¿Es posible ser honrado en un mundo corrupto?

En esta serie:


“Deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas.” (HEBREOS 13: 18)
AUNQUE nuestra naturaleza pecaminosa, el mundo en que vivimos y el Diablo ejerzan gran presión sobre nosotros, podemos oponernos a estas influencias. ¿De qué manera? Acercándonos a Dios y poniendo en práctica principios bíblicos de probada eficacia. Analicemos dos ejemplos.
PRINCIPIO BÍBLICO: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo” (Romanos 12:2; Nueva Traducción Viviente [NTV]).
Guilherme llevando su negocio con honradez
“La Biblia me ha ayudado a ver los beneficios de la honradez.” (GUILHERME)
Caso real: Guilherme, un próspero hombre de negocios brasileño, admite que no resulta fácil ser honrado: “Es habitual que quien se dedica a los negocios empiece a adoptar prácticas fraudulentas, quizás debido a la presión para cumplir los objetivos de la compañía o para sobrevivir en un mundo competitivo. Muchas personas consideran normal el hecho de dar y recibir sobornos. Cuando eres empresario y tienes responsabilidades económicas serias, cuesta mucho ser honrado”.
 A pesar de todo, Guilherme no se ha dejado llevar por la presión. Él lo explica así: “Incluso en un entorno empresarial permisivo, uno puede ser honrado. Lo que hace falta es tener sólidos valores morales. La Biblia me ha ayudado a ver los beneficios de la honradez: una conciencia tranquila, paz interior y dignidad. Además, la persona honrada puede ser una influencia positiva para quienes la rodean”.
PRINCIPIO BÍBLICO: “Los que viven con la ambición de hacerse ricos caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos que los hunden en la ruina y la destrucción. Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal” (1 Timoteo 6:9, 10; NTV).
André
“Gracias a que pongo en práctica los elevados principios morales de la Biblia, tengo una buena reputación.” (ANDRÉ)
Caso real: André es dueño de una compañía que instala sistemas de seguridad y tiene entre sus clientes a un club de fútbol grande. En cierta ocasión, después de un partido importante, André fue a las oficinas administrativas y presentó un recibo por sus servicios. En la tesorería del club todavía estaban ocupados contando el dinero recaudado por la venta de boletos. Como ya era tarde, el supervisor pagó apresuradamente a los proveedores, entre ellos André.
“Cuando volvía a casa, me di cuenta de que el supervisor me había pagado de más —relata André —. Comprendí que seguramente él nunca sabría a quién le había dado ese dinero, pero también sabía que el pobre hombre tendría que ponerlo de su propio bolsillo, así que decidí regresar. Conseguí abrirme paso entre una multitud de aficionados y devolver el dinero extra. El supervisor se llevó una sorpresa mayúscula pues nunca le habían devuelto dinero.
”Aquel acto de honradez me ganó el respeto del supervisor —continúa André —. Han pasado varios años, y yo soy el único de los proveedores originales que todavía tiene contrato con el club. Gracias a que pongo en práctica los elevados principios morales de la Biblia, tengo una buena reputación.”
Es animador saber que, con la ayuda de Dios, podemos oponernos a las influencias corruptoras. Sin embargo, los esfuerzos individuales nunca lograrán acabar del todo con la corrupción. Sus causas son demasiado complejas como para que los seres humanos imperfectos resuelvan el problema por sí solos. ¿Significa eso que siempre habrá corrupción? El último artículo de esta serie revela la esperanzadora respuesta que da la Biblia.

La Atalaya Octubre de 2012

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