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Definición de Bacanal

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Bacanal - Su Significado, Definición y Concepto

Definición y Concepto de Bacanal

Definición de: Bacanal

El término bacanal dispone de un uso muy especial a instancias de la cultura romana antigua dado que se emplea para referirse a todo aquello vinculado o propio de Baco, que en esta civilización era considerado el dios del vino y de la sensualidad.
No se sabe a ciencia cierta el origen de Baco, muchas tragedias indican que era extranjero. A Baco también se lo consideraba como un libertador como consecuencia de la liberación del ser que provocaba a través del vino y el éxtasis que proponía en todo sentido. Además, está considerado como patrón del teatro y de la agricultura.

Por otra parte, en esta misma cultura se denominaba como bacanales a las fiestas que se realizaban en homenaje de este dios. La principal característica que ostentaban estas fiestas es que predominaba el alcohol y su consumo se daba en exceso y mayormente sin medida. En tanto, la convocatoria de la fiesta estaba a cargo de la sacerdotisa que era aquella mujer, doncellas, mujeres casadas o célibes, que se dedicaba a ofrecerle sacrificios al dios y a vigilar su templo. Por esta cuestión es que a la sacerdotisa se la conocía también como bacante.
Las bacanales, llegaron a Roma alrededor del año 200 A.C. procedente de la Magna Grecia, participaban únicamente mujeres que se reunían en la arboleda de Simila, en las cercanías del Monte Aventino y la reunión era secreta. Con el tiempo se incluyó a los hombres y se las empezó a celebrar cinco veces en un mismo mes, si tenemos en cuenta que en los comienzos se lo hacía entre los días 16 y 17 de marzo.
Otro uso que asimismo se le atribuye a esta palabra es como sinónimo de orgía. La orgía es una fiesta que se caracteriza por la experimentación de diversos tipos de placeres vinculados al sexo, la bebida, entre otros. Este sentido de la palabra procede, claro, de las mencionadas fiestas romanas que disponían de estas características de abundancia de bebida y de práctica lujuriosa de sexo.
Cabe destacarse que el equivalente del dios Baco en Grecia era Dionisio.

Concepto de: Bacanal

(Del lat. bacchanalis); sust. f.

1. Ceremonia orgiástica y misteriosa en la que los antiguos romanos rendían culto al dios Baco: durante las bacanales se solían cometer muchos excesos sexuales.
2. [Uso figurado] Orgía en la que abunda el desorden, el tumulto, las substancias estimulantes y el desenfreno sexual: Yoli me ha dicho que me vaya preparando, que la fiesta que dará en su casa el sábado por la tarde va a ser una auténtica bacanal.

Sinónimos
(2) Desmadre, orgía, saturnal.

(1) [Mitología]

Fiestas y ceremonias religiosas que, procedentes de las celebradas en el ámbito griego en honor de Dionisos, se celebraron en el Imperio romano en honor del dios Baco, la deidad protectora de la fecundidad y del vino. La fuente más importante para el estudio de las celebraciones en honor a Baco es un texto de Tito Livio titulado Senatus consultus de Bacchanalibus, en la que el primoroso historiador ofrece una detallada descripción no sólo de la evolución del festejo sino de las razones que derivaron en su prohibición, efectuada por el Senado en el año 186 a.C.

El origen de las Bacanales

Según los datos ofrecidos por Tito Livio, el culto griego al dios Dionisos penetró en la península itálica a través de la civilización etrusca, que incorporó la celebración a sus banquetes tras conocerlo por emigrantes de la Magna Grecia asentados en el centro de Italia. En la celebración, acontecida preferentemente de noche, eran admitidos tanto hombres como mujeres, lo que, unido a las enormes cantidades de vino consumidas en el festejo, derivaba en toda clase de promiscuidades entre los asistentes, convirtiendo la celebración en un verdadero torbellino de placer y corrupción. Así pues, con el permiso de las autoridades etruscas, las bacanales derivaron en verdaderas orgías donde la extraña desaparición de sus asistentes, la falta de moralidad y las continuas denuncias por comportamiento deshonesto estaban a la orden del día.

Con posterioridad, el culto fue introducido en Roma tras la conquista de las Siete Colinas por parte del pueblo latino. Sin embargo, el carácter de la bacanales romanas fue, en principio, muy distinto. Se mantuvo la nocturnidad de las celebraciones pero a ellas sólo asistían mujeres, una especie de sacerdotisas del dios Baco denominadas Bacantes. Este grupo de sacerdotisas estaba formado por mujeres de irreprochable espiritualidad, que buscaban en la deidad la regeneración de sus almas (no hay que olvidar que Baco también era el dios de la fecundidad), en virtud de un culto basado en la santificación. Las bacanales tuvieron en esta primera época una periodicidad cuatrimestral (tres veces por año), durante las cuales las mujeres sacerdotisas explicaban al resto de asistentes, mediante rezos o salmos, la manera de llegar al éxtasis místico y a la purificación ofrecida por la deidad regeneradora.

La prohibición de las Bacanales

El propio Tito Livio no encontró razón de peso para explicar el porqué la fiesta romana conoció una regresión hacia el siglo II a.C. que la llevó a figurar, de nuevo, en el lugar que los etruscos habían definido para ella. Manteniendo siempre el carácter nocturno, las bacanales tuvieron dos lugares específicos para su celebración: la colina del Aventino en Roma y el bosque sagrado de Stímula, a orillas del Tíber y situado muy cerca del puerto de Ostia. Tanto las bacantes, concepto que ya se había despojado de su dignidad sacerdotal para designar a cualquier fémina que se encontraba en la fiesta, como el resto de asistentes masculinos, se unían en corro para ejecutar una danza, adornada con fuegos y promovida por el exceso etílico, alrededor de uno de los asistentes, que representaba el papel de Baco o Dionisos. Transcurridas unas horas, probablemente las necesarias para que el alcohol y las sustancias alucinógenas que se quemaban en los fuegos hiciesen su efecto, los y las bacantes eran poseídos por el llamado furor báquico, una especia de éxtasis místico tras el cual la promiscuidad y los excesos sexuales pasaban al primer plano de la celebración.

La asistencia a las bacanales romanas fue controlada por los adeptos, dado que entre ellos surgió una especial complicidad a la hora de aceptar o rechazar a un nuevo devoto del desenfreno orgiástico emanado del culto. Entre los iniciados a tal rito existía también una cierta heterogenia en cuanto a su estrato social, aunque era conocido, al menos por vox populi, que entre ellos se encontraban bastantes miembros de la aristocracia senatorial que, además, eran los dirigentes del culto y los que aceptaban o excluían, cual hermética asociación, a los pretendidos integrantes del furor báquico. Bajo el lema Nihil nefas ducere ("nada prohibido por la moral"), las bacanales pronto quedaron impregnadas de un especial hálito de revuelta social que, también muy pronto, preocupó a las autoridades imperiales, pese a la honda dificultad que encontraban a la hora de procurar pesquisas para conocer cuáles eran exactamente los ritos que podían ser susceptibles de conspiración contra el estado.

Tradicionalmente, y el hecho es recogido como tal por Tito Livio, se suele presentar a la liberta Hispalia Fecelis, amante de un potentior romano llamado Cayo Ebucio, como la iniciada que denunció al procónsul Espuro Postumio las tropelías y excesos cometidas en nombre de la deidad del vino. Aunque es también bastante probable que ambos protagonistas actuasen por el despecho de ser rechazados en tales fiestas, lo cierto es que por fin el senado tuvo los indicios suficientes para condenar y prohibir las bacanales, emitiendo incluso sentencias de muerte contra sus principales dirigentes en el año 186 a.C, pese a lo cual siguieron existiendo de forma semiclandestina en el sur de Italia y fueron exportadas a Asia menor por los Seleúcidas.

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