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Definición de Psique

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Psique - Su Significado, Definición y Concepto

Definición de: Psique

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) indica que el término psique se refiere al alma humana. La noción procede de la lengua griega y está relacionada a desarrollos conceptuales de los filósofos de la Antigüedad.
La psique se vinculaba a una especie de energía del ser humano que estaba asociada al cuerpo terrenal y que, tras el fallecimiento, se separaba de éste. A partir de esta idea, comenzó a representarse la psique como algo autónomo de la persona.

Con el tiempo, el concepto se alejó de la filosofía y se acercó a lo que hoy conocemos como psicología. En la actualidad, suele entenderse que la psique es aquello formado por los fenómenos y los procedimientos que ocurren en la mente.
La psique, en este sentido, permite que el ser humano se adapte al entorno a través de un proceso de aprendizaje. Si el individuo no cuenta con una psique saludable, dicha adaptación será defectuosa y la persona sufrirá diversos trastornos.
Varias funciones son desarrolladas por la psique: aquello que se piensa, se siente y se percibe surge de ella. Puede decirse que, en el plano físico, la psique está regulada por el cerebro. De este modo, a diferencia de lo que se creía en tiempos remotos, ahora se vincula la psique al organismo: es decir, no se trata de una dimensión autónoma que pueda escindirse del cuerpo humano.
Cabe destacar que, más allá de lo físico, las personas cuentan con métodos internos de defensa para proteger la psique, como la negación, la sublimación, la represión y otros fenómenos psicológicos.

Concepto de: Psique

Psique es la heroína de una bonita leyenda transmitida por Apuleyo en El asno de oro. Psique, hija de un rey, tenía dos hermanas. Las tres eran muy hermosas, pero la belleza de Psique era sobrehumana; por ese motivo no había podido casarse, pues sus pretendientes siempre se atemorizaban ante tanta belleza. Preocupado, el rey decidió consultar un oráculo que le comunicó que debía vestir a Psique como una novia y depositarla en lo alto de una peña, donde un monstruo horrible la recogería y se casaría con ella. El rey cumplió con el oráculo y dejó a Psique abandonada sobre la roca. Pronto Psique se sintió arrastrada por un viento suave que la dejó depositada en un fresco valle, donde se quedó dormida. Al despertar, se halló en un magnífico palacio de oro repleto de unas voces que se declaraban sus sirvientes. Así pasó el día de maravilla en maravilla, hasta que al atardecer sintió una presencia a su lado: era el esposo del que había hablado el oráculo, pero a ella no le pareció tan monstruoso, a pesar de que no había podido verlo. Éste le advirtió que nunca debería intentar mirarlo, pues entonces lo perdería para siempre. De esta forma placentera fueron transcurriendo los días, pero Psique pronto sintió añoranza de su familia y su deseo fue tan fuerte que se lo comunicó a su desconocido esposo, quien al final accedió a sus ruegos. De nuevo, un viento la transportó a la cumbre de la peña donde tiempo atrás la habían depositado sus padres, y desde allí regresó a su casa. Cuando sus hermanas vieron lo feliz que era Psique y las grandes riquezas que traía, comenzaron a sentir envidia y aguzaron su ingenio para introducir en el alma de Psique la duda y hacerle confesar que nunca había visto a su marido. Finalmente, la convencieron para que ocultase una lámpara durante la noche y, a su luz, mientras él durmiera, contemplase la figura de aquel a quien amaba.

Psique volvió a su palacio y se dispuso a ejecutar el plan que habían tramado sus hermanas. Aquella noche descubrió a su lado a un hermoso adolescente, que no era otro que el mismísimo Cupido. Pero la cera de la vela resbaló y el joven se despertó y, enfadado, cumplió la promesa que tiempo atrás había hecho a Psique. Así, huyó de su lado. Al faltarle la protección de Cupido, Psique se vio sola y obligada a vagar por el mundo, perseguida por la ira de Venus, madre de Cupido, que se sentía indignada por su belleza. Al fin cayó en manos de la diosa, que la sometió a innúmeras torturas, hasta que Cupido, que no podía olvidar a su joven esposa, pidió a Júpiter que le permitiese casarse con esta mortal. Júpiter le otorgó lo que quería y Venus perdonó a la joven, con lo que pudo consumarse el matrimonio.

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