba en la terraza de su hotel en Menphis (Tennessee). El presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, moría el 11 de septiembre de 1973 defendiendo el Palacio de la Moneda de los militares golpistas encabezados por Augusto Pinochet. Anwar el-Sadat, presidente egipcio, también fue víctima de la acción del ejército de su país, algunos de cuyos miembros le dispararon durante un desfile militar que él presidía el día 6 de octubre de 1981 en El Cairo. El primer ministro israelí Isaac Rabin, principal impulsor del proceso de paz en Palestina, fue asesinado en Jerusalén por un extremista sionista en 1995, lo que supuso un grave retroceso en la pacificación de Oriente Medio.